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¡A buscarse la papa!

Odelín Alfonso Torna

LA HABANA, Cuba, marzo, www.cubanet.org -Para la misa del Papa Benedicto XVI en la Plaza de la Revolución, el 28 de marzo, estaba orientado por el Partido comunista y las organizaciones políticas y de masas, que 70 mil trabajadores de los municipios capitalinos Cerro, Centro Habana, Plaza y Habana Vieja, organizados y controlados en grupos de diez, cubrieran los primeros puestos frente al altar. Para que todo saliera de acuerdo a la coreografía partidista, el jefe de cada grupo debía velar por los empleados bajo su control y evitar que se apreciaran espacios vacíos (claros) entre la multitud.

Pero apenas eran las 8 y 05 am, 55 minutos antes de que Benedicto XVI iniciara la misa en la plaza habanera, y ya cientos de esos trabajadores convocados abandonaban el lugar y retornaban masivamente a sus casas. En medio de la multitud en retirada, escuché a un obrero que decía jocosamente: “Ya cumplí con el Papa y me busqué la papa”.

La asistencia a la misa contó y se pagó como un día laboral. En Cuba esto significa 10 ó 15 pesos, o sea 0.65 centavos de dólar. Para algunos, la ausencia a misa resultó más cara; por ejemplo, para un chofer de la empresa estatal Cubataxi, no asistir a la plaza, además de afectar su salario básico, representaba perder el “estímulo adicional” de 14,40 pesos convertibles al mes (15.30 dólares).

Los trabajadores, movilizados desde las 5 y 30 am, se identificaban en su mayoría con pullovers y gorras blancas con la imagen de Benedicto XVI o la Virgen de la Caridad del Cobre.

La misa habanera -devenida actividad política partidista de convocatoria obligada para el proletariado- lució desorganizada frente a la celebrada, 38 horas antes, en Santiago de Cuba.

Al momento de iniciarse la misa en la Plaza de la Revolución, quedaban alrededor de 500 mil personas, la mitad de las que espontáneamente llenaron este mismo sitio el 20 de septiembre de 2009, con motivo del concierto Paz sin Fronteras. El Papa tuvo menos público que Juanes y su grupo de artistas desconocidos o pasados de moda.

¿Quiénes permanecieron hasta el final de la misa? ¿En cuáles de los segmentos, delimitados con barandas y cordones de policías vestidos de civil, estaban los devotos?

Desde las provincias Cienfuegos, Matanzas, Mayabeque, Artemisa y Pinar del Río, llegaron a la capital decenas de ómnibus estatales con fieles católicos. La gran mayoría debió situarse en los perímetros de la plaza y permaneció hasta el final.

Entre la multitud de feligreses, permanecieron también hasta el final de la misa, los miembros de Seguridad del Estado, fácilmente identificables por su aspecto y sus pullovers blancos con el monumento a José Martí en la espalda. También había agentes del Ministerio del Interior y las Fuerzas Armadas Revolucionarias camuflados entre los empleados de la Cruz roja y aseguramiento.

La meta del Partido Único y sus sucursales –las supuestas organizaciones de masas- se cumplió solo a medias. La mayoría de los obreros convocados por el Partido, mostrando claramente su poco interés tanto por la Revolución como por el catolicismo, abandonó la Plaza en plena misa papal. Nadie pudo evitar que después de “marcar tarjeta” los obreros se fueran a disfrutar del día de asueto cortesía del Partido y el Vaticano. Entre los espacios vacíos quedó solo la extraña mezcla de verdaderos devotos y los agentes de Seguridad. No se sabe cual era el grupo mayor.

 

 

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