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Absurdo bombardeo doctrinario

José Antonio Fornaris

LA HABANA, Cuba, octubre, www.cubanet.org -Miles de niños en toda Cuba recién comenzaron a formar parte de la Organización de Pioneros José Martí. La escena se repite año tras año. Alguien les coloca una pañoleta azul a los pequeñitos que cursan el primer grado, y ellos declaman: “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”.

Llevan el nombre de Martí, pero el acto de su iniciación no es el 28 de enero, día del natalicio del Apóstol, ni el 19 de mayo, fecha de su muerte. Es el 8 de octubre, día en que murió, en Bolivia, el guerrillero argentino Ernesto Guevara (Che).

A partir del momento en que a los infantes les ponen la pañoleta en el cuello, repetirán durante varios años, antes de cada jornada de inicio de clases, que serán como el Che.

No hay ninguna ley escrita que diga que tienen que hacerlo, pero el rito forma parte del adoctrinamiento ideológico a que son sometidos en los centros de estudios, todos los niños, adolescentes y jóvenes cubanos.

En ese permanente bombardeo doctrinario, el componente Che Guevara es  probablemente el más irracional, a la par que insultante y malsano, de todos los ataques a la conciencia a que son sometidos los cubanos durante sus años lectivos.

Poco parece importar a los ideólogos del régimen que nuestros niños nunca podrán ser como Guevara, por la razón elemental de que la existencia de éste transcurrió en una época muy diferente. Incluso, ni el propio Che, si fuera clonado, podría hoy ser como el Che.

Al margen de que los educandos cubanos no pueden tener motocicletas, y menos aun irse en ella a recorrer libremente varios países de América Latina. Tampoco todos pueden ser médicos. Y mucho menos pueden subirse a un yate, en México, para luego desembarcar en la región oriental de Cuba, y hacerse guerrilleros en la Sierra Maestra.

Che Guevara renunció a la ciudadanía cubana, que se le había otorgado, de manera excepcional, por nacimiento. Es muy humillante que los niños de la Isla tengan que decir que serán como un individuo que muy poco en realidad tuvo que ver con ellos.

Guevara es el gran ícono del régimen. Sin embargo, nada aportó como Presidente del Banco Nacional, ni como ministro de industrias. Como guerrillero internacional fracasó en el Congo. Y en cuanto a la campaña de Bolivia, más desastrosa no pudo ser, al extremo de que solo tres de sus hombres salvaron la vida.

Pero, sobre todo, Che Guevara era lo que hoy llamaríamos con justicia un terrorista. Rendía culto a la violencia y al odio: “Convertir al hombre en una fría máquina de matar”, fue una de sus consignas. ¿Y qué padre puede querer escuchar tales palabras en labios de un hijo suyo?

 

 

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