Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Diego Trinidad, PhD, Miami

 

 

                               

 

 

                                

 

DINAMITAR NEW YORK: El GOLPE (CASI) MÁS GRANDE DE FIDEL CASTRO

 

A principios de Octubre de 1962, llegó a New York el Presidente de Cuba, Osvaldo Dorticós para hablar ante las Naciones Unidas (ONU). Lo acompañaba en su comitiva un importante agente de la Dirección General de Inteligencia (DGI) cubana, Roberto Santiesteban Casanova.

 

Pero aunque Santiesteban aparecía como diplomático acreditado ante la ONU (Estados Unidos nunca le concedió la acreditación -ni la inmunidad- de diplomático), su misión en New York definitivamente NO era diplomática. Santiesteban tenía órdenes directas de Fidel Castro para organizar y dirigir el golpe más importante que el régimen cubano había planeado contra Estados Unidos desde que tomó el poder en enero de 1959.

 

El bien elaborado plan contemplaba explotar cargas de dinamita en las principales tiendas por departamento de Manhattan, como Macy’s, Gimbells, Bloomingdale’s y Sacks Fifth Avenue. También se planeaba dinamitar la Estación Central de Trenes (Grand Central Station), la Terminal de Transbordadores (Ferrys) del Port Authority en Staten Island, varias instalaciones militares en New York y New Jersey, varias refinerías de petróleo en New Jersey, y la Estatua de la Libertad.

 

Toda esta operación estaba planeada para el viernes siguiente al Día de Acción de Gracias (Thanksgiving), último jueves de noviembre, que fue el 23 de noviembre de 1962 aquel año.  El día después de Thanksgiving es llamado Black Friday (Viernes Negro) en Estados Unidos, y es cuando tradicionalmente más gente sale de compras y más turistas visitan el área de New York. En 1962 la Macy's de la calle 34 en New York era la tienda por departamentos más grande del mundo (lo siguió siendo hasta el 2009), y era uno de los objetivos del atentado dinamitero. Algunos expertos en terrorismo consideran que si el plan hubiera funcionado en todos los lugares donde había sido planeado, quizás el número de muertos hubiera excedido el del ataque a las Torres Gemelas el 11 de septiembre del 2001.

 

Han pasado muchos años, pero los detalles de toda esta enorme conspiración terrorista por parte del régimen castrista fueron reportados en varios de los principales periódicos de New York y otros como el Washington Post y el Baltimore Sun, al igual que el periódico Revolución en La Habana. Castro pronunció varios discursos de protesta en La Habana, lo mismo que Dorticós y el Embajador de Cuba ante la ONU, Carlos Lechuga, en New York. Robert Kennedy, Fiscal General de EEUU, y J. Edgard Hoover, Director del FBI, lo anunciaron públicamente en Washington. 

 

Pero a pesar de eso, hoy en día esta peligrosa operación es casi desconocida. Así ha sido de exitosa la campaña de desinformación casi continua conducida por los agentes del régimen castrista por más de medio siglo. Inclusive han salido algunos libros publicados recientemente (Red Heat, de Alex Von Tunzelmann, 2011, es uno de ellos) que ponen en duda que esta conspiración existió o que ridiculizan al gobierno de EEUU por “exagerar” los hechos. Hay quienes creen que todo fue una conspiración, pero del Pentágono (Operation Northwoods), para provocar una reacción contra Cuba y posiblemente una invasión de la isla por EEUU.

 

Pero SÍ existió. Y sin dudas fue la operación más ambiciosa y destructiva planeada por Fidel Castro en su odio irracional y feroz contra Estados Unidos, su razón de ser.

 

Además, es muy importante recordar el contexto de esta operación terrorista. Estaba planeada para ocurrir un mes después de la supuesta resolución de la Crisis de los Cohetes de Octubre, 1962. De manera que Castro la planeó para vengarse de EEUU por la humillación sufrida por él y su régimen cuando la Unión Soviética retiró los cohetes nucleares de Cuba.

 

Nada le importaron las “garantías” ofrecidas por el Premier Soviético Nikita Khrushchev de que la supervivencia de la Revolución Cubana había sido garantizada por el “acuerdo” entre él y el Presidente John Kennedy en que EEUU se “comprometía” a no invadir a Cuba. Excepto que nunca hubo tal acuerdo, sino solamente un intercambio de cartas entre Kennedy y Khrushchev. Sí, Kennedy se comprometió a no invadir a Cuba ni a permitir otras actividades anticastristas contra la isla. Pero a cambio del retiro de los cohetes nucleares de Cuba y de una inspección dentro de la isla para comprobar que todos los cohetes se habían retirado. 

 

John F Kennedy también se comprometió a retirar cohetes americanos de sus bases en Turquía, mediante un acuerdo verbal entre Robert Kennedy y Anatoli Dobrinin. Pero como la inspección en Cuba nunca se realizó porque Castro no lo permitió, el “entendimiento” de que EEUU no invadiría a Cuba quedó invalidado. Esto lo sabía Khrushchev muy bien, pero no Castro.  La furia de Castro contra Khrushchev fue casi más fuerte que contra Kennedy, pues consideraba la retirada de los cohetes de Cuba como una traición de Khrushchev a él personalmente. Y eso es algo que Castro nunca olvida ni perdona.

 

Los planes paralelos de Khrushchev y Fidel Castro

 

Sin embargo, aunque el plan no se puso en marcha hasta que finalizó la Crisis, la organización -es decir, los operativos, las armas reunidas, los diagramas de los lugares donde se colocarían las bombas- se había preparado mucho tiempo antes. Nadie sabía, incluyendo a Castro, que el plan maestro de Khrushchev para colocar cohetes nucleares en Cuba y luego chantajear al Presidente Kennedy hasta que el Premier de la Unión Soviética lograra sus objetivos, fracasaría. Castro no conocía los detalles del plan de Khrushchev, pero por primera vez en su vida, confió en el líder soviético.

 

Khrushchev, por otro lado, obviamente no estaba al tanto de la operación que Castro planeaba para dinamitar New York. Todo esto quiere decir que la operación para dinamitar New York por agentes castristas del DGI necesita ser investigada mucho más profundamente de lo que se ha hecho en 52 años. Pero esto es casi imposible sin conocer los archivos del régimen cubano.  De manera que hay que especular sobre la existencia paralela de dos planes cuyos objetivos eran diametralmente opuestos, y es necesario describir brevemente el plan de Khrushchev de colocar cohetes nucleares en Cuba y su propósito.

 

Aunque los motivos son muy difíciles de probar, se conoce bien, por las investigaciones en los archivos controlados por el Presidente de la Federación Rusa, Boris Yeltsin, conducidas en el 2003 por los autores Aleksandr Fursenko y Timothy Naftali (los únicos que examinaron estos archivos secretos que poco después se cerraron de nuevo), lo que Khrushchev tenía planeado en la primavera de 1962.

 

Primero, por supuesto, el peligroso y complicado traslado encubierto desde varios puertos de la Unión Soviética a Cuba -una enorme distancia- no solo los cohetes nucleares, sino de hasta 50,840 tropas en el plan original (al comenzar la crisis ya había en Cuba 41,902 militares soviéticos) y material bélico, incluyendo bombarderos, MiGs, cohetes tierra-aire (SAMs), submarinos y cohetes cruceros tácticos con cabezas nucleares (los cuales nunca se detectaron). [1]

 

Segundo, una vez los cohetes de medio y largo alcance estuvieran emplazados y  operacionales en Cuba, Khrushchev se proponía anunciar al mundo la presencia de los cohetes nucleares en Cuba -a 90 millas de las costas americanas- en un discurso ante la ONU en New York, poco después de las elecciones congresionales en Estados Unidos a principio de noviembre, 1962. 

 

Tercero, Khrushchev simultáneamente anunciaría en ese discurso ante la ONU la firma de un tratado de defensa mutua entre Cuba y la Unión Soviética.

 

Por último -y este sería el resultado final- Khrushchev le exigiría al Presidente Kennedy que EEUU y sus aliados se retiraran de Berlín. Los cohetes nucleares en Cuba garantizarían que el Presidente Kennedy claudicara -bajo amenaza directa de un ataque nuclear a casi todo el territorio americano, el cual era imposible de evitar por la cercanía de los cohetes en Cuba. Obviamente, con esa operación maestra Khrushchev se proponía ganar la Guerra Fría, ya que todo su plan estaba basado en que el Presidente Kennedy se rendiría.

 

Este era el plan maestro de Khrushchev, no importa lo que escribió después, de que su propósito verdadero era evitar una invasión de EEUU a Cuba y garantizar la revolución cubana. Aunque casi todos los autores y expertos de la Crisis de los Cohetes han aceptado las “racionalizaciones” de Khrushchev y casi ninguno acepta mi tesis -excepto los únicos que tuvieron acceso a los archivos secretos, Fursenko y Naftali- Khushchev lo apostó todo a una jugada monumentalmente peligrosa, porque estaba absolutamente convencido que el Presidente Kennedy era un hombre débil, indeciso y sin el coraje necesario para resistir sus amenazas. 

 

Por supuesto, Khrushchev se equivocó, pero lo que importa es que él de ninguna manera planeaba ir a la guerra, puesto que a pesar de quizás poder contar con casi 100 cohetes nucleares emplazados en Cuba, sabía que EEUU podía destruir totalmente tanto a Cuba como a la URRS, y ni él ni nadie lo podrían evitar. No, su propósito, su gran apuesta, era ganar la Guerra Fría sin combatir. Ganarla en el sentido de lograr someter al Presidente Kennedy a sus amenazas y su chantaje nuclear, y muy especialmente, ganarla en el logro supremo de que EEUU y sus aliados abandonaran a Berlín Occidental.

 

En eso basó Khrushchev siempre su política, desde que llegó al poder. Con este golpe maestro, de tener éxito, lo lograría. Pero no pudo ser.  Es más, irónicamente, el desenlace de la Crisis de los Cohetes en lo que resultó fue en la permanencia continua de EEUU y sus aliados en Berlín Occidental hasta que las dos Alemanias se reunificaron en 1990.

 

El plan de Fidel Castro

 

Ahora consideremos el plan de Fidel Castro para destruir New York.  Lo planeaba a pesar de no conocer el plan de Khrushchev, ya que lo tenía preparado desde antes del desenlace de la Crisis de los Cohetes. Si Khrushchev ganaba su apuesta, pero Castro destruía New York, entonces una guerra nuclear sería inevitable. Y como Khrushchev no conocía su plan, nada podía hacer para evitarlo. 

 

Como se probó durante la Crisis, cuando Castro le envió a Khrushchev la carta conocida como “doom letter” el 28 de octubre, en la que pedía al líder soviético que lanzara los cohetes contra EEUU si se producía una invasión a Cuba, aunque esto trajera la destrucción de Cuba y del resto del mundo, debería ser obvio que para Castro su razón de ser, la destrucción de su gran enemigo EEUU, era lo más importante. Esa es la única explicación racional de su plan para dinamitar New York. Aunque el plan de Khrushchev hubiera tenido éxito, Castro quería más, quería la destrucción de su enemigo.  Al fracasar el plan y ser retirados los cohetes, entonces a Castro solo le quedaba la venganza. Al fracasar también su plan contra New York, entonces toda su estrategia tenía que cambiar, y así fue.

 

Fidel Castro nunca más confió en nadie. Se piensa que Castro es un hombre calculador y todo lo planea cuidadosamente. Nada de eso era verdad antes de la Crisis de los Cohetes.  El ataque contra el cuartel Moncada, en Santiago de Cuba en 1953, fue desastrosamente mal planeado y mucho peor ejecutado. No tenía posibilidad alguna de triunfar. El desembarco del Granma en la costa sur de Oriente, en noviembre de 1956, fue todavía peor. Lo único bien planeado era la sublevación que Frank País tenía organizada en Santiago de Cuba para coincidir con el desembarco del Granma. Pero también fracasó porque el Granma demoró en llegar, y como no hubo comunicación entre Frank País y el Granma, la sublevación se adelantó y fue fácilmente suprimida. En el Granma no había ni siquiera un piloto que supiera navegar. Los 82 hombres reclutados por Castro para su “invasión” estaban mal entrenados y armados, y en el barco no había ni comida ni medicinas suficientes para la travesía.  Por eso, en buena parte, desembarcaron en el lugar equivocado y se salvaron por pura suerte y gracias a la incapacidad de los militares del dictador Fulgencio Batista.

 

Casi todo lo que hizo Castro después del increíble triunfo de su revolución, que lo sorprendió a él más que a nadie, lo planeó mal y pocas veces tuvo éxito. Lejos de ser un hombre calmado, al enfrentar una crisis inesperada, reaccionaba irracionalmente y muchas veces con una violencia incontrolable, como cuando recibió la noticia de la deserción del entonces jefe de la fuerza aérea Pedro Luis Diaz-Lanz en octubre de 1959, o cuando el Embajador español Juan Pablo Lojendio lo increpó públicamente en una conferencia de prensa transmitida en vivo por la televisión cubana.

 

Hay una enorme cantidad de evidencia anecdótica sobre su impetuosidad y su carácter volátil, al igual que sobre su credulidad. Muchos de sus proyectos más inverosímiles se produjeron cuando alguien le propuso algo interesante (para él) y dio la orden de proceder. Al fracasar, a veces los “inventores” pagaron con su vida, su libertad o su destitución, pero Castro simplemente olvidó el error y prosiguió al próximo plan descabellado.

 

Pero después de la Crisis de los Cohetes, todo cambió. Desde entonces, decidió que no podía -ni quería- depender de Khrushchev, de la URSS o de nadie. Entonces comenzó a montar su temible y eficientísimo aparato de seguridad y de espionaje. Entonces comenzó a “exportar” su revolución, a subvertir numerosos gobiernos externos, hasta a invadir con grandes ejércitos a naciones en África como Angola y Etiopía, muchas veces contra los deseos y hasta las órdenes de Moscú. Y también se introdujo de lleno en el negocio del narcotráfico, lo cual le proporcionó los medios independientes para desafiar a la URSS cuando sus planes estaban en conflicto con los de su “mentor” soviético.

 

Se dedicó a explotar y a chantajear a la URSS y logró subsidios gigantescos para Cuba, que no terminaron hasta que la URSS desapareció, en parte por culpa de esos mismos insostenibles subsidios. Pero aunque desde enero de 1959 comenzó actividades terroristas contra varios países centro y suramericanos, contra Estados Unidos nunca intentó similares ataques. Hasta finales de 1962.

 

El plan para aterrorizar New York

 

De manera que ahora es necesario describir en que consistía la operación terrorista para dinamitar New York. ¿Y como se sabe que todo sucedió como se ha descrito? La existencia de la operación, por los detalles que se dieron a conocer en noviembre de 1962, es innegable. Ver a continuación la primera página de The New York Times en Noviembre 18 de 1962.

 

Roberto Santiesteban era el jefe, pero ya en New York había varios agentes colocados años atrás para cualquier eventualidad. Primero estaba José García Orellano, quien residía en Queens desde antes de 1959 y el triunfo de la revolución. García era propietario de una joyería, Model Craft, situada en el 242 West 27th Street, Manhattan, y había sido miembro del Movimiento 26 de Julio y el Fair Play for Cuba Committee por mucho tiempo. Uno de sus empleados en la joyería, Marino Sueiro, era su secuaz de mayor importancia. También estaban complicados José Gómez Abad y su esposa Elisa Monteiro, pero ambos tenían inmunidad diplomática como agregados de la Delegación de Cuba ante la ONU.

 

García y Sueiro estaban vigilados, pero Santiesteban había desaparecido. Cuando fue encontrado, se dió la orden de arrestarlos a todos. García, Sueiro, y el matrimonio Gomez-Monteiro fueron apresados fácilmente, pero Santiesteban no, quien se dio a la fuga en carro. Fue acorralado a unas cuadras de distancia por la Avenida Riverside, pero abandonó el carro y siguió corriendo, perseguido por seis agentes del FBI. Finalmente lo capturaron, pero tuvo tiempo se sacar una pistola Mauser que cargaba escondida.  En la escaramuza, fue desarmado y recibió algunos golpes, por los que luego su abogado acusó a los agentes de excesiva violencia.

 

Cuando García, Sueiro y Santiesteban fueron arrestados por agentes del FBI el 17 de noviembre, se encontraron en la joyería Model Craft grandes cantidades de explosivos, incluyendo 500 kilogramos (1,085 libras) de TNT, detonadores, granadas, bombas incendiarias, y diagramas y planos de todas las instalaciones y tiendas donde se colocarían las bombas. Al menos otras 25 personas estuvieron complicadas, cubanos y americanos. Pero solo Santiesteban, García y Sueiro fueron arrestados.

 

Cinco meses después, fueron puestos en libertad y trasladados a Cuba secretamente, intercambiados por algunos agentes de la CIA presos en Cuba desde la Invasión de Bahía de Cochinos, incluyendo a Miguel Ángel Orozco, acusado por Cuba de intentar volar las Minas de Matahambre en Pinar del Río. Al parecer, el abogado James Donovan, quien más tarde negoció el intercambio de los miembros de la Brigada 2506 presos en Cuba desde la fracasada invasión de Bahía de Cochinos, intervino en este intercambio también.

 

Abogados contratados por el régimen cubano presentaron un recurso ante la Corte del Distrito Sur de New York para la liberación de Santiesteban, pero la Corte negó la moción legal de Cuba en enero de 1963. Sin embargo, el caso fue importante porque había principios del derecho internacional y diplomático en juego. Años después, hasta un libro se publicó en el 2011 sobre el caso Santiesteban v. Fitzgerald, como se conoce legalmente.

 

Algo también notable sobre este caso es lo jóvenes que eran casi todos los agentes de la DGI cubana. Por ejemplo, Gómez Abad tenía 21 años; su esposa Elsa solo 20, y Sueiro 23. García seguramente era mayor, ya que vivía en New York desde antes del triunfo de la revolución en 1959, pero aún Santiesteban tenía solo 27 años y Tony de la Guardia 23.  Claro, la revolución cubana estaba en sus inicios y el mismo Fidel Castro solo tenía 36 años. Eran jóvenes, sí, pero ya desde entonces bien dispuestos a cometer actos terroristas atroces en nombre de la revolución y su líder Castro.

  

Los reportajes se encuentran en los periódicos citados a fines de noviembre de 1962, especialmente en The New York Times, edición de noviembre 18 de 1962, en la que apareció en primera plana con todos los detalles mencionados y muchos más. También se encuentran en dos importantes libros, Vendetta! de William B. Breuer (1977) y Brothers in Arms, de Gus Russo y Stephen Molton (2008), y también en el libro de Humberto Fontova, Fidel, Hollywood’s Favorite Tyrant (2005). Los documentos pertinentes del FBI han sido desclasificados hace años y Breuer, el autor de Vendetta! entrevistó a varios de los agentes del FBI involucrados en el caso, tales como Ray Wannall y John F. Malone, agente a cargo de la Oficina de New York.

 

Pero existe alguna evidencia anecdótica adicional de la presencia de otro personaje mucho más siniestro en New York en ese tiempo: Tony de la Guardia. Según Andrés Oppenheimer en su libro La Hora Final de Castro (1992), tanto el General cubano desertor, Rafael del Pino, como el novelista Norberto Fuentes, entonces todavía cercano a Castro, aseguraron que De la Guardia estaba presente en New York en noviembre de 1962.  El mismo De la Guardia al parecer alardeó varias veces sobre su participación en el complot, incluyendo el Puente de Brooklyn y el edificio de la ONU entre sus objetivos.

 

También habló sobre esto Ernesto “Che” Guevara en ocasiones. El esposo de la hija de Tony de la Guardia, el argentino Jorge Masetti, cuando los dos abandonaron Cuba después de la ejecución de Tony, publicó un libro, El Furor y el Delirio (1993) donde, aunque no menciona la presencia de su suegro en New York, si dice que el General Patricio de la Guardia, bajo quien sirvió por tres años en Angola, cuando lo recibió en Cuba en 1989 -a solo días de la detención de los dos hermanos De la Guardia- le dijo: “Guerrillero (como cariñosamente le decía), prepárate, que tu próxima misión será derribar el dirigible de Radio/TV Martí en los cayos de la Florida”. (Es muy dudoso que en el 1989 Cuba se atreviera a semejante cosa).

 

Pero en algunas entrevistas en Miami cuando se publicó su libro, Masetti dijo que su esposa Ileana, antes de salir de Cuba, conversó con su tío Patricio en la cárcel. Patricio le habría contado que su vida se había respetado porque él tenía documentos secretos comprometedores a Castro guardados en Panamá. ¿Será la participación de Tony de la Guardia en la operación de New York uno de esos secretos?

 

Pero Castro, como es su costumbre, nunca ha confirmado ninguna participación de agentes secretos cubanos para cometer algún acto terrorista, mucho menos dinamitar la ciudad de New York. Al contrario, Castro siempre ha negado que Cuba haya participado alguna vez en actos terroristas.

 

De manera que es imposible determinar si Tony de la Guardia jugó algún papel en esta conspiración. Aunque como se ha señalado, Tony de la Guardia, más tarde el oficial de inteligencia favorito de Castro, solo tenía 23 años en 1962, mientras que Santiesteban tenía 27 años y mucha más experiencia. Su presencia y participación como jefe del complot están bien comprobadas. Así que como todavía permanece oculto tanto sobre el terrorismo de estado cubano, hay que esperar a que algún día se abran los archivos del régimen para conocer toda la verdad.

 

¿Por qué esta conspiración terrorista del régimen castrista no tuvo consecuencias? Se debe recordar que la Crisis de los Cohetes se había “resuelto” días antes. Aunque en realidad todas las negociaciones no terminaron hasta diciembre de 1962 (y la Crisis en sí no se finalizó formalmente hasta 1970, cuando SÍ se firmó un acuerdo -todavía secreto- [2] entre el Embajador soviético Anatoly Dobrynin y el Asesor de Seguridad Nacional Henry Kissinger durante la primera administración de Richard Nixon), en noviembre de 1962 el Presidente Kennedy lo menos que quería era que esta operación castrista complicara sus negociaciones con Khrushchev.

 

Para Kennedy, la “paz” se había mantenido, el peligro de una guerra nuclear se había resuelto pacíficamente, y sus planes futuros para mejorar las relaciones con la Unión Soviética ya estaban en camino. NADIE quería que Castro y sus peligrosos agentes de la DGI estropearan la celebración. Luego entonces, todo esto se barrió bajo la alfombra.

 

Estados Unidos y Cuba después de 1962

 

¿Era Cuba bajo Castro una amenaza para la seguridad nacional de EEUU en 1962?  Claramente sí. Castro, en complicidad con Khrushchev, había consentido que la URSS colocara cohetes nucleares en Cuba durante el verano de 1962 y planeaba la posible muerte de miles de americanos con su plan terrorista de dinamitar New York a finales de ese mismo año.

 

¿Cuando dejó de ser una amenaza para EEUU?  Definitivamente no en 1963, cuando sus agentes colaboraron con la KGB soviética para asesinar al presidente americano. Entre 1963 y 1981, el régimen castrista nunca dejó de ser una amenaza directa a la seguridad nacional americana con sus infiltraciones y subversión en distintas naciones aliadas a EEUU y con sus actividades en el narcotráfico internacional, directamente diseñadas para socavar a la juventud americana [3]. Además, se planearon y ocasionalmente se llevaron a cabo operaciones terroristas en Puerto Rico.

 

El acuerdo de 1970 se ha respetado siempre (en realidad se ha respetado desde 1962), aún después de la desaparición de la Unión Soviética y a pesar que no tiene, ni nunca tuvo, ningún valor legal porque no fue aprobado por el Congreso. Hay al menos una mención específica de cómo se respetaba la promesa de no invadir a Cuba. Durante una reunión del Consejo Nacional de Seguridad del Presidente Reagan el 10 de noviembre de 1981, donde se discutía la estrategia hacia Cuba y Centroamérica, el entonces Secretario de Estado Alexander Haig dice: “El umbral soviético en Cuba es claro: está en los acuerdos de 1962 -la promesa de no invadir es la línea.  Una invasión es el detonante para una respuesta soviética seria. Hasta ese punto, hay un área de juego libre”.

 

La razón por la que Haig se refiere a “los acuerdos de 1962” en lugar del acuerdo escrito de 1970, es debido a la existencia reconocida de un acuerdo para no invadir, el cual en realidad existía desde octubre de 1962 aunque no tuviera validez (porque la URRS no cumplió las condiciones exigidas por Kennedy, especialmente la inspección física en Cuba), hasta que se hizo por escrito en 1970. [4] 

 

En 1981, Castro fue advertido claramente por el General Vernon Walters, enviado secretamente por el nuevo Presidente Ronald Reagan por varios días a conversar en Varadero, que aunque no se planeaba derrocar su régimen, tampoco se permitirían más actividades terroristas por parte de Cuba. Se mantuvo una especie de tregua entre las dos naciones por varios años, aunque Cuba continuó ayudando las actividades subversivas en Centroamérica a través del régimen Sandinista en Nicaragua.

 

Pero a mediados de los 1980s, la espía más importante de Castro desde que llegó al poder, Ana Belén Montes, comenzó a trabajar en la Agencia de Inteligencia del Departamento de Defensa (DIA). Sus informes y reportes secretos lograron cambiar radicalmente la visión y la política de EEUU hacia Cuba, en el sentido que el régimen castrista dejó de ser considerado, en buena parte gracias a la desinformación sembrada por Montes, una amenaza a la seguridad nacional americana.

 

Pero esa desinformación demoró varios años en surtir efecto. Mientras tanto, EEUU, bajo Reagan, invadió Grenada (que no era de manera alguna una amenaza) y atacó a Libia, casi matando a Khadafi. Su sucesor, el Presidente George Bush padre, invadió Panamá, derrocando al aliado de Castro, el General Noriega, y más tarde a Irak, fácilmente derrotando a otro aliado de Castro, Saddam Hussein, aunque este permaneció en el poder. Castro se mantuvo relativamente tranquilo, al parecer recordando la advertencia del General Walters. 

 

La administración de Bill Clinton llegó al poder cuando la URRS había desaparecido y Cuba se encontraba comenzando en el “Período Especial”. Ni pensar en actividades subversivas sin los subsidios soviéticos. Además, Clinton, el nuevo Presidente, planeaba, nada menos, que el restablecimiento completo de relaciones diplomáticas y comerciales entre Cuba y EEUU.

 

Las negociaciones, con la mediación del ex-presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari, y ocasionalmente del escritor Gabriel García Márquez, estaban muy avanzadas.  En eso Fidel Castro decidió terminar con la gran farsa y sus MiGs, bajo las órdenes directas de Raúl Castro, derribaron dos avionetas indefensas de Hermanos al Rescate sobre aguas internacionales.

 

Castro no tenía las más mínimas intenciones de lograr un acercamiento, y su interés en el levantamiento del embargo económico contra Cuba está estrictamente limitado a tener acceso a créditos internacionales y poder comerciar directamente con EEUU. Pero nunca restablecer relaciones normales con EEUU. 

 

Su razón de ser, como se ha demostrado, es su odio irracional y feroz contra EEUU y su política de estado, desde que llegó al poder, ha sido el conflicto político continuo entre su régimen y EEUU. [5] ¿Fue el derribo de las avionetas una amenaza a la seguridad nacional? Claro que no, pero demostró claramente la peligrosidad del régimen castrista, aún sin la protección de la URRS.

 

¿Es ahora Cuba una amenaza a la seguridad nacional de EEUU? No en el sentido que antes lo fue por tantos años, especialmente hasta la desintegración de la URRS y el final de los subsidios. 

 

Pero podría serlo en cualquier momento si el régimen cubano decidiera tomar ciertas medidas, como por ejemplo, un ataque químico-bacteriológico o un ataque terrorista a la planta nuclear de Turkey Point en el sur de la Florida. Cuba presumiblemente tendría la capacidad de hacerlo, aunque es muy dudoso que lo intentara en estos tiempos.

 

Pero según el recién publicado libro del General desertor Rafael del Pino, Inside Castro’s Bunker, eso fue exactamente lo que los hermanos Castro planeaban hacer en noviembre de 1983, poco después de la invasión americana a Grenada que resultó en la expulsión de los cubanos y la muerte de decenas de ellos. Raúl Castro quería bombardear la Base Aérea de Homestead, en el sur de la Florida, pero Fidel Castro, prefería un ataque con Migs-23 a la planta nuclear de Turkey Point. Afortunadamente, el ya no tan impetuoso “máximo líder” se aconsejó y abandonó esa última locura.

 

Pero desde que el Presidente Hugo Chávez se convirtió en aliado de Castro y de nuevo le proporcionó los medios económicos desde fines de los años noventa, Cuba, ahora mediante sobornos y elecciones influenciadas por los petrodólares venezolanos, ha causado enormes daños a EEUU, al menos en este hemisferio.

 

Cuba probablemente ya no representa una amenaza directa a la seguridad de EEUU, pero porque utiliza otros medios ahora más efectivos y porque Fidel Castro lleva años enfermo y ya no controla totalmente la política externa del régimen. Además, su hermano Raúl no comparte, ni nunca lo hizo, la mentalidad “internacionalista” y “visionaria” casi suicida de su hermano. Además, en todo caso, la desinformación plantada por Ana Belén Montes perdura y todos los presidentes americanos desde Reagan NO han considerado a Cuba como una amenaza a la seguridad nacional.

 

De manera que desgraciadamente NADA se resolvió en verdad a fines de 1962. Como normalmente nada se resuelve tratando de ignorar la realidad. Como tampoco normalmente se resuelve nada negociando con regímenes renegados como el de Cuba en 1962 o como el mismo de la Unión Soviética bajo Khrushchev también en 1962. 

 

Pero el Presidente Kennedy nunca aprendió esa valiosa lección, como tampoco la aprendió ninguno de sus sucesores durante muchos años. Reagan finalmente lo hizo en 1986, pero para entonces EEUU tenía otra vez una ventaja nuclear abrumadora sobre la Unión Soviética, y un nuevo líder soviético, Mikhail Gorbachev, sabía que la URRS nunca podría ya competir con EEUU, sobre todo con el desarrollo de la Iniciativa de Defensa Estratégica (la “guerra de las galaxias”) propuesta por Reagan. Fue la única ocasión en la que negociaciones entre las dos superpotencias produjeron resultados y en verdad se redujeron las armas nucleares mutuamente.

 

Porque no se pueden -ni se deben- hacer pactos con el Diablo. Ni tampoco con regímenes renegados.

 

El Presidente Kennedy evitó lidiar con el monstruoso acto terrorista planeado por Castro en noviembre de 1962 contra New York en su euforia por su “victoria” en la Crisis de los Cohetes y en su afán de lograr un acercamiento con la URRS, aunque los planes para asesinar a Fidel Castro, dirigidos ahora por el mismo hermano del Presidente, el Fiscal General Robert Kennedy (Operation Mongoose), continuaban con mayor vigor que nunca. 

 

En Cuba, Castro los conocía. Un agente de la KGB Soviética, Lee Harvey Oswald, había regresado a EEUU después de su “deserción” en Rusia. Los planes para una conspiración mucho más monstruosa estaban a punto de comenzar en ese infortunado año que fue 1963. 

 

La DGI y la KGB ya planeaban la Operación Dragón, [6] para encubrir lo que se aproximaba. Los agentes cubanos de la DGI ya se preparaban para lo que sería la operación en Dallas el próximo noviembre de 1963.

 

Al Presidente Kennedy le quedaba menos de un año de vida.  Fidel Castro pronto lograría su venganza, pronto completaría, esta vez con éxito, su golpe MÁS grande de todos: el asesinato de John F. Kennedy.

 

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[1] General Anatoli I Gribkov & General William Y Smith: Operation Anadyr: US and Soviet generals recount the Cuban Missile Crisis, 1994.

 

[2] Este acuerdo firmado en 1970 prohibió, además de cohetes estratégicos con cabezas nucleares en Cuba, la presencia de submarinos atómicos. EEUU se comprometió formalmente a no invadir a Cuba y a no permitir incursiones externas contra la isla.

 

[3] Plan Monimbó, Julio 1980, reunión en Nicaragua a donde asistieron el jefe del Departamento América de Cuba, General Manuel “Barbarroja” Piñeiro, varios líderes centroamericanos y del Caribe, un palestino, un cubanoamericano de Miami, y… Fidel Castro, donde se planeó el uso del narcotráfico para desestabilizar la sociedad americana y especialmente, para “corromper” a la juventud de EEUU.

 

[4] The Reagan Files: Inside the Nacional Security Council, Jason Saltoun-Ebin ed. (2014)

 

[5] Carta de Fidel Castro a Celia Sánchez, Sierra Maestra, Oriente, junio 5, 1958: “Celia: Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la que voy a echar contra ellos [EEUU].  Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero”.

 

[6] La Operación Dragón, descrita minuciosamente por el General rumano Ion Pacepa en su libro Disinformation (2013), se encuentra en mi ensayo sobre el asesinato del Presidente John Kennedy publicado en Cubanálisis en noviembre del 2013.  Fue, como se menciona al final de ese artículo, una operación organizada por la KGB y la DGI para encubrir las actividades de ambas agencias comunistas en la conspiración para asesinar al presidente americano y para diseminar desinformación y culpar a la CIA por el asesinato del Presidente Kennedy.