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5 de agosto de 1994 una fecha para recordar

Juan González Febles, Primavera Digital

Lawton, La Habana.- El 5 de agosto de 1994, hace ya veintiún años, se produjeron una serie de manifestaciones antigubernamentales consideradas como las más relevantes ocurridas en Cuba desde el inicio del régimen militar totalitario implantado desde 1959. Los incidentes se originaron a partir de un cansancio generalizado y compartido por la población, a partir de la miseria material y las escaseces impuestas por la incompetencia e inviabilidad del castrismo. El malestar subyacente encendió la chispa y así emergió el sentimiento anti castrista presente aunque muy contenido en la mayoría subyugada. Llegaba el Maleconazo.

Como suele suceder en casi todos los sistemas totalitarios conocidos en Alemania, la antigua Unión Soviética, etc., el descontento que no encuentra vías para manifestarse a partir del control enajenante y totalizador de toda la sociedad, suele hacerlo a partir de esfuerzos por escapar de la pesadilla en que se vive. Las fugas desde Alemania nazi y la antigua Unión Soviética a lo largo de las fronteras, fueron ejemplos que aún se mantienen en el recuerdo de muchos. Así pasó y aun pasa en Cuba con los balseros y todos los que intentaron y aun se aprestan a intentar el cruce del Estrecho de la Florida. Lo inusual es la insurrección popular o que un pueblo oprimido tome las calles frente a un régimen totalitario, ‘todos a una’ como en el Fuenteovejuna literario.

Entonces, esto que no pasó nunca en la Rusia de Stalin o la Alemania de Hitler, sucedió en la Cuba de Castro. Solo que Castro con la aprensión y el temor de lo que pudieran hacer los cercanos y “perversos” yanquis, no optó por soluciones terminales como sus pariguales Stalin y Hitler, prefirió afirmarse en sus paramilitares y porristas y con los métodos gansteriles ya conocidos por todos, consiguió controlar la situación.

Aunque el pueblo se congregó en el Malecón de La Habana y enfrentó con palos y piedras a la policía, se produjeron los inevitables saqueos de comercios, se rompieron vidrieras y a la vez, se lanzaron consignas contra Fidel Castro y el régimen militar en el poder desde 1959, no fue suficiente. En el Lobby del Hotel Deauville, ubicado en las calles Galiano y Malecón, estuvo emplazada una ametralladora de trípode cuyos servidores, estaban a la espera de la orden de usarla. Puede deducirse contra quien.

Los disturbios se prolongaron durante varias horas y se extendieron hacia los barrios céntricos de la capital, como La Habana Vieja, que en ese momento andaban repletos de turistas.

La acción de la policía, detuvo varios centenares de personas, así lograron restituir el orden, cerca del anochecer. No se registraron víctimas mortales, aunque sí muchos heridos, la mayoría con contusiones, unos graves, otros menos graves. Por la noche hubo la manifestación de apoyo al gobierno de costumbre, en la que participaron elementos antisociales, porristas y paramilitares armados como si estuvieran en una parada con palos y tubos de metal.

El 6 de agosto, el líder histórico del desastre, Fidel Castro, se trasladó hasta la zona de los disturbios y pronunció un discurso donde llamó a “ganar la calle y derrotar a los apátridas”. Como era la costumbre de aquellos tiempos, acusó a los Estados Unidos de intentar, “provocar un baño de sangre”. Porque fiel a la costumbre de su mendacidad, culpó a sus queridos enemigos del Norte, de una explosión popular autóctona y por demás impredecible.

A veintiún años de aquella asonada popular, del Maleconazo, el mismo gobierno de difuntos, esclavitud ciudadana, maltratos, hambre y flores, sigue con el sostenimiento de los mismos presupuestos desde los mismos métodos fascistas. Así hoy se afirman en ahogar la manifestación política ciudadana independiente. Solo les faltaría acusar con el mismo empeño a los yanquis de siempre. No lo harán, o no con el mismo acento. Afortunadamente necesitan dólares para yates en Turquía y otras menudencias.