Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Diego Trinidad, PhD, Miami

 

 

                               

 

 

                                

 

¿PUEDE ISRAEL DERROTAR MILITARMENTE A IRÁN SIN AYUDA?

 

La respuesta es, enfáticamente, SÍ. Pero antes de explicar CÓMO, primero hacen falta ciertos antecedentes. En marzo del 2012 escribí un elaborado artículo titulado “Irán, Israel y la Bomba Nuclear”. Fue publicado en Cubanálisis.com y en otros websites.  Algunos meses después, Eugenio Yáñez y Juan Benemelis colaboraron en tres otros largos artículos sobre el tema, todos publicados en Cubanálisis.com durante el verano del 2012.

 

Durante casi todo ese año del 2012 muchos expertos y analistas estaban convencidos de que Israel atacaría a Irán antes de las elecciones presidenciales en EEUU en noviembre de ese año. Entre ellos estaba nada menos que el Secretario de Defensa Leon Panetta, quien predijo que el ataque se realizaría entre abril y junio del 2012. Luego se retractó, pero el daño estaba hecho. 

 

Por esa razón, entre varias otras, Benemelis, Yáñez y yo, con la ilustre compañía de muchos prominentes analistas y expertos en geopolítica, escribimos esperando tal ataque durante el año; en mi caso escogí el mes de mayo, aunque califiqué mi estimado con “ya veremos”. Por supuesto, el ataque no se produjo, y hay buenas razones que lo explican, algunas de las cuales mencionaremos. 

 

Pero este corto preámbulo es para decir que mi artículo del 2012 se reproduce al final, para que los lectores tengan esos antecedentes y puedan entender lo que continúa. Mi primer artículo NO está actualizado, porque se incluye solo como referencia. Pero es importante leerlo, sobre todo para que se vea cómo parte de lo que describo (pero NO un ataque tan TOTAL) ya sucedió exitosamente en 1987. Es igualmente importante leer el artículo original de Arthur Herman en Commentary de noviembre del 2006. Esa fue la base de mis ideas al respecto, y Herman es en mi opinión el mejor historiador del momento en EEUU.

 

Antes que nada quiero aclarar que este artículo, que yo sepa, es el primero que considera un ataque a Irán para destruir la capacidad defensiva de esa nación, no para frenar o demorar los planes de Irán de adquirir armas nucleares. Todo lo escrito hasta ahora contempla un ataque a las instalaciones nucleares en Irán por parte de Israel, con o sin ayuda de EEUU y/o sus aliados, como, por ejemplo, algunos países miembros de la OTAN. Pero lo que sigue ni siquiera necesariamente incluye ataques a esas instalaciones nucleares. No, lo que describo a continuación está diseñado específicamente para derrotar tan completamente como sea posible al régimen de los ayatolas de Irán, aunque esto implique dejar al país al nivel de Yemen. El resultado que Israel buscaría con el ataque que describo a continuación es la destrucción de Irán como una nación moderna - una derrota TOTAL.

 

Pero para que quede muy claro: no estoy recomendando esto, aunque me parece que pruebo convincentemente que ES posible. Las guerras son terribles, y EEUU debe dejar de inmiscuirse en el Medio Oriente, especialmente cuando bajo una nueva administración se libere completamente el sector energético y EEUU pueda por fin ser autosuficiente sin necesidad del petróleo producido por naciones que NO son amigas.

 

Sin embargo, bajo este presidente no se puede esperar que, por ejemplo, se regresara a las sanciones que se aplicaron contra Irán internacionalmente en el 2013 y que estaban funcionando y tenían al régimen iraní al borde del colapso. Ese acuerdo que desesperadamente busca el presidente se puede lograr, como declaró Binjamin Netanyahu hace unas semanas durante su discurso ante el Congreso americano, pero solamente si se mantienen las sanciones mientras se negocia con Irán. Desgraciadamente, el presidente no está dispuesto a eso, por lo que las negociaciones están condenadas al fracaso.

 

La opinión general en el 2012, impulsada por la Izquierda Eterna, mantenía que un ataque a Irán para destruir o siquiera frenar sus aspiraciones de producir armas nucleares era imposible, aún si EEUU participaba, solo o con Israel y otros aliados. Es más, aunque tuviera éxito, solo demoraría la obsesión iraní de poseer armas nucleares por unos años.  Además, las consecuencias serían terrible para el todo el mundo. ¿Por qué?  Porque el precio del barril de petróleo aumentaría a más de $200, produciendo otra recesión mundial; Irán y los grupos terroristas que la teocracia islámica apoya y sustenta, como Hamas, Hizballah e Islamic Jihad, entre otros, lanzarían una serie de ataques devastadores contra Occidente y causarían la destrucción de Israel; y, finalmente, una Tercera Guerra Mundial (¡horror de horrores!) seguramente resultaría. Sin embargo, casi ninguno de esos terribles escenarios aplican en el 2015.

 

El precio del barril de petróleo ronda los $50 (en el 2012 estaba sobre $100) y gracias a la revolución energética en EEUU en los últimos cinco años se han creado enormes reservas de petróleo en el mundo (hoy en día se produce un excedente de 2 millones de barriles diarios más de lo que el mundo consume, creando una crisis en el almacenaje del petróleo. Una guerra en TODO el Medio Oriente por supuesto que aumentaría el precio del petróleo, pero ahora eso no sería catastrófico. La capacidad de acciones terroristas combinadas, con el surgimiento de grupos como Al Qaeda, y el Estado Islámico (ISIS) que NO son controlados por Irán, reduciría mucho la posibilidad de esos ataques contra Occidente debido a una acción militar contra Irán. Y ¿quien acompañaría a Irán en una Tercera Guerra Mundial? ¡Por favor! Nadie. De manera que en estos momentos las condiciones desfavorables del 2012 no son aplicables.

 

Pero hay otras condiciones que ahora hacen más propicio y facilitan un ataque de Israel a Irán, aún sin apoyo de NADIE. Lo más importante son las guerras civiles en Siria e Irak.  Eso hace mucho más factible, y con mucho menos riesgo, vuelos directos de aviones israelíes sobre Siria y el norte de Irak, reduciendo grandemente el tiempo de vuelo y el recorrido de los aviones de Israel.  Además, la probable cooperación, aunque sea secreta, de Jordania y Arabia Saudita, disminuye los riesgos para Israel.

 

El poderío militar de Israel es mucho mayor ahora que en el 2012. Como resultado de los esfuerzos de la presente administración americana a principios del 2012 para evitar desesperadamente que Israel atacara a Irán antes de las elecciones presidenciales, EEUU hizo varias importantes concesiones a Israel. Las más importantes (que se conozca) fueron la entrega de “súper” bombas de 30,000 libras, capaces de penetrar instalaciones subterráneas iraníes donde ocultan algunas de las más nuevas instalaciones nucleares.

 

Estas bombas pueden penetrar hasta 200 metros de concreto. Cuántas de estas bombas posee Israel no se sabe, pero es casi seguro que además de las entregadas por EEUU, Israel ha producido y/o modificado muchas más, como acostumbra a hacer. Aviones tanqueros adicionales muy probablemente estuvieron incluidos en la ayuda militar adicional del 2012. Baterías antiaéreas, radares, y muchas otras armas defensivas fueron entregadas también.  Aviones de ataque se incluyeron igualmente. En fin, Israel aumentó su capacidad militar enormemente, sobre todo en comparación con Irán.

 

Irán, en buena parte debido a las sanciones económicas que finalmente la ONU (con cooperación de Rusia y China) y EEUU le impusieron a fines del 2012, a pesar de no ser tan fuertes como algunos preferían, es hoy en día mucho más débil. Tiene supuestamente buenas defensas antiaéreas, pero Rusia nunca le proporcionó los cohetes más avanzados que ha desarrollado. La infraestructura de Irán y su atraso tecnológico no le han permitido en 25 años todavía tener armas nucleares, pero el intento ha sido enormemente perjudicial para el resto de su economía al dedicar tantos recursos a la producción de estas armas. Después de la reelección del presidente en el 2012, las promesas americanas a Israel fueron incumplidas en términos de resolver de una vez por todas el problema de las armas nucleares que Irán se afana en conseguir hace más de 30 años.

 

No solo eso, sino que la administración comenzó largas y complicadas negociaciones con Irán, las cuales, de entrada, suspendieron algunas de las mencionadas sanciones económicas (por ejemplo, se liberaron como $7 billones en activos iraníes congelados en bancos americanos, y se considera que Irán recibe cerca de $700 mensuales desde noviembre del 2013). Toda cooperación para un ataque combinado entre Israel y EEUU contra Irán fue suspendida. Las relaciones entre Israel y EEUU nunca han sido peores, y la enemistad de esta administración hacia el Primer Ministro de Israel Binjamin Netanyahu es abierta.  Pero Irán tiene ahora mucho menos capacidad de defenderse de un ataque sorpresivo israelí que en el 2012.  La sorpresa en verdad es la clave.

 

Por otro lado, el cambio casi radical en la política de EEUU hacia Irán y contra Israel es palpable. Lo más importante: ahora Israel no puede contar con ningún apoyo de EEUU si decide atacar a Irán, hasta el punto que algunos analistas consideran que la administración hasta delataría planes de un ataque de Israel a Irán si los conoce.

 

Opiniones más extremas señalan la posibilidad de que EEUU hasta tratara de derribar aviones de Israel volando sobre Irak. Esto ya no es posible, si alguna vez fue considerado, ya que la presencia militar en Irak es desdeñable. Pero no existe la voluntad del presidente americano para apoyar a Israel. Lejos de eso, parece despreciar al Estado Judío. Algunos lo acusan de antisemitismo. Pero el hecho es que Israel no puede contar con su mejor y más fiel aliado: EEUU. Cualquier acción militar de Israel contra Irán en el 2015 tendría que ser por sí mismo, sin ayuda de nadie.

 

Ahora, antes de describir el plan de ataque de Israel, es necesario mencionar el estado actual de las fuerzas militares con que cuenta Israel para derrotar y destruir a Irán.  Primero, Israel admite que su Fuerza Aérea incluye al menos 350 aviones de ataque F-15s y F-16, fabricados en EEUU y considerados los aviones de ataque más avanzados en el mundo.  Pero puede contar con muchos más aviones después de las entregas de EEUU en el 2012 para evitar un ataque a Irán en ese año. Puede también haber modificado los aviones de ataque que tiene disponible para aumentar su alcance y su capacidad de cargar bombas más pesadas o más numerosas.

 

Israel también tiene una gran cantidad de cohetes de medio alcance, algunos capaces de llevar cabezas nucleares. Por supuesto, Israel tiene al menos 80 cabezas nucleares en su arsenal, muchas de ellas tácticas, de pocos megatones, capaces de ser utilizadas no solo contra las instalaciones nucleares de Irán, sino contra la infraestructura iraní, aunque casi seguro Israel no usaría armas nucleares en ningún ataque contemplado contra Irán, y el plan que se describe a continuación NO incluye el uso de armas nucleares.

 

Ya se ha mencionado que Israel tiene varios (no es posible saber cuantos por lo entregado -secretamente- por EEUU en el 2012) aviones tanqueros para abastecer a sus aviones de ataque en el aire y permitirles volar hasta Irán y regresar a sus bases en Israel sin problemas. Posee una enorme cantidad de drones (pequeños aviones sin tripulación), muchos armados y capaces de disparar dos cohetes y permanecer en el aire hasta 30 horas. Finalmente, Israel tiene cohetes de medio alcance que puede lanzar desde su territorio y certeramente destruir blancos en Irán, sin necesidad de utilizar su Fuerza Aérea (la cual, por supuesto, sería también utilizada masivamente).

 

Lo que se conoce mucho menos es la excelente Marina de Guerra israelí, especialmente su flota de submarinos. Israel admite tener 5 submarinos petroleros/eléctricos de la clase Dolphin, pero pueden ser varios más, además de que pueden haber sido adaptados para convertirlos en submarinos nucleares. Todos están armados con cohetes nucleares y convencionales. Ataques provenientes de submarinos israelíes se incluirían en un ataque a Irán, especialmente contra instalaciones costeras en el Golfo Pérsico, tanto de radares como plantas eléctricas y refinerías de gasolina (las pocas conque cuenta Irán). Todas esas instalaciones en la costa o cerca de las costas serían destruidas en las primeras horas del ataque inicial. Pequeños submarinos sin tripulación, de los cuales Israel cuenta con un número desconocido, pueden ser igualmente efectivos en un ataque sorpresivo.

 

Israel también tiene varias corbetas habilitadas con torpedos, cohetes y los más adelantados equipos electrónicos para detectar y atacar barcos de guerra enemigos e instalaciones costeras, y algunos de sus cohetes tienen largo alcance para, por ejemplo, atacar objetivos en casi todo el territorio iraní. Sus corbetas y otras embarcaciones más pequeñas (torpederas) pueden hundir barcos de guerra y también tanqueros iraníes (el número de barcos en la Marina de Israel no se conoce).

 

Pero lo que NO tiene Israel son portaviones ni barcos de mayor envergadura que le permitan bloquear el Estrecho de Ormuz para evitar el transporte y exportación de petróleo, gas licuado y petroquímicos iraníes. Por otro lado, ese no sería el propósito en todo caso, sino el de destruir las plataformas perforadoras en aguas del Golfo Pérsico y las terminales para procesar y exportar productos petroquímicos y petróleo crudo, especialmente en la isla Kargh, en el noroeste del Golfo.

 

EL PLAN DE ATAQUE

 

La mayoría de los expertos militares consideran que 100 aviones F-15 y F-16 serían suficientes para un ataque capaz de destruir Irán, pero Israel puede enviar el doble de aviones en un ataque sorpresivo masivo. El General retirado de la Fuerza Aérea americana Tom McInerney ha declarado que un ataque devastador contra Irán puede demorar tan poco tiempo como 100 horas. Con 200 aviones, puede tomar aún menos tiempo. Bajo las condiciones actuales, los aviones israelíes volarían en la ruta más directa posible, casi una línea recta sobre partes de Siria e Irak. Como se ha mencionado, en las presentes circunstancias de guerra civil en Siria y en Irak, el riesgo de sobrevolar esos dos países no es demasiado elevado.

 

Los primeros objetivos serían las instalaciones de radares en la costa occidental del Golfo Pérsico. Irán tiene una gran instalación de radar en Siria, que puede ser eliminada mientras se sobrevuela Siria o por cohetes tierra a tierra. A la vez, las baterías antiaéreas en la costa también serían atacadas y destruidas. Una vez esta primera fase sea completada exitosamente, las defensas de Irán quedan eliminadas. El país quedaría ciego e incapaz de defenderse de ataques aéreos. 

 

La segunda línea de ataques sería contra las plantas eléctricas y toda la red eléctrica en el país. Después vendrían las pocas refinerías de gasolina y la mayor parte de la infraestructura en general, incluyendo puentes y túneles, especialmente alrededor de las instalaciones nucleares conocidas en la superficie (no las subterráneas, aunque los túneles que llevan a las subterráneas también serían atacados). Finalmente, las plataformas perforadoras en el Golfo y la Terminal procesadora y exportadora de la isla Kargh serían atacadas y destruidas.

 

Para atacar las instalaciones nucleares, que NO serían prioridad, Israel casi seguramente utilizaría cohetes lanzados desde sus submarinos en el Golfo Pérsico y los más poderosos cohetes de medio alcance tierra a tierra desde sus bases en Israel. De esta manera casi toda la Fuerza Aérea quedaría destinada para los ataques ya descritos, y las instalaciones nucleares, las mejor protegidas, serían un peligro menor para los aviones, ya que los cohetes son mayormente inmunes a las baterías antiaéreas que protegen esas instalaciones.

 

¿Como puede sobrevivir un país moderno (lo cual Irán NO es enteramente) de 78 millones de habitantes sin electricidad, sin agua potable, sin gasolina para camiones, automóviles, aviones y barcos, y sin siquiera la capacidad para exportar su única riqueza, que es el petróleo y el gas natural? No puede, obviamente. ¿De que le servirían entonces a Irán las instalaciones nucleares, los reactores atómicos, los miles de centrífugas, las plantas para enriquecer uranio y fabricar bombas nucleares? Absolutamente de NADA.

 

Además, recuérdese que las instalaciones nucleares de Irán no pueden funcionar sin electricidad. En fin, lo que yo llamé el “Principio Lumumba” (para los que no recuerdan, por el “desaparecido” Primer Ministro del Congo en 1962) hace muchos años aplica aquí muy bien. Este principio dice: “muerto el perro, se acabó la rabia”. Terminada para siempre la amenaza de Irán al resto del mundo, y terminada para siempre la teocracia islámica fanática de los ayatolas. Que el pueblo iraní se ocupe de reconstruir el país con gobernantes que traten de cumplir las mejores promesas de la antigua civilización persa y no de amenazar al mundo.

 

Ahora bien ¿es todo esto una fantasía? Definitivamente NO lo es. Ni tampoco es algo teórico. En verdad, es un ejercicio intelectual, pero NO un ejercicio en futilidad. Y es más que factible, aunque obviamente nada fácil. Casi todo tiene que funcionar perfectamente, y en acciones militares eso raramente sucede. La Ley de Consecuencias Inesperadas indudablemente aplicaría. Y las consecuencias para Israel, aunque el ataque tuviera éxito, serían devastadoras. El país quedaría económicamente postrado, aún en el caso que su poderío militar quedara básicamente intacto. Pero un país sin reservas económicas y sin posibilidades de reponerlas en corto tiempo, difícilmente puede sobrevivir. Es decir, aunque Israel ganara esa guerra final contra Irán, sería una victoria pírrica. Israel ya no sería un estado viable.

 

Entonces ¿vale la pena el riesgo? Casi seguramente la respuesta es tan enfática como la de la primera pregunta con que empezó este artículo: ¿Puede Israel derrotar militarmente a Irán sin ayuda?  La segunda respuesta es que NO vale la pena que Israel ataque a Irán.  Excepto en el caso que la alternativa sea eliminar a Irán o la destrucción de Israel por Irán con una bomba nuclear. Entonces la respuesta es que SÍ vale la pena, pues para los judíos la alternativa de esperar mansamente la destrucción de Israel no es aceptable: NUNCA JAMÁS.

 

Hay una manera en que este ataque podría ser exitoso y el Estado de Israel podría sobrevivir. Como se ha explicado, la mayor razón por la que Israel no puede arriesgarse a un ataque contra Irán es la actual política de la presente administración en Washington.  Sin apoyo americano, siquiera sin poder contar con que EEUU reabastecería a Israel después de un ataque total y tan devastador a Irán, es lo que hace prácticamente imposible que el ataque descrito sea contemplado en este momento. Además, EEUU lleva una año y medio negociando con Irán para “contener” su programa nuclear. Estas negociaciones están llegando a su final y, naturalmente, Israel tiene que esperar al resultado. Sin embargo, las grandes probabilidades son que este potencial acuerdo entre Irán y el llamado Grupo de los Cinco más Uno (EEUU, Gran Bretaña, Francia, Rusia y China, más Alemania, que no es miembro del Consejo de Seguridad de la ONU), sino entre Irán y EEUU, no tendrá éxito. ¿Por qué no? Veamos.

 

Existen seis resoluciones del mayormente inútil Consejo de Seguridad de la ONU desde el 2012, todas prohibiendo el enriquecimiento de uranio de Irán para producir armas nucleares (el ÚNICO propósito de enriquecer uranio es ese, lo cual niega las declaraciones de Irán que sus propósitos son pacíficos, solo diseñados para producir energía -esto en un país que tiene enormes reservas de petróleo y gas natural y obviamente NO necesita plantas nucleares). Si el propósito es eliminar el enriquecimiento de uranio, entonces obviamente cualquier acuerdo debe también obligar a Irán a desmantelar las 19,000 centrífugas que tiene funcionando a toda máquina. Pero no, el acuerdo propuesto no solo permite a Irán continuar enriqueciendo uranio, sino que permite que al menos 6,000 centrífugas sigan funcionando (las restantes NO serían desmanteladas, sino que cesarían sus actividades.

 

El gran problema, insoluble en realidad, es cómo asegurar que tan siquiera este limitadísimo acuerdo sea cumplido por Irán, que lleva décadas engañando al mundo, incluyendo a los inspectores de la Agencia Internacional de Control de Armas Nucleares de la ONU. Irán nunca permitirá un régimen efectivo de inspecciones en su territorio.

 

Sobre esto, es ilustrativo recordar los acuerdos que limitaron la proliferación nuclear entre EEUU y la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Los primeros acuerdos comenzaron con el controversial acuerdo de limitar las pruebas nucleares en la atmósfera firmado entre el Presidente Kennedy y el Premier Khrushchev en 1963. Comprobar violaciones en la atmósfera era muy fácil. Por eso no hubo problemas con inspecciones, siempre resistidas por un régimen totalitario como era la Unión Soviética, y como es ahora Irán. Durante largos años, hasta que Mikhail Gorbachev asumió el poder en la URSS en 1985, varios acuerdos limitando las armas nucleares fueron firmados entre EEUU y la URSS, pero nunca destruyendo esos mortíferos y peligrosos armamentos nucleares.

 

El Presidente Ronald Reagan, a quien los soviéticos, sobre todo los militares, temían y lo consideraban capaz de lanzar un ataque nuclear sorpresivo contra la URSS, era en realidad enemigo absoluto de las armas nucleares y siempre fue su ilusión eliminarlas.  Por eso aceptó la idea completamente teórica de un sistema de defensa anticohetes continentales, conocido como Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI en inglés), y burlonamente como Star Wars por la popular película de ciencia ficción de la época. Pero el hecho cierto es que, gracias al terror de los militares soviéticos a que EEUU lograra la instalación de este sistema de defensa antibalística, en gran parte se lograron tratados verdaderamente efectivos y, finalmente, todo esto contribuyó al final de la URSS y del comunismo internacional.

 

Antes que nada de eso sucediera, tomó la determinación, el coraje y la honestidad de Gorbachev para que se pudieran firmar tratados que destruyeron por primera vez clases enteras de armamentos nucleares.  ¿Por qué y cómo?  Porque Gorbachev decidió permitir las inspecciones para verificar los tratados firmados (fueron tratados ratificados por el Senado americano, como es constitucionalmente debido) en territorio de la URSS, algo nunca antes permitido por gobierno alguno en la historia de la URSS.

 

Además, Gorbachev cumplió con las condiciones de los tratados honestamente, sin nunca engañar a EEUU o hacer trampas. Por eso, y por eso nada más, se pudo al fin eliminar grandes cantidades de armamentos nucleares. Pero no existe ninguna posibilidad, basado en su previo historial, que la República Islámica de Irán permita jamás inspecciones en el territorio nacional, que no haga trampas, que cumpla con alguna condición de cualquier acuerdo. Si no hay manera de comprobar que Irán cumpla sus compromisos, el tratado que se negocia desde noviembre del 2013 no vale ni el papel donde se escriba.

 

¿Cuál sería la única manera de que Israel se arriesgue a un ataque masivo y sorpresivo contra Irán ahora mismo? Que reciba garantías absolutas de Arabia Saudita y de los Emiratos, además de Egipto y Jordania, de recibir ayuda económica y también ciertos abastecimientos, que casi ninguno de estos países puede proporcionar. Pero una garantía económica al menos permitiría a Israel reabastecerse comprando lo necesario a otros países, si se los vendieran, lo que no es seguro si, por ejemplo, EEUU se opone. ¿Se arriesgaría Israel a confiar en sus enemigos tradicionales?  Muy difícilmente. Entonces, la disyuntiva es casi insoportable. Solo le queda a Israel esperar los 22 meses que le quedan a la presente administración americana en el poder, y confiar que Irán no podrá lograr su sueño de adquirir o producir armas nucleares en ese tiempo.

 

Pasemos ahora, finalmente, a explicar lo que se conoce sobre el propuesto acuerdo que se negocia entre Irán y EEUU. Primero que todo, podemos estar seguros que lo acordado nunca se conocerá. Ninguna de las dos partes lo revelará, y el record tanto de los ayatolas como del presidente americano en veracidad es abismalmente pobre. Hace mucho tiempo, un famoso articulista del New York Times, William Safire, quien también era un reconocido crítico y experto en el idioma ingles, escribió sobre Hillary Clinton, cuando su esposo era presidente, en 1996, que era una “mentirosa congénita”.

 

Pues bien, si Safire viviera hoy, se tendría que excusar con Hillary. Este presidente es peor: es simplemente incapaz de decir la verdad. Hay quienes consideran que desde que tomó posesión en enero del 2009 no ha dejado de mentir ni un solo día. Como si lo hiciera por puro gusto. Luego entonces no podemos saber lo pactado con Irán. Y como no está dispuesto a someterlo ante el Congreso porque está seguro que NO sería aprobado, no podemos confiar en nada que se acuerde, ya que obviamente tampoco podemos confiar en Irán.

 

Pero hay muchas más razones porque el propuesto acuerdo NO es bueno para EEUU ni para sus intereses nacionales. De entrada, concede, en oposición directa a seis resoluciones de la ONU, que Irán mantenga, al menos, 6,000 centrífugas funcionando y que no destruya ni una sola. Después de todo, según el negociador de EEUU, el Secretario de Estado John Kerry, “no es razonable que Irán destruya las centrífugas que a tan alto costo ha construido en 20 años”. El acuerdo no incluye -ni nunca ha incluido-conversaciones sobre los cohetes intercontinentales que Irán lleva años fabricando. La pregunta surge ¿por qué no? ¿Para qué quiere o necesita Irán cohetes intercontinentales sino para amenazar a Europa y hasta a EEUU con armas nucleares? Esos cohetes no tienen otro propósito que cargar cabezas nucleares. Otra gran razón para no creer que Irán tiene las más mínimas intenciones de parar en su afán de poseer armas nucleares. Y por supuesto, como ya se ha mencionado, no hay manera posible de verificar inspecciones en territorio iraní, no importa cuantas promesas nos hagan el Secretario Kerry o el ayatola Khamenei. Nunca se cumplirán.

 

Entonces, para terminar ¿por qué el presidente insiste en negociar un tratado que el mismo Secretario Kerry ha admitido ante el Congreso que NO tiene ninguna validez legal? Porque lo considera la parte más importante de su legado histórico, el logro máximo de su segundo período. En los primeros cuatro años (los dos primeros en realidad, puesto que cuando perdió el control de la Cámara de Representantes en el 2010, sus ilusiones de seguir cambiando la sociedad americana terminaron), el gran logro fue la Ley de Salud. El hecho que algunos consideren la Ley de Salud un fracaso casi completo no impide que el presidente y sus seguidores la vean como su logro más importante. En su totalmente fracasado segundo término, cuando se ha concentrado en política exterior con graves consecuencias para el país, solo queda un acuerdo con Irán, cualquier acuerdo, por malo que sea, como algo que defina su presidencia. Pero hay todavía mucho más detrás del afán de lograr un acuerdo con Irán.

 

No quiero extender este artículo con un análisis demasiado detallado sobre la política exterior de este presidente; lo haré en mi próximo escrito. Pero deseo mencionar algo sobre el trasfondo de sus ideas en política externa. En primer lugar, por supuesto, está su ideología ultra radical y su formación izquierdista, desde que siendo niño creció oyendo las enseñanzas del comunista de partido Frank Marshall Davis, gran amigo de su abuelo, en Hawai.  Luego, en las universidades de Occidental College en California, Columbia y Harvard, continuó relacionándose con elementos radicales tercermundistas, y por vez primera aprendió las lecciones de Saul Alinsky, fundador del movimiento de organización comunitaria en Chicago (Alinsky estaba tan a la izquierda que consideraba al comunismo demasiado “conservador”). Finalmente, terminó su formación radical oyendo los sermones del “Pastor” Jeremiah Wright en Trinity Church de Chicago por 20 años (Wright los casó a el y Michelle y bautizó a sus dos hijas) y asociándose con el terrorista Bill Ayres y su esposa Bernardine Dorhn, quienes también vivían en Chicago.

 

Recientemente, después de la publicación de un importante artículo de Gabriel Scheinmann en la revista Weekly Standard de marzo 23, se puede entender bien lo que hay verdaderamente detrás de toda lo que ha hecho el presidente en política exterior desde el 2009. Durante la campaña presidencial del 2008, y quizás antes, empezó una relación con el profesor Charles Kupchan de Georgetown University en Washington.  Kupchan publicó en el 2010 el libro How Enemies Become Friends: The Sources of Stable Peace, pero trabajó en la campaña del 2008 y fungió como asesor del presidente en política exterior. Ahora trabaja como director de Asuntos Europeos en el Consejo Nacional de Seguridad del presidente.

 

La teoría del profesor Kupchan es que los enemigos se transforman en socios mediante hábil y diestra diplomacia, no por medio de relaciones comerciales o inversiones económicas.  Según Kupchan, cuatro pasos forman la estructura de su teoría. El primero y más importante es hacer  concesiones unilaterales para demostrarle al enemigo las buenas intenciones. Luego siguen la moderación recíproca, la integración de las sociedades y, finalmente, la generación de nuevas narrativas. Pero el grave problema es que la teoría del profesor Kupchan no puede siquiera pasar del primer paso. Claramente, como ha sucedido con las políticas de acercamiento y concesiones unilaterales a Rusia, China, los países islámicos, Cuba, y lo peor, Irán, no han sido reciprocadas en lo más mínimo. Por lo que han fracasado sin siquiera poder proceder al paso siguiente. Pero la creencia y aceptación por parte del presidente de las teorías de Kupchan explican ampliamente su política externa.

 

¿Que hacer entonces? No mucho más que poner las esperanzas en la buena voluntad de Irán. ¿Suicidio? Muy posiblemente, pero si EEUU no está dispuesto a usar la fuerza contra Irán, y si Israel no se atreve a hacerlo solo, por las razones ya citadas, no queda otra cosa. Ya sabemos bien el resultado de las políticas basadas en el cambio y la esperanza de la campaña presidencial del 2008. Como se le atribuye a Albert Einstein, repetir una misma acción continuamente esperando resultados distintos es la definición de la demencia. A eso nos hemos reducido bajo las políticas de este presidente.

 

Si Irán no consigue armas nucleares de aquí al 2017, y si todavía se rehúsa usar la fuerza contra la República Islámica, se puede regresar a las sanciones económicas que lograron llevar a Irán a negociar en el 2013 y que estaban funcionando, aunque casi seguro sería demasiado tarde.  Pero ¿tendremos tiempo?

 

 

ANEXO:

 

IRÁN, ISRAEL Y LA BOMBA NUCLEAR

 

Publicado por Diego Trinidad en Cubanálisis, marzo 12, 2012

 

La República Islámica de Irán lleva más de una década desarrollando un programa de energía nuclear. Esto no es nuevo, pues bajo el gobierno del Shah Mohammad Reza Pahlavi en los años cincuenta, con ayuda de Estados Unidos, Irán participó en el programa del gobierno americano conocido como Átomos para la Paz. Esto culminó en la apertura del primer reactor nuclear en Irán en 1967 (comprado a EU en 1960). 

 

Después de la revolución islámica que derrocó al Shah y trajo a los ayatollahs (clérigos islámicos de la secta Shia) al poder, el programa fue descontinuado. Durante la guerra contra Irak en los años 1980s, dos viejos reactores fueron reconstruidos con ayuda rusa, y este fue el reinicio del presente programa, que según el gobierno iraní está diseñado para producir energía eléctrica (en un país que tiene las segundas reservas mayores de gas natural y es uno de los principales exportadores de petróleo en el mundo). 

 

En el 2002, el primer reactor atómico abrió en Bushehr. Desde entonces, el mundo está pendiente de las intenciones del régimen, ya que su actual presidente Mahmoud Ahmadinejad anunció hace varios años que el régimen planeaba borrar a Israel del mapa del planeta. Obviamente, a pesar de todas sus negativas, el régimen iraní planea construir un arsenal de bombas nucleares para cumplir la amenaza de aniquilar a Israel y de convertir a Irán en el país dominante del Islam.

 

Durante la última década, Estados Unidos, como el principal aliado y protector de Israel, y como el país que pretende ser el árbitro político del Medio Oriente y protector de las riquezas petroleras del mundo árabe (y de su otro gran aliado, Arabia Saudita), ha tratado de resolver la amenaza que un Irán nuclear representaría para todo el mundo, no solo el Medio Oriente. 

 

La administración de George W Bush no logró ni controlar a Irán y sus ambiciones nucleares, ni solucionar el conflicto entre Israel y los palestinos (como no lo ha logrado ninguna administración desde 1948, cuando Israel fue fundado). Bush prefirió invadir a Irak, uno de los tres integrantes de lo que llamó el Eje del Mal (junto con Irán y Corea del Norte), buscando destruir las armas de destrucción masiva (incluyendo nucleares) que casi todo el mundo creía que Irak poseía, y terminar con la amenaza de un Irak que ya años antes había invadido a Kuwait y continuaba con sus ambiciones de hegemonía en el área. De paso, se vengó del dictador Saddam Hussein, quien planeó asesinar a su padre en una visita a Kuwait en 1993. Una lástima, pues quizás Bush hijo se equivocó de enemigo y no escogió al peor, Irán, para eliminarlo.

 

Con la toma de posesión de un nuevo presidente demócrata en el 2009, quien haría retroceder las aguas del mundo a niveles de precalentamiento y salvaría el medio ambiente, entre otras incomprensibles declaraciones que suficientes incautos creyeron para elegirlo, una nueva política fue anunciada. Las relaciones con Irán serían revisadas, y ahora habría una política de “compromisos” (engagement), tal como sería con Cuba y con Rusia (a la nueva relación con Rusia se le llamó “re-calibración” (reset).

 

Todas las nuevas políticas han sido un fracaso total. Irán ha proseguido con sus planes para desarrollar bombas nucleares y está a punto de lograr su demente sueño. En Cuba todo sigue igual o peor, y Rusia está más cerca que antes de ser otra vez una nación dominante en Eurasia y su esfera, y un enemigo potencial de EEUU otra vez. Pero la gran amenaza desestabilizadora para el mundo es un Irán con armas nucleares. Y hay un trabajo muy serio que propone una estrategia para terminar -o al menos frenar- con el programa nuclear de Irán.

 

Irán ha sido un enemigo implacable de Estados Unidos desde 1979, al igual que de Israel.  También ha sido el principal promulgador del terrorismo internacional desde entonces, mayormente por su apoyo a grupos como Hamas y Hezbollah, ambos basados en Siria y en Gaza, pero financiados por Irán. Irán ha tratado abiertamente de exportar su revolución islámica shiita a todo el Medio Oriente y, por consiguiente, es temido por casi todos los países árabes del área, los cuales son seguidores de la secta sunnita. 

 

Entre 1980 y 1988, Irán peleó una sangrienta guerra contra Irak en la que perdió más de un millón de sus habitantes, incluyendo millares de niños enviados en las avanzadas de vanguardia contra Irak para penetrar -y ser volados en pedazos- los campos minados entre los dos combatientes. Esta guerra recordó el duelo a muerte entre los dos grandes regimenes totalitarios de la Segunda Guerra Mundial, Alemania y Rusia. Estados Unidos, correctamente en mi opinión, se inclinó hacia Irak y su líder Saddam Hussein, una alternativa menos mala que el Irán fanático del Ayatollah Khomeini. 

 

La guerra terminó como empezó, ni vencedor ni vencido, pero libró por unos años al resto del mundo de las plagas bestiales de ambos regímenes. Con la muerte de Khomeini en 1989, se pensó que Irán tomaría un curso más racional, pero eso no sucedió. Los líderes que surgieron continuaron con las políticas de un islamismo extremo y agresivo.  Mucho peor, en los 1990s, comenzaron el presente programa diseñado para producir armas nucleares. Esa amenaza es la que ahora el mundo enfrenta, después de una década perdida en inútiles negociaciones con los hábiles ayatollahs y sus nuevos líderes, Ali Khamenei y el presidente Ahmadinejad.

 

Admitidamente, hay una buena oposición a intervenir militarmente en Irán. Las razones de esa oposición son válidas. Sería otra guerra más en el Medio Oriente, exacerbando las tensiones con el Islam. Pudiera provocar ataques terroristas en Estados Unidos y Europa, además de Israel y otros países árabes. Los precios del petróleo aumentarían enormemente, con la gran probabilidad de hundir al mundo en otra tremenda recesión. Y la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial no deja de ser descontada por algunos, por ridícula que esta posibilidad parezca.

 

¿Quién pelearía al lado de Irán contra EU? Nadie. Pero por otro lado, dejar que Irán desarrolle y posea armas nucleares es claramente una opción mucho peor. Un Irán nuclear definitivamente dominaría el Medio Oriente, con las consiguientes consecuencias: aumento del terrorismo internacional; conflicto continuo con Arabia Saudita y sus aliados, los cuales se verían obligados a conseguir armas nucleares también para protegerse de Irán.

 

Paquistán ya tiene armas nucleares, y es un país muy inestable políticamente. Lo mismo la India, que también tiene armas nucleares, a pesar de ser más estable, pero no quedaría exenta de un conflicto en el área. Turquía probablemente sería la próxima en la carrera armamentista nuclear. La probabilidad de una guerra nuclear entre tantos países enemigos sería alta. Y el precio del petróleo sería mucho menos controlable. En fin, un mundo mucho más peligroso.

 

Por casi toda la década de los 2000s, se trató de negociar con Irán para que cesara en su intento de producir armas nucleares. Irán, por supuesto, siempre ha negado -y sigue negando- que sus intenciones sean producir armas nucleares. Insiste en que sus propósitos son pacíficos y solo quiere la energía nuclear para producir electricidad, algo claramente falso, debido a sus gigantescas reservas de gas natural y petróleo.

 

Un grupo de seis países, los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU (EEUU, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia) más Alemania, trataron por todos los medios de hacer razonar al régimen iraní. Fue inútil. Irán solo estaba interesado en ganar tiempo y continuar su programa nuclear. 

 

Fracasando la diplomacia, se trató de implementar sanciones económicas. Pero solo Estados Unidos estaba dispuesto a aplicar sanciones fuertes, y aún con la concurrencia de los demás países, las sanciones económicas raramente son efectivas.

 

A fines del 2011, por fin se acordaron sanciones contra el Banco Nacional de Irán, las cuales pudieran parar en seco las exportaciones de petróleo iraní al resto del mundo.  En enero de este año, la Unión Europea acordó no importar petróleo de Irán. Ambas decisiones, de haber sido tomadas años atrás, podían haber obligado al régimen iraní a abandonar su programa nuclear. Ahora ya es demasiado tarde. 

 

Además, las sanciones contra el Banco Nacional fueron suspendidas hasta que el presidente decida aplicarlas, y la no importación de petróleo de Irán no comienza hasta julio, si es que se llega a implementar.

 

No solo eso: el Asesor de Seguridad Nacional James Clapper declaró ante un Comité del Congreso en días pasados que, a pesar de que las sanciones han tenido bastante efecto en la economía de Irán, el régimen sigue adelante con el programa nuclear, el cual NO ha sido afectado por las sanciones.

 

Ha habido ataques secretos con virus de computadoras, asesinatos de científicos iraníes y algunas explosiones inexplicables en instalaciones nucleares recientemente, pero ya Irán los ha rebasado. Es más, de acuerdo con los últimos reportes de la Agencia Internacional de Energía Atómica, Irán está listo para construir bombas nucleares en cualquier momento, y en los últimos años ha desarrollado más y mejores cohetes capaces de cargar cabezas nucleares y de alcanzar no solo a Israel, sino a gran parte de Europa.  En su demencia, el régimen iraní hasta trata de producir cohetes intercontinentales que puedan llegar a Estados Unidos, y hace tiempo está cooperando con Venezuela para tratar de llevar cohetes de alcance intermedio al país suramericano: otra posible crisis como la de 1962 con Cuba.

 

El domingo 4 de marzo, el presidente Obama pronunció un importante discurso ante la organización AIPAC (American Israeli Political Action Committee) en Washington.  Críptica y confusamente, el presidente declaró que su administración había hecho más por la seguridad de Israel que ninguna otra. Además, aseguró a la escéptica audiencia, que “protegía las espaldas de Israel” (I have Israel’s back) y que Israel tenía el derecho soberano de tomar cualquier decisión en su defensa.  Algo obvio, pero que no obstante en tres años nunca se había declarado.  Su discurso fue bien recibido. 

 

El día siguiente, llegó a Estados Unidos Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, a conferenciar con el presidente. Netanyahu había pronunciado un fuerte discurso en Canadá la noche antes, defendiendo el derecho de Israel de tomar cualquier medida necesaria para evitar que Irán obtuviera armas nucleares. La reunión debe haber sido tensa, aunque cuando aparecieron en público, los dos líderes dieron la impresión de cordialidad. El tema tratado fue obvio: un posible ataque de Israel a Irán.

 

Esa noche Netanyahu también habló ante AIPAC y se mostró complacido con la conferencia de la mañana, declarando que Israel y Washington compartían opiniones sobre el tema.

 

Pero al día siguiente, en una conferencia de prensa, el presidente Obama retrocedió de sus declaraciones en apoyo a Israel y acusó a los candidatos republicanos de casualmente alentar a una nueva guerra. El presidente cree firmemente que sus palabras son suficientes tanto para gobernar como para negociar con otros países. Pero las palabras sin acciones que las respalden no sirven para nada, como se ha visto por más de medio siglo en Cuba y por una docena de años en Venezuela.

 

También, de acuerdo con algunos reportes, en esa reunión habían tratado ampliamente la situación en Siria. Resulta que Siria tiene una gran capacidad en cohetería de mediano alcance, que fácilmente puede hacer mucho daño a Israel, con el cual comparte fronteras. Siria tiene además armas químicas y bacteriológicas con qué armar sus cohetes. Si atacara a Israel conjuntamente con Irán -una posibilidad que no se considera mucho, pero que no puede ser descartada- tal ataque no solo sería devastador, sino casi seguro necesitaría un contra-ataque conjunto de Israel y Estados Unidos a Irán y a Siria. 

 

Debe también recordarse que, de acuerdo a reportes de agencias de espionaje israelí hace años, muchas de las armas de destrucción masiva de Irak -las que nunca aparecieron-fueron secretamente transportadas a Siria días antes de la invasión americana a Irak en el 2003. Siria, entonces, tiene que ser considerada en la ecuación, sobre todo ahora con el caos existente en el país hace meses.

 

Meses atrás el Secretario de Defensa americano, Leon Panetta, declaró públicamente que Israel atacaría entre abril y junio (después se retractó, pero el daño estaba hecho). Varios altos oficiales militares americanos han visitado a Israel, incluyendo el Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y el Asesor de Seguridad Nacional. Sus propósitos han sido aconsejar (más bien presionar) a Israel para que siga esperando por las sanciones, evitar por todos los medios que ataque a Irán. 

 

La administración teme las consecuencias de un ataque y ya se ha admitido que son válidas. Pero también teme las consecuencias políticas de un ataque a siete meses de las elecciones presidenciales. Nadie puede predecir como un ataque de Israel a Irán pudiera afectar el resultado de las elecciones, pero el presidente no quiere de ninguna manera correr el riesgo.

 

Esta semana, dos artículos en The Wall Street Journal han puesto en duda la sinceridad del presidente, y ambos (escritos por Dan Senor el lunes 5 y por Bret Stephens el martes 6) destacan que, en tres años, esta administración, lejos de proteger la seguridad de Israel, ha hecho, más que ninguna otra, todo lo posible por enemistarse con Israel y por presionarlo para que NO ataque a Irán, a la vez que ha apoyado a los palestinos en todas sus reclamaciones contra Israel, hasta el punto de apoyar que se regrese a las fronteras de 1967, antes de la Guerra de los Seis Días. Ninguna administración americana desde entonces apoyó volver a esas fronteras, porque son, como siempre fueron, imposibles de defender por Israel.

 

Finalmente, en otro artículo publicado esta semana en la revista The Weekly Standard, el investigador de Hoover Institution y Editor de su revista Policy Review, Tod Lindberg, predice también un próximo ataque a Irán y el inevitable involucramiento de Estados Unidos en tal ataque, aunque no lo apoye. Las consecuencias pudieran ser hasta peores para Estados Unidos en ese caso. 

 

Y ahora, un periódico de Israel, el Diario Maariv, reporta que EU aparentemente le ha ofrecido a Israel sus últimas bombas penetradoras y sus más modernos aviones cisterna para reabastecer aviones de ataque en el aire, a cambio que Israel posponga cualquier ataque hasta después de las elecciones presidenciales de noviembre

 

De manera que ahora el tema político entra en juego. Cada vez que Estados Unidos ha puesto su política interna sobre sus intereses nacionales, los resultados han sido funestos.  Si Israel confía en cualquier promesa podría tener mucho de qué arrepentirse, porque el problema es que de nada servirá arrepentirse cuando el país se encuentre entre cenizas atómicas.

 

Llegamos entonces al qué hacer. Hay pocas dudas que Israel atacará a Irán. Solo es cuestión de cuando. 

 

¿Es posible que Israel pueda tener éxito en un ataque a las facilidades nucleares de Irán? Si lo es. A continuación se verá como lo puede hacer. El análisis que sigue está basado principalmente en las investigaciones y escritos de cuatro prominentes expertos en el tema: Anthony Cordesman y Edward Luttwak, del Center for Strategic and International Studies de Washington, y los profesores Arthur Herman, historiador y escritor de varios libros sobre diversos temas, ahora afiliado al American Enterprise Institute de Washington y Matthew Kroenig, afiliado al Council on Foreign Relations de Washington.  Las opiniones de opositores como Michael Ledeen, afiliado a  Foundation for Defense of Democracy, uno de los más prominentes investigadores sobre el tema, y el presente candidato a la nominación presidencial republicana, el Doctor y Congresista Ron Paul, líder libertario y gran oponente a las intervenciones americanas en el Medio Oriente, han sido también debidamente consideradas.

 

Paul considera, por ejemplo, que Irán tiene derecho a poseer armas nucleares, tal como Rusia y China las tienen y nunca las han usado contra EEUU. Sus críticos responden que los ayatollahs no son seres racionales, sino fanáticos que creen -y esperan- el Armagedón del fin del mundo. Punto válido, para mí. Ledeen mantiene que es mejor tratar de derrocar al régimen iraní apoyando a la oposición interna. Punto muy dudoso y lo cual tomaría mucho tiempo.

 

Uno de los primeros que propuso un ataque a Irán, aunque por parte de Estados Unidos, fue Luttwak, en un artículo publicado en el Wall Street Journal el 9 de febrero del 2006. Herman publicó otro mucho más influyente artículo en la revista neoconservadora judía Commentary en noviembre del 2006. Cordesman ha publicado varios largos ensayos de cómo atacar a Irán desde el 2009, pero especialmente uno muy detallado en el Wall Street Journal de septiembre 25 del 2009. Kroenig acaba de publicar su trabajo en la edición de enero/febrero de Foreign Affairs. En mi opinión, el mejor de todos estos escritos y argumentos es el de Herman. 

 

En una conferencia sobre Irán en la Universidad de Miami patrocinada por la organización judía Anti Defamation League en el 2007, cuestioné a un profesor experto en el panel (no recuerdo su nombre) sobre este importante artículo. Nadie contestó mi pregunta sobre si lo propuesto por Herman funcionaría. Repetí mi pregunta al Cónsul de Israel en otra conferencia en enero del 2009, ya bajo la nueva administración demócrata.  También evadió la pregunta y se mostró optimista sobre mejores relaciones con el nuevo presidente. Ilusiones vanas, como le dije entonces y quizás ahora recuerde.

 

Herman, secundado ahora por Luttwak, Cordesman (con ciertas dudas) y Kroenig, propone que un ataque aéreo quirúrgico a las principales instalaciones nucleares de Irán puede tener éxito y no sería necesario más que utilizar un reducido número de aviones en la operación, que pudiera conducirse en un par de noches.

 

La razón primordial por qué el presidente George W Bush no ordenó tal ataque durante su segundo término (si es que estaba a favor, debido a las guerras en Irak y Afganistán) fue, según Luttwak, que los jefes militares americanos, temiendo que EEUU se involucrara en una tercera guerra, nunca le presentaron al presidente todas las posibles alternativas, sino que solo le ofrecieron un plan masivo de guerra total, el cual Bush, naturalmente, rechazó. 

 

Luttwak mantiene, como lo hizo Herman desde el 2006, pero con datos del momento, que Irán no puede defenderse de tal ataque quirúrgico. Su aviación se encuentra en condiciones deplorables, obsoleta y sin piezas de repuesto; la mitad no puede ni volar.  Sus defensas antiaéreas, aún con las nuevas baterías rusas, son inadecuadas contra la tecnología stealth americana y las nuevas bombas guiadas por laser

 

El hecho que muchas de las instalaciones nucleares están profundamente enterradas y protegidas por metros de concreto es inconsecuente. Las nuevas bombas penetradoras americanas de 30,000 libras pueden destruir instalaciones protegidas por hasta 200 metros de concreto. Israel tiene estas bombas. 

 

Israel ya ha probado que sus aviones pueden llegar a Irán (en enero del 2003, según Cordesman, tres aviones F-15 de Israel, volaron a Polonia, a 1,600 millas náuticas de distancia, 200 millas más que las instalaciones nucleares de Irán) y regresar, pues además tiene aviones tanques que pueden abastecer a los aviones de ataque en vuelo. 

 

Israel puede también haber desarrollado armas secretas adicionales en estos últimos años, y sus agencias de espionaje conocen bien donde están las más importantes instalaciones nucleares de Irán. 

 

Por supuesto, para Israel solo, la tarea es muy difícil y complicada, pero todos estos expertos están de acuerdo en que un ataque exitoso es no solo posible, sino probable.  Además, ya esto ocurrió en 1986, según lo describe Herman en Commentary, por lo que su argumento me parece irrebatible

 

Este sería el plan de ataque de Israel. A pesar de que la mayoría de los analistas (casi todos opuestos a un ataque) que comentan sobre el tema creen que Israel necesitaría al menos 100 aviones, la probabilidad es que serían como 50. Israel tiene más de 350 aviones de ataque y nunca ha utilizado todo su potencial. Ya muy pocos recuerdan que en 1967, con un puñado de aviones, la fuerza aérea israelí destruyó -en las pistas de despegue- a casi toda la aviación de Egipto, Siria y Jordania.

 

Los aviones israelíes atacarían primero que nada las instalaciones de radar y las baterías antiaéreas que protegen los centros nucleares. La red eléctrica probablemente sería el próximo blanco. Posiblemente las refinerías de gasolina del Golfo vendrían después.

 

Finalmente, los cuatro puntos críticos en el programa nuclear de Irán: las centrífugas alrededor de Natanz; el reactor que produce light water (uno de los componentes integrales de las bombas) cerca de Bushehr; el reactor que produce heavy water en Arak -el mejor protegido y el más importante, ya que produce plutonio, el elemento clave de las bombas nucleares; y las instalaciones más nuevas, las 3,000 centrífugas al sur de Qom.

 

Probablemente la fuerza aérea israelí no lograría destruir completamente estas instalaciones esenciales, pero aún dañándolas en gran parte atrasaría el programa nuclear de Irán quizás por 10 años. Difícilmente el régimen de los ayatollahs sobreviviría tanto tiempo.

 

Lo sugerido por Herman ya sucedió, parcialmente, excepto por los bombardeos a las instalaciones nucleares, las cuales no existían entonces. Hacia el final de la guerra entre Irán e Irak en 1987, Irán, en su desesperación, trató de cerrar el Estrecho de Hormuz, como ha amenazado hacer recientemente.

 

La administración del presidente Reagan reaccionó decisivamente. Ordenó a la Marina americana organizar convoyes para proteger a los buques-tanques que transportaban petróleo de Arabia Saudita, los Emiratos y Kuwait. Varios barcos iraníes fueron hundidos cuando trataron de impedir el paso de los tanqueros. Brigadas de Marines y Fuerzas Especiales tomaron muchas de las plataformas de petróleo iraníes en el Golfo Pérsico (casi todas las plataformas están en el Golfo), impidiendo la extracción del petróleo por Irán. 

 

Cuando EEUU amenazó con bombardear las pocas refinerías de Irán (pocos saben que Irán, a pesar de su riqueza petrolera, tiene que importar la gran mayoría de su gasolina), los ayatollahs se aconsejaron, cesaron en su intento de cerrar el Estrecho, y poco después la guerra con Irak terminó.

 

De acuerdo, la Ley de las Consecuencias no Intencionadas indudablemente aplicaría en cualquier ataque de Israel a Irán, y pese a este relativamente optimista análisis, el ataque puede fracasar y todas las terribles consecuencias predichas por Ledeen, Paul y otros prominentes escritores como Fareed Zakaria, de Newsweek, pudieran realizarse.

 

Sin embargo, lo único cierto es que el precio del petróleo aumentaría enormemente por varias semanas. Pero Arabia Saudita puede fácilmente suplir el petróleo adicional que sea necesario si las exportaciones de Irán son suspendidas, con lo que los precios se estabilizarían prontamente. Y con la situación en Siria, principal aliado de Irán y base de Hezbollah en el Medio Oriente, la amenaza de ataques terroristas en Europa y EEUU se reduce mucho (si esto fuera posible hoy en día). 

 

Irán, ya se ha probado, no puede, aunque quiera, cerrar el Estrecho de Hormuz, de manera que sus opciones son pocas. Puede lanzar algunos cohetes sin carga nuclear contra Israel, en una inútil represalia, pero poco más.

 

Casi todos los países árabes, desde Arabia Saudita a Jordania, apoyarían en privado un ataque a Irán que frenara el programa nuclear.  Lo mismo Europa, que en su ceguera, por mucho tiempo ha tratado de ignorar el peligro de un Irán nuclear, cuando en definitiva, no es solo Israel quien sería amenazado, y muchos menos Estados Unidos, sino los países europeos, que son los principales importadores del petróleo iraní y que podrían ser alcanzados por cohetes nucleares desde Irán. ¿Rusia y China?  Protestas inconsecuentes ante la ONU. Mientras el resto del mundo respiraría con alivio.

 

Por otro lado, hacer nada ya no es una opción. Israel parece haber tomado la decisión de atacar. No puede hacer otra cosa por necesidades de supervivencia, y ya no parece creer que puede esperar más tiempo. 

 

Inclusive se reportó que cuando Netanyahu llegara a Washington el lunes 5 le pediría al presidente, quien por su cuenta sigue negando que habrá guerra, que Estados Unidos públicamente amenace a Irán con un ataque militar de no cesar en su afán de producir armas nucleares. 

 

Ya sabemos que el presidente no se dejó presionar, pero también es muy dudoso que Netanyahu haya cedido. El presidente pudo advertir a Netanyahu, como se piensa ya lo ha hecho, negar apoyo alguno a Israel de parte de EEUU en caso de un ataque israelí.

 

Pero Netanyahu simplemente puede haber llegado al convencimiento que a Israel no le queda otra opción que un ataque a Irán, y que no es posible esperar casi otro año más para hacerlo. En mi opinión, este ataque se puede producir, tal como predijo el Secretario Panetta, entre abril y junio.  Pronto sabremos.