Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

¿Qué ha hecho el castrismo por el pueblo cubano y por la humanidad?

 

Dentro de pocos días el castrismo va a redondear la cifra de 50 años gobernando al pueblo cubano y muchas personas y personalidades de las más diversas procedencias y ropajes políticos en todo el mundo, particularmente en los EUA, América Latina y el Caribe, ya han emitido, y sin dudas continuarán brindando, sus opiniones, análisis y juicios en torno a ese inminente aniversario.

 

Ese interés está justificado. No se podrá escribir la historia de todo lo ocurrido en el mundo durante la segunda mitad del siglo XX – y no se sabe aún durante cuantos años del XXI - sin un largo capítulo dedicado a la Revolución cubana y al castrismo. Cuando los historiadores del futuro se enfrasquen en esa tarea tendrán que consultar la enorme cantidad de juicios sobre ese hecho, recogidos en los archivos públicos y privados, bibliotecas y diversos medios de información. Tendrán, sobre todo, que contestar la pregunta que se ha escogido para titular este trabajo. 

 

Hoy, los contemporáneos del castrismo solo podemos aportar a esa respuesta nuestros juicios basados en nuestras vivencias personales. Por muchas y conocidas razones, parte de las cuales se destacan abajo, tres generaciones de cubanos, en general, no podemos ser benévolos con el castrismo y su creador. Sin embargo, por otras razones que también se destacan, algunos pueblos del resto del mundo lo defienden con sus propios argumentos. Por eso, serán las generaciones futuras las encargadas de juzgar definitivamente al castrismo; de condenar o absolver a Fidel Castro.

 

Lo que el pueblo cubano y el mundo conocen es que Fidel Castro comenzó su carrera política sobre la base de un programa de gobierno democrático, proclamando la “libertad política”, la “justicia social” y la “independencia económica” como sus metas principales a lograr para su pueblo.

 

Mas tarde, concibió y logró realizar una revolución exitosa, a través de la lucha armada, para impulsar ese programa. En ese sentido y durante sus primeros años en el poder, hizo una reforma agraria y le entregó tierras a miles de campesinos, liberó a Cuba de la explotación, por parte de empresas de los EUA, de sus recursos económicos y naturales; creó sistemas universales de educación, salud y deportes; construyó muchas escuelas, hospitales, presas, obras sociales y económicas; organizó institutos y fundó instituciones para garantizarle la alimentación, la vivienda, los servicios básicos, la recreación, la cultura y la lucha contra los fenómenos naturales y contra la delincuencia a su pueblo.   

 

Pero lo que el pueblo cubano conoció en carne propia y el mundo solo de oídas es que, en la medida en que se acumulaban sus años en el poder absoluto y se desbocaban sus ambiciones personales, Fidel Castro fue a ratos injusto, cruel y caprichoso, impuso un régimen totalitario y unipersonal de gobierno, eliminó, reprimió, discriminó y expulsó de Cuba a todos sus oponentes, dividiendo a los cubanos en “buenos revolucionarios” y en “malos contrarrevolucionarios”, incumplió promesas, le impuso enormes sacrificios a su pueblo – sobre todo obligando a sus hijos a entregar sus vidas en guerras y guerrillas fuera de las fronteras de la patria - y ha terminado aferrándose a una filosofía política y a un sistema que fracasó sin remedio hace casi 20 años.

 

Las contradicciones entre su quehacer dentro y fuera de las fronteras de Cuba son las que hacen de Fidel Castro una de las personalidades más controvertidas de estos últimos 50 años en el mundo. Es bien conocido el papel que se le ha asignado como símbolo de la resistencia contra el “imperialismo yanki” y defensor incansable y generoso del derecho a la libertad, la independencia y el progreso de los pueblos, sobre todo en América Latina.

 

Fiel a esa imagen, el castrismo envía profesionales de la construcción, la salud, la educación, el deporte, y hasta de la agricultura, a varios continentes. Les otorga becas a muchos estudiantes de numerosos países del Tercer mundo, sobre todo de América Latina y el Caribe. Construye excelentes viviendas, hospitales, escuelas e instalaciones deportivas y agropecuarias en esos países. Sin olvidar la amplia asesoría militar y política que le brindó, y aun le brinda, a varios países.

 

Sin embargo, el pueblo cubano se ve hoy afectado por la falta de maestros, médicos, constructores y técnicos agropecuarios mientras sufre el deterioro de sus propias instalaciones habitacionales, hospitalarias, educacionales, agropecuarias y deportivas.

 

El pueblo cubano soporta, asimismo, la falta de libertades que muchos otros pueblos del mundo - aún aquellos a los cuales el castrismo ayuda - dan por descontadas.  Una verdad inobjetable sale a relucir de esos hechos: En la Cuba de Fidel Castro y el castrismo la política “internacionalista” se impuso, inexplicablemente para muchos cubanos, por encima de las necesidades de sus ciudadanos.   

 

Por supuesto que la política “internacionalista” no es del todo desinteresada y le rinde muchos frutos económicos y políticos al castrismo.  Similar en muchos aspectos a la ayuda que la antigua URSS le ofreció a Cuba en el pasado.  

 

¿Qué gobernante de un país pobre y subdesarrollado no estaría agradecido y en deuda con cualquiera que le brinde, casi gratuitamente y sin reservas, médicos, maestros, constructores, técnicos agrícolas, entrenadores deportivos, equipos y asesoría militar y/o política?

 

Ante esa generosidad sin límites los gobiernos receptores de esos beneficios no se preocupan mucho por conocer las necesidades del pueblo cubano y sus sufrimientos. [[1]]  Quizás nadie les informa en detalle sobre los sacrificios que el pueblo común y corriente está obligado a realizar para mantener esa política.

 

Muchos quieren creer que si el castrismo puede darse el lujo de ofrecer esa ayuda es porque el pueblo cubano tiene de sobra lo que a esos pueblos les falta. 

 

Los funcionarios encargados de implementar la política “internacionalista”, los propios “cooperantes cubanos” además de la lectura del Granma y Juventud Rebelde, las imágenes a través de Cubavisión y toda la propaganda que sustenta sus informaciones, hacia el exterior del país, los convence de que Cuba es la nación más “libre, feliz, democrática, solidaria y estable del mundo”. 

 

Es esa la razón principal por la cual Fidel Castro recibe honores y reconocimientos de todos los rincones del mundo y son realmente incontables los que ha recibido en estos 50 años.

 

Su “gloria y fama” crecieron, a pesar de su manifiesto “desprecio” por esas terrenales prendas.  El culto a su personalidad se expresa, claro y preciso; en Cuba por quienes lo rodean y se benefician de ese amor, y en el extranjero por quienes han sucumbido ante su “carisma” y personalidad. 

 

Los más recientes son los que se reproducen a continuación:

 

En la cumbre del CARICOM:

 

 “Los gobiernos de la Comunidad del Caribe confirieron al Comandante en Jefe Fidel Castro la Orden Honoraria de esa organización, en reconocimiento a su intachable conducta humana y a su incondicional apoyo a favor del progreso y bienestar de la región”. 

 

En Bolivia, otra distinction:

 

El documento destaca el ''espíritu de lucha y altruismo'' del ex presidente cubano, así como la cooperación con Bolivia en materia de salud, educación y deportes”.

 

“El vicepresidente del concejo municipal de El Alto, Roberto de la Cruz, justificó la decisión por la colaboración de Castro con Bolivia y en particular con los habitantes de esa ciudad en la construcción de hospitales, centros educativos, ayuda humanitaria y con becas.

 

La declaración también recuerda que Castro dirigió la revolución cubana de la que se cumplirán 50 años el próximo mes y que, según los alteños, ha producido cambios sustanciales en beneficio de la población caribeña''.

 

''La revolución cubana marca una excepción en toda América, por su valentía, heroísmo, su visión y profundidad para la transformación del pueblo cubano, en un sistema socialista, señala la ordenanza que aprueba el nombramiento”.

 

Y en una reunión en La Habana:

 

Amigos de Cuba en el mundo hablan de la trascendencia de su Revolución. El cantautor español Luis Eduardo Aute, la pacifista estadounidense Cindy Sheehan, el independentista boricua Rafael Cancel Miranda y el teólogo brasileño Frei Betto, opinan sobre los 50 años de la Revolución Cubana”.

 

Por otra parte, es ampliamente conocido el odio que la sola mención del castrismo suscita en la calles de Miami y las severas críticas, denuncias y condenas de ese sistema totalitario que su creador le impuso a los cubanos, provenientes de sus opositores en todo el mundo. 

 

En este 50 aniversario de aquel 1ro de enero de 1959 nuevas realidades se imponen y la contradicción entre los que condenan y los que defienden al castrismo tienen ante sí otro cúmulo de hechos sobre los cuales argumentar y emitir juicios:

 

Desde el 26 de julio del 2007, y después de la constitución oficial del nuevo gobierno presidido por Raúl Castro, el 24 de febrero del 2008, los cubanos han buscado informaciones, sobre todo en los diarios oficiales del castrismo, Granma y Juventud Rebelde, la Gaceta Oficial o en la TV nacional de que ese gobierno cumple con su promesa de cambiar todo lo que tiene que ser cambiado para bien del pueblo, sobre todo dentro del país. 

 

Solo un paquete, aún insuficiente, de esas promesas han sido cumplidas, a saber:  los cubanos pueden hospedarse en los hoteles para el turismo, pueden comprar equipos electrónicos, teléfonos celulares y computadoras, pueden importar ciertos artículos que estaban prohibidos, pueden aspirar a que se les asignen caballerías de tierra, en usufructo, para sembrarlas y criar ganado lechero, pueden aspirar a ganar un salario, o tener ingresos monetarios, de acuerdo a lo que producen o aporten a la sociedad. 

 

Además, el gobierno firmó el “Pacto de Derechos Humanos” de la ONU (con ciertas reservas) y ha declarado una moratoria de la pena de muerte que beneficia a algunos condenados.  También se han liberado algunos pocos presos políticos (siempre con licencias extrapenales por motivos de salud).

 

Cualquier observador o analista honesto preguntaría el porqué esas medidas y decisiones, encaminadas a beneficiar a los cubanos y garantizarles algunos elementales humanos derechos, brillaban por su ausencia en la Cuba del castrismo hasta hace pocos meses. 

 

El castrismo se lo explicaría declarando, por enésima vez, que un país bloqueado, hostigado y en defensa permanente contra el “imperialismo yanki” no puede darse el lujo de otorgar libertades a sus ciudadanos.

 

Quizás la justificación más clara de esa política es lo expresada por el Historiador de la Habana, Eusebio Leal, en una entrevista reciente, que termina explicando el porqué Cuba es “libre”:

 

“Tal vez algunas cosas no trascienden, pero se va estructurando la necesaria transformación de aquello que ayer fue conveniente y ahora no es prudente; de lo que hasta era útil y ya no lo es. Ya en el concepto de revolución acuñado por Fidel, en el pensamiento que nos ha legado al respecto, está resuelto y amparado lo que tengamos que hacer. Cuba es libre porque ha resistido más allá de toda expectativa”.   

 

Hace pocas semanas, la Unión Europea acordó dejar sin efecto, definitivamente, las sanciones que había acordado imponerle al castrismo en el 2003 y reanudar sus contactos políticos con sus organismos oficiales.

 

A finales de octubre 185 países se pronunciaron de nuevo, en la Asamblea General de la ONU, contra el embargo que mantienen los EUA contra el castrismo; solo el gobierno de los EUA y el de Israel se pronunciaron a favor de esa medida, que tiene más de 40 años de implementada.

 

Ahora Cuba fue proclamada definitivamente como miembro activo del “Grupo de Río”. El mundo entero le ha dado un espaldarazo al gobierno de Raúl Castro y, sin dudas, desean convencerlo de que trate de “cambiar lo que tiene que ser cambiado” para bien de su pueblo.

 

Los gobernantes de las naciones de América Latina, en particular, no le piden al gobierno de los Castro nada a cambio de su apoyo, es incondicional. Solo faltaría conocer la política del nuevo gobierno demócrata de los EUA hacia Cuba y el castrismo para cerrar ese cuadro esperanzador.

 

Pero otros hechos han conspirado contra la buena marcha de ese programa de cambios del gobierno de Raúl Castro que todos los cubanos desean que se cumpla en el más corto, o mediano, plazo posible.  En primer lugar, el enfermo Comandante en Jefe no ha cesado de publicar sus “reflexiones” donde, a todas luces, torpedea ese programa con su ya obsesiva intransigencia [[2]].  Son más frecuentes y extensos esos textos en la misma medida en que mejora, en apariencia, su salud.

 

En segundo lugar, los tres devastadores huracanes que cruzaron la Isla este año: el “Gustav”, a finales de agosto, el “Ike”, a principios de septiembre, y el “Paloma”, a principios de noviembre, han provocado pérdidas de casi 10,000 millones de dólares (según estimados del castrismo) y han dejado a cientos de miles de cubanos sin viviendas, dañando escuelas, hospitales, fábricas y cultivos. 

 

Ante esos dos obstáculos, colocados por su propio hermano y por la naturaleza, el gobierno de Raúl se ha inmovilizado y las noticias sobre la marcha de su programa de cambios han desparecido de las páginas del Granma y Juventud Rebelde y de sus otros medios de información al pueblo cubano.

 

¿Qué hará en el futuro el gobierno de Raúl Castro, enfrentado a esos dos grandes obstáculos?  ¿Los superará con la urgencia que los tiempos le demandan? Esas son las preguntas que hoy se hacen muchos cubanos y todos los que desean ver surgir una nueva era en las relaciones del gobierno cubano con su pueblo y con la humanidad.

 

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[1] Como no se preocupó Fidel Castro por conocer lo que estaba ocurriendo en la URSS y sus aliados de la Europa Socialista; razón por la cual lo sorprendió la repulsa que manifestaron sus pueblos por el marxismo-leninismo, ese “demonio ideológico” que tanto daño le hizo al pueblo cubano.

[2] No es posible cuantificar lo que ha dejado en el camino el pueblo cubano en muertos, sangre, sudor y lágrimas durante 50 años para que Fidel Castro pueda escribir esas terminantes “reflexiones” y sobre lo que él afirma que su revolución ha hecho por el pueblo cubano y por la humanidad.

 

 

                                                                                                      Ricardo Santos, República Dominicana