Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS 

Un caso MÁS de la “era del castrismo” en Cuba

 

El pueblo cubano sabe muy bien que el castrismo no le ha garantizado esos “mercados repletos” prometidos en “La Historia me Absolverá”, pero en cambio ha producido una lista negra repleta de nombres de cubanos “indignos”, que solo merecen el “repudio” de sus compatriotas. 

 

Todos los niveles de dirección del gobierno, partido, FAR, MININT, organismos de educación, salud pública, deportivos, turísticos, los llamados “de masas” como la CTC, CDR y otros, tienen sus propias listas de hombres y mujeres separados de sus cargos, “purgados”, debido a las más diversas causas.  Muchos fueron destituidos y/o sustituidos y, en no pocos casos, condenados a  muchos años de prisión o a enfrentar un pelotón de fusilamiento.

 

Otros lograron evitar  ese amargo y peligroso proceso utilizando las más diversas y dramáticas vías de escape. Ninguno de los llevados a juicio por el castrismo, acusado de “contrarrevolucionario” o “mercenario al servicio del imperialismo yanki”, ha sido absuelto o reivindicado públicamente. 

 

En Cuba, las palabras “amnistía” y “perdón” desaparecieron hace 50 años de los documentos oficiales, sustituidas por “licencia extra-penal”.  Cada uno de esos casos tiene sus propia historia, pero casi todos tienen en común el hecho de que en algún momento desafiaron, o desobedecieron, la ley no escrita del castrismo: con Fidel todo, sin, o contra Fidel, nada es permitido en Cuba, que continúa vigente hoy.  Los organismos que a lo largo de la era castrista fueron encargados de planificar, proyectar, construir y mantener obras hidráulicas NO están entre los menos afectados por esa ley y, al menos, uno de sus casos merece ser analizado

 

Hace unos días un colega y amigo me informó que nuestro ex-compañero de trabajo, Ingeniero Hidráulico Pedro Luis Dorticós y del Río, había fallecido en Cuba el pasado diciembre.  No se si la noticia se dio a conocer en Granma o el noticiero nacional de TV al pueblo de Cuba, con una pequeña biografía, como se acostumbra a hacer con los fallecidos que se hayan destacado por sus servicios al castrismo. 

 

Él es merecedor de ese reconocimiento póstumo, aún si el castrismo ya no recuerde, o no quiera recordar, los servicios que le prestó. Pero, con independencia de si el pueblo cubano fue informado de su muerte, o no, deseo contar la parte de su biografía que conozco, muy vinculada al desarrollo de los recursos hidráulicos cubanos, para rendirle mi muy personal homenaje a quien fuera mi amigo..

 

Conocí al ingeniero Pedro Luis Dorticós un día de octubre o noviembre de 1966. Se había graduado de Ingeniero Civil, especializado en hidráulica, en 1964, con un brillante expediente docente, lo que le valió obtener una  plaza de profesor de Mecánica de los Fluidos en la Escuela de Ingeniería Civil de la Universidad de la Habana.

 

Cuando la Facultad de Tecnología de la Universidad de la Habana en pleno comenzó a funcionar en las nuevas instalaciones de la Ciudad Universitaria José Antonio Echeverría (CUJAE) en 1965, Pedro Luis fue uno de sus primeros profesores. Sus deberes incluían la atención del bien montado laboratorio docente de Hidráulica, que continuó funcionando en el edificio de la antigua Escuela de Ingeniería y Arquitectura de la bicentenaria Universidad de la Habana, situado a un costado del Hospital Calixto García. 

 

Fue allí donde me lo presentó el Ingeniero Rafael Fiterre, a quien destaqué en un trabajo anterior. En ese momento ambos jóvenes ingenieros trabajaban, con un entusiasmo contagioso, en los planes para convertir una parte de la vieja instalación docente en un laboratorio de modelos, que apoyara los proyectos de las obras que realizaba el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), dirigido por el Comandante Dr. Faustino Pérez. Al mismo tiempo, un equipo de proyectistas de la antigua URSS, dirigidos por un ingeniero investigador de la empresa HYDROPROYECT de Moscú, confeccionaba los planos de trabajo para construir un laboratorio de investigaciones hidráulicas, aledaño al edificio de la Escuela de Ingeniería Civil en la CUJAE. 

 

Los primeros años de revolución fueron ciertamente esperanzadores para el pueblo cubano, a pesar del régimen, ya inclinado hacia el totalitarismo marxista-leninista, que lo gobernaba. Muchos cubanos pensaban, entre estos Pedro Luis, que existían condiciones en Cuba para iniciar un proceso de institucionalización que se les había prometido con el triunfo de la Revolución en 1959: convocar una Asamblea Constituyente, modificar lo que los delegados acordaran en los artículos de la Constitución de 1940, convocar a elecciones generales, y elegir un gobierno y parlamento de hombres y mujeres libres, para continuar la revolución con esa fuerza más. 

 

Ésta había sobrevivido la invasión de Bahía de Cochinos y la Crisis de Octubre. Al comenzar el 1966 ya hacía varios años que llevaba a cabo un amplio programa de construcciones sociales de todos los tipos, con la ayuda multifacética de la antigua URSS, países de la Europa del Este y la Republica Popular China, pero también a través del comercio directo con los países de Europa Occidental (con la única excepción de la RFA, con la cual mantenía un comercio indirecto), Canadá y Japón.  Faltaba reestablecer las relaciones comerciales y diplomáticas con los países de América Latina y el Caribe,  pero la política de aislar a la revolución castrista, defendida y, hasta cierto punto, impuesta a la OEA por el gobierno de EEUU, comenzaba a perder fuerza. 

 

Pero el pueblo cubano en general pronto tuvo que dejar a un lado, y por tiempo indefinido, la idea de ordenar su casa común. En su lugar tuvo que adaptarse a la cruda realidad de que el castrismo no deseaba institucionalizar el país y darle a los cubanos la libertad política y el estado de derecho prometidos en 1959. Solo trataba de colarse, con hombres y armas, por todas las grietas que se abrieran en el Tercer Mundo  para satisfacer así la ambición de su máximo líder de implantar el socialismo marxista-leninista en esos países y regodearse envuelto en su gloria y fama. Todo lo que haría de ahí en lo adelante sería para eso. Y eso quedó muy claro para los cubanos y el mundo cuando se creó en La Habana la Organización de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL) a principios de 1966.

 

Pedro Luis era unos 4 ó 5 años menor que yo, y fue, quizás, uno de los últimos estudiantes cubanos graduados de Bachilleres en Ciencias o en Letras del llamado “Plan Varona” de educación pre-universitaria.  Había sido un estudiante destacado, tanto en la docencia como en el deporte, en la antigua Academia “Pitman”, en la Calzada del Cerro, Ciudad de La Habana.  Era hijo de madre negra o mulata y padre blanco, nativos o procedentes de la ciudad de Cienfuegos.  Su padre, “Perico” Dorticós, había sido un pelotero “amateur” destacado de los años 40 en Cuba, de lo cual Pedro Luis vivía orgulloso. En 1966, “Perico”, a quien tuve el gusto de conocer, era dueño de un pequeño taller de pailería cercano a la conocida “Virgen del Camino”, de la Calzada de Luyanó y la Vía Blanca. En esa misma Calzada vivía Pedro Luis con su esposa y dos pequeños hijos en un apartamento muy acogedor y limpio que visité en varias ocasiones.  Esos fueron algunos de los hitos en la vida de Pedro Luis que pude conocer después de nuestro encuentro en 1966.

 

Un sentimiento sincero de amistad, mezclado con admiración por él, comenzó a crecer en mí desde que conocí a Pedro Luis. Desde el mismo inicio de nuestras relaciones de trabajo comprendí que era un joven ambicioso y autosuficiente.  Esto último era un defecto que lo hacía incapaz de reconocer errores propios y lo impulsaba a menospreciar el trabajo de quienes lo rodeaban e imponer sus propios criterios (1).  Pero, por otra parte, su carácter alegre y optimista, su gran capacidad de trabajo y su seguridad en si mismo, nos hacía olvidar sus defectos y simpatizar con él.  Tenía, además, una excelente memoria y le encantaba dirigir, pero no tenía a menos dar el ejemplo trabajando más y mejor que los demás en cualquier actividad. 

 

Durante 1967 nuestro laboratorio de modelos hidráulicos recibió la influencia directa de Pedro Luis cuando, con la ayuda del taller de su padre y su dirección personal, logramos construir una plaza de ensayo y un primer modelo hidráulico. El entonces escaso personal del incipiente laboratorio de modelos (2), y el propio Pedro Luis, aprendimos las técnicas y la teoría de la modelación hidráulica mediante el método de realizar pruebas y cometer errores, dándonos literalmente golpes y cabezazos, recibiendo heridas y sudando profusamente. 

 

Ya en 1968 teníamos tres o cuatro plazas funcionando y dominábamos varias técnicas para la construcción e investigación de los modelos.  Pedro Luis, por su parte, continuaba con su labor docente, mientras que la cooperación entre el INRH y la especialidad de hidráulica de la Escuela de Ingeniería Civil parecía marchar, aunque con extrema lentitud, por buen camino. Varios graduandos de los años 67 y 68 realizaron trabajos en los modelos, mientras que los alumnos de Mecánica de los Fluidos continuaron realizando sus trabajos prácticos en los equipos del laboratorio docente. 

 

En 1969 se le dio la gran oportunidad a Pedro Luis, quien ya era “militante” del PCC (3),  de ir a trabajar y estudiar por un año al prestigioso Laboratorio Hidráulico de Wallingford en Gran Bretaña. Ya era reconocido en Cuba, por entonces, como un profesor y científico en plena formación. Cuando regresó a Cuba en 1970 la “Zafra de los 10 Millones” estaba en su apogeo, y la Facultad de Tecnología en la CUJAE había enviado a sus profesores y alumnos a la producción, modificando radicalmente sus planes docentes. Según esos nuevos planes, los alumnos estarían vinculados a la “producción” y asistirían a “encuentros” con sus profesores de cada asignatura cada tres semanas, y serían evaluados por ellos hasta el próximo encuentro, aclarándoles sus dudas e indicándoles, además, la materia a estudiar en ese tiempo. 

 

Pedro Luis y los alumnos que le asignaron bajo ese “revolucionario” plan, fueron a parar a un campo de caña donde se ensayaban equipos de riego por aspersión.  Allí se encontró un día “por casualidad” con  Fidel Castro, y ese encuentro cambió su vida para siempre y, sin dudas, nuestros planes para el Laboratorio de Modelos Hidráulicos. Poco después Pedro Luis fue enviado de nuevo a la vieja Europa, esa vez al también prestigioso Laboratorio Hidráulico de Delft, en los Países Bajos, para un entrenamiento de un mes. Cuando regresó de la vieja Holanda le tenían preparada una gran sorpresa.

 

La infame “Ofensiva Revolucionaria” y los fracasados planes del DAP, el “Cordón de la Habana” y la “Zafra de los 10 Millones” que surgieron después de la muerte de Ernesto Guevara en Bolivia, obligaron a que Fidel Castro buscara soluciones desesperadas para tratar de levantar los ánimos caídos de los trabajadores cubanos. Por supuesto que el “infalible Comandante en Jefe” no podía ser culpable de esos fracasos, sino los dirigentes designados por él para llevarlos a cabo; le habían fallado.  Por tanto, había que cambiar a esos “fracasados” por otros para que impulsaran sus nuevos planes de recuperación. Entre otros muchos cambios que llevó a cabo entre 1970 y 1971, se le ocurrió nombrar a Pedro Luis Dorticós como Jefe del “Grupo Hidráulico Nacional del DAP”, sorprendiendo así no solo al propio Pedro Luis, sino también a muchos experimentados ingenieros y dirigentes que pudieron haber ocupado ese cargo, y a todos los trabajadores del organismo.

 

En 1971 la actividad de planificación y proyección de obras hidráulicas e hidrotécnicas en Cuba: presas, acueductos, estaciones de bombeo, plantas de tratamientos, sistemas de riego y drenaje, canales, derivadoras y otras menores, era dirigida por el “Grupo Hidráulico Nacional del DAP” en la ciudad de La Habana con sucursales en las ciudades de Pinar del Río, Santa Clara, Camaguey y Holguín. Los militares del DAP, por su parte, tenían el control de todas las actividades de construcción y mantenimiento de los costosos equipos que el castrismo había adquirido en Europa, Japón y China, además de los provenientes de la URSS y los países de Europa oriental.

 

Esa organización, que había funcionado desde julio de 1969 en sustitución de la que tenía el desaparecido INRH, comenzó a preocupar a Fidel Castro a mediados de 1971. Sus militares habían sometido a los equipos a un régimen de trabajo violento, sin respetar sus normas de explotación, mientras que los obreros se veían obligados a permanecer en sus labores 12 y 16 horas seguidas, estimulados solo por el ron y las meriendas que les suministraban sus jefes.  La militarización de la construcción en Cuba, como era de esperar, había sido un fracaso mayúsculo.  Por supuesto que el Comandante en Jefe tenía que proceder con cautela para no buscarse problemas con sus “siempre fieles” comandantes, capitanes y tenientes de su ejército rebelde.  Debido a eso, la disolución del fracasado “DAP” demoró unos pocos años más. Durante todo ese tiempo, y después hasta 1988 ó 1989, es decir, por espacio de unos 17 ó 18 años, el ingeniero Pedro Luis Dorticós permaneció al frente de la actividad de planificación, investigación y proyección de obras hidráulicas e hidrotécnicas en Cuba. 

 

Las décadas del 70 y parte del 80 en Cuba “socialista” se caracterizaron  por la voluntad del castrismo de trabajar para insertar el país dentro del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME)”, que comprendía a los países socialistas de Europa Oriental y Mongolia, dominados  por la URSS. Mientras el pueblo cubano trataba de recuperarse de los derroches de todos los tipos cometidos por el castrismo a partir de 1968, el Comandante en Jefe enviaba a sus principales “cuadros” del Partido y Gobierno a las provincias y a las regiones en que se había subdividido el país, para que trataran de reactivar la construcción de obras hidráulicas, viales, portuarias y sociales. 

 

En 1974 el “DAP” fue liquidado, y un nuevo organismo, el “Instituto de Hidroeconomía”, comenzó a dirigir la actividad de planificación de obras hidráulicas  en Cuba. Una de sus tareas fue tratar de rescatar las normas y el control económico que se habían eliminado prácticamente desde la creación del DAP, paso necesario para la creación de “Empresas” en todas sus dependencias de provincias y regionales. Las “Empresas” comenzarían a pagar el “sobre-cumplimiento” de esas normas a sus trabajadores y rescatarían a los “economistas” de su forzado ostracismo de varios años.

 

Todas las otras actividades del país relacionadas con la construcción, la producción industrial y agrícola y los servicios sufrieron cambios similares. A lo largo y ancho de la Isla comenzaron a surgir “Empresas” de esto o lo otro, controladas por sus correspondientes organismos estatales.  El castrismo se vio obligado a aceptar ese nuevo sistema, copiado de la URSS y los países socialistas, so pena de perder la cuantiosa ayuda que le llegaba de esos “entrañables y eternos amigos”. Estaba obligado, además, a institucionalizar el país, adoptar una Constitución Socialista y realizar “elecciones“, es decir, poner orden en la casa, unirse al CAME, y resignarse a ser otra Republica Socialista más dentro de un futuro Nuevo Orden Económico Internacional dirigido por la URSS.

 

A finales de la década del 70 Pedro Luis Dorticós era Presidente del Instituto de Hidroeconomía, el cual supervisaba el trabajo de sus Empresas en todo el país. Después de la nueva división político-administrativa del país el Instituto había creado empresas en las nuevas 14 provincias y el Municipio Especial en la “Isla de la Juventud”. Dorticós, convertido en una especie de “Zar del Agua” en Cuba, trabajaba con su acostumbrado entusiasmo desde su despacho situado en la antigua “Sociedad de Ingenieros y Arquitectos”, en la calle Monserrate, frente al nacionalizado edificio de “Bacardí”. A cambio de ese poder que Fidel Castro le había otorgado, Pedro Luis debía someterse por entero a los caprichos del Comandante y rendirle informes risueños sobre la marcha de la actividad hidráulica en todo el país. Nuestros caminos se cruzaron  en varias ocasiones durante sus años en el poder, pero Pedro Luis no volvió a visitar asiduamente el laboratorio de modelos hidráulicos hasta muchos años después de 1971. 

 

En 1974 el laboratorio y su personal nos mudamos a las nuevas instalaciones en la CUJAE.  Comenzó la etapa de trabajo más intensa y fructífera del Laboratorio de Modelos Hidráulicos que se extendió, para mi, por espacio de los siguientes 15 años.  HYDROPROJECT de Moscú y la empresa japonesa EBARA se habían unido para suministrar los equipos de bombeos y los mandos eléctricos, además de otros medios técnicos necesarios para el trabajo de investigación.  El nuevo laboratorio tenía una capacidad de bombeo de 1.25 m3/seg y un área central que podía acomodar varios modelos hidráulicos a la vez, sin contar las áreas de su periferia, que podían utilizarse para llevar a cabo investigaciones y calibraciones de equipos hidráulicos y aforadores de varios tipos.  La carpintería y el taller contaban con todo lo necesario para trabajar la madera y el plástico y con muy buenas herramientas. 

 

Era, sin dudas, una instalación de la cual, tanto los estudiantes y profesores de la CUJAE y, sobre todo, nuestro personal, y Dorticós, podíamos sentirnos orgullosos. Habíamos trabajado durante los 8 años anteriores soñando con disponer de esa instalación. A lo largo de los 15 años mencionados arriba, el laboratorio cumplió cabalmente los objetivos para los cuales se había concebido. Año tras año los cuatro ingenieros-investigadores del laboratorio (4) multiplicamos la ayuda multifacética que le brindamos, gratuitamente y sin límites, a profesores y estudiantes del recién creado “Centro de Investigaciones Hidráulicas” (CIH) del, también recién creado, “Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría” (ISPJAE). Con el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de la Habana (ISCAH), que forma ingenieros agropecuarios y en Riego y Drenaje, y con la Escuela Tecnológica de la Construcción “José Martí”, que forma técnicos medios en hidráulica, establecimos también una estrecha  colaboración. Son incontables los estudiantes y profesores (5) del ISPJAE, el ISCAH y la José Martí que trabajaron en el laboratorio en distintas épocas y realizaron sus trabajos de diploma y sus tesis con temáticas escogidas por nosotros. Otros organismos como el MINAZ, el Ministerio de Transporte, y otros, también recibieron nuestra ayuda.

 

Toda esa labor se realizó calladamente, sin recibir reconocimientos de los jefes ni reportajes especiales en Granma o Juventud Rebelde. Sin embargo, el Laboratorio de Modelos Hidráulicos fue durante esos años el lugar favorito de los dirigentes y burócratas del ISPJAE para mostrarlo a los extranjeros visitantes desde el mezzanine que se asomaba a las áreas donde teníamos montados los modelos. Entre esos visitantes vale mencionar a los Presidentes (Rectores) de varias Universidades de EEUU que visitaron a Cuba durante el gobierno del Presidente Jimmy Carter y el del Presidente Ronald Reagan. Ningún miembro de nuestro personal fue invitado a compartir informaciones, ideas y experiencias con esos visitantes.

 

Al recordar al Ingeniero Pedro Luis Dorticós, recuerdo al mismo tiempo muchos aspectos de la actividad hidráulica en Cuba durante sus años al frente de la misma. El chorro de dinero y recursos de todo tipo que le entró al castrismo, procedente de la URSS y el CAME, durante esos años fue realmente enorme, y el Instituto de Hidroeconomía recibió una generosa cuota de recursos de esas fuentes.

 

El propio Dorticós nos informaba sobre los resultados del trabajo de un grupo numeroso de especialistas de la URSS y sus auxiliares cubanos, que habían confeccionado el “Esquema Hidráulico de Cuba”, con varios cientos de presas aún por construir y varios millones de metros cúbicos de agua aún por extraer de los mantos freáticos (reservas de agua subterráneas) cubanos.  Las cuencas de los ríos Toa y Duaba se destacaban en ese informe con un potencial hidroenergético de unos 600 Megawatts.  Otro grupo numeroso de especialistas de la URSS de alto nivel trabajaba sobre métodos para la desalinización de los suelos en el semidesértico valle de Guantánamo, mientras que las empresas del Instituto en las provincias se apoyaban en el trabajo de cientos de especialistas de la URSS y Bulgaria.  Hacia finales de la década de los años 80 la capacidad de los embalses en Cuba se acercaba a los 9,000 millones de metros cúbicos de agua utilizable (con más de 200 presas mayores construidas). 

 

El castrismo entró en una crisis irreversible a partir del inicio de la perestroika en la URSS, sorprendiendo a Fidel Castro y sus asesores de turno. Pudo amortiguar la crisis provocada por la caída del campo socialista y la URSS si hubiera iniciado su propia reforma estructural profunda, sobre todo en la agricultura, pero no lo hizo. En 1990 se vio impotente para garantizar al pueblo cubano, al menos, su alimentación. Los millones de metros cúbicos de las presas cubanas no pudieron resolver las necesidades de riego de los agricultores y campesinos ni las necesidades de agua potable para los habitantes de muchos pueblos y ciudades del país. ¿Sobre quien recayó la culpa de esa falta de visión, de esa negligencia imperdonable? Por supuesto que no se culpó al sistema socialista ni al castrismo, sino a los chivos expiatorios de turno. Entre esos últimos estuvo Pedro Luis Dorticós, quien fue sustituido por un joven ingeniero en riego y drenaje extraído de la cantera del “Grupo de Apoyo del Comandante en Jefe”. A partir de su destitución, que se produjo durante una desagradable reunión presidida por el Comandante, Pedro Luis ocupó cargos menores, asesorando por un tiempo al nuevo “Zar del Agua” y a los nuevos directores del renombrado “Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos”. 

 

Pocos años antes de su destitución, Pedro Luis comenzó a visitar de nuevo nuestro Laboratorio de Modelos Hidráulicos. Entre los  planes que tenía para el futuro del laboratorio nos dio a conocer su decisión de colocar la instalación y todo su personal bajo la administración del CIH del ISPJAE (6). No solo era una decisión lógica, sino que, además, la dirección del CIH tenía planes de crear una empresa de investigaciones hidráulicas, con su propia contabilidad, publicaciones y operaciones de mercadeo hacia el exterior, como otras muchas de esa especialidad existentes en el mundo. Por supuesto que Pedro Luis le dio calor a esos planes y él mismo comenzó a impartir clases de “Introducción a la Ingeniería Hidráulica” en un aula del CIH. 

 

El laboratorio contaba ya con cuatro ingenieros investigadores con categorías científicas, otorgadas por la entonces Academia de Ciencias de Cuba (7). Sus trabajadores manuales y técnicos estaban bien entrenados y preparados para hacer realidad, con éxito, esos planes. Pero la idea de crear empresas autofinanciadas e independientes del Partido (léase Fidel Castro), no tenía, ni tiene, la más mínima posibilidad de concretarse (8). La llamada “Rectificación de Errores y Tendencias Negativas”, anunciada por Fidel Castro en 1986 con su consigna de: “ahora si vamos a construir el socialismo“, lanzó un jarro de agua fría sobre esos planes y provocó nuevas destituciones y purgas en el aparato estatal.

 

Hacia los meses finales de 1990, Dorticós trabajaba como Director del Centro de Hidrología y Calidad del Agua (CENHICA), anexo al nuevo INRH, pero situado en Santiago de las Vegas.  Ese Centro tenía posibilidades de convertirse en una institución dedicada no solo a las investigaciones  hidrológicas  y a mejorar la calidad del agua potable, sino a otras múltiples investigaciones aplicadas y fundamentales relacionadas con la hidráulica teórica y experimental, el medio ambiente, la ingeniería de costas, el estudio integral de las cuencas fluviales y el desarrollo de la modelación física y matemática en esos campos.

 

Fue con esa idea en mente que Dorticós logró que se aceptara mi traslado desde Guantánamo al CENHICA, así como la incorporación de otros especialistas. Yo recuperaba así mi categoría científica y mis esperanzas de iniciar una fructífera labor, otra vez junto a Pedro Luis Dorticós.

 

Esas esperanzas pronto se desvanecieron: después de trabajar físicamente en la reparación de varias instalaciones del Centro que estaban paralizadas desde hacía muchos años, dirigidos por un entusiasta Pedro Luis, y cuando todo parecía indicar que nos esperaban tiempos mejores, fuimos informados que Dorticós había sido sustituido y, él había aceptado, pasar de Director del Centro a asesor de la nueva Directora. Todo mi risueño panorama cambió a partir de ese día y lo que ocurrió después emborronaría este trabajo si lo relatara.

 

A partir de 1992 no trabajé con Dorticós nunca más. Supe de él, y de algunos problemas que confrontó, a través de amigos comunes, y me encontré con él unas pocas veces. Hace algunos años alguien me informó que lo habían trasladado a los talleres del Acueducto de Albear, como simple mecánico. Eso no me sorprendió mucho, ya que su padre lo había enseñado a manejar distintas herramientas, como demostró muchas veces, y me lo imaginé trabajando más y mejor que el resto de sus compañeros en el Acueducto.

 

En 1996, no puedo recordar la fecha exacta, lo vi por última vez.  Ese día yo había abordado una guagua en el Vedado y me encontré con Pedro Luis, de pié en el pasillo, agarrado a la barra de seguridad. Lo noté delgado, envejecido y triste, y quizá él me vio igual.  Hablamos unos minutos de cosas triviales y nos despedimos como amigos. Después recordé nuestro primer encuentro, 30 años atrás, y su contagioso entusiasmo juvenil. Lamenté, más que nunca antes, que sus sueños de entonces, como los de incontables cubanos de nuestra generación, no se hubieran hecho realidad.

 

-------------------------------

 

1.- Algunos años después supe, a través de una amiga común, que Pedro Luis había sufrido algunas humillaciones en su niñez debido a su raza mestiza, en una sociedad cienfueguera donde predominaban los blancos

2.-  El ingeniero Evio Alegret, graduado en 1966 en la URSS era nuestro jefe,  Serguei Egorshin era nuestro asesor, Orlando Rivero y yo éramos aún estudiantes de ingeniería civil y Víctor Planche era nuestro carpintero y albañil.  Ese era todo nuestro personal en 1967.  En 1968 incorporamos al trabajo a otro carpintero, Oscar Pérez.

3.-  En dos o tres ocasiones, Pedro Luis me confesó que no deseaba ser miembro del Partido porque entonces perdería el derecho a criticar lo mal hecho.  Sin embargo, se sintió obligado a aceptar la militancia, como otros muchos cubanos de nuestra generación.

4.-  En 1977 se había incorporado al personal del laboratorio el Ingeniero Hidráulico y Candidato a Doctor

 en Ciencias Técnicas, graduado en la URSS, Eduardo Velasco Davis, un verdadero innovador en el campo de la hidráulica teórica y experimental.  Con él nuestro trabajo ganó en calidad y rigor.

5.-  Entre estos deseo mencionar a los profesores Federico Gil y Evelio Martinez y al estudiante Miguel Asso, con quienes me unió una sincera amistad.

6..-  Hasta 1985 el Laboratorio había sido administrado por el INRH original (De1966 a 1969), por el Grupo Hidráulico Nacional del DAP (De 1969 a 1974), por el Departamento de Hidráulica del MICONS (De 1974 a 1980?) y por el Instituto de Hidroeconomía (de 1980? A 1985). Durante esos años el personal del laboratorio había aumentado notablemente con la incorporación de las jóvenes técnicas en construcción Elba, Damarys y Deborah, el tecnico en electrónica Batista y el técnico Barrios.  Contábamos además con el carpintero-albañil Secundino. 

7.-  Evio, Rivero y yo éramos Investigadores Auxiliares mientras que Velasco era Investigador Titular.

8.- Poco después de efectuarse el traspaso del laboratorio al ISPJAE los colegas Velasco y Rivero no aceptaron trasladarse a la plantilla del ISPJAE. Yo acepté el traslado pero en 1988 renuncié definitivamente a mi trabajo en el laboratorio y en el ISPJAE para trabajar como ingeniero simple en la provincia de Guantánamo

 

                                                                                                      Ricardo Santos, República Dominicana