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Agonías del chequeo médico para viajar

José Antonio Fornaris

LA HABANA, Cuba, abril, www.cubanet.org -Amanda quiere ir a residir a los Estados Unidos. Para ello está utilizando la variante de la reunificación familiar. Su hermano, ciudadano de ese país, ha realizado la correspondiente reclamación. Es su única hermana y ansía tenerla cerca.

Los trámites para lograr esa aspiración son variados y numerosos. Entre ellos, un chequeo médico, cuyos resultados deben ser presentados a un funcionario de la Sección de Intereses de los Estados Unidos, encargado de entrevistar a los aspirantes a reubicarse en Norteamérica.

En los primeros días de noviembre, Amanda obtuvo el turno en el hospital (antigua clínica Acción Médica) conocido como Coco y Rabí, de la barriada de la Víbora, para realizarse el chequeo el 4 de febrero.

Conocedora de que las cosas en Cuba cambian de un momento para otro, y como además estaban en el tapete modificaciones a la Ley de Inmigración, decidió dar una vuelta antes por el hospital para ver como andaba lo del turno para el chequeo.

En esa “visita” se enteró de que los chequeos ya no se realizan en ese sitio. El servicio ha sido traslado para otro centro en la barriada de Lawton. Hasta allá fue Amanda. Le informaron que debido a que el local para esa actividad era pequeño, los chequeos se están efectuando ahora en La Dependiente, hospital del municipio Centro Habana.

Al día siguiente, Amanda se presentó en ese lugar para conocer si su turno aún existía. Por suerte, el turno se mantenía con “vida”. ”Lo que vi allí era tremendo. Cerca de 200 personas reclamando algo sobre el chequeo médico, y el subdirector del hospital, un médico de apellido Torres, tratando de organizar aquello”, cuenta Amanda.

Y añade: “Cuando el médico dijo que allí nada más que iban a ser atendidas personas de los municipios Arroyo Naranjo, Diez de Octubre y el Cotorro, y que ahora el pago del chequeo médico (405 dólares) había que hacerlo previamente en el banco, hubo mujeres que empezaron a llorar; hombres que habían llegado desde las provincias Artemisa y Mayabeque comenzaron a protestar de manera airada. Uno preguntó por qué en vez de hablar tanto por el noticiero de la televisión, no informan esas cosas. Y prácticamente todo el mundo aseguraba que aquello era una gran falta de respeto y un abuso”.

Finalmente, Amanda pudo comenzar el chequeo, que consta de una placa de tórax, consultas con un dermatólogo, médico general y un oftalmólogo, un análisis de sangre, un electrocardiograma y una toma de la presión arterial. Para todo eso tuvo que acudir en tres jornadas diferentes al centro médico.

Dos semanas después, de acuerdo con  lo señalado, fue a buscar los resultados del examen, los cuales son entregados en el pabellón “José Antonio Echevarría” del referido hospital. Ese pabellón tiene prácticamente tapizadas de heces de murciélagos todas las paredes interiores y algunas puertas de los cubículos para consultas, el techo semiderruido (el acero del hormigón armado está al aire libre) y las sillas para la espera de los pacientes, en su mayoría, carecen de espaldar.

 “Llegué algo después de las diez -refiere Amanda-, pero allí había personas desde las seis de la mañana, éramos como 60. Un rato después, escuché decir que Torres, el médico, estaba en el salón de operaciones y que hasta que él no terminara no se iban a empezar a entregar los resultados de los chequeos. Un rato después, un médico comentó que para recoger los resultados era obligatorio presentar el pasaporte. Eso en ningún momento antes se había informado, así que tuve que avisar a mi esposo para que me llevara el pasaporte”.

Precisa Amanda que sobre la una de la tarde, después de que varias personas fueron a quejarse a la dirección del hospital, pidieron el carné de identidad de los primeros diez, pero eso fue para calmar los ánimos, porque no llamaron a nadie hasta que llegó Torres, después de las tres. El hombre, a modo de excusa, dijo que esa ya no era tarea suya, pero que el médico al que le fue asignada esa función se había ido. Amanda salió de allí después de las siete de la noche.

“No importa que se pague por los servicios -concluye la infortunada candidata a emigrante-. Aquí ya es imposible que algo funcione bien. Claro que con tal de tener la posibilidad de vivir como un ser humano normal, volvería a pasar por todo ese maltrato las veces que sean necesarias”.

 

 

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