Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

FIDEL CASTRO CONTRA el desarrollo hidráulico de Cuba

 

Un reportaje publicado por el diario del Partido Comunista de Cuba, Granma, llamó mi atención. En el mismo se informaba sobre nuevos planes de efectuar trasvases de agua, controlados directamente por Raúl Castro y calurosamente impulsados y dirigidos por las FAR aunque, ahora fue que nos enteramos, inspirados por la “luz larga” del Comandante en Jefe. 

 

Según los articulistas, Fidel Castro “previendo los serios problemas ecológicos del mundo como consecuencia del galopante calentamiento global, orientó la necesidad de desarrollar un amplio plan inversionista que aprovechara el caudal de agua de la Sierra Maestra, el macizo montañoso Nipe-Sagua-Baracoa y la Sierra del Escambray, para crear un sistema nacional que trasvasara agua mediante interconexiones en, al menos, nueve provincias del oriente y centro del país”.

 

Sería admirable tal previsión si fuera cierta, pero no se puede dejar pasar esa noticia sin denunciar y analizar, con datos y observaciones personales, los “bandazos” del castrismo, y del Comandante personalmente, con relación al desarrollo del potencial hidráulico de Cuba.

 

En un trabajo anterior titulado “La destrucción del potencial agropecuario cubano por Fidel Castro”, se destacaba lo que pudiera considerarse como un primer “bandazo”,  cuando Fidel Castro militarizó, en julio de 1969, todas las actividades de los dos organismos dedicados a proyectar y construir obras de beneficio económico y social en Cuba, es decir, el Ministerio de la Construcción (MICONS) y el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH).

 

Refiriéndome a este último expresé en ese mismo trabajo mi esperanza de que las dos generaciones de cubanos que siguen a la mía fueran al rescate de ese organismo y de las obras hidráulicas que se han proyectado y construido en Cuba durante estos casi 50 años de Castrismo.

 

Sobre ese tema, quiero analizar aquí la posibilidad de que la creación de la Empresa de Servicios Ingenieros –DIP–Trasvases atenta contra esa esperanza.

 

Se puede solo suponer que el Coronel P. J. Astraín ha sido nombrado director de esa nueva empresa de las FAR por su experiencia en la construcción de túneles – hasta ahora es un secreto cuantos kilómetros de estos y otras obras subterráneas han sido construidos por las FAR en Cuba durante 50 años – y no por sus conocimientos en la planificación, diseño, proyecto, construcción y administración de obras hidráulicas e hidrotécnicas. Al menos, la abreviatura Ing. no precede a su nombre, aunque puede ser un ingeniero militar. Ya existen en Cuba antecedentes de lo que puede ocurrir cuando políticos y militares dirigen caprichosamente a ingenieros.

 

Los planes para desarrollar y administrar los recursos hídricos de Cuba y minimizar los riesgos de destrucción y muertes causados por los “palos de agua” (léase, “avenidas”) en los ríos del país recibieron un gran impulso con la creación del INRH hace casi 45 años.  

 

En aquella época esos planes no estaban aún totalmente orientados por los caprichos, urgencias políticas o grandiosas ideas de un iluminado, sino por las necesidades objetivas de los habitantes y los planes agro-económicos de una región determinada del país. 

 

Ya fuera para abastecer de agua a una ciudad o poblado, para garantizar el riego de una cantidad de hectáreas de tierra, o para proteger una zona de inundaciones, la planificación inicial de las obras se basaba siempre en confiables parámetros hidroeconómicos. Los trabajos de proyección se hacían utilizando métodos de calculo teórico experimentales desarrollados por ingenieros y científicos a lo largo de muchos años de investigaciones en varios países del mundo, y también en observaciones empíricas. 

 

Cálculos, planos, presupuestos y estimados detallados del costo de los objetos de obra engrosaban las “Memorias descriptivas” de los proyectos, y eso daba contenido y forma al trabajo de ingenieros y técnicos que se apoyaban en exhaustivos ensayos de suelos, materiales de construcción, e investigaciones aplicadas hidrológicas, hidrogeológicas, geológicas e hidráulicas. 

 

Entre 1964 a 1969 el INRH realizaba en sus laboratorios esas investigaciones y tenía además varias brigadas de construcciones bien equipadas y dirigidas para ejecutar las obras proyectadas. Ningún proyecto se entregaba a los constructores sin su correspondiente cálculo de los volúmenes de trabajo a realizar y un cronograma de ejecución de los mismos. Era, por lo tanto, un organismo integral que les permitía a sus ingenieros y técnicos confeccionar los proyectos y ejercer con autoridad los controles de autor y de calidad durante la fase de construcción de las obras.

 

Toda esa organización, que en pocos años se había extendido a varias provincias del país y a la Isla de la Juventud, tenía en su haber, en julio de 1969, varias presas, acueductos, alcantarillados, estaciones de bombeo, sistemas de riego y otras obras menores, terminadas o en la fase de construcción, en todo el territorio nacional. 

 

Tenía además una red pluviométrica de gran densidad y varias estaciones que efectuaban el aforo de los principales ríos de Cuba y medían la concentración de los sedimentos que transportaban. Toda esa actividad corría paralela a la planificación de otras obras que, a su debido tiempo, le garantizarían a las futuras generaciones del pueblo cubano toda el agua necesaria para su desarrollo económico y social.

 

Aquellos bien concebidos planes y actividades constructivas se vieron seriamente afectados cuando con la creación del sector de la construcción y del DAP (Desarrollo Agropecuario del País), sector dirigido primero por el comandante Juan Almeida y posteriormente por otro comandante, Ramiro Valdés, se colocó a sus militares en las jefaturas del organismo rector del INRH en La Habana y en sus dependencias de las provincias. 

 

Bastaron solo dos años de gestión al frente de las actividades hidráulicas del país para que el DAP solo podía mostrar un claro balance negativo. Al cabo de ese tiempo el propio Fidel Castro se vio obligado a realizar algunos cambios para tratar de detener los maltratos a los cuantiosos recursos de todo tipo que él mismo le había entregado a sus compañeros de lucha en la Sierra Maestra. 

 

Uno de esos cambios consistió en la sustitución del Jefe del “Grupo Hidráulico Nacional”[1], un capitán de las FAR, por un joven ingeniero y científico en plena formación, extraído de su puesto de profesor universitario para ocupar esa jefatura. 

 

Poco después le asignó a un contingente de cortadores de caña la tarea de construir la presa “Bueycito” en la provincia Granma y nombró al jefe del contingente, que no era un militar, como jefe de la nueva brigada de constructores, que tenían muy poca, o ninguna, experiencia en ese campo. 

 

Realizó otros cambios urgentes, apelando a sus cuadros más fieles del PCC y de la revolución para impulsarlos, pero ya era demasiado tarde. Con la creación del DAP su “luz larga” le había fallado una vez más.

 

Otro nuevo “bandazo” se produjo cuando se le dio al MICONS la tarea de dirigir la mayor parte de las actividades del DAP, a raíz de la disolución en 1974 de ese organismo para-militar, dando lugar a que los trabajadores del Ministerio comenzaran a llamarlo el “MICONSON”. Ese período, que puede considerarse de transición, se mantuvo por unos pocos años hasta que la actividad hidráulica se desprendió del “MICONSON” al crearse el “Instituto de Hidroeconomía”. 

 

Alrededor de 1976 se puso en marcha el sistema de “empresas”, un “bandazo” que comenzó a sufrir importantes afectaciones entre 1986 y 1989 con el llamado “proceso de rectificación”, y fue mucho peor cuando Cuba “socialista” comenzó a perder la cuantiosa ayuda multifacética de la URSS y sus aliados forzados de la Europa del Este. 

 

Casi al inicio del “Período Especial en Tiempos de Paz” en 1990 el “Instituto de Hidroeconomía” fue re-nombrado “Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos” y sus empresas en las provincias pasaron a ser dirigidas por este.

 

Después de 22 años de “bandazos”, podría parecer que se habría producido una rectificación del craso error de haber destruido el INRH original. Sin embargo, el recreado INRH nunca recuperó sus características de organismo integral y sufrió, como todos los otros organismos creados por el castrismo con la ayuda de la antigua URSS, el largo período de depauperación que abarcó toda la década de finales del siglo XX y los años iniciales del XXI. 

 

Hace varios meses se pudo conocer que el INRH había sido puesto de nuevo bajo la administración del MICONS, como el “bandazo” más reciente sufrido por la actividad hidráulica en Cuba. 

 

Regresando a los “trasvases”, hay que recordar que la construcción de túneles para conducir agua tiene algunos antecedentes en la Cuba pre-revolucionaria. 

 

Los dos más notables son, quizás, el sifón que pasa por debajo de la bahía de La Habana, que trasvasa aguas albañales y algunos sólidos en suspensión, del sistema de alcantarillado de la ciudad de La Habana hasta la playa de “El Chivo” al este de las fortalezas del Morro y la Cabaña. 

 

El otro es el túnel “Sierra Maestra”, de unos 5 Km. de longitud. que conduce las aguas de las presas “Charco Mono” y “Gilbert” hasta la ciudad de Santiago de Cuba, como parte de su sistema de abasto de agua potable a la población. 

 

La primera obra fue construida a principios del siglo XX como parte de los proyectos sanitarios del gobierno de ocupación de los EUA. La segunda fue concluida en la década de los años 30 del mismo siglo. Ambas obras fueron construidas fundamentalmente a mano, por obreros cubanos y extranjeros contratados y con los medios técnicos de que se disponía en aquellos primeros años de la republica.  Hay que destacar la calidad de ejecución de esas obras que han resistido el paso del tiempo sin grandes deterioros.

 

Hoy, con el “toro” y otros equipos modernos se pretende construir nada menos que 80 Km. de túneles de trasvase para comunicar entre si a varias presas del país en tres sistemas independientes: algo difícil de concebir y proyectar, ya que requiere de estudios e investigaciones hidrológicas, geológicas e hidrogeológicas muy confiables,  y de complicados cálculos de caudales a trasvasar, diferencias de niveles, puntos de entrega de los caudales en cada objetivo, dimensiones de los túneles y regímenes hidráulicos en los mismos, entre otros parámetros a considerar. 

 

Además, cuando se proyectan obras hidráulicas, costeras y otras que están a merced de los caprichos de la naturaleza hay que hacerlo con cuidadosos estimados probabilísticos. Estos se apoyan en mediciones de lluvias y caudales de los ríos,  realizados durante la mayor cantidad de años posibles anteriores a la proyección y construcción de las obras, de cuyas mediciones se obtienen probabilidades estadísticas de diseño. 

 

Por supuesto que esas probabilidades son solo factores de seguridad y las avenidas de diseño pueden ocurrir en cualquiera de esas presas durante las temporadas de lluvias y ciclones en Cuba. 

 

La presa “Melones”, que se menciona en la información de los “trasvases” que despertaron mi interés, se proyectó para una probabilidad de retorno de 10,000 años debido a su localización aguas arriba y a pocos Km. del pueblo de Mayari en la provincia de Holguín.   

 

Un ingeniero sabe que cuando se encauzan bien esos caudales y se construyen apropiadas obras de protección es posible minimizar los estragos causados por inundaciones en pueblos y ciudades. 

 

Lo que es imposible de evitar es que volúmenes considerables de agua vayan hacia el mar. Párrafos irresponsables generados por periodistas muy poco informados, como el del “palo de agua” que publica Granma, solo sirven para desinformar al pueblo cubano.

 

Las presas se proyectan con el fin de embalsar suficiente agua durante los períodos lluviosos para utilizarla durante los períodos secos. Sería muy saludable que en lugar de concebir fantásticos planes de “trasvases” masivos de agua los ingenieros cubanos se dieran a la tarea de revisar los proyectos y memorias descriptivas de las presas más importantes construidas en Cuba durante las décadas 60 y 70 del siglo XX.

 

Comprobarán que muchas de estas han gastado más del 2/3 de sus años de vida útil[2], que se calculó en 50 años para la mayoría de esas obras. Comprobarán también que muchas de ellas han estado sub-utilizadas durante gran parte de esos años.

La lucha contra fenómenos aleatorios e impredecibles como las sequías, la erosión y salinizacion de los suelos y cuencas subterráneas, las avenidas en los ríos que provocan inundaciones, etc., tanto en Cuba como en el resto del mundo, se debe llevar a cabo con el aforo sistemático (medir la cantidad de agua que lleva una corriente en una unidad de tiempo) y una racional utilización y control de las reservas de AGUA, tanto superficiales como subterráneas. 

Particularmente en Cuba, eso implica el mantenimiento y explotación integral de los muchos Conjuntos Hidráulicos que existen hoy en el país, y la conservación de los suelos y la vegetación de las cuencas tributarias a sus embalses.

Algo que debe preocupar al pueblo cubano cuando se lee en el diario Granma la información sobre una reunión sostenida por el vicepresidente Carlos Lage con los presidentes municipales del Poder Popular, donde se pretender ignorar realidades y enmascarar situaciones con lenguaje eufemístico, para dar a conocer, entre otras cosas, lo siguiente:

“La situación del abasto de agua y los servicios de saneamiento, uno de los problemas más graves que se enfrentan y que más impacto negativo tiene en la población, fue otro tema examinado a fondo, a partir del informe de René Mesa, presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos.

 

En tal sentido, llamando a las cosas por su nombre, Mesa detalló las principales deficiencias presentes en estas actividades de carácter subjetivo y objetivo, producto de la acumulación de necesidades a lo largo de casi dos décadas y la falta de recursos para estos fines, y los programas emprendidos para irles dando solución, necesariamente de forma gradual.”

 

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[1] Organismo desprendido del INRH que solo se dedicaba a la proyección, a ritmo acelerado, de las obras.  El resto de las actividades del INRH pasaron a ser realizadas y controladas a través del DAP Nacional.

[2] La “vida util de esas obras se calcula definiendo un “volumen muerto” en el embalse y calculando el numero de años en que ese volumen se llena con los sedimentos que transportan los ríos desde las montañas, a lo largo y ancho de sus cauces.

                                                                                                      Ricardo Santos, República Dominicana