Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Diego Trinidad, PhD, Miami

 

 

                               

 

 

                                

 

EL ACUERDO CON IRÁN: EXPLICACIÓN Y CRÍTICA.

 

Por fin consiguió el Presidente de Estados Unidos su segundo gran legado: un acuerdo con la República Islámica de Irán para supuestamente evitar que Irán posea bombas nucleares.

 

El primer gran legado fue el “acercamiento” con Cuba, el cual se consumó el 20 de julio con la apertura de embajadas en La Habana y el Washington respectivamente. Pero el acuerdo con Irán es mucho más “trascendental” que un acercamiento con Cuba, ya que, aunque ahora existen relaciones diplomáticas, mientras el embargo económico codificado en la Ley Helms-Burton no se abrogue por el Congreso, nada en realidad ha cambiado.

 

Pero antes de pasar a explicar lo que hasta ahora se conoce del acuerdo firmado con Irán el pasado martes 14 de julio, es necesario ofrecer un breve sumario del proceso de sanciones que culminó con el acuerdo firmado hace unos días.

 

ANTECEDENTES EN LAS RELACIONES CON IRÁN

 

Irán originalmente firmó el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares en 1967 y ratificó un acuerdo suplementario en 1974 que consintió las inspecciones en su territorio.  Durante la administración del Presidente Eisenhower, EEUU proclamó el programa de “átomos para la paz”, y bajo ese programa Irán recibió un reactor nuclear en 1967 (conjuntamente con Israel y Pakistán), pero no fue hasta el final de la guerra entre Irán e Irak en 1988 que Irán probablemente consideró por primera vez la adquisición o desarrollo de armas nucleares.

 

Sin embargo, las sanciones económicas comenzaron mucho antes, como resultado de la revolución de 1979 que derrocó al régimen del Shah Reza Pahlevi y trajo al poder al Ayatola Jomeini y sus clérigos fanáticos (junto con la toma de 52 rehenes americanos y la ocupación de la embajada de EEUU en Teherán en noviembre de 1979).

 

Poco después, el Presidente Carter congeló miles de millones de dólares en activos de Irán depositados en bancos americanos. Las sanciones continuaron aún después que los rehenes fueron liberados en enero de 1981, debido al apoyo de la República Islámica a diversos movimientos terroristas en el Medio Oriente. Y en 1984, se incrementaron por el ataque de terroristas financiados y apoyados por Irán a las barracas de Marines americanos en Beirut en 1983, donde 240 militares de EEUU murieron en la explosión.

 

En ese año de 1984, Irán fue adicionalmente colocado en la lista de países terroristas, donde aún se encuentra. En 1987, EEUU tomó una serie de acciones militares contra Irán poco conocidas, cuando el régimen islámico amenazó con cerrar el Estrecho de Hormuz. Barcos iraníes fueron hundidos, plataformas de petróleo en el Golfo Pérsico fueron destruidas y un avión de pasajeros fue derribado por error. Irán (como había sucedido en parte con Cuba) se “tranquilizó”.

 

Esto sucedió hacia el final de la cruenta guerra entre Irak e Irán, que comenzó en septiembre de 1980 y duró ocho años (cubriendo las dos administraciones de Reagan), la guerra convencional más larga del siglo 20. Desde el principio, EEUU se inclinó hacia Irak, primero borrando a la dictadura de Saddam Hussein de la lista de países terroristas en 1982. De esa manera, EEUU proporcionó a Irak miles de millones de dólares en ayuda económica, incluyendo la venta de tecnología de uso dual, armas no fabricadas en EEUU, inteligencia militar, entrenamiento de fuerzas especiales, créditos agrícolas, y hasta armas químicas y bacteriológicas. Toda esta ayuda masiva se hizo abiertamente, incluyendo dos visitas del enviado especial de Reagan (y luego Secretario de Defensa de Bush hijo) Donald Rumsfeld, en 1983 y 1984. 

 

Estas políticas del Presidente Reagan (al igual que la política de armar a los muyajidines en Afganistán en su lucha contra los invasores soviéticos) han sido severamente criticadas retrospectivamente, pero en aquel entonces se consideró que Irán era un peligro y una amenaza mucho peor que Irak para EEUU.

 

Desafortunadamente, casi todas las decisiones militares tienen consecuencias inesperadas, y estas las tuvieron también, pero en la década de 1980 fueron las correctas.  Por otro lado, la administración, tratando de lograr la liberación de rehenes en Líbano, se involucró en negociaciones ilegales con Irán que produjeron el escándalo conocido como Irán-Contra (armas para Irán vía Israel, dinero ilegal para ayudar a la oposición en Nicaragua, vía Arabia Saudita y Brunei). Una vez más, Irán aprovechó esas “negociaciones” para continuar la exportación de la revolución islámica en el Medio Oriente, algo que ha sido política de estado de ese país desde 1979. Pero es muy importante resaltar que las sanciones económicas se impusieron originalmente contra Irán (y se han mantenido desde 1979) por las actividades terroristas del régimen, mucho antes que se impusieran sanciones adicionales por el programa nuclear.

 

En el 2002, se descubrió, gracias a denuncias de grupos opositores, que Irán trataba de producir armas nucleares y que ya contaba con 163 centrífugas para enriquecer uranio.  El año siguiente, inspectores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) descubrieron trazas de uranio enriquecido en el centro nuclear de Natanz.

 

El proceso de enriquecer uranio es muy complicado hasta para explicarlo de la manera más simple. La mayor cantidad de uranio que se encuentra en la naturaleza es uranio 238. El enriquecimiento lo convierte en uranio 235. Es ese el uranio que se utiliza para fabricar armas nucleares, pero también para producir energía en reactores nucleares. Los reactores solo necesitan el uranio 235 enriquecido en un 3-5%. Pero la producción de armas nucleares necesita ese mismo uranio enriquecido hasta un 90%. Por otro lado, se necesitan al menos 5,000 centrífugas para producir suficiente uranio 235 enriquecido para fabricar una sola bomba. Irán ahora tiene más de 20,000. Las centrífugas se utilizan para enriquecer el uranio. ¿Para qué necesitan tantas?  Esa es una de las preguntas cruciales desde el 2002.

 

Precisamente porque Irán es un país riquísimo en petróleo y gas natural, no tiene sentido el gasto de implementar un programa nuclear para producir energía. Es algo redundante para un país que NO necesita fuentes energéticas adicionales. Esa es la razón por la cual EEUU siempre se ha opuesto al programa nuclear de Irán, considerando que lejos de ser un programa pacífico para producir energía, está diseñado para producir armas nucleares.  Además, Irán continúa siendo el principal estado terrorista en el mundo. 

 

Pero las relaciones entre Irán y EEUU desde 1979 han pasado por una serie de altas y bajas casi continua. Las sanciones económicas de EEUU nunca han sido levantadas.  Bajo la administración de George Bush padre, las sanciones económicas impuestas por el Presidente Reagan se mantuvieron, pero Irak ocupó mucho más tiempo a Bush padre que Irán, especialmente con la primera guerra del golfo después que Irak invadió Kuwait en 1990. Durante la administración del Presidente Clinton, sin embargo, las sanciones se incrementaron. Se prohibió todo tipo de negocios con la industria petrolera de Irán, y en 1997 se prohibieron inversiones americanas en la República Islámica y casi todo el comercio que todavía existía entre los dos países. Clinton también trató que tanto la ONU como la Unión Europea se unieran a las sanciones, pero con poco éxito.

 

Finalmente, durante la administración de George Bush hijo, al principio hubo un acercamiento con Irán, especialmente en la preparación del ataque contra el Talibán en Afganistán después de los sucesos de 9/11 y el derribo de las Torres Gemelas en New York. Irán, de hecho, proporcionó alguna inteligencia y facilitó ciertas operaciones militares. Algunos consideran que EEUU perdió entonces una verdadera oportunidad de mejorar las relaciones hostiles entre ambos países, especialmente cuando el Presidente Bush incluyó a Irán como parte del “Eje del Terror” junto con Irak y Corea del Norte, pero esto es dudoso. 

 

Irán siempre ha logrado manipular muy hábilmente las relaciones con EEUU y salir con ventajas. Bush hijo continuó las sanciones económicas y congeló activos adicionales de Irán y de países y empresas que continuaban comerciando con Irán. Nuevas sanciones bancarias fueron impuestas en muchas transacciones comerciales entre Irán y el resto del mundo. Pero, la administración de Bush hijo no logró ni siquiera frenar el programa nuclear de Irán una vez descubierto, a pesar de ofrecer hasta ayuda económica a los ayatolas a cambio de que renunciaran al enriquecimiento de uranio. Tal como sucedió con Corea del Norte, otro hábil manipulador, esta política de “zanahorias y palos” fue un fracaso. 

 

Por otro lado, la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) de la ONU determinó en 2005, tras una inspección en la planta nuclear de Natanz que descubrió trazas de uranio enriquecido, que Irán no estaba cumpliendo con sus compromisos internacionales.  Nuevas sanciones internacionales y el primer intento de negociar con Irán para que suspendiera el programa nuclear, comenzaron por parte de Gran Bretaña, Francia y Alemania en el 2006.  Esas negociaciones continuaron, sin éxito, hasta el 2009.  Un juego de gato y ratón en el cual Irán es un experto.

 

EXPLICACIÓN DEL ACUERDO

 

Así llegamos al presente y al acuerdo con Irán de julio 14. De manera que, por difícil que sea, trataremos primero de explicar el acuerdo.

 

De entrada, es muy largo (159 páginas más seis anexos secretos - los más importantes) y extremadamente complejo y técnico. También es muy ambiguo, especialmente en referencia a fechas, inspecciones y obligaciones específicas de las partes que firman el acuerdo. Además, no sabemos (y quizás nunca sabremos) ciertos detalles secretos que NO serán revelados ni siquiera al Congreso durante el período de 60 días que hay para aprobar o rechazar el acuerdo. Pero básicamente, existen dos elementos primordiales: el levantamiento de las sanciones económicas de EEUU y la ONU a cambio de la “suspensión” del programa de enriquecimiento de uranio y el cierre de miles de centrífugas por Irán (nótese: cierre quiere decir que las centrífugas se apagaran, que dejarán de producir uranio enriquecido, pero NO serán destruidas). 

 

Veamos los detalles que se han dado a conocer hasta ahora.

 

Sobre las obligaciones de Irán:

 

1) Irán se compromete a dejar de producir uranio enriquecido a un nivel mayor que el 5%.

2) A no instalar centrífugas adicionales y a no construir ninguna otra facilidad para enriquecer uranio.

3) A no instalar ninguna otra centrífuga en los centros nucleares (militares) de Natanz y Fordow (subterráneo). 

4) A parar la construcción de una planta para producir “agua pesada” (primer paso para producir uranio para armas nucleares) en el reactor nuclear de Arak.

5) No construir ninguna facilidad adicional para reprocesar uranio. 

6) Permitir monitoreo del programa nuclear y abrirlo con “completa transparencia”.

7) Reducir las reservas de uranio enriquecido que ahora existen, de 2,000 kilogramos a 300, y que éste no pase del 3.67% de enriquecimiento. 

 

Pero esto es durante los 15 años del acuerdo, y no se especifica cuándo la reserva será reducida a 300 Kg. Nótese de entrada que las cláusulas 5 y, especialmente 6, son casi imposibles de verificar, y la 3, como son facilidades militares y la de Fordow es subterránea, el proceso de inspección es realmente imposible, como se verá cuando se cubra la parte de las sanciones.

 

Sobre el levantamiento de las sanciones a Irán: El acuerdo tiene 33 cláusulas, y dos de estas tienen más de 25 sub-cláusulas, todas muy técnicas, de manera que, en resumen, todas las sanciones impuestas por EEUU y la ONU desde el 2006 serán levantadas en cuanto la IAEA certifique que Irán ha comenzado a cumplir ALGUNAS de sus obligaciones.

 

Pero nótese que en la semana de julio 20-24 el Consejo de Seguridad de la ONU y la Unión Europea aprobaron unánimemente el acuerdo firmado el 14 de julio. Las sanciones técnicamente pueden comenzar a ser levantadas gradualmente ahora mismo. La fecha en que el acuerdo entra en vigor es 90 días después que el Consejo de Seguridad de la ONU apruebe el acuerdo, pero esto ya sucedió esta semana, de manera que la fecha de implementación debe ser alrededor de octubre del 2015. Muchos analistas esperan que para diciembre de este año, Irán habrá recibido hasta 150 mil millones de dólares ($150,000’000,000). Además, Rusia ya ha anunciado que reanudará el acuerdo firmado en el 2006 para vender los más adelantados cohetes antiaéreos a Irán y comenzará a entregarlos inmediatamente, a pesar de la supuesta prohibición a Irán de comprar o vender armas y cohetería por cinco años.

 

Todas las demás sanciones bancarias (las que más han afectado al régimen islámico) y comerciales también serán levantadas. Las fechas varían de acuerdo con ciertos factores, pero si el dinero congelado (los $150 mil millones) es recibido por Irán en diciembre, como se espera, es de suponer que TODAS las sanciones impuestas desde 1979 dejarán de existir a fines del 2015. Esto incluye, por supuesto, las prohibiciones a la exportación de petróleo y gas natural por parte de Irán al mundo entero, incluyendo eventualmente a EEUU.

 

Las entradas que el régimen iraní puede esperar en el próximo año, cuando además recibirá casi todos los fondos congelados ($150 mil millones) posiblemente alcanzarían hasta un 20% del Producto Interno Bruto (PIB) de Irán, el cual en el 2013 (el último año que hay cifras confiables, ya que la economía iraní ha tenido un crecimiento negativo en el 2014 y 2015) fue de $980 mil millones ($980,000’000,000).

 

Sobre las inspecciones y verificación del acuerdo: Esta es la parte de mayor importancia - y la más problemática y difícil de implementar. Después de prometer por meses que los inspectores de la IAEA  tendrían acceso a todas las instalaciones nucleares en Irán “24/7” (aunque ahora lo niegan, pero está grabado y filmado), el acuerdo limita cualquier inspección a ciertas instalaciones aprobadas por Irán, y solamente después de un plazo anticipado de 24 días. Además, el equipo de inspectores de la IAEA no incluye miembros de EEUU. El número de inspectores de la IAEA será de 150, solamente de países que tienen relaciones diplomáticas con Irán, y se llegará a ese número a través de 9 meses.  Los inspectores NO tendrán acceso a ninguna instalación militar en Irán.

 

Finalmente, muchos de los detalles en los seis anexos secretos se refieren al régimen de inspecciones, y esos cruciales anexos no serán revelados ni siquiera al Congreso. Es decir, ni sabemos, ni sabremos nunca, lo que se acordó sobre lo más importante del acuerdo: las inspecciones sobre el terreno en Irán. Sin ese elemento, es imposible verificar NADA en el acuerdo.

 

¿CÓMO SE LLEGÓ AL ACUERDO?

 

Antes de proceder a la crítica analítica del acuerdo, es necesario describir brevemente como se llegó al mismo; cual ha sido la trayectoria seguida por la presente administración desde el 2009 hasta julio 14 del 2015.

 

Hay que destacar que aún antes de asumir la presidencia, Barack Obama había prometido dialogar con los dirigentes del régimen iraní. La implicación siempre ha sido que su política hacia Irán sería drásticamente diferente a la de todos sus predecesores. Un acercamiento fue implícitamente ofrecido en el conocido discurso en El Cairo, Egipto, el 4 de junio del 2009: “estamos dispuestos a ofrecer una mano amiga a cambio de que se abra el puño cerrado”.  Además, limitar el programa nuclear de Irán siempre fue parte de cualquier mejora en las relaciones.  Irán ignoró las ofrendas de paz, y el programa nuclear continuó a toda máquina, obligando al presidente poco después a prometer por varios años que su intención era que Irán nunca tuviera armas nucleares y que su programa nuclear fuera totalmente desmantelado.

 

Pero sin importar la multitud de nuevas ofertas, Irán continuo ignorándolas todas. El presidente hasta se negó a ofrecer algún apoyo a la oposición en Irán cuando las elecciones presidenciales de junio del 2009, que  fueron fraudulentamente ganadas por el candidato oficial, Mahmoud Ahmadinejad, el más radical de todos. Miles de iraníes, sobre todo los jóvenes, salieron a las calles a protestar y fueron golpeados, arrestados, y muchos murieron en las protestas que dudaron varios días. Pero el presidente guardó silencio y días después, ofreció la justificación de que no quería malograr los esfuerzos de un acercamiento haciendo declaraciones “incendiarias”. Tampoco nunca mencionó (todavía no lo ha hecho) las bases de su política hacia Irán; en realidad de TODA su política externa.  Pero ahora esto lo sabemos muy bien.

 

Como he revelado antes, desde la campaña presidencial del 2008 Barack Obama decidió adoptar las extravagantes teorías del profesor de la Universidad de Georgetown Charles A Kupchan, Director de Asuntos Europeos en el Consejo de Seguridad Nacional (NSC) durante la administración del Presidente Clinton, cargo que retomó durante la administración Obama, además de ser en estos momentos Profesor de Relaciones Internacionales en la Escuela de Servicio Exterior y Gobierno de la Universidad de Georgetown.. Kupchan expuso sus teorías en su libro publicado en el 2010, How Enemies Become Friends: The Sources of a Stable Peace (Cómo los enemigos se convierten en amigos: las bases de una paz estable).

 

Brevemente: Kupchan propone que se deben hacer grandes e importantes concesiones unilaterales a los enemigos, no exigiendo ni esperando nada a cambio, suspendiendo toda conducta hostil o que incluso se pueda percibir como tal, y no tratando bajo ningún concepto de cambiar la naturaleza de esos regímenes adversarios. Como se puede ver claramente, es exactamente lo que la presente administración americana ha hecho en su política hacia Irán (lo mismo que hacia Cuba y Rusia, entre otras).

 

Pero la estrategia de este presidente hacia Irán va mucho más allá de la aplicación de las teorías del profesor Kupchan. Probablemente desde que tomó el poder en enero del 2009 el presidente ha planeado convertir a Irán en la nación hegemónica del Medio Oriente, en el árbitro de esa peligrosa e inestable región. Esa es LA razón de todas sus políticas hacia Irán, y obviamente, para lograr esa meta, era necesario un acomodo con la República Islámica con relación a su programa nuclear. Básicamente, esto equivalía a permitir a Irán conservar el programa nuclear, que eventualmente resultaría, por supuesto, en un Irán con armas nucleares. 

 

El presidente, sin embargo, cifra sus esperanzas en que un “nuevo” Irán (pero que todavía sigue -y será- siendo una república islámica) integrado por primera vez desde 1979 a la comunidad internacional y a la economía global, aceptado como un país “normal”, que además será rico y próspero, cambiará sus “malas costumbres”, dejará de ser un régimen agresivo, represivo, expansionista - un gran peligro y una amenaza real para el resto del mundo, simplemente porque esas son las esperanzas del presidente.

 

Incluso espera que los chíitas y sunnitas en la región se reconcilien, algo que no ha sucedido en 1,500 años. Este “nuevo” enfoque es algo perversamente similar a la fracasada détente elaborada por Henry Kissinger y que fuera la política oficial de dos presidentes, Nixon y Ford. Entonces, esas también eran las esperanzas de Kissinger y sus seguidores, de que la Unión Soviética cambiara, que gracias al comercio y a la tecnología que un benévolo Occidente compartiría con ese monstruoso y criminal régimen, la URSS también se convertiría en una nación “normal” capaz de convivir en paz y armonía con el resto del mundo. Lamentablemente todos sabemos que no fue así, que nunca pudo ser así.

 

Esta nueva política del presidente, que es en verdad nueva en el sentido que rompe con ciertos principios siempre seguidos por todos los presidentes desde 1945, también fracasará. Recordemos al gran filósofo español-americano Jorge Agustín Ruiz de Santayana y Borrás, más conocido como George Santayana, quien famosamente escribió que “aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo”.  La historia es valiosa y quien la estudia puede aprender grandes lecciones. Pero quien la ignora, quien cree ciegamente en una ideología progresista que busca las utopías, está necesariamente condenado al fracaso. 

 

En el 2010, la inactividad de la administración con respecto al programa nuclear de Irán se hacía cada vez más alarmante, hasta el punto que la Cámara de Representantes aprobó sanciones industriales y bancarias contra Irán por un voto de 408 a 8, y el Senado prosiguió también a aprobarlas por voto de 99 a 0, haciendo imposible un veto del presidente. Poco después, se presentó en el Senado (controlado entonces por los demócratas), un proyecto de ley patrocinado por Robert Menéndez (demócrata de New Jersey) y Mark Kirk (republicano de Illinois), imponiendo sanciones mucho más estrictas contra el Banco Central de Irán. El Secretario del Tesoro Tim Gaithner escribió al Senador Menéndez expresando la oposición de la administración a la propuesta ley “porque amenaza con socavar las políticas que hemos formulado para construir presiones internacionales contra Irán”. No obstante, el Senado aprobó la ley por un voto de 100 a 0, una humillación para el presidente, quien tuvo que firmarla contra su voluntad.

 

Esas sanciones aprobadas en el 2010, unidas a nuevas sanciones a las que se sumaron por primera vez a Rusia y China, y que y que además impusieron por vez primera un embargo en las exportaciones de petróleo de Irán, su mayor fuente de ingresos, y sobre todo las sanciones bancarias, devastaron la economía de Irán de tal manera que en el 2013, el régimen consintió en negociar seriamente con el  grupo de naciones conocido como 5 + 1 (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU -Rusia, Francia, China, Gran Bretaña y EEUU- más Alemania).

 

Pero antes de llegar a la mesa de negociaciones en el 2013, hubo una situación de gran peligro para Irán a principios del 2012, año de elección presidencial. Muchos de los expertos y analistas más prominentes en EEUU, incluyendo al mismo Secretario de Defensa Leon Panetta, esperaban un ataque de Israel a Irán antes de la elección en noviembre. El presidente, desesperado y atemorizado con esa posibilidad (además, estaba detrás en muchas encuestas), la cual podía afectar su reelección de maneras imprevistas, pidió a Israel que NO atacara a Irán antes de noviembre.

 

A cambio, le ofreció resolver el asunto del programa nuclear iraní, y más, mucho más a Israel: ayuda militar masiva, la cual aún se desconoce, pero que indudablemente incluyó, al menos, aviones de ataque adicionales (F-15 y F-16, los más avanzados en el mundo), aviones cisterna, cohetes intermedios y cruceros, y las nuevas bombas gigantes de 30,000 libras, capaces de penetrar hasta 200 metros de concreto bajo tierra. Israel suspendió sus planes militares.  Obama fue reelecto. Pero no cumplió sus promesas a Israel de resolver el “problema” nuclear de Irán.

 

Aún antes que las negociaciones con Irán comenzaran en noviembre del 2013, miembros de la administración declararon abiertamente el propósito americano. Por ejemplo, el vocero del Consejo Nacional de Seguridad Tommy Vietor declaró en abril del 2012 que “nuestra posición es clara: Irán debe cumplir sus obligaciones internacionales, incluyendo la suspensión completa del enriquecimiento de uranio, como es requerido por múltiples resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU”.  Para septiembre del 2014, todavía se demandaba que Irán redujera el total de centrífugas a 1,500 y se mantenía la posición del llamado grupo 5 + 1 de que Irán tenía que eliminar su programa nuclear completamente.

 

CRÍTICA DEL ACUERDO

 

Para empezar, debo admitir que una crítica objetiva a este acuerdo, en verdad de cualquier programa o política que este presidente ha implementado, es extraordinariamente difícil.  No para mí. Mi obligación como historiador profesional es la búsqueda de la verdad, sin importar mis opiniones ni mis ideas previas. El problema es con los que creen en lo que dice y hace el presidente. Para casi todos ellos (y no se puede olvidar que ha sido electo DOS veces), cualquier pronunciamiento o acción del presidente es una cuestión de fe y la creen ciegamente. Es, en realidad, como el famoso chiste del cómico americano Groucho Marx cuando una mujer se encuentra a su esposo en la cama con otra mujer.  La mujer exclama: ¿Como me puedes hacer esto, como me puedes engañar con otra? El hombre se levanta airado y le dice a su esposa: Estás loca, aquí no ha pasado nada. La esposa contesta: ¡Pero si te estoy viendo! Entonces el hombre le pregunta calmadamente: ¿A quien vas a creer, a mí o a tus propios ojos que mienten?

 

Este es el dilema con tratar de analizar y criticar mucho de lo que diga o haga este presidente: sus seguidores lo creen a él absolutamente, como un acto de fe, y prefieren simplemente ignorar toda evidencia o prueba que se ofrezca. . No solo eso. Tanto el presidente como sus seguidores han hecho muchas declaraciones desde el 2009 que ahora niegan, a pesar de que están grabadas y filmadas. ¿Que hacer entonces? No queda más remedio que seguir adelante, porque a veces hay personas razonables que al menos están dispuestas a examinar la evidencia y a considerar las críticas objetivas antes de formar un juicio. Mi expectativa, por difícil que sea tenerla, es que muchos que lean este análisis me den el beneficio de la duda. De manera que procedamos a la crítica.

 

Como he explicado muchas veces en mis varios escritos sobre la Guerra Fría (mi especialidad), por más de 30 años diplomáticos americanos negociaron con sus adversarios soviéticos para lograr algún control de las armas nucleares que ambas naciones poseían. Varios acuerdos se lograron en estos años, sobre todo para limitar las pruebas nucleares en la atmósfera.  Durante las administraciones de Nixon y Ford, bajo la influencia de Henry Kissinger y su política de détente se lograron limitaciones de algunos armamentos estratégicos, pero el grave problema, en realidad insoluble, siempre eran las inspecciones. La Unión Soviética (URSS) se negó consistentemente a permitir inspecciones en su territorio.  Lo cual no era muy extraño, pues casi todos los regímenes totalitarios y dictatoriales temen que se descubran sus secretos.  La razón (en verdad, la excusa y justificación) que ofrecía la URSS era precisamente que los inspectores americanos aprovecharían su presencia en territorio soviético, para espiar - o peor.  Por eso nada se pudo lograr nunca en términos de acuerdos efectivos y verificables.

 

Solamente cuando al final del segundo período del Presidente Reagan, cuando Mijail Gorbachev fue convencido por sus asesores militares de que la URSS no podía ganar una nueva carrera armamentista (como se lo dijo también Reagan en su cara en la reunión de Ginebra en 1988), fue que Gorbachev finalmente accedió a permitir las inspecciones en la URSS. Entonces, y solo entonces, se logró no solo limitar, sino destruir clases enteras de armas nucleares y reducir considerablemente los arsenales de EEUU y la URSS (aunque lamentablemente NO se permitió acceso a las instalaciones para producir armas biológicas). Ese convencimiento de los militares soviéticos se produjo cuando comprendieron muy bien que EEUU había logrado una superioridad militar enorme en los años de Reagan, debido al programa de rearme que implementó el presidente EEUU casi desde que asumió el poder en 1981.

 

Por supuesto, también le temían al programa de la Iniciativa de Defensa Estratégica y el potencial de las nuevas tecnologías de ese incipiente plan. Recordaban muy bien la respuesta americana al lanzamiento del satélite Sputnik en 1957, que resultó en el programa Apolo que puso un astronauta americano en la Luna en 1969 y revolucionó al mundo por las tecnologías que colateralmente se desarrollaron en todo el mundo. Además, el principio férreo de Reagan de doveryai, no proveryai (confiar, pero verificar) se impuso. En resumen: sin inspecciones irrestrictas en el terreno, es imposible verificar ningún acuerdo, especialmente con regímenes totalitarios que siempre mienten y hacen trampas - como el de Irán.

 

Este acuerdo, independientemente de todas las garantías que según la administración (pero NO el texto del acuerdo) existen, no ofrece verificación verdadera. Ese es el primer grave problema, pero también es el más grande, porque sin un mecanismo de inspecciones efectivo no es posible verificar el cumplimiento de las obligaciones asumidas por Irán.

 

Pero es solo el principio. El acuerdo, crucialmente, ni siquiera menciona ninguna prohibición a Irán de desarrollar cohetes intercontinentales (los cuales, según algunos reportes, ya Irán tiene desde principios de este año). El acuerdo tampoco menciona, y por consiguiente no exige, la liberación de cuatro rehenes presos en Irán hace más de un año.  Irán no está obligado a renunciar a su apoyo a movimientos terroristas internacionales, ni tampoco se menciona el reconocimiento por Irán a Israel o a su derecho de existir.

 

En fin, este acuerdo está limitado a “controlar” el programa nuclear de Irán, no a terminarlo, como el mismo presidente había prometido tantas veces desde el 2009. El acuerdo, de hecho, garantiza que al final Irán tendrá armas nucleares en 15 años. Pero lo más irónico y problemático de todo es que tanto el presidente como el Secretario de Estado Kerry, además de numerosos miembros de la administración, han declarado que NO se puede confiar en Irán y que ellos esperan que Irán haga trampas. Cabe entonces la pregunta: ¿Por que siquiera negociar con un régimen que todos saben que ignorará sus compromisos, que mentirá, que falsificará y encubrirá sus actividades secretas, y que es imposible verificar su cumplimiento bajo lo acordado?

 

Además, se deben considerar las declaraciones del presidente el día que anunció la firma del acuerdo, específicamente cuando afirmó que existían únicamente dos alternativas: “O la cuestión de que Irán obtenga armas nucleares se resuelve diplomáticamente por medio de negociaciones, o se resuelve por la fuerza, por medio de la guerra”.

 

¿Pero es verdad que solo existían esas dos alternativas? Definitivamente, NO es verdad.  Existían al menos otras dos alternativas adicionales a las que el presidente mencionó.  ¿Cuales? Primero, hacer nada, dejar las cosas como estaban, aún después de malgastar 20 meses negociando para producir el acuerdo que resultó. Como se cansaron de repetir, un acuerdo malo es peor que ningún acuerdo. Exactamente, pero el acuerdo firmado es, de hecho, peor que dejar las cosas como estaban. Segundo, se podía regresar al status quo ante, a las condiciones que existían antes de noviembre del 2013, cuando comenzaron estas negociaciones que resultaron en el acuerdo firmado el 14 de julio. Es decir, reaplicar las sanciones que existían en noviembre del 2013. En ese momento, Irán estaba a punto del colapso económico debido al régimen de sanciones internacionales impuesto en el 2010.

 

Pero el presidente niega eso, que era posible regresar a ese punto porque, entonces, Irán continuaba empecinadamente con el programa nuclear y estaba a quizás solo un mes de tener una bomba nuclear. Puede ser, pero el presidente no niega (o al menos se pasó años diciendo que las sanciones habían obligado a Irán a negociar) que las sanciones fueran efectivas, sino que solamente las sanciones no podían lograr evitar que Irán obtuviera la bomba nuclear. Otra vez, puede ser; no lo sabemos. Pero, contradictoriamente, el presidente ahora dice que no, que las sanciones no estaban teniendo el efecto deseado y que reimponerlas no tendría efecto, alguno puesto que Irán de nuevo continuaría el programa nuclear hasta tener la bomba.  Bueno, pero las dos cosas no pueden ser. O una es verdad, o la otra, pero no las dos a la vez. ¿En que quedamos?

 

El hecho es que SÍ habían otras opciones, no solo las dos que el presidente ofreció. Además quedaba la última opción, la impensable, pero la que el presidente siempre mantuvo que “estaba sobre la mesa”. Me refiero, por supuesto, a una acción militar, lo cual enfáticamente NO implicaba ir a la guerra. Tampoco implicaba bombardear las instalaciones nucleares de Irán, puesto que existe, ahora como siempre, la opción de destruir la infraestructura de Irán. Eso es posible y ya funcionó una vez en 1888, cuando un ataque parcial contra la infraestructura tuvo éxito y frenó a Irán en su amenaza de cerrar el estrecho de Hormuz. Sin embargo, ahora se puede ver claramente que la opción militar nunca estuvo en realidad sobre la mesa, y que para el presidente ya no existe

 

Finalmente, debemos considerar la revisión del acuerdo que el Senado, gracias a una ley aprobada el 2 de mayo pasado (Corker-Cardin Bill), requiere la autorización del Senado en un período de 60 días para permitir la implementación del acuerdo. Pero de inicio, hay que aclarar que, desafortunadamente, nada que haga el Senado afectará la implementación del acuerdo. 

 

El presidente anunció, el mismo día que se firmó el acuerdo, que vetará cualquier resolución del Senado desaprobando el acuerdo. Más importante, como ni siquiera se esperó (y la Ley Corker-Cardin NO lo demandó) a la resolución del Senado antes que la ONU y la Unión Europea aprobaran el acuerdo unánimemente esta semana, las sanciones internacionales serán levantadas, aunque una resolución del Senado lograra sobrepasar un veto presidencial. La razón es muy sencilla y obvia: una vez que Rusia, China y la Unión Europea levanten las sanciones económicas y el comercio con Irán se permita abiertamente, no hay manera en el mundo que ese comercio se pueda frenar, mucho menos reimponerlas en caso que Irán no cumpla sus obligaciones como exige el acuerdo. Por lo que la ficción incluída en el acuerdo y proclamada por el presidente y quienes lo apoyan de que las sanciones se pueden reimponer (snap-back) en caso que Irán incumpla sus obligaciones, es solo eso: una ficción.

 

Además, el presidente puede, legalmente, utilizando su “arma” favorita, el decreto ejecutivo, suspender cualquier sanción de EEUU que quede después que las internacionales se levanten. Nadie debe ni puede esperar que el Senado evite la implementación del acuerdo, porque, además, recuérdese que el Senado ni siquiera tendrá acceso a revisar los seis anexos secretos.

 

No solo eso. Hay reportes, confirmados por el mismo Secretario Kerry, que la IAEA ha llegado a ciertos acuerdos secretos con Irán que están fuera del acuerdo y Kerry ni siquiera sabe que contienen. También, por lo poco que se ha dado a conocer, uno de los anexos secretos parece referirse al complejo militar de Parchin, la instalación supersecreta donde algunos analistas piensan que Irán, hace al menos dos años, está activamente trabajando en la militarización de armas nucleares. En fin, para lo único que servirá la revisión es para ganar 60 días antes que todo el acuerdo se implemente.

 

Por supuesto, la bonanza económica que Irán recibirá muy pronto debido al levantamiento de las sanciones económicas, la exportación de petróleo sin restricciones, y el comercio con todo el mundo, tendrá varias consecuencias importantes. No serán las esperadas por los ilusos. No serán utilizadas para mejorar las condiciones del pueblo iraní. Siguiendo la Ley de Consecuencias Inesperadas, un Irán próspero y rico incrementará la ayuda a movimientos terroristas, no solo en el Medio Oriente, sino en Hispanoamérica, especialmente en Venezuela.

 

Cuba también se verá afectada favorablemente. Los nexos entre Irán y Cuba comienzan bien atrás. Castro fue uno de los primeros líderes que reconoció la revolución de 1979 y su régimen islámico, diciendo que la religión no era irreconciliable con la revolución. Varios convenios comerciales se firmaron entre los dos países desde entonces. En la década de 1990, cuando Cuba pasaba por tremendas dificultades económicas, Irán le ofreció créditos y petróleo. A principios del nuevo siglo 21, Cuba ayudó a Irán a montar plantas químicas y biológicas. El propósito anunciado fue de producir vacunas y fertilizantes, pero según el conocido científico Ken Alibek, quien dirigió el programa de armas biológicas de la Unión Soviética por 10 años, hasta su deserción a EEUU en 1992, Cuba tiene la capacidad de producir armas biológicas.

 

Es muy posible que Irán la tenga también gracias a la tecnología cubana. Además de eso, Irán ha continuado a través de muchos años su ayuda económica a la isla. Por ejemplo, en el 2008 le otorgó a Cuba un préstamo de casi $300 millones de euros para comprar carros de ferrocarril; en el 2009 le abrió una línea de crédito de $500 millones de euros; y en el 2010 le entregó 3,000 sistemas de irrigación al régimen castrista. Con el control de agentes de seguridad cubanos de las minas de uranio en Venezuela, Irán seguramente recibirá buenos resultados con nuevas inversiones en esas minas. En el futuro, recientemente la revista The Economist predijo grandes inversiones de Irán en Cuba, una vez las sanciones terminen e Irán cuente con nuevas fuentes de ingreso. Suministros adicionales de petróleo a Cuba probablemente serán aumentados.

 

Pero lo peor de todo es que Irán logrará su meta de más de tres décadas: ser una nación nuclear.  ¿Por qué? Porque lo esencial para un país producir armas nucleares es tener la infraestructura que lo permita. Con suficiente dinero, Irán lo logrará. De no poder lograrlo, comprará, tal como lo hizo Pakistán, la tecnología necesaria para hacerlo.

 

El presidente asegura que la unidad de la comunidad internacional se estaba quebrando y que las sanciones pronto se levantarían, de manera que EEUU estaba obligado a finalizar un acuerdo que, según él, no solo es el mejor, sino que era el único posible; no quedaba más remedio que aceptarlo. Eso era una posibilidad, claramente, pero ahora es una seguridad, después del voto unánime en la ONU y de los miembros de la Unión Europea esta pasada semana. Pero aún así, de mantenerse las sanciones por parte de EEUU, eso haría muy difícil que la economía de Irán se recuperase. ¿Por qué? Porque tan solo las sanciones bancarias del Departamento del Tesoro americano prácticamente garantizan que Irán no se pueda integrar a la economía global. Pero nada de eso sucedería porque no se ajustaba a las políticas del presidente hacia Irán.

 

Ni siquiera una tremenda reacción popular (aunque algunas encuestas muestran que el 77% de la opinión ahora esté en contra del acuerdo) puede cambiar el hecho que el acuerdo será aprobado. El presidente simplemente ignorará TODA la oposición al acuerdo. ¿Por qué? 

 

En primer lugar, es lo que este presidente hace: solo su voluntad importa - y siempre le recuerda a la oposición que ganó DOS elecciones presidenciales.  Pero lo principal y más importante es que este acuerdo es su legado histórico más grande. Para él, eso es primordial y nada ni nadie se interpondrá en su camino para lograr lo que considera será su lugar único en la historia.

 

La ironía final es que indudablemente logrará su legado y será recordado y reconocido por mucho tiempo. Pero no por lo que él cree y quiere.

 

Al contrario. Será porque este acuerdo, irremediablemente, a pesar de la opinión de los que lo defienden y a pesar de que todos, desde el presidente en adelante, ignoren la realidad y los hechos, provocará una carrera armamentista en el Medio Oriente. 

 

En pocos años, varios países como Arabia Saudí (que quizás YA tenga bombas nucleares compradas a Pakistán), Turquía, posiblemente hasta Egipto, tendrán bombas nucleares.

 

Un mundo mucho más peligroso, en otras palabras, será el gran legado histórico de este presidente.