Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Diego Trinidad, PhD, Miami

 

 

                               

 

 

                                

 

EL PESO DE LA HISTORIA

 

Contra mi voluntad, escribo otra vez sobre Cuba, Miami y los problemas de los cubanos de aquí y de allá. Digo esto porque en mi más reciente artículo fechado diciembre 29 del año pasado, hace poco más de un mes, escribí que ese posiblemente sería el último sobre el tema por un buen tiempo.

 

Pero es que no puedo evitar el regocijo que me produjo enterarme de las demandas de Raúl Castro a Estados Unidos para que Cuba siquiera consienta en restablecer las relaciones diplomáticas que el presidente de este país anunció el pasado 17 de diciembre como parte de su gran legado histórico.

 

Bueno, en mi artículo de diciembre 29 dije bien claro que todo el gran espectáculo montado por el presidente era solo para establecer su lugar en la historia de EEUU como el único presidente que en 55 años había “arreglado” las diferencias entre EEUU y Cuba.  También dije bien claro que todo fracasaría. Pero en verdad, ni yo pensaba que el fracaso llegaría a los 42 días del gran anuncio.

 

Sin embargo, me habré equivocado en mi predicción sobre la elección presidencial del 2012 (como también se equivocaron el 95% de los mejores analistas políticos del país), pero sobre los asuntos de Cuba, Miami y las relaciones entre EEUU y el régimen castrista no me he equivocado en 45 años que llevo escribiendo sobre el tema. NUNCA. Por eso ahora no puedo evitar decir -una vez más- se los dije.

 

Tal como los dos hermanos Castro han hecho desde 1959, cada vez que EEUU ha tratado de acercarse al régimen, desde los patéticos esfuerzos del infeliz embajador americano Philip Bonsal entre 1959 y 1960, hasta ahora mismo (con la excepción de los ocho años de la administración de Ronald Reagan, que como expliqué antes fue la única que no trató de buscar un acercamiento entre los dos países), el régimen castrista los rechaza.

 

¿Por qué? Porque esa es la razón de ser de Fidel Castro y su revolución: el conflicto continuo con EEUU como política de estado, debido a su odio feroz contra “los americanos”. Como escribió a Celia Sánchez desde la Sierra Maestra el 5 de junio de 1958 en su famosa nota -su verdadero testamento político y su razón de ser:

 

Cuando esta guerra [contra Batista] se acabe empezará para mi una guerra mucho más larga y grande: la que voy a echar contra ellos [los americanos]. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero”. 

 

Así ha sido siempre. Así será siempre, aún ahora bajo el mando de su hermano menor y heredero designado. Ese es El Peso de la Historia, como se titula este artículo. La Historia no absolvió nunca a Fidel Castro. Pero su peso lo obliga a ser quien es, a mantener por siempre su razón de ser. El escogió ese destino. Ahora, tanto él como su hermano menor son prisioneros de ese destino. No pueden escapar el Peso de la Historia.

 

Pero los gobernantes de este país ni entienden eso, ni siquiera lo creen, mucho menos lo aceptan. Tampoco lo entienden, lo creen o lo aceptan los “mercachifles” que viven entre nosotros, o los ambiciosos empresarios que dirigen los grandes conglomerados agrícola-industriales en EEUU, los cuales promueven las relaciones comerciales con Cuba y desean fervientemente que se termine el embargo económico contra Cuba (o el “bloqueo”, como lo llama el régimen y sus discípulos, sobre todo en Hispanoamérica y en Europa).

 

Eso no importa, claro, porque para el presidente restablecer relaciones con Cuba no es nada más que un logro histórico, parte de su gran legado. Ni Cuba ni los cubanos -de allá, mucho menos los de aquí- le importan un bledo. ¡Que pena que ese gran logro, esa importante parte de su legado histórico, le haya durado solamente 42 días! 

 

Pero como dice la expresión americana -citando la palabra favorita del presidente y de la Izquierda Eterna- LIFE IS NOT FAIR. No, la vida no es justa (fair significa justo, pero para la izquierda el significado va mucho más allá de solamente “lo justo”; es un concepto “moral” que es parte integral de la religión de la izquierda, como el derecho al aborto, el “calentamiento global” y el “multiculturalismo”). Repito: ¡Que pena!

 

Volviendo al caso. ¿Cuales fueron la demandas de Raúl Castro al presidente para simplemente considerar el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países? Pues la devolución de la Base Naval de Guantánamo a Cuba (esa va, ya lo verán).  El desmantelamiento de Radio/TV Martí. El levantamiento del embargo (perdón, el bloqueo) económico. Y el pago de miles de millones de dólares en compensación por los daños y perjuicios ocasionados a Cuba en 55 años de esa política americana.

 

Obviamente, las dos últimas son una imposibilidad que NADIE puede conceder, ni siquiera un presidente que se burla de la Constitución y la viola todos los días con sus Órdenes Ejecutivas (decretos, en verdad, como los de cualquier dictador de una república bananera). 

 

Por cierto ¿fue coincidencia que estas demandas de Raúl Castro se produjeron escasamente horas después de que su hermano mayor “resucitara” una vez más de la centésima (¿o la milésima?) muerte predicada en las calles de Miami por varios días y escribiera sobre el tema? Muy dudoso. 

 

Más probable es que, hayan sido o no escritas por él, las cortas líneas que se le atribuyen a Fidel Castro, esto signifique una manera oblicua de expresar su apoyo a la gestión de su hermano (que nadie se equivoque, la decisión anunciada por el presidente el 17 de diciembre pasado fue producto de una iniciativa del régimen castrista, no del presidente de EEUU), mientras por otro lado reafirma su “desconfianza” del malvado imperialismo americano.

 

De cualquier manera, fue una reacción que derrota completamente el propósito de la gestión del presidente (y contradice cualquier mejora buscada por el régimen). ¿O no?

 

Quizás no, porque nadie piense que esto va a eliminar los cambios dramáticos (revolucionarios, los llamé en mi artículo anterior), al igual que predije públicamente en el programa de televisión de Tomás García Fusté -quien únicamente me invita en la TV local por mis opiniones “controversiales”- el lunes 5 de enero pasado, que en Cuba este año se produciría una nueva revolución socio-económica, debido al aumento en las remesas del exilio a Cuba (de $2,000 a $8,000 anuales) que se verán durante este año.

 

Esos grandes cambios debido al aumento en el dinero adicional que miles de cubanos recibirán de ahora en adelante son imparables, y no serán los únicos ni posiblemente los más importantes a largo plazo. También hay que considerar otros cambios que el aumento en el acceso a internet y a varios medios de comunicaciones como miles de teléfonos celulares adicionales producirá en la población. La tecnología de compañías americanas sigue siendo bastamente superior a la europea, para no decir la mexicana o brasileña.

 

Y falta lo que viene: la exploración de petróleo en las aguas cubanas por multinacionales americanas como Exxon y Chevron. Eso estimulará la economía cubana (y enriquecerá a esas compañías mayormente, diga lo que diga el régimen) y, aunque sea muy lentamente, se sentirá en el pueblo. 

 

Lo que la Izquierda Eterna desprecia y proclama que no funciona, lo que se conoce como “Trickle Down Economics”, es decir, los beneficios que grandes inversiones y la consiguiente estimulación económica producen eventualmente cuando lentamente se filtran a los más pobres, funciona. Ha funcionado por más de 100 años, las tres veces que se ha tratado. Primero en los años 1920s por los Presidentes Harding y Coolidge.  Segundo en 1961-1963 bajo el Presidente Kennedy. Finalmente, durante las dos administraciones del Presidente Reagan en los 1980s.

 

Claro que el régimen tratará por todos los medios de obstaculizar el acceso a internet y a las telecomunicaciones. Pero eso no se puede parar una vez que se ponga en práctica.  Lenta, pero inexorablemente, el pueblo cubano, sobre todo los jóvenes, tendrán cada vez más conocimiento del mundo moderno.

 

Y la información puede traer los cambios más grandes en ese mismo pueblo y en cómo reacciona ante un régimen totalitario. Si, se demora. Pero eventualmente llegará. Esto tampoco quiere decir que grandes cambios políticos llegarán pronto porque el pueblo tenga más acceso a internet y a telecomunicaciones. Pero llegarán, a pesar de los impedimentos del régimen.

 

Se debe recordar muy bien que cuando Mikhail Gorbachev trató de cambiar el sistema comunista para “mejorarlo”, solo logró su destrucción. Gorbachev, creyendo que el sistema era reformable, comenzó con una apertura política -Glasnot.  El significado literal de la palabra en ruso es “publicidad”, pero en la práctica el significado fue una gran apertura política. Es verdad que vino acompañada por otra gran reforma -Perestroika-“restructuración” en ruso, en este caso restructuración de la economía soviética para liberalizarla más y convertirla en algo más eficiente.

 

No fue posible porque, repito, el sistema económico comunista no es reformable debido a que es antinatural, antihumano, contrario a la naturaleza y opuesto a la realidad objetiva.  Pero la apertura política, no las reformas estructurales en la economía, fue lo que destruyó a la Unión Soviética.

 

Gorbachev nunca lo entendió. Deng Xiaoping en China, y especialmente Fidel Castro en Cuba, lo entendieron perfectamente. Pero Deng, suprimiendo cualquier apertura política (recuerden Tiananmen), adoptó reformas económicas verdaderas. Mantuvo férreamente el poder bajo el control del Partido Comunista, pero transformó dramáticamente a China en 30 años.

 

No así Fidel Castro en Cuba. Sabe muy bien -y le teme en extremo- que cualquier apertura política le cuesta el poder. Le teme tanto a esa apertura que ni siquiera se aventura a tratar reformas económicas reales. En mucho tiene que ver la ideología, pero no es lo más importante. 

 

Nunca Fidel Castro se ha interesado en la economía, como lo ha demostrado ampliamente el economista cubanoamericano Jorge Sanguinetti (y el mismo Castro cuando primero nombró al Che Guevara Presidente del Banco Nacional de Cuba y luego Ministro de Industrias. ¿Resultado? La destrucción de la economía cubana en solo tres años). Pero teme a cualquier relajamiento del control político y eso, para él, incluye la economía.  Cree que es mejor precaver, tal como se lo dijo a Gorbachev cuando éste lo visitó en La Habana en 1989.

 

Por eso Cuba sigue estancada en la peor miseria, mientras que otros países ex-comunistas como Vietnam han progresado enormemente. Por eso las “reformas” económicas introducidas por Raúl Castro desde el 2005 no han funcionado. No son verdaderas reformas, porque él también les teme; teme que conlleven la pérdida del poder político.

 

Así será mientras ambos vivan. Cuando desaparezcan, sus herederos, tal como lo tienen planeado, introducirán reformas económicas reales, abrirán, aunque lentamente, la economía. Y mantendrán el poder político.

 

Los herederos, con el apoyo de los militares, quienes de todas maneras son los que controlan tanto la economía como el poder político, están plenamente confiados en que pueden lograr ese equilibrio. Si lo han logrado China y Vietnam, también lo pueden lograr ellos en Cuba.

 

Eso es lo que el anuncio del presidente americano el pasado 17 de diciembre, asegura. El presidente, como lo han dicho públicamente sus voceros, y él mismo, no espera cambios ni aperturas políticas. Pero apuesta a que las aperturas económicas que ofreció a Cuba en su discurso, y que ahora se negocian en La Habana, eventualmente producirán cambios políticos.

 

Raúl Castro le ha dicho claramente que eso nunca sucederá. Los herederos tampoco lo permitirán. Solo que están convencidos que las mejoras económicas que visualizan en el futuro próximo serán suficientes para que el pueblo de Cuba se conforme con vivir un poco mejor y siga soportando la dictadura política que planean mantener.

 

El presidente NO tendrá éxito en su nueva “esperanza” de lograr cambios políticos en Cuba con sus propuestas, tal como el cambio y la esperanza que le prometió al pueblo americano en el 2008 tampoco han tenido éxito.

 

Pero esta oferta de acercamiento a Cuba, aunque haya sido espectacularmente rechazada por Raúl Castro el 28 de enero pasado, de cierta manera garantiza que los planes de los herederos tendrán éxito en Cuba. Tal como ha sido por 200 años, la política americana hacia Cuba ahora vuelve de nuevo a lo de siempre, a lo único que a los gobernantes americanos les importa: mantener a Cuba quieta. (Sobre todo, el interés primordial es que no se produzca un nuevo éxodo masivo de cubanos a EEUU como el del Mariel en 1980 o el de los balseros en 1994).

 

En 1962, como parte de los acuerdos entre el presidente Kennedy y el líder soviético Kruschev que terminaron con la Crisis de los Cohetes, la supervivencia de la revolución cubana fue garantizada. Todavía sigue ahí. Todavía siguen los Castro en el poder después de 55 años.

 

Ahora, con esta búsqueda equivocada de logros históricos y de su lugar en la historia de EEUU, el presidente de nuevo garantiza que los herederos de la revolución cubana permanecerán en el poder y que los cubanos no podrán siquiera tener la oportunidad de lograr su libertad política.

 

Quizás los cubanos solos lo consigan algún día. Pero las políticas de este presidente garantizan que no será así por ahora. Eso fue lo que consiguió buscando sus logros históricos: negarle la libertad al pueblo cubano. ¡Felicidades Señor Presidente!

 

Pero que nadie se equivoque. Esta oferta de acercamiento del presidente NO es un salvavidas temporal, como algunos piensan, debido a la precaria situación que Cuba pronto afrontará por la crisis económica de Venezuela, producida por la caída en el precio del petróleo.

 

NO, esta oferta está diseñada para garantizar por segunda vez la permanencia de la revolución cubana. Afortunadamente, a pesar de las intenciones del presidente y del daño inmenso que sus políticas le han hecho a EEUU en los últimos seis años, el Peso de la Historia también lo afecta a él.

 

Pero, por otro lado, gracias a su ineptitud y a su incapacidad, y, sobre todo, gracias a la Ley de Murphy (“Todo lo que pueda salir mal, saldrá mal; y saldrá mal en el peor de los momentos”) y a la Ley de Consecuencias No Intencionadas, casi todo su programa político ha fracasado.

 

Esta nueva política hacia Cuba también fracasará.