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A EE.UU. rogando y con el mazo dando

Prohíben ingresar en la Isla bultos ajenos. Imponen más censura informática, a la vez que claman por flexibilizar el embargo

Miriam Celaya, en Cubanet

LA HABANA, Cuba -La Aduana General de la República de Cuba acaba de publicar en su página web (www.aduana.co.cu) un comunicado dirigido a los viajeros que visitan Cuba. La nota advierte sobre los riesgos de transportar “encomiendas” o “bultos ajenos” a destinatarios cubanos, teniendo en cuenta los peligros que encierra portar objetos prohibidos o susceptibles de constituir violaciones de la legalidad cubana, ya que el desconocimiento de ello no exonera al portador de la responsabilidad por las consecuencias y tendría que responder ante las autoridades jurídicas de la Isla.

Según expresa el documento, “las personas naturales, en su condición de pasajeros, no están autorizados a transportar consigo donaciones (…). Se entiende por encomiendas las mercancías, bultos o paquetes, remitidos desde el extranjero para terceras personas utilizando al pasajero para que las transporte”. Añade que “los pasajeros que viajen a la Isla deben abstenerse de ingresar o extraer productos con fines de importación o exportación, para lo cual, el Gobierno exigirá los permisos correspondientes para este tipo de operaciones”. Entre las “figuras delictivas” en las que pudieran estar incurriendo quienes violasen este reglamento se incluyen: contrabando, extracción ilegal del país de bienes del patrimonio cultural, y cohecho.

El pretexto de la nueva prohibición es que dichas encomiendas “pueden ser utilizadas para el traslado y enmascaramiento de sustancias y artículos empleados en el terrorismo, operaciones de narcotráfico y contrabando de mercancías, que pueden poner en riesgo la seguridad, la salud humana y el medio ambiente”.

A EE.UU. rogando y con el mazo dando

Resulta, cuando menos, contradictorio que se produzca otro endurecimiento en los ya asfixiantes controles aduanales cubanos en un momento en que se está desarrollando un intenso debate acerca de la pertinencia o no de flexibilizar el embargo, a raíz de la carta que dirigiera un grupo de empresarios, intelectuales y políticos estadounidenses y cubano-americanos al Presidente Barack Obama, y a la vez que una delegación de la Cámara de Comercio de ese país, de visita en Cuba, ha sostenido conversaciones con el Ministro de Relaciones Exteriores y el de Comercio Exterior e Inversión Extranjera.

Es, también, un botón de muestra de la “buena voluntad de cambios” de este gobierno, que con esta nueva vuelta de tuerca asesta un golpe a la comunidad de cubanos radicados en Estados Unidos que regularmente envían bultos para ayudar a sus familiares y amigos en la Isla. Ya con anterioridad, en julio de 2012, las autoridades habían elevado los aranceles de importación y limitado las cantidades de las mercancías autorizadas a los viajeros.

Tampoco se justifica que en un país cuya población está asfixiada por las carencias materiales y en la que el propio Estado se ha visto forzado a permitir la apertura de negocios privados, la mayoría de ellos dedicados al comercio, se impongan restricciones aduanales que recrudecen más aún las penurias familiares y estrangulan las escasas posibilidades de prosperar al escuálido “sector empresarial” nativo.

La disposición constituye también un golpe contra las llamadas “mulas”, generalmente cubanos residentes en el extranjero que transportan paquetes familiares hacia la Isla y con ello cubren sus gastos de viaje, o residentes en Cuba -muchos de ellos han obtenido la ciudadanía de otro país, por ejemplo, España- que se encargan de comprar en el exterior las mercancías encargadas por los “cuentapropistas”.

Es casi risible la declaración de que, a fin de “evitarles molestias y contratiempos a su paso por nuestras fronteras”, a los viajeros les será entregado próximamente un plegable con toda la información. No se aclara si será antes o después de haber sido confiscadas las “encomiendas” que transportan o ser arrestados por violar las disposiciones.

¿Terrorismo o “terror del Estado”?

Asociadas a la nueva “bula” de los druidas verde olivo, la aduana presenta algunas dramatizaciones de lo que podrían ser dichas violaciones, entre las que destaca el ejemplo de una viajera que portaba 150 pen drives (memorias flash) en una lata de leche en polvo, cuando la cantidad límite permisible por las regulaciones aduanales vigentes es de cinco memorias flash por cada viajero.

Otro absurdo que demuestra el terror que despierta en las autoridades cualquier adminículo vinculado con la propagación del uso de las tecnologías relacionadas con la información y las comunicaciones. Algo que sabe muy bien el contratista estadounidense Alan Gross, preso en las cárceles cubanas por traer a Cuba equipos que facilitaban las conexiones a Internet; una realidad que también conocemos perfectamente quienes nos dedicamos al periodismo digital para difundir el pensamiento independiente entre los cubanos.

No por casualidad se mantiene orquestada una cruzada del monopolio de prensa oficial contra las redes Zunzuneo, Piramideo, Cubanet, el nuevo medio digital 14ymedio.com, y contra todas las vías que abran la menor brecha en el muro informático castrista. A todas ellas el gobierno las declara “terroristas”, una proyección de su propio terror a la fuerza de la prensa libre y a las redes ciudadanas.

Esperemos ahora cómo justifican los defensores de la “flexibilización” incondicional sus intenciones de negociar con un régimen inflexible.

 

 

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