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2012: cuero y frijoles

José Hugo Fernández

LA HABANA, Cuba, diciembre, www.cubanet.org -El año 2011 cierra con mala traza para los cubanos. No porque no se vislumbren novedades en torno a la caída de la dictadura, que al fin nadie con sano juicio la esperaba tan pronto, sino, sobre todo, porque aunque todavía muy pálido, se vislumbra un inicio de consumación en la fórmula con que la dictadura pretende prolongar su dominio: cuero para la oposición y frijoles para el pueblo.

Hay una cierta incidencia internacional que gravita sin duda sobre este enroque.

Es imposible negar el oxígeno que le está aportando la reanimación de sus vínculos con los países de América Latina, muy en especial con los que tienen gobiernos de izquierda que han sido elegidos democráticamente. Éstos no sólo les extienden sus empréstitos en el plano económico. También están ejerciendo en la práctica como sus garantes políticos, justo en un momento en que el régimen había perdido todo crédito entre los gobiernos democráticos del mundo.

No se trata ya únicamente de Hugo Chávez, o de sus compinches en Nicaragua y Ecuador. En realidad hoy conforman mayoría los mandatarios latinoamericanos que justifican o pasan por alto el talante represivo y retrógrado de nuestra dictadura, bajo el pretexto de respetar la diversidad ideológica de los gobiernos en cada país como base para los intereses del conjunto en la región.

Puede que de pronto esta tácita complicidad no parezca ser gran cosa, pero lo es. De hecho, tiene lugar por vez primera a lo largo de medio siglo de tiranía totalitaria en Cuba. Y además se enfoca como conveniente para un numeroso grupo de naciones, justo cuando los bloques regionales cobran renovada importancia en tanto estrategia para el enfrentamiento de la crisis económica global.

Pero incluso aun cuando la connivencia de Latinoamérica representara poco (si la comparamos con la actitud de casi todo el resto del mundo civilizado), es obvio que resulta suficiente para nuestra dictadura, persuadida como está de que todo cuanto necesita de momento es llevar adelante un plan de resistencia a corto plazo, el cual debe apoyarse en la solución, o al menos en alguna tentativa creíble de solución a las más urgentes penalidades económicas de la gente.

Bien conocida es esa premisa siniestra y fría del totalitarismo, según la cual, al pueblo hay que facilitarle los frijoles para no tener que echarle los tanques encima.

Todo indica que nunca como ahora el régimen intenta apostar por esta fórmula. No le queda otra a mano. Ni le queda tiempo para ensayar con otras. Y es justo en ese contexto donde parece gravitar con un peso determinante la nueva índole de sus relaciones con Latinoamérica. Muy probablemente ni siquiera esta fórmula le quedaría si no hubiese hallado la dosis de oxígeno mínimo indispensable en la ayuda económica y en el aval político de Chávez y de los gobiernos chavistas o convenientemente alineados con el chavismo para la ocasión.

Por supuesto que dada la gravedad de nuestra crisis (o de la ilación de todas nuestras crisis), el régimen no podría llegar demasiado lejos aun contando con este bastón providencial que hoy le alargan los vecinos del continente. Pero es que tampoco la suya es una meta para cuyo alcance necesitarían ir demasiado lejos.

Conocedor de la psicología popular (que no en balde la manipuló y la amoldó a sus anchas a lo largo de varias generaciones), y además perro viejo entre los intríngulis del poder, el régimen sabe que en circunstancias como la nuestra, lo que más preocupa a la gente son las escaseces materiales de primer orden. Es por fuerza el principal motivo de su descontento y la primerísima causa de su crispación.

Actuar en consecuencia significa entonces para el régimen amansar a la gente con alguna que otra respuesta, por modestas que fueren, en lo relativo a sus necesidades materiales. Todavía más cuando tales respuestas funcionan a la vez como palanca para el restablecimiento de la confianza. Es muy posible que a eso se refiriese el presidente Raúl Castro, cuando a finales del pasado año sentenció: “O rectificamos o ya se acabó el tiempo de seguir bordeando el precipicio…”.

Nadie que esté familiarizado más o menos a fondo con el esquema mental de nuestros caciques, ignora que para ellos “rectificar” se traduce en “no ceder” pero haciendo creer que ceden mediante la aplicación de remedios de emergencia.

Visto así, ya que lamentablemente no hay otra manera de verlo, el actual proceso de apertura y reformas en Cuba no persigue sino ese tipo de “rectificación”.

Lo inusual es que haya muchas personas –hablo de personas honestas, pues los cómplices y oportunistas no cuentan- que estén asumiendo la tal “rectificación” con optimismo, a la espera inocente de que el aguacatal termine dándonos manzanas. Todavía más que inusual, lo extraño es que el régimen no haya sido capaz de iniciar esta “rectificación” mucho antes, puesto que es tan poco lo que pierde y tanto lo que va a ganar con ella. Y todavía más que extraño e inusual, sería desconcertante que consiga llevarse el gato al agua a estas alturas, cuando todo hecho y toda lógica indican que su tiempo había llegado al fin.

Para colmo, la ecuación de su proceso “rectificador” se presenta restringida al máximo, a tono con la mezquindad que es propia de las tiranías: un muy pequeño avance en las posibilidades de matar el hambre y de aliviar otras precariedades básicas de la población, combinado con un aumento extremo de los resortes para preservar a la opinión pública de toda contaminación procedente del “enemigo exterior”, y con la imposición de un estricto “orden interno” como premisa contra la indisciplina, es decir, contra los reclamos de la oposición.

Es una especie de variante china pero a lo bestia. Sin la eficacia productiva y mucho menos organizativa de los chinos. Y claro, sin la abnegación asiática como fundamento, sin su orden y sus planificaciones detallistas y de largo aliento.

Cierta máxima rancia de los machistas cubanos (cuya autoría se le acredita al famoso chulo habanero Alberto Yarini), asegura que para mantener bajo control a las mujeres basta con darle en abundancia dos cosas: sexo y preocupaciones. No parece muy distinta la adoptada por nuestros caciques para controlar al pueblo: cuero y frijoles. No gratuitamente ambas fórmulas se sostienen sobre la misma base de una filosofía cavernaria, abusadora y prepotente.

Con todo, es plausible que aún haya personas de buena voluntad que estén dispuestas a esperar algo más que cuero y frijoles del actual proceso de cambios. Es su derecho. Sólo sería bueno que cuando intenten la búsqueda de ese “algo más”, no dejen de constatar si el régimen ha cumplido o se encamina a cumplir cinco prioridades citadas por el disidente cubano Guillermo Fariñas, Premio Sajarov, 2010, de los Derechos Humanos, y que en general constituyen desde hace mucho demanda permanente de nuestro movimiento de oposición pacífica:

 “Primero: proseguir la liberación sin destierro de todos los presos políticos y de conciencia, además de comprometerse públicamente a jamás encarcelar a opositores políticos no violentos. Segundo: suprimir de inmediato las golpizas violentas y amenazas a los opositores pacíficos dentro del país, realizadas por los adeptos militares y paramilitares al régimen. Tercero: anunciar que serán estudiadas y eliminadas todas las leyes cubanas que entren en contradicción con la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Cuarto: otorgar en la práctica diaria las facilidades, para que se creen partidos políticos opositores, medios de prensa no subordinados al sistema de “Socialismo de Estado”, sindicatos independientes y cualquier otro tipo de entidades sociales pacíficas. Y quinto: aceptar públicamente que todos los cubanos residentes en la diáspora tienen el derecho a participar en la vida cultural, económica, política y social de Cuba”.

Si luego de buscarlas desde una óptica de buena voluntad, no identifican ni el más mínimo adelanto en correspondencia con estas demandas tan elementales, tal vez a los optimistas nos les quede sino aceptar que eso a lo que hoy llaman actualización o perfeccionamiento de nuestro sistema socialista, no pasa de ser un pobre amago de aplatanamiento de la variante china.

La novedad en cualquier caso es que contra lo que casi todos deseábamos, este amago comienza a perfilarse como nueva tónica de una realidad trampeada para el pueblo, así que comprometedoramente ventajosa para el régimen.

Que pueda funcionarles sólo a corto plazo no deja de ser razón de expectativa para los amantes de la libertad y del progreso. Lo descorazonador es que tengamos que seguir apelando a la paciencia y a la resignación como únicos recursos.

Por lo pronto es así como se perfila 2012: cuero y frijoles. El resto es esperanza, la cual, según los guajiros cubanos, tiene la forma de un buey volando.