Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Diego Trinidad, PhD, Miami

 

 

                               

 

 

                                

 

A 60 años del ataque al Cuartel Moncada:

 

 LOS CASTRO FRENTE LA HISTORIA Y A ONCE PRESIDENTES DE ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA ( I )

 

El 26 de julio de 1953 un grupo de jóvenes aventureros y confundidos decidieron seguir a un abogado sin experiencia en el derecho, pero muy experimentado en las luchas violentas estudiantiles en la Universidad de La Habana, en un proyecto demencial: un ataque al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba (y al cuartel Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo).  La idea, pues no se le puede llamar plan, era tomar el cuartel y mediante un levantamiento conjunto en la ciudad (la segunda de Cuba), producir una “revolución” política que eventualmente derrocaría al gobierno dictatorial de Fulgencio Batista.

 

Batista había interrumpido el corto ritmo constitucional de solo 12 años en Cuba cuando el 10 de marzo de 1952, a tres meses de las elecciones presidenciales, con un golpe militar que dejó un saldo de un muerto, tomó el poder, y decidió a Fidel Castro, que estaba postulado a representante en esas elecciones de 1952 por el Partido Ortodoxo, a encaminarse a la violencia para derrocar a Batista. Pero se debe destacar que la gran mayoría del pueblo cubano recibió el golpe de estado de Batista con indiferencia (excepto los estudiantes universitarios) y hasta con alivio, en el deseo de restablecer el “órden” en Cuba. Pocos querían regresar a la violencia política en 1953.  Batista, en definitiva, había gobernado con “mano dura” desde 1934 a 1944 (los últimos 4 años como presidente constitucionalmente electo) y había traído relativo orden y seguridad a la república, sino libertad política y “democracia”.

 

Pero ¿cómo explicar que esos 160 jóvenes, mal armados, sin ningún entrenamiento militar y muchos hasta ignorando, hasta la noche ántes, el objetivo del ataque, siguieran a Fidel Castro en su primera gran aventura? Según el historiador Antonio de la Cova, en su gran libro The Moncada Attack: Birth of the Cuban Revolution, Castro no estaba interesado en el triunfo de la operación, sino en el protagonismo, en el hecho que ese ataque lo haría famoso y lo convertiría de pronto en un líder -quizás en El Líder- de la oposición a Batista. De cualquier manera, con ese fracasado ataque en realidad nació la revolución cubana. Por el firme convencimiento de lo que debía ser el “destino” de un hombre: Fídel Castro. Y Fídel Castro ES la revolución cubana.  Por su férrea voluntad.

 

El 5 de junio de 1958, escribiendo desde la Sierra Maestra, Fidel Castro le envió a su principal colaboradora, Celia Sánchez, la siguiente nota escrita a mano: “Celia: Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo.  Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la que voy a echar contra ellosMe doy cuenta que ése va a ser mi destino verdadero”. [1](Énfasis mío).

 

Hay que destacar que esta nota fue enviada privadamente a Celia Sánchez en Santiago de Cuba en unos momentos en que ni remotamente podía pensar Castro que su triunfo estaba a poco más de seis meses. Y fue una comunicación personal, sin ninguna intención de que quedara para la historia. Casi seguro fue una reacción irracional de un ser que ha vivido casi toda su vida de exabrupto en exabrupto. ¿Por qué “al ver esos cohetes que tiraron en casa de Mario” le provocó esa rabieta? Bueno, tratemos de reconstruir su proceso mental. Los “cohetes” eran de fabricación americana y habían sido adquiridos por el gobierno de Batista (probablemente años atrás). Estaban siendo lanzados contra las guerrillas en la Sierra Maestra (y sobre la población civil, a veces) por aviones americanos también adquiridos por el gobierno de Batista, el cual, por ilegítimo que fuera, se estaba defendiendo contra una fuerza militar que lo trataba de exterminar. Por consiguiente (¡qué lógica!), Estados Unidos era culpable del daño causado por esos cohetes. Claro, este proceso de “razonamiento” ignoraba convenientemente que en marzo de 1958, ese mismo gobierno americano contra el cual desbarraba, le había impuesto un embargo de armas al gobierno de Batista, armas por las cuales un gobierno reconocido por EEUU había pagado y que tenía todo el derecho de recibir.

 

Pero de cualquier manera, esta nota tiene un significado extraordinario. Por primera vez Castro pone por escrito sus intenciones futuras. Y de hecho, su razón de ser. Su odio irracional contra Estados Unidos era antiguo y prevalente, lo cual es aceptado como cierto por casi todos sus biógrafos y colaboradores más íntimos, aunque hay un pequeño grupo, como el hace unos años fallecido Carlos Franqui, que negaban el odio contra EEUU como política de estado y aseguraban que Castro es simplemente un gran actor que siempre utilizó la expresión de ese odio como arma política.[2] Pero esto, aunque estuviera presente, no puede borrar ese odio irracional. ¿Por qué el odio contra EEUU?  Eso es otra cosa. No tiene explicación, como lo irracional nunca la tiene. Y aquí no vamos a utilizar la especulación, ni mucho menos “nuevas” herramientas como la “psico-historia”, que no es más que una tontería sin base alguna para las investigaciones históricas. Nunca se podrá saber el por qué de ese odio, pero sí se sabe bien que esa fue la razón de ser de su vida, de la revolución cubana, y del rumbo que ésta tomó desde el principio. Y ese conflicto continuo contra Estados Unidos, el cual fue expresado en su primer gran discurso donde las palomas se le posaron al hombro en el campamento de Columbia en La Habana el 8 de enero de 1959, continuó -y continúa aún- como la política externa del país, después de 53 años.

 

1959

 

En ese discurso del 8 de enero de 1959, por primera vez desde los años 30, se oyó en Cuba la palabra “imperialismo”.  Peor, se oyeron las palabras “imperialismo yanqui”. Y desde entonces, el refrán continúa como la base de la política externa del país. Sólo que desde el mismo mes de enero de 1959, los discursos agresivos contra EEUU se tornaron en hechos políticos, comenzando con la actitud y tratamiento del nuevo embajador de EEUU, Philip Bonsal, un diplomático de carrera de notorias ideas liberales, quien fue nombrado especialmente para complacer a los nuevos dirigentes revolucionarios y ofrecerles un “oído amigo”. De nada sirvió. Bonsal y sus buenas intenciones -que eran las del gobierno de EEUU ofreciendo una mano amistosa- fueron sumariamente rechazados por el nuevo gobierno ”revolucionario”, primero encabezado por el presidente provisional, Manuel Urrutia y su primer ministro, José Miró Cardona, y desde febrero de 1959, por el mismo Castro como primer ministro.

 

De los discursos se pasó a la confrontación abierta en muy poco tiempo. Quince días después de llegar a La Habana, Castro estaba en Caracas visitando al presidente electo de Venezuela, Rómulo Betancourt. A minutos de estar conversando con Betancourt, Castro le presentó su “plan maestro contra los gringos” al sorprendido Betancourt: un préstamo de $300 millones al gobierno cubano para fomentar la subversión en Hispanoamérica.   Betancourt le contestó que eso era imposible,[3] pero ya el gobierno cubano estaba comprando armas en Bélgica para llevar a cabo el proyecto revolucionario en Centroamérica y el Caribe. En los primeros seis meses de 1959, Cuba mandó expediciones en mayor o menor escala a Panamá, Haití, República Dominicana, Guatemala, Costa Rica, Honduras y Nicaragua. A Venezuela le llegaría su turno en 1963.[4]

 

Cuando Castro fue invitado a EEUU por la Sociedad de Editores de Prensa Americanos (ASNE) en abril de 1959, llevó con él a una comitiva de los principales ministros y asesores económicos de su nuevo gobierno. Entre ellos estaba Rufo López Fresquet, ministro de hacienda. López Fresquet le contó a mi padre, Diego Trinidad II, poco después de regresar de EEUU y mucho antes de escribirlo en su libro Mis catorce meses con Castro, publicado en 1966, que Castro le había prohibido terminantemente en el vuelo a New York, a él y a todos los demás asesores económicos, que bajo ninguna circunstancia aceptaran ayuda americana en caso de que fuera ofrecida.5 Quizás fue un error de la administración de Eisenhower no ofrecer ninguna ayuda económica a Cuba en ese viaje y mucho se ha escrito sobre esto como la razón principal por la cual Castro fue “obligado” a buscar ayuda rusa. Tal explicación ha sido ampliamente desacreditada por mucho tiempo, pero además, aparentemente la prohibición de Castro era conocida por varias personas, y casi seguro también por las autoridades americanas. De hecho, el vicepresidente Richard Nixon, el único oficial del gobierno americano que se reunió con Castro durante ese viaje, escribió en su reporte que “Castro era extraordinariamente inocente sobre el comunismo o estaba bajo su disciplina, probablemente lo segundo”.6 De manera que nunca se sabrá si una oferta oficial de ayuda económica hubiera cambiado en algo lo que sucedió después, pero dada la prohibición de Castro de aceptarla, es difícil pensar que algo hubiera cambiado.  

 

En ese viaje a EEUU en abril de 1959, por primera vez comenzaron las preguntas sobre el comunismo. En las principales comparecencias este tema fue mayormente ignorado, pero no cuando Castro fue invitado al Comité de Relaciones Exteriores del Senado. Presidido por el notorio liberal y simpatizante izquierdista William Fulbright, Castro fue tratado con admiración y respeto hasta el final. Entonces el Senador de la Florida George Smathers, quien no era miembro del Comité pero estaba presente por cortesía, le preguntó directamente si era comunista, para molestia de Fulbright. Después de titubear y balbucear un poco (por cierto, en todo momento habló en inglés durante el viaje, no muy bien y con acento, pero se hizo entender perfectamente; luego fingiría siempre no hablar inglés), se negó rotunda y airadamente a contestar.7 Mal augurio, pues en este caso, la callada por respuesta solo provocó más y más preguntas sobre el tema, las cuales se vio obligado a contestar, negando que ni él ni la revolución fueran comunistas. No roja su revolución, sino verde olivo. No comunista, sino humanista. El público americano respondió con entusiasmo y su carismática figura se afianzó en la imaginación popular de EEUU desde entonces.

 

Hay que destacar que desde enero de 1959 hasta el final de la Crisis de los Cohetes en octubre de 1962, Castro y su régimen estuvieron principalmente ocupados con el establecimiento de la medidas “revolucionarias” que se comenzaron a implementar rápidamente, tan temprano como la Reforma Agraria, en mayo de 1959. Pero a pesar de eso, Castro siempre estuvo más interesado en “cumplir con su verdadero destino” que con la política doméstica de su régimen. Esto lo dejó en manos de varios de sus colaboradores como el economista Raúl Cepero Bonilla, el geógrafo Antonio Núñez Jiménez (primer director del Instituto de Reforma Agraria -INRA) y Ernesto “Che” Guevara, a quien nombró, primero, Presidente del Banco Nacional de Cuba, substituyendo al prestigioso Felipe Pazos, su primer designado en enero de 1959, y después Ministro de Industrias. Bonilla tenía capacidad, pero Castro nunca lo dejó llegar muy lejos. Núñez Jiménez, ninguna para fungir como director del INRA. Y Guevara, por supuesto, no tenía la más remota capacidad para ninguna de las dos posiciones, y esto ha sido así a través de 53 años: es decir, la enorme mayoría de las personas que se han ocupado día a día de la economía en Cuba han sido mayormente incapaces de cumplir con sus obligaciones. Lo cual, de acuerdo con el destacado economista cubano-americano Jorge Sanguinetty,8 demuestra que Castro nunca ha estado interesado en la política doméstica. Su único interés siempre han sido las relaciones externas: con EEUU a manera de confrontación continua, con el resto del mundo, buscando su lugar en la historia.

 

De todas maneras, esas consideraciones internas tenían ramificaciones externas en las relaciones con EEUU. Por ejemplo, desde los primeros meses de 1959, con los fusilamientos públicos, sobre todo el espectáculo del juicio al Coronel Jesús Sosa Blanco, televisado en vivo nacionalmente desde el Coliseo de la Ciudad Deportiva en febrero de 1959, tuvieron un pobre efecto en la opinión pública americana y provocaron protestas del gobierno de EEUU. Mucho peor fue la implantación de la Reforma Agraria en mayo y la deserción del Jefe de la Aviación Revolucionaria, Comandante Pedro Luís Diaz Lanz en julio de 1959. Una vez más, por casualidad, mi padre se estaba entrevistando con Fidel y Raúl Castro en una suite que Castro mantenía en el Hotel Habana Hilton. Los Castro estaban tratando de que mi padre comprara el periódico “Prensa Libre”, para añadirlo al oficialista “Revolución” como órgano de apoyo al gobierno. Un ayudante le trajo la noticia de la deserción a Castro, quien se enfureció de tal manera descontrolada que se halaba los pelos de la cabeza y de la barba, pateaba y tiraba cosas por toda la suite y maldecía desaforadamente a Pedro Luís. Su hermano Raúl y mi padre se miraron algo asustados, y en cuanto llegó otro mensajero, mi padre aprovechó para irse de la suite sin terminar la negociación sobre “Prensa Libre”, la cual no tuvo éxito; ya Diego Trinidad II hacía tiempo estaba muy decepcionado con el rumbo de la revolución para colaborar con ella de ninguna manera.9

 

Cuando Diaz Lanz testificó ante un Comité del Senado de EEUU unos dias más tarde, esto trajo como resultado otra confrontación entre los dos gobiernos. La Ley de Reforma Agraria, que según el conocido economista cubano-americano Jesús Marzo Fernández fue el principio del fin de la economía cubana, sobre todo en el sector agrícola10, introdujo el grave problema de las confiscaciones y expropiaciones sin compensación a capitales americanos, ya que el régimen cubano limitó la cantidad de tierra que cada ciudadano podía poseer, y muchos dueños americanos fueron afectados, con el consiguiente enfrentamiento de Cuba y EEUU sobre otro nuevo tema.

 

En ese verano de 1959 el presidente Manuel Urrutia fue acusado (injustamente) de comprar una casa de lujo en Miramar, una sección residencial exclusiva de La Habana. Renunció el 17 de julio, en medio de uno de los primeros grandes “shows” propagandísticos de Castro, cuando también él presentó su renuncia en protesta de las acusaciones de penetración comunista en el gobierno por parte de Urrutia. Después de un largo discurso en TV contra Urrutia, regresó triunfalmente al premierato. Pero las acusaciones de comunista lo perseguían: en unos días, su Jefe de Aviación y su presidente. Las ramificaciones en EEUU aumentaban, y aunque el embajador Bonsal seguía paralizado en La Habana, hasta los miembros del Cuarto Piso del Departamento de Estado comenzaban a tener sus dudas, y el mismo presidente Eisenhower se impacientaba cada vez más. En octubre de 1959, Diaz Lanz voló sobre La Habana en un B-26 lanzando folletos anticomunistas sobre la capital. Mas el gobierno de Cuba acusó a EEUU de “bombardear” La Habana, y el Departamento de Estado protestó airadamente, revelando la verdad. Pero quedó el hecho que el avión había salido de EEUU, aparentemente con complicidad -o al menos con conocimiento- del gobierno.

En ese mismo mes de octubre ocurrió el caso de Huber Matos, uno de los principales comandantes de la revolución y Jefe de la provincia de Camagüey. La renuncia/destitución se produjo, una vez más, en medio de acusaciones de penetración comunista en el régimen castrista. Otro muy popular comandante, Camilo Cienfuegos, fue enviado a Camagüey a arrestar a Matos, y a los pocos dias, su avioneta desapareció misteriosamente sobre el mar. Nunca se supo lo que sucedió, pero coincidentemente Castro se benefició con la “eliminación”, en el transcurso de cuatro meses, de tres comandantes y de su presidente. En noviembre de 1959 los primeros planes para deshacerse del régimen de Castro comenzaban a tomar forma en Washington. Y para terminar el primer año de la revolución en el poder, en diciembre, los primeros 200 niños cubanos de los 14,000 que eventualmente llegaron a EEUU gracias a la Operación Pedro Pan fueron enviados por sus temerosos padres a Miami, en medio de rumores de la aplicación inminente de la pérdida de la Patria Potestad a los niños cubanos menores de 14 años.

1960

 

El año 1960 fue transformativo en muchos sentidos. Eventos importantes parecían sucederse mes tras mes. En enero, una “Fuerza de Choque” (Task Force) creada por la CIA para elaborar un plan de acción encubierta contra Cuba. En febrero, se produjo la visita del Vice-premier soviético Anastas Mikoyan a Cuba, y se firmó un acuerdo bilateral entre los dos países. Cuba le vendería 5 millones de toneladas de azúcar a la URSS por 5 años, y ésta le vendería petróleo, trigo, hierro, fertilizantes y maquinaria industrial a Cuba, con un crédito de $100 millones a un interés anual de 2.5%. Esto sorprendió a EEUU y sacudió al Departamento de Estado, pero peor fue la explosión del barco belga La Coubre en el puerto de La Habana.

 

El barco contenía una carga de armas y explosivos y nunca se descubrió la causa de la explosión, la cual causó la muerte de decenas de soldados y estibadores cubanos. Cuba, por supuesto, acusó nuevamente a EEUU de actividades “terroristas”, sin ofrecer ninguna prueba. Esta vez, hasta el timorato embajador Bonsal presentó una protesta formal ante el Ministerio de Estado cubano. En marzo el presidente Eisenhower aprobó el plan de actividades encubiertas contra Cuba, que incluía la terminación de la cuota azucarera de Cuba, la continuación del embargo de armas en efecto desde mediados de 1958, el paro de envios de petróleo a la isla, y la organización de una fuerza paramilitar de cubanos exiliados para eventualmente infiltrarse en Cuba. Esta fuerza paramilitar se convirtió a los pocos meses en la Brigada 2506, que invadió Cuba en abril de 1961. Las medidas no fueron implementadas de momento.

 

Pero en mayo llegaron los primeros embarques de petróleo ruso a Cuba y en junio se produjo el primer conflicto directo entre Cuba y EEUU, cuando las refinerías Shell (inglesa), Texaco y Esso (americanas) se negaron a refinar el petróleo ruso. Se alegaron presiones del gobierno americano, pero el hecho es que las refinerías simplemente no podían refinar el mucho más grueso petróleo crudo ruso. Pero esto trajo como resultado la nacionalización de las refinerias por el régimen cubano entre el 29 de junio y el 1 de julio.  El 3 de julio, EEUU tomó represalias y la escalada de actividades de un gobierno contra el otro se multiplicaron.  EEUU suspendió la cuota azucarera de Cuba el 3, el 5 Cuba nacionalizó todas las propiedades americanas en Cuba -sin compesación, por supuesto. El 6 Eisenhower suspendió la compra de las últimas 700,000 toneladas de azúcar que quedaban de la cuota de 1960. El 8 la URSS acordó comprar esas mismas 700,000 toneladas remanentes, y el 23 China acordó comprar 500,000 toneladas anuales a Cuba por cinco años, el primer acuerdo comercial entre los dos países.

 

En septiembre le llegó el turno a los propietarios cubanos. El 15, el régimen “intervino” 16 fábricas de tabaco, 14 de cigarros (incluyendo Trinidad y Hermano, S.A., establecida en Ranchuelo, Cuba por Diego Trinidad I y su hermano Ramón en 1905; la mayor fábrica de cigarros en la isla, con 550 empleados y una producción anual de 650.000 ruedas de cigarros, equivalentes a casi 25 millones de cigarros) y 20 almacenes de tabaco.11 Nunca se supo por qué la industria tabacalera fue la primera en ser expropiada, pero no paró ahí.  Al contrario, dos días después, todos los bancos americanos fueron nacionalizados. Al día siguiente, 18 de julio, Castro viajó a las Naciones Unidas en New York por primera vez.

 

Montó otro enorme “show” propagandístico, hospedándose con la enorme delegación cubana en el Hotel Theresa, en Harlem, el barrio negro de la ciudad de New York, para congraciarse con las “minorías”. Se abrazó con el líder ruso Nikita Khrushchev en la ONU, pronunció uno de sus kilométricos discursos -de 4 horas y media de duración-, conoció y se codeó con todos los líderes “tercermundistas”, y en general, salió de New York con una gran victoria propagandística sobre el “imperialismo”. ¡Y bajo sus mismas narices, en la capital simbólica de EEUU!  A su regreso triunfal a Cuba le asestó el golpe de gracia a la propiedad privada en la isla con el decreto de Reforma Urbana el 14 de octubre. Un día antes fueron expropiadas 382 de las mayores industrias cubanas, incluyendo los ingenios azucareros y la banca nacional; con la Reforma Urbana, también miles de casas y apartamentos privados fueron despojados a sus dueños.

 

Naturalmente, con la posible excepción de algunas propiedades americanas (notablemente las de DuPont en Varadero), ninguna de estas expropiaciones, americanas o cubanas, fueron pagadas a sus legítimos dueños, ni siquiera parcialmente. Como muy débil respuesta, el gobierno americano impuso un embargo económico sobre Cuba, excluyendo comestibles y medicinas. Nueve días después, el 24, Cuba expropió lo que quedaba de propiedades privadas de dueños americanos.  Pero en Miami, donde ya vivían más de 100,000 exiliados,12 cada día más de ellos eran reclutados para ser entrenados en los campamentos de Guatemala donde la CIA preparaba una invasión contra Cuba. Y el 8 de noviembre el Senador Demócrata de Massachusetts, John Kennedy, derrotó en una reñida elección al Vice-presidente Republicano Richard Nixon. Los destinos de los dos países, pero sobre todo el de Cuba, cambiarían ese día. Para recibir el nuevo año, Castro exigió en un discurso el 2 de enero que EEUU redujera el personal de su embajada en La Habana, de 87 a 11. Al día siguiente, EEUU rompió las relaciones diplomáticas con Cuba.

 

Entre 1961 y finales de octubre de 1962, las relaciones entre EEUU y Cuba estuvieron casi completamente dominadas por los dos eventos históricos más importantes del último medio siglo: la invasión de Bahía de Cochinos en Playa Girón y Playa Larga del 17 al 19 de abril, y la Crisis de los Cohetes de octubre de 1962, terminada oficialmente el 29 de octubre, pero no en realidad hasta fines de diciembre con la retirada de los bombarderos IL-28s. Estos eventos se convirtieron en la consolidación y la garantía de la revolución y están descritos en detalle en el primer tomo de Efrén Córdova (editor) 50 Años de Revolución en Cuba: El Legado de los Castro (Miami: Ediciones Universal, 2009), capítulo XVI, Girón o Bahía de Cochinos: Consolidación de la Dictadura y en el capítulo 7 del segundo tomo ya citado, El Ocaso del Régimen que Destruyó a Cuba.

 

Pero se debe destacar que durante 1961 ocurrieron dos episodios interesantes adicionales. Primero, la entrevista entre Ernesto “Ché” Guevara, como enviado especial de Cuba, y el asesor presidencial Richard Goodwin, en la reunión de la Organización de Estados Americanos (OEA) celebrada en Punta del Este, Uruguay, el 22 de agosto de 1961. Se discutieron varios temas de interés mutuo, incluyendo la posibilidad de un arreglo entre los dos países, pero nada resultó al final, porque Kennedy exigió que Cuba renunciara a toda ayuda Soviética. ¿Hubiera podido llegarse a un arreglo? Muy dudoso. Castro quería lo que quería, y aún si Kennedy hubiera aceptado un modus vivendi, Castro nunca renunciaría a su proyecto revolucionario universal. Más adelante, el 3 de noviembre de 1961, se adoptó oficialmente por la administración de Kennedy la llamada Operación Mongoose, un programa de subversión y sabotaje contra el régimen de Cuba cuyo objeto principal era el asesinato de Fidel Castro. Así cerró 1961.

 

1962

 

El nuevo año de 1962, comenzó con la suspensión de Cuba de la OEA, orquestrada por EEUU, el 22 de enero, y entre febrero y marzo, EEUU consolidó todavía más el embargo económico contra Cuba. Pero desde mayo, en que se concibió el plan para introducir cohetes nucleares en Cuba, hasta fines de octubre, cuando se “resolvió” la Crisis, prácticamente todas las relaciones entre los dos países estuvo dominada por los eventos que casi conducen a una guerra nuclear. Durante esos meses, sin embargo, la Operación Mongoose estuvo funcionando a plenitud. Quizás hasta 5,780 operaciones anticastristas fueron conducidas dentro y fuera de Cuba, 716 de sabotaje a objetivos económicos importantes.13

 

Además, los planes para asesinar a Castro seguían adelante, aunque sin mucho éxito (obviamente). Después de terminada la Crisis de los Cohetes, también fue negociada la liberación de los miembros de la Brigada 2506, intercambiados por $53 millones en medicinas y equipos agrícolas. El 24 de diciembre llegaron a Miami 1,113 brigadistas. El 29 de diciembre, el presidente Kennedy, en un emotivo acto en el estadio Orange Bowl de Miami, televisado nacionalmente, aceptó la bandera de la Brigada 2506 (no la que desembarcó en Girón)14 de parte del jefe militar de la Brigada, José San Román. En su corto discurso, Kennedy declaró que “les puedo asegurar que esta bandera será devuelta a la Brigada en una Habana libre”.15 Todavía estamos esperando.

  

Aunque este breve resumen de las relaciones de Cuba con EEUU a través de la larga dictadura castrista tiene  la intención de llegar al 2013 -es decir, de cubrir los 53 años y medio de los Castro en el poder, en realidad, los primeros tres años son los cruciales, no sólo porque entre 1959 y 1962 la revolución cubana se implantó, se consolidó y se garantizó, sino porque desde el final de la Crisis de los Cohetes y su trágico desenlace, la política de todos los gobiernos americanos desde entonces cambió drásticamente y se convirtió en una política reactiva de contención a la subversión cubana en todo el mundo. 

 

Al principio, la administración de Eisenhower tuvo una actitud ambigua hacia Cuba y su gobierno revolucionario. Fue reactiva de cierta forma, pero con las simpatías de elementos en el Departamento de Estado (y su nuevo embajador, el diplomático liberal de carrera Philip Bonsal) y hasta de buena parte de las agencias de inteligencia, se puede decir que EEUU trató de aceptar a la revolución. Fue Castro, con su declarada intención de lograr su destino histórico enfrentándose continuamente a EEUU, quien causó el rompimiento en enero de 1961, y después la acción directa del gobierno americano para derrocar a la revolución. Pero con la elección de Kennedy, los planes para esa acción directa, que culminó en la invasión de Bahía de Cochinos, hasta los planes para derrocar a Castro, cambiaron radicalmente.

 

Kennedy nunca decidió si en verdad quería deshacerse de Castro. Su falta de determinación y su confusión sobre las “raíces” de la revolución, es decir, las causas de los movimientos revolucionarios en el mundo de acuerdo a la izquierda internacional (la pobreza, la ignorancia, la corrupción, la falta de educación, la opresión a las “fuerzas democráticas” por parte de gobiernos autoritarios), nunca permitió una política definida hacia Cuba como brevemente fue por unos meses bajo Eisenhower. Después de la Crisis de Octubre, todo cambió. Los voceros de la administración Kennedy -y después de su muerte en noviembre de 1962, los de la administración de Lyndon Johnson- se cansaron de proclamar por años que no había ningún acuerdo para garantizar (proteger, en realidad) la permanencia de la dictadura castrista en Cuba. Pero de hecho siempre no sólo lo hubo, con la prohibición de ataques de exiliados cubanos contra la isla, ayudados hasta por la Marina británica (a petición pública de Kennedy), adoptados desde diciembre de 1962 hasta la fecha, sino que TODAS las administraciones que sucedieron a la de Kennedy, han respetado los acuerdos entre Kennedy y Khrushchev, fueran los que fueran, ya los explícitos en las cartas intercambiadas por los dos líderes a fines de octubre de 1962, o los acuerdos por escrito adoptados en 1970 por Henry Kissinger y Anatoly Dobrinsky (pero todavía clasificados como secretos oficiales). Los dos firmantes murieron hace décadas, y hasta la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, a nombre de la cual Khrushchev se comprometió a retirar los cohetes de Cuba, desapareció oficialmente en 1991. Legalmente, no hay -ni nunca hubo- ninguna obligación por parte de EEUU de respetar la integridad del régimen cubano. Pero lo han hecho por 51 años, y eso es lo que cuenta.

 

Muchos piensan todavía, a pesar de la evidencia, que fue Lyndon Johnson quien desmanteló la política agresiva contra la dictadura castrista. Es verdad que bajo su administración se terminaron los programas de ayuda a los exiliados cubanos por parte de la CIA, y por una buena razón: Johnson estaba convencido que Castro estaba detrás del asesinato del presidente Kennedy. Por eso hizo todo lo posible porque la Comisión Warren afirmara -antes de la elección de 1964- que Lee Harvey Oswald, y solamente él, había sido el único responsable del asesinato. En lo que fue una obra maestra de la desinformación creada y orquestrada por la KGB, desde el día siguiente de la muerte del presidente se montó una operación masiva para negar que ni Castro ni mucho menos la Unión Soviética, habían tenido absolutamente nada que ver con la muerte de Kennedy. Johnson contribuyó a la desinformación, y para eso presionó a la Comisión Warren a que ignorara y ocultara toda evidencia que remotamente involucrara a Castro o a Khrshchev, a pesar de que Oswald fue agente de la KGB, y existe evidencia definitiva que originalmente fue reclutado para asesenar al presidente. La KGB decidió no proceder debido a la inestabilidad de Oswald, sobre todo después que intentó suicidarse en Moscú en 1961. Dos libros publicados este año deben ser consultados: de Brian Latell, Castro’s Secrets, (Palgrave Macmillan, 2013) y del General rumano Ion Pacepa, Disinformation WND Books, 2013). Probablemente nunca se sabrá quien mató a Kennedy. Pero esto sabemos: Oswald estaba en Dallas el 22 de noviembre y le disparó al presidente. Si hubo otros cómplices, no se conoce, pero probablemente los hubo. Jack Ruby, quien asesinó a Oswald dias después de su captura, era agente de Castro y estuvo en Cuba varias veces antes de noviembre, 1962. Finalmente, Castro sabía que Oswald planeaba matar al presidente y que el intento sería el 22 de noviembre. Todo lo demás son especulaciones.

 

Pero fue durante el último año de la administración de Kennedy, entre noviembre de 1962 y noviembre de 1963, cuando se implantó el cambio de política hacia Cuba. También es verdad que los Kennedy (Robert fue más tenaz y dedicado que su hermano, el presidente, y además, estaba a cargo de la Operación Mongoose) continuaron, durante ese año con los planes para asesinar a Castro.  Pero fue una política de ánimo personal. El odio que los dos hermanos sentían hacia Castro por la “humillación” que habían sufrido (gracias a ellos mismos y sus políticas inefectivas) en Bahía de Cochinos sobre todo, no se extendía, en verdad, a la revolución cubana y su influencia y legado, no sólo en Hispanoamérica, sino en el resto del mundo. 

 

Pocos se han preguntado qué hubiera sucedido en caso que los planes de Mongoose hubieran tenido éxito y Castro hubiera sido físicamente eliminado. Por una buena razón: no había planes de contingencia hacia Cuba en caso de su desaparición. Esto es un hecho cierto y demuestra conclusivamente, por si fuera necesario ofrecer más evidencia al respecto, que la política oficial americana hacia Cuba no era contra la revolución cubana, por lo menos desde el final de la Crisis de los Cohetes.

 

1963

 

El año 1963 trajo cambios radicales en la política bilateral entre Cuba y EEUU. Pero antes de que se implementaran hubo un cambio previo en Fidel Castro. Este hombre, quien nunca ha confiado en nadie, no aceptó de momento las “garantías” conseguidas al régimen cubano por Khrushchev en su acuerdo con Kennedy para proteger a la revolución cubana de agresiones externas. Al contrario, se consideró personalmente traicionado por Khrushchev.16 Tomó dos decisiones que cambiaron su relación con la URSS antes de su visita oficial de cinco semanas al país en abril de 1963.  Primero, ÉL controlaría la relación en lo adelante. Segundo, y mucho más trascendental para el futuro del mundo, ÉL sería el responsable de la subversión mundial. Con la ayuda económica de Rusia, por supuesto, pero las decisiones serían de ÉL nada más, sin importar lo que la URSS quisiera. Así fue por los próximos años. Pero la administración de Kennedy no esperó por Castro: para los Kennedy, él solo representaba un “estorbo” y los planes de Mongoose seguían a toda máquina.

 

Pero no la política oficial de la administración. Después de varios ataques sensacionales por organizaciones de exiliados como Alpha 66 y Comandos L, en las cuales intalaciones en el litoral cubano (Caibarién) y un barco ruso (el Baku) fueron atacados en marzo y los exiliados las anunciaron en conferencias de prensa en Miami, Kennedy se enfureció y su hermano Robert ordenó que 600 agentes del FBI fueran a Miami y en efecto pusieran bajo arresto domiciliario a los principales líderes anticastristas.17 El 30 de marzo, en un anuncio conjunto desde Washington, voceros del Departamento de Estado y Justicia declararon “que tomarían todas las medidas necesarias para asegurarse que la violencia de los exiliados cubanos no emergería desde EEUU”.18 Mucho peor fue el tratamiento al Dr. Miró Cardona, todavía presidente del Consejo Revolucionario Cubano formado por la CIA para “dirigir” la operación de Bahía de Cochinos. Alarmado por el acuerdo entre Kennedy y Khrushchev y su significado práctico, sin importar las protestas del gobierno americano que no había garantías para el régimen castrista (lo que ya casi nadie creía), Miró viajó a Washington en abril para entrevistarse con Kennedy y conocer la verdad sobre el acuerdo. Kennedy se negó a recibirlo y se lo pasó a su hermano Robert, quien lo trató irrespetuosamente y con cierta burla presionó a Miró para que dijera cuánta ayuda económica necesitaba el Consejo para continuar sus actividades para derrocar al régimen cubano (sabiendo bien que sólo quedaban las operaciones que él mismo dirigía bajo Mongoose). Robert Kennedy se lo pasó al funcionario del Departamento de Estado Robert Hurwitch, quien lo siguió presionando sobre cuánto dinero requería el Consejo. Exasperado, Miró mencionó la cantidad de $50 millones, lo que le pareció ridículamente poco a Hurwitch. De ahí pasó Miró a reunirse con el asesor presidencial Richard Goodwin, quien lo presionó sobre su ideología. ¿Era Miró un demócrata de izquierda o más de derecha? Nada resultó de estas reuniones excepto que en el New York Times apareció un reportaje varios días después acusando a Miró de exigir (léase a manera de chantaje) $50 millones a cambio de no renunciar.

 

Esto, sin duda alguna, era lo que buscaba la administración. Es decir, desacreditar a Miró, quien de hecho se vio obligado a renunciar dias después explicando sus razones públicamente. Pero no antes que Hurwitch lo amenazara con que su renuncia resultaría en que ningún líder exiliado jamás sería permitido en el Departamento de Estado, porque esas acciones (de renunciar y explicar sus razones) eran “traicioneras”19 Sin embargo, Operación Mongoose seguía adelante, al igual que otras acciones “agresivas” contra Cuba de parte de la administración. Por ejemplo, en junio, Kennedy aprobó un plan de la CIA para continuar el apoyo a grupos de exiliados en algunos selectos ataques a facilidades de transporte, plantas energéticas y refinerías, pero todo diseñado para “ser menos ruidosas”. Exactamente el mismo criterio utilizado por Kennedy para cambiar el lugar del desembarco de la Brigada 2506 de Casilda/Trinidad a Bahía de Cochinos. Como de costumbre, medidas a medias que tenían poca eficacia. Y en julio, el gobierno americano congeló todos los activos de Cuba en EEUU indefinidamente.  La apariencia -siempre tan importante para los Kennedy- era mostrar que EEUU seguía tratando, aunque por otros medios, de lograr un cambio de régimen en la isla.

 

El regreso triunfal de Castro a Cuba en junio lo cambió todo otra vez. Pero antes de describir ese cambio, se debe mencionar que el 22 de abril, poco antes de su salida a Moscú, los primeros rumores de un acercamiento entre Cuba y EEUU comenzaron a surgir.  Más que rumores, en realidad, pues la reportera de la cadena noticiosa ABC, Liza Howard, entrevistó a Castro por cinco horas. A su regreso a EEUU, en un reporte a la CIA, Howard informó que Castro estaba buscando un arreglo con EEUU.20 Los reportes y rumores sobre un arreglo continuaron a través del año, culminando en noviembre, cuando días antes de morir asesinado en Dallas, Kennedy, después de una larga entrevista con el periodista francés Jean Daniel, quien continuaría rumbo a Cuba para entrevistar a Castro, le pidió a Daniel que le informara al líder cubano que EEUU estaba dispuesto a negociar la restauración de las relaciones diplomáticas entre ambos países y a eliminar el embargo económico.21 Mas el 7 de septiembre, en otra entrevista con el periodista de Prensa Asociada Daniel Harker, Castro indicó que sabía de los planes de asesinato de la CIA en su contra, y veladamente agregó que líderes americanos no debían sentirse seguros.22

 

Pero el hecho es que al regreso de la URSS Castro comenzó su proyecto de subvertir el hemisferio en grande. Primero, fueron enviados a Rusia miles de cubanos, encabezados por Ramiro Valdes, primer jefe del G-2 (luego el Dirección General de Inteligencia -la notoria DGI, dirigida por Manuel Piñeiro “Barbaroja”, cuando Valdes pasó a ser Ministro del Interior) para ser entrenados por la KGB en Moscú.23 Más tarde, los primeros campos de entrenamiento de guerrilleros y terroristas fueron establecidos en varios lugares en Cuba, además de uno enorme en Argelia, donde se entrenaron los primeros terroristas del Movimiento de Liberación de Palestina, incluyendo a Yasser Arafat y Nelson Mandela.24 Entre fines de 1963 y fines de 1965 la primera embestida sería contra Venezuela, Colombia, y finalmente, en una demostración de osadía extraordinaria, Cuba trataría de apoderarse de República Dominicana mediante un atrevido levantamiento militar y una verdadera insurrección planeada por Castro y llevada a cabo por sus agentes en Dominicana, comenzando el 24 de abril. Esta “revolución” dominicana a los pocos días causaría la intervención de tropas americanas en el país, lo único que evitó la segunda Cuba en el Caribe.  

 

Durante el año 1964, Castro envió varios mensajes de “reconciliación’ al nuevo presidente de EEUU Lyndon Johnson, el primero el 12 de febrero mediante la mencionada periodista Liza Howard de ABC News, quien lo entrevistó otra vez en La Habana. Castro mencionó varios detalles sobre la oferta de Kennedy, a través de Howard, el 22 de abril de 1963, y renovó sus intenciones de proseguir negociando con Johnson.25 El 6 de julio, en otra entrevista con el reportero del New York Times Richard Eder, Castro ofreció a EEUU cesar la ayuda material (armamentos) a movimientos guerrilleros en Latinoamérica y liberar a los presos políticos en Cuba. Pero el Departamento de Estado de inmediato rechazó la oferta señalando que Cuba primero tenía que renunciar a su “dependencia” de los soviéticos y parar la subversión en Latinoamérica (lo cual Castro acababa de ofrecer).26

 

Pero todo esto era un elaborado minuet entre los dos países. El hecho cierto es que Johnson, convencido de que Castro y sus servicios de inteligencia habían sido responsables por el asesinato de Kennedy, y temiendo por su propia vida, drásticamente cortó toda la ayuda de EEUU a los grupos anticastristas del exilio cubano. La CIA siguió, hasta mediados de 1965, ofreciendo alguna ayuda económica y pequeñas cantidades de armas de remanentes en su presupuesto secreto y quizás mediante algunos agentes amigos de los exiliados. Pero en 1965, toda la ayuda terminó y las restricciones contra ataques anticastristas provenientes de Miami fueron implementadas rigurosamente por el Servicio de Guardacostas americano y la Marina británica. Para terminar el año, el 14 de octubre Nikita Khrushchev fue destituido de su puesto como primer secretario del partido comunista de la URSS. Castro probablemente celebró el hecho en La Habana.

 

1965 y la revolución domincana

 

En lo que resta de este trabajo, que son más de cuatro décadas, solamente se mencionarán las ocurrencias más importantes en las relaciones entre los dos países. Pero antes de continuar, quiero mencionar brevemente la revolución dominicana de 1965, por la importancia que tuvo la operación, aunque fracasada, debido a la intervención americana.  A pesar de las afirmaciones de muchos escritores muy conocidos como Tad Szulc y Theodore Draper, y de los reportajes de la prensa izquierdista, como el New York Times, The Nation y The New Republic, el hecho cierto, más allá de toda duda, es que Cuba minuciosamente planeó, financió y proporcionó muchos agentes que directamente intervinieron en las operaciones subversivas y en la insurrección en Santo Domingo.27 

 

Además, otra vez por coincidencia, mi padre estuvo indirectamente involucrado en lo que sucedió. Entre la elección de Juan Bosch como presidente en diciembre de 1962 (cuando recibió el 62% de los votos en la primera elección libre en República Dominicana), su derrocamiento siete meses más tarde, y la revolución en abril de 1965, la cual derrocó a una junta civil presidida por Donald Reid Cabral, mi padre estuvo a punto de montar -dos veces- una fábrica de cigarros en Santo Domingo; la segunda vez en sociedad con la compañía americana Gulf and Western, dueña del ingenio azucarero más grande del mundo en La Romana, cuyo presidente era el íntimo amigo de mi padre Teobaldo Rosell. Rosell, nombrado presidente y administrador del ingenio a fines de 1964, se convirtió en uno de los hombres más importantes del país debido a su posición en el ingenio. Suprimió enérgicamente, con ayuda de la policía local, a grupos comunistas en La Romana, y por eso se ganó el odio de los comunistas, a pesar de lo mucho que ayudó al pueblo de La Romana. Mis padres, quienes se habían mudado a San Juan, Puerto Rico en el verano de 1964, seguían muy de cerca la situación en el país, y mi padre viajaba a Santo Domingo constantemente para finalizar el negocio de la fábrica (el cual, por segunda vez, se vino abajo por los problemas políticos en el país, gracias a Cuba).

 

Cuando la revolución estalló en abril de 1965 los comunistas fueron directamente a matar a Rosell al ingenio, pero éste había escapado horas antes al Hotel Embajador en la capital, donde se congregaron muchos extranjeros y americanos; al poco tiempo fue evacuado a San Juan. Los relatos de ambos no dejan duda, primero de la enorme infiltración comunista en el gobierno de Juan Bosch (quien no era comunista, pero sí pertenecía al grupo de la llamada Izquierda Democrática de Hispanoamérica, junto con Rómulo Betancourt de Venezuela, José Figueres de Costa Rica, Luis Muñóz Marín, gobernador de Puerto Rico y Teodoro Moscoso, director de la Alianza para el Progreso, entre otros), el cual no sólo permitió esta penetración abierta, sino que por su ineptitud y complicidad con algunos simpatizantes de Cuba en su gobierno (el ministro de industria y comercio Diego Bordas y el fiscal general Luis Moreno Martínez, entre otros), hundió al país económicamente en sólo meses.

 

Una de sus prioridades fue organizar unas milicias paramilitares al estilo de las cubanas, de 17,000 hombres, muchos de los cuales tomaron parte en la revolución de 1965. En segundo lugar, mi padre y Rosell vieron de muy cerca cómo los cubanos infiltrados en Santo Domingo, operando conjuntamente con la Agrupación Política 14 de Junio, dominada por los comunistas dominicanos y controlada por Cuba, estuvieron cerca de apoderarse del país. Lidereados por el Coronel Francisco Caamaño, un oportunista que luego se convirtió en comunista y guerrillero terrorista en las selvas de la frontera Colombia-Venezuela, y por un tiempo vivió en Cuba a todo lujo con su familia (hasta que fue abandonado y descartado por Castro, terminando muerto en otro intento de “invadir” República Dominicana en 1973), la rebelión costó miles de muertos. Pero gracias a la intervención militar americana, no sólo fueron muchos otros miles de civiles, incluyendo americanos y cubano-americanos (quienes se convirtieron, como Rosell, en “blancos” especiales de los comunistas), salvados de una muerte segura, sino que nunca más tuvo Cuba la oportunidad de tomar un país mediante una insurrección (en Hispanoamérica; en África sí lo lograron en Zanzibar en enero de 1964).28

 

Para cerrar 1965, el 3 de octubre, Johnson firmó la primera ley de ajuste cubano (Cuban Patriot Act), modificada en noviembre de 1966 (Cuban Adjustment Act), la que legalizó el status de los cubanos en EEUU y les dio la residencia permanente a todos los que llevaban cinco años en EEUU. Cuba provocó el primero de sus periódicos “éxodos”, el de Camarioca, el 12 de octubre. Eventualmente, más de 7,500 cubanos vinieron a Miami. Fue el precursor del mucho mayor éxodo de Mariel 15 años después. Y el 1° de diciembre, el “puente aéreo” de los “vuelos de la libertad”, comenzó sus vuelos diarios de Varadero o La Habana a Miami. Más de 265,000 cubanos llegaron a EEUU por esa vía hasta que terminaron los vuelos en 1973. Dos nuevos elementos fueron introducidos por Cuba en su “confrontación permanente” con EEUU desde finales de los 60: la emigración en masa de cubanos hacia EEUU y los secuestros de aviones hacia Cuba. Los secuestros de aviones fueron eventualmente controlados, sobre todo cuando los comandos terroristas islámicos entraron a jugar un papel mucho más importante. Pero hay que recordar que muchos de esos comandos fueron entrenados en Cuba, Argelia o la URSS por agentes de Castro, de manera que la mano cubana tuvo una importante presencia.

 

(continuará)


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[1] Ver facsímil de la carta en el apéndice 1 del libro El Ocaso del Régimen que Destruyó a Cuba (Miami, Inter American Institute for Democracy, 2011).  En su megalomanía, Castro le habló de su “destino histórico” a muchos allegados. Uno de ellos, según José Ignacio Rasco, el padre jesuita Alberto Castro Rojas, maestro de Fidel Castro en el colegio de Belén y quien se lo contó en enero de 1959 en el viaje a Venezuela “Confidencialmente, a mí [Castro] Cuba me resulta muy estrecha… Mi aspiración suprema es poder sentarme a gobernar el mundo entero, en una misma mesa con el americano, el ruso y el chino. Yo, como representante del bloque de las naciones iberoamericanas”. Citado en el capítulo escrito por Rasco “Semblanza de Fidel Castro”, Efrén Córdova, ed. 40 Años de Revolución: El Legado de Castro (Miami: Ediciones Universal, 1999) pp. 411-443

2 Entrevista con Carlos Franqui, Puerto Rico, febrero, 2008

3  Jay Mallin, Fortress Cuba (Chicago: Henry Regnery, 1965),  pp. 73-4

4  Paul D. Bethel, The Losers (New Rochelle: Arlington House, 1969), p. 131. Según Bethel, parte del cargamento de armas compradas en Bélgica en febrero de 1959 por el comandante Ricardo Lorié por valor de $ 9 millones, fueron encontradas en una playa de Venezuela en 1963

5  Conversaciones con Diego Trinidad II, 1959-1980; Rufo López Fresquet, My Fourteen Months with Castro (Cleveland: World Publishing, 1966), p. 106

6  Jeffrey Safford, “The Nixon-Castro Meeting of 19 April 1959, Diplomatic History IV (Fall 1980), pp. 426-31

7  David M. Barret, The CIA and Congress: The Untold Story from Truman to Kennedy. (Lawrence :University of Kansas Press, 2005), p. 428

8 Entrevistas con Jorge Sanguinetty, 2007-2010

9 Diego Trinidad II, 1959

10 Entrevistas con Jesús Marzo Fernández, 2007-2010

11 Una semana antes, el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), le había entregado un cheque por

    $559.000 a Diego Trinidad II para comprar tabaco como un adelanto por un acuerdo firmado días antes.

12 Theodore Draper, Castro’s Revolution: Myths and Realities (New York: Praeger, 1961), p.61

13 J. A. Sierra, WWW.History of Cuba.com. Timetable History of Cuba, 1962

14 E. Howard Hunt, American Spy (Hoboken: Wiley, 2007). P. 122. Según Hunt, Manuel Artime, el jefe político de la Brigada, le confió que la bandera era una réplica y que el acto casi no se lleva a cabo debido a la gran animosidad de los brigadistas hacia Kennedy

15 Sierra, op. cit., 1962

16 “Castro se consideró el gran perdedor al final de la Crisis. Sus ideas habían contado para poco. Hasta se enteró de la decisión de retirar los cohetes por el radio y su furia fue tan grande que rompió un espejo y maldijo a Khrushchev y a los rusos por varios minutos, prometiendo su venganza, pues para él, Cuba sólo había sido un peón en la confrontación de superpoderes”. En Cuba se oía rel refrán de “Nikita, mariquita, lo que se da no se quita”. Y Castro decidió que eso no sucedería nunca más. Michael Dobbs, One minute to Midnigt (New York: Vintage Books, 2008), pp.338, 348

17 Bethel, op. cit., p.399

18 Sierra, op. cit., marzo 30, 1963

19 Bethel, op. cit., pp. 399-403. Todo el capítulo 16 de este libro de Bethel, “The Communist Offensive” es muy útil de leer, pue muestra como cambió la política de Kennedy hacia Cuba quizás mejor que ningún otro libro. Como han pasado muchos años, muchos de estos eventos han quedado olvidados; pero sucedieron para vergüenza de EU

20 Sierra, op. cit., abril 22, 1963

21 Ibid, noviembre 17, 1963

22 Ibid, septiembre 7, 1963

23 Christopher Andrew and Vasili Mitrokhin, The World Was Going Our Way (New York: Basic Books, 2005), pp. 46-49

24 En el oeste de Pinar del Río (bajo órdenes del Comandante Derminio Escalona) y las afueras de La Habana. Conversaciones con Juan Benemelis, 2007-2010. De acuerdo con Benemelis, “alrededor de 25.000 personas… entre ellos 10.000 latinoamericanos, recibieron entrenamiento de guerrilla y terrorismo… A finales de 1966, Cuba había establecido [desde 1959]… más de 12 campos internacionales de entrenamiento guerrillero. Juan Benemelis, Las Guerras Secretas de Fidel Castro (Coral Gables: GAD, 2003), pp. 21, 89. Ver también Eugene Pons, Castro and Terrorism 1959-2001: A Chronology (Coral Gables: ICCAS, 2001), pp. 3-4

25 Sierra, op. cit., febrero 12, 1964

26 Ibid, julio 6, 1964

27 Ver el capítulo 16, “Santo Domingo – A Case Study” Bethel, op. cit., pp. 433-488. Paul Bethel estuvo presente en República Dominicana durante todo el proceso de la insurrección, viajando por el interior del país, así como por toda la capital, incluyendo el barrio Pueblo Nuevo, donde se concentraron los insurgentes, para una excelente descripción de los hechos. Ver también Enrique Ros, Castro y las Guerrillas en Latinoamérica (Miami: Ediciones Universal, 2001), p.2

28 Según Juan Benemelis, quien estaba presente. Benemelis, 2010