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Agradecido como un perro

Víctor Manuel Domínguez

LA HABANA, Cuba, enero, www.cubanet.org -“La revolución es benévola, rectificó”, suenan como una cantilena las voces de ingenuos, interesados, cómplices y compañeros de las izquierdas de todos los tonos, como bien señalara desde su forzado exilio en España el poeta Raúl Rivero, condenado en Cuba a 20 años de prisión.

Agradecidos como un perro, algunos intelectuales, artistas y deportistas cubanos de alto rendimiento se aprestan a entrar al país que por capricho gubernamental, y durante mucho tiempo, dejara de pertenecerles.

El veto que por más de medio siglo les impidió ejercer el derecho básico de entrar y salir libremente de su país, reconocido en todo el planeta, supuestamente cayó el pasado 14 de enero, con la puesta en vigor del Decreto Ley 302/12, que regula y relaja el movimiento migratorio de los cubanos que viven en el país o en el exterior.

Los que vuelven, dejarán atrás humillaciones, separaciones familiares y otros desgarramientos humanos, como quien apura unas gotas de cianuro en una taza de café. Jamás se acordarán que sus libros, canciones u obras fueron borrados de los medios de comunicación del país y del acervo cultural de la nación.

Muchos alegan que la separación de la tierra natal es dura. Pero eso no significa que haya nada que agradecer. Quienes los convirtieron en parias, los separaron de sus familiares y trataron de hacerles la vida imposible en el exilio, aún están en el poder, por desgracia.

Por eso resulta patético aplaudir y humillante lamer la mano que los golpeó. Que puedan volver no es una concesión gubernamental, es un derecho y una muestra de que la revolución se hunde a consecuencia de los que presionan desde aquí, y a los que desde allá no nos han dejado de ayudar, a sabiendas de que por su actitud se les prohibía regresar al país.

Supuestos perseguidos políticos, solapados escritores o artistas quedaditos, oportunistas atletas que vuelven con la cola entre las piernas a babearse de emoción a los pies del amo que los pateó, serán servidos por el régimen en bandejas de plata como a cadáveres exquisitos para su manipuladora campaña de “cambios y transformaciones”.

Las noticias del entusiasmo que mostró Elvis Gregory, sub campeón olímpico de esgrima en Barcelona, que abandonó la delegación cubana en el mundial de Portugal 2002, me llenan de desazón. No porque quiera volver, está en su derecho, sino bajo las condiciones que lo hará: mostrarse agradecido como un perro manso por el supuesto gesto de buena voluntad gubernamental.

Al parecer, olvidó que por más de diez años sus medallas dejaron de brillar en el firmamento deportivo cubano, su nombre se “vaporizó” como el de los personajes de la novela 1984, escrita por George Orwell, y su deseo de conocer a su hija (a quien dejó con solo 15 días de nacida) no fue tomado en cuenta por las autoridades cubanas.

De ahí que su actitud y la de otros deje mucho que desear. Que perdonen los agravios se puede entender; que los olviden, no. Atravesar jubilosos el puente que no pudieron cruzar intelectuales, artistas y deportistas muertos en el exilio sin poder regresar al país, es un acto de cobardía o cuando menos de sumisión.

Además, supongo que no sólo Elvis y los que lo secundan en este reencuentro con la misma realidad de la que fueron borrados (aunque hoy maquillada y con aire de fiesta en su funeral), sienten nostalgia por su país. También la sienten otros, como el gran pianista Bebo Valdés, Meme Solís y otros artistas exiliados, pero se niegan a claudicar ante quien los desterró.

Según expresara al Nuevo Herald, Meme Solís no piensa que en Cuba exista aun “Otro amanecer”, título de uno de sus éxitos musicales tomado para nombrar un espectáculo con el que se le homenajearía en la Isla 30 años después de su prohibición. El destacado músico, quien aguardó 18 años para que le dieran el permiso de salida del país, y lleva ya tres décadas en el exilio, no cree que venga a Cuba mientras esté este gobierno en el poder:

 “Una cosa es que mi música se ponga allá y otra es que vaya. No quiero ofender a nadie, pero no creo que este sea el momento de ir. Las razones son obvias. Pasé demasiadas cosas allí por las que no quiero viajar”, expresó.

Respetando decisiones personales de cada cual, me quedo con la actitud de Meme Solís. No es hora de volver. Aún los mismos que los borraron del mapa nacional y los llamaron apátridas, escorias y gusanos,  gobiernan y aúllan como perros hambrientos en el país presagiando el final.

 

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