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Aquellos en quien nadie cree

Juan González Febles, Primavera Digital

La telenovela de factura nacional que se exhibe desde el canal Cubavisión, cuenta entre sus personajes protagónicos a un minusválido que se dedica a la artesanía. Este personaje tiene una computadora de mesa en su casa, conectada ¡legalmente! a Internet. Otro personaje, pintor y negro por añadidura, también posee computadora y está conectado a la red. Sólo en Cubavisión se da esta maravilla.

En otra de sus entregas, en esta oportunidad del Noticiero Nacional de Televisión, (NTV) la papa y una variedad muy aceptable de vegetales, desbordan la pantalla con sus sobrecumplimientos en cosechas munificentes. Campesinos y otros no tan campesinos que respondieron a la convocatoria del partido único del viejo gobierno y trabajan tierras entregadas por un plazo de diez años, en que no pueden construir sus viviendas, se muestran complacidos y entusiastas por habérseles permitido obedecer y seguir la consigna.

En la calle todo es diferente. Nadie sabe de minusválidos o no con conexión a la red autorizada y legal. Tampoco se tiene referencias de campesinos arrendatarios felices. La televisión oficial de Cuba, la prensa oficial y en definitiva, todo lo que lleva adicionado el término oficial, entra en el reino selecto que integran, aquello y aquellos en los que nadie cree.

Comer vegetales con regularidad es un lujo que pocos pueden darse en Cuba. Como los frijoles, escasean y han encarecido demencialmente, también se precarizó comer arroz y frijoles. Cuando el hombre de a pie los consigue, entonces debe consumirlos con una sazón que a fuer de insípida, los convierte en un castigo doble.

La carne de res y la leche fresca, fueron desaparecidas de la mesa del cubano. En el caso de la carne de res, saltó de las mesas en los hogares cubanos hasta los folios judiciales y policiales, que en Cuba son casi lo mismo. La riñonada, la palomilla, el picadillo de res puro y duro, sólo existen en la mesa de los generales y los figurones del partido único o en las carpetas de las estaciones de policía. Aclaro que como delito y no en condición de menú.

El gobierno, desde los medios oficiales argumenta que si se puede. Afirman que lo que nunca lograron o nunca quisieron resolver en más de cinco décadas de administración caótica, lo resolverán en los próximos cinco años. Cierto que nadie les cree. Ni ellos mismos llegan a creer una parte ínfima de su discurso, pero ahí están.

Uno de los últimos disparates o las últimas perfidias, consiste en privar al pueblo cubano de los adelantos que dan su razón de ser a la medicina moderna. Como brujos o hechiceros medievales, los médicos cubanos deberán confiar en su clarividencia y su habilidad para diagnosticar, basados en la falible percepción humana. El gobierno quiere ahorrar reactivos y pruebas que conlleven equipos médicos sofisticados. Estos quedan sólo para los hospitalitos y las clínicas segregadas para la nomenklatura y los extranjeros que lo paguen muy duro en moneda dura. En fin, para ellos y nada más.

Los vividores de las charreteras y la comparsa burocrática, esos en quien nadie cree, están convencidos de que ‘si se puede’. Repiten que se puede continuar con un millón y más de desempleados, con presos políticos y sin transición a la democracia. Afortunadamente, lo único que hace falta hoy día es salir a las calles y escuchar atentamente. Están solos y lo saben. Andan atados a la aprensión y el peligro que representa ser el grupúsculo gobernante minoritario en que nadie cree y al que algunos en silencio y algunos no, todos detestamos.