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Atrincherados

Jorge Olivera Castillo, Primavera Digital

Habana Vieja, La Habana.- A estas alturas, nadie debería dudar de que el socialismo en Cuba continúa con su indumentaria bolchevique a pesar de atrincherados los afeites económicos que Raúl Castro autoriza a cuentagotas y sin que falten los anexos de las limitaciones.

Lo que parece un salto adelante es si acaso una pirueta hacia el costado: nada que convenza en materia de apertura en la economía y mucho menos en cuanto a la institucionalización de los derechos políticos y civiles.

Desarraigar el estalinismo de las estructuras gubernamentales es algo que no está contemplado en el programa de reformas. El objetivo es estacionarse en los bordes del experimento chino para facilitar el apuntalamiento del sistema.

Existen otras propuestas, entre ellas vale resaltar la que tiene la firma de Vladimir Putin.

El ex coronel del KGB ha podido crear un modelo en Rusia con algunos retazos de democracia y casi todos los hilos de la economía de mercado. Desde el año 2000, cuando no ostenta el cargo de presidente, se desempeña como Primer Ministro.

Se trata de un remedo de lo que sucedió en México con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), durante más de 70 años. Solo que en este caso el que tiene el sartén por el mango no es una entidad partidista. Es un caudillo el que se vale de los instrumentos democráticos para legitimarse.

En Cuba, el modelo que la gerontocracia trata de articular para su supervivencia, parece encaminarse por esa senda. Lo que vemos son apenas los cimientos de un plan a mediano y largo plazo.

Los escuderos del raulismo no pierden oportunidad en remarcar los trazos del proyecto. El atrincheramiento sigue siendo su nicho habitual.

Uno de los últimos portazos fue acompañado con olor a mirra e incienso. Provino de las vecindades de la Iglesia Católica.

Los editores de la revista Espacio Laical, Roberto Veiga y Lenier González, para decirlo en buen cubano, salieron por el techo. Dicen que renunciaron, pero a buen entendedor con pocas palabras basta.

Es presumible que la línea editorial sea a partir de ahora menos condescendiente. Bajo la dirección de Veiga y González, las páginas daban cabida a temas controversiales del ámbito social, político, económico y cultural.

Algunos artículos, alegaron los destituidos, causaron divisiones dentro de la propia comunidad eclesial. Con esto es casi segura la implantación de un perfil editorial más conservador.

Por otro lado, se supo del aullido del vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), Pedro de la Hoz, al enterarse que en el próximo número de la revista Unión saldría publicado un texto del escritor exiliado Vicente Echerri.

Se comenta que finalmente se destrabó el nudo de la prohibición. Obviamente, la orden vino de más arriba.

Es cierto que Cuba no es la misma que hace 10 años atrás. Hay cambios, pero cuidado con las sobrevaloraciones y los espejismos. La posibilidad de abrir un timbiriche y viajar al exterior, invitación mediante, no es suficiente para creerse el cuento de que Raúl Castro esté dispuesto a ampliar el ritmo y la profundidad de las reformas. Esas serán tareas para sus sucesores.

El general-presidente seguirá comprometido a tiempo completo en la supervisión de los remiendos al socialismo. Difícil que haga algo más útil antes de que su alma deambule por el huerto del Señor o los páramos del Diablo.

 

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