Cubanálisis El Think-Tank 

REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 Vietnam asombra treinta y cinco años después de la guerra

 

En las décadas de los 70 y 80 fue muy popular oír por las radios latinoamericanas la canción de protesta “El derecho de vivir”, que entonaba el cantante Víctor Jara. La melodía decía en una de sus estrofas: “Ningún cañón borrará el surco de tu arrozal, el derecho de vivir en paz”. A más de 30 años de callada la boca de los cañones, el surco del arrozal ve pasar una nueva guerra, pero en el campo económico, con un movimiento frenético en sus ciudades y en sus campos

 

José Reinoso, El Nuevo Diario

 

Tres décadas después de que finalizara la guerra con Estados Unidos, Vietnam se convertirá el próximo jueves, 11 de enero, en el miembro número 150 de la Organización Mundial de Comercio (OMC), culminando un viaje que inició hace 11 años, y que, para Hanoi, no es sólo un logro económico, sino la verdadera ascensión internacional de este país de 84 millones de almas.

 

Tras haber atravesado dolorosos conflictos, penurias alimentarias y embargos económicos, el país asiático cuenta hoy con una de las economías más dinámicas del continente. En los últimos cinco años ha crecido a una media del 7,5% anual --la segunda más grande de la región después de China--, y la tendencia, según los expertos, va a continuar, gracias al renovado impulso que supondrá su integración en el sistema de comercio mundial.

 

Así se puso de manifiesto durante el foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC), que tuvo lugar en noviembre pasado en Hanoi, y así lo cree el Gobierno, que utilizó la cumbre para mostrar los logros del proceso de transición a la economía de mercado, lanzado en 1986, y que es conocido como ‘doi moi’.

 

‘La entrada en la OMC va a dar una nueva imagen a Vietnam, impulsará el desarrollo de la economía, y, aunque tendremos que hacer frente a algunos desafíos, atraerá inversiones extranjeras y nos permitirá avanzar más’.

 

Thai My Hanh, de 34 años, que trabaja en una empresa de ingeniería y construcción, habla con decisión en un bulevar de la ciudad de Ho Chi Minh, conocida antaño como Saigón. Viste tacones, chaqueta y falda oscura, y se muestra muy optimista sobre el futuro de su país. Dice que confía plenamente en las decisiones del régimen de partido único comunista.

 

Una muestra de la lluvia de inversiones que esperan los dirigentes es el anuncio del fabricante de microprocesadores Intel, que va a invertir 1.000 millones de dólares en una fábrica en Ho Chi Minh. Es en esta ciudad sureña, que fue rebautizada con el nombre del venerado líder comunista vietnamita, donde el resultado de las dos décadas de tránsito de la economía planificada al capitalismo alcanza su máximo.

 

Ho Chi Minh es la capital económica y financiera. Como en Hanoi, sus calles rebosan energía, agitadas por el zumbido de los miles de ciclomotores que cruzan la ciudad como enjambres de abejas. Y, como en la capital, por todos lados hay mercados, puestos callejeros, porteadores tocados con el sobrero de bambú cónico, mototaxis, vendedores ambulantes y restaurantes de cadenas de comida rápida como Kentucky Fried Chicken.

 

Pero es en la antigua Saigón donde se encuentran las sedes en el país de algunos de los mayores bancos mundiales --Citigroup, Bank of Tokyo Mitsubishi o Deutsche Bank--, y de aseguradoras como Prudential, y centros comerciales con nombres como Diamante, y apartamentos exclusivos como Garden View Court.

 

Para llegar hasta aquí, Vietnam ha tenido que superar los duros años de la posguerra, cuando la economía se estancó, debido al embargo y la rigidez del sistema de planificación centralizada. Fueron tiempos en los que sus ciudadanos tenían que hacer cola para recibir arroz o eran perseguidos si vendían productos en el mercado libre.

 

Ahora, Vietnam tiene que hacer frente a los retos de la integración en la OMC, incrementar la competitividad de las empresas, desarrollar las infraestructuras, formar a sus trabajadores y desprenderse de la burocracia heredada de la economía planificada.

 

‘En los próximos dos años, gozaremos de muchas oportunidades para desarrollar el país. Estamos haciendo reformas que no son sólo económicas’, afirma Le Dzung, director general de Información en el Ministerio de Asuntos Exteriores. ‘Tratamos de construir una nación rica, sana, socialista, civilizada y próspera’.

 

Según algunos observadores extranjeros, el proceso acabará conduciendo a una mayor apertura política, y, algún día, a un sistema multipartidista. ‘La OMC es un reto, porque implicará otra transformación, la política y social’, asegura Soledad Fuentes, embajadora de España en Vietnam. ‘Han comenzado por la reforma económica, igual que China.

 

Piensan que es muy importante que les respeten económicamente, sabiendo que eso implicará reformas internas. Y son conscientes de que llegará un momento en que tendrán que pasar una ley de partidos políticos en el Parlamento. Lo que no se puede saber es si será en dos, tres o 10 años. Aunque 10 años me parece mucho tiempo’, señala.

 

Según Le Dzung, esto se producirá cuando ‘el pueblo decida’. ‘De momento, sólo necesitamos el partido comunista. Es bueno para nosotros’, dice. Las autoridades vietnamitas mantienen un férreo control sobre la actividad política, prohíben los partidos rivales y censuran Internet y los medios de comunicación. Según Amnistía Internacional, hay cientos de prisioneros de conciencia en las cárceles. El Gobierno asegura que se trata de simples criminales.

 

Pham Hong Son, un disidente, afirma que fue detenido y golpeado repetidas veces en la víspera de la cumbre de APEC. Son --que es médico-- fue liberado en agosto pasado después de haber permanecido cuatro años en prisión, acusado de espionaje por publicar sus escritos de protesta en Internet.

 

Además, el crecimiento económico, unido a la disminución de los subsidios a los campesinos, ha provocado una brecha social creciente entre ricos y pobres. En Hanoi y Ho Chi Minh, muchos niños mendigan y venden chicles o postales por la noche a la puerta de bares y restaurantes. ‘Hasta que no consiga dinero, no me puedo ir a dormir’, dice una pequeña a la una de la madrugada. El PIB per cápita ascendió a 610 dólares en 2005, frente a 1.416 dólares en China.

 

Los ciudadanos se quejan también de la corrupción. ‘Cuando vas al hospital, si quieres que te traten bien, tienes que sobornar al médico y a todo su equipo’, explica el responsable de una asociación que trabaja en el campo de la salud. ‘La corrupción es un problema muy grave en la gestión del suelo, en la Sanidad y en la Educación’, afirma.

 

‘Cuando yo me uní al partido y a la revolución, había un dicho: ‘Sufrir antes (que la gente normal), y disfrutar después’. Los funcionarios del partido ya no siguen esto. Tienen grandes casas, coches’, señala. Pero, a continuación, asegura que, de momento, es bueno que exista un único partido. ‘Lo que más necesitamos ahora es estabilidad. En el futuro, ya veremos’.

 

Thai My Hanh, la empleada de la empresa de construcción, coincide: ‘En Vietnam, creemos en las decisiones del partido comunista. Lo único que me preocupa es el desarrollo económico’.