Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Diego Trinidad, PhD, Miami

 

 

                               

 

 

                                

Cubanálisis-El Think-Tank da la bienvenida en sus páginas a Diego Trinidad, historiador y empresario, un profundo estudioso de las realidades de la historia más reciente de nuestro país, cuyos aportes sobre esa temática de seguro serán de gran interés y utilidad para nuestros lectores en todas partes. !Bienvenido a El Think-Tank, Diego Trinidad!

 

EL EMBARGO ECONÓMICO Y LA LEY DE AJUSTE CUBANO DE 1966:

UN RESUMEN HISTÓRICO Y UN ANÁLISIS CRÍTICO

 

El embargo

 

En octubre del 2011, se cumplirán 51 años desde las primeras medidas económicas adoptadas por la administración del presidente Eisenhower contra el régimen cubano encabezado por Fidel Castro, en aquel entonces primer ministro del gobierno revolucionario cubano.

 

El embargo económico se planeó en marzo de 1960 como parte de una acción encubierta contra el régimen castrista. Originalmente el plan incluía la terminación de las compras de azúcar cubano y la cuota azucarera establecida bajo la Ley del Azúcar de 1948; la suspensión de exportación de petróleo americano a Cuba; la continuación del embargo de armas en efecto desde marzo, 1958 (contra el régimen dictatorial de Batista); y la formación de una fuerza paramilitar de exiliados cubanos, con el propósito final de derrocar el régimen castrista.

 

La primera parte se implementó en julio de 1960 en respuesta a las confiscaciones masivas de propiedades americanas del régimen castrista en ese verano de 1960. La suspensión de entregas de petróleo siguió poco después, cuando el régimen cubano nacionalizó las refinerías de Esso, Texaco y Shell (británica) al negarse éstas a refinar petróleo ruso importado por Cuba.

 

Cuando la administración de Eisenhower rompió relaciones diplomáticas con el régimen castrista en enero de 1961, el embargo económico se intensificó. La política de aislamiento económico a Cuba también siempre fue parte del embargo, y desde el verano de 1960, EEEUUU comenzó a presionar a los países miembros de la OEA (Organización de Estados Americanos) para que impusieran sanciones contra Cuba. En enero, 1962, ya bajo la administración de Kennedy y meses después de la fracasada invasión de Bahía de Cochinos en abril, 1961, Cuba fue formalmente suspendida de la OEA.

 

La política del embargo siempre consistió de tres partes: embargo económico, aislamiento diplomático, y la más importante de todas, la esencial, acción militar contra el régimen castrista para lograr su derrocamiento. Lo cual, por supuesto, siempre fue el propósito final de la política del embargo: el derrocamiento del régimen de Castro

 

El embargo económico, consecuentemente, desde su comienzo bajo Eisenhower y su aplicación total en febrero de 1961 bajo Kennedy, prohibió los viajes de americanos a Cuba, suspendió las relaciones comerciales entre Cuba y EEEUUU y prohibió las importaciones de Cuba a EEEUUU y las exportaciones de EEEUUU a Cuba, con la excepción de alimentos y medicinas no subsidiados. Con la suspensión de Cuba de la OEA en 1962, el aislamiento diplomático de Cuba se consumó (México y Canadá nunca rompieron relaciones diplomáticas ni comerciales con Cuba). Pero la tercera parte de la política diseñada para derrocar al régimen castrista, la acción militar, se suspendió después de la fracasada invasión de Bahía de Cochinos.

 

Las medidas económicas y diplomáticas del embargo, sin la acción militar, nunca hubieran podido causar el derrocamiento del régimen cubano. Por consiguiente, una vez que el elemento militar fue eliminado de la política original del embargo, la política en su totalidad no tenía razón de ser.

 

El embargo es obsoleto desde octubre de 1962, cuando mediante un intercambio de cartas entre Kennedy y el premier ruso Khrushchev, la Crisis de los Cohetes se “resolvió”.

 

Parte de ese arreglo entre los líderes americano y ruso incluyó la protección, de facto, del régimen cubano contra ataques organizados en cualquier parte del Caribe o Hispanoamérica (aplicado por el Servicio de Guardacostas de EEUU y la Marina de Gran Bretaña).  Ataques desde EEUU contra Cuba, por supuesto, estaban prohibidos por las leyes de neutralidad de EEUU, pero esas leyes habían sido ignoradas hasta octubre de 1962. Desde entonces, EEUU de hecho se convirtió en el guardián de la revolución cubana, la cual fue garantizada por el arreglo entre Kennedy y Khrushchev de octubre de 1962, el cual fue formalmente modificado por escrito en septiembre de 1970, después de una serie de reuniones entre Henry Kissinger, asesor de seguridad nacional del presidente Richard Nixon, y Anatoly Dobrynin, embajador de la Unión Soviética en Washington (los textos de los acuerdos permanecen secretos, pero muchas de las transcripciones de las conversaciones entre los dos están disponibles en varios documentos y libros). 

 

La política del embargo económico de EEUU contra Cuba para derrocar el régimen castrista fue un fracaso total desde que el componente de acción militar directa fue abandonado después de la invasión de Bahía de Cochinos. 

 

La Operación Mongoose, dirigida por Robert Kennedy con la colaboración de la CIA, desde abril de 1961 hasta la Crisis de los Cohetes, organizó y condujo muchas acciones contra el régimen cubano, pero del tipo de incursiones limitadas y de ataques y sabotajes a instalaciones costeras menores, nunca suficientes para derrocar al régimen.

 

Desde octubre de 1962, la política es obsoleta y no tiene razón de ser, pero principalmente por inercia burocrática y por presiones enormes de intereses creados, nunca he sido derogada. No solo eso: ha sido modificada varias veces en casi medio siglo, supuestamente para estrangular más completamente al régimen castrista, notablemente con la enmienda Mack de 1990, que prohibió a subsidiarias de compañías americanas comerciar con Cuba, y la Ley Torricelli de octubre de 1992 (Cuban Democracy Act), diseñada para “causar estragos en la isla” (wreak havoc), que según su patrocinador, el congresista demócrata pore New Jersey Robert Torricelli, derrocaría al régimen de Castro “en semanas”. Finalmente, con la codificación de todas las medidas tomadas por distintas administraciones americanas contra Castro desde 1959, en la Ley Helms-Burton, firmada por el presidente Clinton en marzo de 1996, poco después del derribo por la Fuerza Aérea castrista de dos avionetas de Hermanos al Rescate.

 

Pero después de esa ley, que nunca se ha aplicado como fue la intención del Congreso (ni siquiera bajo la administración del presidente George Bush Jr., quien sin embargo limitó remesas y viajes a Cuba considerablemente), han transcurrido 15 años más y el régimen castrista sigue en el poder. 

 

En otras palabras, la política del embargo ha sido un fracaso rotundo; no ha funcionado para derribar a Castro del poder, aunque ha creado graves dislocaciones dentro de Cuba, ha encarecido el comercio externo de la isla con el resto del mundo, y sobre todo, ha privado al régimen de préstamos y financiamientos de bancos americanos y de organizaciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que obtienen fondos de EEUU. 

 

Este es el daño principal que el embargo ha causado a Cuba. Muchos piensan hace años que la política, en balance, ha ayudado al régimen cubano como arma propagandística dentro de Cuba y en el resto del mundo. Otros creen que el régimen nunca ha querido el levantamiento del embargo, porque le sirve de excusa para explicar toda la miseria que sigue padeciendo el pueblo cubano. Esto es debatible. Pero lo que NO es debatible son todos los hechos enumerados antes y que la política del embargo NUNCA ha funcionado y hace medio siglo no tiene razón de ser.  

 

Además, las medidas del embargo que han limitado el derecho constitucional de los ciudadanos americanos a viajar y a invertir donde quieran hacerlo en el mundo, han sido nocivas a la sociedad americana, porque el abuso a esas libertades garantizadas por la Constitución de EEUU tiende a corroer el respeto por la ley. Las leyes y políticas que no funcionan deben ser eliminadas.

 

La Ley de Ajuste Cubano

 

La Ley de Ajuste Cubano de 1966 es otra cosa enteramente. Aprobada por el Congreso el 2 de noviembre de ese año, fue creada casi directamente como resultado del primero de los varios “éxodos” de Cuba a EEUU, desde el puerto de Camarioca, en octubre-noviembre de 1965.

 

Entre 3,000 y 10,000 exiliados cubanos vinieron a EEUU en esa primera “válvula de escape” propiciada por Castro para aliviar las presiones políticas y económicas internas sobre su régimen. Poco después, por un acuerdo entre ambos países, los “Vuelos de la Libertad” comenzaron a llegar a Miami, y durante su duración, desde 1965 a 1973, probablemente más de 250,000 cubanos vinieron al exilio por esa vía. En 1965 ya había más de 650,000 cubanos exiliados viviendo en EEUU, y era necesario legalizar su situación, pues para el gobierno americano, estaban en el país para quedarse.

 

Otra demostración, por si fuera necesaria, de la nueva actitud de EEUU hacia Cuba.  Castro, en lo adelante, sería “contenido” (excepto que ni eso se logró), mas los esfuerzos por derrocarlo quedaban abandonados.

 

La Ley, además de necesaria, fue justa por una serie de razones. Los lazos históricos que unían a los pueblos cubano y americano, especialmente durante las luchas por lograr la independencia de España; la influencia comercial y social de EEUU en Cuba; el resultado de la guerra hispano-americana de 1898, que resultó en la independencia de Cuba después de varios años de ocupación americana en la isla, la cual ayudó enormemente a reconstruir la arruinada sociedad cubana; la imposición de la Enmienda Platt y su inclusión en la primera constitución cubana de 1901; la segunda intervención y ocupación americana entre 1906 y 1909, resultado directo de la Enmienda Platt y de las acciones del primer presidente cubano, Tomás Estrada Palma, al dejar a la isla sin gobierno y sumida en el caos, cuando su intento de reelección fue frustrado en 1905; las intromisiones continuas en los asuntos internos cubanos de los enviados diplomáticos americanos Enoch Crowder (durante las presidencias de Menocal, Zayas y Machado) de 1920 a 1927, y especialmente Benjamin Sumner Welles durante la revolución que derrocó al dictador Machado -instigada directamente por Welles; la imposición de Fulgencio Batista por Welles como “hombre fuerte” de Cuba desde 1933 (Batista terminó dominando la vida republicana de Cuba directa o indirectamente entre 1933-1944 y 1952-1958 -17 años de los 56 que duró la república cubana); la responsabilidad de EEUU por, primero, apoyar, y luego retirar el apoyo al gobierno de Batista (incluyendo el embargo de armas -pagadas- en marzo de 1958),  lo que parcialmente resultó en la victoria de Fidel Castro en 1959; las fatales decisiones del presidente Kennedy sobre Cuba, al retirar el apoyo aéreo a la Brigada 2506 y causar su fracaso, y al garantizar la revolución cubana en octubre de 1962, en su “entendimiento” con Khrushchev que puso punto final a la Crisis de los Cohetes; finalmente, la decisión del presidente Lyndon Johnson, quien, temeroso de un atentado a su vida por Castro (Johnson estaba convencido que Castro había sido responsable de la muerte de Kennedy), suspendió TODA la ayuda encubierta de la CIA a cubanos anticastristas en 1965 y aplicó las leyes de neutralidad estrictamente para asegurar que Cuba no fuera atacada por elementos anticastristas.

 

Todo este largo historial comprometía seriamente a EEUU a tratar de aliviar la situación de los exiliados cubanos en EEUU, sobre todo ahora que el gobierno había decidido “proteger” al régimen castrista. Por todo eso, la Ley de Ajuste Cubano fue justa y necesaria. Los exiliados cubanos se merecían la ley en 1966. Por más de 25 años funcionó adecuadamente y permitió no solo que los exiliados cubanos legalizaran su situación en EEUU y lograran conseguir la residencia permanente, sino que abrió el camino para que cubanos amantes de la libertad entraran a EEUU ilimitadamente con derecho de asilo casi garantizado. 

 

Pero no por las últimas dos décadas. Todo comenzó a cambiar después del segundo -y masivo- “éxodo” de Mariel, entre abril y octubre de 1980. Más de 125,000 cubanos entraron a EEUU durante esos siete meses, quizás hasta 20,000 criminales y dementes incluidos.

 

Especialmente, todo cambió radicalmente durante el último “éxodo” de los balseros en 1994. Posiblemente otros 60,000 cubanos trataron de escapar de Cuba, casi todos en “balsas” improvisadas. Miles fueron “detenidos” en el Estrecho de la Florida por el Servicio de Guardacostas y la Marina americana. De esos, aproximadamente 35,000 fueron internados en campamentos temporales en la base naval americana de Guantánamo, en Cuba.

 

Esta crisis resultó en un cambio diametral de la política tradicional de “puertas abiertas” de EEUU a los exiliados políticos que escapaban de Cuba. Con la complicidad de prominentes líderes cubanos del Exilio Histórico (bipartidistas), y con el respaldo de la mayoría de los intereses económicos del sur de la Florida, aterrorizados de otro Mariel, la administración del presidente Clinton creó la cínica política de “pies mojados, pies secos” (los exiliados cubanos serían permitidos en EEUU si pisaban suelo americano; de lo contrario, serían regresados a Cuba).

 

Por primera vez en 35 años, aquellos que buscaban libertad y trataban de escapar de Cuba y su sistema totalitario, no eran bienvenidos en la Tierra de la Libertad, Estados Unidos de América.

 

La Fiscal General de EEUU, Janet Reno, proclamó públicamente que ninguno de los detenidos en Guantánamo sería admitido en EEUU. Pero todos terminaron en EEUU después de varios meses, en que fueron admitidos sin mucha publicidad. 

 

Mas la insidiosa nueva política de “pies mojados, pies secos” permaneció en vigor, aún durante la administración de George Bush Jr.  Pocos del Exilio Histórico protestaron. Y por una buena razón. 

 

Desde aproximadamente 1990, la mayoría de los cubanos que trataban de salir de la isla ya no venían buscando libertad (excepto por muchos balseros: los que se lanzan al mar tienen que querer la libertad para jugarse la vida así). Se habían convertido en emigrantes económicos. 

 

Ese cambio demográfico de los nuevos “inmigrantes” trajo como resultado la invalidación de la muy exitosa Ley de Ajuste Cubano. Los nuevos inmigrantes económicos, que tenían derecho a recibir la residencia permanente americana al año de entrar en EEUU, también tenían el derecho de viajar y regresar a Cuba al año y un día de ser residentes.

 

El escándalo de miles de estos nuevos cubanos residentes visitando a sus “familiares” (hasta primos terceros) en Cuba después de haber mentido al llegar a EEUU reclamando “persecución política”, se agravó todavía más cuando estos arrivantes se convirtieron en parte de una nueva agenda política en el mundo del Exilio Histórico del sur de la Florida.

 

Aquellos que deseaban un acercamiento con el régimen cubano, que abogaban por el levantamiento incondicional del embargo, que preferían una “reconciliación” entre el Exilio Histórico y los cubanos de la isla (aunque el régimen continuara en manos de un grupo de autoritarios represivos), se aprovechaban de los cambios demográficos en Miami -y a la vez, de la ahora obsoleta Ley de Ajuste Cubano. La cual también ha perdido su razón de ser. Lo que fue una política justa y necesaria, ahora se había convertido en una política injusta e innecesaria.  El futuro político de la comunidad cubano-americana en el Sur de la Florida estaba en juego.

 

Lo anterior es un resumen de los hechos históricos de estas dos políticas americanas hacia Cuba.

 

Por un corto tiempo, el embargo parecía en camino de lograr el derrocamiento del régimen castrista. Desde 1962, esa posibilidad terminó. La Ley de Ajuste Cubano funcionó hasta que los cubanos de la isla decidieron que la búsqueda de mejoras económicas era más importante que la búsqueda de la libertad, y se convirtieron en emigrantes económicos. 

 

La derogación de las dos políticas, incluyendo la Ley Helms-Burton con las modificaciones indicadas (prohibición de garantías del gobierno y los contribuyentes americanos a inversiones y préstamos al régimen cubano), es algo que moralmente y prácticamente debe ser consumado. 

 

Ha llegado la hora de cambiar la política americana hacia Cuba de una vez por todas. Ha llegado la hora de que Estados Unidos deje de entrometerse en los asuntos cubanos. Ha llegado la hora de que los cubanos dejen de esperar que todos sus problemas deban ser resueltos por los americanos.

 

Ha llegado la hora de que los cubanos, todos los cubanos, por primera vez en su historia, sean verdaderamente independientes.