Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Diego Trinidad, PhD, Miami

 

 

                               

 

 

                                

 

LA VISITA DEL PAPA: AGREGANDO INJURIA AL INSULTO

 

Bueno. El Papa fue -y se fue. Lo recibió en Cuba el “presidente” designado por su hermano mayor, Raúl Castro, con un discurso digno de los peores momentos de la guerra fría. El Papa respondió con inocuas y débiles palabras pidiendo la “reconciliación”. 

 

Al Papa lo acompañó una bien surtida delegación de “peregrinos” de Miami, quienes parecían querer llevar la “esperanza” y el “cambio” a Cuba. Si, casi seguro que buena parte de la delegación votó por la “esperanza” y el “cambio” en las elecciones presidenciales de Estados Unidos en el 2008 también. Pero ni aquí se han cumplido esas promesas ni allá se cumplirán.  

 

¿Entonces cual fue la puntuación final de esta nueva gran farsa, de este último cruel engaño al pobre pueblo de Cuba?

 

El régimen cubano ganó por 8 puntos a 2 para la Iglesia Católica cubana. El pueblo de Cuba se anotó cero puntos. El Exilio Histórico obtuvo un cero negativo y se cubrió de deshonra -una vez más, tristemente mal representado por los 800 “peregrinos” que le hicieron el macabro coro a Raúl Castro y su octogenaria compañía. 

 

El régimen ganó porque Cuba fue centro de atracción mundial efímera por tres días (claro, no tanto, principalmente en la cobertura de medios hispanos como Univisión y Telemando, más algunas estaciones de TV locales de Miami. En el resto del país, esos tres días fueron dedicados a la cobertura de algo verdaderamente importante para EEUU, los argumentos orales ante la Corte Suprema sobre la Ley de Salud del 2009). 

 

Pero también ganó, porque se le mostró al “mundo” que se interesó en el ridículo espectáculo, un país aparentemente “normal” y tranquilo, con misas, donde hubo una numerosa asistencia de gente que parecía contenta y con mínimas protestas o demostraciones de oposición a lo que estaba sucediendo. 

 

Quizás un país donde la inversión extranjera sería una buena idea. Quizás inclusive un país donde algunos “mercachifles” de Miami, como los bautizó hace años el escritor cubanoamericano Roberto Luque Escalona, pudieran crear instituciones financieras para “ayudar” al pueblo cubano (nunca, ¡horror de horrores!, para llenarse los bolsillos ellos). Pero no, creo que hasta ese punto no llegó el entusiasmo, aunque ¿quién sabe? Si las inversiones vinieran de Hialeah, eso sería otra cosa. 

 

La Iglesia ganó quizás la posibilidad de que algunas escuelas católicas sean abiertas en el futuro. Los dos puntos son otorgados meramente por esa “posibilidad”, como si fuera eso tan importante. De momento, ya este año el próximo viernes, Viernes Santo, será feriado, por decisión de Raúl Castro, respondiendo al pedido de Benedicto XVI.

 

Detrás del telón, por supuesto, otros gallos cantaban. Arrestos de cientos de opositores (perdón, de disidentes, como ellos insisten en llamarse), represión de las Damas de Blanco, a quienes no les fue permitido asistir a las misas, desactivación de miles de teléfonos celulares para que los que quisieran protestar ni se pudieran comunicar entre ellos, y algunas golpizas y abusos de los poquísimos que se atrevieron a levantar sus voces. 

 

Por supuesto, la enorme mayoría de los que asistieron, vestidos casi todos de blanco para engañar a los incautos y que los confundieran con las Damas, fueron gente obligados por el régimen a asistir, con días libres de trabajo y transporte público proporcionado por el gobierno -en Cuba no hay suficientes automóviles privados para llevar tanta gente a las misas en Santiago y en la Plaza Cívica de La Habana (así es como se llamaba y debería llamarse, no Plaza de la Revolución).

 

Se vieron algunos momentos notables, sobre todo las palabras pronunciadas en Santiago por el Arzobispo Dionisio García, quien ni siquiera le estrechó la mano a Raúl Castro al despedirse el Papa el miércoles. 

 

Las esperadas palabras del Papa, en Santiago y en La Habana, todavía se esperan. Quizás lleguen traídas por blancas palomas mensajeras de la Paz que salieron de Roma un poco tarde y no saben que ya el Papa regresó. Pero bueno, lo que cuenta es la buena intención ¿no? 

 

Mas no nos desanimemos. Ya verán como en los próximos días, los “peregrinos” nos cantarán alabanzas de las maravillas que vieron en un pueblo cubano que ya no tiene miedo (¿será que las palabras de Juan Pablo II hace 14 años por fín han surtido efecto?), de la gran alegría -y esperanza- que vieron en los ojos de sus hermanos de allá.

 

Efectivamente, ya se publicaron las declaraciones del Obispo de Miami Thomas Wenski: “una maravillosa peregrinación, una preciosa experiencia”. Boletín: Todavía falta saber que dirán otros muchos ilustres peregrinos. Esperamos con ansiedad sus alabanzas al viaje. Esa misma esperanza que muy pronto se verá burlada -una vez más.

 

¿Y que me dicen de las palabras de Raúl Castro en el aeropuerto al despedir al Papa?  Una y otra vez repitió sus grandes esfuerzos de lograr un acercamiento con la “Emigración Cubana en el Extranjero”. Así nos llama ahora, sin duda una mejora de nuestro antiguo nombre de la Mafia de Miami.

 

¿Qué más podría hacer el pobre liderzuelo?  Bueno, puede responder al Papa y a su llamado a una reconciliación de todos los cubanos, con un anuncio muy claro, que ya de hecho lo hizo uno de sus más encumbrados funcionarios: en Cuba no habrá ningún cambio político.

 

Ese es el resultado final del viaje del Papa, quien no tenía tiempo en su ocupadísimo itinerario de darles ni siquiera el miserable minuto que las Damas de Blanco le pidieron, mucho menos de reunirse con ninguna figura de la disidencia. 

 

Pero eso si, tiempo hubo para recibir a la casi momia viviente que es Fidel Castro, con su señora esposa y algunos de sus hijos. Por lo menos el Papa no parece haberle dado la comunión, como se rumoraba antes del viaje. 

 

Además, muchos dirán, el Papa no visitó a Castro en su casa, solo lo recibió en la Nunciatura. Pero ¿por qué? Ya el hombre no es jefe de estado. 

 

¿Será por caridad?  Quizás, pero esa fue la injuria final añadida al insulto, a la burla, a la gran farsa que fue este esperado viaje del Papa a Cuba. 

 

En fin, efectivamente no habrá cambios. 

 

Ni cambios políticos en Cuba, ni tampoco ninguna clase de cambios en las relaciones con Cuba. 

 

Una pérdida de tiempo colosal.