Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Waldo Acebo Meireles, Miami

 

 

                               

 

 

                                

 

¿Existe una clase media en Cuba?

 

Hace unos años, no muchos en realidad, un matrimonio amigo recibió la visita de una ex -colega que vive en Cuba; la misma, viendo el excelente apartamento en que la pareja vivía, con su aire acondicionado central, el televisor plano, los muebles, el resto de los usuales equipos y la posesión de dos automóviles, uno de ellos del año, les preguntó sorprendida: ¿Ustedes son de clase media? Mis amigos sonrieron y negaron esa ubicación social: ‘No, somos trabajadores’.

 

Quizás mis amigos estaban un tanto equivocados, ya que la definición de clase media es bastante elusiva y posee un nivel de abstracción estadística que difumina y entorpece las distinciones clasistas que en el marxismo se resuelven con la simple relación con los medios de producción. Mis amigos, según la definición weberiana, no alcanzaban ese nivel, pero de acuerdo a otras definiciones con más contenido estadístico que la casi filosófica de Weber, sí se ubicaban en ese prestigioso y de vez en cuando en vías de deterioro grupo social.

 

Existe una fórmula para poder determinar la pertenencia a la clase media en los EE.UU que no toma en cuenta propiamente el nivel de ingreso, aunque está implícito; establecida por James E. McWhinney, dispone que si usted reúne estos requisitos entonces es parte de la clase media:

 

• Dueño de una casa [o apartamento]

• Dueño de un auto

• Tiene ahorros o está ahorrando para que sus hijos vayan a la universidad

• Posee ahorros y un plan de retiro que le permita vivir desahogadamente

• Tiene un plan o seguro de salud

• Viaja en las vacaciones

 

Mis amigos no reunían todos esos requisitos ya que ni eran dueños, del apartamento ni tenían hijos que fuesen a ir a la universidad, pero estaban próximos. Este esquema es inaplicable en Cuba, por razones obvias, para determinar la existencia de una clase media, al igual que los que se derivan de los criterios de Max Weber, ni ninguno de los criterios estadísticos-financieros de quintiles, percentiles, etc. aplicables en los EE.UU.

 

Sin embargo, recientemente Nancy Birdsall, fundadora y actual presidente del “Center for Global Development”, en un trabajo de sumo interés, señala que el desarrollo económico en los países de lento crecimiento depende de una saludable clase media, y señala algunos criterios para definir esa clase media y sus posibilidades.

 

Según Birdsall:

 

“…“clase media” ha sido también un concepto absoluto: ser de clase media significa disfrutar de una seguridad material que haga posible un plan creíble para el futuro” 

 

Naturalmente este criterio tampoco es aplicable en un análisis del caso de Cuba, ya que allí nadie está en condiciones de planear su futuro: el mismo está en manos de un Estado omnipotente y omnisapiente. Pero más abajo esta autora señala:

 

Las evidencias de América Latina sugieren que el logro de la seguridad económica de la clase media en la región requiere un ingreso diario de alrededor de $10 por persona, o el equivalente de alrededor de $10,000 al año para una familia de tres. Esa familia es probable que incluya al menos un adulto que ha terminado la escuela secundaria y trabaja en una oficina, una fábrica, o un trabajo de ventas al por menor, con un sueldo fijo, en lugar de trabajar en la agricultura o en la economía informal.”

 

Este criterio tampoco es totalmente aplicable al caso cubano, ya que aquellos que trabajan en una oficina, fábrica o comercio difícilmente alcanzan un salario de $10 [dólares] diarios: tomemos en cuenta que el salario promedio en Cuba ronda los $20-30 mensuales, mientras que sin embargo aquellos que trabajan en la agricultura y/o se dedican a actividades de la llamada economía informal, ‘underground’, o gris, pidieran estar ganando eso y quizás mucho más.

 

Por otra parte, por qué limitar la presencia o no de una clase media al sector urbano de un país cuando, como señaló correctamente Fared Zakaria, en la mayoría de los países en desarrollo la tierra es el activo más importante, y es clave para el poder económico y político; no olvidemos que en definitiva Cuba es un país teóricamente en desarrollo, y en la práctica predomina la economía agraria, aunque la población sea mayoritariamente urbana.

 

En este criterio Birdsall coincide con el análisis mucho más exhaustivo que publicó el “Pew Research Center”, en el que incluye tablas analíticas que cubren la mayor parte del mundo, claro que con la excepción de Cuba.

 

Es interesante señalar que en la práctica los dichosos $10 que podríamos tomar como una medida para determinar la presencia o no de una clase media en Cuba están en una rara conexión con los llamados límites de pobreza en los EE. UU., que según ASPE 2015 POVERTҮ GUIDELINES  el límite para una familia de tres es de $20,090, es decir, el doble de lo que más arriba consideramos como el límite inferior para considerar una familia similar dentro del rango de clase media. La Oficina del Censo de los EEUU establece otro criterio, considerando en la pobreza a una familia integrada por dos adultos y dos niños que gane menos de $24,036. Dicho de otra forma, los pobres norteamericanos ganan el doble o más que los presuntos integrantes de la clase media cubana. Eso explica muchas cosas.

 

Qué importancia tiene la clase media

 

Según Max Weber, la mayor importancia en la sociedad estaba reservada a la ‘élite’ poseedora del poder político y económico, y que no necesariamente se ve obligada a implicarse activamente como empresaria en la gestión económica, como comerciante o industrial en pequeña escala, mientras que así lo es la clase media.

 

De acuerdo al estudio del Pew Research Center más arriba mencionado:

 

En el frente político, el Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos (2012) ha descrito el crecimiento de la clase media en el mundo en desarrollo como una "megatendencia global" y postula que a medida que las personas son capaces de comprar y ahorrar más, van a estar motivados para impulsar cambios sociales y políticos que preserven o promuevan sus intereses a largo plazo. En términos más generales, numerosos científicos políticos han argumentado que la igualdad y las oportunidades económicas son esenciales para la existencia y estabilidad de instituciones democráticas. Y a pesar de que causa y efecto entre la democracia y el crecimiento ha resultado más difícil de establecer, merece la pena tener en cuenta que la investigación reciente ha encontrado que la educación y los ingresos son fuertes determinantes de la calidad de las instituciones políticas”.

 

Birdsall argumenta de manera parecida, pero hace dos salvedades:

 

Cuando la clase media alcanza un cierto tamaño -tal vez el 30 por ciento de la población es suficiente- sus miembros pueden empezar a identificarse entre sí y a usar su poder colectivo para exigir que el Estado gaste los impuestos para financiar los servicios públicos, la seguridad, y otra bienes públicos críticos. […] Por supuesto, tener una clase media amplia no es garantía de que un país disfrute de estabilidad política y de un gobierno democrático que rinda cuentas”.

 

En la primera salvedad estima que es necesario que el peso de la clase media sea de por lo menos un 30%, aunque en realidad ella no explica como estableció ese porcentaje. Y en la segunda, que no necesariamente con ello se garantizará el establecimiento de un gobierno democrático, y a continuación pone de ejemplo, entre otros, el caso de Venezuela.

 

La tabla que aparece a continuación y que ha sido procesada a partir de los datos que aparecen en el análisis del “Pew Research Center”, nos permite reconocer en que países se ha llegado a, o se está cerca de ese 30% que vamos aquí a aceptar como, si no necesario, sí importante. Anotamos que los datos son del 2011 y que los países del Caribe prácticamente están ausentes [naturalmente tampoco aparece Cuba], y que la clase media estaría identificada a partir de la columna tercera o MEDIA:

           

           

-------------POBLACION POR INGRESOS EN %-------------

 

POBRE

BAJOS INGRESOS

MEDIA

MEDIA SUPERIOR

MEDIA ALTA

América del Norte

 

 

 

 

 

Canadá

0.29

1.17

6.12

36.15

56.56

México

3.02

59.13

25.71

10.22

1.93

EE.UU.

1.60

3.43

7.41

31.87

55.68

 

 

 

 

 

 

América Central y el Caribe

 

 

 

 

 

Costa Rica

4.26

40.43

29.79

19.15

6.38

República Dominicana

2.97

56.44

25.74

11.88

2.97

El Salvador

11.11

61.90

17.46

6.35

1.59

Guatemala

12.24

57.14

19.05

8.84

2.72

Honduras

20.51

50.00

17.95

8.97

1.28

Nicaragua

11.86

74.58

10.17

3.39

<0.50

Panamá

8.11

48.65

27.03

16.22

5.41

 

 

 

 

 

 

Sur América

 

 

 

 

 

Argentina

2.70

37.10

32.43

23.59

4.18

Bolivia

17.48

53.40

18.45

7.77

1.94

Brasil

7.31

43.63

27.83

15.90

5.38

Chile

1.73

33.53

34.10

23.12

8.09

Colombia

10.40

54.78

20.81

10.83

3.18

Ecuador

7.24

60.53

21.05

9.87

1.97

Paraguay

7.58

48.48

27.27

12.12

3.03

Perú

8.11

54.39

24.66

10.81

1.69

Uruguay

<0.50

29.41

32.35

29.41

8.82

Venezuela

5.76

49.49

29.49

13.22

2.03 

 

Nota: Los pobres viven con $2 o menos por día; bajos ingresos entre $2.01 y $10;  medio entre $10.01 y $20; media superior entre $20.01 y $50 ; ingresos altos más de $50                                                       

 

Llama la atención que los países más estables, salvo excepciones, son aquellos que están cerca, o superan, el 30%; si fuésemos a agregar a Cuba en esa tabla quedaría prácticamente con un 90% o quizás más en la columna POBRE.

 

En Cuba se puede aplicar el señalamiento de Birdsall, aunque ella se refiere a una situación existente 20 años atrás:

 

La mayoría de las personas en el mundo aún vivían en lugares donde la distribución del ingreso se podría caracterizar (con sólo una ligera exageración) como bimodal: una pequeña élite vivía en la comodidad, mientras que la gran mayoría de las personas eran pobres”.

 

Esa es una realidad aún vigente en Cuba, donde una élite compuesta por la plutocracia político-militar integrada por el generalato básicamente, y los miembros del partido desde el nivel del Comité Central hacia arriba, sin olvidar a los integrantes de la burocracia administrativa a partir de los viceministros en adelante, un reducido número de elementos parasitarios controlan la economía y el poder político, mientras el resto de la sociedad vive en los niveles de pobreza, sin acceso a la toma de decisiones.

 

El ‘empoderamiento’ y la paradoja cubana

 

El reunirse con barberos y dueños de paladares para hablar del cómo desarrollar la economía resulta un ejercicio de ingenuidad por parte del Presidente de los EEUU: estos, juntos a otros merolicos, carretilleros, organizadores de fiestas de quinceañeras, choferes de ‘almendrones’, reparadores de celulares y computadoras y muchos más que pueden, quizás con suerte, ganar los $10 diarios, no conforman el grupo humano capaz de generar cambios económicos de importancia y con ello ocupar un puesto en la distribución del poder político.

 

Ninguno de ellos son productores de bienes materiales; son generadores de servicios que pueden ser de mucha importancia para la población, pero son parte del sector terciario y lo que resulta necesario son elementos en un inexistente sector secundario en manos privadas o en el sector primario, que sí tiene una existencia y una base establecida por muchos años. He aquí la paradoja: es en el disperso grupo de agricultores con la propiedad, o la posesión, de la tierra, donde pudiera conformarse la clase media que pudiese reclamar los cambios políticos necesarios para el desarrollo del país.

 

Por otra parte, muchos de ellos a lo largo de los años han acumulado, atesorado, recursos  financieros considerables, que pudiesen ser el motor económico para profundas transformaciones que podrían abarcar el sector secundario. Aunque no estamos en posesión de datos económicos sobre lo dicho anteriormente, sabemos por vía directa de que en regiones como el sur de la Habana, el norte de Holguín, y las zonas agrícolas alrededor de Ciego de Ávila, y las zonas tabacaleras de Pinar del Río, por mencionar algunas, existen decenas, cientos de campesinos, que con excelentes tierras y el uso de regadío han acumulado verdaderas fortunas comercializando su producción legalmente y en ocasiones no tan legalmente de acuerdos a los parámetros de Cuba.

 

Tres anécdotas: A finales de los años 60 conocí a una persona en una población del sur habanero que alguien me comentó era miembro de una familia que era conocida, ya en esa lejana época,  como ‘los millonarios’: poseían tierras fértiles, buenas casas y varios autos. 50 años después volví a encontrarme con esa persona de visita en Miami: seguían siendo millonarios con mejores casas con todas  las comodidades de una vivienda urbana en un país desarrollado, y la colección de autos y camiones se había incrementado en varias veces. Ya no debían ser millonarios, sino multimillonarios.

 

Otra anécdota se refiere a un cultivador de berro, de una variedad muy especial. Este campesino, que ni tocaba la tierra semipantanosa utilizada en ese cultivo que requiere gran cantidad de agua, desde su buena vivienda en la población cercana dirigía todo, con alguna que otra visita a la tierra en cultivo, una rápida comprobación de la bomba de regadío, algunas instrucciones a sus trabajadores asalariados; obtenía grandes cosechas que eran muy bien pagadas por Acopio, aunque después este ineficaz aparato gubernamental dejase echar a perder el berro. Pero este campesino vivía a sus anchas y gastaba su dinero a manos llenas, era un capitalista en potencia.

 

Una última: un campesino que tenía un pequeño paño de tierra en el que sembraba flores y, lo más importante, cebollas, con semillas que le traía un piloto cubano desde Canadá. Con solo vender las posturas de la cebolla ganaba miles de pesos, vivía espléndidamente en una casa con aire acondicionado en los dormitorios, y pagaba guardianes para cuidar las cebollas. Otro capitalista en ciernes.

 

Por qué de estas anécdotas, que no pueden sustituir a los datos estadísticos, porque como estos hay miles, lo que no quiere decir que otros muchos miles escasamente saquen de la tierra lo mínimo para vivir, y otros ni tan siquiera eso, pero existe un fondo de riquezas monetarias atesoradas que podría ser las base de financiamiento no sólo de una agricultura que supla las crecientes y no resueltas necesidades de un país que importa el 80% de los alimentos para subvenir esas necesidades inescrupulosamente limitadas por el racionamiento.

 

La paradoja cubana radica en que las posibilidades de un cambio no radica en la inexistencia de una clase media en el sentido recto del término, no está en el pequeño  grupo de dueños de paladares que han logrado inmensas ganancias, incluso con inversiones en y desde este lado del estrecho de la Florida, sino en una masa de campesinos con recursos monetarios que pueden ser convertidos en capital productivo.

 

Al finalizar la Guerra de Independencia en Cuba el censo de 1899 deja claro los estragos sufridos por la guerra; el del 1907 nos deja entrever que esos estragos fueron superados en menos de los 8 años transcurridos de un censo al otro.

 

¿Cómo se produjo eso que podemos llamar milagro económico?  Tomemos en cuenta que ese proceso en nada dependió de inversiones extranjeras, sólo las pequeñas aportaciones de capital comercial en forma de ‘refacción’, de larga tradición en nuestros campos, y que generalmente era suministrada por pequeños comerciantes de la zona. El campo rindió frutos y las hambrunas desaparecieron, y ninguna ayuda se recibió para aliviarla: fue el trabajo el que dio la solución. Para 1907 la población en la mayor parte de los pueblos y ciudades afectadas por la guerra se había recuperado, y en muchos de ellos se incrementó con relación a 1895.

 

Los campesinos sin ningún ‘empoderamiento’ salvaron la situación: ¿por qué no esperar eso y mucho más en la actualidad? Quizás a ese sector de la población es hacia donde se debe dirigir la atención y cualquier medida o política de empoderamiento. Hasta ahora lo único que está relacionado con ello es el interés de dos inversionistas de Alabama [que ya tropezaron con la ineficaz burocracia del régimen] de crear una planta en Cuba para ensamblar un pequeño tractor con múltiples funciones y bajo costo. Eso podría ser un elemento revitalizador de la agricultura y una forma de que los dineros atesorados puedan ser invertidos productivamente y ser utilizados como medio de financiamiento para aquellos campesinos que quieran adquirir ese medio de producción.

 

Lo dudoso es que el gobierno cubano se decida a aprobar la creación de esta planta ensambladora; hasta ahora solo ha dado largas, muy largas, al asunto.

 

A manera de conclusiones

 

No existe en Cuba una clase media operando en la economía y menos aún en la política, existe un conglomerado de individuos con buenas o pobres ganancias, en muchos casos  financiados o apoyados desde el exterior, e incluso un aún más pequeño grupo de personas que ‘recobrando’ la ciudadanía están invirtiendo en casas y autos, más o menos clásicos, con fines de ubicarse aventajadamente en el sector turístico en crecimiento.

 

La dependencia de este grupo, relativamente privilegiado, de las decisiones de la élite que los puede borrar de un simple plumazo, como ha hecho en otras ocasiones con los ‘macetas’’, lo hace carecer del empuje y la decisión de influir en las decisiones políticas.

 

El sector del campesinado con mayor capacidad económica, aunque pudiera ser un factor para el surgimiento de una clase media, presenta limitaciones en el orden social y en su relativa dispersión. Sin embargo, esconde un potencial transformativo que no se reduce a su suficiencia financiera sino que en un plano más subjetivo, porque ha sido receptor de continuas injusticias y limitaciones, lo hace más propenso a reclamar cambios y soluciones a sus problemas, y por tanto a los de la nación.

 

Todo depende de que logren organizarse fuera de las estructuras oficiales, como hicieron los agricultores de Güines, a contrapelo de los funcionarios coloniales, al fundar la  ‘Comunidad de Regantes’ a finales del siglo XIX.