Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Diego Trinidad, PhD, Miami

 

 

                               

 

 

                                

 

EL DERECHO A SOBREVIVIR (2 y FINAL)

 

Este breve resumen de la historia política de EEUU desde la post guerra en 1945, aunque muy sobresimplificado, sirve para ilustrar dónde nos encontramos al final de este fatídico año 2015. Pero antes de continuar, quizás sea útil, sobre todo para los que no han leído o han olvidado mi ensayo del 2011 La Izquierda Eterna y la Derecha que Nunca Existió (mi favorito de todos los que he escrito), explicar lo que describo como La Izquierda Eterna.

 

No es una ideología, sino una amalgama de creencias y de ideas compartidas por toda la gama de la izquierda, desde los anarquistas a los comunistas marxistas, incluyendo todos los socialistas (socialdemócratas europeos, “liberales” y progresistas americanos).

 

¿Cuales son esas ideas?  La supresión de las libertades individuales. La supremacía de la sociedad sobre el individuo. Un gobierno controlado por una élite de “expertos”. El establecimiento del Bien Común y de la Justicia Social -es decir, la creación de un Paraíso Terrenal. Una economía centralizada, planeada y controlada por el gobierno, pero NO necesariamente ya, desde el fin de la Unión Soviética, la desaparición de la propiedad privada y la nacionalización de los “medios de producción”. (Ya no es necesario que el Estado sea dueño de los “medios de producción”. Con un gigantesco Estado de Bienestar y con impuestos y regulaciones asfixiantes a la clase productiva, la propiedad privada que queda solo puede beneficiar a ese mismo Estado). La igualdad socio-económica. La eliminación de la religión organizada y la secularización de la sociedad. La razón como instrumento para el avance, el progreso y el beneficio de la Humanidad. El terror como medio para obtener y mantener el poder.

 

Dudo que nadie que se identifique como “de izquierda” tenga objeción a mi descripción de sus ideas y creencias. Excepto la última sobre el terror. Pero desafortunadamente para los creyentes, el terror SIEMPRE ha sido parte de la Izquierda Eterna, desde la Revolución Francesa, su raíz. Lo negarán, pero la Historia prueba que el terror es parte íntegra y esencial de la Izquierda Eterna.

 

Pero volviendo al tema de este ensayo, debe estar muy claro para todos los lectores que solamente nosotros, el pueblo americano, podemos ayudarnos y resolver todos los graves problemas que afronta esta nación. Nosotros solos, sin ayuda del gobierno. Además, debe estar muy claro también que las elecciones no son la solución, ni aunque el año próximo los votantes eligieran a un buen presidente, que cada vez parece más dudoso. No, tenemos que volver a la Declaración de Independencia para encontrar soluciones. Y la ÚNICA solución es una segunda Revolución America.

 

Casi todos los que conocen la Declaración de Independencia se saben de memoria las cinco primeras líneas del segundo párrafo: “Mantenemos que estas verdades son auto evidentes, que todos los hombres son creados iguales, que están dotados por su Creador con ciertos derechos inalienables, que entre estos están la Vida, la Libertad y la Búsqueda de la Felicidad”. Pero muy pocos conocen todo lo que sigue en ese segundo párrafo, donde en realidad comienza lo que es en sí la Declaración: un enjuiciamiento del Rey de Gran Bretaña que justifica las razones aducidas por las Colonias para separarse y declararse independientes. Continúa la Declaración: “Que para asegurar estos derechos, los Gobiernos se han instituido entre los Hombres, derivando sus justos poderes del consentimiento de los gobernados, --Que cuando alguna Forma de Gobierno se convierte en destructiva de esos fines, es el Derecho del Pueblo alterarlo o abolirlo [el Gobierno]…” (énfasis mío).

 

Esta es la clave de todo. Con esto y por esto se declaró -y se logró- la independencia de las Colonias británicas en Norte America y se creó Estados Unidos de America. Con esto y por esto, se puede hacer una Segunda Revolución Americana. No con violencia. No con una rebelión armada contra el gobierno federal. No hace falta ni violencia ni mucho menos derramamiento de sangre. Y no se trata de la destrucción del gobierno federal ni de independizarnos de nada ni de nadie. Simplemente se trata de regresar a los principios enunciados en 1776, por lo cual nuestra justificación y modelo es la Declaración de Independencia, porque es el modelo y el vehículo necesario para lograr esa Segunda Revolución Americana.

 

Pero ¿como?  Bueno, el gran filósofo político americano Charles Murray ha publicado hace unos meses una especie de manual de cómo lograrlo, su gran libro By the People: Rebuilding Liberty Without Permission (Por el Pueblo: Reconstruyendo la Libertad sin Permiso). Pero yo voy mucho más allá que Murray, aunque primero es necesaria una breve descripción de lo que Murray propone.

 

Su gran libro se divide en tres partes. Primero Murray relata cómo llegamos a donde estamos y describe algo que muy pocos conocen: el “cuarto” poder de la república (además del legislativo, ejecutivo y judicial), el poder administrativo-regulador. En la segunda parte, Murray delinea que clase de “desobediencia civil sistemática” recomienda para lograr lo que propone. Finalmente, Murray explica por qué estamos en el momento adecuado para hacer lo que recomienda.

 

Todo se basa en esa frase, “desobediencia civil sistemática”. Pero Murray solo propone que esa desobediencia selectiva -la cual producirá reacciones del gobierno federal- se limite a asuntos menores como ignorar regulaciones. No propone violar la ley, excepto por omisión. Y no propone lo que yo sí hago: dejar de pagar los impuestos sobre ingresos al Internal Revenue Service (IRA), lo cual es una seria violación de la ley que puede resultar en el encarcelamiento de los violadores. Murray lo que SÍ propone es la creación de organismos legales de defensa voluntarios para enfrentarse a las agencias reguladoras del “cuarto poder”, derrotarlas en Corte (en buena parte porque carecen de personal suficiente para aplicar las regulaciones y hasta para defenderse de demandas), y ganarles casi “por agotamiento”. Pero esto NO es suficiente.

 

Aunque estoy de acuerdo que la desobediencia civil selectiva que recomienda Murray puede ser efectiva, es necesario privar al gobierno federal de su principal fuente de ingresos. Por eso prefiero que millones de contribuyentes se nieguen a pagar impuestos sobre ingresos. ¿Puede pensar alguien que el IRS es capaz de encarcelar a millones de personas por negarse a pagar impuestos? Claro que no, sobre todo cuando tantos ya sabemos que esos impuestos no solo son injustos, sino que el gobierno despilfarra sus descomunales entradas todos los días de la semana. Además, Murray propone mayormente que grandes compañías sean las que desobedezcan las regulaciones federales. Es verdad que algunas agencias reguladoras persiguen, arruinan y hasta encarcelan a ciudadanos porque esas mismas agencias aplican caprichosamente regulaciones injustas, innecesarias y estúpidas. Pero generalmente son las grandes compañías las que sufren esas iniquidades del Estado Regulatorio. Mientras que si los contribuyentes se niegan individualmente a mantener a un gobierno federal gigantesco y opresivo, esto se ajusta mucho más y mejor a lo que la Declaración ofrece como la razón de ser para separarse de Gran Bretaña.

 

Adicionalmente, prefiero la desobediencia civil masiva, no selectiva. Es decir, todas las regulaciones (no leyes) federales que cada individuo pueda desobedecer, deben ser desobedecidas. Si el personal administrativo a cargo de aplicar esas regulaciones de cada agencia decide procesar a cada individuo que viole cada regulación, que así sea. Excepto que simplemente NO es posible. Ninguna agencia federal, incluyendo el IRS, tiene ni remotamente la capacidad de procesar cada violación que se cometa. Dependen enteramente de que, lo mismo que el público respeta las leyes, ya que en ese respeto está basado el sistema, ese mismo público también respete las regulaciones. Si una cantidad suficiente del público (millones de personas) hace eso, además de negarse a pagar los impuestos sobre ingresos, el gobierno federal deja, en efecto, de funcionar. De esa manera, en otras palabras, todos conseguimos liberarnos de ese gobierno abusador y represivo. Solo así se puede lograr.

 

Pero antes de proseguir, es necesario ofrecer una breve explicación de lo que es ese misterioso “cuarto poder” a que me he referido.  No es más que las agencias reguladoras establecidas por el Congreso para ayudar a aplicar las leyes aprobadas por el mismo Congreso. Pero están bajo el control del poder ejecutivo -nominalmente. En realidad, con el tiempo se han convertido en agencias cuasi independientes, con sus propias normas, con supervisión minima ni del Presidente ni del Congreso, y como se verá, con una discreción tan amplia otorgada por las Cortes federales, el poder judicial, que para propósitos prácticos son, de hecho, independientes -un cuarto poder.

 

Sin embargo, ninguna de estas agencias reguladoras (o administrativas, como también se conocen) está siquiera mencionada en la Constitución. Pero desde hace mucho tiempo, se ha utilizado el Artículo II, Sección 8, para autorizarlas, para que se consideren constitucionales. Hay tres sub-cláusulas en la Sección 8 que se han utilizado no solo para permitir las agencias reguladoras sino muchas otras actividades del gobierno federal que NO se mencionan en la Constitución, y que todavía hoy en día muchos expertos constitucionales consideran que NO están permitidas y que NO son constitucionales.

 

La sub-cláusula que autoriza las agencias se conoce como la Cláusula de Comercio y dice textualmente que el Congreso tendrá el poder para: “regular el Comercio con naciones extranjeras, entre los varios Estados, y con las Tribus Indias”. Las otras dos sub-cláusulas le dan el poder al Congreso para: “recolectar impuestos, pagar las Deudas y suministrar la Defensa común y el Bienestar [Welfare] común de Estados Unidos”.  Esta sub-clausula permitió todas las medidas que crearían el Estado de Bienestar en el futuro. La tercera le permite al Congreso: “hacer todas las leyes que serán propias y necesarias para llevar a la Ejecución todos los poderes mencionados antes”. Por esta última se le ha permitido al Congreso aprobar casi todas las leyes que NO le están permitidas por la Constitución. Se puede ver claramente cómo la Constitución ha sido manipulada por años, en mi opinión, para permitir toda clase de actividades y aprobar todo tipo de leyes que la Constitución NO permite explícitamente.

 

La primera de estas agencias reguladoras, Interstate Commerce Commission (Comisión Interestatal de Comercio) se creó por el Congreso en 1887 para regular los ferrocarriles, los cuales eventualmente cubrieron todos los estados de la nación. Pero la gran mayoría de estas agencias reguladoras nacieron a principios del siglo 20, en buena parte por el impulso del movimiento Populista y especialmente el movimiento Progresista iniciado por el Presidente Theodore Roosevelt.

 

La segunda gran agencia en importancia fue la Food and Drug Administration (FDA) (Administración de Alimentos y Drogas) organizada en 1906 durante la administración de T. Roosevelt para regular la pureza de la comida enlatada y algunas de las primeras drogas sintéticas producidas en EEUU. (T. Roosevelt también apoyó el establecimiento de las elecciones primarias durante la campaña electoral de 1912, cuando trataba de conseguir la nominación del Partido Republicano contra su amigo, el Presidente Taft). Bajo la presidencia de Woodrow Wilson (1913-1919) proliferaron más aún, especialmente con la aprobación de la Enmienda 16 a la Constitución (1913) que permitió los impuestos sobre ingresos (income tax), hasta entonces prohibidos por la Constitución, aunque habían sido aplicados por decretos ejecutivos durante la Guerra Civil y hasta finales del siglo 19. Un año después, se creó el Federal Reserve Bank (Banco de la Reserva Federal) en 1914.  De esa Enmienda y de esa ley que creó el Banco Central nacieron dos de las más importantes y poderosas agencias reguladoras: el Internal Revenue Service (IRS) (Servicio de Rentas Internas) y la burocracia que administra el sistema bancario de EEUU, el Federal Reserve Board of Governors (Junta de Gobernadores del Banco de la Reserva Federal). Pero la entrada en la Primera Guerra Mundial de EEUU impidió que el Presidente Wilson creara más agencias reguladoras antes que terminara su segundo período de gobierno.

 

En las décadas siguientes surgieron algunas otras importantes agencias, pero fue durante la larga presidencia de Franklin Roosevelt, durante la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, que estas agencias reguladoras casi explotaron en el gobierno federal. Con el New Deal de Franklin Roosevelt nació el Estado de Bienestar en EEUU, al igual que la burocracia federal y el Superestado Federal que hoy nos gobierna. Con la presidencia de Lyndon Johnson y su Great Society (Gran Sociedad) entre 1965 y 1969, se completó el gran Welfare State en EEUU.

 

El Cuarto Poder prevalece desde entonces, y hoy en día algunas agencias reguladoras como Environmental Protection Agency (EPA) (Agencia para la Protección del Medioambiente, creada bajo la presidencia de Richard Nixon en 1970) y Ocupational Safety and Health Administration (OSHA), creada también en 1970 en la administración de Nixon, se han convertido en burocracias gigantescas que actúan con impunidad y abusan continuamente de sus poderes, mientras que las Cortes Federales se lo permiten.

 

El problema -y grave peligro- que representan estas agencias reguladoras completamente fuera de control es que actúan como fiscales, jueces y jurados en sus decisiones arbitrarias y tienen un equipo (no tan grande, afortunadamente) de burócratas represivos que actúan como la policía secreta de cada una de ellas. Además, y esto es lo peor, tienen sus propios tribunales administrativos que toman decisiones casi inapelables, debido a la enorme “discreción” permitida por las Cortes Federales, incluyendo, por supuesto, la Corte Suprema. (Discreción, en este contexto legal, significa que los jueces le permiten a esas agencias que actúen básicamente por su cuenta, extralegalmente, y raramente intervienen en las decisiones que los tribunales administrativos toman).

 

Hay tres decisiones cruciales de la Corte Suprema que prácticamente garantizan no solo la impunidad de lo que hacen estas agencias reguladoras, sino también hacen prácticamente imposible que sean anuladas o hasta modificadas por la Corte Suprema, ya que eso causaría el desmantelamiento total de TODO el Estado de Bienestar que comenzó con la Ley del Social Security.

 

La primera decisión, Helvering v. Davis, 1937, decretó que la Ley de Social Security es constitucional; si se anula, todas las leyes “sociales” como Medicare, Medicaid, etc., quedarían invalidadas, algo obviamente imposible. La segunda, National Broadcasting Co. v. United States (1943) le aseguró a las agencias reguladoras, en este caso la Federal Communications Commission, la autoridad para formular casi cualquier regulación de la industria del radio y televisión en EEUU. Es decir, les permitió utilizar la terminología que quisiera la agencia, sin importar que fuera completamente prejuiciada contra la persona o compañía bajo investigación. La tercera, Chevron v. Natural Resources Defense Council (1984) le permitió completamente a las agencias reguladoras interpretar las leyes aprobadas por el Congreso como quisieran. Mientras una ley no promulgara o prohibiera específicamente algo, las agencias reguladoras podían interpretar la terminología en la ley como quisieran, sin interferencia, ni del Congreso, ni de las Cortes.

 

Carta blanca para, en efecto, legislar. Excepto que el poder de legislar está reservado para el Congreso en la Constitución. Por lo mismo, estas agencias reguladoras son, de hecho, minilegislaturas con poderes casi absolutos y sin responsabilidad hacia nadie, ya que no responden al electorado. Una perversión absoluta de la Constitución.

 

Toda esta explicación del Cuarto Poder, por breve que haya sido, quizás todavía resulte demasiado complicada para que alguien que no conozca de este asunto lo entienda. Entonces lo mejor es usar un relato verídico para ilustrarlo todo mejor. Pero quiero enfatizar que, aunque lo que sigue es verdad, será muy difícil de creer. Charles Murray, el autor mencionado antes,  llama a este relato “La Parábola de los Niños Come-Tierra” y verán por qué. 

 

Resulta que en 1977 Louis Ottati y su suegro, Wellington Goss, de Kingston, New Hampshire, formaron una compañía para reciclar tanques de metal contaminados, arrendando un acre de terreno en un parque industrial de 34 acres dedicado a esta actividad. El material contaminado, después de limpiar y reciclar los tanques, era desechado en latones de basura que, junto con los desperdicios de las demás compañías, se depositaban en un sitio aprobado por la EPA para tal fin. Por tres años, los empresarios prosperaron.

 

Entonces en 1980, inspectores de la EPA, una de las agencias administrativas-represivas más agresivas en la aplicación de regulaciones para “proteger” el medio ambiente, determinaron que Ottati-Goss, junto con las otras compañías que usaban el sitio donde depositaban el material contaminado, habían permitido que los basureros se filtraran y contaminaran la tierra del sitio de depósito. La EPA limpió el sitio y las compañías compartieron y pagaron los gastos. Pero entonces la EPA determinó que era necesario incinerar la tierra para destruir residuos mínimos de materiales como PBC, benzina y gasolina. El costo de la incineración que le correspondía a Ottati-Goss ascendió a $9.3 billones ($9,300 millones en español), lo cual los empresarios se negaron a pagar por considerarlo innecesario y excesivo. La EPA los demandó, y después de cinco años y miles de dólares en gastos legales, el caso llegó a la Corte Federal de Distrito de New Hampshire, la cual falló a favor de Ottati-Goss.

 

Pero la EPA apeló el veredicto y cinco años después, en 1990, la Corte de Apelación del Primer Circuito Federal afirmó la decisión a favor de Ottati-Goss, quienes fueron vindicados -pero luego de enormes gastos legales. Mas ahora viene lo mejor, y es necesario citar la opinión de la Corte de Apelación para ilustrar el abuso y la arbitrariedad de estas insolentes agencias reguladoras. Y recuérdese que este caso resultó en una importante victoria para los demandados, lo cual es poco usual, ya que las agencias ganan estos ruinosos (para los demandados) casos en una gran mayoría de las veces. Además que incontables damnificados simplemente NO pueden ni defenderse por falta de recursos y tienen que pagar multas o penalidades injustas a las agencias reguladoras.

 

Escribió el Juez Stephen Breyer, quien ahora es parte de la Corte Suprema y es uno de los jueces de la minoría “liberal” (de la izquierda): ¿Cuanta seguridad extra compró estos $9.3 billones [impuestos por la EPA a Ottati-Goss]? Las 40,000 páginas del registro legal del caso después de diez años de litigio indicaron (y todas las partes aparentemente lo aceptaron) que, sin el gasto extra [los $9.3 billones] el sitio dispositivo quedó suficientemente limpio para que los niños que jugaban en la tierra del sitio pudieran comer pequeñas cantidades de tierra por 70 días al año sin que les hiciera daño. Incinerar el sitio pudiera haber permitido que los niños comieran tierra por 245 al año sin que les hiciera daño. Pero no habían niños jugando ni comiendo tierra en el sitio, porque se había convertido en un pantano”. Debo indicar que el Juez Breyer escribió esta opinión sin, aparentemente, un ápice de ironía ni de burla. Este caso, por supuesto, parece irrisorio -excepto para Ottati y Goss que tuvieron que pagar gastos enormes y litigar por 10 años un caso que nunca meritó ser llevado a corte.

 

La moraleja es que esta “Parábola” ilustra muy bien lo que son las agencias reguladoras y -mucho peor- de lo que son capaces. Además, repito que este caso resultó en una victoria para los demandados y en que se hiciera justicia. Pero hay incontables casos todos los años que resultan en la ruina, y hasta la cárcel, para miles de empresarios honestos que no han cometido ningún delito. Excepto “violar” (supuestamente) regulaciones innecesarias y en muchos casos simplemente estúpidas, inventadas por burócratas que no tiene otra cosa que hacer sino justificar su existencia. Es por todo esto que las agencias reguladoras, obviamente fuera de control, necesitan ser limitadas para que actúen de una manera sensata, y regresadas a la sensibilidad, para que estos terribles abusos puedan ser eliminados de una vez por todas.

 

Como debe haber quedado muy claro, el daño que casi un siglo de políticas “progresistas” y el Estado Regulatorio han hecho a Estados Unidos es tal que muy poco se puede hacer ni siquiera eligiendo a un presidente conservador, respaldado por un Congreso también conservador y contando con una Corte Suprema con una mayoría conservadora sólida. Aunque eso se lograra en enero del 2017 (muy dudoso), NO es suficiente para lograr los cambios necesarios para regresar este país a sus orígenes. Claro que con políticas que han sido implementadas y exitosamente probadas tres veces en menos de un siglo (1921-28; 1960-64; 1981-2000), Estados Unidos puede recuperarse y prosperar de nuevo, sobre todo económicamente.

 

Pero la Corte Suprema NO puede invalidar las decisiones que crearon el Estado de Bienestar sin provocar el caos en toda la sociedad, y el Congreso NO puede aprobar (o derogar) leyes para reparar todo este masivo daño. Lo peor de todo es que ni siquiera podemos confiar en los votantes, no después que eligieron a este presidente dos veces. Por eso debemos recordar las palabras proféticas de Alexis de Tocqueville escritas en 1835 en Democracy in America:

 

“Una democracia no puede existir como una forma permanente de gobierno. Solo puede existir hasta que los votantes descubran que se pueden votar a si mismos beneficios del Tesoro público. Desde ese momento, la mayoría siempre votará por los candidatos que le prometan los mayores beneficios del Tesoro público, con el resultado que la democracia siempre colapsa por políticas fiscales generosas, siempre seguidas por una dictadura”.

 

Que alguien niegue que a eso hayamos llegado. Por eso es necesaria una Segunda Revolución Americana.

 

De manera que ya sabemos qué hacer y cómo hacerlo. Ahora es simplemente requerido que millones de ciudadanos estemos dispuestos a actuar. Primero, a crear los organismos legales y suministrar los fondos para defender a los demandados por desobedecer las regulaciones injustas y estúpidas de las agencias administrativas. Segundo, a que la mayor cantidad de ciudadanos comencemos a ignorar la mayor cantidad de regulaciones. Tercero, a que, por millones, nos neguemos a pagar impuestos sobre ingresos. Si hacemos todo esto, lograríamos algo similar a la Estrategia Cloward-Pliven para colapsar el sistema de welfare.

 

Excepto que nuestra estrategia es para colapsar el sistema legal de los tribunales de las agencias reguladoras. NO para destruir la nación, sino para doblegar al opresivo y gigantesco gobierno federal para que vuelva a lo que los Padres Fundadores inventaron: un gobierno con poderes estrictamente limitados por una Constitución que sea respetada, que proteja las libertades de todos los ciudadanos y que aplique la justicia debidamente. Eso es lo que queremos, y eso lo podemos lograr. En la unión está la fuerza.

 

Finalmente cabe la pregunta. ¿Es posible aplicar esta “rebelión” de individuos al caso de Cuba? La respuesta es obvia: claro que si. Existe, por supuesto un gran obstáculo. La enorme mayoría del pueblo cubano ha nacido y crecido bajo un sistema que ni siquiera les permite conocer las grandes ideas de la libertad. Por ahí hay que empezar.

 

Pero para eso ya estamos preparados. ¿Como? Desde septiembre del 2015 un pequeño grupo de colegas que compartimos estas ideas de la libertad fundamos el Instituto 1776.  Esta organización sin fines de lucro (non profit) tiene el propósito de enseñar y de informar, especialmente a los jóvenes hispanoamericanos inmigrantes en Estados Unidos, esos grandes valores y principios encapsulados en la Declaración de Independencia y la Constitución de Estados Unidos, promulgadas en 1776 y 1787.

 

Pero adicionalmente este nuevo año tenemos planeado preparar cursos educativos breves, de media hora de duración cada uno, para enseñarles a los jóvenes cubanos sobre estas ideas, valores y principios de la libertad. Entonces planeamos enviarlos a Cuba en forma de DVDs y flash drives, en grandes cantidades (allá se pueden reproducir por miles; ya se ha hecho), de manera que miles y miles de cubanos aprendan y conozcan lo que les ha sido negado por más de medio siglo. Aunque esto es, por supuesto, algo muy subversivo y peligroso para el régimen, nuestro propósito no es provocar una rebelión violenta ni mucho menos un levantamiento popular. Si eso se llegara a producir, algo sumamente dudoso, bienvenido sería. Pero NO es nuestro propósito. Lo que queremos es, simplemente, informar al pueblo, sobre todo a los jóvenes.

 

Esa es la única solución: preparar al pueblo cubano para que se pueda enfrentar al futuro y crear un futuro mejor. Así se puede aplicar toda nuestra Segunda Revolución Americana a Cuba. ¿Quien sabe? Como dijo Ronald Reagan en su discurso de despedida, “tratamos de cambiar al país y terminamos cambiando al mundo”. 

 

En Cuba también se puede producir una Segunda Revolución, pero esta vez, una verdadera -y duradera- revolución que cambie a nuestro desdichado país para lo mejor y que cree un futuro como el que Cuba se merece.