Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

EL “DEPORTE REVOLUCIONARIO” COMO ARMA POLÍTICA
Y LOS ÍNTIMOS DESEOS DE FIDEL CASTRO

Cuando las imágenes de la fastuosa ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 ya han desaparecido de los medios masivos de información, caben los intentos de hacer un recuento de la actuación de los atletas cubanos en los mismos. Ya el enfermo Fidel Castro lo hizo, quizás un poco prematuramente y para consumo de sus admiradores. Pero, además, para que el pueblo cubano conozca cuales son sus puntos de vista en torno a la organización y el enorme costo de ese evento, también sobre el papel que Cuba debe continuar representando en el deporte mundial, y, por último, ofrecer su visión del futuro del ideal Olímpico – según él amenazado por vicios de todos los tipos.

Todos los cubanos conocemos que el castrismo ha destinado cantidades millonarias en pesos y divisas para desarrollar el llamado “deporte revolucionario” , comparables solo con las que ha gastado para la defensa de su sistema “socialista” (en las FAR y el MININT principalmente), en la ayuda internacionalista, en el mantenimiento de los sistemas de salud y educación y en la propaganda de toda esa creación.

Durante gran parte de estos últimos 50 años los recursos para el desarrollo económico, político y social de la nación cubana se han visto afectados por esas inversiones prioritarias impuestas por el castrismo, que se consideran hoy como los principales “logros de la revolución”, junto con el culto a Fidel Castro.

Basta solo con leer las pocas páginas de los diarios “Granma” y “Juventud Rebelde”, de cualquier época, para comprobar el aserto anterior. El castrismo, sencilla y llanamente, pospuso la satisfacción del grueso de las necesidades del pueblo cubano para construir esos pilares sobre los cuales se ha erigido todo el edificio de su sistema “socialista”.

Debido a esa “negligencia imperdonable” del castrismo, el pueblo cubano se enfrenta hoy a una disyuntiva parecida a la que se enfrentaron los pueblos de la URSS y los países socialistas de la Europa Oriental hace casi 20 años: cambiar el sistema o perecer.

El “deporte revolucionario”, en particular, se encuentra hoy ante una encrucijada importante del camino que comenzó a transitar a partir de la abolición del deporte profesional en Cuba. En el futuro habrá que hablar de los resultados de ese movimiento “antes” y “después de Beijing 2008”. A nadie le pueden caber dudas de que es urgente la revisión de la política deportiva del castrismo .

Dicho lo anterior, y ya que soñar no cuesta nada, aquí van algunas ideas que pudieran considerarse para llevar a cabo esa revisión:

En primer lugar, hay que eliminar las absurdas gratuidades que le impiden obtener importantes beneficios económicos al pueblo cubano. Hay que dejar en la historia del pasado el calificativo de “traidores” a los atletas cubanos que quieran y puedan saltar al profesionalismo honrada y abiertamente. Los profesionales cubanos no olvidarían ese gesto, ni la tierra que los vio nacer.

Por otra parte, el INDER debe eliminar el “elitismo” político, permitiendo a todo cubano, o cubana, que se gane su participación en las competencias nacionales y las internacionales, por sus rendimientos deportivos, no por meritos “revolucionarios”.

Considerando que Cuba es aún un país en desarrollo que necesita recursos e inversiones para satisfacer las necesidades de su pueblo, se deben enviar delegaciones cubanas mucho más modestas y productivas a las competencias internacionales.

Esas ideas no dejan de reconocer lo que se ha hecho en Cuba por el deporte durante estos 50 años. No podemos olvidar que el “movimiento deportivo revolucionario” fue iniciado en 1959 por antiguos ex-atletas cubanos que amaban el deporte por el deporte mismo y no para ser utilizado como arma política.

Es cierto que se construyeron muchas instalaciones deportivas a lo largo y ancho de la isla de Cuba que, como ocurre con muchas otras obras sociales y económicas construidas con el esfuerzo de los cubanos, hoy se deterioran y se pierden, inundadas, por falta de mantenimientos y drenaje.

Un ejemplo elocuente de lo anterior son las construidas para la celebración de los Juegos Deportivos Panamericanos en 1991: la mayoría se derrumba y se llena de malas hierbas. Lo que no ocurre con las instalaciones para los deportistas de “alto rendimiento”, que reciben toda la atención y consumen gran parte del presupuesto del INDER. Ese es un derroche imperdonable harto conocido por todo el pueblo cubano y también por sus gobernantes.

Se sabe muy bien que ninguna de las ideas de arriba contará con la aprobación de quien escribe sus “reflexiones” como si fueran órdenes militares inapelables y “máximas” filosóficas inobjetables. Ni admitirá tampoco sus derroches de dineros, materiales, maquinarias, equipos y hombres en su arma política favorita. ¿Que otro juicio merece este párrafo extraído de una de sus últimas “reflexiones”?:

“Preparémonos para importantes batallas futuras. No nos dejemos engatusar por las sonrisas de Londres. Allí habrá chovinismo europeo, corrupción arbitral, compra de músculos y cerebros, costo impagable y una fuerte dosis de racismo”, amen.

No es posible cuantificar lo que ha dejado en el camino el pueblo cubano en muertos, sangre, sudor y lágrimas durante 50 años para que Fidel Castro pueda escribir esas terminantes “reflexiones” y sobre lo que él cree que su revolución ha hecho por el deporte, por el pueblo cubano y por la humanidad. Sin embargo, admitamos que tiene algo de razón cuando afirma:

“Nuestro país no practica el chovinismo ni comercia con el deporte, que es tan sagrado como la educación y la salud del pueblo; practica, en cambio, la solidaridad.”

Pero admitamos igualmente que su deuda con el pueblo cubano, por no haber cumplido gran parte de lo mucho que prometió durante todos sus 48 años en el poder absoluto - más lo que han prometido sus sucesores durante estos dos últimos inciertos años de su presencia fantasmal - aún permanece impagada. La lectura de las páginas del Granma y Juventud Rebelde, donde siempre se buscan pruebas de que esas promesas van a comenzar a cumplirse en el corto o mediano plazo, nada arroja en ese sentido, solo los indicios de un inmovilismo cada día más evidente.

Por ello, con lógico pesimismo se analiza la actuación de los ancianos que hoy gobiernan a Cuba y “consultan con el Comandante en Jefe todas las decisiones importantes”. Con esos “consejos magistrales” los sucesores del castrismo se acercan a los 50 años de dominio total sobre la vida y obra del pueblo cubano con la empecinada voluntad de mantenerse en el poder hasta las últimas consecuencias. Cabe preguntarles entonces lo siguiente:

¿Desean ustedes sinceramente cambiar todo lo que necesita cambiarse para el bien y la felicidad del pueblo cubano? ó, por el contrario ¿desean seguir complaciendo a su enfermo jefe para que se cumpla su íntimo deseo de que nada cambie?

No hay nada oculto hoy en la prédica castrista, dosificada incansablemente al pueblo cubano durante 50 años. El siguiente escenario es el único que cabe en la mente de Fidel Castro, a juzgar por los miles de discursos que ha pronunciado a lo largo de su mandato y las decenas de “reflexiones” que ha escrito en este último año y medio :

- El pueblo cubano no necesita de ningún proceso de democratización de su sociedad ya que los cambios fundamentales tuvieron lugar hace ya más de cuatro décadas con el establecimiento de la sociedad “socialista” y sus instituciones políticas, económicas y sociales en Cuba.

- El pueblo cubano tiene que estar forzosamente contento y agradecido con la posibilidad de que sus hijos reciban educación gratuita desde los grados pre-escolares hasta la universidad, que el estado se encargue de cuidar de su salud y de garantizarles trabajo, la práctica del deporte, una “canasta” básica de alimentos y viviendas baratas; por tanto, nadie puede esperar que ese pueblo se rebele contra sus gobernantes y demande de ellos mayores libertades políticas.

- El pueblo cubano tiene que “comprender” que los nuevos tiempos demandan sacrificios con el fin de salvaguardar esas “conquistas”, y que debe someterse disciplinadamente y confiar ciegamente en su Partido, su Gobierno y su Comandante en Jefe, los cuales trabajan celosamente para garantizarle su bienestar y para mantener la “soberanía y la independencia” de la Patria contra aquellos que desean arrebatársela.

- El pueblo cubano tiene que “confiar” en que las medidas económicas que el Gobierno se vio obligado a tomar para salir de la crisis de los años 90 eran coyunturales y que todo regresará a la normalidad en un futuro donde el “socialismo marxista-leninista” volverá a informar la vida de la sociedad cubana, la “más democrática del mundo”.

- Todo lo que estaba ocurriendo en la Cuba del “Período Especial” desaparecerá. El pueblo cubano recuperará todos los productos alimenticios e industriales que recibían por igual todas las familias, a través de la “libreta de abastecimientos”, antes de la crisis. Los “jineteros” no continuaran plagando los centros turísticos. El pueblo recuperará sus playas, sus hoteles y sus centros de recreación. El estado volverá a encargarse de administrarlo todo, y desaparecerán los negocios individuales y el egoísmo que los hace prosperar.

Ya no se tendrán que lamentar éxodos masivos hacia los EUA y no se construirán más balsas para escapar ni habrá que soportar deserciones de profesionales, deportistas, artistas y obreros calificados enviados a trabajar al exterior. No existirán disidentes ni periodistas independientes. El pueblo cubano practicará de nuevo el ateismo y se olvidará de las religiones. Desaparecerán igualmente el “oportunismo” y la “doble moral”. Los niños continuaran “siendo como el Ché”.

En fin, es el mundo el que debe cambiar y no Cuba “socialista”. Mientras llega ese momento, nada de permitir el desarrollo de la sociedad civil en Cuba, nada de permitir que sus ciudadanos tengan derecho a acceder libremente a los medios de comunicación; nada de permitir un parlamento donde se discutan libremente las ideas; nada de permitir el libre intercambio comercial entre particulares cubanos y negociantes extranjeros; nada de permitir que inversionistas cubanos se radiquen en Cuba con capitales propios; a la cárcel o al exilio con todos los que se atrevan a desafiar la estrategia castrista que se había implantado firmemente en la Cuba del “Período Especial”; nada de concesiones que liquiden el “bloqueo” del gobierno de los EUA contra Cuba.

Todo debe permanecer “inmóvil” hasta que desaparezca el “máximo líder” y, con él, todo el pueblo cubano. El “Imperialismo y sus lacayos” solo recogerán el polvo de los suelos de Cuba, y los restos de sus habitantes que resistan hasta la muerte, anegados en sangre. En resumen, “socialismo o muerte”, según la repetida consigna del castrismo y sus defensores, son las únicas dos alternativas que el pueblo cubano tiene ante sí para escoger.

La cruda realidad de hoy es que los restos del socialismo marxista-leninista son los que se convierten en polvo y al pueblo cubano solo le va quedando la muerte como la única alternativa que el castrismo le ofrece. ¿Es eso lo que desea el pueblo cubano?

En los pocos días que han transcurrido desde que se iniciaron estas reflexiones, motivadas por los resultados de los atletas cubanos en Beijing 2008, han ocurrido otros hechos trascendentales que aumentan considerablemente la presión sobre el actual gobierno de los ancianos sucesores de Fidel Castro para que comiencen a cumplir sus promesas.

Tanto la encarnizada lucha política que llevan a cabo Demócratas y Republicanos para apoderarse de la Casa Blanca en los EUA, en su recta final después de celebrar sus correspondientes Convenciones, como el paso del terrible huracán “Gustav” por el occidente de Cuba, colocan más que nunca antes sobre el tapete esas promesas incumplidas. ¿Quién lo duda después que el propio Fidel Castro admite lo siguiente en su última “reflexión”, refiriéndose al desastre del “Gustav”?

“El hecho adverso debe servir para trabajar con más eficiencia cada día y el empleo justo y racional de cada gramo de material. Tenemos que luchar contra nuestras superficialidades y egoísmos. Cien millones de dólares significan sólo nueve dólares por habitante, y necesitamos mucho más. Necesitamos 30 veces, 40 veces esa cifra sólo para paliar nuestras necesidades más elementales. Tal esfuerzo debe salir del trabajo del pueblo. Nadie lo puede hacer por nosotros.”

Es la eterna exhortación, que cumplirá 50 años, al pueblo cubano. Ya no solo se trata de modificar sustancialmente la política deportiva del castrismo. Seguiremos pendientes de las noticias y de lo que los analistas escriban sobre lo que pudiera ocurrir en Cuba a partir de hoy. ¿Qué otra cosa podemos hacer?

NOTAS:

[1] Ya en un trabajo anterior advertía que la guerra Ruso-Georgiana podía “interrumpir” los Juegos de Beijing, expresando su temor (y quizás su íntimo deseo) de que se desatara una “gravísima crisis”,  SIEMPRE fiel a sus ideas apocalípticas sobre el Mundo en que nos ha tocado vivir. 

[2] Según una reciente orgullosa “reflexión del propio Fidel Castro, Cuba: “1. Es el único país donde no existe el deporte profesional. 2. Es el único país que hace años creó una gran Escuela Internacional de Educación Física y Deporte de nivel superior, donde se han graduado muchos jóvenes del Tercer Mundo y donde estudian en la actualidad alrededor de 1 500 alumnos sin pagar un solo centavo. 3. Es el único país en el que sus atletas de alto rendimiento estudian gratuitamente como profesores de Educación Física y Deporte y ha graduado en centros superiores de enseñanza a decenas de miles de ciudadanos en esa especialidad, quienes prestan sus servicios a niños, adolescentes, jóvenes y personas de todas las edades. Trabajan además muchos de ellos como cooperantes en el Tercer Mundo, con un costo mínimo, o gratuitamente en determinados casos. Así han contribuido al desarrollo internacional del deporte. 4. Es el único país, entre los que participaron en las Olimpiadas de Beijing, económicamente bloqueado por el imperio más poderoso y rico que existió jamás. 5. Es el único país, entre esos mismos participantes, al que se aplica una Ley de Ajuste, que además de los frutos sangrientos, viabiliza y estimula el robo de atletas cubanos. 6. Nuestro país ha destinado un hospital especializado para atender la salud de los atletas de alto rendimiento.” ¿Tiene él un estimado de lo que costó todo eso?

[3] Realidad que pudiera extrapolarse a todas las otras áreas del quehacer del pueblo cubano.

[4] Recordemos que en 1961 afirmó rotundamente: “Seré marxista-leninista hasta el fin de mis días”

       

                                                        Ricardo Santos, República Dominicana