Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Diego Trinidad, PhD, Miami

 

 

                               

 

 

                                

 

El Moncada y el origen del enfrentamiento de los Castro con ESTADOS UNIDOS

 

El 26 de julio de 1953, un grupo de jóvenes aventureros y confundidos, decidieron seguir a un abogado sin experiencia en el derecho, pero muy experimentado en las luchas violentas estudiantiles en la Universidad de La Habana, en un proyecto demencial: un ataque al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba (y a otro cuartel en Bayamo).  La idea, pues no se le puede llamar plan, era tomar el cuartel y mediante un levantamiento conjunto en la ciudad (la segunda de Cuba), producir una “revolución” política que eventualmente derrocaría al gobierno dictatorial de Fulgencio Batista.

 

Batista había interrumpido el corto ritmo constitucional de solo 12 años en Cuba cuando el 10 de marzo de 1952, a dos meses de las elecciones presidenciales, con un golpe militar que dejó un saldo de un muerto, tomó el poder y decidió a Fidel Castro, que estaba postulado a representante en esas elecciones de 1952 por el Partido Ortodoxo, a encaminarse a la violencia para derrocar a Batista. Pero se debe destacar que la gran mayoría del pueblo cubano recibió el golpe de estado de Batista con indiferencia (excepto los estudiantes universitarios) y hasta con alivio, en el deseo de restablecer el “órden” en Cuba. Pocos querían regresar a la violencia política en 1953. Batista, en definitiva, había gobernado con “mano dura” desde 1934 a 1944 (los últimos 4 años como presidente constitucionalmente electo) y había traído relativo orden y seguridad a la república, si no libertad política y “democracia”.

 

Pero ¿cómo explicar que esos 160 jóvenes, mal armados, sin ningún entrenamiento militar y muchos hasta ignorando, la noche ántes, el objetivo del ataque, siguieran a Fidel Castro en su primera gran aventura?  Según el historiador Antonio de la Cova, en su gran libro The Moncada Attack: Birth of the Cuban Revolution, Castro no estaba interesado en el triunfo de la operación, sino en el protagonismo, en el hecho que ese ataque lo haría famoso y lo convertiría de pronto en un líder -quizás en El Líder- de la oposición a Batista. De cualquier manera, con ese fracasado ataque en realidad nació la revolución cubana. Por el firme convencimiento de lo que debía ser el “destino” de un hombre: Fídel Castro. Y Fídel Castro ES la revolución cubana. Por su férrea voluntad.

 

El 5 de junio de 1958, escribiendo desde la Sierra Maestra, Fidel Castro le envió a su principal colaboradora, Celia Sánchez, la siguiente nota escrita a mano: “Celia: Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo.  Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la que voy a echar contra ellosMe doy cuenta que ése va a ser mi destino verdadero”. [1](Énfasis mío).

 

Hay que destacar que esta nota fue enviada privadamente a Celia Sánchez en Santiago de Cuba en unos momentos en que ni remotamente podía pensar Castro que su triunfo estaba a poco más de seis meses. Y fue una comunicación personal, sin ninguna intención de que quedara para la historia. Casi seguro fue una reacción irracional de un ser que ha vivido casi toda su vida de exabrupto en exabrupto. ¿Por qué “al ver esos cohetes que tiraron en casa de Mario” le provocó esa rabieta? Bueno, tratemos de reconstruir su proceso mental. Los “cohetes” eran de fabricación americana y habían sido adquiridos por el gobierno de Batista (probablemente años atrás). Estaban siendo lanzados contra las guerrillas en la Sierra Maestra (y sobre la población civil, a veces) por aviones americanos también adquiridos por el gobierno de Batista, el cual, por ilegítimo que fuera, se estaba defendiendo contra una fuerza militar que lo trataba de exterminar. Por consiguiente (¡qué lógica!), Estados Unidos era culpable del daño causado por esos cohetes. Claro, este proceso de “razonamiento” ignoraba convenientemente que en marzo de 1958, ese mismo gobierno americano contra el cual desbarraba, le había impuesto un embargo de armas al gobierno de Batista, armas por las cuales un gobierno reconocido por EEEUUU había pagado y a las que tenía todo el derecho de recibir.

 

Pero de cualquier manera,  esta nota tiene un significado extraordinario. Por primera vez Castro pone por escrito sus intenciones futuras. Y de hecho, su razón de ser. Su odio irracional contra Estados Unidos era antiguo y prevalente, lo cual es aceptado como cierto por casi todos sus biógrafos y colaboradores más íntimos, aunque hay un pequeño grupo, como el ya fallecido Carlos Franqui, que negaban el odio contra EEEUUU como política de estado y aseguraban que Castro es simplemente un gran actor que siempre utilizó la expresión de ese odio como arma política.[2] Pero esto, aunque estuviera presente, no puede borrar ese odio irracional. ¿Por qué el odio contra EEUU?  Eso es otra cosa.  No tiene explicación, como lo irracional nunca la tiene. Y aquí no vamos a utilizar la especulación, ni mucho menos “nuevas” herramientas como la “psico-historia”, que no es más que una tontería sin base alguna para las investigaciones históricas. Nunca se podrá saber el por qué de ese odio, pero sí se sabe bien que esa fue la razón de ser de su vida, de la revolución cubana, y del rumbo que ésta tomó desde el principio. Y ese conflicto continuo contra Estados Unidos, el cual fue expresado en su primer gran discurso donde las palomas se le posaron al hombro en el campamento de Columbia en La Habana el 8 de enero de 1959, continuó -y continúa aún- como la política externa del país, después de tantos años.

 

1959

 

En ese discurso del 8 de enero de 1959, por primera vez desde los años 1930s, se oyó en Cuba la palabra “imperialismo”.  Peor, se oyeron las palabras “imperialismo yanqui”. Y desde entonces, el refrán continúa como la base de la política externa del país. Sólo que desde el mismo mes de enero de 1959, los discursos agresivos contra EEEUUU se tornaron en hechos políticos, comenzando con la actitud y tratamiento del nuevo embajador de EEEUUU, Philip Bonsal, un diplomático de carrera de notorias ideas liberales, quien fue nombrado especialmente para complacer a los nuevos dirigentes revolucionarios y ofrecerles un “oído amigo”. De nada sirvió. Bonsal y sus buenas intenciones -que eran las del gobierno de EEEUUU ofreciendo una mano amistosa- fueron sumariamente rechazados por el nuevo gobierno ”revolucionario”, primero encabezado por el presidente provisional, Manuel Urrutia y su primer ministro, José Miró Cardona, y desde febrero de 1959, por el mismo Castro como primer ministro.

 

De los discursos se pasó a la confrontación abierta en muy poco tiempo. Quince días después de llegar a La Habana, Castro estaba en Caracas visitando al presidente electo de Venezuela, Rómulo Betancourt. A minutos de estar conversando con Betancourt, Castro le presentó su “plan maestro contra los gringos” al sorprendido Betancourt: un préstamo de $300 millones al gobierno cubano para fomentar la subversión en Hispanoamérica.   Betancourt le contestó que eso era imposible,[3] pero ya el gobierno cubano estaba comprando armas en Bélgica para llevar a cabo el proyecto revolucionario en Centroamérica y el Caribe. En los primeros seis meses de 1959, Cuba mandó expediciones en mayor o menor escala a Panamá, Haití, República Dominicana, Guatemala, Costa Rica, Honduras y Nicaragua. A Venezuela le llegaría su turno en 1963.[4]

 

Cuando Castro fue invitado a EEUU por la Sociedad de Editores de Prensa Americanos (ASNE) en abril  de 1959, llevó con él a una comitiva de los principales ministros y asesores económicos de su nuevo gobierno. Entre ellos estaba Rufo López Fresquét, ministro de Hacienda. López Fresquét le contó a mi padre, Diego Trinidad II, poco después de regresar de EEUU y mucho antes de escribirlo en su libro Mis catorce meses con Castro, publicado en 1966, que Castro le había prohibido terminantemente en el vuelo a New York, a él y a todos los demás asesores económicos, que bajo ninguna circunstancia aceptaran ayuda americana en caso de que fuera ofrecida.5 Quizás fue un error de la administración de Eisenhower no ofrecer ninguna ayuda económica a Cuba en ese viaje y mucho se ha escrito sobre esto como la razón principal por la cual Castro fue “obligado” a buscar ayuda rusa. Tal explicación ha sido ampliamente desacreditada por mucho tiempo, pero además, aparentemente la prohibición de Castro era conocida por varias personas, y casi seguro también por las autoridades americanas. De hecho, el vicepresidente Richard Nixon, el único oficial del gobierno americano que se reunió con Castro durante ese viaje, escribió en su reporte que “Castro era extraordinariamente inocente sobre el comunismo o estaba bajo su disciplina, probablemente lo segundo”.6 De manera que nunca se sabrá si una oferta oficial de ayuda económica hubiera cambiado en algo lo que sucedió después, pero dada la prohibición de Castro de aceptarla, es difícil pensar que algo hubiera cambiado.  

 

En ese viaje a EEUU en abril de 1959, por primera vez comenzaron las preguntas sobre el comunismo. En las principales comparecencias este tema fue mayormente ignorado, pero no cuando Castro fue invitado al Comité de Relaciones Exteriores del Senado. Presidido por el notorio simpatizante comunista William Fulbright, Castro fue tratado con admiración y respeto hasta el final. Entonces el Senador de la Florida George Smathers, quien no era miembro del Comité pero estaba presente por cortesía, le preguntó directamente si era comunista, para molestia de Fulbright. Después de titubear y balbucear un poco (por cierto, en todo momento habló en inglés durante el viaje, no muy bien y con acento, pero se hizo entender perfectamente; luego fingiría siempre no hablar inglés), se negó rotunda y airadamente a contestar.7 Mal augurio, pues en este caso, la callada por respuesta solo provocó más y más preguntas sobre el tema, las cuales se vio obligado a contestar, negando que ni él ni la revolución fueran comunistas. No roja su revolución, sino verde olivo. No comunista, sino humanista. El público americano respondió con entusiasmo y su carismática figura se afianzó en la imaginación popular de EEUU desde entonces.

 

Hay que destacar que desde enero de 1959 hasta el final de la Crisis de los Cohetes en octubre de 1962, Castro y su régimen estuvieron principalmente ocupados con la implantación de la medidas “revolucionarias” que se comenzaron a implementar rápidamente, tan temprano como la Reforma Agraria, en mayo de 1959.  Pero a pesar de eso, Castro siempre estuvo más interesado en “cumplir con su verdadero destino” que con la política doméstica de su régimen. Eso lo dejó en manos de varios de sus colaboradores como el economista Cepero Bonilla, el geógrafo Antonio Núñez Jiménez (primer director del Instituto de Reforma Agraria, INRA) y Ernesto “Ché” Guevara, a quien nombró, primero Presidente del Banco Nacional de Cuba, substituyendo al prestigioso Felipe Pazos, su primer designado en enero de 1959, y después Ministro de Industrias. Bonilla tenía capacidad, pero Castro nunca lo dejó llegar muy lejos. Núñez Jiménez, ninguna para fungir como director del INRA. Y Guevara, por supuesto, no tenía la más remota capacidad para ninguna de las dos posiciones, y esto ha sido así a través de 53 años.  Es decir, la enorme mayoría de las personas que se han ocupado día a día de la economía en Cuba, han sido mayormente incapaces de cumplir con sus obligaciones. Lo cual, de acuerdo con el destacado economista cubano-americano Jorge Sanguinetty,8 demuestra que Castro nunca ha estado interesado en la política doméstica. Su único interés siempre han sido las relaciones externas: con EEUU a manera de confrontación continua, con el resto del mundo, buscando su lugar en la historia.

 

De todas maneras, esas consideraciones internas tenían ramificaciones externas en las relaciones con EEUU. Por ejemplo, desde los primeros meses de 1959, con los fusilamientos públicos, sobre todo el espectáculo del juicio al Coronel Jesús Sosa Blanco, televisado en vivo nacionalmente desde el Coliseo de la Ciudad Deportiva en febrero de 1959, tuvieron un pobre efecto en la opinión pública americana y provocaron protestas del gobierno de EEUU. Mucho peor fue la implantación de la Reforma Agraria en mayo y la deserción del Jefe de la Aviación Revolucionaria, Comandante Pedro Luís Diaz-Lanz en julio de 1959. Una vez más, por casualidad, mi padre se estaba entrevistando con Fidel y Raúl Castro en una suite que Castro mantenía en el Hotel Habana Hilton. Los Castro estaban tratando de que mi padre comprara el periódico “Prensa Libre” para añadirlo al oficialista “Revolución” como órgano de apoyo al gobierno. Un ayudante le trajo a Castro la noticia de la deserción, que se enfureció de tal manera descontrolada que se halaba los pelos de la cabeza y de la barba, pateaba y tiraba cosas por toda la suite y maldecía desaforadamente a Pedro Luís. Su hermano Raúl y mi padre se miraron algo asustados, y en cuanto llegó otro mensajero, mi padre aprovechó para irse de la suite sin terminar la negociación sobre “Prensa Libre”, la cual no tuvo éxito; ya Diego Trinidad II hacía tiempo estaba muy decepcionado con el rumbo de la revolución para colaborar con ella de ninguna manera.9

 

Cuando Díaz-Lanz testificó ante un Comité del Senado de EEUU unos dias más tarde, esto trajo como resultado otra confrontación entre los dos gobiernos. La Ley de Reforma Agraria, que según el economista cubano-americano Jesús Marzo Fernández fue el principio del fin de la economía cubana, sobre todo en el sector agrícola10, introdujo el grave problema de las confiscaciones y expropiaciones de capitales americanos sin compensación, ya que el régimen cubano limitó la cantidad de tierra que cada ciudadano podía poseer, y muchos dueños americanos fueron afectados, con el consiguiente enfrentamiento de Cuba y EEUU sobre otro nuevo tema.

 

En ese verano de 1959, el presidente provisional Manuel Urrutia fue acusado (injustamente) de comprar una casa de lujo en Miramar, una sección residencial exclusiva de La Habana. Renunció el 17 de julio, en medio de uno de los primeros grandes “shows” propagandísticos de Castro, cuando también él presentó su renuncia en protesta de las acusaciones por parte de Urrutia de penetración comunista en el gobierno. Después de un largo discurso en TV contra Urrutia, regresó triunfalmente al premierato. Pero las acusaciones de comunista lo perseguían: en unos días, su Jefe de la Aviación y su presidente provisional. Las ramificaciones en EEUU aumentaban, y aunque el embajador Bonsal seguía paralizado en La Habana, hasta los miembros del Cuarto Piso del Departamento de Estado comenzaban a tener sus dudas, y el mismo presidente Eisenhower se impacientaba cada vez más.  En octubre de 1959, Diaz Lanz voló sobre La Habana en un B-26 lanzando folletos anticomunistas sobre la capital.  Mas el gobierno de Cuba acusó a EEUU de “bombardear” a La Habana y el Departamento de Estado protestó airadamente, revelando la verdad. Pero quedó el hecho que el avión había salido de EEUU, aparentemente con complicidad -o al menos con conocimiento- del gobierno.

En ese mismo mes de octubre, ocurrió el caso de Huber Matos, uno de los principales comandantes de la revolución y Jefe de la provincia de Camagüey. La renuncia/destitución se produjo, una vez más, en medio de acusaciones de penetración comunista en el régimen castrista. Otro muy popular comandante, Camilo Cienfuegos, fue enviado a Camagüey a arrestar a Matos, y a los pocos dias su avioneta desapareció misteriosamente sobre el mar. Nunca se supo qué sucedió, pero coincidentemente, Castro se benefició con la “eliminación”, en el transcurso de cuatro meses, de tres comandantes y de su presidente provisional. En noviembre de 1959 los primeros planes para  deshacerse del régimen de Castro comenzaban a tomar forma en Washington. Y para terminar el primer año de la revolución en el poder, en diciembre, los primeros 200 niños cubanos de los 14.000 que eventualmente llegaron a EEUU gracias a la Operación Pedro Pan, fueron enviados por sus temerosos padres a Miami, en medio de rumores de la aplicación inminente de la Patria Potestad a los niños cubanos menores de 14 años.

1960

 

El año 1960 fue transformacional en muchos sentidos. Eventos importantes parecían sucederse mes tras mes. En enero, una “Fuerza de Choque” (Task Force) creada por la CIA para elaborar un plan de acción encubierta contra Cuba. En febrero, se produjo la visita del Vice-premier ruso Anastas Mikoyan a Cuba, y se firmó un acuerdo bilateral entre los dos países. Cuba le vendería 5 millones de toneladas de azúcar a Rusia por 5 años. Rusia le vendería petróleo, trigo, hierro, fertilizantes y maquinaria industrial a Cuba, con un crédito de $100 millones a un interés anual de 2.5%. Esto sorprendió a EEUU y sacudió al Departamento de Estado, pero peor fue la explosión del barco belga La Coubre  en el puerto de La Habana.

 

El barco contenía una carga de armas y explosivos y nunca se descubrió la causa de la explosión, la cual causó la muerte de decenas de soldados y estibadores cubanos. Cuba, por supuesto, acusó nuevamente a EEUU de actividades “terroristas”, sin ofrecer ninguna prueba. Esta vez, hasta el timorato embajador Bonsal presentó una protesta formal ante el Ministerio de Estado cubano. En marzo, el presidente Eisenhower aprobó el plan de actividades encubiertas contra Cuba, que incluía la terminación de la cuota azucarera de Cuba, la continuación del embargo de armas en efecto desde mediados de 1958, el paro de envíos de petróleo a la isla y la organización de una fuerza paramilitar de cubanos exiliados para eventualmente infiltrarse en Cuba. (Esta fuerza paramilitar se convirtió a los pocos meses en la Brigada 2506, que invadió a Cuba en abril de 1961). Las medidas no fueron implementadas de momento.

 

Pero en mayo llegaron los primeros embarques de petróleo ruso a Cuba y en junio se produjo el primer conflicto directo entre Cuba y EEUU, cuando las refinerías Shell (inglesa), Texaco y Esso (americanas) se negaron a refinar el petróleo ruso. Se alegaron presiones del gobierno americano, pero el hecho es que las refinerías simplemente no podían refinar el mucho más grueso petróleo crudo ruso. Pero esto trajo como resultado la nacionalización de las refinerias por el régimen cubano entre el 29 de junio y el 1 de julio.  El 3 de julio, EEUU tomó represalias y la escalada de actividades de un gobierno contra el otro se multiplicaron. EEUU suspendió la cuota azucarera de Cuba el 3, y el 5 Cuba nacionalizó todas las propiedades americanas en Cuba, sin compesación, por supuesto. El 6 Eisenhower suspendió la compra de las últimas 700.000 toneladas de azúcar que quedaban de la cuota de 1960. El 8 Rusia acordó comprar esas mismas 700.000 toneladas remanentes y el 23, China acordó comprar 500.000 toneladas anuales a Cuba por cinco años, el primer acuerdo comercial entre los dos países.

 

En septiembre, les llegó el turno a los propietarios cubanos. El 15, el régimen “intervino” 16 fábricas de tabaco, 14 de cigarros (incluyendo Trinidad y Hermano, S.A., establecida en Ranchuelo, Cuba, por Diego Trinidad I y su hermano Ramón en 1905; la mayor fábrica de cigarros en la isla, con 550 empleados y una producción anual de 650.000 ruedas de cigarros, equivalentes a casi 25 millones de cigarros) y 20 almacenes de tabaco.11 Nunca se supo por qué la industria tabacalera fue la primera en ser expropiada, pero no paró ahí. Al contrario, dos días después, todos los bancos americanos fueron nacionalizados. Al día siguiente, 18 de julio, Castro viajó a las Naciones Unidas en New York por primera vez.

 

Montó otro enorme “show” propagandístico, hospedándose con la enorme delegación cubana en el Hotel Theresa, en Harlem, el barrio negro de la ciudad de New York, para congraciarse con las “minorías”. Se abrazó con el líder ruso Nikita Khrushchev en la ONU, pronunció uno de sus kilométricos discursos, de 4 horas y media de duración, conoció y se codeó con todos los líderes “tercermundistas”, y en general, salió de New York con una gran victoria propagandística sobre el “imperialismo”.  ¡Y bajo sus mismas narices, en la capital simbólica de EEUU!  A su regreso triunfal a Cuba, le asestó el golpe de gracia a la propiedad privada en la isla con el decreto de Reforma Urbana, el 14 de octubre. Un día antes fueron expropiadas 382 de las mayores industrias cubanas, incluyendo los ingenios azucareros y la banca nacional; con la Reforma Urbana, también miles de casas y apartamentos privados fueron despojados a sus dueños.

 

Naturalmente, con la posible excepción de algunas propiedades americanas (notablemente las de DuPont en Varadero), ninguna de estas expropiaciones, americanas o cubanas, fueron pagadas a sus legítimos dueños, ni siquiera parcialmente. Como muy débil respuesta, el gobierno americano impuso un embargo económico sobre Cuba, excluyendo comestibles y medicinas. Nueve días después, el 24, Cuba expropió lo que quedaba de propiedades privadas de dueños americanos.  Pero en Miami, donde ya vivían más de 100.000 exiliados,12 cada día más de ellos eran reclutados para ser entrenados en los campamentos de Guatemala donde la CIA preparaba una invasión contra Cuba. Y el  8 de noviembre, el Senador Demócrata de Massachusetts, John Kennedy, derrotó en una reñida elección al Vice-presidente Republicano Richard Nixon. Los destinos de los dos países, pero sobre todo el de Cuba, cambiarían ese día. Para recibir el nuevo año, Castro exigió en un discurso el 2 de enero que EEUU redujera el personal de su embajada en  La Habana, de 87 a 11. Al día siguiente, EEUU rompió las relaciones diplomáticas con Cuba.

 

1961-1962

 

Entre 1961 y finales de octubre de 1962, las relaciones entre EEUU y Cuba estuvieron casi completamente dominadas por los dos eventos históricos más importantes del último medio siglo: la invasión de Bahía de Cochinos en Playa Girón y Playa Larga del 17 al 19 de abril, y la Crisis de los Cohetes de octubre de 1962, terminada oficialmente el 29 de octubre, pero no en realidad hasta fines de diciembre con la retirada de los bombarderos IL-28s. Estos eventos se convirtieron en la consolidación y la garantía de la revolución y están descritos en detalle en el primer tomo de Efrén Córdova (editor), 50 Años de Revolución en Cuba: El Legado de los Castro (Miami: Ediciones Universal, 2009), capítulo XVI, Girón o Bahía de Cochinos: Consolidación de la Dictadura, y en el capítulo  7  del segundo tomo ya citado, El Ocaso del Régimen que Destruyó a Cuba.

 

Pero se debe destacar que durante 1961, ocurrieron dos episodios interesantes adicionales. Primero, la entrevista entre Ernesto “Ché” Guevara, como enviado especial de Cuba, y el asesor presidencial Richard Goodwin, en la reunión de la Organización de Estados Americanos (OEA), celebrada en Punta del Este, Uruguay, el 22 de agosto de 1961. Se discutieron varios temas de interés mutuo, incluyendo la posibilidad de un arreglo entre los dos países, pero nada resultó al final, porque Kennedy exigió que Cuba renunciara a toda ayuda Soviética.  ¿Hubiera podido llegarse a un arreglo?  Muy dudoso.  Castro quería lo que quería, y aún si Kennedy hubiera aceptado un modus vivendi, Castro  nunca renunciaría a su proyecto revolucionario universal. Más adelante, el 3 de noviembre de 1961, se adoptó oficialmente por la administración de Kennedy la llamada Operación Mongoose, un programa de subversión y sabotaje contra el régimen de Cuba cuyo objeto principal era el asesinato de Fidel Castro.  Así cerró 1961.

 

El nuevo año de 1962, comenzó con la suspensión de Cuba de la OEA, orquestrada por EEUU, el 22 de  enero, y entre  febrero y marzo, EEUU consolidó todavía más el embargo económico contra Cuba. Pero desde mayo, en que se concibió el plan para introducir cohetes nucleares en Cuba, hasta fines de octubre cuando se “resolvió” la Crisis, prácticamente todas las relaciones entre los dos países estuvieron dominadas por los eventos que casi conducen a una guerra nuclear. Durante esos meses, sin embargo, la Operación Mongoose estuvo funcionando a plenitud.  Quizás hasta 5.780 operaciones anticastristas fueron conducidas dentro y fuera de Cuba, 716 de sabotaje a objetivos económicos importantes.13

 

Además, los planes para asesinar a Castro seguían adelante, aunque sin mucho éxito (obviamente). Después de terminada la Crisis de los Cohetes, también fue negociada la liberación de los miembros de la Brigada 2506, intercambiados por $53 millones en medicinas y equipos agrícolas. El 24 de diciembre llegaron a Miami 1,113 brigadistas. El 29 de diciembre, el presidente Kennedy, en un emotivo acto en el estadio Orange Bowl de Miami, televisado nacionalmente, aceptó la bandera de la Brigada 2506 (no la que desembarcó en Girón)14 de parte del jefe militar de la Brigada, José San Román. En su corto discurso, Kennedy declaró que “les puedo asegurar que esta bandera será devuelta a la Brigada en una Habana libre”.15 Todavía estamos esperando.

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1) Ver facsímil de la carta en el apéndice 1 del libro El Ocaso del Régimen que Destruyó a Cuba (Miami, Inter American Institute for Democracy, 2011) .  En su megalomanía, Castro le habló de su “destino histórico” a muchos allegados. Uno de ellos, según José Ignacio Rasco, el padre jesuita Alberto Castro Rojas, maestro de Fidel Castro en el colegio de Belén y quien se lo contó en enero de 1959 en el viaje a Venezuela “Confidencialmente, a mí [Castro] Cuba me resulta muy estrecha… Mi aspiración suprema es poder sentarme a gobernar el mundo entero, en una misma mesa con el americano, el ruso y el chino. Yo, como representante del bloque de las naciones iberoamericanas”. Citado en el capítulo escrito por Rasco “Semblanza de Fidel Castro”, Efrén Córdova, ed. 40 Años de Revolución: El Legado de Castro (Miami: Ediciones Universal, 1999) pp. 411-443

2) Entrevista con Carlos Franqui, Puerto Rico, febrero, 2008

3)  Jay Mallin, Fortress Cuba (Chicago: Henry Regnery, 1965),  pp. 73-4

4)  Paul D. Bethel, The Losers (New Rochelle: Arlington House, 1969), p. 131. Según Bethel, parte del cargamento de armas compradas en Bélgica en febrero de 1959 por el comandante Ricardo Lorié por valor de $ 9 millones, fueron encontradas en una playa de Venezuela en 1963

5) Conversaciones con Diego Trinidad II, 1959-1980; Rufo López Fresquet, My Fourteen Months with Castro (Cleveland: World Publishing, 1966), p. 106

6) Jeffrey Safford, “The Nixon-Castro Meeting of 19 April 1959, Diplomatic History IV (Fall 1980), pp. 426-31

7) David M. Barret, The CIA and Congress: The Untold Story from Truman to Kennedy (Lawrence:University of Kansas Press, 2005), p. 428

8) Entrevistas con Jorge Sanguinetty, 2007-2010

9) Diego Trinidad II, 1959

10) Entrevistas con Jesús Marzo Fernández, 2007-2010

11) Una semana antes, el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), le había entregado un cheque por $559.000 a Diego Trinidad II para comprar tabaco como un adelanto por un acuerdo firmado días antes.

12) Theodore Draper, Castro’s Revolution: Myths and Realities (New York: Praeger, 1961), p.61

13) J. A. Sierra, WWW.History of Cuba.com. Timetable History of Cuba, 1962

14) E. Howard Hunt, American Spy (Hoboken: Wiley, 2007). P. 122. Según Hunt, Manuel Artime, el jefe político de la Brigada, le confió que la bandera era una réplica y que el acto casi no se lleva a cabo debido a la gran animosidad de los brigadistas hacia Kennedy

15) Sierra, op. cit., 1962

 

NOTA: Este artículo es un fragmento del texto de Diego Trinidad titulado Los Castro ante la historia y frente a once presidentes de Estados Unidos de América, publicado en El Ocaso del Régimen que Destruyó a Cuba, Efrén Córdoba, ed.