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ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

La destrucción del potencial agropecuario cubano por Fidel Castro

 

He leído algunas de las llamadas “Reflexiones del Comandante en Jefe”, sobre todo aquellas donde da a conocer algunos detalles íntimos, o anécdotas, ignoradas hasta hoy por el pueblo cubano.  De las cuatro últimas, dedicadas a su reciente entrevista con el presidente de Brasil Lula da Silva, se pueden sacar algunos de esos “bocadillos” que seguramente le producen placer al recordarlos porque tienden a demostrar la notoria “luz larga” que siempre ha tenido para ver con claridad los “peligros y los principios”. No es mi intención analizar aquí, o poner en tela de juicio, esa facultad que le otorgó la naturaleza. 

 

Sin embargo, me gustaría conocer a través de su computadora que peligros o principios lo impulsaron a lanzar lo que entonces se conoció como “la ofensiva revolucionaria”, poco después de la muerte de Ernesto “Ché” Guevara en Bolivia.  Sobre todo, me interesa un hecho ocurrido durante esa “ofensiva” que me tocó observar muy de cerca: la creación del organismo paramilitar bautizado como “Desarrollo Agropecuario del País”, después conocido por el pueblo cubano como “el DAP”. Me interesa porque en julio de 1969 se celebró una trascendental ceremonia de traspaso a puertas cerradas en una sala de conferencias del hotel “Habana Libre” que me afectó mucho en lo personal. En la misma Fidel Castro anunció que el “Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos” (INRH) y todos sus trabajadores tendríamos que responder al DAP a partir de esa fecha.

 

Suponiendo que Fidel Castro logre justificar el desastre económico que provocó su “ofensiva revolucionaria” con la invariable referencia a su “chivo expiatorio” favorito, no creo que pueda justificar tan fácil el hecho de haber destruido, utilizando al DAP, uno de los organismos más prometedores y más eficientes que hayan existido en Cuba después del triunfo revolucionario. 

 

Me es difícil creer que su fundador y entonces presidente del INRH, el Dr. Faustino Pérez, haya aceptado callado y sumiso semejante acción, como se quiso demostrar ese aciago día de julio cuando su organismo fue entregado al DAP.  Faustino era un hombre de probado valor, tanto moral como físico, que había acompañado a Fidel Castro a través de peligros inimaginables después del conocido desastre de “Alegría de Pío” sufrido por los expedicionarios del Granma. Después, durante toda la lucha armada contra el batistato, se había distinguido en la organización del “Movimiento 26 de julio” en la ciudad de La Habana jugándose la vida en incontables ocasiones. 

 

Fue Faustino quien hizo posible la entrevista de Fidel Castro con el veterano periodista del New York Times Herbert Mathews en la Sierra Maestra, gracias a la cual su movimiento guerrillero fue conocido y ganó prestigio, no solo en Cuba sino en los propios EUA.  No es mi intención, y además me es imposible, tratar de adivinar los sentimientos personales de Faustino Pérez cuando fue separado de su cargo de presidente al frente del INRH.  No lo conocí lo suficiente. Pero los hechos de arriba, relacionados con su trayectoria y su carácter son parte de la propia historia del Castrismo y me parece justo destacarlos antes de continuar este análisis.  Mucho más cuando el propio Fidel Castro parece haberlos olvidado.

 

Me atrevo, sin embargo, a relatar y analizar aquí otros hechos relacionados con la fundación del INRH que quizás no conozcan bien las dos generaciones de cubanos que nacieron después del 1ro de enero de 1959.  El INRH comenzó sus labores como un organismo más del estado revolucionario a raíz del desastre natural provocado por el paso de famoso ciclón “Flora” por la entonces provincia de Oriente en octubre de 1963. 

 

Se le otorgaron a Faustino amplias facultades, personal, equipos y un edificio en la esquina que forman las calles Humboldt y P en el Vedado, para organizarlo.  Yo no estuve entre los fundadores originales pero me uní al organismo en septiembre u octubre de 1966 y pude apreciar el trabajo del INRH a partir de entonces. En esa época ya se habían construido en Cuba varias presas y se trabajaba para terminar otras de gran capacidad como el “Conjunto Hidráulico El Mate” sobre el río Contramaestre.  Al mismo tiempo, en el organismo rector en La Habana y en sus dependencias que funcionaban en cuatro de las seis provincias del país y en la Isla de Pinos, se trabajaba con gran entusiasmo y dedicación en varios proyectos de presas, acueductos, alcantarillados y sistemas de riego y drenaje.

 

 Los especialistas de la URSS y algunos de Bulgaria llevaban el mayor peso de los trabajos de proyección y en la supervisión de las construcciones a pié de obra pero al mismo tiempo el Instituto se nutria de jóvenes y prometedores ingenieros, técnicos y estudiantes que simultaneaban el estudio con el trabajo.  A partir de 1966 comenzaron a regresar a Cuba ingenieros y técnicos graduados en la URSS y en la Europa Oriental socialista que comenzaron a engrosar aún más el personal del INRH en todas las provincias.  De entre todo ese contingente de jóvenes que se entrenaban en el INRH solo quiero destacar al Ing. Civil Rafael Fiterre, fallecido en un accidente automovilístico en 1971 cuando cumplía su deber. 

 

Lo hago por razones personales pero también porque fue él quien me puso al tanto de todo el intenso trabajo que realizaba en INRH, y quien más me entusiasmó con sus ideas sobre las tareas a realizar en el futuro desarrollo del organismo. Entre esas tareas destaco su labor en la formación de ingenieros cubanos capaces de proyectar, construir y explotar grandes obras hidráulicas, que irían sustituyendo con ventaja a los especialistas de la URSS y los países socialistas en un futuro que creíamos no lejano. 

 

Para concretar esa tarea, la entonces Facultad de Tecnología de la Universidad de la Habana y el INRH, al cual el Ing. Fiterre representaba, acordaron cooperar para crear la especialidad de Ingeniería Hidráulica en la Escuela de Ingeniería Civil, que a partir de 1965 comenzó a graduar sus primeros especialistas.  Ya en julio de 1969 esa cooperación había arrojado resultados notables pero esta se vio obstaculizada, en parte, cuando el DAP tomó las riendas del INRH. 

 

El DAP, por su parte, fue concebido como un súper-organismo siguiendo a la estructuración, en 1968, de la “Brigada Invasora Ché Guevara”.  Esa brigada, compuesta por militares de las FAR y reclutas del SMO, tenía la misión de limpiar gran parte del territorio nacional derribando a su paso árboles, palmas reales, marabú y malezas (utilizando incluso explosivos), que impedían la utilización extensiva de la tierra para su explotación agro-pecuaria.[1]

 

La concepción que se tenía entonces de cómo cultivar y hacer producir las tierras agrícolas y aumentar la masa pecuaria del país menospreciaba el trabajo de los pequeños agricultores, llamándolo insignificante, y favorecía el cultivo de enormes extensiones de tierra utilizando a obreros agrícolas asalariados, el riego, fertilizantes y la fumigación aérea.  Era la concepción defendida, con calor y argumentos “irrebatibles”, por el “Comandante en Jefe” y por lo tanto indiscutible.

 

Unos pocos años antes, en 1965, se había promulgado lo que se conoció como la “Segunda Ley de Reforma Agraria”, reduciendo el área que podían poseer los dueños de tierras agrícolas de 30 a solo 5 caballerías.  Por lo tanto, el área de tierras fértiles administrada por el estado creció en esa proporción hasta dejar en manos privadas solo un 15% del área agrícola total de Cuba. 

 

Poco después de la creación de la “Brigada invasora” los militares y sus reclutas pusieron también en marcha el plan “Cordón de la Habana”, siguiendo orientaciones y órdenes superiores. Ese plan no solo fue costoso sino que mantuvo ocupados a trabajadores de organismos estatales, fábricas, centros de servicios, estudiantes de universidades y escuelas, etc., de la capital, en las siembras del “Cordón”. Todos convertidos en obreros agrícolas, durante meses.

 

La extrema estatización y militarización de la actividad y economía agropecuarias de Cuba fue, por lo tanto, un componente importante de la “ofensiva revolucionaria” que culminó con el fracaso de la “Zafra de los 10 millones” en 1970.  En el año en que se creó el DAP ya habían sido purgadas de religiosos y “apáticos con la revolución” todas las universidades e Institutos Superiores de Cuba, se habían cerrado los bares y cantinas, se habían suspendido las fiestas de Navidad y los gastronómicos habían renunciado a la “propina”, entre otras medidas “revolucionarias” como: la “nacionalización” de múltiples negocios, talleres, bodegas, barberías y puestos de frita, pertenecientes a particulares. Además, muchos críticos de esas medidas estaban “fuera de juego”; algunos encarcelados, otros expulsados de sus centros de trabajo y vigilados mientras crecía el número de emigrantes.

Pero, regresando al análisis del DAP, ¿como pudo surgir ese fenómeno, por calificarlo de alguna forma, en la vida del pueblo cubano? Para contestar a esa pregunta es necesario recordar que el mejoramiento de las relaciones comerciales con Europa occidental y Japón a partir de 1965 y los precios del azúcar en el mercado internacional, le habían permitido al Castrismo adquirir equipos de buena calidad para la construcción, el transporte, las comunicaciones y el cálculo computarizado, además de abundante literatura técnico-científica occidental.

¿Es que el desmemoriado Comandante ya ha olvidado que en 1965 los países de la Europa Occidental en pleno, con la única excepción de la República Federal Alemana, estaban dispuestos a reanudar sus relaciones comerciales con Cuba, pese al embargo del gobierno de los EUA?  

Esa coyuntura favorable quizás le hizo concebir ideas de grandeza y le permitió crear el súper organismo con el cual soñaba aumentar la producción agropecuaria de Cuba hasta niveles nunca vistos en todo el mundo. Fue así como todos esos nuevos recursos del sector de la construcción, llegados de la vieja Europa capitalista, mezclados a los que ya se recibían de la URSS y de los “Países amigos”, fueron puestos bajo la administración del DAP. 

El súper organismo estableció un puesto de mando bien equipado con lo más moderno, en equipos de oficina, comunicaciones y transporte, importado a Cuba y con un suntuoso mobiliario diseñado y construido por trabajadores cubanos.  A los jefes, directores y técnicos principales de sus organismos y departamentos se les asignaron automóviles marcas “Alfa Romeo” provenientes de la industria italiana y “VW” importados de Europa.  Sus técnicos y trabajadores se vieron beneficiados por una alimentación de cierta calidad y por una cuota especial de ropas, botas de trabajo, cigarrillos y útiles para el aseo personal, siguiendo la política que se aplicaba en los mandos de las FAR. 

A cambio de todas esas ventajas materiales, que los situaba muy por encima de cualquier otro trabajador cubano, los trabajadores del DAP debían someterse a una disciplina para-militar y cumplir fielmente las órdenes de sus superiores sin chistar.   Ese gigantesco ejército había sido destinado, por obra y gracia del “Comandante en Jefe”, a transformar la geografía de Cuba a cualquier costo en función de su desarrollo agropecuario.  No lo lograron.

Después del fracaso de la “zafra de los 10 millones” tuvieron que transcurrir otros tres difíciles años, hasta mediados o finales de 1973, antes de que el DAP fuera disuelto y los militares devueltos a sus Unidades.  Pero no sin antes terminar de destruir, como ya relatamos, toda la buena organización que tenía el INRH y las de otros organismos dedicados a la proyección, ejecución y explotación de presas, obras marítimas y carreteras además de edificios de vivienda.  Los cubanos no han visto nunca en sus medios de prensa oficiales un análisis de las negativas consecuencias que tuvieron para el propio desarrollo agropecuario del país esos hechos. 

Han transcurrido 40 años después del inicio de la “ofensiva revolucionaria”, la creación del DAP y la “zafra de los 10 millones”.  Sus excesos han sido olvidados por los que hoy escriben los triunfalistas reportajes del Granma, como si nunca hubiesen ocurrido.  Pero ocurrieron y deben conocerse para que los cubanos no se vean hoy sufriendo similares despilfarros y abusos.  

A pesar de eso, le han quedado a las generaciones actuales de cubanos muchas obras que pueden recuperarse y explotarse para su futuro bienestar y el de sus hijos. Las considero como monumentos dedicados a lo mucho que trabajó el pueblo cubano durante esos años, a pesar de tener sus salarios férreamente congelados y estar sometido a una constante tensión.  Entre estas se destacan las obras hidrotécnicas (presas, acueductos, estaciones de bombeos, sistemas de riego, alcantarillados, etc.), proyectadas y algunas construidas durante los años del primer INRH [2]  y los cuatro años del mandato del DAP a través de su “Grupo Hidráulico Nacional”.

El elevado costo de las mismas tampoco ha sido informado a ese pueblo trabajador. Durante esos cuatro años del DAP una gran parte de los equipos mencionados arriba, importados, mediante la inversión de dólares fuertes, de Gran Bretaña, Francia, Italia y Japón, y también los adquiridos en la antigua URSS, China y los países socialistas de Europa oriental, funcionaron a duras penas debido a la forma indolente conque fueron explotados por los jefes militares de las obras.

Ya en 1971, las constantes roturas de los “bulldozers” Richier, los camiones Berliet, los cargadores frontales británicos, las grúas soviéticas, las moto niveladoras japonesas Komatsu, y otros equipos, les ocasionaban a los técnicos y obreros de la construcción grandes dolores de cabeza.  Por otra parte, los militares (Entonces eran Comandantes, Capitanes y Tenientes provenientes del Ejercito Rebelde, orientados a acelerar las construcciones a cualquier costo), usaban y abusaban de su autoridad, tratando a los obreros, técnicos e ingenieros de la construcción como si estos fuesen soldados rasos bajo su mando, una política totalmente en contradicción con la que habían aplicado los dirigentes y jefes del INRH y otros organismos civiles similares hasta 1969.  Desconociendo por completo aquella advertencia de nuestro Apóstol expresada en una carta al Generalísimo Máximo Gómez: “No se puede fundar un pueblo, mi General, como se manda un campamento”

Resumiendo. Todo lo que se había creado durante los años que van desde 1964 hasta 1969 en el INRH se fue a bolina. Aquellos polvos producidos por la “ofensiva revolucionaria”, el DAP, la “zafra de los 10 millones” y otros desaciertos y caprichos posteriores trajeron estos lodos donde están sumergidos hoy los agricultores cubanos y con ellos el pueblo, que depende de sus productos para alimentarse.  A las dos generaciones de cubanos que siguen a la mía les corresponde reactivar y utilizar racionalmente las obras que les dejamos sus padres y abuelos.  Creo que el INRH es una de ellas.

NOTAS: 

[1] Esto cobra hoy actualidad, 40 años después, cuando se reconoce que el 50% de las tierras agrícolas cubanas se encuentran inactivas. ¿Qué harán con ellas los futuros gobernantes de Cuba?  Nadie lo sabe hasta hoy.

[2]  Veinte (20) años después de ser absorbido por el DAP, en 1989, el INRH recuperó su nombre original y hace poco cesó de ser un organismo independiente y fue incorporado al Ministerio de la Construcción.

 

Ricardo Santos, Ingeniero cubano, trabajó por 30 años en tareas de recursos

hidráulicos en Cuba y por 7 años en Miami Dade. Reside en República Dominicana.

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