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Añoranza por un fin de año “a lo cubano”

Se comía lechón asado, congrí, yuca, ensaladas, manzanas, peras, uvas, higos, dátiles, avellanas y nueces. Posiblemente se disfrutaba de una parranda o un carnaval

Miriam Leiva, en Cubanet

LA HABANA, Cuba -La mayoría de los cubanos nacieron después de 1959, de manera que solo conocen las fiestas de fin de año por las historias de los abuelos. En ocasión de la celebración, llegaban los parientes de distintos lugares del país a casa de la abuela o la madre. La cena y las fiestas de fin de año se hacían según las posibilidades económicas, con la alegría de compartir en familia y las amistades más cercanas. Se comía lechón asado, congrí, yuca, ensaladas, manzanas, peras, uvas, higos, dátiles, avellanas y nueces. Posiblemente se disfrutaba de una parranda o un carnaval. Se compraban los regalos para el Día de Reyes, y las familias más pobres construían juguetes de madera y lindas muñecas de trapo, o reparaban la bicicleta del mayor para que los Reyes se la dejaran al más pequeño.

Pero las tradiciones se mandaron a bolina por decisión del Comandante en Jefe. Los parientes tienen dificultad para trasladarse y muchísimos se fueron al Norte. La comida se racionó, aunque se vendía carne de puerco por la libreta de racionamiento, los arbolitos y el nacimiento se prohibieron, y los Reyes Magos no traían juguetes, sino que los padres hacían largas colas, quizás acompañados por los niños, para comprar con los cupones el juguete básico y adicional. Las ilusiones perdidas, pero todo eso ya se superó. El puerco está muy caro en venta “liberada”, los juguetes tienen precios imposibles en las shoppings, los arbolitos están permitidos, pero los nacimientos no se venden en el mercado. Este año se ha hecho mucha propaganda con la realización de ferias agropecuarias -viandas, vegetales, frijoles y un poco de carne de puerco- a precios módicos en algunos lugares. Todo el año los productos básicos tuvieron precios por las nubes, frente salarios y pensiones muy bajos. En las tiendas de recaudación de divisas, el surtido de los artículos esenciales resultó inestable, y no se incrementó la variedad para la época, cuando pudo haber más compras porque usualmente se reciben más remesas.

Contrasta la paupérrima situación de los cubanos con la programación de Telesur, donde se propagandizan las fiestas navideñas de Venezuela, las ofertas de canastas a bajo costo en Argentina, las tradiciones en Bolivia y Ecuador. Hablan de la gran cantidad de personas que ha salido de la pobreza y los programas de vivienda, Internet y desarrollo. Pero gran parte de los cubanos no ve ese canal porque Maduro pasa horas hablando y están hartos de que manipulen las noticias como en las emisoras cubanas.

Sin embargo, los cubanos han tenido un gran tema de conversación y entusiasmo: el mejoramiento de relaciones con Estados Unidos y, sobre todo las expectativas con las medidas anunciadas por el Presidente Obama, poco conocidas en detalle. De manera que cada cual tiene esperanzas según sus aspiraciones y necesidades. Otro hecho notable fue la ausencia de Fidel Castro del proceso informativo sobre la aproximación a Washington y sobre todo para dar la bienvenida a sus tres héroes, los espías canjeados por un espía de Estados Unidos preso por casi 20 años y el contratista Alan Gross. Llamó la atención la Mesa Redonda dedicada a las expresiones del Comandante, fundamentalmente sobre Estados Unidos, en tiempos pasados. Pareció una forma de mitigar su ausencia de los medios, incluso con anterioridad, durante las dos cumbres de CARICOM Y ALBA, cuando se le rindió tributo insistentemente.

Los cubanos siempre mofándose de sus desgracias, bromeaban con que en diciembre darían pescado por pollo, pues usualmente el pollo sustituye la ínfima cuota de pescado que deberían vender por el racionamiento. Pero cambiaron súbitamente la ironía: “Ahora darán, Inglés sin barreras”.