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Alternativas a la reconciliación

Rogelio Fabio Hurtado, Libertad Digital

Marianao, La Habana.- Mi mensaje navideño ha sido recibido con escepticismo por las personas con quienes lo he compartido. Aunque una sola expresó su rechazo más bien estético, "porque no le gustaba la rima pomposa" que tiene, otra dijo que "estaba muy bonito, aunque con eso se van a limpiar", el resto coincidió en que era "muy utópico". Lo peor fue que nadie se animó a firmarlo para hacerlo suyo.

¿Será cierto, entonces, que los cubanos estamos de lo más contentos con nuestra situación presente? No están contentos, pero tampoco creen en los milagros y, sobre todo, han perdido hace mucho tiempo la confianza en sus propios esfuerzos de índole política, probablemente por atrofia: excepto aplaudir, no ejercitan ningún otro músculo asociado a esa práctica.

Así, la política apenas nos interesa a unos pocos viejos. Los que mandan tampoco concitan alrededor suyo entusiasmo ni apoyo real. Son obedecidos a regañadientes. El refrán colonial que se aplicaba a las Reales Órdenes, "Se acata, pero no se cumple" goza de indiscutible vigencia. La inercia medrosa y el sálvese el que pueda campean por sus respetos. La frase osada que la periodista Soledad Cruz pagó cara, "Esto no lo tumba ni lo arregla nadie" sigue en pie.

Sin embargo, no hay que ser Heráclito ni administrar un bar en Casablanca para saber que el tiempo pasa y con él, cambian las cosas, aunque el Señor de Punto Cero no lo quiera. El caso es que esas novedades nos caen encima de la noche a la mañana y se llevan de encuentro hasta las torres más fortificadas, no digo yo un pent-house detrás del Cementerio de Colón.

Actualmente, en más de un país africano suenan los cañonazos de las guerras civiles entre facciones tribales. En Cuba, no pertenecemos a tribus ni a etnias, pero sí padecemos de un regionalismo bastante enconado, que no solo se manifiesta en la pelota.

Los hermanos de Birán han ejercido durante más de medio siglo un dominio totalitario, que sus admiradores llaman liderazgo. Esta asunción orgánica del poder político como única vocación personal perpetua, ¿no podría inspirar sueños similares en otros superdotados del futuro?

En ese caso, supongamos que a un coronel pinareño, domiciliado en la capital se le ocurra suprimir de golpe y porrazo todos los chistecitos que embroman a sus iguales. Para ello, necesita ocupar el edificio del ICRT y ordenar el correspondiente despliegue de sus tropas.

Entonces, puede que a un General de la tierra caliente, le encanten esos pujos, y no vea con buenos ojos que se prohíban. Puesto que también él ha nacido para vencer, empezaría la correspondiente matanza de pinareños por palestinos y viceversa.

A estas alturas, habaneros y demás pobladores se arrojarían al mar, y el Sr. Presidente de los Estados Unidos quién sabe lo que podría ordenar, para restaurar el orden, a favor o en contra de pinareños y orientales.

Para que estas u otras calamidades similares no se nos echen encima a la vuelta de unos pocos años, serviría de algo la reconciliación entre cubanos ahora. Mañana, cuando los de Birán no puedan dar la última orden y los ímpetus de las ambiciones desborden los diques de la inercia, será definitivamente tarde.

 

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