Cubanálisis El Think-Tank 

REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

VIAJE AL PAIS DE HO CHI MINH

 

¿Quién hubiera dicho que el Che Guevara planteó crear uno, dos, tres... muchos Vietnam para extender la revolución? Cada vez más, los análisis apuntan a esa nación, devastada hace 30 años por sucesivas guerras coloniales, como ejemplo de desarrollo económico. Y ponen a México como muestra de lo que no se debe hacer.

 

Ronald Buchanan

 

Cuando el Che Guevara acuñó la consigna "crear dos, tres, muchos Vietnam" no pudo haber imaginado que la adoptarían, casi 40 años después ­y con otro enfoque, claro­ economistas de las universidades de Harvard, en Estados Unidos, y Cambridge, en Inglaterra, o el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.

 

Vietnam ha llegado a ser el ejemplo predilecto de cómo alcanzar el desarrollo. Así lo cree un pequeño grupo de especialistas quienes retan a la sabiduría convencional sobre los beneficios del libre comercio. ¿Y su ejemplo preferido de cómo no hacer las cosas? Pues, México.

 

En columnas periodísticas y ponencias académicas, Dani Rodrik, profesor de economía en la escuela de gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard, denuncia lo que él considera las falsas profecías de los pregoneros del libre mercado como la ruta más rápida para que los países en desarrollo salgan de su pobreza.

 

México, dice Rodrik, tiene una frontera de 3 mil 200 kilómetros con el mercado más grande del mundo, al que tiene libre acceso para sus bienes y servicios. Además, como mostró la crisis de 1995, puede contar con los recursos del Tesoro de Estados Unidos en última instancia para evitar el colapso de su sistema financiero. "Mejor, casi imposible en términos de la globalización, ¿verdad?", plantea.

 

SUEÑOS GUAJIROS

 

Una sopa vietnamita no se puede preparar con chile chipotle y nopales en lugar de jengibre y brotes de soya. Tampoco es fácil imaginar cómo aquel modelo de crecimiento económico podría aplicarse en México.

 

Hay similitudes en los sistemas políticos. Vietnam no es un país democrático, por lo menos en el sentido en que generalmente se emplea la palabra. Tampoco lo ha sido México durante la mayor parte de su historia (y no faltan los que alegan que aún no lo es).

 

También ambos ­y aquí, tal vez, el Che estará dando gritos desde su tumba, ya que Vietnam sigue siendo comunista en nombre­ han tomado el camino del desarrollo del capitalismo.

 

Pero hay diferencias importantes. La prioridad del gobierno vietnamita es lograr mayores niveles de bienestar; ahí sostiene su liderazgo. En eso se puede comparar con los gobiernos socialistas que emergieron en algunas partes de Europa ­notoriamente el Reino Unido­ después de la Segunda Guerra Mundial para implantar reformas sociales de gran envergadura.

 

Por supuesto, sucesivos gobiernos mexicanos han enarbolado la lucha en contra de la pobreza. Sin embargo, siempre la han sujetado a lo que es, y sigue siendo, su prioridad: lograr la estabilidad, evitar conflictos, mantener lo que llaman la gobernabilidad. Se trata de un enfoque contrario al cambio y, por ende, propicio a perpetuar las grandes diferencias sociales y económicas que siempre han caracterizado al país.

 

No es cuestión simplemente de aumentar la recaudación fiscal y el gasto social. De nada sirve recaudar más impuestos si el dinero se usa para reforzar los poderosos intereses creados en las grandes empresas, las burocracias sindicales y del gobierno.

 

Para seguir el ejemplo vietnamita, o sudcoreano si se prefiere, habría que hacer, por ejemplo, cambios muy radicales en el sistema de educación. El grueso del gasto, como en los países asiáticos, tendría que ir a las escuelas primarias y no, como ahora, a las universidades. El desarrollo requiere de más profesionales dedicados a la ciencia y las ingenierías, para lo cual se necesita de estímulos.

 

Pero no sólo en educación se tendría que hacer grandes cambios, sino también en la salud pública, en los negocios, en la industria petrolera y, sobre todo tal vez, en el propio gobierno.

 

¿Sería posible en México? Que sueñen los guajiros

 

 

En contraste, Washington mantuvo un embargo comercial contra Vietnam hasta 1994, y sujetó a ese país asiático a diversas restricciones durante años después. Todavía Vietnam no es socio de la Organización Mundial del Comercio (OMC), señala Rodrik, antes de comparar el rendimiento de las respectivas economías.

 

Desde la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la economía de México ha crecido a un ritmo anual de apenas uno por ciento en términos per cápita, indica. Ese ritmo no únicamente dista mucho de las estrellas económicas de Asia, sino también del 3.6 por ciento que logró el propio México antes de la crisis de 1982.

 

Vietnam, sin embargo, creció a un ritmo de 5.6 por ciento por habitante entre 1988 ­cuando inició un programa de reformas económicas­ y 1995, año en que se reanudaron las relaciones diplomáticas con Estados Unidos. Desde entonces, el promedio ha sido todavía un impresionante 4.5 por ciento. La disminución de la pobreza en Vietnam fue espectacular, mientras que los salarios mexicanos bajaron en términos reales.

 

Sentencia Rodrik: "Ambos países experimentaron aumentos importantes en comercio exterior y la inversión extranjera, pero el escenario es totalmente distinto donde más importa: un aumento en los niveles de bienestar, sobre todo para los pobres". Para Rodrik, estos ejemplos demuestran que lo que más cuenta para lograr el desarrollo es la estrategia que adopten los países a escala nacional. Va más alllá, Ha-Joon Chang, economista de la Universidad de Cambridge, en un estudio para el South Centre, organización intergubernamental con 49 países miembros en vías de desarrollo (México no es uno de ellos).

 

La historia, sostiene Chang, demuestra los beneficios que las tarifas pueden tener para los países que luchan para desarrollarse. Estados Unidos, Inglaterra y otras naciones que abogan hoy día por el libre comercio hacían amplio uso de ellas en siglos pasados para proteger sus nacientes industrias. De hecho, Corea del Sur todavía estaría exportando pelucas de pelo humano de haber hecho caso a las recetas de los proponentes del libre comercio, según Chang.

 

LAS RECETAS

 

Los elementos principales de las estrategias de Vietnam y México, según el Informe sobre desarrollo humano de Naciones Unidas, son:

 

Vietnam

 

• Inversiones en desarrollo humano. Antes del despegue, los niveles de pobreza eran altos, pero también lo eran los indicadores de escolaridad, alfabetismo y salud pública

 

• Crecimiento a partir de una base amplia. Millones de pequeños propietarios impulsaron las exportaciones, mientras la ampliación de los derechos sobre la propiedad de la tierra y la libre importación de fertilizantes estimularon la agricultura

 

• Compromiso con la equidad. Los ingresos fiscales son 16 por ciento del PIB, una tasa alta para un país pobre. El dinero se ha invertido en infraestructura económica y social.

 

• Apertura gradual. Primero fue el auge de las exportaciones, después se empezaron a bajar paulatinamente las barreras tarifarias a las importaciones

 

• Diversificación del mercado. Hasta 1990, casi las únicas exportaciones eran de petróleo a Japón y Singapur. Ya son mucho más los productos y también los destinos

 

México

 

• Desigualdad como punto de partida. La desigualdad social es de las más altas del mundo, y ha empeorado en los últimos diez años. El nivel de recaudación de impuestos es comparable con Uganda

• Apertura a pasos forzados. La liberalización de la economía fue de las más rápidas del mundo, acelerada con el TLCAN. No se abate la pobreza ni crece el empleo. La producción agrícola y manufacturera enfrenta una lucha desigual contra una avalancha de importaciones   

• Débil política industrial. Con un sector laboral mal pagado y con baja calificación, las exportaciones se caracterizan por tener muy poco valor agregado y un mínimo de transferencia de tecnología

• Desequilibrios laborales. Por la concentración en la maquila, los sueldos no han aumentado. Hay una fuerte emigración de trabajadores a Estados Unidos

 

 

Los usuarios más aplicados de las recetas de Washington han sido los gobiernos latinoamericanos, apunta Chang, pero sus resultados han sido ­por decir lo menos­ decepcionantes. Entre 2000 y este año, el crecimiento de las economías de la región ha sido tan sólo de 0.6 por ciento al año por habitante, cuando era de 3 por ciento en los años de las "políticas equivocadas", de 1960 a 1980.

 

Chang también saca a México de su sombrero como conejo de prueba para su tesis. "Si hay algún país en el mundo que pueda beneficiarse mediante el libre comercio, tiene que ser México", dice. Eso por su vecindad con Estados Unidos, el TLCAN, los millones de mexicanos que viven al norte de la frontera (según Chang, podrían proveer una red informal de contactos de negocios del tipo que tanto ha ayudado a China mediante sus emigrantes en el sureste asiático), su base industrial "decente" y una infraestructura, aunque algo deteriorada, todavía bastante servible.

 

En un principio, el TLCAN rindió algunos beneficios en términos de crecimiento: 1.8 por ciento por habitante entre 1994 y 2002. Sin embargo, dice Chang, después las cosas empeoraron de tal manera que apenas se regresó el ingreso a su nivel de 2001. La tasa de crecimiento de la industria manufacturera bajó a partir del TLCAN, y la de las maquiladoras aumentó por la contratación de más mano de obra, no por mayor productividad.

 

"No bastan los bajos salarios", comenta Chang. "Siempre hay otro país, todavía más pobre, listo para entrar en el mercado". Una base sostenible para las exportaciones solamente se puede construir con inversiones en capital físico, tecnología y el adiestramiento de la fuerza de trabajo. Se trata de la receta aplicada, según Chang, por ­¡adivine!­ Vietnam.

 

Este país comercia productos a través del Estado, mantiene monopolios sobre las importaciones, a las que fija límites en términos de cantidad y con tarifas de entre 30 y 50 por ciento para productos agrícolas e industriales. En suma, todo para ganarse las orejas de burro en las clases de libre comercio.

 

Sin embargo, mantiene Chang, el éxito de Vietnam ha sido fenomenal en términos del crecimiento económico y el comercio, y en la reduccción de la pobreza. Su afirmación, ha sido avalada por el Informe sobre desarrollo humano de Naciones Unidas de este año. Comenta el informe que Vietnam y México son de la primera división de "nuevos países globalizadores".

 

Sin embargo, "ya no comparten la misma liga cuando se mide con indicadores de desarrollo humano". El informe de Naciones Unidas voltea la tesis, escuchada en México hasta el cansancio, de que primero hay que generar la riqueza para luego distribuirla.

 

Antes de su despegue económico, dice el informe, Vietnam era muy pobre, pero con, relativamente, muy altos índices de éxito en salud, educación y equidad económica (con México el contraste es notorio).

 

Jodidos, tal vez, los vietnamitas, pero sin conformarse con la pobreza