Cubanálisis - El Think-Tank

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 DESDE EL CAIMÁN

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¿A qué nos estaremos pareciendo?

Eduardo Martínez Rodríguez, en Primavera Digital

La Habana, Cuba.- Recientemente leí un trabajo salido en las páginas 22 y 23 del Caimán Barbudo de marzo-abril de 2016 intitulado “Un cojín de Flores…después de la patada”, firmado por Paquita Armas Fonseca, quien en algún momento fue la directora de este periódico literario y de opinión, entre otras cosas, tal vez el más osado de entre los pocos de este corte que se publican en Cuba.

Paquita Armas me cae bien por lo que ha escrito y cómo lo ha hecho, al menos en este momento cuando no conozco más sobre ella. Esta señora, a pesar de que se manifiesta profunda amante del castrismo y su principal líder, deja en cambio ver claramente las lacras que le afectaron en su momento como responsable de una publicación, problemas que aún hoy existen y se agravan en vez de mejorar.

Está claro que dentro de Cuba, para poder decir algo honestamente sin que sean loas al comunismo caribeño, hay que hablar en chino o decirlo entre líneas, como en este caso.

Les voy a transferir a este comentario algunos fragmentos de su artículo-descarga de dos páginas donde Paquita revela la forma cómo se debate un directivo que pretende ser honesto, diverso e irse más allá de sus opiniones autorizadas y los muy estrechos senderos por donde se puede andar segura (de no equivocarse), los cuales ni siquiera para ella funcionaron. Esto ha sucedido muchas veces, pero no está de más continuar aclarando dudas para estas nuevas generaciones que van arribando, a quienes les será difícil entender.

Cito: “Cuando llegamos (nunca me han podido explicar por qué), el oficial de la Seguridad del Estado que nos atendía revisaba la revista antes de que fuera para imprenta. Lo hizo solo dos veces. Le dijimos que si nos habían mandado allí es porque nosotros éramos confiables. Y a propósito, discusiones a un lado, sostuve excelentes relaciones con los oficiales de la inteligencia que nos atendieron. Jamás me impusieron una actitud, ni siquiera con los resultados de los concursos.”

En este párrafo existen varias revelaciones o autenticaciones de fenómenos que todos los intelectuales cubanos conocemos, pero que jamás son aceptados en público, como por ejemplo por qué un oficial de la Seguridad del Estado tiene que estar revisando, censurando, a una revista que aún no ha salido a imprenta, a todas luces propiedad del sistema y defensora del mismo. Nunca han confiado en nadie. No es la primera vez que yo leo sobre este accionar. ¿Para qué están los directivos de la revista?

Ciro Bianchi sacó un libro no hace mucho donde varias personalidades narran directa e indirectamente abundantes detalles sobre estas peripecias, como cuando Nicolás Guillén, el primer director de la UNEAC, tenía que ir a recibir orientaciones y órdenes al edificio del Consejo de Estado, desde donde salía con nombres de hasta ese momento aceptables revolucionarios escritores o artistas, quienes debido a alguna nueva opinión o postura, eran pasados a la lista negra, un extensísimo y denigrante inventario que nunca existió, según ellos.

Entonces, ¿sí se imponen actitudes a los directivos y sí se inmiscuyen en los resultados de los concursos? ¿Será por eso que cuando contaba con el beneplácito de la Seguridad del Estado recibí veinte premios literarios del MININT, probablemente inmerecidos, y ahora, cuando soy un escritor disidente empedernido e irreconciliable (definitivamente no puedo estar de acuerdo con este sistema-Estado que nos ha llevado a este desastre nacional), nadie quiere escuchar sobre lo que escribo? ¿Es que seré tan malo? Si usted desea evaluar ingrese al portal de la editora Freeditorial.com y baje un libro de e-MARO que está publicado allí en concurso. Es gratis.

Paquita Armas describe algunas atrocidades que le sucedieron, pues según una resolución del Buró Político, se hace directamente responsable a un director de lo que se publica en su medio.

Ya voy entendiendo algunos miedos muy extendidos. Quienes estamos alejados de la dirección y la confección del contenido de los medios oficiales, desconocemos sus interioridades y tan solo nos llegaba la propaganda oficial. En otras naciones existen otras formas legales para protegerse, no exactamente aterrorizando a directivos.

Hay que suponer que Paquita Armas fue una persona valiente cuando cada vez que salía uno de los números del Caimán Barbudo a la calle, temiera, junto a sus colaboradores y subalternos, que ese fuera el último que había dirigido; incluía un artículo o trabajo controversial en cada número, aunque no en todos para dejarlos refrescar, cuando el Caimán pudo haber sido todo controversial siempre (para regocijo de sus lectores) por la calidad humana y profesional de las personas que laboraron allí, según he escuchado o leído. Debió haberlo sido y hubiera ganado la cultura cubana, seguro.

Cada vez que un escritor como Padura tiene que ir al extranjero para poder publicar es un gran fracaso del sistema, una gran pérdida para la legitimidad de quienes obstinadamente nos dirigen.

No obstante, qué bueno que el Caimán Barbudo publique trabajos como este de Paquita Armas, que pone nombres y apellidos y coloca el dedo donde duele. ¡Qué falta nos hace este tipo de periodismo valiente!

Y pensar que un jefecito de la UJC vino corriendo a la redacción, como cuenta Paquita, para dar la orden de quemar la edición que había salido con la caricatura de Fidel. ¿Por qué será que eso me recuerda las quemas de libros en la Alemania Nazi y en el Chile de Pinochet? ¿Por qué el deja vú?