Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Diego Trinidad, PhD, Miami

 

 

                               

 

 

                                

 

El derecho de propiedad y su papel en el futuro de Cuba

 

El derecho a la propiedad privada es uno de los tres grandes derechos naturales, junto con la vida y la libertad, que el Creador le otorgó a los seres humanos cuando los creó.  Combinados con los derechos suplementarios del libre albedrío y la búsqueda de la felicidad, este grupo de derechos básicos es lo que diferencia a los seres humanos de los demás animales en la creación y los hace especiales, sobre todo ante los ojos de Dios. 

 

El diccionario legal Black’s, la autoridad aceptada en la comunidad legal americana, define Derecho Natural de la manera siguiente: “Un sistema filisófico de principios morales y legales derivados de una concepción de la naturaleza humana o justicia divina, opuesto a derechos legislativos o judiciales”. Pero una definición legal no es suficiente, porque los derechos antes que nada tienen que ser percibidos, tiene que haber conciencia de que los poseemos. Además, es necesario que sean aplicados. De lo contrario, de nada valen, para nada sirven. Y para aplicarlos, es necesario que una fuerza social independiente exista y que se respete esa aplicación por el resto de la sociedad.

 

Todo esto es lo que hace que los derechos naturales en realidad SEAN.  Es decir, aunque los derechos naturales sean otorgados por un Ser Supremo, los seres humanos necesitan tener conciencia de ellos. y necesitan ser aplicados para que tengan efecto.

 

La Antigüedad

 

El concepto de propiedad privada (que no es exactamente lo mismo que el derecho a la propiedad privada) es antiquísimo. En si, los primeros humanos, cuando se congregaron en pequeños grupos, ya tenían conciencia de la propiedad privada. ¿Como? Pues somos dueños de nuestros propios cuerpos, de nuestros pensamientos, de nuestras palabras.  Todo esto ya estaba presente antes que la propiedad de la tierra apareciera cuando las pequeñas tribus se asentaron y se convirtieron en sociedades agricultoras. 

 

Pero cuando cazaban y pescaban, aunque a veces compartían sus instrumentos, eventualmente los arcos, las flechas, y las estacas, pasaron a tener dueños individuales, así como el producto del trabajo. Así nació la propiedad privada: de una manera obvia y necesaria. El historiador y filósofo alemán del siglo 19 Heinreich Von Teietchke señala que las palabras “mía” y “tuya” existen en todos los idiomas para indicar derechos de propiedad, por lo que la propiedad se funda en el impulso natural del hombre a extender su propia personalidad; lo cual tiene mucho sentido. Curiosamente, hasta un comunista como Leon Trotsky reconocía que las libertades civiles vienen de los derechos de propiedad privada. Pero ¿como se extendieron, como se desarrollaron esos derechos de propiedad privada, sobre todo a la tierra?

 

En tiempos de Grecia Antigua, Aristóteles escribió que la propiedad privada está implantada en la naturaleza humana, siempre ha existido y es lo que ofrece a los humanos la manera de actuar moralmente. Ya en Grecia -y antes- en la civilización Micenea, se reconocía el derecho a la tierra como propiedad privada individual. El reconocido autor de los Clásicos Victor Davis Hansen teoriza que cuando la civilización Micenea desapareció entre el 1600 y el 1200 AC, ya fuera por un cataclismo o por conquistas externas, los grandes latifundios desaparecieron también.

 

Con el tiempo, las nuevas sociedades se reorganizaron, y aunque las mejores tierras en los valles todavía eran controladas por terratenientes que las cultivaban con esclavos, otras tierras menos codiciadas, situadas en las laderas, de mucha menor extensión -quizás promediando 10 acres y cultivadas por pequeños agricultores con ayuda de pocos esclavos- llegaron a predominar en la Grecia Antigua. Se conocían como georgos. Eran dueños de sus pequeños lotes y del cultivo que producían. Es más, esos lotes individuales producían más que los grandes latifundios.

 

Además, los georgos tenían el derecho al voto y eran militarmente autosuficientes, formando parte de los grandes guerreros griegos, los hoplitas, temidos en la antiguedad por sus innovativas tácticas militares que hicieron a ciudades estados como Corinto y Atenas dominantes en esa parte del mundo antiguo (En Esparta NO existía el derecho a la tierra como propiedad privada individual; la tierra era propiedad comunal).

 

En tiempos bíblicos también existía alguna tierra como propiedad privada, aunque para ese entonces la tierra pasaba a ser propiedad de los reyes y grandes señores. En el libro de Génesis (23: 1-20), se encuentra una interesante anécdota atribuída a Abrahám. Al fallecer su esposa Sara, Abrahám trata de comprar un pedazo de tierra a su vecino hitita Efrón, para enterrarla. Efrón ofrece regalar el lote a Abrahám como un favor, pero este rehúsa, pesa y cuenta un poco de plata y le paga a Efrón ante testigos. ¿Por qué lo hace? Para, primero, establecer su derecho a la propiedad del lote en perpetuidad; Efrón ya no tendría nunca derecho a la tierra que había vendido. Segundo, los testigos aseguraban que no habría reclamaciones de otros al lote. Tercero, al pagar, Abrahám, no tenía obligación de devolver ningún favor.

 

Este tipo de transacción probablemente no es típica de la antigüedad, aunque la sociedad hebrea siempre fue muy legalista. Pero en Egipto y en Sumeria, desde 2500 AC, existen registros de propiedad, culminando en el famoso Código Hamurabi de 1750 AC. En las grandes civilizaciones comerciales de los fenicios y de Cartago, entre el 2000 AC y 1200 AC, también se afianzaron mucho los derechos de propiedad, y así se encuentran registros hasta los tiempos de Roma, especialmente bajo la República, donde se reconocían plenamente todos los derechos a la propiedad privada, no solo a la tierra.

 

Bajo el Imperio, muchos de esos derechos individuales se perdieron, a pesar que siempre hubo leyes estríctas sobre la propiedad de la tierra y otras propiedades privadas. Pero el enorme gasto público, las políticas de “Pan y Circo”, los grandes latifundios cultivados solamente por esclavos (los que cada vez daban menos abasto), y los impuestos que nunca dejaban de aumentar, finalmente socavaron la sociedad romana y la destruyeron, incluyendo, por supuesto, casi toda la propiedad privada. Cuando el Imperio sucumbió al caos y la ley y el órden dejaron de existir, la propiedad privada simplemente no pudo sobrevivir.

 

Muchos historiadores nos han tratado de convencer de que con el fin del Imperio Romano “se apagó la luz en el mundo”, pero esto nunca fue así. En primer lugar, el Imperio Romano existió por mil años más, solo que basado en el Este, centrado en la nueva capital de Constantinopla. El Emperador Constantino adoptó al Cristianismo como religión estatal y más adelante, el Emperador Justiniano codificó todas las leyes del Imperio, incluyendo las más antiguas del Imperio occidental. Por consiguiente, lejos de “apagarse la luz”, la civilización siguió su lento paso adelante y los derechos de propiedad, aunque mucho más limitados bajo el Imperio Bizantino, recibieron alguna protección, a pesar que la tierra en general era propiedad de grandes señores y gente muy rica.

 

Incluso el Imperio Romano Occidental continuó existiendo, solo que los Emperadores muchas veces ni siquiera residían en Roma, y su poder era muy limitado. La población de Roma raramente fue menor de 100,000 habitantes. Además, el Papa hizo de Roma su sede, y eventualmente el poder y la riqueza del Vaticano trajeron gloria a Roma de nuevo.

 

También se debe mencionar el breve período del Califato de Córdoba en España en el siglo 10. Duró menos de un siglo, pero fue glorioso, al menos culturalmente. Grandes como Maimónides y Avicena se destacaron como genios en aquel tiempo. Pero eran judíos, y tuvieron que emigrar eventualmente. Por una buena razón. Todos los grandes imperios orientales, China, India, Persia y el Islámico, siempre fueron gobernados por monárcas absolutos. Probablemente existieron algunos derechos de propiedad para los allegados a las cortes. Pero como no exisistían Estados de derecho, los monarcas podían disponer arbitrariamente de cualquier propiedad de cualquier ciudadano, inclusive miembros de la nobleza.  Es decir, no se pueden identificar los derechos de propiedad en esos imperios orientales como tales, porque dependían enteramente de la voluntad del soberano.

 

Es un gran misterio, además, por qué el Imperio Islámico quedó atras de Occidente tecnológicamente desde el siglo 16. Hay varias teorías. La religion islámica es antitética a la propiedad privada y, como se ha mencionado, en las sociedades gobernadas por déspotas los derechos de propiedad y la libertad en general, malamente pueden sobrevivir. Es más, donde la religion de Estado predomina, como la católica en España en la Edad Media, sucede lo mismo. Pero hay más. El gran historiador y sabio de la civilización islámica, Ibn Khaldun (siglo 14, Túnez) hizo un comentario devastador en su Introducción a la Historia sobre el Islam y los árabes (no todos los islámicos son árabes). “La civilización siempre colapsó en lugares que los árabes conquistaron”.

 

Además, según Richard Pipes, uno de los más prominentes expertos sobre el Islam, cuando los árabes conquistaron el norte de África en camino a España, en el siglo 8, las tribus ancestrales de bereberes adoptaron la posesión comunal de la tierra. El resultado, como siempre que esto sucede, fue que el desierto reclamó las tierras fértiles que existían antes de la conquista (sobre todo en Tripolitania, en la actual Libia). Finalmente, por extraño que parezca, los islámicos nómadas, en general, por costumbre, dejaban a los rebaños de chivos vagar por las tierras comunales. Esto en sí es indicativo de los efímeros derechos de propiedad de la tierra. Los chivos son notoriamente destructivos. Comen todo lo que encuentran, y la hierba y arbústos pequeños, a diferencia del ganado bovino, los arrancan de raiz. Esto contribuye a la erosion del subsuelo y a la infertilidad de la tierra.

 

Súmese a eso que cuando Europa comenzó a separar la Iglesia del Estado, en tiempos del Renacimiento, la modernidad y el desarrollo inicial de lo que serían las futuras sociedades capitalistas modernas en Europa y América del Norte, el Islam, que sin dudas había constituido durante siglos, tras la caída de Roma, una vanguardia tecnológica y cultural de la civilización, se aferró hasta con las uñas a todo lo contrario, resistiéndose absolutamente, en el nombre de Alá, a la separación de ambos factores, y privilegiando la intromisión del clero en los asuntos del Estado, con el resultado durante varios siglos del atraso y las posiciones conservadoras, reaccionarias y retrógradas que pueden apreciarse en la actualidad en todo el mundo islámico, tanto árabe como no árabe.

 

Los aportes de Inglaterra

 

Los derechos de propiedad proliferaron en Inglaterra después de la caída del Imperio Romano Occidental. Primero, cuando algunas tribus germánicas, principalmente los anglos y los sajones, emigraron lentamente al sureste de Inglaterra entre el 400 DC y el 1066, cuando los normandos conquistaron Inglaterra. Esas tribus anglo-sajonas trajeron a Inglaterra muchas de sus costumbres y tradiciones, incluyendo la elección de sus líderes, el respeto a la propiedad privada y a los contratos, y el consentimiento de los gobernados por el rey, aunque fuera de una manera limitada. Pero la invasion normanda eliminó muchos de esos derechos y convirtió a Inglaterra en un reino absolutista como el resto de Europa.

 

Todo comenzó a cambiar 200 años después, cuando el Rey John fue obligado a aceptar la limitación de sus poderes absolutos con la Carta Magna en 1215 (revisada en 1225 bajo el Rey James I). El capítulo 29 de la Carta Magna establece específicamente muchas protecciones de ciertos derechos individuales y de propiedad.

 

La lenta marcha de la protección de los derechos de propiedad continua así en Inglaterra hasta que surge el gran Juez Lord Edward Coke a principios del siglo 17. Ya el Derecho Común Inglés llevaba 400 años acumulando precedentes, pero el Juez Coke, en una serie de decisiones judiciales entre 1606 y 1615, cuando también escribió los Institutos de las Leyes de Inglaterra, fue enormemente instrumental en adelantar y cementar todas las leyes que protejen los derechos individuales y de propiedad de los ingleses. Una decisión específica en 1610 se considera como la base en sí del concepto del Estado de Derecho y de un Gobierno Regido por la Ley (Rule of Law). Escribió Coke en Proclamations, 77 ER 1352: “El Rey mismo no debe estar sujeto al hombre, sino a Dios y a la ley, porque la ley lo hace Rey”. 

 

Entre los años 1215 y la Carta Magna en Inglaterra, y la Revolución Gloriosa de 1688, también avanzaron mucho los derechos de propiedad en otras partes de Europa, prominentemente en las ciudades-estado del norte de Italia (Venecia, Génova, Pisa, Florencia) en el período que se conoce como Renacimiento. En esas pequeñas repúblicas revivieron la Grecia Antigua y los derechos individuales que los griegos crearon. El comercio en especias y seda con el Imperio Otomano Turco, sobre todo de Venecia, y la creación de la banca internacional en Florencia bajo los Médici, trajo mucha prosperidad a estas ciudades-estado y adelantó mucho los derechos de propiedad. Similarmente, gracias al comercio, la república holandesa en los siglos 15 y 16 también vió florecer los derechos de propiedad. Claramente, existe una conexión directa entre la libertad, la protección de los derechos de propiedad, y la prosperidad.

 

Con el Renacimiento inglés, encabezado por John Locke, quien primero identifica los derechos de propiedad como Derechos Naturales, junto con la vida y la libertad, en su libro Dos Tratados Sobre Gobierno (1689) y los grandes filósofos morales de Escocia (Adam Smith, David Hume, Lord Kames, John Hutchinson, Thomas Reid) un siglo después, los Derechos de los Ingleses se establecen totalmente en Inglaterra y se exportan a las colonias inglesas en Norteamérica, donde encuentran su terreno más fértil para enraizarse.

 

La supremacía del Parlamento y la limitación de los poderes absolutos de los reyes asímismo se consolidadn en Inglaterra. El resultado es la prosperidad de Inglaterra.

 

En América del Norte

 

La primera expedición inglesa con propósitos de colonización de Norteamérica fue en 1585, y se asentó en la isla de Roanoke, en la presente Carolina del Norte. Sir Walter Raleigh recibió la carta (charter) o estatutos para establecer la colonia de parte de la misma Reina Elizabeth I, quien era su socia en la empresa. Al parecer, además de una colonia, los dos planeaban que fuera una base de expediciones de corsarios para expoliar las flotas de tesoro españolas. Poco se sabe de esta colonia, la cual desapareció sin muchos rastros en 1590. 

 

Pero en 1607, otra expedición desembarcó en Jamestown, en la presente Virginia. Fue una empresa privada -la carta otorgada a la Virginia Company of London- con varios socios inversionistas de la aristocracia inglesa -y Jamestown perduró. Pero a pesar de ser una empresa privada, la tierra en los primeros cuatro años fue propiedad comunal. El resultado fue que el 80% de los colonos murieron de hambre y enfermedades. ¿Por qué?

 

Todos los colonos estaban obligados a servir a los inversionistas (mala traducción de indentured servants) por siete años. Fueron los inversionistas de la compañía Virginia (nombrada en honor de la Reina Vírgen, Elizabeth I) los que decidieron que por esa razón, toda la propiedad debía ser comunal -hasta que se pagara la inversión a los siete años. Gran error. Pero en 1613, el Gobernador Thomas Dale -sin consentimiento de los accionistas- otorgó lotes de 3 acres a cada colono, y lotes más pequeños a los nuevos colonizadores. El resultado del cambio de propiedad comunal a propiedad privada de la tierra salvó a la colonia, una demostración dramática del poder de la propiedad privada.

 

Algo similar ocurrió en la más famosa colonia de Plymouth, en el presente estado de Massachusetts, fundada en 1620 por pequeños inversionistas, mayormente religiosos.  Aunque esos colonos se conocen como Peregrinos (Pilgrims) y también como Puritanos, en verdad eran varios grupos de separatistas protestantes de la Iglesia Anglicana.

 

Viajaron desde Holanda 102 pasajeros en el pequeño barco Mayflower (100 pies de eslora) y 41 de ellos firmaron el Mayflower Compact, un acuerdo para establecer un gobierno donde serían gobernados por “leyes iguales y justas”, en el cual todos los colonos participarían. Probablemente, aunque el Compact no lo menciona, por motivos religiosos (es decir, el motivo principal de la colonia era buscar libertad religiosa, no ganar dinero), a pesar que eran ciudadanos privados, la tierra al principio fue también propiedad comunal. Los resultados fueron parecidos a los de Jamestown: cerca del 50% de los colonos murieron de hambre y de enfermedades. 

 

Tomó la decision del gobernador William Bradford de otorgar lotes a los colonos sobrevivientes para que todo cambiara. Explicó Bradford en su libro clásico sobre la colonia de Plymouth, On Plymouth Plantation: “Dios en su sabiduría vió otro camino más adecuado para ellos [los colonos] -y ese camino fue la propiedad privada (el énfasis es mío,- DT).

 

Bradford fue más lejos, culpando a la desastrosa política colectivista de la propiedad comunal, basada en las enseñanzas de Platón, por el gran fracaso inicial de la colonia. Poco más tarde se decidió otorgar 50 acres de tierra a todos los colonos que pagaran sus gastos de viaje desde Inglaterra. El sistema de propiedad privada en la América Colonial había comenzado. La gran moraleja en ambos casos: la propiedad comunal no funciona; produce hambrunas y muerte. La propiedad privada funciona: produce prosperidad.

 

La ilimitada abundancia de tierra en el nuevo continente siempre hizo de las colonias un lugar especial donde la propiedad de la tierra floreció. Después del desastrozo comienzo de las colonias de Jamestown y Plymouth gracias a la prática de establecer la propiedad comunal de la tierra en los primeros años, las autoridades coloniales desde entonces establecieron generosas políticas de otorgar concesiones de terrenos privados a los nuevos inmigrantes. 

 

A los inversionistas de la compañía Virginia se le otorgaban 100 acres de tierra, y como ya se ha mencionado, 50 acres a los nuevos inmigrantes que pagaran sus gastos de viaje (opuesto a la prática más común de obligaciones por siete años de trabajo para los inmigrantes que no podían costearse el viaje transatlántico).

 

Una vez que los agrimensores comenzaron a medir la tierra y crear mapas, todo se facilitó y los títulos de la tierra se pudieron otorgar. Toda la tierra inicialmente pertenecía a las colonias (de acuerdo con las cartas coloniales) y desde el principio, tanto las legislaturas coloniales como los gobernadores (nombrados por el Ministro de Ultramar en Londres) vendieron la tierra a precios muy baratos, ya que el propósito era atraer la mayor cantidad de inmigrantes.

 

Naturalmente, hubo mucho fraude siempre, y los amigos de los funcionarios responsables de vender la tierra, sobre todo cuando se vendían enormes cantidades en el oeste de las colonias, se benificiaban por esos contactos. Pero en general, como había tanta tierra disponible, los precios permanecieron bajos por mucho tiempo.

 

Además, en muchos casos, sobre todo antes que la tierra en el oeste de las colonias fuera medida, todo lo que tenía que hacer un colono era trasladarse más allá de las fronteras colonizadas y construir una cabaña. Lo cual continuamente provocó serios conflictos con las tribus de indios del interior.

 

Dos peculiaridades en las colonias afectaron la propiedad privada y los derechos de propiedad de la tierra. Naturalmente, el derecho de ocupación y posesión otorgaba el derecho de propiedad. ¿Pero que pasaba -como siempre pasaba- cuando los indios también ocupaban la tierra codiciada por los colonos? Usualmente los conflictos terminaban en derramamiento de sangre. Las autoridades a veces trataban de intervenir, pero en verdad era imposible.

 

Además, muy lamentablemente, cada vez que se firmaba un tratado con alguna tribu de indios, o los colonos o los gobernantes lo violaban. Los indios simplemente se atravesaban en el camino del “progreso”, a la manera de ver de los colonos. Pero los indios, de hecho, tenían ciertos derechos por su previa ocupación de la tierra, aunque no conocían el concepto de la tierra como propiedad privada. Era tierra donde desde siempre las tribus cazaban y pescaban, y hasta cultivaban la tierra en muchos casos. Esto nunca se resolvió de manera equitativa, y los indios terminaron por ser expulsados de todas sus tierras. Legalmente, un gran robo, y un gran abuso de los derechos de los indios, indudablemente.

 

La otra peculiaridad en las colonias fue la esclavitud. Es decir, los esclavos eran propiedad, legalmente. Al principio, los primeros esclavos eran los indios (además de los sirvientes obligados, pero eso era por solo siete años, y NO eran considerados propiedad).

 

Las mísmas tribus tenían esclavos, y una vez que llegaron los colonizadores, a veces se los vendían. Cuando se empezaron a importar africanos, sucedió lo mismo, y surgió (más bien continuó) lo que se conoció como la “institución peculiar”: la esclavitud.

 

Pero entiéndase bien: los esclavos eran propiedad privada de los dueños, que tenían títulos de propiedad legalmente registrados y podían comprar y vender esclavos como cualquier otra propiedad privada personal. Todo eso terminó con la Guerra Civil, la emancipación de los negros esclavos, y la adopción de las Enmiendas 13, 14 y 15 a la Constitución.  Pero la esclavitud como propiedad permaneció -legalmente- más de dos siglos en las colonias, y luego en Estados Unidos de América por más de otro siglo.

 

Los Estados Unidos de América

 

La Constitución de 1787, por supuesto, protegió el derecho a la propiedad privada absolutamente, excepto que bajo la Quinta Enmienda, se reconoce el llamado eminent domain, que quiere decir el derecho del gobierno a confiscar propiedad privada, pero únicamente para “uso o beneficio público”, y cualquier confiscación debe ser justamente compensada. 

 

Casi tan importante como la protección de los derechos de propiedad en la Constitución fueron las decisiones de la Corte Suprema -sobre todo entre 1801 y 1835 cuando el gran Juez John Marshall presidió la Corte- santificando la ley de contratos. Los contratos también están reconocidos y protegidos en la Constitución, especialmente el reconocimiento de las obligaciones contractuales por todos y en todos los Estados, lo mismo que por el gobierno federal. Pero Marshall decidió una serie de casos sobre contratos que cambiaron a la nueva nación desde el principio.

 

Los hombres que escribieron la Constitución Americana, los fundadores de este gran país, se basaron en una serie de teorías sobre los principios de la libertad y de un gobierno republicano.  Entre estos teóricos que fueron base conceptual de la Constitución figuran muy prominentemente el inglés John Locke y el francés Barón de Montesquieu. Como ya se ha mencionado antes, también las teorías de los filósofos morales escoceces influenciaron mucho a los fundadores. Madison estudió en detalle prácticamente todo lo que se había escrito sobre las repúblicas de la antiguedad y otras más recientes, como las de las ciudades-estado italianas y la holandesa.

 

Sin embargo, es necesario enfatizar que nada fue más importante para asegurar todos los derechos de propiedad, primero en las colonias y luego en la nueva nación independiente, que el Derecho Común Inglés y los derechos garantizados a todos los ingleses. Nadie tuvo mayor importancia en el establecimiento del Derecho Común Inglés que el Juez Edward Coke. Sus Institutos sobre las Leyes Inglesas fueron la base de todo el sistema judicial inglés, y en las colonias de América fueron aún más importantes que en Inglaterra. Con su decision de 1606 que estableció el principio de un gobierno de leyes y el sometimiento del Rey a la ley, Coke aseguró los derechos de propiedad más que nadie y que nada. Después de todo, solamente bajo un gobierno de leyes puede existir el derecho a la propiedad, a cualquier propiedad.

 

Finalmente, se deben mencionar dos leyes, la primera aprobada por el Congreso Continental en 1787, una semana después de proclamada la Declaración de Independencia Americana en Filadelfia.  Esta fue la ley más importante aprobada por el Congreso Continental y la más memorable.  Conocida como Northwest Ordinance, la ley cedió al gobierno federal todo el enorme territorio del llamado Noroeste (que eventualmente se convirtió en los estados de Ohio, Indiana, Illinois, Michigan, Minnesotta y partes de Iowa y Wisconsin), adquirido por Inglaterra de Francia después de la Guerra de los Siete Años en 1763. Anteriormente, este territorio pertenecía a varios Estados de la costa atlántica, y algunos, basados en las cartas constitutivas otorgadas por el Rey a las distintas colonias, se extendían teoricamente del Atlántico al Pacífico. 

 

Se establecieron una serie de precedentes bajo esta Ley. Primero, fue la base de toda la política del gobierno federal sobre la tierra por mucho tiempo. Es decir, la Ley estableció como se organizaría la tierra para venderla a los nuevos inmigrantes. Segundo, la Ley estableció la manera en que nuevos Estados se formarían, y los mecanismos para que fueran admitidos a la Unión. Tercero, se prohibió la esclavitud en el territorio, lo cual afectó directamente los derechos de propiedad. Cuarto, se separó tierra para establecer escuelas públicas. Quinto, adelantándose a la aprobación de la Declaración de Derechos (Bill of Rights), se establecieron los Derechos Naturales, incluyendo los de propiedad, en todo el territorio. Finalmente, se despojó -“legalmente”- a las tribus que habitaban el territorio, de todo derecho de propiedad al mismo. Obviamente un caso de robo legal a los indios, que ni siquiera acordaron a la cesión del territorio, ni firmaron el acuerdo o la Ley.

 

La segunda ley fue el Homestead Act de 1862, firmada por el Presidente Abraham Lincoln durante la Guerra Civil. En realidad, una serie de leyes entre 1862 y 1866 que otorgaban hasta 640 acres a cualquier ciudadano mayor de 21 años o cabeza de familia que no hubiera tomado las armas contra la Unión, incluyendo antiguos esclavos, que aplicara a la cesión bajo la Ley. Esto, después de la Guerra Civil, creó una gran emigración hacia el Oeste y causó, indirectamente, la construcción del ferrocarril intercontinental. Con esta Ley, millones de acres de tierra pasaron a ser propiedad privada. El efecto de los derechos de propiedad en el desarrollo del país fue obvio.

 

El siglo 20 en Estados Unidos

 

A principios del siglo 20, con el movimiento progresista comenzado por Theodore Roosevelt y exacerbado por Woodrow Wilson, limitó grandemente no solo los derechos de propiedad, sino las mismas libertades individuales. Bajo Roosevelt, millones de acres de tierra en los estados del oeste fueron apropiados por el gobierno federal para crear parques nacionales. Es verdad que mucha tierra quedó protegida de posibles depredaciones de la industria privada, pero por otro lado, los derechos de propiedad sufrieron. Roosevelt también atacó vigorosamente lo que entonces se consideraban semi monopolios y logró, en ciertas decisions judiciales, que se disolvieran grandes compañías, como la Standard Oil de John D. Rockefeller. Bajo Wilson, sobre todo durante la Primera Guerra Mundial, el gobierno intervino en la economía como nunca antes, la burocracia federal creció enormemente, y una serie de medidas tomadas por Wilson, mediante decretos ejecutivos, afectaron las libertades civiles dramáticamente. 

 

Afortunadamente, durante los gobiernos de Warren Harding y Calvin Coolidge se recuperaron mucho tanto las libertades individuales como los derechos de propiedad, y eso dió lugar a la mayor prosperidad en la historia de Estados Unidos. Pero otra vez, con la Gran Depresión de los 1930 y la entrada de EEUU en la Segunda Guerra Mundial bajo Franklin D Roosevelt, el estatismo en la economía americana no ha dejado de crecer, culminando en el primer Estado de Bienestar (Welfare State) bajo Lyndon Johnson y su “Gran Sociedad”.

 

La administración de Ronald Reagan, entre 1980 y 1988, recortó en algo ese Estado de Bienestar, pero no lo eliminó. Una vez más, ese período de los años 1980 fue el de mayor prosperidad en la postguerra. Desde entonces, los derechos de propiedad y las libertades individuales han sufrido cada vez más hasta el presente.

 

Los derechos de propiedad, que han tomado años en desarrollarse, y que lograron su mayor extension y seguridad en el mundo creado por los colonos ingleses en América del Norte, son muy frágiles, como se ha visto. Tan frágiles como la libertad que los protege.

 

Hace 100 años, la mayor plaga que azotó al mundo, el comunismo internacional, amenazó con extinguir los derechos de propiedad y la libertad misma en todo el mundo. Una larga y costosa lucha entre la libertad y la esclavitud terminó hace poco más de 25 años, con un costo monumental que se dice de 200 millones vidas y trillones de dólares en recursos malgastados.

 

O eso pensábamos en 1989. Algunos intelectuales ilusos proclamaron el Fin de la Historia y el Triunfo de la Democracia Liberal. Solo que tenían en mente la Social Democracia. O sea, el Socialismo. ¡Tanto nadar para morir en la orilla! 

 

La idea del colectivismo, la Izquierda Eterna, que es inmortal como toda idea, de nuevo levantó la cabeza. En Europa, el estado de bienestar ha sofocado en buena parte tanto los derechos individuales y de propiedad privada como la libertad y la prosperidad.

 

El Islam, tan enemigo de todas las libertades individuales como el comunismo, ha resurgido también con la intención de establecer un Nuevo Califato Mundial y llevar al mundo a la Edad Media otra vez.

 

Aquí mismo en Estados Unidos, los derechos de propiedad se han erosionado considerablemente con peligrosas decisiones como la de Kelo v City of New London en el 2005 por una Corte Suprema dividida, y aunque la decision fue de 5 a 4, resultó en un fuerte golpe contra los derechos de propiedad privada.

 

En el 2008, un electorado soporífico y mal informado, decidió optar por promesas vagas y vacías de “cambio y esperanza”. El resultado ha sido la más terrible supresión de las libertades individuales que los fundadores nos legaron con la Constitución de 1787.

 

Hay esperanzas de recuperarlas, pero el futuro es incierto. La libertad cuesta muy cara.  Perderla cuesta más caro todavía. La batalla es contínua, larga y dura. Depende de nosotros si la libertad, los derehos de propiedad y la búsqueda de la felicidad sobrevivirán en el mundo y sobre todo donde importan tanto, aquí en la cuna de la libertad, en Estados Unidos de América.

 

El Derecho de Propiedad en el futuro de Cuba

 

Como debe ser obvio, nada puede ser más importante en el futuro para Cuba, cualquiera que este sea, que el restablecimiento de la propiedad privada y el respeto a los derechos de propiedad. En estos momentos, el presente régimen ni respeta ni mucho menos garantiza el derecho de propiedad, y las leyes en Cuba se aplican arbitrariamente. Esa es la razón principal de la carencia de inversiones privadas en la isla, sin importar las recientes nuevas leyes aprobadas por Cuba que supuestamente fomentan esas inversiones.  Tampoco la razón es el embargo económico americano.

 

En Cuba, por supuesto, el derecho de propiedad fue siempre bien reconocido y protegido bajo el Código Civil Español en tiempos coloniales y bajo las Constituciones de 1901 y 1940 durante la república. La Constitución de 1940, inclusive, aunque permitía confiscaciones de propiedad siempre y cuando se compensara al dueño, incluía una claúsula poco conocida que hacía las confiscaciones práticamente imposibles, ya que la compensación tenía que ser en efectivo, y el gobierno raramente contaba con fondos suficientes para pagar.

 

Pero la prosperidad de una nación no se logra solamente con derechos de propiedad garantizados, y en Cuba, como las grandes industrias estaban en manos de extranjeros -mayormente españoles en el comercio y americanos en la industria azucarera- el pueblo en general no participaba de los beneficios económicos. Fue durante el gobierno de Gerardo Machado cuando en Cuba se comenzó a diversificar la economía, con el establecimiento de nuevas industrias, las cuales estaban cada vez más en manos de cubanos. Los capitales cubanos igualmente fueron penetrando la industria azucarera, y para 1958 la mayoría de los ingenios azucareros pertenecían a cubanos. Machado habrá terminado como un sangriento dictador, pero fue el primer presidente cubano que llegó al poder con un plan de gobierno definido.  Su “nacionalismo económico” no tuvo tiempo de funcionar debido a la depresión mundial, pero tan solo con la construcción de la carretera central, contribuyó mucho a una mayor integración económica en la isla. 

 

Sin embargo, los gobiernos cubanos, desde el primero de Fulgencio Batista en 1940-44 (cuando ganó la presidencia en una elección honesta), hasta el ultimo de 1952 a 1958, cuando gobernó como dictador, pasando por los gobiernos auténticos de Grau y Prío, fueron muy intervencionistas en la empresa privada, y regularon la economía de manera tal que obstaculizaron en buena parte el desarrollo económico, que continuaba a pesar del estatismo y la corrupción de los gobernantes. Por ejemplo, la industria azucarera era la más regulada en Cuba, y en la industria cigarrera hasta el precio de las cajetillas de cigarros estaba controlado por ley: no se podia aumentar a más de 10 centavos. Pero Cuba floreció. Hasta que en 1960, el nuevo régimen revolucionario expropió toda la propiedad privada cubana. 

 

La “revolución cubana”

 

El tema del embargo ha resurgido en el último mes -como lo hace periódicamente. El régimen anhela desesperadamente el levantamiento del embargo y los nuevos créditos internacionales que eso representaría, además de la posibilidad de comeciar directamente con Estados Unidos y las ventajas que eso trae.

 

Pero, irónicamente, el embargo fue inicialmente aplicado -en julio de 1960- gracias a las políticas del régimen que violaron abiertamente el derecho de propiedad de varias compañías americanas. Como ha escrito hace poco el professor José Azel del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universided de Miami, los gobiernos tienen el derecho y la obligación de defender las propiedades de sus ciudadanos en el exterior. Esto es un principio bien reconocido en el Derecho Internacional.

 

Estados Unidos implantó el embargo -al principio limitado a la reducción de la cuota azucarera cubana en un 70%- en represalia cuando el regimen castrista “nacionalizó” (en verdad se apropió, sin compensación) las refinerías de petróleo Esso, Texaco y Shell (inglesa), al negarse estas a refinar petroleo ruso.

 

Pero las refinerías no se negaron, aunque eso fue lo anunciado por el régimen. No, el hecho es que en verdad no podían procesar petróleo ruso, mucho más pesado que el venezolano que normalmente refinaban. Esto lo sabía el régimen. Es más, según el economista de Miami Marzo Fernández, ese petróleo soviético que llegó en el verano de 1960 permaneció en Cuba tres años ante que pudiera ser refinado después que las refinerías de Cuba fueron adaptadas para ese propósito. 

 

De manera que la crisis fue deliberadamente provocada por el régimen castrista (según Marzo Fernández, Castro esperaba una reacción mucho más enérgica que la tomada por Eisenhower, quizás hasta una invasión americana) con el fin de crear una crisis para apoderarse de las propiedades americanas y provocar al gobierno de Estados Unidos. Ese siempre fue su plan, y la excusa de que las refinerías se habían negado a procesar el petróleo ruso por órdenes de Washington fue el principio del rompimiento final con EEUU.

 

Estas expropiaciones comenzaron una espiral de represalias y contra-represalias por parte de los dos gobiernos, que eventualmente culminó en el rompimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países en enero de 1961. Poco después, ya bajo la administración del Presidente Kennedy, se implantó un embargo económico total (excepto medicinas y alimentos) con el propósito ya no solo de represalias, sino como parte de un programa diseñado para derrocar al régimen (pero de conjunto con el aislamiento diplomático y una acción militar al final).

 

Cuba nunca compensó a los dueños de las propiedades confiscadas (primero americanas, luego, entre octubre 13 y 24 de 1960, casi toda la propiedad privada, incluyendo la de cubanos) y así continuó todo.

 

Luego entonces fue Cuba y las políticas deliberadas del régimen castrista lo que ocasionó el embargo. Todo lo que Cuba ha tenido que hacer en 54 años de embargo económico es disponerse a negociar una compensación por esas propiedades (el valor de las cuales, en realidad, ya ha sido descontado al Internal Revenue Service -IRS- a través de los años, por todos los dueños originales, americanos y cubanos). Con eso, todo se hubiera resuelto hace medio siglo, pero ese nunca fue el propósito de Castro.

 

La aceptación de los derechos de propiedad privada por parte del régimen cubano -ahora o en el futuro- es esencial para atraer inversiones privadas, y el embargo americano nada tiene que ver con eso.

 

Pero ese es el principio, ya que como se ha visto, el derecho de propiedad tiene que estar acompañado por un sistema legal que respete los contratos y que resuelva los conflictos legales de manera equitativa y justa. Eso únicamente se puede lograr dentro de un Estado de derecho.

 

En Cuba falta mucho para que nada de eso ocurra. Pero, eventualmente, aunque el régimen trate poco a poco de liberalizar la economía, adaptando modelos como el chino o el vietnamita (en realidad es el modelo ruso -sin “mafias” privadas y oligarquías, excepto los altos funcionarios militares que controlan las grandes empresas- el que el régimen YA ha adoptado), la inversión masiva que el régimen necesita nunca será lograda con términos medios. 

 

Como se ha demostrado plenamente a través de la historia, a mayor libertad económica, incluyendo por supuesto el respeto absoluto al derecho de propiedad, mayor prosperidad.

 

Esto aplica tanto a Cuba como a cualquier otro país. Un régimen a términos medios puede sobrevivir, sobre todo si lo más importante para él es mantener el poder politico.

 

Pero nunca podrá prosperar.

 

Esa es una pregunta sin respuesta para el futuro de Cuba. ¿Lo aprenderán a tiempo los eventuales “herederos” del régimen?