Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Diego Trinidad, PhD, Miami

 

 

                               

 

 

                                

 

La verdadera “conexión rusa”: el Partido Demócrata

 

Desde el verano pasado, mucho antes de que Donald Trump fuera siquiera nominado como candidato presidencial por el Partido Republicano, comenzaron los rumores, falsos reportajes y mentiras descaradas sobre una posible “conexión” entre el equipo de campaña del candidato Trump y el gobierno ruso.

 

Más tarde, algunas semanas antes de la elección presidencial en noviembre, los “reportajes”, cada vez más sensacionalistas (pero sin un ápice de evidencia) ya no eran sobre una posible “conexión”, sino sobre una complicidad real entre algunos miembros de la campaña (específicamente Paul Manafort, quien fue Jefe de la Campaña por unas semanas antes y poco después de la nominación de Trump) y el gobierno del Presidente (pero dictador en toda la extensión de la palabra) ruso Vladimir Putin para elegir a Donald Trump como Presidente de EEUU. En efecto, una conspiración rusa para subvertir la elección americana.

 

El hecho de que ni entonces ni después (hasta ahora) haya existido evidencia alguna de tal complicidad, mucho menos de una conspiración al respecto, no fue obstáculo para que los medios de (des)información continuaran sin pausa en su frenético esfuerzo para “probar” tal conspiración. Y así estuvimos hasta que el ex director del FBI James Comey testificara ante un Comité investigativo del congreso.

 

Aunque casi todo el Partido Demócrata y los medios noticiosos, y TODA la Izquierda Eterna esperaba ansiosamente que Comey “revelara” tal complicidad y conspiración, incluyendo la posibilidad de que el Presidente Trump hubiera tratado de intervenir en la investigación del FBI (y por consiguiente sería culpable de obstruir la justicia, un delito merecedor de un enjuiciamiento y destitución) las probabilidades en contra de que esto sucediera eran enormes.

 

¿Por qué? Porque no solamente Comey había testificado varias veces bajo juramento que ni Trump ni nadie lo presionó en ningún momento en su investigación de alguna conexión rusa, sino también lo habían hecho el Director interino del FBI McCabel, varios líderes congresionales, incluyendo la influyente Senadora Demócrata Diane Feinstein de California, miembro más antigua del Comité de Inteligencia del Senado, y los ex dirigentes de las dos más prominentes agencias de inteligencia federales, Brennan (de la CIA) y Clapper (Director de Inteligencia Nacional). 

 

Los dos negaron varias veces que se hubiera encontrado evidencia alguna de complicidad entre la campaña de Trump y Rusia. Sin embargo, ambos son sospechosos de haber filtrado información confidencial y clasificada a los medios informativos, como lo hicieron los ex asesores de Seguridad Nacional del Presidente Obama, Susan Rice y Ben Rhodes.

 

Comey finalmente testificó el jueves 8 de junio ante el Comité de Inteligencia del Senado. Ninguna revelación dañina contra el Presidente. Otra vez repitió que Trump no estaba, ni nunca había estado, bajo investigación por NADA, incluyendo sus relaciones con Rusia.  Dijo que -en su interpretación- Trump le había ordenado abandonar la investigación al General Flynn (días después de Flynn ser despedido). Pero según el ex director del FBI, las palabras de Trump fueron expresando su esperanza de que Comey decidiera cerrar la investigación a Flynn porque era un buen hombre (casi sus mismas palabras diciendo que no se debía continuar la investigación a Hillary Clinton porque los Clinton “habían sufrido suficiente y eran buenas personas”). Comey fue obligado a admitir que expresar esperanzas de algo no era base para obstruir la justicia y que había sido su interpretación, pero que Trump nunca le había ordenado cerrar la investigación.

 

Sin embargo, SÍ reveló algo muy importante: que había sido él mismo quien filtrara el contenido de un memorándum que supuestamente escribió después de su conversación -a solas- con Trump en enero pasado. La filtración fue a través de un profesor amigo suyo, quien a su vez pasó la información a un periodista del New York Times. También reveló que la ex Fiscal General Loretta Lynch le había ordenado NO  decir que Hillary Clinton estaba bajo investigación, lo que posiblemente SÍ constituye el delito de obstrucción de justicia.

 

Trump dijo después del testimonio de Comey, quien lució vacilante y hasta se puede decir que mostró cobardía, que había sido completamente exonerado. Pero, ¿lo fue? No necesariamente. Además, su enorme imprudencia al insistir en hablar con Comey a solas simplemente dio lugar a sospechas innecesarias de que algo perjudicial había transcurrido en esa entrevista.  Es una situación en que cada uno acusa al otro de mentir - y no hay testigos.

 

Claro que fue mucho peor la entrevista que duró 30 minutos, -en privado igualmente- del ex Presidente Clinton con la Fiscal General Lynch (nombrada fiscal federal por él en 1996), en momentos en que su esposa Hillary, candidata presidencial Demócrata, estaba sometida a una investigación criminal.  Pero, naturalmente, a eso los medios noticiosos no le dan importancia.

 

De manera que los Demócratas NO abandonarán la “narrativa” de una conspiración entre Trump y Rusia y habrá que esperar a la próxima elección para que los votantes decidan quién fue culpable de qué. El abogado personal de Trump además anunció que el lunes 12 presentaría una queja oficial ante el Departamento de Justicia contra Comey por haber revelado asuntos privilegiados y quizás violado alguna ley federal en el proceso. Una comunicación oficial también será enviada al Congreso para que investigue posibles violaciones de la ley. Esto no ha terminado.

 

Pero en verdad, hay un punto mucho más importante sobre todo este asunto que ha sido ignorado por casi todos. Si desde el verano pasado se sabía -y se había admitido públicamente muchas veces por muchos oficiales de la previa administración- que el gobierno ruso estaba tratando de influenciar la elección por medio de intervenciones electrónicas (hacking) sobre todo en computadoras del Comité del Partido Demócrata, ¿por qué la administración del Presidente Obama no hizo NADA al respecto? ¿Por qué no se tomaron medidas contra el gobierno ruso en ningún momento? ¿Por qué la administración simplemente se limitó a protestar sobre tales actividades del gobierno ruso y no tomó represalias? Sobre todo cuando altos oficiales como el Asistente de la Asesora de Seguridad Nacional Ben Rhodes se jactó varias veces en público de que las agencias de inteligencia americanas tenían la capacidad de evitar estas intervenciones electrónicas rusas y hasta de devastar los medios rusos de estas actividades.

 

¿Por qué se ha ignorado esto hasta ahora y se sigue ignorando? Esa parece ser la verdadera conspiración de silencio. Pero casi nadie ni siquiera lo sabe, porque los medios informativos NO LO REPORTAN.

 

Pero vamos ahora al tema central de este ensayo. Porque SÍ ha existido una conexión muy directa y muy verdadera entre el Partido Demócrata y Rusia.

 

Es más, la conexión diplomática entre EEUU y la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) nació bajo la administración del Presidente Demócrata Franklin Roosevelt pocos meses después de ser elegido Presidente en 1932. Fue bajo las órdenes del Presidente Roosevelt que por primera vez EEUU reconoció diplomáticamente a la URSS y se establecieron relaciones diplomáticas entre las dos naciones.

 

Ni siquiera el fatídico Presidente Demócrata Woodrow Wilson, quien innecesariamente (aunque el Congreso declaró la guerra casi unánimemente) provocó la entrada de EEUU en la Primera Guerra Mundial debido a su megalomanía y sus torpes políticas intervencionistas (nunca olvidemos que la razón de ser de la entrada de EEUU en el conflicto mundial, de acuerdo con Wilson, fue “por salvar al mundo para la Democracia”), reconoció a la URSS.  No solo eso, Wilson, aunque era un convencido progresista y un hombre de la extrema izquierda, era también, extrañamente, muy anticomunista.  De hecho, fuerzas militares americanas intervinieron en la Guerra Civil que se desató en Rusia después de la revolución bolchevique de 1917, aunque con pocas consecuencias.

 

¿Por qué el Presidente Roosevelt inició relaciones diplomáticas con la URSS en 1933? No hay evidencia -en  aquel entonces- de ningún motivo ulterior por parte del Presidente Roosevelt. Franklin Roosevelt era un hombre de la izquierda, pero más bien algo progresista cuando llegó a la presidencia (menos que Wilson, en cuya administración trabajó como Asistente del Secretario de la Marina).  No era (ni nunca en realidad fue) un ideólogo. Nunca estuvo interesado particularmente en ideas políticas. Tampoco era un hombre de principios. Nadie lo puede acusar de haber sido un inocente. Entonces parece extraño que en varias ocasiones expresara simpatías por el sistema de la URSS, considerándolo algo benigno para la sociedad rusa y posiblemente beneficioso porque el comunismo, después de todo, era “igualitario”. Pero SÍ era un gran político, y como tal, su interés siempre fue en avanzar la influencia y el poder del Partido demócrata.

 

En 1933, muchos pensaban que en medio de la Gran Depresión de los años 1930s era una buena idea comerciar con la URSS. Muchos veían en la vasta Rusia un gran mercado para la deprimida industria Americana. Claro que para comerciar no hay que tener relaciones diplomáticas, pero la verdad es que pocos criticaron la medida entonces. De todas maneras, la prevista bonanza comercial con la URSS nunca se materializó. La ley arancelaria Smoot-Hawley era un gran obstáculo contra las importaciones rusas y la URSS no tenía mucho que EEUU necesitara. Además, la URSS no tenía dinero para importar mucha mercancía americana. Pero ES un hecho que fue bajo la presidencia de un Demócrata que primero hubo una conexión real entre las dos naciones.

 

Sin embargo, esto se puede considerar algo casi incidental. Excepto por lo que vino después -muy poco después. Porque con el establecimiento de las relaciones diplomáticas llegaron los espías. Esos espías, que al principio fueron pocos, se multiplicaron en los años siguientes, y con la Segunda Guerra Mundial (SGM), especialmente desde que Alemania invadió a su aliada URSS en junio de 1941, la penetración comunista en la administración de Roosevelt fue algo impresionante. Cuando EEUU entró en la SGM luego del ataque de Japón a Pearl Harbor en diciembre de 1941, la URSS, Gran Bretaña y EEUU por supuesto se convirtieron en aliados contra el Eje de Alemania, Italia y Japón.  Entonces los espías comunistas actuaron con impunidad y llegaron a las más altas posiciones en la administración.

 

No quiero extenderme sobre esto. La documentación es tan vasta que NADIE puede negarla. Seré breve, pero para los que quieran enterarse más a fondo, recomiendo que lean mi ensayo El día que Stalin perdió la Casa Blanca. Lo pueden leer en mi libro La Izquierda Eterna (disponible en Amazon.com). Pero con gusto se lo mando a cualquier interesado por email.

 

El punto es que, especialmente desde que el proyecto conocido como Venona (una operación de agencias de inteligencia del Ejército de EEUU del 1943 hasta 1980 que logró interceptar y descifrar más de 3,000 mensajes de agencias de inteligencia rusas [GRU, NKVD] a sus espías en EEUU) se hizo público en 1995, se sabe ahora -DE HECHO- sin lugar a ninguna duda, que miles y miles de espías comunistas penetraron los más altos niveles de las administraciones de Roosevelt, Truman,  Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford y Carter. Admitidamente, fue en los años de Roosevelt cuando se logró la mayor y más importante penetración comunista en Washington, pero, esto no paró básicamente, y aunque a mucha menor escala, continuó hasta el final de la administración del Presidente Carter en 1981.

 

Para que se tenga una mínima idea, nombraré a los más importantes espías/agentes comunistas en las administraciones de los Presidentes Roosevelt y Harry Truman. Todos fueron muy importantes, pero en mi opinión, el principal fue Harry Hopkins, el confidente principal del Presidente Roosevelt. Nadie ejerció mayor influencia sobre Roosevelt. Hopkins tuvo varias posiciones, pero extraoficialmente manejó íntimamente las relaciones con Stalin a un nivel altamente personal. Hopkins NO fue nombrado como espía/agente en las transcripciones VENONA, excepto tangencialmente. Un altísimo oficial de la KGB, Iskhak Akhmerov, (fue el Rezident ilegal de la KGB en Washington por años, el hombre que controlaba a todos los espías comunistas en EEUU) identificó a Hopkins como “fuente 19” varias veces, pero no hay evidencia definitiva. Es más, algunos piensan que la “fuente 19” no fue Hopkins ¡sino el mismo Vicepresidente de EEUU Henry Wallace!

 

En mi opinión, Hopkins SÍ fue un agente ruso, pero aunque no lo fuera ni se pueda probar, fue un “tonto útil” (frase de Stalin para describir a los “compañeros de viaje” que simpatizaban abiertamente con la URSS y colaboraron mucho para ayudar a la URSS antes, durante y después de la SGM) que tomó decisiones cruciales a favor de Stalin y de la URSS durante la Guerra. Por ejemplo, intervino personalmente para que una importante transferencia de uranio americano fuera aprobada por el Departamento de Comercio y se enviara a Rusia. El mismo General Leslie Grove, a cargo del Proyecto Manhattan (Bomba Atómica) escribió que Hopkins ayudó a los soviéticos contra los intereses de EEUU. En otros casos, reveló secretos militares al Comisario de Asuntos Externos (Ministro) soviético V. Molotov (sobre la invasión de Normandía) y continuamente actuó de una forma beneficiosa hacia la URSS. 

 

Muchos en la Izquierda lo excusan como un mero inocente, como un hombre bien intencionado que solo ayudaba a los aliados rusos y cumplía la voluntad del Presidente.  Quizás, pero fue demasiado lo que hizo por la URSS y por Stalin. Dos de los autores de uno de los mejores libros sobre VENONA concuerdan conmigo sobre Hopkins. Esto es lo que dicen: “Venona ha mostrado conclusivamente que el oficial de más alto nivel en el gobierno americano trabajando para la Inteligencia soviética fue Harry Hopkins, el íntimo amigo y consejero de Roosevelt”. (The Venona Secrets, pg. 449, citado más adelante).

 

Ya he mencionado al Vicepresidente Wallace anteriormente (es la figura principal en mi ensayo El Día que Stalin perdió la Casa Blanca). La actuación procomunista de Wallace es extensa, sobre todo a favor de los comunistas chinos liderados por Mao Zedong. Aún cuando no se pueda probar que fue agente, mucho menos espía (aunque existe alguna evidencia en VENONA), lo que SÍ se puede probar son sus intenciones porque así lo dejó escrito.

 

Wallace era el Vicepresidente hasta que Roosevelt decidió dejarlo fuera en la elección de 1944 y substituirlo por el Senador de Missouri Harry Truman. Pero de haber sido Presidente, Wallace escribió que hubiera nombrado Secretario de Estado a Lawrence Duggan (más sobre él en breve), como Secretario del Tesoro a Harry Dexter White (también más sobre él en breve), y como su Jefe de Despacho a Harry Hopkins. Tanto Duggan como White fueron definitivamente identificados como espías soviéticos en VENONA, y Hopkins, con su trayectoria procomunista sino algo peor, hubiera seguido haciendo daño. 

 

Una vez más, para mí eso es suficiente culpabilidad del Vicepresidente Demócrata de EEUU como procomunista. Los autores Christopher Andrew y Vasily Mitrokhin, quienes escribieron dos grandes libros sobre el espionaje soviético hace algunos años, concluyen lo siguiente sobre Wallace en uno de esos libros, The Sword and the Shield: “El hecho que Roosevelt […] reemplazara a Wallace con Harry Truman como Vicepresidente en 1944 privó a la Inteligencia Soviética de lo que hubiera sido su éxito más espectacular en la penetración de un gobierno Occidental” (páginas 109-110)

 

Lawrence Duggan fue Subsecretario de Estado encargado de Asuntos Hispanoamericanos durante toda la SGM. La evidencia en su contra era tan abrumadora que diez días después de ser entrevistado por agentes del FBI se suicidó lanzándose por una ventana del edificio de oficinas donde trabajaba en New York.

 

Harry Dexter White fue mucho peor. Principal asistente del Secretario del Tesoro Harry Morgenthau, White también fue definitivamente identificado como espía en VENONA.  Su influencia fue enorme durante la Guerra. Por ejemplo, fue el autor del Plan para “Pastorizar” a Alemania después de su derrota. El Plan contemplaba desmembrar a Alemania en cinco partes y despojarla de toda su industria para que nunca más pudiera guerrear contra nadie. Mongenthau lo aprobó -y Roosevelt también, contra las vehementes protestas de Winston Churchill. Roosevelt amenazó a Churchill de no aprobar préstamos por billones de dólares si no apoyaba el Plan Morgenthau. Solo la muerte de Roosevelt evitó que el plan fuera implementado al final de la SGM.

 

White representó a EEUU en la crucial Conferencia de Bretton Woods en julio de 1944 (ya bajo la Presidencia de Truman) y terminó siendo el arquitecto principal de la política económica americana de la postguerra, imponiendo sus criterios hasta sobre los del gran economista John Maynard Keynes, quien representó a Gran Bretaña en Bretton Woods. Finalmente, hay alguna evidencia de que White le pasó los moldes de billetes de 100 dólares del Departamento del Tesoro a espías soviéticos durante la Guerra. Las consecuencias de esto pueden haber sido incalculables.

 

Solo mencionaré a dos más, y quizás algún día decida escribir sobre la Operación Venona -vale la pena pues es muy desconocida entre lectores hispanos, y hasta muchos cubanos anticomunistas ignoran lo que fue. Pero mientras escribo sobre el asunto, los interesados pueden leer los dos libros sobre VENONA: Venona: Decoding Soviet Espionage in America, de John Earl Haynes y Harvey Klehr; y The Venona Secrets: Exposing Soviet Espionage and America’s Traitors, de Herbert Romerstein y Eric Breindel. Uno de esos traidores mencionados fue muy famoso (infame sería una mejor descripción): Alger Hiss. El otro fue menos conocido, Lauchlin Currie.

 

El caso de Hiss hizo famoso a un entonces casi desconocido congresista Republicano de California, Richard Nixon. El caso de Hiss, en una memorable descripción del gran escritor inglés Alistair Cook, “definió a una generación” en EEUU.  Porque el Estatuto de Limitaciones se había vencido (Ley que evita enjuiciar a nadie por muchos crímenes después de cinco años), Hiss solo pudo ser acusado, procesado y convicto por perjurio.

 

Pero VENONA lo identificó como espía, al igual que los archivos de la KGB cuando se abrieron brevemente en Moscú a fines de los 1990s. Tanto el Secretario de Estado Dean Acheson como el Presidente Harry Truman lo defendieron siempre, aún después de ser condenado. Otra mancha para el Partido Demócrata en sus relaciones con Rusia. ¡Eso SÍ fue una conexión!

 

Lauchlin Currie, nacido en Canadá, fue Jefe de Despacho del Presidente Roosevelt y uno de sus principales asesores económicos. Aunque fue claramente identificado en VENONA como espía,  terminó su vida en Colombia, donde fue enviado como Delegado del Banco Mundial entre 1949 y 1953. Murió en su cama sin nunca afrontar consecuencias por su traición.

 

VENONA produjo otros resultados importantísimos, como la confirmación de los así llamados “espías atómicos”, Klaus Fuchs, el matrimonio de Jules y Ethel Rosenberg (quienes fueron ejecutados por espionaje en 1953), David Greenglass, y el más importante, Theodore Hall. Todos ellos y otros más durante años pasaron secretos del Proyecto Manhattan a espías soviéticos y ayudaron a que la URSS produjera su primera bomba atómica en 1949, mucho antes de lo que científicos americanos estimaban.

 

Igualmente, las intercepciones de VENONA confirmaron lo mucho que el  grupo de espías británicos conocido como los “Cinco de Cambridge” (Donald Maclean, Guy Burgess, John Cairncross, Anthony Blunt y el más importante y peligroso de todos, Kim Philby, quien además tuvo acceso a algunos de los cables interceptados por  VENONA y fue amigo del legendario Director de Contrainteligencia de la CIA, James Angleton) perjudicó a EEUU y sus aliados. Los secretos que este grupo de espías británicos entregaron a la URSS fueron enormemente valiosos y costaron muchas vidas a los gobiernos aliados. Todo esto bajo las administraciones Demócratas de los Presidentes Franklin D Roosevelt y Harry Truman.

 

Pero quizás la importancia mayor de la Operación Venona fue la confirmación del espionaje comunista en EEUU y la gigantesca escala que la penetración de agentes soviéticos (espías o simpatizantes) alcanzó en los más altos niveles del gobierno americano.

 

No solo fueron nombres, sino descubrimientos, como el hecho que el Director técnico del Proyecto Manhattan para desarrollar la bomba atómica, el brillante físico J. Robert Oppenheimer, colaboró conscientemente con la URSS y facilitó la adquisición de importantes secretos por espías ya infiltrados en el complejo de Los Álamos, New Mexico, donde se realizó la mayor parte del trabajo sobre la bomba atómica. 

 

Igualmente, VENONA reveló la gran infiltración comunista en los medios informativos y el daño que hicieron prominentes periodistas como I. F. Stone, quienes supuestamente reportaban hechos, pero en verdad mayormente diseminaban propaganda comunista, tal como lo hizo el “compañero de viaje” Walter Duranty, periodista del New York Times y ganador del Premio Pulitzer, quien falsifico a propósito sus reportajes sobre la hambruna en Ucrania provocada por Stalin en 1932 para someter al campesinado y para colectivizar la agricultura en todo el país.

 

Finalmente, VENONA reveló la verdad sobre el Partido Comunista de EEUU. Los comunistas americanos, quienes se consideraron por años como verdaderos creyentes en el sistema, pero como gente leal a EEUU, quedaron desenmascarados como agentes y espías leales no a su propio país, sino a la URSS.  Muchos cometieron traición contra EEUU y eso se conoce hoy en día gracias a VENONA.

 

La infiltración comunista en Washington se conocía desde al menos finales de los años 1930s. En 1939, por ejemplo, el espía comunista más famoso de entonces, Whittaker Chambers (agente y espía controlado por la GRU -inteligencia militar Soviética- desde 1932), quien había roto con el comunismo poco antes, reveló a Adolph Berle, alto oficial del Departamento de Estado y amigo íntimo del Presidente Roosevelt, la existencia de una red de espionaje en Washington a la que pertenecía, entre otros, Alger Hiss.

 

Roosevelt típicamente descartó la información, y cuando Berle insistió el Presidente groseramente le ordenó que no mencionara más el asunto. Desde los años 1940s otros ex espías soviéticos como Elizabeth Bentley y Louis Budenz habían revelado al FBI la existencia de otras redes de espionaje, y varios funcionarios importantes de las administraciones de Roosevelt y, luego de su muerte en 1945, de Truman, lo sabían.  Nadie hizo nada al respecto.

 

Hasta que Whittaker Chambers acusó al venerado Hiss (estuvo en la conferencia de Yalta con Roosevelt y fue el primer presidente de la ONU cuando esta organización de fundó en San Francisco en 1945) de haber sido un agente comunista públicamente, en una famosa comparecencia ante un Comité Investigativo de la Cámara de Representantes en 1948.

 

Ahora queda contestar una pregunta primordial. ¿Por qué, después de más de 75 años de “simpatías” (para ponerlo de la manera más caritativa posible) del Partido Demócrata hacia la URSS, ahora de pronto los Demócratas se han convertido en los enemigos más fieros de Rusia?

 

La pregunta no es difícil de responder. Pero antes debemos regresar brevemente a los años 1950s. Como se ha mencionado, tanto el Presidente Truman como su Secretario de Estado Acheson, se negaron a admitir la traición de Alger Hiss y lo defendieron aún después de ser convicto por un jurado por el crimen de perjurio, pero en realidad por traición. Solo porque no lo procesaron a tiempo se escapó de una condena a muerte como el matrimonio Rosenberg (Hiss indudablemente fue más dañino que los “espías atómicos”).  De la misma manera negaron la culpabilidad de Harry Dexter White hasta después que White murió y su traición fue bien conocida.

 

Pero por otro lado, mirando hacia atrás, se puede perfectamente decir que la mejor decisión en la larga carrera política de Franklin Roosevelt fue haber escogido al Senador de Missouri Harry Truman como candidato Vicepresidencial en substitución del Vicepresidente Henry Wallace. Sin lugar a dudas, la administración de Truman, desde el mismo principio, tuvo una actuación mucho más enérgica hacia la URSS que la previa de Roosevelt.

 

Bajo su administración se promulgó la Doctrina Truman basada en un famoso “largo cable” compuesto por George Kennan, analista político y alto oficial del Departamento de Estado en la Embajada Americana en Moscú, quien propuso la “contención” de la política expansionista de la URSS en la postguerra.

 

El “puente aéreo” para suministrar a Berlín después que Stalin ordenó cerrar el transporte por carretera a la ciudad en 1949 terminó convenciendo al dictador soviético que no podría conquistar Berlín por la fuerza y el bloqueo fue abandonado a los pocos meses.  La ayuda masiva a Turquía y Grecia “salvó” a estos dos países de caer bajo el control comunista después del final de la SGM (ahora hay dudas sobre el supuesto peligro de que eso sucediera, pero es tema para otro trabajo, y nunca se podrá sabrá con certeza). Y el así conocido Plan Marshall quizás no “salvó” a Europa Occidental del comunismo, pero definitivamente ayudó a su reconstrucción y a la recuperación económica del continente que quedó fuera de la Cortina de Hierro. La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se formó por el empuje de la administración de Truman, también en 1949, la cual, en general, se opuso firmemente a la URSS, en contraste al apaciguamiento del los años de Roosevelt.

 

Además, por las razones que fueran (probablemente en mucho por presiones políticas), la administración de Truman tomó las primeras medidas para empezar a “limpiar” de altas posiciones en el gobierno a los comunistas y simpatizantes. Pero generalmente estas “juntas” investigativas formadas en el Departamento de Estado para determinar la “lealtad” de sus empleados y para descubrir la presencia de “riesgos para la seguridad” entre el personal del Departamento, no fueron particularmente efectivas. Con la victoria de las tropas comunistas en China lideradas por Mao Zedong en 1949 y con la invasión de Corea del Sur por los comunistas de Kim Il Sung en 1950, en conspiración y probablemente ordenada por Stalin desde Moscú, y con la colaboración de China comunista, los americanos recibieron un doble “shock” y la penetración comunista en el gobierno de nuevo fue culpada por estas “derrotas” del “Mundo Libre”.

 

Parcialmente con motivo de todos estos así percibidos “desastres” políticos en EEUU desde el final de la SGM y el comienzo casi inmediato de la Guerra fría, surgió el Senador Republicano de Wisconsin Joe McCarthy. En un sensacional discurso en Wheeling, West Virginia, el 9 de  Febrero de 1950, McCarthy irrumpió en el panorama político de EEUU y se convirtió en la  gran “estrella fugaz”. 

 

McCarthy acusó que a pesar de las ineficaces medidas de la administración de Truman para expulsar a comunistas y simpatizantes infiltrados en agencias federales, todavía habían (nunca se ha sabido si dijo 205, 57, o algún otro número) muchos comunistas “de carnet” en el gobierno, especialmente en el Departamento de Estado.

 

Durante los siguientes cuatro años, McCarthy tuvo una influencia enorme en EEUU. Su nombre evocaba admiración, pero también mucho temor, porque mucha gente de la izquierda sufrió por sus simpatías y fueron acusados de ser comunistas. Eso fue lo que salvó al Partido Demócrata de ser tildado de traidor por todo lo sucedido desde que Franklin Roosevelt reconoció a la URSS en 1933.  Esa es la explicación, indirectamente, de todo lo que sucede en EEUU desde el verano pasado. Esa es la explicación de la nueva actitud del Partido Demócrata hacia Rusia.

 

¿Cómo es posible decir esto? ¿Qué remota relación tiene lo que pasó hace 75 años con Donald Trump y las acusaciones del Partido Demócrata -y de TODA la Izquierda Eterna- de una conspiración, de una siniestra complicidad entre Trump y Rusia ahora? Bueno, muy simple. Lo que se conoció desde mediados de los 1950s como “McCartismo”, sirvió para eximir al Partido Demócrata de su grave responsabilidad por haber permitido, casi impunemente, la penetración comunista en Washington. ¿Por qué? Porque de acuerdo con la narrativa inventada por la Izquierda Eterna, todo fue una gran mentira, porque el “McCartismo” fue una gran “cacería de brujas”. Porque fuera de algunos casos sin mucha importancia, no había ni nunca hubo, tal infiltración comunista en Washington.

 

Pero la malévola Rusia de Vladimir Putin, por otro lado, como ya no es un régimen de izquierda, y como debido a sus maquinaciones y complicidad con la campaña de Trump, le robó la elección a la candidata Demócrata Hillary Clinton, eso lo explica todo, según el Partido Demócrata. Excepto que toda esa narrativa es mentira.  Porque, en las palabras de los autores James Rorty y Moshe Decter, quienes escribieron uno de los rarísimos libros anti comunistas de los 1950s y simplemente porque escribieron la verdad, “defendieron” a McCarthy: “Se debe apuntar a menudo que “cacería de brujas” es una designación muy inapropiada para describir la campaña contra la infiltración comunista [en Washington].  Las brujas, después de todo, nunca existieron; pero los agentes soviéticos, desafortunadamente si fueron demasiado reales”. (McCarthy and the Communists,1954, pg. 8.)

 

Sin embargo, hay que aclararlo mejor. Desde el triunfo de la revolución rusa en 1917, especialmente desde que los bolcheviques de Lenin se afianzaron en el poder en 1919-20 después de una sangrienta guerra civil entre los varios ejércitos “blancos” anticomunistas y mayormente ex zaristas, y el Ejército Rojo liderado por Trotsky, implantaron el comunismo en la Madre Patria Rusa, TODA la Izquierda Eterna mundial, incluyendo la americana, vio y celebró ese gran triunfo como la ansiada llegada de la Gran Utopía esperada desde la Revolución Francesa dos siglos antes. Ahora por fin la IGUALDAD reinaría en el mundo por los siglos de los siglos.

 

Pero no. No pudo ser. Al contrario. Después de 200 millones de vidas inocentes, la Gran Estafa que fue el antinatural sistema comunista colapsó en 1991 con la desintegración de la misma Madre Patria Soviética que lo implantó en 1917. Ya solo quedan los dinosaurios recalcitrantes de Cuba y Corea del Norte bajo ese insidioso sistema y Vietnam y China, donde gobierna férreamente el Partido Comunista, pero que funcionan relativamente con economías mixtas que permiten la libre empresa con algunas limitaciones. La Izquierda Eterna perdió.  El sueño no pudo ser realizado.

 

No obstante, en los 74 años que duró el comunismo en Rusia y Europa Oriental, la Izquierda Eterna vivió el sueño, y aunque aquí en EEUU ni siquiera el socialismo fue muy popular, para no hablar del comunismo, durante todos esos años, miles y miles de “intelectualoides” americanos (de todo el mundo, en verdad) visitaron Rusia y proclamaron que sí, que el sueño se había logrado, que el sistema funcionaba. Así lo dijeron el influyente John Reed (Los Diez Días que Estremecieron al Mundo), testigo presencial. Siguieron tantos que solo se pueden mencionar algunos muy prominentes como el filósofo y educador John Dewey, los escritores Upton Sinclair y Theodore Dreiser, los periodistas ya mencionados Duranty y Snow (gran propagandista de Mao Zedong), Herbert Matthews (desde los 1930s aunque más señaladamente cuando casi él solo hizo famoso a Fidel Castro) y el primer Embajador americano William Bullitt (quien luego se convirtió en un gran anticomunista) y el segundo, Joseph Davies, quien escribió un libro luego convertido en película, no solo alabando a Stalin, sino defendiendo los juicios contra los bolcheviques históricos a mediados de los años 1930s. 

 

Del resto del mundo se destacaron los escritores británicos H. G. Wells y Bernard Shaw, y el gran filósofo Bertrand Russell. De Alemania el dramaturgo Berthold Brecht, de Francia André Gide y Jean Paul Sartre. Hasta de Cuba. Sergio Carbó visitó Rusia y por un tiempo escribió en defensa del sistema. En fin, interminable es la lista. Casi ninguno se retractó. Tampoco se puede olvidar a Hollywood y la gran cantidad de películas y documentales favorables a la URSS, sobre todo durante la guerra.

 

Pero a pesar de toda la propaganda, nunca hubo simpatías por Rusia comunista en EEUU.  Inclusive después del Pacto Ribbentrop-Molotov en 1939 (preludio de la SGM) hubo alguna reacción contra la URSS cuando invadió a la pequeña Finlandia y sufrió algunas derrotas al principio. También durante la Guerra Civil Española debido a católicos como el Obispo Fulton Sheen y el Cardenal Spellman de New York, quienes defendieron a Franco contra los republicanos y sus aliados comunistas.

 

Como después del final de la SGM casi no hubo tiempo de celebrar el triunfo porque la Guerra Fría comenzó muy pronto, el pueblo americano quedó bastante decepcionado de su reciente aliada Rusia, aunque en realidad no se le prestaba tanta atención a las actividades subversivas dentro de EEUU. La prosperidad de la postguerra parecía ser más importante.

 

Pero todo lo que pasó entre 1945 y 1948, especialmente el caso de Alger Hiss y el surgimiento del Senador McCarthy, cambiaron mucho la actitud popular. Se había creado un verdadero movimiento anticomunista. La percibida traición de los Demócratas se podía convertir en algo muy serio. De manera que a McCarthy había que destruirlo (a lo cual el mismo Senador contribuyó mucho), y así fue. Nada menos que la administración del nuevo Presidente Eisenhower y los medios informativos (el activismo izquierdista de los medios no es nada nuevo) se encargaron de la destrucción de McCarthy. 

 

Pero no era cuestión de solo destruir a la persona. No. Había que destruir el movimiento anticomunista que surgió en los años 1950s. El adjetivo “McCartismo” se encargó de eso desde entonces. El Partido Demócrata quedó mayormente reivindicado y eximido de toda culpabilidad ¿Quién se atrevería ni siquiera a criticar a ese “santo” de la izquierda, el Presidente Franklin Roosevelt? 

 

Los prósperos años bajo Eisenhower trajeron alguna tranquilidad, y con la muerte de Stalin en 1953 y el fin de la inconclusa guerra en Corea, la primera que EEUU no ganó, la amenaza comunista pareció disminuir. Pero la infiltración y el espionaje nunca terminaron. Pronto el nuevo líder en Rusia, Nikita Khrushchev, con su estilo agresivo y su nueva estrategia de “coexistencia pacífica” y su apoyo a “guerras de liberación” en Hispanoamérica, África y Asia, para no hablar del poderío nuclear de la URSS, de nuevo pusieron la amenaza comunista en primer plano. Pero no la percibida traición del Partido Demócrata. Eso cambió para siempre, y el movimiento anticomunista quedó permanente debilitado.

 

Entonces en 1959, con la Revolución Cubana y el conflicto permanente con EEUU que inventó Fidel Castro, lo peor estaba por venir. Desde el mismo 1959, nunca ningún régimen comunista infiltró, penetró y condujo más espionaje contra EEUU que Cuba. En la historia. Nunca siquiera se ha conocido la gigantesca escala del espionaje castrista.

 

Primero, la conspiración terrorista más grande en la historia casi se produce en New York en noviembre de 1962 (leer mi ensayo El Golpe (casi) más Grande de Fidel Castro en Cubanalisis.com). Segundo, Castro y su agencia de espionaje, la Dirección General de Inteligencia (DGI) habrían estado directamente involucrados en el asesinato del Presidente Kennedy (leer mi ensayo Justicia Revolucionaria, sobre el asesinato, en Cubanalisis.com).

 

Después, por más de 50 años, el régimen cubano ha penetrado todas las agencias de inteligencia americanas, culminando con la espía Ana Belén Montes, la principal analista de la Agencia de Inteligencia del Departamento de Defensa (DIA).  Según los expertos en espionaje Keith Melton y Brian Lattel, y el agente del FBI que investigó el caso y arrestó a Montes, Scott Carmichael, ella fue la espía que más daño le hizo a EEUU en toda su historia.  Esas son palabras mayores.

 

Un largo reportaje de CNN también comparte esa opinión. ¿Cuántos espías importante todavía no descubiertos tiene el régimen castrista infiltrado en agencias del gobierno de EEUU? Esa pregunta se la hice a Keith Melton y a Brian Lattel cuando presentaron el caso de Ana Belén Montes en Casa Bacardí de la Universidad de Miami hace varios años. Se miraron - y no contestaron. Fue una respuesta muy elocuente. Porque las probabilidades son de que SI, de que todavía queden algunos espías bien colocados dentro de EEUU. Que nos equivoquemos, pero, nunca podremos dejar de preocuparnos y quizás todavía falte daño por venir.

 

Ya este trabajo resulta muy largo y complicado, de manera que hay que terminarlo ofreciendo una explicación racional de las razones por qué el Partido Demócrata y TODA la Izquierda Eterna se han convertido en enemigos acérrimos de Rusia:

 

Putin es un asesino y un dictador autoritario. Pero NO de la Izquierda. Esa ES la razón.Mientras Rusia estuvo en el campo de la Izquierda Eterna, sobraron siempre sus apologistas. Nada importaron los espías atómicos, ni China y Corea, ni Hungría y Checoslovaquia, ni Cuba y Nicaragua, ni la subversión y terrorismo internacional patrocinado por Cuba y Rusia. Desde Lenin a Gorbachev, hasta la desaparición de la Madre Patria del Comunismo Internacional, todo era perdonado. Pero ya no. Y la derrota en la elección pasada los perdedores tienen que explicarla de alguna manera.

 

Rusia TIENE que haber conspirado con miembros de la campaña de Trump -y con Trump mismo- para robarle la elección a Hillary Clinton y al Partido Demócrata. No hay, ni puede haber, otra explicación para los perdedores.

 

La Izquierda Eterna no puede aceptar, bajo ningún concepto, que después de lograr su gran proyecto de más de 30 años para ganar la Casa Blanca, no hayan podido conquistarla definitivamente en 2016. Por eso tienen que insistir en que Rusia y Trump se hayan robado la elección.

 

Esa y solo esa es la explicación de lo sucedido incluso desde antes de las elecciones, desde junio del 2016.

 

Pero la gran ironía perdida de vista en esta narrativa de la Elección Robada es cómo se olvidaron los cuatro años de Hillary Clinton como Secretaria de Estado. Cómo se olvidó el replanteamiento (reset) con Rusia y la presentación del botón plástico rojo y amarillo al Ministro Latrov. Cómo se olvidaron los millones de dólares pagados a Bill Clinton por unos cuantos discursos y por su “trabajo”a favor de Rusia en esos años. Cómo, finalmente, se olvidó el gran negocio multimillonario aprobado por la Secretaria de Estado Clinton por el cual el 20% del uranio de EEUU pasó al control de Rusia.

 

Poca memoria que tiene el pueblo americano. Aunque, por otro lado, quizás no. En definitiva, al final votaron contra la candidata Demócrata.