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Asume Raúl Castro principios de la disidencia

 Oscar Sánchez Madan, Primavera Digital

Cidra, Matanzas.- ¡Increíble, pero cierto! Las palabras pronunciadas por el presidente del Consejo de Estado, general Raúl Castro, en la más reciente sesión de la autotitulada Asamblea Nacional del Poder Popular, donde se analizaron los fundamentales problemas económicos del país, me hacen llegar a la conclusión de que el mandatario ha asumido las ideas democráticas de la disidencia interna.

No crean que exagero. Muchas de las ideas difundidas durante años por quienes en la isla trabajan a favor de la edificación de un sistema democrático, han sido defendidas por el general en su discurso. No sé si lo ha hecho con sinceridad o si robó esos principios con algún malvado propósito. Lo cierto es que, de repente, se ha convertido en vocero de los disidentes. ¡Aleluya!

 “Sin cambiar la mentalidad no seremos capaces de acometer los cambios…”, señaló el generalísimo desde una tribuna situada frente a los diputados al parlamento comunista.

Algo similar escuché decir a Juan Francisco Sigler Amaya, presidente del opositor Movimiento Independiente Opción Alternativa, hace más de una década. Dicha idea la han repetido hasta la saciedad él y muchos otros disidentes dentro y fuera de Cuba.

Los demócratas anticastristas han defendido siempre el derecho de los ciudadanos a ejercer la libertad de expresión como uno de los principios básicos de un estado donde el soberano es el pueblo. En sintonía con ellos, el también líder del partido único habló sobre la importancia de respetar todos los criterios. El general dijo: ´´… todas las opiniones deben ser analizadas y cuando no se alcance el consenso, las discrepancias se elevarán a las instancias superiores…´´. ¡Que bueno!

Según lo manifestado por el sustituto del Gran Hermano, próximamente se actualizará la política migratoria vigente en la isla. Quizás dentro de poco, como lo ha demandado la disidencia, los cubanos puedan salir libremente del país y entrar cuando se les antoje, sin ser víctimas del superpoderoso veto oficial. Confiemos en que así sea. ¡Amén!

Tal vez esos, a quienes he calificado de ingenuos, tengan razón al pensar que los dictadores, en algún momento de sus vidas y antes de abandonar el poder, dejan de ser demonios y se convierten en ángeles.

Para sorpresa de muchos el general Castro, según él mismo dijo en la pasada cita del órgano legislativo, quiere ahora “razonar, convencer, educar y sumar”, más que “sancionar”. Es una lástima que haya tardado 52 años para asumir estos importantes conceptos tan defendidos por los demócratas cubanos durante décadas. Pero hay que alegrarse por eso, porque como dice el refrán: “rectificar es de sabios”.

Y aunque el nuevo mandamás de Cuba tiene fama de ser un ignorante en cuestiones políticas, al menos ha reconocido que los “pobrecitos” disidentes tienen toda la razón. Eso nunca lo hubiera hecho su egocéntrico y anciano hermanísimo.

Raúl Castro ¡aleluya! criticó también la inercia, el oportunismo y la falta de moral existente en no pocos funcionarios del Estado y del Partido Comunista. Así lo han hecho los disidentes, muchos de los cuales, por tal motivo, han sido llevados a prisión.

Si alguien tuviera dudas de la inusual ¿metamorfosis? experimentada por el menor de los Castro, le invito a que lea su histérico, perdón, histórico discurso difundido por el diario oficial Granma, el pasado dos de agosto. En el mismo, el generalísimo se manifiesta, al igual que la disidencia, contra los prejuicios religiosos y contra cualquier discriminación. ¡Qué bien! Ojalá que el nuevo amo de Cuba no cambie nunca de opinión.