Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Diego Trinidad, PhD, Miami

 

 

                               

 

 

                                

 

A 60 años del ataque al Cuartel Moncada:

 

 LOS CASTRO FRENTE LA HISTORIA Y A ONCE PRESIDENTES DE ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA ( I I )

 

El resto de la década de los 60 transcurrió sin muchas novedades en las relaciones bilaterales entre Cuba y EEUU. Al parecer, después de su viaje a Rusia en 1963, la muerte de Kennedy y los cambios obvios en la política del nuevo presidente Johnson hacia Cuba (corte de la ayuda por la CIA a los exiliados en Miami, suspensión de la Operación Mongoose, cierre de los últimos campamentos de entrenamiento en Costa Rica bajo el control de Manuel Artime), Castro llegó a la conclusión de que el acuerdo entre Kennedy y Khrushchev sería, en definitiva, respetado por EEUU. Eso le daba carta abierta a Castro para proseguir impunemente con sus planes subversivos, confiado en que EEUU no invadiría a Cuba como reacción a la “exportación” de la revolución cubana. Así, en enero de 1966 se celebró en La Habana la primera conferencia Tricontinental, que creó los organismos (OSPAAAL, OLAS) para la subversión masiva en África y Latinoamérica. Hasta la elección del republicano Richard Nixon en 1968, la administración de Johnson estuvo completamente ocupada con la guerra en Vietnam y Castro campeó por su respeto en sus planes subversivos sin casi ninguna interferencia del gobierno americano, excepto por las actividades clandestinas de la CIA.

 

Cuando Ernesto “Che” Guevara decidió, con complicidad de Cuba, implementar una de sus demenciales guerra de guerrillas en Bolivia -un país que había tenido su reforma agraria bajo el presidente Victor Paz Stensoro desde 1953- la CIA, en cooperación con el ejército boliviano, estaba lista para ponerle fin a sus sueños de conquistar el continente y fomentar “uno, dos, muchos Vietnams” en el mundo. Fue ejecutado por el sargento del ejército boliviano René Terán a la 1:20 pm en la Quebrada del Yuro, en las selvas de Bolivia. El cubano-americano de la CIA, Félix Ismael Rodríguez, quien trató por todos los medios de salvarlo por órdenes de la CIA, lo acompañó hasta que fue ajusticiado.  Antes de morir, le envió el siguiente mensaje a Castro: “Dile a Fidel que pronto verá una revolución triunfante en América”.29 Pero Castro, quien lo había abandonado y había saboteado la misión desde el principio, sólo estaba interesado en el “Che” como símbolo, el gran mártir de la revolución cubana (ayudado por la icónica foto del fotógrafo comunista cubano Alberto Korda). Esto lo consiguió a plenitud, pero la predicción de Guevara no se cumplió. No hubo ninguna revolución triunfante en América, pero no por falta de esfuerzo, ya que Castro nunca abandonó el proyecto hasta ahora mismo, cuando lo sigue intentando con ayuda venezolana, aunque ya no con subversión armada y con guerrillas. Ahora, en el proyecto “autoritario” del “socialismo del siglo 21” en sociedad con el presidente de Venezuela Hugo Chávez, y tras su muerte con su heredero Nicolás Maduro, la subversión es política y a través de dinero de PDVSA. Pero el “sueño” de Castro y Guevara vive.  En 1968, ese sueño, por lo menos la parte de ser el líder mundial del Tercer Mundo, sufrió un grave revés cuando Castro apoyó la intervención militar rusa en Checoeslovaquia. 

 

Los gobiernos de Nixon y Ford

 

La década de los 70 comenzó muy mal para Castro y para Cuba. El desastroso fracaso de la zafra de los “10 Millones” -y el menos conocido de la siembra de café en toda Cuba para en dos años superar la producción de café de Brasil, según las demenciales predicciones de Castro-, no sólo casi destruyeron la economía cubana permanentemente, sino que de acuerdo con Juan Benemelis, provocaron la peor crisis en 53 años del castrismo en Cuba. Benemelis opina que en 1970, debido a las consecuencias de estos dos desastres, Castro nunca estuvo más debilitado políticamente. Lamentablemente, esta oportunidad no se aprovechó, ni siquiera por la nueva administración de Nixon, probando una vez más que EEUU no tenía las más mínimas intenciones de derrocar al régimen castrista (y también probando que el acuerdo Kennedy-Khushchev para proteger a Cuba seguía firmemente en vigor).

 

En vez, el asesor de seguridad de Nixon, Henry Kissinger, estaba más interesado en negociar acuerdos con Castro, acuerdos cuya intención final eran reanudar las relaciones económicas y diplomáticas entre los dos países. Como de costumbre a través de los años, cada vez que un nuevo presidente americano ha tratado de mejorar las relaciones con Cuba, Castro se las arregla para dar al traste con esas gestiones. Con Kissinger, la base de submarinos que los rusos construían secretamente en Cienfuegos fue la causa inicial. Al ser descubierta la base, Kissinger mantuvo una serie de conversaciones secretas en Washington (a espaldas del Secretario de Estado William Rogers) con el embajador ruso Anatoly Dobrynin. Curiosamente, durante estas conversaciones, salió a relucir el acuerdo entre Kennedy y Khrushchev (Kissinger ordenó que le trajeran la documentación y después de examinarla, concluyó que no había ningún acuerdo en sí, sino un “entendimiento”). A pesar que Kissinger determinó que EEUU no estaba obligado legalmente a nada (en sí, EEUU nunca, desde 1962, había mencionado la promesa de no invasión a Cuba, en parte por la buena razón que la promesa rusa de permitir inspecciones en Cuba no se cumplió, por oposición de Castro), aún así decidió, unilateralmente, “renovar” el acuerdo con Dobrynin. 

 

Los rusos quedaron sorprendidos al punto que en su acostumbrada paranoia, pensaron que había motivos secretos detrás de la “renovación” del acuerdo propuesto por Kissinger. Y sí los hubo: esto ayudaría a llevar a cabo el ambicioso proyecto de Kissinger de lograr un détente con Rusia. Pero de momento, resolvió el asunto de la base de submarinos.30 Naturalmente, los rusos informaron a Castro de la “renovación” del acuerdo Kennedy-Khrushchev, ahora de una manera mucho más firme. Eso casi seguro trajo como resultado la masiva intervención cubana en la guerra civil de Angola en 1975. Kissinger continuó con sus esfuerzos de mejorar las relaciones con Cuba, pero el proceso de Watergate -que debilitó a Nixon completamente en sus dos últimos años-, y principalmente la nueva ola de subversión cubana no sólo en África (Angola en 1975, Sahara Español en 1976, Etiopía-Eritrea en 1977)), sino también en Suramérica (Chile con Allende en 1973, Uruguay con los Tupamaros en 1974) hicieron imposible tales intentos.

 

Esta nueva y masiva subversión cubana fue dirigida por el Departamento América del Partido Comunista cubano, creado, bajo las órdenes de Manuel Piñeiro, “Barbarroja”, en 1974, para planear y coordinar los campamentos de entrenamiento de terroristas y guerrilleros, dirigir las redes para el movimiento encubierto de personal y materiales de Cuba para la subversión, y manejar el aparato propagandístico castrista.31 Interesantemente, desde 1974, Castro también comenzó una gran cooperación con Libia, en parte para contrarrestar la influencia de Nasser de Egipto en los planes de subversión cubanos en el norte de Africa.

El gobierno de Carter

Con la elección del presidente Jimmy Carter en 1976, una vez más EEUU trató de mejorar las relaciones con Cuba. Primero, el 19 de marzo, EEUU eliminó la prohibición de viajes de americanos a Cuba y permitió el envío de dólares a la isla. El 27 de abril Cuba y EEUU firmaron un acuerdo sobre los límites marítimos de cada país (lo que con el descubrimiento de petróleo en el golfo puede ser crucial para Cuba en el futuro) y sobre derechos pesqueros en aguas adyacentes. El 1° de septiembre, se establecieron Secciones de Intereses en cada país -en Cuba, en la antigua embajada americana en el Malecón, bajo la bandera suiza, y en EEUU, en Washington, D.C, al amparo de la entonces Checoslovaquia. Mas la intervención de Cuba en Nicaragua (y de la administración de Carter, que abandonó al dictatorial pero amigo régimen de Somoza), la continua presencia de tropas cubanas en África, y finalmente el nuevo “éxodo”, esta vez por el puerto de Mariel, durante el cual vinieron a EEUU mas de 125,000 cubanos, incluyendo miles de criminales y dementes, más espías infiltrados, dieron el tiro de gracia -y ayudaron a costarle la reelección a Carter- a los esfuerzos de la nueva administración de resolver el diferendo histórico entre Cuba y EEUU.

En 1983, se publicó una extraordinaria novela de intriga y espionaje titulada Monimbó. Escrita por los galardonados periodistas Robert Moss (de origen australiano y también un reconocido historiador) y Arnaud de Borchgrave (de origen belga y un reconocido experto en política internacional), quienes en 1980 ya habían colaborado en una previa novela, The Spike, sobre los prejuicios izquierdistas de los medios informativos, Monimbó comienza en el pequeño pueblo del interior de Nicaragua del mismo nombre. Monimbó hoy en día es un barrio de la ciudad de Masaya y por años ha sido considerado como el centro puro del pueblo indígena de Nicaragua. Además, tiene la distinción de ser uno de los primeros focos de la rebelión sandinista contra la dictadura de Anastacio Somoza., cuando en 1977 guerrilleros sandinistas tomaron el pueblo por una semana. Pero en la novela, Monimbó tiene otro significado mucho más terrible. En ese pueblo, en julio de 1980, se celebró una reunión donde se sentaron las bases para utilizar el narcotráfico como una nueva y letal arma contra EEUU. Participaron en la reunión el Ministro del Interior de Nicaragua, Tomás Borge, el jefe del Departamento América del Partido Comunista cubano Manuel “Barbarroja” Piñeiro, representantes de Guatemala, Honduras y El Salvador, tres ciudadanos negros, uno de Granada, otro de Haití y el Ministro de Seguridad Nacional de Jamaica, un abogado de Panamá, tres rusos, un palestino, un cubano de Miami, y el invitado de honor: Fidel Castro.

 

Después de discutir estrategias y prácticas para continuar la subversión en Centroamérica y el Medio Oriente, y de comentarios sobre el éxito del éxodo del Mariel por Castro (consiguiendo los objetivos del régimen cubano de desestabilizar la sociedad americana incluyendo entre los “marielitos” a miles de criminales, agentes del gobierno y dementes homicidas), Castro cerró la sesión con estas palabras: “Tenemos muchas armas. Tenemos agentes de nuestra absoluta confianza en todo EEUU quienes están listos para cualquier acción necesaria en el momento que elijamos. Los yanquis ni se imaginan lo que tenemos preparado en su país. Ustedes han leído sobre los disturbios en Miami esta primavera. Podemos lograr cosas que harían lucir los disturbios en la Florida como un baño de sol”. 32 Castro se refería en particular al uso del narcotráfico para desestabilizar a la sociedad americana y especialmente, para “corromper” a la juventud en EEUU.

 

Pero ¿era Monimbó una novela? ¿O sucedió en verdad lo descrito en sus páginas? No podemos saberlo conclusivamente, pero según al menos dos fuentes, SÍ sucedió.33  También sabemos que los proyectos de desestabilización discutidos en esa quizás mítica reunión, de hecho se pusieron en práctica a través de estas tres décadas que han pasado y todavía siguen en vigor. No sólo en EEUU, sino también en Europa, en Hispanoamérica y hasta en Rusia. 34

 

Se debe también mencionar otra arma en la confrontación continua con EEUU, una muy dañina que ha sido prevalente desde el principio de la revolución: el espionaje y la penetración de agentes castristas no sólo en la comunidad de exiliados, sino en el mismo gobierno americano. Todavía, después de casi 50 años y del fin de la guerra fría, Cuba continúa espiando y sembrando la desinformación y la discordia en EEUU a todo nivel, desde la comunidad cubano-americana en Miami y New Jersey, hasta Washington, D.C. y las más secretas agencias gubernamentales americanas.35

 

En el arsenal de armas utilizado por Castro en su “conflicto continuo” contra EEUU, las primeras, entre 1959 y 1961, fueron el distanciamiento político y las expropiaciones de propiedades americanas. La exportación de la revolución cubana a otros países hispanoamericanos y hasta el fomento de una insurrección en República Dominicana (1965), comenzaron desde el mismo 1959 y el uso de la subversión ha perdurado por medio siglo. El acercamiento a Rusia y la declaración de la revolución, primero como socialista y más tarde como comunista, también exacerbaron las relaciones con EEUU en los primeros años. Con el apoyo de movimientos terroristas, la amenaza a EEUU se hizo más seria, pero ninguna de estas políticas afectó directamente a EEUU (excepto en algunos casos de terrorismo doméstico, como acciones de los Macheteros puertorriqueños, tanto en New York como en Puerto Rico). No así con el narcotráfico.

 

Esta fue un arma creada específicamente para afectar internamente a EEUU, y así lo ha hecho desde que se comenzó a utilizar en 1980. Sin embargo, el involucramiento de los Castro en el narcotráfico data desde al menos 1961. En una reunión celebrada en ese año en Santiago, Chile, en la cual participaron Ernesto “Che” Guevara, Ramiro Valdés y el entonces senador chileno (luego presidente) Salvador Allende, se discutió el establecimiento de una red de distribución de cocaína para financiar la revolución en Chile y al mismo tiempo ayudar al régimen cubano, que ya tenía carencia de fondos. 36

 

Pero también desde 1961, a mayor o menor nivel, Cuba siempre ha estado involucrada en el narcotráfico. Aún durante los largos años en que recibía una ayuda masiva de parte de la URSS y otros países comunistas, Castro y sus secuaces recaudaban dinero del narcotráfico para financiar operaciones desconocidas (y no aprobadas) por sus financieros comunistas. Y naturalmente, como siempre ocurre en estos casos, ya que el dinero mal habido va junto con el poder en la corrupción de todo quien lo toca, al cabo del tiempo esto sucedió con los Castro en Cuba. Lo que comenzó como una “noble gesta” en el demente -pero efectivo- plan contra la sociedad americana y en aras de los “ideales revolucionarios”, durante este largo medio siglo en el poder de los hermanos Castro, hace mucho tiempo ha terminado convirtiéndolos en delincuentes comunes y narcotraficantes criminales, además de traficantes en miseria y destrucción. La documentación sobre esto es aún más voluminosa que la descrita antes sobre los planes de usar el narcotráfico como arma contra EEUU. Autores expertos, investigaciones de académicos, políticos, periodistas, investigaciones judiciales (y enjuiciamientos) tanto en EEUU como en otros países, innumerables libros y artículos, declaraciones de participantes a través de casi 50 años (todavía continúa) han descrito minuciosamente cómo Cuba ha manejado el narcotráfico para sus nefastos propósitos. No vale la pena ni siquiera describir unas pocas fuentes. Mejor es consultar la excelente investigación del periodista de origen uruguayo José A. Friedl Zapata en su libro El Gran Engaño: Fidel Castro, y su íntima relación con el Narcotráfico Internacional (Buenos Aires: Editorial Santiago Apóstol, 2003). Benemelis también tiene tres magníficos capítulos que dan invaluables detalles sobre Cuba y el narcotráfico internacional en su citado libro Las Guerras Secretas de Castro.  Es un hecho consumado y que aún continúa azotando al mundo. Claro que el narcotráfico no se originó en Cuba, y claro que el motivo principal de los narcotraficantes (incluyendo a los hermanos Castro) es ganar dinero. Pero como política de estado, Cuba probablemente fue el primer país, ciertamente en las Américas, que así lo utilizó.

 

El gobierno de Reagan

 

Con la elección de Ronald Reagan en 1980, comenzó una nueva década en la cual se produjeron dramáticos cambios en las relaciones entre Cuba y EEUU. Gracias a las políticas apaciguadoras de detente implementadas por Henry Kissinger durante los años 1968-1976 (bajo Nixon y luego Gerald Ford, al renunciar Nixon en 1974), Reagan heredó un mundo militarmente dominado por Rusia y el comunismo internacional.3 De la administración Carter, además de una caótica situación económica en el país, también heredó dos serios problemas: la revolución islámica en Irán y la revolución sandinista en Nicaragua. Ambas llegaron al poder en 1979, y ambas fueron al menos permitidas, si no alentadas, por las políticas de la administración Carter. Irán se convirtió al final del segundo término de Reagan en una casi debacle, y durante los ocho años de su presidencia fue una espina constante en la administración, sobre todo por su apoyo a los terroristas árabes. Pero Nicaragua, en el hemisferio americano, fue peor. No sólo se consolidaron los sandinistas en el poder en el país centroamericano, sino que a través de Nicaragua el régimen cubano extendió la subversión a El Salvador y Guatemala, enviando armas y asesores militares a cada país.

 

Irónicamente, ninguno de estos dos movimientos en Irán y Nicaragua, aunque fueron bienvenidos por Rusia, fueron dirigidos ni apoyados, después de corto tiempo en el poder, por la URSS, ni económicamente por el CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica de los países socialistas en Europa Oriental, URSS, Mongolia y Cuba). Pero Cuba si ayudó en todo lo que pudo a la subversión en Centroamérica, mientras continuó su presencia militar en África. En muchos casos, la política cubana en ambas regiones no era la de la URSS; es más, Moscú se opuso a muchas actividades cubanas en Centroamérica y África, sobre todo después que la nueva administración comenzó su enorme aumento en los gastos militares y en el rearme americano desde 1981. Pero muchos anticastristas esperaban ayuda concreta de Reagan para liberar a Cuba. Reagan por años había sido uno de los más agresivos comentaristas sobre Cuba y su revolución. Más, lamentablemente, su presidencia no cambió la ecuación ni el diferendo histórico entre los dos países. Pero cambios hubo, y muchos.38

 

El 23 de noviembre de 1981, el nuevo Secretario de Estado americano, general Alexander Haig, se reunió con el Vicepresidente cubano Carlos Rafael Rodríguez en la ciudad de México. Ésta fue la reunión para el “consumo popular”. Nada resultó de esta reunión porque nada se esperaba de ella; fue más bien un tanteo. Los que proclaman que Reagan también trató de “normalizar” las relaciones entre los dos países, tal como lo han tratado de hacer todos los demás presidentes americanos en 50 años, están equivocados. Reagan nunca trató de reanudar las relaciones diplomáticas, ni de levantar el embargo económico. Fue el único presidente americano que no lo hizo, hasta George Bush Jr. Pero habían ciertos asuntos que quizás podían ser solucionados, y esto sí se trató de hacer, sobre todo en la segunda reunión unos meses más tarde, la que en verdad tuvo importancia y la que se mantuvo en secreto por un buen tiempo. Es más, nunca se ha dado a conocer lo que se habló entre el enviado especial de Reagan, el general Vernon Walters y el mismo Fidel Castro, quienes se reunieron en La Habana por cinco horas en marzo de 1982. Hay varias versiones sobre esta todavía secreta reunión, pero básicamente, Walters le ofreció a Castro algunas concesiones comerciales y ciertos cambios en la política migratoria de EEUU a cambio de que Cuba aceptara 2,500 “marielitos” indeseables y suspendiera la ayuda a Nicaragua y la subversión en Centroamérica. Castro no aceptó y nada resultó de esta reunión.39

 

Pero hay otra versión similar algo distinta: Walters le dijo directamente a Castro que EEUU no tomaría ninguna medida para derrocar a su régimen (en realidad, debido a la política doméstica en EEUU y con la Cámara de Representantes controlada por el partido demócrata, no era mucho lo que EEUU podía hacer). Pero le advirtió que si Cuba continuaba su política subversiva en Centroamérica, esto podía cambiar. Y le advirtió que redujera la subversión en Centroamérica o que se atuviera a las consecuencias.  Así fue.40

 

De todas maneras, el hecho cierto es que EEUU no hizo nada contra Cuba, pero Cuba redujo su apoyo abierto a la subversión centroamericana. Y al final de su término, Reagan logró la firma de un tratado entre Angola, Cuba y Sur África, mediante el cual Castro retiró sus tropas de Angola en los dos próximos años. Además, algunos acuerdos menores fueron logrados entre Cuba y EEUU en materias de inmigración y el retorno de los indeseables cubanos en las cárceles americanas. También, contra Nicaragua si se hizo mucho, y gracias a sus políticas, El Salvador (y quizás Guatemala también) probablemente se salvó de convertirse en otra Nicaragua.

 

Tampoco hay que olvidar la decisiva intervención de EEUU en Granada, donde tanto Cuba como la URSS estaban tratando de apoderarse de la isla caribeña. Lo más importante, sin embargo, es que Reagan se concentró en derrotar a la raíz, a la “madre patria” comunista, la URSS. Y esto lo logró a plenitud. No durante su gobierno, pero un año después con la caída del muro de Berlín, y tres años después con la disolución de la Unión Soviética. Como él mismo dijo en su discurso de despedida, no hizo un mal trabajo y sus políticas cambiaron el mundo. El comunismo desapareció. Pero los Castro continúan en el poder 24 años después que Reagan abandonó el poder.

 

Los años de Bush padre

 

Los años de George Bush padre entre 1989 y 1993, fueron los más “tranquilos” en general en las relaciones entre Cuba y EEUU y en las actividades subversivas de los Castro. Esto fue principalmente debido al derrumbe del bloque comunista entre 1989 y 1991, con la consiguiente reducción drástica de la ayuda económica de la URSS y el resto de los países de Europa Oriental a Cuba. De la misma manera, el aparato subversivo cubano quedó prácticamente desintegrado por falta de fondos. Pero en poco tiempo, mediante el Foro de Sao Paulo (FSP), fundado en Brasil el 3 de julio de 1990, el FSP sería el nuevo canal de la subversión cubana en lo adelante, hasta que Hugo Chávez llegó el poder en Venezuela en 1998. Mas aunque el FSP fue creado con la nueva estrategia de llegar al poder y obtener la “transformación revolucionaria de la sociedad”, su método de preferencia para lograr el poder es a través de elecciones, para luego, modificando las constituciones de los países “capturados” de esta forma electiva, postergarse en el poder. El FDP es también uno de los principales líderes del movimiento radical contra la globalización, y su líder mas destacado es el expresidente de Brasil, Luíz Inacio (Lula) da Silva.41

 

Hasta el involucramiento en el narcotráfico tuvo que ser limitado en vista de la invasión de tropas americanas a Panamá en diciembre de 1989 para capturar al dictador panameño Manuel Noriega y enjuiciarlo en EEUU por sus actividades narcotraficantes. El régimen cubano miró con alarma cómo las investigaciones judiciales de su involucramiento en el narcotráfico se estaban aproximando a la cúpula del poder, incluyendo a las mismas figuras de los dos hermanos Castro. También, en abril de 1990, con la elección de Violeta Chamorro como presidente de Nicaragua después que los hermanos Ortega se vieron obligados por la diplomacia a celebrar elecciones relativamente libres (las que estaban convencidos que ganarían, en contra de la recomendación de Castro de no celebrarlas) limitaron aún más las actividades del narcotráfico cubano, ya que Nicaragua había brevemente tomado el lugar de Panamá como “socio” de Cuba en el narcotráfico. Además, la grave situación interna en Cuba, tanto económica como política, forzó a Castro a concentrarse en mantener en control de su país.

 

La presencia cada vez más sentida del Coronel Tony La Guardia, jefe del Departamento de MC, diseñado para procurar cada vez más dólares provenientes no sólo del narcotráfico, sino de una infinidad de actividades ilícitas, en las que el fugitivo financiero multi-millonario Robert Vesco (refugiado en Cuba hacía años) intervino decisivamente, introdujo a Cuba en otra lucrativa actividad: el lavado de dinero internacional, sobre todo el dinero proveniente del narcotráfico. Vesco fue puesto a cargo de la venta de cocaína en EEUU y de la inversión de las gigantescas utilidades obtenidas por el régimen castrista por esas actividades. En Cayo Largo, donde Vesco construyó una fastuosa mansión, se creó la infraestructura para el lavado de dinero no sólo cubano, sino de los carteles narcotraficantes colombianos.

 

El enriquecimiento de la cúpula cubana era desaforado. Para controlar este sector tan influyente en la sociedad cubana y para evitar posibles consecuencias como otra acción similar a la captura de Noriega (de hecho, se planeó la captura en aguas internacionales del Ministro del Interior y jefe de Tony La Guardia, el general José Abrantes, el más íntimo de los secuaces de Castro por años)42, se utilizó el proceso contra el popular general Arnaldo Ochoa y los hermanos La Guardia para “limpiar” a los Castro de algún involucramiento en el narcotráfico internacional (no se logró, por supuesto) y afianzar el control político dentro de Cuba después de la gran purga de 1989. Ochoa, Tony La Guardia y otros dos ayudantes fueron fusilados en junio de 1989, Patricio La Guardia fue condenado a 30 años de prisión, junto con varios otros implicados en el proceso conocido como la Causa Uno. Abrantes fue destituido de sus cargos en julio de 1989 y condenado a 20 años de prisión en septiembre de 1989, muriendo en prisión de un “ataque al corazón” (nunca tuvo problemas cardíacos en su vida) pocos meses después. Vesco fue el último en caer en desgracia, pero duró hasta 1996, cuando fue condenado a 13 años de prisión, muriendo a los pocos meses. Todos se habían enriquecido de una manera casi incomprensible gracias al narcotráfico, pero nadie más que los hermanos Castro, los únicos sobrevivientes de todo el proceso de “limpieza”.

 

La administración Clinton

 

La llegada de Bill Clinton al poder en 1992, produjo, coincidentemente, otro renacimiento en las actividades narcotraficantes y subversivas del régimen castrista, esta vez con la colaboración de Venezuela y su nuevo presidente Hugo Chávez. Pero eso no evitó que la elección de otro demócrata como presidente resultara en otro esfuerzo tremendo por “normalizar” (léase restablecer completamente) las relaciones entre Cuba y EEUU, tanto diplomáticas como comerciales (levantamiento del embargo económico en efecto desde 1960, el cual todavía estaba controlado por el departamento ejecutivo; todas las medidas anticastristas del pasado habían sido implantadas por órdenes ejecutivas de los presidentes).

 

Utilizando como intermediarios al expresidente mexicano Carlos Salinas de Gortari, quien ya había mediado en la así llamada crisis de los balseros -el último de los “éxodos” de cubanos hacia EEUU provocados por el régimen castrista- en 1994, y el conocido escritor colombiano Gabriel García Márquez, residente ocasional en Cuba y amigo íntimo de Castro, las relaciones entre Cuba y EEUU estaban a punto de reestablecerse en 1996. Pero como siempre ha sucedido, el régimen castrista provocó el rompimiento de las negociaciones cuando bajo órdenes directas de Raúl Castro dos aviones de la organización exiliada “Hermanos al Rescate”, que volaban sobre el mar Caribe para buscar balseros en el mar y reportarlos al Servicio de Guardacostas en Miami y así salvar sus vidas, fueron derribados por MiGs cubanos. Eso trajo la condena internacional del régimen (pero no el enjuiciamiento de los pilotos de la FAR cubana, ni de Raúl Castro, quien dió la orden) y resultó directamente en la aprobación de la ley Helms-Burton el 12 de marzo (días después del derribo de los aviones de “Hermanos al Rescate el 24 de febrero).

 

El proyecto de ley había fracasado a fines de 1995 por oposición demócrata en el Senado americano y la amenaza del presidente Clinton de vetar la ley si era aprobada. Pero bajo extrema presión política, Clinton firmó la ley, la cual codificó todas las medidas anticastristas tomadas por ocho presidentes anteriores y las convirtió en ley federal, limitando así al poder ejecutivo de actuar a favor o en contra de Cuba. De la misma manera, el embargo económico contra Cuba quedó fuera del control de cualquier presidente futuro. Las consecuencias fueron pésimas para Cuba, sufriendo como estaba todavía su economía después de perder los subsidios rusos por veinte años. Pero como con todos los regimenes totalitarios, el castrista también sobrevivió este llamado “Período Especial”. La economía fue ligeramente “liberalizada”, el dólar se legalizó como moneda de uso nacional, y el “éxodo” de los balseros sirvió como siempre de válvula de escape social al régimen.

 

Al final de la administración de Clinton, la economía cubana, en terrible estado, ya se había estabilizado. La administración de Clinton también adoptó, como resultado del éxodo de los balseros la infame política migratoria hacia Cuba conocida como “Pies mojados, pies secos”. (Los balseros fueron transportados y “alojados” en cuasi-campamentos de concentración en la Base Naval de Guantánamo en bastante malas condiciones, y aunque la Fiscal General de Clinton, Janet Reno, proclamó a los cuatro vientos que ni uno de los balseros entraría en EEUU, a los pocos meses todos los casi 35,000 fueron admitidos en este país).

 

Bajo esta política, por primera vez desde 1959 se dejó de admitir a los cubanos que abandonaban la isla como refugiados políticos en EEUU. Cuando el Servicio de Guardacostas encuentra a cubanos en aguas internacionales son devueltos a Cuba casi de inmediato. Inexplicablemente, las investigaciones judiciales que se venían haciendo desde años atrás sobre el involucramiento de Cuba en el narcotráfico, y que se estaban acercando peligrosamente a la cúpula castrista, fueron casi abruptamente suspendidas durante el segundo término de la administración de Clinton. Su Fiscal General Janet Reno simplemente se negó hasta a completar las que estaban pendientes, y en el caso de Hermanos al Rescate nunca hubo ningún enjuiciamiento, aún cuando existen grabaciones en las cuales Raúl Castro se oye asumiendo la responsabilidad de haber dado la orden de derribar las avionetas.

 

Para cerrar con broche de oro sus bochornosas relaciones con Cuba, la administración del presidente Clinton cometió lo que sólo se puede describir como un crimen y una clara violación de derechos humanos al repatriar forzosamente, después de un largo y amargo proceso legal, al niño balsero Elián González. Fue violentamente secuestrado de la casa de sus parientes en Miami al amanecer de un Sábado Santo del 2000, a punta de fusil, literalmente. La reacción de repudio del Exilio Histórico a esa gran injusticia -ordenada traicioneramente (porque se había comprometido a un proceso de negociación que estaba a punto de ser fructífero) por Janet Reno- contribuyó a que el candidato presidencial demócrata Albert Gore perdiera la elección del 2000 ante el republicano George Bush hijo.

 

La administración Bush hijo

 

Con la elección de George Bush hijo, las cosas cambiaron otra vez. Bush hijo fue el presidente que más trató de conseguir la libertad de Cuba, con todos los defectos que haya tenido su administración en otros respectos. Al principio, debido a los ataques terroristas que derribaron las “Torres Gemelas” en Manhattan el 11 de septiembre del 2001, Cuba fue casi completamente ignorada por la nueva administración, aunque después de la invasión americana al régimen dominado por el Talibán en Afganistán en octubre, Castro, quizás temiendo otra acción antiterrorista del gobierno de Bush hijo contra Cuba, ofreció su cooperación en medidas contra el terrorismo internacional.

 

Cuando la Base Naval de Guantánamo fue convertida en prisión para alojar terroristas capturados en Afganistán, Cuba también aprobó la medida (legalmente, Cuba podía, si hubiera querido, oponerse al uso de la Base como prisión, ya que de acuerdo a los tratados firmados con EEUU desde principios del siglo XX, tal uso de la Base estaba prohibido). Pero la nueva “luna de miel” duró poco. Bush, en si, a los tres meses de su gestión había ordenado algunas restricciones en los viajes a Cuba y trató de aplicar algunas medidas dictadas por la Ley Helms-Burton.43 En su segundo término aplicó aún más restricciones en las remesas de familiares cubanos a la isla y también los viajes de familiares y el dinero que podían llevar a Cuba en cada visita. Cuba fue identificada por el Departamento de Estado como un país patrocinador del terrorismo internacional y colocada en la lista de países terroristas.

 

Bush adicionalmente ordenó la preparación de un plan para la transición democrática de Cuba después de los Castro y recibió a prominentes opositores cubanos en la Casa Blanca, otorgando a uno de ellos (en ausencia), el doctor Oscar Elías Biscet, preso desde diciembre del 2002, cumpliendo una condena de 25 años por actividades contrarrevolucionarias, la Medalla Congresional de la Libertad, la más alta condecoración civil en EEUU, en 2007. Pero también en el año 2000 el Congreso aprobó modificaciones en la Ley Helms-Burton, permitiendo la compra de medicinas y alimentos dirctamente por Cuba en EEUU, aunque pagaderos en efectivo. Al final de su segundo período, Bush tampoco logró mucho más que “victorias” morales en sus relaciones con Cuba y en sus meritorios esfuerzos por ayudar a la causa de la libertad en la isla.

 

El gobierno de Obama

 

Así llegamos casi al final de este relativamente breve recuento de 53 años de enfrentamientos entre Cuba y EEUU, provocados única y exclusivamente por obra y gracia de Fidel Castro y, en los últimos años, de su hermano Raúl; y de las relaciones de ambos hermanos con once presidentes americanos. Con la elección de otro presidente demócrata, Barack Obama, el más radical izquierdista que jamás haya ocupado la Casa Blanca, en el 2008 muchos tenían la esperanza de que las relaciones entre los dos países al fin se normalizaran y se estabilizaran. Después de todo, el candidato así lo prometió varias veces durante la campaña presidencial. Pero después de cinco años en el poder, los cambios en la política de EEUU hacia Cuba de la administración Obama han sido estrictamente cosméticos. Básicamente, se han reducido a regresar a lo que era la política hacia Cuba bajo Carter. Es decir, se levantaron todas las restricciones a los viajes a Cuba por parte de familiares en EEUU y también se eliminaron las restricciones a las remesas. Pero eso ha sido todo. Las restricciones a los viajes de ciudadanos americanos (no cubano-americanos) a Cuba se rumora desde agosto del 2010 que pronto serán levantadas, pero aún no se ha tomado la medida. De la misma manera, se rumora un posible intercambio de algunos cubanos condenados por espionaje (la llamada “Red Avispa”) en EEUU por algunos ciudadanos americanos injustamente detenidos en Cuba. Pero es muy dudoso que nada ocurra en lo que queda a esta administración antes de las próximas elecciones en el 2016. Quedará al presidente número 12 de la era Castro hacer cambios significativos en la política hacia Cuba y uno más llegará a lidiar con los Castro. ¿Será diferente el próximo?  Esa historia está por escribirse

 

La política de conflicto continuo con EEUU adoptada unilateralmente por Castro en enero de 1959, para “cumplir su destino histórico” sigue firmemente en vigor. Nada ha cambiado ni probablemente cambiará hasta que los hermanos Castro desaparezcan de Cuba con su muerte. El diferendo entre EEUU y Cuba sólo existe ante los ojos de Castro. Todo lo que el régimen cubano ha hecho por 53 años contra EEUU, es ilegal e injustificado, ante el Derecho Internacional y ante los más básicos principios de decencia en la sociedad humana. Las expropiaciones de propiedades americanas (también de cubanos, por supuesto) fueron y continúan siendo ilegales, sobre todo mientras tanto no haya justa compensación a sus legítimos dueños. Las actividades subversivas y terroristas del régimen y su involucramiento en el narcotráfico y lavado de dinero mal habido, han convertido al régimen castrista en un paria internacional, un régimen criminal carente de toda legitimidad. Las reclamaciones de Cuba contra EEUU son todas y cada una especiosas, sin ninguna posibilidad de siquiera ser consideradas por algún tribunal internacional justo y objetivo.

 

Pero mientras los hermanos Castro vivan, nada cambiará en Cuba. Aún cuando los dos desaparezcan, todavía quedarían, si así lo desean, los “herederos” de la revolución, las progenie de cada hermano y de algunos de los líderes “históricos” de la revolución. Todos estos no son más que delincuentes comunes. Mas como carecen de ideología (la ideología “marxista”, dejó de tener influencia alguna en Cuba hace muchos años, sobre todo en los líderes), tienen una buena probabilidad de mantenerse en el poder a base de abrir la economía a los “inversionistas” extranjeros (y muchos de origen cubano que esperan en Miami con impaciencia que esto ocurra). Pero el control político no lo cederán nunca. Quizás permitan la participación de algunos renegados exiliados y cubano-americanos, pero solamente para cubrir la forma: el poder político ni se entrega ni se comparte. De manera que para terminar, el futuro de Cuba, en lo que se puede visualizar, en las mejores circunstancias al desaparecer los hermanos Castro, será un futuro sin mucha libertad por largos años y sin ninguna justicia jamás. Las cuentas nunca serán saldadas y los culpables nunca enfrentarán la justicia. Solo cenizas quedarán.  Y solo las generaciones nuevas quizás podrán crear una Cuba con dignidad, justicia y libertad. En sus manos está ese futuro incierto.

 

El veredicto de la historia

 

Pero poco después del juicio a los hermanos Castro y sus secuaces por el sedicioso ataque al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, Fídel Castro, en su defensa ante el tribunal (aunque en realidad el “manifiesto” se escribió y publicó después y poco de esto se mencionó ante el tribunal), Castro proclamó que “La Historia me Absolverá”, el título del posteriormente publicado panfleto. Consideremos ahora, después de 60 años, el veredicto de la historia sobre los hermanos Castro y de la criatura de Fídel Castro, la revolución cubana.

 

Bajo cualquier criterio objetivo, la revolución cubana ha sido un fracaso rotundo, sobre todo en sus más preciados “logros”: la educación y el sistema de salud pública. Si alguna vez funcionaron relativamente -algo muy dudoso- desde hace mucho, mucho tiempo dejaron de hacerlo. Pero por otro lado, la revolución ha sobrevivido, al igual que los Castro, desde enero de 1959. De manera que en ese sentido ha sido un éxito, porque todavía vive y los hermanos mantienen el control y el poder sobre Cuba. Además, en otro sentido también ha sido un éxito, algo que fue un empeño de sus líderes desde el principio, incluyendo a Ernesto “Che” Guevara. La revolución creó, en efecto, hombres y mujeres “nuevos”, como se propuso. Todavía más, creó una raza de cubanos nueva y distinta. Los cubanos nacidos y criados en la isla desde 1959, lucen distintos (son menos voluminosos y de menor estatura debido a la deficiente nutrición), hablan distinto, y hasta piensan distinto a la generación que se formó antes de la revolución y que todavía existe, aunque muy reducida y envejecida. Pero ¡a que costo!

 

Porque por otro lado, al crear “nuevos” hombres y mujeres, como ha escrito mi colega Efrén Córdova, los hermanos destruyeron a la nación cubana para siempre. Me refiero al mismo pueblo de Cuba, a los cubanos que hoy en día viven en la isla. Los que quedamos de la Generación Histórica (incluyendo desde hace tiempo los que llegaron en el éxodo del Mariel en 1980) somos los cubanos verdaderos, ya que tampoco los nacidos en Estodos Unidos o en otros países pueden considerarse cubanos en el sentido histórico.  Este no es un juicio moral. No se trata de que unos sean mejores que los otros (aunque mi opinión debe ser obvia). Simplemente somos distintos.

 

Adicionalmente, los Castro también destruyeron la Cuba republicana y todos los verdaderos logros económicos y sociales que se crearon en 57 años -a diferencia de los alabados “logros” de la revolución.  Cuba estaba -otra vez- desproporcionadamente, muy adelante del resto de Hispanpamérica, tanto económica como socialmente. Todo eso terminó, y terminó a propósito, entre 1959 y 1962. Los Castro en realidad cambiaron radicalmente y quizás para siempre a Cuba y su historia -y para lo peor. ¿Por qué?  Dificil de saber, excepto que muchos, incluyéndome a mi, pensamos que Fídel Castro sobre todo, odia intensamente al pueblo cubano.  Otra vez ¿por qué? ¿Será por su padre, que en definitiva vino a Cuba junto con Valeriano Weyler y peleó contra los independentistas cubanos? Nunca lo sabremos.

 

¿Absolvió la historia (hasta ahora) a Fídel Castro? De ninguna manera de acuerdo con sus propios parámetros, ya que su persona ES la revolución, y lo que proclamó o nunca ha sido cumplido o ha sido un fracaso estrepitoso. Pero ¿y su persona, él mismo? Eso es otra cosa. Como se ha relatado, Fídel Castro tuvo una visión y la anunció, primero privadamente en la citada carta a Celia Sánchez y en sus confidencias al Cura Castro en Caracas en enero de 1959; luego muchas veces en declaraciones públicas. Describió lo que para él era su destino: ser importante, muy importante, en un plano mundial y ante la historia. En esto, indudablemente, ha tenido un gran éxito.

 

La isla de Cuba, hasta principios del siglo 20, debido a su posición geográfica, siempre tuvo una importancia estratégica desproporcionada. Por largos años, después que la rebelión de los esclavos negros en Saint Domingue (Haití) destruyó la riqueza azucarera de esa colonia francesa, Cuba pasó a ocupar su lugar y se convirtió en la primera productora y exportadora de azucar en el mundo. Esa gran importancia económica duró hasta el final de la Primera Guerra Mundial en 1918. Pero Cuba nunca fue, como lo describió Luis Aguilar León en su libro Reflexiones sobre Cuba y su futuro (Ediciones Universal, 2003, p. 20), el “ombligo del mundo”, por mucho que una buena parte de los cubanos así lo han creído desde al menos 1868, cuando comenzó la Guerra de los Diez Años. José Martí, en uno de sus desafortunados exabruptos, llegó al punto de escribir, en 1895, que la independencia de Cuba “iba a salvar a la América Latina, contener la expansión de Estados Unidos, y restablecer el equilibrio del mundo”. (Citado en Aguilar, Reflexiones, p. 22). Pero Fídel Castro, quien “soñó” (¿cómo Martí?) colocar a Cuba -pero en realidad a su persona-, en el lugar más distintivo y prominente del mundo y de la historia, lo logró con creces.

 

¿Cómo juzga la historia a Raúl Castro? Nadie mejor lo ha descrito que Carlos Alberto Montaner hace unos días. El hermano menor ha sido un instrumento del mayor. Pero también ha sido su más íntimo colaborador y ayudante. De acuerdo, casi siempre ha sido anulado por su hermano, pero al menos una vez hay evidencia que se “rebeló” (en Houston, la única vez que se conozca ha venido a EEUU, en abril de 1959) cuando pensó que Fídel estaba “comprometiendo” los intereses de la revolución. (Consideró que su hermano mayor estaba siendo “tentado” por los americanos a “traicionar” a la revolución). Pero nada puede haber estado tan lejos de la realidad. Fídel Castro nunca consideró cooperar con Estados Unidos. ¿Cómo podía hacerlo? Hubiera sido una negación de su razón de ser.  A la vez que hubiera negado su “destino”.

 

En los últimos siete años Raúl Castro ha tratado por todos los medios de “cambiar” la revolución. ¿Pero cómo hacerlo sin traicionar, sin negar, la gran obra de su hermano, en la que él cree firmemente? Por supupuesto que no puede. Solo le queda la ridículez de criticar y atacar a ese mismo pueblo cubano, a esos “cubanos nuevos” creados por la revolución, por ser “pocos cultos”, “poco inteligentes”, “vagos”, “groseros”. En fin ¡que desengaño! Por ser la negación de lo que su hermano soñó, de lo que la revolución que los dos hicieron no pudo ser. ¿Hace falta decir algo más? ¿Que es un mediocre “general” sin ninguna preparación militar (pero el Ministro de Defensa que más tiempo ha fungido en el cargo)? ¿Que es un gobernante incapaz de motivar, mucho menos cambiar a los cubanos para que sean “mejores ciudadanos? ¿Qué se dice que es alcohólico y un hombre de poco nivel intelectual? Todo eso se puede decir y es verdad, además de que es y siempre será un hombre frustrado que probablemente hubiera deseado otra vida. Más aún así, por su apellido, sigue siendo famoso y reconocido mundialmente. Pero nunca será más que la sombra de su hermano mayor, el hombre que creó y que hizo la revolución cubana.

 

Finalmente ¿cómo quedan los Castro frente a once presidentes americanos? Muy bien. Siguen vivos y en control del poder en Cuba. Además, la pregunta se contesta mejor con otra pregunta. Hoy en día, en el mundo ¿se acuerdan muchos (o reconocen) por ejemplo, a ciertos presidentes como Lyndon Johnson, Gerald Ford, Jimmy Carter, George Bush padre, más que a los hermanos Castro? No. Hasta Eisenhower, quien es famoso por haber “ganado” la Segunda Guerra Mundial, después de 60 años ¿alguien lo recuerda más que a los Castro? Tampoco. Ellos siguen vivos y en control de Cuba. De los once presidentes, quedan cinco vivos. Pero los dos primeros, los que trataron de derrocar al régimen y hasta matar a los hermanos -Eisenhower y Kennedy- no lo lograron. Los demás han mantenido una política antagónica contra Cuba, tratando de “cambiar” al régimen para que se ajuste a la política tradicional de Estados Unidos hacia la isla. Mantener a Cuba “quieta” para que sea beneficiosa a los intereses, sobre todo comerciales, de Estados Unidos. No lo han logrado. Luego entonces ese desafío, ese enfrentamiento que Fídel Castro inventó como política de estado ante Estados Unidos y que ha sido su razón de ser, al igual que la razón de ser de la revolución, que es lo mismo, ha prevalecido.

 

Estados Unidos peleó una guerra en Vietnam para “derrotar” al comunismo internacional.  Esa guerra hizo un daño incalculable a EEUU. Luego pelearon otras dos guerras en Afganistán y en Irak, contra el “terrorismo”. Pero Cuba bajo los Castro ha sido el foco y el productor principal del terrorismo internacional, del narcotráfico mundial, de las guerras de “liberación nacional” en Hispanoamérica, África, el Medio Oriente y partes de Asia. El costo al mundo -y especiamente a Estados Unidos- en miles, sino millones de vidas y multibillones de dólares, no se puede calcular. Cuba ha sido el cáncer de la humanidad por medio siglo. A noventa millas de sus costas ¿no hubiera sino infinitamente mejor para Estados Unidos exterminar ese cáncer que pelear inútilmente por medio siglo, como Don Quijote de la Mancha, en el resto del mundo, contra los desastres creados y conducidos por los Castro?

 

La respuesta es más que obvia. Los Castro tienen buenas razones para celebrar los 60 años del nacimiento de la revolución cubana. Han triunfado, por fracasado que haya sido el intento de crear un paraíso terrenal en Cuba. Eso nunca fue posible, pero como siguen vivos y en el poder, son los ganadores. Al mundo entero le tocó perder.    

 

Quizás las palabras del escritor argentino Andrés Oppenheimer sobre la revolución cubana a los 60 años de su “nacimiento” en el ataque al Cuartel Moncada son muy adecuadas para usarlas como el epitafio de la revolución: El fiasco político, económico y social mayor en la historia de Hispanoamérica.

 

Fidel Castro habrá logrado su “destino”, pero la revolución cubana, y por ende él también, deben ser juzgados como un gran fracaso.


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29 Félix I. Rodríguez, Shadow Warrior (New York: Simon & Schuster, 1989), pp. 9-18

30 Ver Henry Kissinger, White House Years (New York: Little, Brown, 1979), pp. 632-647. Ver también Raymond L. Garthoff, Détente and Confrontation: American-Soviet Relations from Nixon to Reagan (Washington: Brookins Institution, 1994), pp. 87-95. Garthoff afirma que “el resultado de las conversaciones sobre el acuerdo [de 1962] fue que EU obtuvo mayores compromisos soviéticos sobre bases de submarinos en Cuba, mientras la Unión Soviética finalmente obtuvo el compromiso americano [de respetar] el entendimiento de 1962 y la promesa de no invadir a Cuba”. [énfasis mío], p. 92

31 Pons, op. cit., p. 5

32 Robert Moss and Arnaud de Borchgrave, Monombó (New York: Simon and Schuster, 1983), pp. 5-10

33 De acuerdo con Juan Benemelis, conversación en 2010.  Y de acuerdo con el co-autor de Monimbó, Robert Moss. U.S. Congress, Senate Committee on the Judiciary, Subcommittee on Security and Terrorism: The Role of Moscow and Its Subcontractors, 97th Congress, 1st. Session, June 26, 1982.  En la reunion también se encontraba presente Tony de la Guardia, según Benemelis

34 Sobre el plan de desestabilización de Castro y el uso del narcotráfico como arma en su política de conflicto continuo contra EEUU, la documentación es vasta. Pero sólo se incluirán algunos ejemplos. José A. Friedl Zapata, El gran engaño: Fidel Castro y su íntima relación con el narcotráfico internacional  (Buenos Aires:Editorial Santiago Apóstol, 2003) “El tirano cubano, en todos estos años de involucramiento con el narcotráfico internacional ha buscado matar dos pájaros de un tiro: por un lado está el enriquecimiento personal y el factor de inyectar dinero proveniente del narcotráfico a su caótica economía, y por otro lado el de causarle serios problemas a su archienemigo, los Estados Unidos, ayudando a mantener el flujo de drogas a ese país con la consecuente desestabilización  de amplios sectores de la población, sobre todo los jóvenes” (énfasis mío), p. 8; Antonio Farach (alto diplomático sandinista), testimonio ante un subcomité del Senado el 19 de abril de 1985. “El objetivo [del narcotráfico] era doble: primero buscar los fondos necesarios para la Revolución; segundo, la destrucción de la juventud americana… El negocio de narcotráfico producía grandes beneficios económicos, muy necesarios para nuestra Revolución… Procurábamos obtener comida para nuestro pueblo a través del sufrimiento y la muerte de la juventud de los Estados Unidos… Es así que el narcotráfico era usado como arma política, como un golpe bajo contra nuestro enemigo [EEUU]”.Hearing of ther Subcommittee on Children, Family Drugs and Alcoholism, U.S. Senate, citado en Friedl, op. cit., pp. 21-22; “La decisión de Fidel Castro de utilizar el narcotráfico en su lucha contra EU es parte de una estrategia que quedó documentada… en la Conferencia Tricontinental… realizada en La Habana en enero de 1966… Una de las decisiones tomadas fue justamente la utilización del narcotráfico como arma para minar y desestabilizar a EU”. Raymond W. Duncan, The Soviet Union and Cuba: Interest and Influence (New York: Praegger, 1985), pp. 66-70; Raúl Castro, en una reunión en La Habana a finales de 1980, descrita por el escritor Norberto Fuentes: “Fidel dice que este [el narcotráfico] es (Barcelona: Seix Barral, 1999), p. 70; “[E]ra [el narcotráfico] una forma más de hacerle la guerra un asunto que debe hacerse con mucho cuidado y tacto… Fidel dice que en definitiva todas las guerras coloniales en Asia se hicieron con el opio. Entonces nada más justo que los pueblos devolvamos la acción, como venganza histórica”. Norberto Fuentes, Dulces guerreros cubanos al imperialismo”. Jorge Masetti, El furor y el delirio (Barcelona: Tusquets Editores, 1999), p. 225; William Van Raab (Director del Servicio de Aduanas de EU): “{L]a documentación claramente muestra la complicidad y aprobación de las capas más altas del poder en La Habana en el negocio del narcotráfico…el narcotráfico y el terrorismo son… gemelos siameses de la muerte y de la destrucción [como política contra EU]”. Testimonio ante un Subcomité del Senado, 19 de abril , 1985, citado en Friedl, op. cit., p. 64

35 El caso de Ana Belén Montes es el más célebre de todos, pero hay muchos más que ni siquiera han sido revelados o no se conocen. Montes es una mujer nacida en una base militar americana en Alemania, donde su padre, de origen puertorriqueño, estaba destacado como médico del Ejército. A principiosde la década de 1980, fue reclutada por la Dirección General de Inteligencia (DGI) cubana y en 1985, comenzó a trabajar como analista para la Agencia de Inteligencia del Departamento de Defensa (DIA), llegando a convertirse en la analista de mayor antigüedad y rango de la DIA. Fue capturada el 20 de septiembre del 2001 y sentenciada a 25 años de prisión un mes después, al aceptar un arreglo y declararse culpable, pero expresando su admiración por la revolución cubana hasta el último momento y sin expresar el más mínimo arrepentimiento por su traición a EU. Fue descrita por el investigador que la descubrió como la espía más dañina en la historia de EU, responsable de la muerte de por lo menos un soldado americano en El Salvador en 1987, y la autora de un devastador análisis de la DIA al presidente Reagan en 1988, el que concluyó que Cuba no representaba ningún peligro militar para EU o para la región. Éste sólo es el caso más famoso, pero han habido muchos en 50 años, varios en los últimos cinco en la comunidad cubano-americana en Miami, incluyendo el de la Red Avispa y varios académicos empleados por la Universidad Internacional de la Florida. Muchos académicos que han sido denunciados como agentes de la DGI (y una vez agente, siempre agente) continúan impunemente trabajando en instituciones públicas y privadas y su influencia por medio de artículos que publican en la prensa, libros prominentes y conferencias de todo tipo es considerable.

36 Friedl, op. cit., pp. 11-12

37 De acuerdo con el Almirante Elmo Zumwalt, Kissinger le expresó lo siguiente: “EU ha pasado su punto histórico más alto, como tantas otras civilizaciones anteriores. Mi trabajo es persuadir a los rusos para que nos ofrezcan las mejores condiciones posibles, reconociendo que las fuerzas históricas los fasvorecen a ellos”. Steven F. Hayward, The Age of Reagan: The Fall of the Old Liberal Order, 1964-1980 (Roseville: Forum Prima, 2001), p. 434. Kissinger siempre ha negado esto vehementemente, pero la historia de sus años en control de la política exterior de EEUU, confirman que esas eran sus verdaderas creencias. Sólo la llegada de Ronald Reagan como fuerza política en 1980, cambió la historia posterior del mundo.

38 Sin que nadie se enterara por mucho tiempo, en marzo de 1981, a dos meses de tomar possión, Reagan ordenó a su nuevo Director de la CIA, William Casey, preparar un plan para frenar la subversión en Centroamérica. Casey lo delegó al nuevo jefe de la división latinoamericana, Duane Clarridge, quien en pocos días elaboró planes para intervenir masivamente en Nicaragua. El plan básico era muy simple en su enfoque: “Hacer la guerra en Nicaragua y empezar a matar cubanos”. Así se hizo contra viento y marea y así se salvó Centroamérica de caer bajo control comunista. Tim Weiner, Legacy of Ashes (New York: Doubleday, 2007), pp. 380-81; Jonh Prados, Safe for Democracy: The Secret Wars of the CIA (Chicago: Ivan R. Dee, 2006) pp. 509-512

39 Ver Eric J. Schmertz, Natalie Datlof y Alexsej Ugrinsky, editors, President Reagan and the World, capítulo 20, por Antonio de la Cova (Westport: Greenwood Press, 1997), pp. 381-391; Wayne S. Smith, editor, The Russians Aren’t Coming: New Soviet Policy in Latin America (Boulder: Lynne Rienner Publishers, 1992), pp. 107-111; Georgie Anne Geyer, Guerrilla Prince (Boston: Little, Brown, 1991), pp. 370-372. De la Cova, un excelente historiador a quien conozco personalmente, es sumamente crítico de la administración Reagan porque “no hizo nada para liberar a Cuba”. Además, cree firmemente que hay todavía elementos secretos en “los acuedos” entre Kennedy y Khrushchev. Así lo ha escrito y así me lo ha dicho. Yo discrepo de esas dos opiniones, pues creo que Reagan hizo lo mejor que pudo bajo las circunstancias, sobre todo contra la “madre patria” del imperio: Rusia, y considero que mi descubrimiento de cómo se fortaleció el “entendimiento” de 1962 que puso fin a la Crisis de los Cohetes, debido a la gratuita oferta de Kissinger a Dobrynin en una de sus conversaciones secretas en 1970, de hecho le ató las manos a Reagan y limitó lo que podía hacer contra Cuba. Wayne Smith es un conocido apologista de Castro y su revolución. Smith asevera que Castro prometió a Walters en la reunión suspender el envío de armas a Nicaragua como un acto de buena fe para llegar a un arreglo entre los dos países. Y mantiene que Castro cumplió su palabra y que fue un vocero de la administración que negó esto, aunque también mantiene que Walters no lo negó, sino que dijo no tener confianza en que un arreglo se pudiera lograr. Smith no estaba presente, de manera que simplemente está aceptando la versión oficial del régimen cubano, y esto para mí carece de ningún valor como evidencia. Es, más que su opinión, la de Castro. La versión de Geyer es la más completa y creíble, pues aunque por supuesto ella tampoco estaba presente, menciona que su descripción está basada en una reconstrucción de la reunión de acuerdo con varias fuentes (las que no menciona). La manera en que reproduce el diálogo entre Castro y Walters parece ser un reportaje verídico de lo ocurrido. Y ofrece algunos detalles que tienen que provenir de quien estaba presente; es decir, no es una reconstrucción inventada como si fuera una novela. Yo insisto en que mi versión, que no excluye la de Geyer, sino la complementa agregando la advertencia de Walters a Castro, es la más veraz y completa.

40 Mis fuentes no pueden ser reveladas y no existe evidencia documental de esta versión. Pero la considero la más creíble, sobre todo en vista de lo que sucedió posteriormente. El gran problema es que aunque Walters seguro preparó un reporte de esa reunión, todavía está clasificado, así que por largo tiempo no se sabrá lo ocurrido, no que haga mucha diferencia

41 Juan Benemelis, Cuba: Assesing the Threat to U.S. Securiity (Miami: Endowment for Cuban American Studies, 23001), pp. 28-29

42 Freidl, op. cit., pp. 116-130

43 En un plano personal, la Sección 211 de la Ley Helms-Burton, nos permitió a mi madre y a mí recuperar nuestro patrimonio de las marcas de cigarros y tabaco Trinidad y Hermano, firma fundada por los hermanos Ramón y Diego Trinidad en Ranchuelo, Cuba, en 1905. El régimen castrista no sólo nos había despojado de nuestras propiedades -sin compensación, por supuesto- sino que la administración de Clinton le había permitido registrar nuestras marcas con la Oficina de Marcas y Patentes en Washington en 1995, un doble latrocinio. Presentamos una acción legal contra el régimen cubano en 1998, y con la aprobación de la Ley Helms-Burton, bajo esa sección 211, logramos que los abogados de Cuba abandonaran el caso (el cual hubieran perdido de todos modos, ya que las marcas habían sido registradas fraudulentamente) y así, se hizo justicia y logramos recuperar lo nuestro.