Cubanálisis El Think-Tank 

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Socialismo de mercado, capitalismo y comunismo

 

Michael A. Lebowitz

Es autor de Beyond Capital: Marx’s Political Economy of the Working Class (Palgrave, 2003), ganador del Premio Deutscher como el mejor libro de tradición marxista (en el mundo de habla inglesa) en 2004

 

1. ¿Socialismo con mercados?

 

¿La producción mercantil es incompatible con el socialismo? Para algunos teóricos como Hillel Ticktin el socialismo de mercado es una "imposibilidad práctica, indeseable y no tiene nada que ver con el socialismo". En verdad, la misma idea del socialismo de mercado es una "definición absurda". El socialismo "es definido por el grado en el que es planeada la sociedad", y en él "dejan de existir el valor y el dinero". De acuerdo a ello, para Ticktin el "socialismo de mercado" debería ser considerado "una variedad de capitalismo" (Ollman, 55, 58-59, 166). Sobre la misma base tautológica, Ernest Mandel también declaró incompatibles al socialismo y los mercados, y describió al "socialismo concebido por Marx" como "una sociedad regida por los productores libremente asociados, en la que la producción mercantil, las clases sociales, y el estado se han extinguido". Mientras una economía contenga aún "un sector regido por el dinero y el mercado", no puede ser clasificada como socialista sino "en transición hacia el socialismo" (Mandel, 1986: 31 y 1988: 108).

 

Esta sustitución del razonamiento por la taxonomía, no es probable que convenza a muchos que no estén ya convencidos. Si concebimos al mercado como un mecanismo de asignación que interrelaciona a muchas decisiones independientes de producción y de consumo ("como un mecanismo de computación de la era pre-electrónica", decía Oskar Lange), y si pensamos en él como un sistema en el que se intercambian productos o actividades mediante un quid pro quo, entonces, ¿porqué un mercado debe ser incompatible con el socialismo? Salvo que nuestra concepción del socialismo implique sólo una única decisión de producción y consumo (Lange, 1974: 402), o que definamos al socialismo como una sociedad en la que las personas entregan gratuitamente sus productos o actividades. Cuando Marx describió la "fase inferior" de la sociedad comunista, reconoció que su defecto (en relación al comunismo totalmente desarrollado) era que los productores esperan un quid pro quo por su actividad productiva: "se cambia una cantidad de trabajo bajo una forma, por otra cantidad de igual trabajo bajo otra forma distinta" (Marx, 1970: 22).

 

En muchas sociedades han existido mercados: tribales, esclavistas, de producción simple de mercancías, feudales, capitalistas, así como las del "socialismo realmente existente". Si como marxistas pensamos que la naturaleza de las relaciones de producción es la clave para comprender la naturaleza y la dinámica de una sociedad en particular, debemos aceptar la posibilidad de que el mercado en una sociedad de artesanos y campesinos independientes puede diferir del de una sociedad capitalista, así como este último puede diferir del de una sociedad de cooperativas autogestionadas. Si es un principio básico de la visión dialéctica del mundo que los mercados como tales "adquieren propiedades en virtud de ser partes de una totalidad particular, propiedades que no tienen por separado, ni como partes de otra totalidad,", entonces el rechazo del socialismo con mercados como una "definición absurda" pierde todo fundamento lógico (Levins y Lewontin, 1985: 273).

 

Con todo, a la afirmación de que el socialismo y los mercados son compatibles hay una segunda objeción que no se puede refutar tan fácilmente: que la producción mercantil contiene en su seno las semillas del capitalismo. ¿No es el capitalismo la culminación de la producción donde "se convierte la forma mercancía (de los productos del trabajo) en forma social dominante"? (Marx, 1972: 177). En la medida en que el dinero está latente en la mercancía, y el capital está latente en la relación de la mercancía y el dinero, ¿no hay un camino lógico e histórico que conduce directamente de la mercancía al capital, de la producción mercantil a la capitalista? Para quienes sacan esta lección de las páginas de El capital, el socialismo de mercado, si no es un oximorón, es un estado intrínsicamente inestable, que tiende hacia el capitalismo.

 

2. La historia capitalista por Marx (estilizada)

 

Pero esa lección no la encontraremos en El capital. Allí no se sugiere una continuidad lógica e histórica entre la producción simple de mercancías y la producción capitalista. Aunque se muestra la posibilidad del capital en el seno de la mercancía, su necesidad no está demostrada. Para precisar la naturaleza del "gran número de revoluciones económicas" (Marx 1972: 175-6) implicadas en el desarrollo del capitalismo, expondremos la historia de Marx sobre el origen y la consumación del modo capitalista de producción como un modelo que nos permita extenderlo al estudio de otros modos de producción.

 

2.1 Identificación de una particular relación social

 

Antes de que surgiera el capitalismo, en muchas sociedades ya existía un aspecto de la relación capitalista: D-M-D’, o sea, el interés en obtener plusvalor a través de la compra y venta de mercancías. Los mercaderes se relacionaban con artesanos, campesinos, señores feudales, propietarios de esclavos y gobernantes de distintos tipos en diversas sociedades, pero siempre según el mandamiento: "comprar barato y vender caro". Basada en las mercancías producidas bajo las relaciones de producción esclavista, feudal, pequeño artesanal o campesina, esta actividad comercial se hallaba subordinada a esas otras relaciones.

 

Generalizaremos: el punto de partida para el desarrollo de un nuevo sistema orgánico es la existencia de una relación social particular Si, que coexiste con (pero es dominada por) otras relaciones sociales. También postularemos que hay sistema de relaciones de propiedad que subyace a (y es reforzado por) un conjunto dominante de relaciones de producción, o sea, comenzaremos con una especie de equilibrio social.

 

2.2 La ruptura en las relaciones de propiedad

 

Ahora introduzcamos una ruptura en las relaciones de propiedad (debido a guerras, lucha de clases, revoluciones, o a un proceso más gradual). Este cambio particular en las relaciones de propiedad Pi (por ejemplo, la propiedad de los medios de producción) puede ocurrir por iniciativa (y fomentar la expansión relativa) de la relación Si. Hay algo crucial en esta nueva relación de propiedad Pi: nuevos actores que pueden disponer sobre el uso de esos medios de producción.

 

En el desarrollo del capitalismo, esta ruptura ocurrió cuando los productores (en particular los campesinos, cuando fueron despojados de sus tradicionales derechos a la tierra) fueron separados de sus medios de producción, perdiendo la propiedad de los mismos. En consecuencia, para acceder a esos medios, los productores debieron hacerlo a través de una nueva relación. Mediante lo que Marx llamó la acumulación primitiva del capital, se sentó una premisa de la relación capitalista: la existencia de un proletariado separado de los medios de producción. Los dueños de esos medios podían ahora determinar el carácter de la producción, introduciendo las relaciones capitalistas.

 

2.3 El surgimiento de una particular relación de producción

 

Esta ruptura en las relaciones de propiedad es una condición necesaria pero no suficiente para el cambio en las relaciones de producción. Aún con la separación de los productores respecto de los medios de producción en un polo de la sociedad y la concentración de esas condiciones de trabajo en el otro, había una alternativa a la venta de fuerza de trabajo a los capitalistas: los productores podían arrendar los medios de producción a sus propietarios (una opción obvia en la agricultura). Así que se requería algo más que la ruptura en las relaciones de propiedad para que surgieran las nuevas relaciones de producción.

 

Era necesario que a estos productores no propietarios "se les obligue por la fuerza a venderse voluntariamente" (Marx 1972: 782). Las relaciones capitalistas de producción solo surgirían en la medida en que los propietarios de los medios de producción pudieran lograr que los productores trabajaran bajo su dirección y control. Aún cuando los medios de producción "han cobrado ya existencia independiente" junto al trabajador, "su existencia no se halla todavía subordinada al proceso del capital", o sea, en una situación pre-capitalista que persiste mientras "el capital (no) se apodere de la misma producción" (Marx, 1985b: 257-8, 263).

 

En resumen, aunque las nuevas relaciones de propiedad Pi conduzcan potencialmente a una nueva relación de producción RPi, el carácter de esta nueva relación no está predeterminado. Los nuevos dueños de los medios de producción pueden permitir que la misma continúe como en el pasado; o pueden "tomar posesión de la producción", determinando entonces quién controla los medios de producción, quién manda en el seno de la producción y quién es el propietario del producto. Esto implica que la lucha de clases determina la naturaleza de las relaciones de producción basadas en las nuevas relaciones de propiedad.

 

En la medida en que el control sobre la producción y la propiedad del producto descansan en las mismas manos que la propiedad de los medios de producción, la nueva relación de producción RPi podrá reproducir la relación de propiedad Pi, a partir de la cual surgió. En este aspecto, parecería haber un estado de equilibrio. Aún así, si las premisas decisivas de la RPi no han sido aún producidos por ésta, este equilibrio será inestable y muy sensible a conmociones o cambios en el entorno.

 

Por ejemplo, el relato de Marx describe los esfuerzos del capitalista para obtener el plusvalor y acumular capital en el seno de la nueva relación. Inicialmente los capitalistas no alteraban el modo de producción heredado, pero trataban de arrancar más trabajo a los obreros, disciplinándolos, intensificando el trabajo, y alargando la jornada laboral. Esta subsunción formal del trabajo bajo el capital era generalmente suficiente para reproducir las nuevas relaciones de producción. Asegurando el plusvalor absoluto, los capitalistas podían mantenerse como tales y continuar el proceso capitalista de producción. Así, la tendencia general de la producción bajo esas relaciones capitalistas implicaba la reproducción de las mismas.

 

Sin embargo, dado que los trabajadores tienen sus propios objetivos, bajo estas condiciones mínimas de subsunción formal. (cuando "el mismo modo de producción todavía no tenía un carácter específicamente capitalista"), el capital puede tropezar con dificultades; por ejemplo, salarios altos que pueden permitir ahorrar a los trabajadores y sustraerse de su dependencia del capital. Dado que el capital aún depende de premisas históricas que no son de su propia creación, todavía hay posibilidades de no apoyarse en la nueva relación Pi, sino más bien en la relación anterior (o aún de un conjunto alternativo de relaciones de propiedad). Para asegurar la reproducción de relaciones de producción capitalistas cuando las condiciones podrían generar otras relaciones de propiedad que Pi (como ocurrió por ejemplo en las colonias norteamericanas), Marx afirmó que era necesario introducir "medios artificiales". Bajo tales condiciones, "la naciente burguesía no hubiera sabido pasarse sin la intervención constante del Estado" para asegurar la dependencia de los trabajadores y la reproducción de las relaciones de producción capitalistas (Marx, 1972: 783, 821).

 

2.4 Desarrollo de un modo de producción específico

 

Precisamente debido a los conflictos en el interior del proceso de producción y la lucha de clases, aquellos agentes que dominan en el seno de la producción, controlan esos medios y son los propietarios del producto se ven obligados a intentar cambiar el modo de producción por uno que responda mejor a sus necesidades. Si triunfan, el carácter del nuevo modo de producción MPi corresponderá al que estaba latente en la relación de producción existente RPi.

 

Esto es crucial para comprender El capital. Desde el momento en que comenzaron a reunir trabajadores bajo un mismo techo para una mejor vigilancia, los capitalistas hicieron algo más que imponer una nueva disciplina en el proceso de trabajo. Dada la resistencia de los trabajadores a subordinarse, los capitalistas también empezaron a cambiar el modo de producción por uno que respondiera mejor a su objetivo: la valorización. Con el desarrollo de la manufactura y luego del sistema fabril, apareció "un modo de producción específicamente capitalista" en el que los trabajadores eran subsumidos realmente en el seno de la producción bajo el capital. Era algo más que un medio de aumentar la productividad y generar plusvalor relativo; es decir, superar una barrera al crecimiento del capital. Conforme este nuevo modo de producción aseguraba el constante reabastecimiento de un ejército de reserva y generaba cada vez más la apariencia de que el capital era la encarnación y la fuente de toda productividad y riqueza, iba reproduciendo objetiva y subjetivamente la dependencia en los trabajadores.

 

En resumen, el desarrollo del "modo de producción específicamente capitalista" juega un papel fundamental en la consumación del capitalismo como un sistema orgánico. En lugar de requerir el ejercicio directo del poder estatal, "la organización del proceso capitalista de producción, una vez que está totalmente desarrollado, quiebra toda resistencia", afirma Marx. "La compulsión silenciosa de las relaciones económicas impone el sello sobre la dominación del capitalista sobre el trabajador," y por lo tanto el capital produce su premisa más crucial, la clase obrera que necesita:

 

A lo largo del proceso de producción capitalista se forma una clase cada vez más numerosa de trabajadores que sufren las exigencias del sistema, gracias a la educación, la tradición, la costumbre, como los cambios de estación. (Marx, 1972: 782)

 

Así, con el nuevo modo específico de producción MPi, ahora las premisas del sistema son producidas desde el interior del mismo sistema. La relación de propiedad existente Pi y las relaciones de producción RPi tienden a ser reproducidas como resultado de este nuevo modo de producción. El desarrollo del sistema hacia su totalidad "consiste en someter a él todos los elementos de la sociedad o crear de su propio seno los órganos de que aún carece." Y Marx no consideró que este proceso fuera exclusivo del capitalismo: "Cada cosa puesta es así también un presupuesto, como sucede con todo sistema orgánico." En resumen, lo que era verdad del "sistema burgués ya desarrollado", que "cada relación económica presupone otra ya plasmada", se aplicaba también a otros sistemas (Marx, 1985b: 165). Así como el capitalismo, una vez desarrollado sobre sus propias bases, "crea sus propias premisas [...] por medio de su propio proceso productivo", podemos afirmar lo mismo para el comunismo: aunque inicialmente dependiente de presupuestos históricos nacidos de la sociedad capitalista, el comunismo como sistema orgánico "se encarga de crear por sí mismo, partiendo de su propia realidad, las condiciones para su realización" (Marx, 1985b: 324).

 

Como se ve, el modelo desarrollado por Marx ofrece algunas sugerentes ideas para explorar el desarrollo del comunismo en sus fases inferior y superior. Por otro lado, este relato socava todo intento de argüir basándose en El capital que la producción mercantil conduce necesariamente al capitalismo. Para empezar, pone el énfasis sobre la ruptura histórica fundamental que Marx detalló antes de que pudiera haber producción capitalista: los productores fueron separados de los medios de producción. Aún así, esta dramática transformación histórica no es suficiente para la producción capitalista; requiere la condición adicional de que los capitalistas "tomen posesión de la producción". En la medida en que se necesita también esta ruptura, la lección que podemos extraer de El capital sería que la producción mercantil como tal (incluyendo la producción mercantil socialista), no es suficiente para producir el capitalismo.

 

Sin embargo, aún cuando no podemos basarnos en El capital para afirmar que el capitalismo está implícito en la producción mercantil, nos preguntamos: ¿no es también esta la idea central del análisis de Marx?

 

3. La unilateralidad de El capital

 

Como hemos afirmado en Beyond Capital (Lebowitz, 1992), Marx tenía en su obra un objetivo limitado. Más que un estudio del capitalismo como tal (un proyecto que él imaginaba que requeriría seis libros), el propósito central de El capital (el primero de estos libros) era comprender la naturaleza del capital en las sociedades ya caracterizadas por el modo capitalista de producción. En particular, su propósito era demostrar que el capital es el resultado de la explotación de los trabajadores, que el plusvalor es acumulado como capital, es decir, que el capital es el propio producto de los trabajadores, vuelto contra ellos mismos.

 

Así, Marx quería revelar a los trabajadores qué es el capital y luego explicar porqué este tema esencial es inevitablemente mistificado; porqué no aparece el capital como el resultado de la explotación, porqué no aparece el trabajador como explotado. Para este propósito indispensable pero limitado, no se necesitan los libros proyectados sobre el Estado, el comercio exterior, el mercado mundial, la propiedad territorial y el trabajo asalariado. Finalmente, en lugar de escribir esas obras proyectadas (y completar de verdad El capital), Marx remodeló el volumen I, donde demuestra que el capital mismo es el resultado de la explotación. Al final, Marx estaba menos interesado en la conclusión de su proyecto epistemológico que en su proyecto revolucionario (que requería que los trabajadores comprendieran la naturaleza del capital).

 

Sin embargo, al no haber sido escrito el proyectado volumen sobre el trabajo asalariado, en El capital falta un aspecto: el de los trabajadores como sujeto. Mientras que esta obra expone cómo los trabajadores son un medio para el capital, no investiga ni la aspiración esencial del trabajador ("la propia necesidad del desarrollo del trabajador"), ni cómo luchan los trabajadores para cumplir esa aspiración. Ni la forma en que se les crean constantemente nuevas necesidades a los trabajadores ("sobre el que descansa [...] el actual poder del capital"), ni el efecto cuando el trabajador "presiona en la dirección opuesta" a los esfuerzos del capital para bajar el salario al mínimo, son el tema de El capital (Marx, 1977: 772; 1985b: 174; 1985a: 146).

 

Como consecuencia, en esa obra no se habla del segundo aspecto de la producción: la producción del mismo trabajador. En dicha obra no hay lugar para los seres humanos que viven, se esfuerzan, disfrutan, luchan y se desarrollan. Esos seres que se autorrealizan a través de sus propias actividades, seres de la praxis, no son los sujetos de El capital. Falta allí toda esa dimensión crítica del pensamiento de Marx: toda actividad productiva, de hecho, toda actividad, resulta un producto compartido; que en la producción, el productor "transforma también su propia naturaleza" (Marx, 1972: 187), que "cada tipo de consumo... de un modo u otro, produce al hombre en determinado sentido" (Marx, 1985b: 7).

 

En este silencio de El capital, es clave también la ausencia de un tema tratado por Marx desde sus primeros escritos: el hilo rojo del auto-desarrollo de la clase obrera a través de sus luchas. Su planteo (Marx y Engels, 1946: 94) en 1850, de que los trabajadores tendrían que pasar cincuenta años de "guerras civiles y luchas populares no sólo para mudar la condición de las cosas, sino también para cambiaros a vosotros mismos"; y de que sólo con la actividad revolucionaria la clase obrera podría lograr "salir del barro de la historia en que se hunde y volverse capaz de fundar la sociedad sobre nuevas bases" (Marx y Engels, 1958: 78), reflejaron su concepción de la "práctica revolucionaria": "la coincidencia del cambio de las circunstancias y con el de la actividad humana o cambio de los hombres mismos" (Marx, 1958: 634). El no comprender este segundo aspecto -que no era el tema de El capital- es no entender el elemento dinámico sin el cual los trabajadores no podrán superar su dependencia del capital:

 

El hombre es por sí mismo el fundamento de su producción material, y de toda otra clase de producción realizada por él. Todo aquello que afecta al hombre modifica más o menos profundamente sus funciones y actividades en cuanto creador de la riqueza material consistente en mercancías. (Marx, 1974: 206)

 

¿Qué relevancia tiene tratar este segundo aspecto de la producción para comprender las implicancias del socialismo de mercado? Es que la cuestión es la naturaleza de los seres humanos creados en el socialismo de mercado. ¿Son ellos los sujetos que crearán una sociedad nueva, comunista... o es más probable que recreen el capitalismo?

 

4. El desarrollo del comunismo como un sistema orgánico

 

No discutiremos aquí sobre el sistema comunista totalmente desarrollado, en el que todas las relaciones económicas se presuponen entre sí en su forma comunista. En su lugar, estudiaremos el carácter de la "fase inferior" de la sociedad comunista y las tendencias que la conducen hacia el sistema comunista consumado (o de vuelta hacia el capitalismo). Entonces, trataremos de reconstruir la concepción de Marx sobre el desarrollo del comunismo, siguiendo su modelo sobre el desarrollo del capitalismo. Por supuesto, ésta es una construcción puramente teórica, con las distintas obras de Marx como base para inferencias lógicas, y no debe ser directamente relacionada con los problemas enfrentados en los proyectos socialistas reales del siglo pasado.

 

4.1 Identificación de una particular relación social

 

Comenzamos con el vínculo social entre trabajadores que surge en el curso de sus luchas contra el capital, una relación social que se desarrolla junto a la relación dominante capital/trabajo asalariado. Esta relación nace cuando los trabajadores se organizan sindicalmente. Luego, la creciente conciencia de que "en la acción meramente económica el capital es el bando más poderoso", empuja a los trabajadores a la acción política. Este fue el mensaje de la Internacional: "la conquista del poder político es el gran deber de las clases trabajadoras". Y este fue el mensaje de Marx y Engels (1998: 60-61) en el Manifiesto comunista: "el primer paso de la revolución obrera es la elevación del proletariado a clase dominante, la conquista de la democracia."

 

Por eso los trabajadores luchan para ganar esa batalla y usar la supremacía política resultante para eliminar la base económica del capitalismo y la sociedad de clases. Aquí se presenta la Dictadura del Proletariado, que luego de la Comuna de Paris, para Marx era un tipo diferente de estado, descentralizado y democrático compuesto por consejeros pagados con salarios de trabajadores, revocables y sometidos a las instrucciones de sus electores. En cada distrito los asuntos comunes serían administrados por una asamblea de delegados, y estas asambleas elegirían diputados para constituir un gobierno central. "Toda Francia", comentaba Marx, "habría sido organizada en comunas autogestionadas y autogobernadas." Esto era la destrucción del poder estatal en la medida en que ese estado estuviera por encima de la sociedad; "sus funciones legítimas serían arrancadas a una autoridad que usurpaba una posición preeminente sobre la sociedad misma, y para restituirla a los servidores responsables de esta sociedad." Era "la reasunción del poder estatal por la sociedad como su propia fuerza viva y ya no como la fuerza que la controla y la somete, es la reasunción del poder estatal por parte de las masas populares mismas, que constituyen su propia fuerza en reemplazo de la fuerza organizada que las reprime; la forma política de su emancipación social" (Marx, 1978: 185).

 

El "gobierno de la clase obrera" era esa forma particular de poder al fin descubierta (Marx:1978: 76). En verdad, solo en la medida en que el Estado es convertido "de un órgano que está por encima de la sociedad en un órgano completamente subordinado a ella" pueden los productores autogobernados manejar al estado para sus propios propósitos, cambiando permanentemente las circunstancias y a sí mismos. (Marx, 1970: 36). En resumen, lo que vemos es la aparición de otro aspecto de esa relación social de productores: se vinculan como ciudadanos autogobernados mientras actúan en interés de de los productores de conjunto.

 

4.2 La ruptura en las relaciones de propiedad

 

El propósito inmediato de este nuevo dominio de clase era claro: "El proletariado se valdrá de su dominación política para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante, y para aumentar con la mayor rapidez posible la suma de las fuerzas productivas" (Marx y Engels, 1998: 61). El estado obrero, es así el instrumento para desatar los "ataques despóticos" al capital; en un proceso en el que el proletariado se siente obligado a avanzar siempre. En lugar de la monopolización de los medios de producción por parte de la clase capitalista, crece la propiedad común de los medios de producción.

 

No obstante, esta no es una ruptura completa en las relaciones de propiedad característica del capitalismo. Mientras ahora hay una propiedad común de la condición material de producción, los trabajadores siguen siendo los "propietarios de la condición personal de producción, la fuerza de trabajo." Dado que los miembros de esta sociedad tienen "en todos sus aspectos, en el económico, en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad", inicialmente sólo es posible un avance parcial más allá del "estrecho horizonte del derecho burgués" (Marx, 1970: 21).

 

4.3 La aparición de una particular relación de producción

 

Sin embargo, dado este cambio en las relaciones de propiedad, ahora es posible ir más allá de una forma de producción en la que los trabajadores están subordinados al capital y consolidar, en su lugar, el "sistema de la asociación de productores libres e iguales". Aunque no es un acontecimiento inevitable, esto ocurre cuando los productores autogobernados "toman posesión de la producción" e introducen la producción cooperativa basada en la propiedad común de los medios de producción.[2]

 

En estas condiciones, la producción interna de cada unidad productiva se caracteriza por la conciencia de los productores de su interdependencia objetiva. La interconexión entre sus distintos trabajos está basada en su propio plan y expresa su propia voluntad, en lugar de la de un poder exterior a ellos; así, "el lazo de unión entre sus funciones individuales y su unidad como cuerpo productivo [ya no] se encuentra fuera de ellos" (Marx, 1972: 350). Dentro de cada unidad productiva, los productores asociados pueden gastar "de previo acuerdo, sus numerosas fuerzas individuales como una única fuerza de trabajo social" (Marx, 1972: 81). Así los productores se relacionan entre sí como miembros de una sociedad descentralizada, autogobernada, como propietarios comunes de los medios de producción y como productores asociados en el proceso de producción.

 

Sin embargo, en la relación entre los productores hay otro aspecto. Como propietarios privados de su fuerza de trabajo, los productores consideran a la misma como su propiedad y se consideran con derecho a un quid pro quo por su trabajo. En tanto se relacionan entre sí como propietarios privados, cada productor busca maximizar su ingreso por una cantidad dada de trabajo (o minimizar su trabajo por un ingreso dado). La actividad de los productores como propietarios privados de fuerza de trabajo, es guiada por el interés propio, y la condición de mantenimiento y reproducción de esta relación entre estos propietarios es que todos reciban su equivalente. La distribución de acuerdo con la contribución, en resumen, es el medio para la reproducción de una relación de producción basada en la fuerza de trabajo como propiedad privada.

 

Por supuesto, ésta es una reproducción de desigualdad. En este "consorcio" del trabajo donde cada uno pone una cierta cantidad de trabajo en la "olla común" y retira su equivalente no todos ponen la misma cantidad. Necesariamente difieren porque las personas difieren en sus "capacidades individuales". Debido a diferencias físicas o mentales, un productor "entrega más trabajo en el mismo tiempo" que otro. Eso es verdad en todas las sociedades, incluyendo en el comunismo totalmente desarrollado. Sin embargo, en esta fase inferior donde los productores se relacionan como propietarios de la fuerza de trabajo, esto tiene importancia: el "derecho igual" necesariamente significa reclamos desiguales, o sea desigualdad en la distribución, una característica proveniente del "defecto" de esta fase del comunismo.

 

Consideremos las implicancias para la propiedad común de los medios de producción. En tanto que la propiedad privada de la fuerza de trabajo genera reclamos sobre los productos del trabajo suministrado, esto fomenta reclamos opuestos. Como propietarios comunes e iguales de los medios de producción ¿por qué no compartir igualmente los frutos de esa propiedad? La relación lógica de distribución es: a cada uno de acuerdo a su porción per capita, un caso de igualitarismo puro en el consumo. De esta manera, en lugar de servir como la base para la satisfacción de las necesidades comunales (como en el sistema comunista desarrollado), la propiedad común en los medios de producción sigue siendo un reclamo propietario, que es otro derecho burgués.

 

Estos reclamos de propiedad contrapuestos, sin embargo, hacen algo más que sustentar un conflicto sobre la distribución de los medios de consumo; cada uno tiende hacia la disolución del otro.[3] Por el lado de los medios de producción, la demanda de "nivelar" los ingresos (virtualmente, la propiedad común de la fuerza de trabajo), niega la individualidad de los productores y tiene un impacto predecible sobre los incentivos individuales; por el otro lado, en la medida en que se relacionan como propietarios privados de fuerza de trabajo, la separación de las unidades productivas es una separación de intereses privados, y tiende hacia el debilitamiento de la propiedad común de los medios de producción y a su reemplazo por la propiedad grupal. Aún cuando la producción cooperativa basada en la propiedad común de los medios de producción puede fomentar la solidaridad entre los trabajadores en el interior de las unidades productivas, la propiedad privada de la fuerza de trabajo ofrece una base obvia para una creciente desigualdad y división entre productores en diferentes empresas.

 

Mientras la combinación de las relaciones entre productores alienta la reproducción de la propiedad común de los medios de producción y de la propiedad privada de la fuerza de trabajo, la contradicción en el seno de la propiedad insinúa una inestabilidad que oscila entre tendencias igualitarias e individualistas, entre la propiedad común y la propiedad grupal. En tanto que el comunismo aún descansa sobre supuestos históricos, la reproducción de estas relaciones de producción será sensible a choques y cambios en el entorno. Está latente la posibilidad de que un sector consiga ventajas, conduciendo a la disolución de esta particular combinación de relaciones. Y no hay nada en esta combinación que apunte a la eliminación de los defectos de esta fase inferior de la sociedad comunista. En resumen, la base para desarrollar una sociedad comunista sobre sus propios cimientos debe buscarse en otro lugar.

 

4.4 El desarrollo de un modo de producción específico

 

Esa base debe buscarse en las otras relaciones de productores: en sus relaciones como productores autogestionarios conscientes de su interdependencia en el seno de la producción y en sus relaciones como ciudadanos autogobernados dedicados a servir a los productores de conjunto. A través de estas actividades en las que cambian constantemente las circunstancias y a sí mismos, y porque son cada vez más concientes de las insuficiencias de una sociedad donde la propiedad en sus dos formas genera el deseo de poseer y perpetúa el trabajo alienado, procederán a cambiar el carácter de la producción para hacerla corresponder mejor a sus necesidades.

 

Así se consolidará progresivamente una relación entre la actividad productiva y la satisfacción de las necesidades de los productores asociados; en lugar de una producción que es llevada a cabo con propósitos privados y mediada por el intercambio, en esta incipiente producción comunista "está presupuesto el carácter social de la producción". El planeamiento consciente es inherente a esta naciente actividad productiva "determinada por las necesidades y propósitos comunales". En este contexto, Marx (1985b: 74) anota que "la sociedad debe saber distribuir convenientemente el tiempo, para lograr una producción adecuada a sus necesidades totales". Este modo de producción específicamente comunista se desarrolla en la medida en que se incorpora directamente en la producción el vínculo entre las personas como productores autogobernados funcionando a través del estado democrático, descentralizado (que no está por encima de la sociedad). Aunque esta satisfacción planificada de las necesidades humanas comienza necesariamente al nivel más bajo (el de la comunidad), va ascendiendo: "las sociedades cooperativas unidas han de regular la producción nacional con arreglo a un plan común, tomándola bajo su control" (Marx, 1978: 78).

 

Así entre los productores no habrá un mediador entre (y por encima de) ellos y se convierten en sus propios mediadores. En la medida en que gastan "sus fuerzas individuales como una única fuerza de trabajo social" y que la producción prevista para la satisfacción común de las necesidades "crece en proporción al desarrollo de la nueva sociedad", la sociedad de productores asociados ya no está más desgarrada por las dos formas de propiedad con la que comienza. En el comunismo tal como se desarrolla sobre sus propios cimientos, el producto preconcebido del proceso de trabajo es el ser humano socialmente desarrollado; es decir, el desarrollo total del potencial humano. Bajo estas circunstancias, "con el desarrollo del individuo en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva" (Marx, 1970: 24). De esta manera, con el desarrollo del modo comunista de producción, la sociedad de productores asociados ya no depende de los presupuestos históricos sino que produce sus propios requisitos específicos. Es el comunismo como un sistema orgánico.

 

5. La producción mercantil socialista y la producción de los productores

 

En este cuadro, ¿dónde encaja el socialismo de mercado? Comentando que "los productores no cambian sus productos", y que el trabajo no se presenta como valor, Marx (1970: 20), evidentemente no vislumbraba la producción de mercancías como parte de la "fase inferior" de la sociedad comunista. Sin embargo, la propiedad privada de la condición personal de la producción, la fuerza de trabajo, ofrece la base para el intercambio entre los productores individuales y la sociedad. Y, en la medida en que como productores con intereses propios están separados en unidades productivas diferentes, "su producción no es directamente social, no es ‘el fruto de la asociación’ encargada de distribuir el trabajo entre sus miembros" (Marx, 1985b: 62). Conforme a ello, las condiciones para la producción de valores de uso como mercancías, y de esta manera para el trabajo que recibe su carácter "social" solo a través del acto de intercambio, existen precisamente porque estos valores de uso son "productos de trabajos privados llevados a cabo independientemente unos de otros" (Marx, 1972: 75).

 

Sin embargo, los mercados no son los que crean esta separación y fragmentación entre los productores; son una expresión de esa separación. En tanto que "la unidad y mutua complementariedad de los productores existen, por así decirlo, a la manera de una condición natural independiente de los individuos y exterior a ellos"; es decir, que éstos sean productores con intereses propios e indiferentes, los mercados sirven para mediar entre el sistema de trabajos y el sistema de necesidades (Marx, 1985b: 62).[4] Quienes quieren suprimir en el socialismo los mercados por definición en realidad quieren suprimir por definición la característica distintiva de la fase inferior, la propiedad privada de la fuerza de trabajo. Después de todo, ¿cuál podría ser el problema con el mercado en ausencia del egoísmo de los propietarios privados de la fuerza de trabajo, o sea, con un mercado como simple mecanismo de asignación, como un "mecanismo informático"?

 

Aunque el mercado en el seno de la fase inferior de la sociedad comunista debe ser visto como un resultado, no podemos subestimar el efecto de su rol mediador. Es propio de una economía mercantil que la relación entre los productores individuales no aparezca como entre miembros de un productor colectivo sino, en una forma mistificada, como una relación entre los objetos que producen como mercancías; en lugar de hacer manifiesta su interdependencia, sus mutuas necesidades aparecen como necesidades de los productos del trabajo aparentemente independientes unos de otros. Así, sus propios productos se convierten en poderes autónomos sobre ellos mismos, y sólo el dinero, el representante concreto del trabajo en la sociedad, puede servir para subordinar a la mercancía ajena. ¿Porqué la economía socialista de mercado debería ser inmune a este fetichismo de las mercancías que, como notó Marx (1972: 75), es "inseparable" de la producción de mercancías como tal?

 

En verdad, la reproducción permanente de esta fetichización de la mercancía no es más que la producción de una forma particular de productores: los que consideran la producción mercantil como algo natural. Así como en "el proceso de producción capitalista se forma una clase cada vez más numerosa de trabajadores que sufren las exigencias del sistema [...] como los cambios de estación" (1972: 782), la producción mercantil tiende a producir su propia base social. Cada productor considera a los otros como competidores (un obstáculo a sus esfuerzos para ganar dinero), o como potenciales compradores (que debe ser inducidos a desprenderse de su dinero). Los seres independientes que se consideran entre sí como antagonistas o como medios no sólo son la premisa sino también el resultado de la producción mercantil, con su tendencia intrínseca a disolver todos los lazos de solidaridad humana.

 

Además, la producción de mercancías pone de relieve la impotencia de los productores individuales (o los productores organizados en unidades productivas individuales). En tanto en que la conexión de los productores "no reside en su conciencia, ni está sometida a ella en su conjunto", sus actividades egoístas y "sus propios choques producen un poder social extraño que se halla por encima de ellos; su acción mutua se deriva de un proceso y de un poder independiente de ellos" (Marx, 1985b: 95-6). Es el mercado el que determina lo que deben hacer: el que los dirige y determina qué es lo racional para llevar a cabo sus objetivos. Donde se ve más claro esto es en el proceso de la reproducción ampliada, donde sólo se expande la producción que promete rendir la ganancia más alta y se hunden quienes no siguen las órdenes de este poder social alienado.

 

La producción mercantil crea seres humanos interesados en la expansión del valor. Y, una vez que la búsqueda del dinero se afirma como el sentido común de una sociedad y se impone la lógica de su acumulación, ya se presentan las precondiciones para la aparición del capitalismo. La economía mercantil no solo crea un lugar obvio para el comercio y el capital comercial; también alienta la eliminación de las restricciones a la producción capitalista. Por ejemplo en la ruptura histórica que sentó las precondiciones de la producción capitalista en Inglaterra fue crucial que la aristocracia terrateniente expulsara de la tierra a los campesinos y usurpara sus derechos a la tierra bajo el acicate de la economía mercantil-monetaria. Esa aristocracia no cayó del cielo; era "hija de su tiempo, para quien el dinero era el poder de todos los poderes." Sumado a ese poder estaba también el estado (siendo este mismo cada vez más un producto de de la economía mercantil-monetaria), que aceleró "como en un invernadero" (Marx, 1972: 878-9 y 915) ese mismo proceso de acumulación primitiva del capital por un lado y del trabajo asalariado por el otro.

 

¿Porqué suponer entonces que el socialismo de mercado puede ser diferente?. Cuando consideramos el segundo aspecto de la producción, ¿no es el producto principal de dicho sistema un individuo que responde a las exigencias del mercado y a la auto-expansión del valor? Ese individuo, tarde o temprano ¿no estará predispuesto (directamente o a través del poder estatal) a eliminar los obstáculos a la producción capitalista y a usurpar los derechos de propiedad de las masas para su propio beneficio?

 

En resumen, en lugar de fortalecer el sentido de unidad y solidaridad entre los productores, el crecimiento de las relaciones mercantiles desarma al pueblo en la lucha contra el capitalismo. Por supuesto, nada de esto es nuevo. Todo ello fue claramente expresado por el Che Guevara en 1965 (1987: 13).

 

Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etc.) se puede llegar a un callejón sin salida. Y se arriba allí tras de recorrer una larga distancia en la que los caminos se entrecruzan muchas veces y donde es difícil percibir el momento en que se equivocó la ruta. Entretanto, la base económica adoptada ha hecho su trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia. Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo.

 

6. La invadiente sociedad comunista

 

¿Cómo es posible hablar de la construcción del comunismo? Cuando consideramos a los seres humanos como los sujetos de la producción, sobre seres humanos determinados producidos bajo circunstancias determinadas, es obvio que la producción mercantil en sí misma no puede conducir al pleno desarrollo de la sociedad comunista. Las tendencias espontáneas de la producción mercantil deben ser contrarrestadas si se quiere desarrollar o mantener la solidaridad y, en verdad, que el socialismo de mercado no vaya a crear las condiciones para una restauración capitalista.

 

Recordemos que la producción de mercancías es sólo una de las circunstancias que afectan la naturaleza de los seres humanos producidos en el seno de la sociedad socialista de mercado. Lo que sucede directamente en el seno del proceso de producción también es importante para determinar la naturaleza de ese producto combinado que son los mismos seres humanos. Entonces, la autogestión en el lugar de trabajo y la liquidación de una división social del trabajo en la que algunos deciden y otros obedecen son elementos importantes en la producción de productores solidarios. Pero como hemos sugerido antes, estas características del proceso de producción en sí no impugnan la lógica de la producción mercantil y su fetichismo; los productores autogestionarios de mercancías continúan aún auto-produciéndose en una forma congruente con esa economía.

 

A la economía mercantil sólo se la impugna en serio cuando es manifiesta la relación de los trabajadores entre sí como miembros de un productor colectivo. Cuando la actividad productiva es directamente para las necesidades de los otros, las personas se auto producen como seres humanos sociales; en su actividad afirman su naturaleza comunal y solidaria. Tal es el carácter de la actividad en el comunismo como un sistema orgánico, donde todas las relaciones económicas se presuponen entre sí en su forma comunista.

 

Obviamente, el derecho en una sociedad "no puede ser nunca superior a la estructura económica ni al desarrollo cultural de la sociedad por ella condicionado" (Marx, 1970: 23); el intento de imponer formas de distribución superiores allí donde los productores se relacionan como propietarios privados de la fuerza de trabajo, ciertamente afectará los incentivos y la actividad de aquellos productores egoístas. ¿Cómo salir, entonces, de este círculo vicioso? ¿Cómo contener las tendencias espontáneas de la producción mercantil en el seno del socialismo de mercado?

 

Si un ataque directo al interés propio de los propietarios privados de fuerza de trabajo tendrá efectos predecibles sobre su incentivo, un cerco o guerra de posición puede ser algo muy diferente. Después de todo, aun en el interior del capitalismo desarrollado, las normas sociales existentes no son monolíticas. Cuando consideramos la comunidad humana, el concepto de la distribución de acuerdo a las necesidades no es totalmente extraño. Por ejemplo, hay un tipo de actividades "destinadas a satisfacer necesidades colectivas, tales como escuelas, instituciones sanitarias, etc." donde la norma no es distribuir de acuerdo a la contribución particular de uno, sino beneficiar a cada individuo "en calidad de miembro de la sociedad" (Marx, 1970: 20). Es precisamente en esta esfera, donde ya es posible introducir nuevas formas y relaciones en el seno del socialismo que permitan una coordinación directa y consciente en los niveles locales y vecinales, que relacione los distintos tipos de trabajo con las distintas necesidades de los miembros de la comunidad.

 

Atendiendo al segundo aspecto de la producción, vemos que cuando las asociaciones locales articulan las necesidades de sus miembros y desarrollan los medios para su satisfacción (en el seno de nuevas relaciones dentro de esta esfera) producen nuevas personalidades, capaces de actuar en forma diferente. No sólo comienza a expandirse esta relación en otras categorías de necesidades básicas (vivienda, alimentos, etc.), sino que también se afecta al resto de las actividades y relaciones en las que participan estos individuos. Precisamente, debido a que ellos mismos, como miembros y ciudadanos de una sociedad civil socialista, son simultáneamente trabajadores en la esfera "productiva", el desarrollo de la cooperación planificada en la esfera de actividades prevista para la satisfacción común de necesidades es la base para el desarrollo de las capacidades de los actores y también para la ampliación de dicha esfera "a medida que la (nueva) sociedad se desarrolle" (Marx, 1970: 20). La estructura económica de la sociedad y su desarrollo cultural son transformados así en esta práctica revolucionaria.

 

En resumen, mientras la tendencia espontánea de la producción mercantil influencia a los seres humanos que produce y fomenta el desarrollo del capitalismo, el desarrollo consciente de una sociedad civil socialista, de una invadiente sociedad comunista, puede evitar el aliento por parte del socialismo de mercado a las condiciones para esa ruptura histórica que requiere el capitalismo. A medida que el vínculo entre los productores como ciudadanos autogobernados se incorpora directamente a la producción, los productos más importantes de esta invadiente sociedad comunista desde abajo son los seres humanos que se desarrollan bajo estas relaciones comunistas, o sea los productores que son la premisa de una sociedad comunista.

 

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[1] Presentado en la "Internacional Conference: Socialist Political Economy, Contemporary World Capitalism", Beijing, China (22-24 de abril de 2002), y especialmente enviado por el autor para su publicación.

 

Traducción: Francisco T. Sobrino.

 

[2] En Lebowitz (2000) se estudia un escenario alternativo en el que un partido de vanguardia "toma posesión de la producción", conduciendo al posterior desarrollo del "modo de producción específico de vanguardia".

 

[3] Para una discusión de estas cuestiones, incluyendo la interpenetración de las dos formas de propiedad, cf. Lebowitz (1987) y (1991).

 

[4] Empero, obviamente los mercados no son el único mediador exterior potencial entre las actividades de los productores separados en el seno de esta fase inferior. Estas actividades y el vínculo entre el sistema de trabajos y el de necesidades puede ser coordinado a través de un plan o dirección externos; externos en el sentido de que, como el mercado, no son "el fruto de la asociación" de los productores. Sin embargo, los problemas que surgen de los productores egoístas, separados e indiferentes, no desaparecen por la mediación externa. El plan exterior va más allá del alcance de este ensayo, ver Lebowitz (2000).

 

Revista Herramienta Nº 27 Socialismo