Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Diego Trinidad, PhD, Miami

 

 

                               

 

 

                                

 

LA CAMPAÑA PRESIDENCIAL DEL 2012

 

Como anuncié a principios de enero, este es el segundo de los análisis ocasionales que pienso hacer durante la campaña presidencial hasta noviembre. Aquí cubriremos los acontecimientos de enero, febrero y marzo, cuando se produjeron algunos cambios importantes en la contienda republicana.

 

En primer lugar, el número de candidatos se redujo a la mitad, de ocho a cuatro. Se retiraron Michele Bachmann, Rick Perry, Herman Cain y John Huntsman. Perry y Cain brevemente estuvieron de líderes en las encuestas. Bachmann y Huntsman nunca lograron establecerse como candidatos viables. Bachmann, quien fue mi preferida antes que Perry anunciara su candidatura, se mostró completamente incapaz de ser presidente en su actuación mientras aspiró, y lo que hizo fue mucho daño, sobre todo a Perry, con sus injustificados ataques personales, los cuales en un debate la llevaron a prácticamente acusar a Perry de venderse por contribuciones recibidas. 

 

Huntsman siempre pareció que estaba aspirando a la presidencia como demócrata más que como republicano, y nunca tuvo posibilidades de ganar. Cain fue una novedad, pero con una sola idea, su plan 9-9-9, subió como la espuma y fue un plan interesante para modificar el sistema de recaudación de impuestos. Reportes de numerosas infidelidades -demasiadas para no tener credibilidad- lo obligaron a retirarse. 

 

Perry era el mejor de todos los candidatos, mi favorito desde el 2008. Su record como gobernador de Texas en 11 años era inigualable, sobre todo en creación de trabajos, pero también en otras importantes materias como reformas y control de los honorarios y veredictos a los abogados en casos de reclamaciones civiles, uno de los principales costos en planes de seguro de salud. Pero se autodestruyó en los dos primeros debates y nunca logró recuperarse. Con razón comentó que no se estaba eligiendo a quien mejor debatía, sino al mejor candidato para ser presidente, pero alguien que no diera la talla en debates contra el presidente tenía pocas posibilidades de ser nominado.

 

Desde enero, no solo hubo muchos debates, sino que hasta fines de marzo se han celebrado ya numerosas importantes elecciones primarias. Después de la de Florida, ganada fácilmente por Romney, pareció que este seguiría su paso hacia la nominación sin muchos problemas. 

 

Pero entonces surgió Rick Santorum, ex-senador de Pennsylvania (quien perdió en su intento de reelección en el 2008 por 18 puntos) como la última alternativa contra Romney, a quien muchos autotitulados “conservadores sociales” no se acaban de tragar.

 

Santorum ganó una serie de primarias y caucuses (reuniones menos numerosas de miembros de cada partido) que de pronto lo pusieron como líder en varias encuestas, pero no en delegados comprometidos, que es con lo que se gana la nominación. Es un candidato con mínimas posibilidades de ganar en noviembre y, como Bachmann y Newt Gingrich, solo ha servido para dividir el partido republicano y para alargar la campaña de nominación, costando millones de dólares que mejor hubieran sido empleados en la campaña contra el presidente. 

 

Gingrich, quien en otros tiempos hubiera sido mi preferido, cometió dos faltas imperdonables para muchos conservadores desde el principio. Denunció estúpidamente (para después retractarse, como acostumbra) el plan del Representante de Wisconsin Paul Ryan para modificar -y salvar- al Medicare, llamándole “ingeniería social de la derecha”.

 

Peor fue su acusación -en realidad un ataque abierto contra el sistema de libre empresa-contra Romney durante sus años al frente de la organización Bain Capital, por “destruir trabajos”. Bain Capital es una empresa que compra y vende otras empresas en dificultades financieras y además presta dinero a otras, a veces creando nuevas y prósperas compañías como Staples y Sports Authority. Pero ocasionalmente también tiene que liquidar otras menos productivas, con la consecuente pérdida de empleos. Por estas dos torpezas, yo personalmente, como republicano, no podría votar por Gingrich, excepto si fuera el candidato republicano en noviembre, lo cual es muy difícil.

 

Debo explicar algo sobre los “conservadores sociales” y su voto. Este grupo de votantes surgió como decisivo primeramente en 1968, cuando miles de ellos votaron por Richard Nixon y el candidato del American Party George Wallace. En aquel entonces la mayoría eran demócratas sureños, en muchos casos “evangélicos” religiosos.

 

Pero estos mal llamados conservadores ya existían como presencia importante desde los 1960s, y después de la fundación del movimiento conservador moderno por el escritor Bill Buckley y otros jóvenes conservadores en septiembre de 1960 (ver The Sharon [Connecticut] Statement), poco a poco fueron excluidos del movimiento, junto con los seguidores de la prominente escritora Ayn Rand (“objetivistas”) y la extrema organización anticomunista John Birch Society. 

 

El así depurado movimiento conservador logró nominar al Senador de Arizona Barry Goldwater en 1964. Aunque Goldwater fue aplastantemente derrotado por el Presidente Lyndon Johnson en esa elección, las bases fueron establecidas para que en 1980 Ronald Reagan fuera electo presidente y lograra el sueño dorado de todos los conservadores, la destrucción del comunismo internacional, además de devolver el auto-respeto al pueblo americano y poner la economía en orden. La prosperidad que comenzó en 1982, duró casi dos décadas y fue el período de crecimiento y creación de riquezas más largo en la historia del país.

 

¿Pero, son en verdad conservadores estos “conservadores sociales”? En mi opinión no lo son. Aunque ayudaron a elegir a Reagan en 1980, todavía mayormente como demócratas, y aunque han seguido apoyando mayormente al partido republicano -no siempre sinónimo del conservadurismo- el principal interés de este enorme y amorfo grupo son las cuestiones sociales como el aborto, la religión, la “moralidad” (o falta de ella), y recientemente, el matrimonio entre homosexuales (hace dos meses, increíblemente, gracias a Santorum, también se ha resucitado el tema de los anticonceptivos). 

 

Pero los candidatos que quedan, todos, están contra el aborto (como parece estar una mayoría del pueblo americano ahora), todos son religiosos y enfatizan la importancia de la religión en nuestra sociedad, todos apoyan la defensa de la familia y los valores morales tradicionales (pero no todos, especialmente Paul, apoyan la intromisión del gobierno en las relaciones privadas de los individuos, como parece querer Santorum), todos están opuestos al matrimonio entre homosexuales (menos Paul -y yo- que pensamos que el Estado no tiene que entrometerse ni en otorgar licencias de matrimonio, ya que esto es un asunto privado y quizás religioso), y todos, por supuesto, están a favor de los anticonceptivos.

 

En realidad a veces estas cuestiones son lo único que les importa a este grupo de mal llamados “conservadores sociales”. Y en los tiempos que vivimos, cuando los problemas económicos son, sin comparación, los más importantes y cruciales para toda la sociedad, eso no ayuda al movimiento conservador, y este año puede perjudicar al partido republicano, porque a pesar de que Romney no es el candidato ideal para los conservadores, hay pocas objeciones contra él y probablemente sería un buen presidente; definitivamente, desde el punto de vista republicano, un mejor presidente que el que tenemos.

 

Romney, como buen hombre de negocios, nunca estuvo involucrado en el movimiento conservador.  Cuando primero aspiró a ser senador (contra Ted Kennedy, quien lo derrotó fácilmente en 1994) y luego gobernador de Massachusetts en el 2003, lo hizo con posiciones relativamente liberales, pero hay que recordar que Massachusetts es uno de los estados más liberales del país. También cambió su opinión sobre el aborto, el cual antes favorecía. Y por supuesto, su mayor error: apoyó un plan de reforma de la salud muy similar al adoptado bajo este presidente en el 2009, obligando a los ciudadanos del estado a comprar seguros, el cual todavía defiende como beneficioso para el estado (no lo ha sido) y que todavía tiene el apoyo de los residentes de Massachusetts. 

 

Pero como empresario fue muy exitoso, y como político ha demostrado una gran habilidad ejecutiva, mientras que desde el 2008, cuando primero aspiró a la presidencia, sus posiciones han estado enteramente dentro del marco conservador bajo cualquier estimado.  Con su contundente victoria en la primaria de Illinois en marzo 20, ya tiene más de la mitad de los delegados necesarios para ganar la nominación. Su discurso esa noche ignoró a sus contrarios y se concentró en los temas que utilizará contra el presidente en la campaña final luego que asegure la nominación, especialmente la libertad económica. 

 

La economía será -como era antes que Santorum imprudentemente inyectara las cuestiones sociales en la campaña y cambiara el foco- como debe ser, el tema más importante, y la labor de Romney es enfatizar el contraste entre sus propósitos de liberalizar la economía y las políticas colectivistas y anti liberales del presidente, especialmente la producción de energía y la debida explotación de los abundantes combustibles fósiles en el país, como el petróleo, el gas natural y el carbón, y dejar a un lado los fracasados proyectos de energía “verde” del presidente. 

 

Probablemente Romney pierda el sábado 24 en Louisiana contra Santorum, igualmente que en la importante primaria de Texas (155 delegados) en julio, ganando solo Florida y Virginia en el Sur.  Pero en noviembre podría fácilmente ganar todos los estados sureños, incluyendo Florida, Virginia y Carolina del Norte, donde el presidente ganó en el 2008. Su victoria, tanto como candidato a la nominación republicana como a la presidencia, parece estar al alcance. 

 

Gingrich ha sido un icono para los conservadores por largo tiempo y su liderazgo y su apoyo al Contrato con América llevó a los republicanos al control de la Cámara de Representantes por primera vez en 40 años en 1994. Pero su labor como Presidente (Speaker) de la Cámara fue controversial y generalmente fue manipulado por el Presidente Clinton, aunque después de la reelección de Clinton en 1996 los dos trabajaron en conjunto para lograr una gran reforma en el programa de beneficios sociales (Welfare) y en controlar el gasto público, produciendo varios años durante los cuales el presupuesto fue balanceado y la economía, con la tremenda expansión del Internet y las compañías “punto.com”, tuvo un crecimiento impresionante. 

 

Quizás el Congreso, en buena parte liderado por Gingrich, fue mayormente responsable por la floreciente economía de los años finales de los 1990s, pero Clinton recibió los laureles. En todo caso, por problemas éticos y por su errático comportamiento, Gingrich renunció a su puesto como líder de la Cámara, después que los republicanos perdieron varios escaños en las elecciones congresionales de 1998. Su permanencia en la contienda solo puede perjudicar y dividir, pero pronto tendrá que retirarse y seguramente apoyará firmemente a Romney contra el presidente en la elección de noviembre. Posiblemente recibiera una oferta para unirse al gabinete de Romney después de la elección.

 

Santorum fue un buen senador por dos períodos y su record fue mayormente conservador en Pennsylvania. Su derrota en 2006 fue por un gran margen, pero probablemente cualquier otro candidato republicano hubiera perdido ese año en un estado que normalmente no es republicano. Pero cometió dos serios errores en sus dos términos, el primero cuando votó en contra del Tratado de Libre Comercio (NAFTA) en 1993; el segundo cuando apoyó al Senador republicano ultraliberal Arlen Specter para su reelección en 1994 contra el candidato conservador -y ahora senador por Pennsylvania-Pat Toomey. 

 

Además de sus recientes torpezas en la presente campaña (las últimas fueron decir que el famoso discurso de John Kennedy antes de la elección presidencial de 1960 defendiendo su religión católica -fue el primer presidente católico- pero aclarando que su religión nunca influenciaría su actuación como presidente, le daba ganas de vomitar; y solo hace días declaró que la tasa de desempleo no le importaba y que la “libertad” era más importante (en una campaña en la cual la economía es el tema vital).

 

Santorum, como se ha mencionado, es un fanático religioso para quien las cuestiones “sociales” importan más que nada. Su política externa es agresivamente internacionalista e intervencionista (la comparte con los dos senadores republicanos que todavía quieren ver a EEUU como el policía del mundo, John McCain y Lindsay Graham) y ese parecía ser su punto fuerte hasta que trajo los temas sociales a relucir. Pero el partido republicano se ha ido alejando del intervencionismo americano en política externa, con muy buenas razones, lo que disminuye sus oportunidades de ganar la nominación.  

 

Como presidente, muy probablemente atacaría a Irán (con lo que concuerdo; Bush hijo debió hacerlo durante su administración), pero también casi seguro involucraría al país en más guerras innecesarias y continuaría malgastando vidas americanas en el pozo sin fondo que es Afganistán. Los gastos públicos que recortaría como presidente los aumentaría en el presupuesto militar, y nunca consideraría sacar las tropas americanas de los más de 100 países donde tienen presencia en el mundo. 

 

Su candidatura probablemente resultaría no solo en una aplastante derrota para él personalmente, sino que sería desastrosa para el partido republicano. Después de la primaria en Illinois, la cual perdió por más de diez puntos contra Romney (y perdió en Puerto Rico por un margen de 8 a 1), es matemáticamente imposible que pueda ganar la nominación, aunque gane en Louisiana.  Debe retirarse por el bien del partido y del país.

 

El idiosincrático Representante de Texas Ron Paul, quien es pediatra de profesión y libertario por convicción es un caso aparte. Sin ninguna posibilidad de ganar la nominación, se ha mantenido en la contienda hasta ahora y casi seguro seguirá hasta el final. Como libertario doctrinario -de verdad cree lo que predica- su programa doméstico está basado estrictamente en la defensa de las libertades individuales y de la Constitución.  Sus posiciones sobre la reducción del gasto público (promete recortar un trillón de dólares en su primer año como presidente), su oposición al Banco de la Reserva Federal (pide su abolición), y su apoyo al oro como standard monetario, son enormemente populares entre los conservadores (yo concuerdo con las dos primeras y parcialmente con la segunda). 

 

Pero su propuesta política externa lo elimina como candidato serio. Apoya repatriar a todas las tropas americanas en el mundo, incluyendo Irak y Afganistán, y propone conservar un poderío militar suficiente solamente para la defensa de EEUU, pero no para operaciones ofensivas ni para intervenir en conflictos en otros países. No cree mucho en la guerra contra el terrorismo y, lo peor, considera los ataques a las torres en septiembre del 2001 justificados por el apoyo americano a Israel y por las intervenciones de EEUU en países islámicos. Pero tiene un apoyo consistente del 10% de los votantes y puede ser determinante en la elección presidencial. Hace semanas se rumora que eventualmente apoyará a Romney, y aunque eso ya no será tan importante, su apoyo en la elección si puede ser decisivo.

 

A siete meses de la elección en noviembre hace solo unos días los demócratas se mostraban muy optimistas. El presidente, después de meses con menos del 45% de apoyo popular en las encuestas, de pronto superó el 50% en varias. Muchos teorizaron que la divisiva y larga campaña republicana y los ataques entre los candidatos, debilitarían mucho al candidato final.

 

Además, la economía al fin parecía recuperarse (la manipulación de la tasa de desempleo en los últimos cuatro meses los convenció hasta a ellos mismos). Pero en eso llegó algo inesperado (para los demócratas y para el presidente): la tremenda subida en los precios de la gasolina. Como dice uno de nuestros refranes cubanos “la alegría dura poco en casa del pobre”. Ahora casi todas las encuestas muestran al presidente por debajo del 43% y el precio de la gasolina ha dejado bien atrás a las pastillas anticonceptivas en el debate político. 

 

Así casi seguro seguirá hasta noviembre. Después de todo, un presidente que propone seriamente usar el alga como substituto de la gasolina y que públicamente dice no tener la “bola mágica” para hacer bajar el precio en las bombas de gasolina (si podría fácilmente hacer bajar los precios, exigiendo a los especuladores que depositaran de un 20% a un 50% para comprar entregas futuras de petróleo -ahora es 0- y anunciando la apertura de todas las tierras federales, incluyendo Alaska, el Golfo y ambas costas, a las perforaciones petroleras), no inspira mucha confianza en los votantes. 

 

Con la posibilidad de una guerra entre Israel e Irán y sin ninguna buena noticia en el horizonte inmediato, las probabilidades de los republicanos de ganar la presidencia -con Romney- pueden ser tan altas como el 80%. Yo he dicho y escrito hace meses que lejos de ser una elección reñida, esta elección se asemejará mucho a la de 1980, cuando Reagan derrotó a Carter abrumadoramente. 

 

Los republicanos, además, deben mantener el control de la Cámara ganado quizás 15 escaños adicionales, y el Senado, ganando al menos siete, incluyendo aquí en la Florida, donde el Representante Connie Mack aplastará a Bill Nelson.

 

Un buen año para la república, tal como predije en diciembre pasado. Ya veremos si mis predicciones se hacen realidad; en otro par de meses escribiré un nuevo reporte sobre las elecciones. Para entonces, ya la campaña estará mucho más clara y mejor definida, y tendremos una idea mejor sobre mi habilidad para pronosticar. No creo que me equivoque ni que tenga que cambiar nada, excepto quizás para ofrecer mejores probabilidades de una victoria republicana en noviembre.