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A telón cerrado

Odelín Alfonso Torna, Primavera Digital

Arroyo Naranjo, La Habana.- Cuba vive hoy algo parecido a la perestroika, aquel proceso de cambios impulsados por Mijaíl Gorbachov en la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Si apelamos al buen juicio, diríamos que abrir uno de los 178 negocios autorizados por el gobierno cubano -desde luego, con sus limitantes- nunca será comparable con el viejo anhelo del monopolio militar GAESA (Grupo de Administración Empresarial, S.A.): la economía de mercado.

A teatro abierto, el discurso oficial no varía: bloqueo económico y financiero, capitalismo brutal, amenazas a la contrarrevolución interna, europarlamentarios que sostienen la Posición Común hacia Cuba y otras malcriadeces de la anquilosada clase gobernante. Pero bien distintos son los trazos a telón cerrado, donde la dirección política del país, además de discurrir las herramientas para la represión y el control interno, incrementa la siembra de capitales sin adicciones ideológicas ni limitaciones financieras.

La economía cubana suele proyectarse y consolidarse mejor dentro de pequeños feudos administrados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). No por gusto el tinglado militar genera hoy el 89% de las exportaciones y el 65% de las ventas internas en divisa convertible. Sus cerca de 300 entidades albergan el 25% de la fuerza laboral en Cuba, según cálculos oficiales.

En el reciente diagnóstico de Gladys Bejerano, quien está al frente de la Contraloría General de la República, organismo creado por el general-presidente Raúl Castro en el año 2009, se resumió que alrededor de 760 entidades estatales auditadas “no están a la altura” de lo que se quiere.

¿De lo que quiere quién? ¿Pudiera estar ideándose la asesoría militar en estas empresas?

No sería el primero ni el último empujón. Es sabido que en 1998 comenzó aplicarse en las empresas estatales el perfeccionamiento empresarial, pilar económico de las FAR. Esta movida no fue eficaz, pese a la decisión de licenciar oficiales del ejército para ocupar cargos administrativos civiles.

A diferencia de Gorbachov, Raúl Castro se mueve a telón cerrado y si de negocios se trata, el enemigo puede convertirse en su mejor aliado. La dirección política en Cuba sonsaca al inversionista extranjero, indica los ritmos de apertura, condiciona las inversiones y garantiza el adiestramiento de directivos y empleados en el extranjero, preferiblemente oficiales licenciados de las FAR.

Cuba terminará en una democracia tan verde como la revolución de Fidel Castro, porque su generación de altos oficiales, administradores de sociedades anónimas como Aero-Gaviota, Sermar, Inmobiliaria Caribe, Agrotex, División Financiera, Almacenes Universales, GeoCuba, Tecnotex, Sasa, Etecsa y otras, serán los accionistas del mañana.

Mientras a estos capitalistas con charretera se les respalda financieramente y sin limitantes, la reapertura de la actividad por cuenta propia queda bajo la poda gubernamental. “En las formas de gestión no estatales no se permitirá la concentración de la propiedad en personas jurídicas o naturales”, dice el Lineamiento 3 del Modelo de Gestión Económica.

Es probable que nunca sepamos cómo se mueven los negocios en la fértil e histórica oficialidad, ahí donde a telón cerrado está cocinándose la verdadera esencia en la actualización del modelo económico cubano. De lo que pueden estar seguros es que mañana despertaremos en medio de una economía de mercado, tan brutal como esa a la que se refieren en los discursos oficiales.