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Arqueología política

Rogelio Fabio Hurtado, Primavera Digital (a través del blog “Infierno de Palo”)

Marianao, La Habana.- El destacado político y pensador italiano Antonio Gramsci, uno de los pocos teóricos marxistas del pasado siglo capaz de sobrevivir al desastre del invencible bloque socialista, acaso debido a su muerte relativamente temprana (1891-1937) en una cárcel fascista, desarrolla en algunas de sus páginas el ascenso gradual de la poderosa clase obrera industrial desde sus fábricas hasta asumir el control del Estado mediante la dictadura del proletariado.

De hecho, ni en la Rusia de 1917 ni en la Cuba de 1961 ocurrió así. En ambos casos, la bien llamada dictadura se impuso desde arriba, por la voluntad política del Líder de una activa minoría política, con escasa participación del proletariado, al menos en Cuba. Acaso en la China de Mao o en el Viet-Nam de Ho Chi Minh, donde tras muchos años de guerra estuvieron más representados los  militantes campesinos.

En Cuba, el Ejército Rebelde, que pronto suplantó al M-26-7, estaba mayoritariamente integrado por campesinos de la Sierra Maestra, estos eran ante todo, seguidores obedientes de su Comandante en Jefe, quien aunque de origen campesino él mismo, se había forjado políticamente en la violenta Habana de los años 40, como seguidor de Eddy Chibás y de Emilio Tró, figuras ambas nada comunistas.

Se ha dicho ya que consiguió realizar la ambición política suprema de Tró: disolver toda la estructura política de la República para instaurar su mando personal absoluto, sin espacio alguno para sugerencias y, mucho menos críticas.

No obstante, volvamos a Gramsci para revisar algunas de sus aseveraciones optimistas. En 1919, dio por sentado que en la Rusia zarista,” los revolucionarios mismos crearán la condición necesaria del colectivismo, en menos tiempo que el Capitalismo. Conseguir la madurez económica, que según Marx, es la premisa de este”

“Será al principio el Colectivismo de la miseria, del sufrimiento”, auguró el italiano con  presumible lógica, a la que solo le falló la precisión cronológica.

Si aún hoy, en este quemante verano del 2014, seguimos atrapados por la miseria y el sufrimiento, obedece en gran medida a aquella prematura opción totalitaria. Las rectificaciones aplicadas desde entonces, contra el Sectarismo, aplicada en 1962, que significó la abolición de las Organizaciones Revolucionarias Integradas) y de todos sus integrantes, sobre todo del Partido Socialista Popular que la encabezaba, tuvo por objeto aumentar el control personal del Poder por el Líder. A eso siguió la efímera creación del Partido Unido de la Revolución Socialista (PURSC), que cedió su lugar al Partido Comunista (PCC) en octubre de 1965.

Cuando en el verano de 1970 fracasó por completo el proyecto fidelista de independencia económica, no tuvo más remedio que volver al redil ortodoxo de la hermana Unión Soviética, transición que se cerró en 1974, cuando en plena Plaza de la Revolución, Leonid Brezhniev proclamó  “ya hemos vencido”.

A continuación, el Máximo Líder se vio forzado a reproducir en Cuba las estructuras soviéticas, hasta el extremo de cambiarle el nombre a los Ministerios, que comenzarían a llamarse Comités Estatales. Fue el gran momento de Humberto Pérez, economista de formación marxista-leninista, que comenzó a establecer su nuevo sistema de dirección y planificación de la economía, con el apoyo del soviético Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME).

Fue la etapa dorada de la burocracia civil y la población vería con satisfacción la creación de los mercados paralelos y la merma de la retórica heroica. El invariable Presidente del Consejo de Estado y Primer Secretario del PCC se vio obligado a leer sus discursos.

El Gobierno parecía que ya no estaba en la tribuna. Pero en 1986 volvió por sus fueros. Desapareció a Humberto Pérez y con el denominado Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas volvió a implantar su mando, aprovechando el arribo al poder en la querida Unión Soviética del reformista Mijail Gorbachov. Junto con Humberto Pérez desapareció de la escena nacional el holguinero Antonio Pérez Herrero.

De cómo el Único Líder esquivó  la Perestroika, les contaré la semana próxima, si la miseria me lo permite.

 

 

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