Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Diego Trinidad, PhD, Miami

 

 

                               

 

 

                                

 

EL EMBARGO ECONÓMICO DE ESTADOS UNIDOS A CUBA A LOS 50 AÑOS

 

A los 50 años del embargo económico impuesto contra el gobierno revolucionario cubano encabezado por Fidel Castro, primero por la administración del Presidente Eisenhower, en el verano de 1960, y luego incrementado por la administración de Kennedy en 1962, unos breves comentarios. No vale la pena resumir los pormenores de la política del embargo. Ya lo hice hace algunos meses, y ahora hay un buen resumen escrito por Marzo Fernández, y otro trabajo más largo y analítico escrito por Eugenio Yáñez y publicado en el magnífico website Cubanálisis.com.

 

Solo quiero señalar algo obvio: el fracaso rotundo del embargo como política para provocar el derrocamiento del régimen castrista. Y además, quiero sugerir una serie de modificaciones a la obsoleta política que la puede todavía hacer viable para influenciar cambios en el régimen castrista.

 

Aunque el embargo no fue inicialmente diseñado para derrocar al régimen cubano, sino como represalia a las intervenciones de propiedades americanas, sobre todo destilerías de petróleo, en el verano de 1960, cuando fue ampliado y apretado por la administración de Kennedy en 1961-62, si fue modificado para derrocar al régimen castrista. 

 

Tuvo dos componentes, uno militar y otro económico. El militar (intervención directa) terminó con el fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos en abril de 1961 (también tuvo otro componente alterno paramilitar, los planes para asesinar a Fidel Castro que culminaron con la Operación Mongoose, dirigida por Robert Kennedy hasta la muerte de su hermano el presidente en noviembre de 1963). El económico, después de muchos cambios en medio siglo, todavía continúa. En su totalidad, la política del embargo para derrocar al régimen castrista ha sido un fracaso completo. Eso nadie lo puede disputar.  Es hora de cambiar la política.

 

Ahora se habla de imperativos morales (Eugenio Yáñez) para mantener la fracasada política, mientras que muchos otros como Jaime Suchlicki, del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano Americanos de la Universidad de Miami, insisten que el embargo se debe mantener como arma para lograr concesiones del régimen cubano, sobre todo en el futuro, bajo un nuevo gobierno.

 

Comparto las dos posiciones, pero no creo que ninguna de las dos sea suficientemente fuerte para continuar una política sin sentido y que ya no es defendible en realidad. En primer lugar, las leyes -y el embargo, cuando fue codificado bajo la Ley Helms-Burton en 1996 es una ley federal- no deben ni promulgarse, ni mucho menos mantenerse, simplemente por inercia, sobre todo cuando son innecesarias.

 

Leyes que además son obsoletas y hasta injustas o ilegales (partes de la Ley Helms-Burton, sobre todo las que restringen los viajes de ciudadanos americanos a Cuba, son claramente inconstitucionales), son dañinas a la moralidad de las naciones que las adoptan y promueven la falta de respeto por todas las leyes. Nada más por esas razones, el embargo debe ser derogado. Si, hay un imperativo moral, pero para derogar el embargo, no para mantenerlo.

 

Hay otras razones, quizás más importantes, aunque yo no las comparto en realidad. El supuesto valor propagandístico del embargo, lo que ellos llaman el “bloqueo”, al régimen castrista y la excusa -falsa, por supuesto- que el embargo/bloqueo es responsable por todas las calamidades económicas que el pueblo cubano sufre desde 1959, serán importantes, pero ni remotamente lo suficiente para cambiar una política que lleva medio siglo en vigor, por fracasada que sea. 

 

Además, el embargo, aunque no ha causado el derrocamiento del régimen, si le ha hecho mucho daño y hasta ha afectado -por las limitaciones que le ha impuesto- muchas actividades del régimen que de otra manera hubiera llevado a cabo. 

 

La propaganda tiene su importancia, pero no es tan importante ahora en un mundo menos ideológico, y su influencia ni se debe exagerar ni nos debe cegar como algo determinante.

La famosa “opinión mundial” es y siempre ha sido inválida y algo ridículo que nunca debe ser seriamente considerado cuando de implementar políticas de interés nacional se trata.

 

Solo el interés nacional debe ser siempre considerado primordialmente por los gobiernos legítimos. La moralidad tiene su importancia, pero no debe ser determinante. De manera que estas críticas al embargo no me impresionan en lo más mínimo y no son suficientes para cambiar la política.  Pero razones muy válidas para cambiar la política sí las hay: a continuación, algunas sugerencias.

 

Primero, derogar el embargo económico contra Cuba unilateralmente por parte de Estados Unidos. Pero con una condición. Los bancos americanos y las instituciones financieras internacionales a las que Estados Unidos contribuye, no podrán, bajo ninguna circunstancia, ofrecer créditos a Cuba. Si algunas compañías americanas desean vender mercancía a Cuba a crédito, pueden hacerlo, pero el gobierno americano no podrá garantizar ninguna de esas transacciones económicas. En este caso, caveat emptor en reverso. Que el vendedor sea responsable de sus actos. 

 

Segundo, todos los ciudadanos americanos -y los cubanos que viven en Estados Unidos y son residentes legales- podrán viajar a Cuba sin ninguna restricción. Pero una vez más, el gobierno americano no se hace responsable de ningún problema causado a los viajeros por acciones del régimen cubano. 

 

Tercero, no habrá ninguna restricción a dinero enviado a Cuba desde estados Unidos, excepto que esos dineros NO podrán ser enviados por medio de entidades del gobierno de Cuba. El gobierno de Cuba NO podrá beneficiarse económicamente del envío de dinero a la isla, por lo menos, no directamente.  Si los que reciben el dinero en Cuba son obligados a pagar honorarios o impuestos una vez que el dinero llegue a Cuba, eso es entre los que envían y reciben el dinero, pero el gobierno de Estados Unidos no tiene nada que ver en el asunto.

 

Cuarto, derogar la Ley de Ajuste Cubano. Todos los cubanos que quieran venir a Estados Unidos pedirán visas, como cualquier otro inmigrante económico, que es lo que la enorme mayoría de los cubanos que han llegado a EU en los últimos 20 años.

 

Y también cancelación de la inmoral política de “pies mojados, pies secos” para cubanos que escapan de Cuba. Todos los que soliciten asilo político por razones válidas (casi todos los que se arriesgan calificarían automáticamente) serán admitidos legalmente, aunque sean recogidos en alta mar, pero no se les concederá la residencia permanente al año de estar en EU.  

 

Quinto, Estados Unidos mantendrá una oficina de intereses en Cuba (como lo hace desde 1977) igualmente que Cuba mantendrá una oficina de intereses en Washington, pero Estados Unidos NO reconoce la legitimidad del régimen cubano y no reanudará las relaciones diplomáticas entre los dos países.

 

Finalmente, el gobierno de Estados Unidos suspenderá, indefinidamente, las leyes de neutralidad en referencia a cualquier tipo de actividad legal contra el régimen castrista que se origine en territorio americano. 

 

Estados Unidos públicamente rechaza ninguna obligación contractualmente adquirida bajo el entendimiento entre Kennedy y Khrushchev de octubre de 1962, específicamente garantizando la integridad física del régimen cubano, y proclama su apoyo moral a un cambio de gobierno en Cuba que respete la libertad individual de los ciudadanos cubanos.

 

Estados Unidos proclama su tradicional amistad al pueblo cubano y ofrece toda ayuda y apoyo a cualquier gobierno legítimo que los cubanos, por sus propios esfuerzos, decidan libremente adoptar. 

 

Aquí tenemos imperativos morales reales y más válidos, en mi opinión. Apoyo a las libertades individuales de los cubanos. Condena al régimen represivo existente. Un reto público al régimen cubano para que reconozca el fin del embargo (no es lo que persigue el régimen, por supuesto; la nomenklatura solo está interesada en los créditos de EEUU). Y una política más justa y realista para Estados Unidos y sus ciudadanos.

 

Todo esto debe ser suficiente para traer orden y justicia a las relaciones entre Cuba y Estados Unidos