Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Diego Trinidad, PhD, Miami

 

 

                               

 

 

                                

 

El exilio histórico: capítulo final

 

Este artículo estaba planeado antes de que el presidente de Estados Unidos anunciara el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba. De manera que esa no fue su razón de ser, aunque naturalmente esa decisión fue como el tiro de gracia al Exilio Histórico (no en realidad, pero eso lo veremos más adelante). Todo esto viene acercándose hace mucho tiempo, y yo llevo advirtiendo el peligro que nos amenazaba hace al menos siete años. Nadie, como de costumbre, prestó atención a mis advertencias. Y lo peor del caso es que se pudo haber evitado; mientras que ahora es muy tarde y por eso estamos llegando a este capítulo final.

 

Las tendencias demográficas son imparables. El éxodo del Mariel fue la última contribución al Exilio Histórico, aunque muchos al principio no lo vieron así. Pero desde los 1980, los años gloriosos del Presidente Ronald Reagan, cuando por un momento efímero, que malamente duró 20 años, parecía que la marea histórica de la Izquierda Eterna se había detenido y la hora de la libertad al fin se aproximaba, el Exilio Histórico dejó de crecer.

 

No fue coincidencia. La administración de Reagan fue la única que no buscó un acercamiento con el régimen castrista. En vez de eso, negoció convenios migratorios beneficiosos para ambos países, con cierta cantidad limitada de cubanos cuya entrada era permitida a EEUU todos los años. Además, en una reunión secreta entre el General Vernon Walters y Fidel Castro en febrero de 1981 (no la reunión más conocida en México entre el Secretario de Estado Alexander Haig y Carlos Rafael Rodríguez), Walters le advirtió a Castro directamente que EEUU no haría nada contra su régimen, pero a cambio de que Cuba suspendiera sus actividades subversivas en Centro América. Mayormente, ambos gobiernos cumplieron lo acordado. El contenido de esas conversaciones todavía está clasificado.

 

Durante la administración del Presidente Clinton, quien si trató de lograr un acercamiento y una reconciliación completa con el régimen castrista hasta que MiGs de Cuba derribaron a dos avionetas desarmadas de Hermanos al Rescate, el 24 de febrero de 1996, se produjo otro éxodo masivo hacia EEUU desde Cuba, esta vez de balseros.

 

Más de 60,000 eventualmente lograron llegar a EEUU, a pesar de promesas públicas de la administración de que permanecerían en un campamento de concentración preparado para contenerlos en la Base Naval de Guantánamo. Pero el hecho es que, desde entonces, comenzaron a llegar grandes cantidades de inmigrantes cubanos a EEUU.

 

Ya no eran refugiados, sin embargo. Ya no venían buscando libertad en primer lugar. Ya no formarían parte del Exilio Histórico. Ahora solo eran inmigrantes económicos como cualquier otro de cualquier lugar en el mundo. Y con eso, terminó de crecer para siempre el Exilio Histórico y comenzó a crecer cada vez más el grupo de cubanos nuevos a quien yo prefiero llamar “arrivistas”.

 

Luego entonces, desde mediados de los 1990s, el Exilio Histórico quedó limitado, para solo mermar poco a poco, y los nuevos arrivistas eventualmente lo sobrepasaron. Ahora, ese grupo de nuevos y distintos cubanos ya sobrepasan al Exilio Histórico. Y esto es lo que quise evitar por todos los medios cuando comencé mis advertencias hace tiempo.

 

¿Como se pudo evitar? Con la derogación de la insidiosa Ley de Ajuste Cubano. Esa Ley nació bajo Clinton, junto con la malvada política de “pies mojados, pies secos”. Si la inmigración cubana hubiera quedado limitada a números razonables y controlables, como fue durante la administración de Reagan, los cubanos nuevos, los arrivistas, nunca hubieran superado al Exilio Histórico numéricamente.

 

¿Por qué esto es importante? Primero, porque somos diferentes. El único logro de la Revolución Cubana fue lo que planearon Fidel Castro y Che Guevara: la creación del Hombre (y mujer) Nuevo. La educación y el cuidado médico son y siempre fueron falsos logros y pocos hoy en día los defienden. Pero los cubanos que nacieron y se formaron bajo el régimen castrista SÍ son distintos, sobre todo a nosotros los del Exilio Histórico.

 

Segundo, porque al ser distintos, aceptan con más agrado la intervención del gobierno no solo en la economía nacional, sino en la vida privada de los individuos. Después de todo, crecieron bajo un régimen totalitario, están acostumbrados a NO ser libres. Por eso favorecen recibir ayuda del gobierno. Por eso ven con naturaleza las políticas estatistas del gobierno. Sí, muchos se adaptan a la libertad, pero con cierto recelo. Por eso son votantes potenciales -y no en el futuro, sino ya mismo- del Partido Demócrata.

 

Y ese es el peligro que pocos quisieron ver y todavía menos hicieron algo por evitar. Cuando los votantes arrivistas superen numéricamente a los votantes del Exilio Histórico, algo que probablemente lograrán en el próximo ciclo electoral en el 2016, el Exilio Histórico perderá para siempre el control político del Sur de la Florida. Entonces nuestra comunidad será transformada en poco tiempo en una verdadera Little Havana. En una Nueva Cuba aquí en el Sur de la Florida. Con más libertad que en la isla, es verdad. Pero con una libertad política más restringida. Con más control y mayor intromisión del gobierno en todo, desde las escuelas hasta lo que se habla en el radio y se publica en los periódicos. Lo “políticamente correcto” será la norma. En fin, el sur de la Florida se convertirá en la nueva República Popular de California.

 

¿Por qué la decisión del presidente cambiará poco en realidad? Por qué no fue en verdad el tiro de gracia al Exilio Histórico. Hay varias razones.

 

En primer lugar, esta decisión NO buscaba cambiar nada. Esa no fue la intención del presidente. Restablecer relaciones diplomáticas entre Cuba y EEUU es su logro histórico, algo innegable. Fue un tremendo golpe de efecto. Electrificó al menos al sur de la Florida. El resto del país probablemente se encogió de hombros, aunque no The New York Times y sus lectores, y definitivamente no Hispanoamérica y Europa.

 

¿Por qué pienso esto? Veamos. El presidente hizo cuatro promesas muy definidas aún antes de su elección. Fueron, en orden, (1) cerrar la prisión antiterrorista en la Base Naval de Guantánamo (no lo ha logrado en seis años); (2) terminar con las guerras en Irak y Afganistán (terminó temporalmente con la guerra en Irak y retornó las tropas americanas peleando en ese país, pero ahora la guerra se ha reanudado y tropas americanas han regresado a Irak; en Afganistán, ni ha terminado la guerra, ni han regresado las tropas); (3) “resolver” el problema de la inmigración ilegal (su orden ejecutiva de noviembre NO resolvió nada, mucho menos permanentemente); finalmente (4) mejorar las relaciones con Cuba (su decisión de hace dos semanas “mejora” las relaciones, pero NO resuelve los problemas históricos entre Cuba Y EEUU).

 

De manera que TODA su agenda de logros históricos contenida en sus promesas electorales, ha fracasado completamente. No hay legado alguno, por mucho que el presidente y sus acólitos lo proclamen.

 

Después de un 2014 tan desastroso, tanto en política doméstica como externa, Cuba de pronto se convirtió para el presidente en algo que SÍ podía ser un gran logro y podía ser un gran legado histórico. Por eso, y nada más por eso, lo hizo.

 

Pero le salió el tiro por la culata. Aquí en EEUU el repudio a su decisión fue bastante extenso, aún entre líderes de su partido, como el Senador Bob Menéndez de New Jersey, presidente saliente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado.

 

En Cuba, las turbas amaestradas salieron a la calle a celebrar, pero casi todos los líderes de la oposición criticaron la decisión presidencial. En Miami, muchos arrivistas celebraron, pero no saben lo que les viene detrás -y muy pronto: el fin de la Ley de Ajuste Cubano.

 

Y el aplauso de Europa e Hispanoamérica es bastante inconsecuente, de nada le sirve al presidente, en nada afecta su “legado”. Nada de lo que propuso lo logrará, ya que el Congreso ni siquiera permitirá que nombre un Embajador en Cuba. Mucho menos se levantará el Embargo ni se derogará la Ley Helms-Burton en el Congreso. Pero NO producirá cambios en Cuba, sino en las relaciones entre el régimen castrista y EEUU.

 

¿Que cambios en Cuba? De entrada, el mas importante y dramático -y algo que afectará la vida diaria de miles de cubanos casi inmediatamente. Al aumentar el límite de las remesas permitidas a Cuba, de $300 a $2,000 trimestrales, los cubanos que reciben ayuda en la isla verán sus vidas cambiar en mucho. Después de todo, cuando se tiene poco y se recibe algo, ese algo puede ser mucho. Además, dicho por una buena parte de ellos mismos, lo que mas quiere el pueblo de Cuba son mejoras económicas. Esas las verán -y enseguida. Y esto se lo deben a la decisión del presidente. Pero solamente eso, ni más ni menos.

 

Sin embargo, otros cambios mucho más importantes se están negociando en estos momentos, tanto entre Washington y La Habana como entre Cuba y Europa. Hay dos asuntos inmediatos que el presidente puede afectar con órdenes ejecutivas. Uno es solo de efecto: devolver la Base Naval de Guantánamo -unilateralmente- a Cuba.

 

Por el Tratado existente, solo se necesita que una parte decida derogarlo y la otra lo acepte. ¿De qué le sirve eso a EEUU? Bueno, el presidente puede declarar que ha cumplido su promesa de cerrar la prisión antiterrorista. La Base Naval es obsoleta hace mucho tiempo y le cuesta millones al gobierno americano.

 

Pero para Cuba sería un gran golpe de propaganda y podrá decir Raúl Castro que Cuba ganó -como ya lo dijo poco antes de que el presidente anunciara su decisión de reanudar relaciones y otras medidas. Cuba ganó, venció al “Imperialismo” después de más de medio siglo. Y a cambio de nada, de ninguna concesión y sin traicionar “los principios de la Revolución”.

 

Pero a este presidente poco le importan las victorias propagandísticas del régimen castrista. No lo entiende en realidad. La geopolítica no es su fortaleza, si es que algo es su fortaleza.

 

El segundo asunto sí puede afectar las relaciones comerciales entre Cuba y EEUU. El presidente puede ordenar -y de esa manera burla el Embargo parcialmente- que cualquier compañía americana privada que así lo desee pueda darle créditos a Cuba, y su administración no tomará medidas punitivas en su contra.

 

Algo parecido a lo que hizo con los cinco millones (muchos mas en realidad) de inmigrantes ilegales en noviembre. ¿Se aventurarán algunas compañías privadas a darle crédito a un gobierno que no paga sus deudas si el gobierno de EEUU no garantiza esos créditos? Muy dudoso. Y el presidente definitivamente nunca se atrevería a emitir una orden similar a organismos internacionales como el Banco Mundial. De manera que, otra vez, esas dos medidas tendrían un efecto mínimo en las relaciones bilaterales entre los dos países.

 

Con Europa es otra cosa. Cuba está negociando con el Club de Roma para ampliar y mejorar las relaciones comerciales, incluyendo, por supuesto, nuevos créditos (o al menos refinanciamientos de antiguas deudas). Esto sucede ahora mismo. Es mas, Cuba ha abierto sus libros por primera vez de esta manera a organismos internacionales.

 

¿Que muestran? Superávits presupuestales. Datos en detalle sobre las entradas del régimen. Por ejemplo, en el año pasado, Cuba recibió $1,700 millones en ingresos por el turismo. Toda esta información viene de amigos que observan de cerca las actividades económicas del régimen, y son datos ofrecidos por el Ministro de Economía de Cuba Marino Murillo la semana pasada.

 

¿Cual es la importancia de estas revelaciones? Lo que muchos pensamos hace tiempo: el régimen abrirá su economía en el 2015. No de par en par, pero poco a poco. Han previsto el final, o al menos la reducción, de la ayuda de Venezuela en el 2015. Debido a la caída en el precio del petróleo, Venezuela no puede subvencionar, ni a Cuba ni al resto de los miembros de PetroCaribe, el año próximo.

 

Cuba espera entonces suplir esas pérdidas, por lo menos en parte, con las entradas que quizás medio millón de turistas americano les traiga en el 2015. Y las remesas, no olvidemos las remesas, pues el régimen recibe mas de $800 millones por esa vía (muy probablemente el triple).

 

De manera que como les recomendé a mis amigos en mi mensaje Pascual la semana pasada, que nadie se preocupe mucho por la decisión del presidente de reanudar relaciones diplomáticas. Sobre todo, los que anhelan un país con más libertad, no solo económica sino política, verán sus esperanzas frustradas una vez más.

 

Ahora, por otro lado, después de una campaña de semanas de The New York Times clamando por el fin del embargo (que nunca llegó, ni llegará en el futuro próximo), resulta que en un editorial de hoy le pide a los países “hermanos” de Hispanoamérica (ellos le llaman Latinoamérica, término inexistente que yo me niego a usar), que traten de influenciar a Raúl Castro para que abra las puertas a la democracia en Cuba. Que se sienten a esperar. Como escribió Carlos Alberto Montaner muy acertadamente en su columna dominical hoy, eso es lo que el mundo quiere. Menos Raúl Castro, y él es quien cuenta.

 

Para los que profesan querer lo mejor para el pueblo de Cuba, todo esto debe ser bienvenido, buenas noticias. Para el Exilio Histórico, incluyéndome a mí, para los que hemos luchado por medio siglo por la libertad para Cuba, para los que la libertad es más importante que el bienestar económico, aunque este sea para muchos, nada de esto es bienvenido ni son buenas noticias. Pero desafortunadamente eso es lo que se ve en el futuro para Cuba. Yo, aunque viva para verlo, nunca celebraré ese futuro, y en lo que pueda, seguiré por lo menos ayudando a algunos que en Cuba todavía luchan por la libertad. Pero, para mí, el futuro de Cuba está muerto, como casi ya muere el Exilio Histórico. Nunca nos rendimos, pero ya es hora de decir, Que Descanse en Paz el Glorioso Exilio Histórico.

 

Cuando pensé escribir este artículo, que tal vez sea el último que escribiré sobre Cuba en algún tiempo, hace algunas semanas, me pareció que sería muy desagradable para el Exilio Histórico. A los cubanos generalmente no nos gustan las verdades. Pero yo, como historiador profesional, no me puedo dar ese lujo.

 

Además, hace al menos cinco años le recomendé a ese mismo Exilio Histórico que admitiera que perdimos y ellos -los Castro- ganaron. Después de medio siglo de lucha, no pudimos derrocar al régimen castrista ni traer la libertad a Cuba. Como hay que saber perder y aceptar la realidad, eso recomendé. Pero ahora resulta que necesito hacer algunos cambios sobre mi juicio.

 

Porque en definitiva, NO perdimos nosotros. Mucho menos ganaron ellos. No, resulta que los logros del Exilio Histórico son muy grandes y perdurarán por siempre. Ningún grupo de exiliados logró tanto en la historia de la humanidad, lo mismo en el plano económico como en el político. Controlamos al Sur de la Florida por 30 años, algo nunca visto en ninguna otra comunidad en EEUU.

 

Por eso duele mucho perder ese poder ante los arrivistas. Pero en balance, la revolución castrista es y será siempre un fracaso innegable. Con los cambios por venir en Cuba, cuando los Castro mueran y sus herederos abran cada vez mas la economía, aún manteniendo el control político por quizás otro medio siglo, pocos recordarán la Revolución Cubana. Nadie recordará sus “logros”, porque nunca existieron.

 

Tampoco nadie recordará los logros y el legado de este presidente, porque no dejará ninguno. En el 2020, cuando Estados Unidos sea de nuevo una gran potencia económica mundial, y sea también respetado por la comunidad internacional, estos años desde el 2008 serán solo recordados como la pesadilla que han sido.

 

Pero como toda pesadilla, el despertar será glorioso.