Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Diego Trinidad, PhD, Miami

 

 

                               

 

 

                                

 

SEIS MESES ANTES DE LA ELECCIÓN PRESIDENCIAL DEL 2012

 

Este es el tercer artículo sobre la elección presidencial, ahora a solo seis meses, y por primera vez con el candidato republicano definido. Ya por fin se pueden hacer análisis enfrentando a los dos candidatos, puesto que Rick Santorum, quien tanto daño le hizo a la candidatura del ganador, Mitt Romney, se retiró de la contienda a principios de abril, y el otro candidato restante, Newt Gringrich, lo hizo el 2 de mayo. Queda el Congresista Ron Paul, quien es en realidad un candidato libertario y quien nunca tuvo posibilidades de ganar la nominación republicana. La presencia de Paul hasta la convención es beneficiosa, pues mantiene en las noticias diarias sus principios libertarios, y de cierta manera obliga a Romney a tomarlos en consideración, ya que Paul mantiene el consistente apoyo de un 10% de los votantes republicanos.

 

En este análisis, mis opiniones se mantendrán en lo mínimo, solo las ofreceré al final.  Ahora es más importante mencionar a otros analistas para mostrar la gran dificultad del presidente en lograr su reelección. Claro que los que lo apoyan y sus asesores continúan presentando su percepción de los hechos, pero eso es de esperar. Lo que no es de esperar es como el optimismo de los demócratas va y viene como la marea, y dura muy poco.  Eso es porque se empeñan en darle una importancia desmesurada a las encuestas. Y es esencial enfatizar, una vez más, que las encuestas antes de septiembre son inocuas, carecen de importancia y solo revelan una fotografía de las opiniones el día en que son medidas. 

 

Aún así, depende mucho de cómo se tomen esas encuestas y las preguntas que se hacen, al igual que la base que se toma para encuestar. Por ejemplo, las encuestas de Rasmussen, las más certeras en los últimos cuatro ciclos electorales, se conducen automáticamente (llamadas pre-grabadas sin entrevistadores en vivo) y usan una base de los votantes que probablemente votarán (likely voters). Muchas otras usan listas de votantes registrados para votar, sin importar la probabilidad de que salgan a votar en la elección. Otra consideración importante es que algunas encuestas usan como base mayormente a votantes registrados como demócratas, a veces hasta 2 a 1 sobre republicanos.

 

Obviamente, esas encuestas están torcidas hacia los demócratas, pero eso no lo mencionan los titulares, sino que se encuentra al final en letras pequeñas. Los demócratas resaltan más los titulares, y a veces esos titulares surten el efecto deseado, pero solo por unos días. Finalmente, las encuestas importantes son las que comenzaron desde abril 15 por Gallup, las conocidas como encuestas de seguimiento diario (daily tracking polls).  Rasmussen las conduce hace meses. Estas son las que hay que seguir. Romney comenzó delante 46% a 44% en abril y ha mantenido esa ventaja o han terminado parejos desde abril 15 en Gallup.  En Rasmussen ha sucedido lo mismo y hoy está Romney arriba 47% a 44%. De cualquier manera, repito que solo desde septiembre en adelante deben ser consideradas las encuestas como algo posiblemente determinante de la elección.

 

Vamos por partes. La economía, sin duda alguna, será lo más importante en la elección.  Dentro del plano económico, el precio de la gasolina y el desempleo serán determinantes. El precio de la gasolina ha bajado como siete centavos en las últimas tres semanas.  Pero a un promedio nacional de $3.80 por galón, es todavía muy alto, y casi ningún experto espera que baje a menos de $3.50 para noviembre.  Es más, hay probabilidades de que suba quizás sobre los $4.00 por galón, en parte por el temor de un ataque de Israel a Irán durante el verano (ver mi artículo de febrero sobre el tema). Estos temores -y no los “especuladores” y menos ninguna “conspiración” de las compañías petroleras- son la razón principal del alza en el precio en primer lugar. Nada enfurece o preocupa más a los consumidores, quienes ven diariamente el precio del galón de gasolina cada vez que salen a trabajar. Y el precio del petróleo, no se olvide, afecta a todos los precios, especialmente a la comida.

 

El desempleo, según las manipulaciones del Departamento de Comercio, es del 8.3%. Esto es inexacto por dos razones. Primero, no considera a los más de tres millones de personas que han dejado de buscar trabajo. Segundo, porque cuenta a los trabajadores temporales en el cálculo de la tasa. En realidad, la tasa de desempleo está entre un 10 y un 12% de los trabajadores. (Gallup, mayo 3, tasa revisada para abril: 8.6%); cifra oficial, mayo 4: 8.1%, pero más de 300,000 personas dejaron de buscar trabajo en el mes y solo 115,000 trabajos fueron creados, contra 250,000 necesarios solo para mantenerse al paso del crecimiento de la población).

 

Históricamente, ningún presidente excepto Franklin Roosevelt en 1936 y 1940, ha sido reelecto con la tasa de desempleo superior al 8%. Por eso los demócratas están tratando desesperadamente de bajar la tasa oficial a menos del 8%.Casi seguro que a pesar de las manipulaciones del Departamento de Comercio, la tasa de desempleo suba ligeramente en los próximos meses, y eso afectará adversamente las posibilidades de reelección del presidente. Históricamente, ningún presidente excepto Franklin Roosevelt en 1936 y 1940, ha sido reelecto con la tasa de desempleo superior al 8%.

 

De acuerdo con un estudio hecho por Dick Morris, encuestador principal de Bill Clinton y el arquitecto de la victoria de Clinton en 1996, cuando inventó el concepto de “triangulación” (una posición equidistante de los dos extremos políticos), en todas las elecciones presidenciales desde 1964, con la excepción de la victoria de George Bush Jr. en el 2004, el presidente ha perdido hasta un 90% de los votos indecisos a dos semanas de la elección. En otras palabras, si el presidente tiene el voto probable del 48% contra un 45% -digamos- del retador a dos semanas de la elección, el retador ganará la elección, pues recibirá 12% de los 13% votantes indecisos hasta la fecha. Aún si se considera que ahora mismo los dos candidatos tengan un 46% de los votos; de acuerdo con el estudio de Morris, Romney ganaría la elección por 53% contra 47%.

 

Además de esta importante consideración, el voto de los independientes (no tiene que ver con los indecisos) está a favor de Romney consistentemente hace meses, hasta por 20 puntos. Morris también ha encontrado que los independientes en su gran mayoría se deciden a favor del retador (no importa su partido) al llegar la elección.  De manera que para ganar, el presidente tiene que estar delante de Romney al menos por un 55% de los votantes antes de la elección si los indecisos son un 10%. La ventaja es claramente para Romney, ya que el presidente ganó por 53% a 47% a McCain en el 2008.

 

Finalmente, de acuerdo con cálculos de Karl Rove, principal asesor de George Bush Jr. en el 2000 y 2004, el presidente tiene desde hace más de un año una merma de entre 10 y 30 puntos en las encuestas de todos los grupos minoritarios que votaron por él en el 2008.  Estos grupos principales son los negros, los hispanos, las mujeres solteras, los católicos, los judíos y los votantes con educación universitaria. Los jóvenes votaron en un 66% por el presidente en el 2008. Ahora se inclinan entre el 42 y 55% en su favor, pero mucho más importante, solo un máximo del 50% de los jóvenes entre 18 y 25 años dicen que votarán, contra un 80% de los mayores de 35 años. Con esta disparidad, el voto de los jóvenes puede ser inconsecuente en la próxima elección.

 

Los negros, por supuesto, votarán en un más de 90% por el presidente, pero quizás no en un 98% como en el 2008, además de que el porcentaje de los que votarán parece ser mucho menor que en el 2008.  El presidente necesita todos los votos de esa minoría que pueda conseguir. En el momento, no parece que los recibirá en cantidades suficientes para que lo elijan. El voto judío, aunque inexplicablemente vote a favor del presidente debido a sus políticas hacia Israel, indudablemente será mucho menor que en el 2008. Mucho depende de lo que suceda entre Israel, Irán y los palestinos, pero definitivamente el presidente no podrá contar con el enorme porcentaje del voto judío que recibió en el 2008.

 

Los hispanos otra vez votarán por el presidente, a pesar de cómo fueron (y siguen siendo) engañados en la campaña presidencial del 2008, cuando el presidente prometió “resolver” (léase legalizar) el problema de los indocumentados. Aunque en sus dos primeros años tuvo un control absoluto del Congreso, ni siquiera un proyecto de ley fue presentado ante el Congreso.  Desde entonces, el presidente culpa a los republicanos, pero ellos no podían, aunque quisieran, bloquear ninguna ley sobre la inmigración entre el 2009 y el 2011. Sin embargo, el presidente promete hacer en el 2013, cuando nunca contaría con el control absoluto en el Congreso, lo que no hizo antes. Muchos hispanos aparentemente lo creen todavía, pero no con la enorme mayoría del 2008.

 

Si el propuesto proyecto de ley del Senador Marco Rubio que se está considerando para algunos jóvenes ilegales tiene éxito, eso afectará el voto hispano. Aunque no sea así, una vez más, de acuerdo con los cálculos de Karl Rove, el porcentaje del voto hispano a favor del presidente no será tan alto como en el 2008, ni votarán tantos hispanos en la próxima elección tampoco. Los católicos probablemente esta vez voten igualmente por cada candidato debido a la política del presidente de obligar a las instituciones católicas a ofrecer contraceptivos, pastillas abortivas y hasta abortos a sus empleadas y pacientes (Gallup hoy: 46% c/u., pero católicos blancos 55 a 38% por Romney; católicos hispanos: 70 a 20% por el presidente; los más creyentes favorecen a Romney, los menos, al presidente). El “cambio” propuesto de que sean las aseguradoras de estas instituciones quienes paguen por los servicios objetados es cosmético, ya que las aseguradoras simplemente pasarán los costos a los consumidores.

 

Las mujeres jóvenes son el único grupo que probablemente votará por el presidente en un porcentaje superior al del 2008, pero las mujeres casadas y mayores de 35 votarán en su contra en un porcentaje muy superior al del 2008, con lo que ese voto femenino debe quedar balanceado. Extrañamente, los votantes con educación superior ahora se inclinan más hacia Romney, de manera que la ventaja, otra vez, parece ser a favor del candidato republicano por la merma de todos los grupos que votaron a favor del presidente en el 2008.

 

La diferencia en el dinero recaudado por cada candidato no será determinante. Si, el presidente tiene una ventaja de casi 10 a 1 en lo recaudado por él frente a Romney, pero Romney tiene una ventaja de 5 a 1 en lo recaudado por los grupos independientes (superpacs). Se rumoraba que el presidente llegara al billón de dólares recaudados en esta elección, pero dudosamente alcanzará los $800 millones. Esta es una enorme cantidad, pero muy probablemente será neutralizada por los superpacs de Romney, que es ahora que empezará a recaudar dinero, ya que ni siquiera ha sido nominado oficialmente. Los comerciales contra el presidente serán devastadores por lo que se ha visto hasta ahora, ya que sus propias palabras y promesas serán usadas contra su campaña, por lo que los debates entre los dos candidatos serán tan importantes en la campaña.

 

Si Romney logra lucir como que al menos no pierde en los debates contra el presidente, eso sería una ventaja para él. Su actuación en los debates republicanos indica que debe hacer un buen papel. De la misma manera, la selección del candidato Vicepresidencial será muy importante para Romney y si nombra a alguien dinámico como por ejemplo a Marco Rubio o al Congresista Allen West (ambos de la Florida), al Gobernador Chris Christie de New Jersey, o a otro no tan conocido, pero que electrifique a la base conservadora republicana como hizo Sarah Palin en el 2008, esto puede ser crucial, sobre todo cuando ese candidato(a) sea comparado con el Vicepresidente Joe Biden. (Casi seguro ninguno de los mencionados será escogido).

 

Quedan la política externa y los imponderables. En política externa el presidente solo tiene dos logros.  El pirata somalí que mataron en el 2009 bajo sus órdenes (olvidado por todos, aunque se tratará de recordarlo), y Osama Bin Laden. Hace un año de la muerte de Bin Laden, le dio unos cuantos puntos en las encuestas al presidente, pero eso duró solo unos días. Ahora su intento de politizar el hecho y de sugerir que Romney no hubiera dado la orden de matarlo, parecen haberlo perjudicado. Pero Bin Laden no podrá ser un tema que se mantenga vivo por seis meses.

 

¿Entonces, que le queda al presidente?  No el Medio Oriente ni la “Primavera Árabe”. Nada hizo ni por causar esas revueltas ni por influenciar sus resultados. En Egipto, el país de mayor importancia del área, la política americana parece ser contraproducente. Muy probablemente ganará las elecciones presidenciales el candidato de la Hermandad Islámica, el menos favorable a los intereses americanos. Y Egipto está a punto de romper todos los acuerdos con Israel que tanto han beneficiado a toda la región, mientras Estados Unidos promete renovar la enorme ayuda (más de $2 billones anuales) al presente gobierno egipcio.

 

Libia igualmente fue el resultado de las políticas y actividades de Francia y de Gran Bretaña, con asistencia de la OTAN, luego el presidente no puede tomar crédito por el resultado, aunque lo intente. En Siria no se ha hecho nada por ayudar al derrocamiento de Assad (pero puede haber un intento antes de la elección). 

 

En Irán muy dudosamente las sanciones económicas proyectadas para junio tendrán el efecto deseado y siempre queda un posible ataque de Israel. En Corea del Norte la política americana no puede ser más pusilánime ni más inefectiva. En Hispanoamérica, lo único logrado en Cartagena hace semanas ha sido el escándalo de los agentes del Servicio Secreto, que todavía puede traer consecuencias muy graves para el presidente, para no mencionar los numerosos otros escándalos durante estos tres años pasados, como Solyndra, Fast and Furious (la venta de armas a narcotraficantes mexicanos en la frontera por agentes del Buró de Alcohol, Armas de Fuego y Tabaco), la agencia federal GSA (Administración de Servicios Generales), donde su director está bajo investigación por despilfarrar más de $800,000 en un fin de semana en Las Vegas, y casi todas las políticas del Departamento de la Fiscalía, desde la no aplicación de las leyes electorales y casi todas las políticas de la Fiscalía General, la no aplicación de las leyes electorales a los miembros del Partido de Panteras Negras, pasando por los retos a las leyes inmigratorias de Arizona y otros estados, y terminando por la insistencia de retar las leyes que exigen que los votantes muestren identificación con fotos para evitar fraudes electorales. Casi seguro se revelarán otros escándalos, siendo esta la administración más corrupta en la historia de Estados Unidos. Finalmente las probables -y devastadoras- decisiones de la Corte Suprema en los casos de la Ley de Salud y la de Arizona sobre inmigración, ambas esperadas en contra de la administración, afectarán mucho la elección. Un panorama muy desfavorable para una victoria del presidente en noviembre.

 

Análisis final.  Nada se puede ver en estos próximos seis meses antes de la elección que afecte favorablemente las posibilidades de victoria del presidente. La economía no mejorará, por lo menos no lo suficiente para afectar la elección. No es solo mi opinión, sino la de la enorme mayoría de los economistas, incluyendo los que favorecen a los demócratas. También lo sugieren los indicadores económicos, que aunque mezclados, no apuntan a ninguna mejoría. Algunos indican que la economía puede empeorar, sobre todo en Europa, lo que por supuesto afectaría la economía nacional adversamente. Aviso: la bolsa de valores (New York Stock Exchange), que hace pocos días alcanzó su nivel más alto en cuatro años, NO es un indicador adecuado; muchos inversionistas están apostando por una derrota del presidente.

 

Las políticas propuestas por el presidente siguen sin funcionar y no pueden funcionar puesto que son las políticas equivocadas que ya han fracasado en el pasado. Los intentos de convertir la elección en una lucha de clases, igualmente han fracasado siempre antes en Estados Unidos. Pocos creen que aumentando los impuestos a los “ricos” se pueden solucionar los graves problemas económicos del país. Algunos, por envidia o porque no les importa, ya que no pagan impuestos, quizás apoyarán estas políticas; la mayoría no lo hará. La coalición de minorías que lo eligió en el 2008, votarán por él otra vez, pero no en los elevados porcentajes de hace cuatro años ni en los números que votaron entonces. ¿Qué le queda al presidente? ¿El cambio y la esperanza?  Quizás, pero esta vez en reverso.  El pueblo americano votará por el cambio, si, pero por el cambio de gobierno. Y con la esperanza, si, pero de que las cosas mejoren bajo la presidencia de Mitt Romney. 

 

Un recordatorio.  Hace varios años, desde finales del 2009, vengo prediciendo, yo solo entre todos los analistas nacionales (excepto por Mary Matalin, quien lo predijo también, pero hace dos semanas), que esta elección no será remotamente tan reñida como prácticamente todos los expertos predicen.  No.  Será muy parecida a la elección de 1980.  Todavía recuerdo el titular del Miami Herald la mañana de esa elección.  To close to call! (Muy reñida para predecir).  Pero ¿qué pasó al final de la noche? Ronald Reagan fue electo por una enorme mayoría de los votos. Ya veremos pronto quien tiene la razón.  Apuesto por mí.