Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Diego Trinidad, PhD, Miami

 

 

                               

 

 

                                

 

ENERGÍA Y GEOPOLÍTICA EN LOS PRÓXIMOS CINCO AÑOS: HACIA UN NUEVO PARADIGMA

 

Hace varias semanas, el destacado comentarista de Fox News, el Dr. Charles Krauthammer, declaró que “la revolución energética en Estados Unidos cambiará el mundo en el futuro próximo”. Estoy de acuerdo y me alegra estar en tan distinguida compañía, ya que el Dr Krauthammer es probablemente el analista político más conocido y admirado en el país, y yo llevo más de cinco años escribiendo lo mismo.

 

En febrero pasado escribí sobre el tema por última vez, y una semana después la prestigiosa revista The Economist publicó un largo artículo y un editorial sobre el efecto que la revolución energética en Estados Unidos ya estaba teniendo en el mundo y su probable impacto en el futuro.  El artículo lo titularon “Saudi América” y el editorial “El petroestado de América”, en el cual exhortaban al Presidente americano para que se convirtiera en un “campeón” de la revolución global del fracking (fraccionamiento hidráulico).

 

Una semana después, la revista Commentary, en su edición de Marzo, publicó un ensayo del gran historiador americano Arthur Herman titulado Will Israel be the Next Energy Superpower? (¿Será Israel el próximo superpoder energético?). Esta sorprendente noticia es lo que muy probablemente -junto con los acontecimientos en Estados Unidos- creará un nuevo paradigma en el mundo.

 

Para quien no haya leído mis escritos anteriores sobre el tema, especialmente el artículo de febrero, haré un breve resumen para ponerlo todo al día. En los últimos cinco años, gracias a nuevas tecnologías (fracking y perforaciones horizontales) y al alto precio del petróleo que ha permitido el desarrollo de estas tecnologías, en Estados Unidos se ha producido una verdadera revolución energética que ha convertido al país en el mayor productor de gas natural y probablemente también de petróleo, aunque algunos estimados predicen que esto ocurrirá en el 2020 (yo pienso que ya lo es).

 

En poco tiempo, en cuanto la presente administración termine su período en el 2017 (no importa quien sea el (la) nuevo presidente), Estados Unidos se convertirá en el mayor exportador de gas natural y de petróleo en el mundo. Esto en sí cambiará drásticamente la geopolítica mundial. Pero ahora, una serie de eventos nuevos cambiarán todo en el resto del mundo, y a eso vamos.

 

El artículo y editorial en The Economist no solo confirmaron lo que escribí una semana antes, sino que introdujeron mucha más información que la proporcionada por mi. Por ejemplo, nada más que con el título del editorial -“El Petroestado de América”- y el del artículo -“Saudi América”- se puede entender claramente qué predice The Economist: Estados Unidos puede y debe ser independiente en el campo energético. 

 

Y de hecho, desde ahora mismo, EEUU es el mayor productor de gas natural y petróleo en el mundo.  En el 2020, será también el mayor exportador de ambos combustibles en el mundo. The Economist reconoce que eso cambiará la geopolítica mundial y urge al presente presidente americano a que apoye la revolución global de fracking para que el mundo mire a EEUU de una manera diferente. 

 

La publicación igualmente -en vano, tristemente- recomienda al presidente que facilite la exportación de petróleo y gas natural y que apruebe la construcción del viaducto Keystone XL de Canadá al Golfo de México (Texas-Lousiana) para que el nuevo petróleo shale pueda beneficiar no solo a EEUU sino al resto del mundo.

 

Pero resulta que en los seis meses que han transcurrido, una serie de nuevos acontecimientos hacen la revolución energética americana aún más importante en todo el resto del mundo.

 

Veamos. Primero, el importantísimo y extenso artículo en la revista Commentary (edición de Marzo, 2014), escrito por el eminente historiador Arthur Herman, revela algo insólito y muy poco conocido. Resulta que Israel, nada menos, puede convertirse también en la nueva superpotencia energética en los próximos años. Ya, de hecho, en el campo Tamar, a 56 millas de las costas de Israel en el Mediterráneo, existe una enorme plataforma perforando a más de 1000 pies de profundidad que está extrayendo gas natural de las formaciones rocosas de shale en el fondo del mar.

 

¿Como puede cambiar esto la geopolítica mundial? El cielo es el límite y la imaginación es infinita. Considérese que un solo kilómetro cuadrado de gas shale puede suplir las necesidades energéticas de Israel por un año. Y el campo Tamir puede contener 900 billones de metros cúbicos.  Eso no es tanto, aclara el artículo.  Es lo que consume EEUU en un año. Pero para un pequeño país de 8 millones de habitantes como Israel, puede ser una bonanza económica tremenda. Además, se puede imaginar a Israel compitiendo con Arabia Saudita y los Emiratos del Golfo Pérsico (y con Irán) como productor y como exportador de energía a todo el Medio Oriente.

 

¿Como cambiaría eso la geopolítica del área? Una vez más, hay campo para que la imaginación especule. Y al igual que en EEUU, este proyecto comenzó como una empresa privada, una sociedad entre dos empresarios americanos (no israelíes), Harold Vinegar y Yuval Bartov, y la inversión inicial también fue proporcionada por un americano de Houston, Howard Jonas.  Pero a diferencia de EEUU, el proyecto, que ya incluye plataformas flotantes en el Mediterráneo para explorar más espacios en el fondo del mar, futuras terminales para licuar y exportar el gas natural, y hasta viaductos que van de Israel a Jordania (uno de los primeros clientes árabes de Israel), tiene el respaldo pleno del estado de Israel.

 

Ahora nos trasladamos de nuevo al hemisferio occidental, pero no al norte, sino a Suramérica. Argentina, para ser específicos. Resulta que en Argentina también se ha descubierto, en el 2010, un campo gigantesco de gas y petróleo shale, el cual ya produce gas y petróleo, aunque relativamente poco, puesto que el consorcio Repsol (español) y YPA (del gobierno argentino) no tienen la capacidad tecnológica para extraer el gas y/o petróleo, que yace a 9,500 pies de profundidad en el centro-oeste de Argentina. 

 

Pero en los últimos dos años, Argentina ha firmado contratos con Chevron y Dow Chemical para extraer petróleo y gas respectivamente. Otro consorcio de Petrobrás (Brasil) y Total, S.A. (Francia), explora otras partes del enorme campo. Texaco, Shell y Exxon-Mobil (la multinacional más grande del mundo), también planean participar.

 

Obviamente, la intervención de compañías americanas es vital, debido a que solo ellas tienen la tecnología para alcanzar ese gas y petróleo a tales profundidades. Naturalmente, todo esto se puede complicar mucho por la reciente decisión del gobierno argentino de caer nuevamente, técnicamente al menos, en otro default (suspensión de pagos a acreedores extranjeros) como en el 2001. Pero el potencial existe para que Argentina se convierta, en pocos años, en un nuevo coloso energético que compita con Brasil (en cuyas enormes reservas en aguas cerca de sus costas se ha demorado un poco la exploración por varias razones), Venezuela y México, como uno de los grandes productores y exportadores de energía en el mundo.  Una vez más, eso cambiaría la geopolítica regional -y mundial- de una manera dramática.

 

También en los últimos meses, Rusia y China han firmado acuerdos multi-billonarios para extraer petróleo de las reservas rusas en Siberia. Pero la situación política en Rusia, debido al conflicto con Ucrania y a las sanciones que se le han impuesto hasta ahora, puede demorar esa cooperación entre dos naciones que no tienen mucho en común excepto intereses económicos temporales. Rusia continua sufriendo grandes dificultades en la extracción de ese petróleo siberiano debido a su carencia de la tecnología necesaria, la cual China tampoco tiene. Luego entonces, eventualmente tienen que terminar buscando la cooperación de las grandes multinacionales petroleras americanas, como sucede también en el caso de Cuba.

 

Por supuesto, muchos lectores pueden pensar que todas estas proyecciones son vistas a través de lentes color de rosa por mí. Pero no es así. Todo lo escrito aquí, igualmente que mis dos primeros artículos en febrero pasado y hace tres años, es una realidad ya. Puede ser que, por razones políticas estrictamente, sobre todo internas en EEUU, todo esto se demore un poco. De hecho, como ya he mencionado, nada sucederá hasta enero del 2017, cuando esta administración abandone el poder en Washington. 

 

No solo eso, sino que algunos estados, principalmente New York, gracias a las estúpidas políticas “pro-ambientalistas” de su gobernador Andrew Cuomo, también han obstaculizado la producción de petróleo shale extraído de la gigantesca Formación Marcellus (New York, el noroeste de Pennsylvania, el oeste de Maryland, el este de Ohio y casi todo West Virginia). Cuomo decretó una moratoria en New York hace dos años y ni una gota de petróleo se ha podido extraer. 

 

Por otro lado, en otra gran formación en Ohio, el campo de Utica, también existen grandes reservas de petrٕóleo shale, y aunque no son tan extensas como las de los campos Bakken (Dakota Norte) y Eagle-Ford (Texas), las que más producen desde el 2008, son importantes y serán también desarrolladas.

 

Además, algunos estados como Virginia, gobernados por demócratas, desesperados por la mala economía, están considerando perforar en sus aguas adyacentes (costa este de EEUU) donde existe petróleo (no shale), para también participar en la futura bonanza energética.

 

De manera que nada de esto es especulativo, ni son predicciones mías. No, todo esto es realidad y son tendencias irreversibles. Solo es cuestión de tiempo, pero todo sucederá probablemente en los próximos cinco años.

 

Hay dos situaciones recientes que también pueden afectar como se produzcan los acontecimientos.  Una en Estados Unidos, la otra en Rusia. Aquí en EEUU, debido a la enorme producción no solo de petróleo shale, sino de gas natural de las formaciones rocosas de shale, que ha convertido a EEUU en el mayor productor y exportador de gas natural en el mundo, existe una sobreproducción de petróleo shale que no puede ser ni refinado ni exportado. 

 

Las refinerías del Golfo y del Medio Oeste americano no están preparadas para refinar el petróleo shale, que es mucho más ligero que el petróleo crudo. Y debido a leyes aprobadas por el Congreso en los años 1970s que todavía no se han revocado, está prohibido exportar el petróleo americano.

 

Por consiguiente, el petróleo ligero shale de Dakota Norte y de Texas tiene que ser vendido en el mercado mundial a descuento. El gas natural, que en EEUU tiene un precio mucho más bajo que en Europa (donde es el doble) y Asia (el triple), tampoco se puede exportar a esos mercados porque no hay plantas para licuar el gas y no hay suficientes terminales para transportarlo a Europa o Asia.

 

Debido a la burocracia y a las regulaciones federales, solo se han aprobado dos permisos y hay diez pendientes para exportar y esas plantas se demoran como dos años para poder comenzar a licuar el gas y exportarlo. Afortunadamente, el Departamento de Comercio federal ha decretado que el petróleo ligero shale está excluido de la prohibición federal de ser exportado. Solo es cuestión de que se completen las plantas para convertir y exportar el gas licuado a Europa y Asia.

 

Entonces, países como Alemania, que importa el 50% del gas natural de Rusia, y otros países del Báltico que importan hasta el 100% también de Rusia, a un precio doble del gas natural americano, se beneficiarán enormemente y se liberarán de cualquier chantaje político y presiones por parte de Rusia. Otros, como Japón, se ahorrarán aún más, ya que ahora pagan el triple por importar el gas ruso.

 

La situación en Rusia es distinta, mucho más grave. De acuerdo con un reporte publicado el 3 de agosto por la agencia noticiosa Reuters, escrito por Lidia Kelly y Katya Golubkova desde Moscú, Rusia recibe el 40% de sus ingresos de la exportación de gas natural y petróleo, y es extremadamente susceptible a cualquier cambio, sobre todo en el precio del barril de petróleo en el mercado mundial. Una baja de $10 por barril (ahora promedia alrededor de $100 por barril) le puede costar 20 billones de dólares a Rusia. Eso equivale al 1% del PIB ruso anual y le puede causar entre un 3 y un 4% de merma en la tasa de crecimiento anual al país. 

 

Muchos piensan que porque Vladimir Putin parece invencible desde principios del 2014 por la anexión de Crimea y las amenazas territoriales a Ucrania, que han aumentado su popularidad a niveles superiores al 80% de aprobación, en Rusia hay una situación económica muy fuerte, cuando solamente es, hasta ahora, muy políticamente fuerte el régimen de Putin.

 

Nada puede estar más lejos de la verdad. Al contrario, la economía rusa está muy cerca de caer en una recesión, y las sanciones económicas impuestas por EEUU y por Europa solo esta semana, por débiles que parezcan, están afectando la economía rusa muy adversamente. Si el precio del barril de petróleo baja a $80 para el 2020, como muchos expertos esperan, según el reportaje de Reuters debido principalmente a la gran producción americana, que debe contribuir a esa baja de precio, Rusia puede arruinarse y el régimen de Putin puede caer. 

 

Una vez más, eso está a seis años de ahora. No es una fantasía, ni soy yo quien lo predice.  Al contrario, yo no comparto esa opinión y considero que el precio del petróleo se mantendrá relativamente estable. Pero ¿y si los expertos citados por Reuters tienen razón? Se puede ver claramente como todo puede cambiar drásticamente en solo unos años.

 

Se debe recordar, adicionalmente, que el precio del petróleo en el mercado mundial puede ser manipulado. Esto ya sucedió en los años 1980s durante la administración de Ronald Reagan. Por un acuerdo secreto entre el Presidente Reagan y el Rey Faisal de Arabia Saudita, el precio del petróleo fue mantenido a niveles muy bajos para perjudicar a la Unión Soviética. Esa fue una de las grandes causas de la caída del imperio comunista y pocos todavía lo saben. Bajo la presente administración americana no hay ni la más remota posibilidad de que algo similar ocurra ahora. Pero del 2017 en adelante todo es posible, y nadie debe confiar mucho en la fortaleza del régimen de Putin en Rusia.

 

Como debe quedar muy claro, a pesar de que el potencial para un nuevo renacimiento económico está presente, sobre todo en Estados Unidos, donde ya de cierta manera ha ocurrido, puesto que el sector energético, aún con todas las restricciones y regulaciones de un gobierno federal que nunca ha sido tan hostil a esa industria, ha proporcionado el mayor impulso a una economía todavía anémica (el crecimiento promedio anual desde el 2009 ha sido del 2%). 

 

Además, como enfaticé en el artículo previo de febrero, el gran aumento en la producción de gas natural y petróleo de las formaciones rocosas shale se ha producido en tierras privadas, y únicamente con la cooperación de algunos gobiernos estatales. Pero el 90% de las reservas de gas natural y petróleo (todo tipo de petróleo, no solo shale) en EEUU se encuentra en tierras y aguas que controla y regula el gobierno federal. 

 

Cuando una nueva administración en Washington abra esas tierras y aguas a la exploración, la bonanza económica será casi infinitamente superior a lo acontecido desde el 2008. De manera que el tiempo que este renacimiento económico demore aquí en EEUU depende estrictamente de decisiones políticas, sobre todo del gobierno federal.  Pero todo lo descrito llegará, tarde o temprano, y muy probablemente en los próximos cinco años. Entonces, EEUU de nuevo se convertirá en el motor económico de la economía mundial.

 

Es obvio que lo que ocurra en el resto del mundo, sobre todo en Israel y en Argentina, pero también en Europa, donde existen enormes depósitos de rocas shale que contienen billones de barriles de petróleo y trillones de pies cúbicos de gas natural y solo esperan por decisiones políticas y por la tecnología necesaria, que principalmente todavía solamente existe en EEUU, depende de muchos factores, casi todos ajenos a la economía.

 

Por ejemplo, en Cuba depende mucho de las relaciones entre el régimen castrista y EEUU. Pero, como he escrito antes, en mi opinión es precisamente la exploración del petróleo en aguas cubanas, con la excusa de que se tomarán decisiones por motivos de seguridad (de prevenir accidentes donde se derramen millones de galones de petróleo), lo que finalmente producirá un acercamiento, al menos en relaciones económicas, entre los dos países. 

 

Similarmente, en Israel depende mucho de la situación militar y sobre todo, de Irán y su desarrollo de armas nucleares. Ese es otro tema crucial, el cual tiene que resolverse, de una manera o la otra, pero posiblemente la resolución podría ser violenta, y eso naturalmente puede retrasar la marcha de la industria energética en Israel.

 

De forma parecida, en Argentina depende mucho de las políticas de un nuevo gobierno después que ese país se libre por fin de los Kirchner, cuando la Presidente Cristina Fernández de Kirchner termine su mandato. Pero si el nuevo presidente insiste en mantener las mismas políticas “populistas” de la última década, las inversiones privadas no se realizarán, naturalmente, además de que el asunto del nuevo default debe ser resuelto antes que las reservas de Vaca Muerta se desarrollen plenamente.

 

Todo, en resumidas cuentas, depende de varios factores, muchos de ellos políticos, en lo que se refiere al tiempo que transcurrirá antes de que los beneficios de una economía mundial mucho más integrada y mayormente impulsada por la revolución energética de EEUU, afecten favorablemente a la mayoría de la humanidad.

 

Post Scriptum, Agosto 12, 2014. Como he comentado varias veces, en el terreno energético, sobre todo en Estados Unidos, donde comenzó la “revolución” en el 2008, los nuevos acontecimientos se suceden con una gran rapidez, a veces diariamente. Hoy, en un reportaje del Wall Street Journal escrito por Amy Harder, aparece que la semana pasada la Cámara de Representantes aprobó un proyecto de ley, ahora en manos del Senado cuando regrese del receso veraniego en tres semanas, que apura las revisiones del gobierno para aprobar aplicaciones para exportar gas natural -y construir las terminales para hacerlo- que como he explicado, se demoran aproximadamente dos años en construir y/o modificar.

 

Esta medida tiene el apoyo de muchas compañías energéticas hace tiempo, pero lo extraordinario de lo sucedido la semana pasada es que 47 Congresistas demócratas votaron a favor del proyecto, que ganó aprobación por una gran mayoría. Entre los demócratas que votaron a favor está Steny Hoyer, de Maryland, el demócrata número dos en la Cámara después de la ex-Speaker Nancy Pelosi. Igualmente, el Congresista Steve Israel, demócrata de New York y líder de campaña del partido en la Cámara (quien controla el dinero para el apoyo de los distintos aspirantes demócratas en la próxima elección de noviembre), también votó a favor y expresó su sorpresa que el proyecto tuviera tanto apoyo demócrata. ¿Por qué será?

 

Es fácil saberlo.  Muchos representantes y senadores demócratas, especialmente aquellos involucrados en elecciones reñidas, han visto la luz del sol y han entendido que el futuro está aquí ya: el tsunami de la revolución energética es imparable.  Igualmente saben bien que este presidente se va de Washington en enero del 2017 y no tiene sentido seguirlo apoyando, sobre todo cuando su popularidad cada vez se hunde más, a costa de sus propias futuras ambiciones políticas.

 

Pero hay más, mucho más. En un reportaje en Fox News esta mañana se constrasta la situación en dos estados contiguos, Pennsylvania y New York. En Pennsylvania, gobernado por el republicano Tom Corbett, la economía está floreciente, hay poco desempleo y se han creado miles de trabajos en la industria del gas natural producido por la tecnología fracking sobre la gigantesca reserva Marcellus. La producción de gas natural en Pennsylvania ha literalmente explotado desde el 2010, aumentando en un ¡1400%! 

 

En New York, en cambio, gobernado por el demócrata Andrew Cuomo, quien como se menciona en el artículo ha impuesto una moratoria sobre la explotación del gas de la reserva Marcellus, que yace mayormente bajo New York, la situación económica es mucho peor en todo sentido: mayor desempleo, mucho menos crecimiento económico.

 

Todo esto a pesar de la falsa campaña de propaganda propiciada por Cuomo en la que se pregona que en New York se han creado miles de nuevos trabajos en los últimos años gracias a las políticas del gobernador que ofrecen ayuda a compañías que se muden al estado, concediéndoles exención de impuestos por 10 años y otras ventajas. Los comerciales llegan hasta mencionar que New York es el líder nacional en creación de nuevos trabajos. Estos engañosos comerciales han provocado que el Secretario de Estado de Texas -que SÍ ha creado más empleos en cinco años que el resto de EEUU- llame la atención a ellos y pida al gobernador de New York que los retire del aire. Cuomo ha hecho caso omiso.

 

Finalmente, se deben mencionar algunas estadísticas, además del apoyo que muchos políticos demócratas le brindan ahora mismo a la bonanza económica traída por la revolución energética. 

 

Primero las estadísticas. Desde el 2008, la producción de petróleo crudo (no shale, que ha sido la que más ha aumentado) ha subido un 58% -el ¡1200%!- y la de gas natural ha aumentado un 21%, haciendo de EEUU ahora mismo el mayor productor de ambos combustibles en el mundo. Los nuevos trabajos creados directamente relacionados con las industrias del petróleo y gas natural en los últimos diez años se han casi duplicado, 697,000 de acuerdo con datos del gobierno.

 

Sin embargo, el año pasado el presidente declaró que el viaducto Keystone XL, que va desde Canadá hasta el Golfo de Mexico, atravesando una parte de EEUU y recorriendo 1,179 millas, solo crearía ¡50 nuevos empleos! Esta increíble declaración le ganó 4 Pinochos, el “premio” que otorga el Washington Post por las peores mentiras. 

 

Considérese seriamente cuantos empleos puede crear esta enorme construcción. La cifra de 30,000 es aceptada, inclusive por los sindicatos de trabajadores, los cuales la apoyan.  Pero el presidente prefiere jugar a la política y recibir los millones de los grupos ambientalistas extremos que son una de las partes más importantes de la base del Partido Demócrata, especialmente ahora que el multibillonario empresario Tom Steyer, quien hizo su fortuna con fondos especulativos (hedge funds) en la industria energética, ha prometido contribuir con millones de dólares a candidatos que se opongan a la tecnología fracking. Pero todo esto será inútil, pues se puede nadar contra la corriente, pero no contra un tsunami. Claro que, mientras tanto, los mejores intereses del país siguen sufriendo, pero falta poco para que esta situación pueda cambiar.

 

Mientras tanto, como se menciona antes, en Ohio probablemente se produzca la nueva bonanza bajo su gobernador republicano John Kasich, listo para explotar la reserva Utica.  En Carolina del Norte, donde la Senadora demócrata Kay Hagan se encuentra en una dura pelea por su reelección, ahora apoya entusiastamente la construcción de terminales para exportar gas natural en su estado. Esto, aunque por largo tiempo ha apoyado causas ambientalistas extremas. 

 

En Maryland y Oregon, dos estados controlados por los demócratas por años, ya se mencionó el voto de Steny Hoyer, pero también el Representante John Delaney votó a favor de la medida patrocinada en la Cámara por el Representante Cory Gardner, republicano de Colorado, que se enfrenta al Senador Mark Udall, ahora también convertido, al igual que el Gobernador de Colorado, en un gran soporte de la industria energética.

 

No hace mucho, ambos (el Gobernador John Hickenlooper también tiene una reelección reñida) estaban plenamente en el campo de los ambientalistas extremos. La Senadora Heidi Heitkamp, de Dakota Norte, y el Senador Bob Casey, de Pennsylvania, ambos demócratas, ahora también apoyan el desarrollo de la industria energética en sus respectivos estados.

 

En fin, el cambio es claro y definitivo a través del panorama político en todo EEUU.  Quizás todo llegue muy pronto después de enero del 2017. Ya veremos.