Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS  

El castrismo a través de tres generaciones de cubanos

 

Los observadores y analistas del drama cubano quizás no han insistido lo suficiente sobre el hecho de que ya se han creado profundas grietas, y no solo ideológicas, que tratan de separar entre si a las tres generaciones de cubanos que han recibido y sufrido la influencia directa del castrismo.  

 

Desde que se pusieron de manifiesto los inconfundibles rasgos étnicos, psicológicos, sociológicos, y de otra índole, que caracterizan a los nacionales cubanos, no habían surgido esas profundas diferencias entre generaciones.

 

Mucho antes de que comenzara la era del castrismo las generaciones sucesivas de cubanos fueron creando lo que se conoce como la “cubanidad” (el presidente constitucional Ramón Grau San Martín la definió durante su campaña política en 1944:  “la cubanidad es amor”) junto con sus tradiciones musicales, deportivas, culturales, económicas, políticas y patrióticas.

 

Muy poco de esa “cubanidad” ha logrado salvarse de los “experimentos” llevados a cabo por el castrismo durante 50 años. Esos “experimentos” (conocidos también como “bandazos”) son los que han creado esas grietas entre las propias generaciones del castrismo.

 

Algunos juicios críticos del castrismo, provenientes de la oposición, la disidencia, el exilio e incluso, de una llamada “izquierda marxista”, omiten reconocer la existencia de esas grietas, que crecen entre las generaciones de cubanos. Esos juicios incompletos son los que han motivado las líneas que siguen, dirigidas hacia los que de verdad desean promover un debate de ideas entre cubanos y con vistas a contribuir al rescate de nuestra legítima nacionalidad.

 

Un gran abismo entre cubanos ya se había abierto entre las generaciones pre-revolucionarias y la primera generación del castrismo, cuando esta última interrumpió la continuidad histórica de la nación cubana, tratando de crear tradiciones, costumbres, ideas políticas y antirreligiosas, sistemas económicos, y modos de pensar y hablar totalmente diferentes a los que conocieron sus padres. Ese abismo es hoy muy difícil de cerrar por razones bien conocidas.

 

Por otra parte, las diferencias que separan a la primera generación de la segunda, y a estas dos de la tercera, salieron a relucir dramáticamente en las “elecciones” de febrero del 2008 y en los recientes cambios llevados a cabo por el gobierno de Raúl Castro. Lo que debió ser un relevo generacional se ha convertido en una lucha del castrismo, sin Fidel Castro, por mantenerse en el poder.

 

Sin embargo, aún parece posible que un profundo debate de ideas entre cubanos de esas tres generaciones ([1]) sea capaz de cerrar el abismo que hoy amenaza con separarlas, pero sólo si se conocen y se admiten los fatales errores cometidos durante los últimos 50 años y se proponen soluciones inteligentes y viables para enmendarlos y continuar juntas hacia el futuro. En ese sentido, vale la pena recordar algunos hechos que no se mencionan en el Granma o en Juventud Rebelde; mucho menos en las “Reflexiones del Compañero Fidel“.

 

Todos los cubanos debemos saber que al triunfo de la revolución, el primero de enero de 1959, la inmensa mayoría del pueblo consciente de aquel año histórico desconocía por completo la filosofía del marxismo-leninismo. Solamente un grupo de cubanos, relativamente pequeño, conocía en teoría, aunque demostraron no conocer en lo absoluto al stalinismo y sus horribles represiones y crímenes contra el pueblo ruso y los de las repúblicas engullidas por la URSS. Millones de jóvenes que contaban, en 1959, entre 15 y 35 años de edad, es decir, el mismo rango donde estaban comprendidas las edades de Fidel Castro y casi todos los combatientes de su Ejercito Rebelde, no habían leído ni siquiera una palabra del "Manifiesto Comunista" de Carlos Marx y de las obras de Vladimir Ilich Lenin. Entre esos estaban muchos barbudos, y no solo los que eran analfabetos o semi-analfabetos: esos jóvenes fueron los miembros de la primera generación del castrismo que cerraron filas y creyeron, honradamente, en la prédica conmovedora y repleta de promesas de aquel Fidel Castro, quien no guarda  semejanza  con el otro de pocos años después y, sobre todo, con el actual.

 

Para nadie es un secreto que los barbudos y los revolucionarios cubanos NO lucharon en las sierras y llanos contra la dictadura de Fulgencio Batista  para implantar la filosofía del marxismo-leninismo en Cuba, mucho menos el stalinismo o un estado totalitario. 

 

Los que se unieron a ellos, después del triunfo del primero de enero de 1959, apoyaron, con esos barbudos, la primera Reforma Agraria,  aplaudieron la Primerara Declaración de la Habana, fueron “maestros voluntarios” e iniciaron los alabados sistemas de educación, salud  y deportes del castrismo, condenaron la política errónea del Presidente de los EEUU Dwight D. Eisenhower hacia Cuba,  reclamaron el derecho a nacionalizar la tierra y las industrias pertenecientes a dueños extranjeros, lucharon y vencieron contra  compatriotas entrenados y armados por una potencia extranjera y defendieron, en fin, la independencia y la soberanía de la Patria.  

 

Sin embargo, NO lo hicieron para implantar en Cuba la filosofía del marxismo-leninismo-stalinismo. Por eso, muchos cubanos podemos dudar de la sinceridad de algunos miembros de la primera generación, cuando aceptaron el carnet rojo de “militantes” del Partido Comunista de Cuba, y con esa decisión, la filosofía del marxismo-leninismo.  Entre esos los hay que fueron barbudos y que muchos cubanos conocen por sus nombres y apellidos: con esa decisión comenzó a abrirse la grieta entre esa primera generación del castrismo y el pueblo cubano en general.

  

La ideología marxista-leninista que el antiguo miembro destacado del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y ex-presidente de la Federación Rusa, Boris Yeltsin, calificara acertadamente como “demonio ideológico”, sin dudas se apoderó de la mente de muchos cubanos de la segunda generación del castrismo, o  sea, aquellos que crecieron y/o nacieron durante la revolución de Fidel Castro, iniciada con el ataque al Cuartel Moncada en 1953. ¿Cómo pudo ese “demonio” penetrar tan hondo para ampliar aún más la grieta entre generaciones?

 

Se sabe que los miembros de esa segunda generación, sean o no militantes del PCC, fueron receptores de una propaganda implacable, destinada a no dejarlos pensar por sus propias cabezas. Esa afirmación puede justificarse con algunos otros hechos conocidos:  desde que tenían pocos años de edad esos niños - los “pioneritos”- oyeron decir, demasiado alto y a menudo, que existían varios tipos de cubanos: "revolucionarios",  "contrarrevolucionarios", “ mercenarios al servicio del imperialismo yanki“, “burgueses“, “pequeño-burgueses“ y “proletarios“. 

 

Más adelante conocieron otra subdivisión entre "ciudadanos comunes" y "militantes de la Juventud y el Partido Comunista". Después, en las escuelas, institutos y universidades, los obligaron a estudiar “materialismo dialéctico e histórico”, “economía socialista” y las versiones de obras de Carlos Marx, Federico Engels y Vladimir Ilich Lenin (y, quizás, las de Josif Stalin), recordaron los aniversarios de la “Gran Revolución de Octubre” durante los “domingos rojos” y los del “cumpleaños de Lenin”, cantaron La Internacional, aprendieron a echarle pestes al “capitalismo”, a la “socialdemocracia” y, sobre todo, al “imperialismo yanki”, le rindieron homenaje al “guerrillero heroico” Ernesto “Ché” Guevara (¡pioneros por el comunismo, seremos como el ché!) y a los precursores del socialismo marxista leninista en Cuba, los dirigentes del Partido Socialista Popular y, por último, muchos fueron prácticamente empujados a participar en guerras, guerrillas y aventuras subversivas fuera de las fronteras de la Patria.  

 

Todo eso aprendido a través de los frecuentes discursos y la palabra omnipresente y omnipotente del  Comandante en Jefe con sus “geniales aportes” a esa ideología. No se les dio, por otra parte, la oportunidad de abrirse masivamente al mundo y conocer otras filosofías, sistemas sociales, económicos y políticos. 

 

Por eso, no puede ser muy criticable que algunos escritores, periodistas, ensayistas, músicos y poetas de esa generación que viven en Cuba y son, o no, “militantes” - y quienes SI conocen parte de lo anterior por haber viajado fuera del país  - disfracen con cuidado sus juicios y críticas al castrismo y sus propuestas para mejorar el “socialismo” en Cuba: es decir, se han colocado en el centro sin renegar, en apariencia, del marxismo-leninismo que les inculcaron y, sobre todo, sin cuestionar a su profesor favorito.

 

Vemos como ejemplos de una postura “centrista” algunos trabajos publicados en el sitio web de kaosenlared a principios de junio del 2009. Por supuesto que son muy respetables los criterios y los esfuerzos de los autores de esos trabajos por crear un espacio de opinión en Cuba, enfrentado al oficial, que desate de una vez por todas un debate fructífero y pacífico de ideas entre cubanos. 

 

Eso mismo trataron de hacer muchos cubanos de la generación de Fidel y Raúl Castro y los más afortunados, por llamarlos de alguna forma, están en el exilio. Muchos otros miembros de esa generación fueron a parar a los “combinados” o fallecieron en el extranjero, o en Cuba, por diversas causas, entre otras por las balas de un pelotón de fusilamiento.  

 

Claro que sería infantil e inútil pedirle a autores cubanos de la segunda generación que reconozcan esos hechos, esfuerzos, sacrificios y heroísmos, de sus antecesores: no pueden hacerlo si no exorcizan, de una vez por todas, al demonio marxista-leninista de sus mentes.  Búsquense las palabras y frases "DICTADURA", "CASTRISMO" y "CULTO A LA PERSONALIDAD" en los trabajos mencionados  y no se encontrarán, con escasas excepciones.

 

Son malas palabras y frases ofensivas, como también lo son “DERECHOS HUMANOS”, “LIBERTAD DE PRENSA”, “PRESOS POLITICOS”, “ECONOMIA DE MERCADO” Y “PLURIPARTIDISMO”: si lo son para Fidel Castro lo son para ellos también.  Además, se sabe que para publicar algo en los espacios de la “izquierda marxista” no se puede criticar directamente, aún sin ofenderlo, a su amado Fidel Castro, el heredero político e ideológico del marxismo-leninismo, “hasta el fin de mis días“, como él mismo proclamara en 1961.

 

Y lo más reciente: a pesar de que el actual Presidente de los EEUU, Barack H. Obama, ha expresado sus deseos de promover  “un nuevo comienzo” en las relaciones con Cuba, los mencionados autores evitan citar sus palabras con toda claridad y es evidente que siguen con su idea fija de que reconocer esa noble aspiración del pueblo cubano y apoyarla es “darle armas” a sus enemigos. Por eso, para ellos, el estado de “guerra” entre Cuba y los EEUU continuará existiendo por tiempo indefinido ([2]).

 

Sobre ese tema, un ensayista afirma, con sumo cuidado y con ambigüedad, en su trabajo:

 

“Otro ejemplo es lo de Obama. Por ahí hay alguna que otra cosa que ha dicho sobre Cuba y que no se ha informado en los medios cubanos. Supongo que sea por el temor de que si el pueblo se entera, se confunda con los famosos cantos de sirena”.

 

Por otra parte, debe reconocerse que los mencionados reformistas cubanos “de izquierda” y muchos otros que no lo son, viven y sufren en Cuba con el resto de los once millones de habitantes de la Isla: eso los coloca en una posición difícil y arriesgada cuando emiten juicios y críticas que siempre estarán bajo los lentes de aumento y las decisiones de los ancianos que hoy mantienen el poder absoluto en Cuba. De ahí que otro ensayista afirme, con evidente ambigüedad, lo siguiente: 

 

"Al mantener a los trabajadores atados al salario y al obstinarse en alejarlos de la idea de que puedan convertirse en la nueva clase de los trabajadores asociados, formen Consejos Obreros y asuman el control de los medios de producción, y tratar de impedir por todas las vías posibles que los trabajadores se “contaminen” con las ideas del cooperativismo y la autogestión socialistas, haciéndoles creer que este capitalismo de estado ya es socialismo, la dirección actual del Partido Comunista está cavando su propia tumba ante la historia, pues ni el capitalismo de estado “chino” los va a salvar, pues estamos en Cuba a una pocas millas del imperio. No obstante y a pesar de todos los inconvenientes, otros comunistas cubanos, democráticos y anticapitalistas, no organizados independientemente del PCC, ni en el poder, estamos tratando de llevar la revolución por ese camino para evitar el desastre presagiado por Fidel, cuya nariz puede asomarse con la crisis general del capitalismo al que está atado  por todos lados el  cubano estatal."

 

Ya nadie en Cuba parece recordar lo que hizo Nikita Jruschov en el famoso Congreso del Partido Comunista de la URSS en 1956, que juzgó la actuación de Stalin durante los largos años transcurridos después de la muerte de Lenin: ¿conocen bien ese hecho los supuestos “comunistas, democráticos y anticapitalistas” y sus amigos?. 

 

En ese importante cónclave fue condenado el culto a la personalidad de Stalin y por ende a la persona de cualquier otro dictador. ¿Serán los “comunistas” cubanos capaces de formular esa denuncia contra el castrismo en el venidero congreso del PCC, si es que se celebra? Nadie lo sabe, pero eso sería reconocer la existencia en Cuba de un culto que causó daños materiales y morales a su pueblo; más de los que le causó la CIA o el “imperialismo yanki”, según la opinión de muchos. 

 

Además, decir la verdad, según el código de valores morales que nos inculcaron a los cubanos es, sencilla y naturalmente, hacer lo moral y lo correcto. Es ponerse la “toga viril”. Esa denuncia la han formulado reiteradas veces los llamados “mercenarios y disidentes”, muchos de ellos también cubanos de la segunda generación, que están reprimidos y/o presos en Cuba. ¿No es hora ya de reparar esa injusticia y de trabajar para unir a todos los cubanos por encima de cualquier “ideología”?.

 

Los miembros de la tercera generación del castrismo, quienes crecieron y/o nacieron durante la desaparición de la URSS y su campo socialista, son “harina de otro costal”: el demonio ideológico no se apoderó de sus mentes; no pudo. Si se afirmó más arriba que los miembros de la segunda generación del castrismo fueron víctimas de la incesante propaganda oficial, se puede afirmar ahora, antes de continuar, que los miembros de la tercera generación no fueron ni serán víctimas de esa misma propaganda: en ellos depositan los cubanos esperanzas de que trabajen por la reunificación y la libertad para todos, sin discriminar a nadie.  

 

Los miembros conscientes de esa generación aún no han tenido oportunidad de publicar masivamente sus trabajos en medios de información internacionales de la izquierda, la derecha o el centro y, mucho menos, en publicaciones cubanas dentro del país: no se les puede situar como defensores de una ideología en particular, lo cual es congruente con la tendencia que predomina entre los jóvenes de este mundo globalizado, donde las barreras ideológicas y los muros se van derribando para dar paso a la amistad, la comprensión y el dialogo entre los seres humanos. 

 

Algunos, que aprovechan la maravilla de la Internet para crear blogs críticos del castrismo han sido, a su vez, criticados y acusados nada menos que de “fascistas” por algunos medios de la izquierda. Unos pocos han logrado que se publiquen entrevistas donde ofrecen sus puntos de vista y sus opiniones, publicadas democráticamente también por algunos medios de la “izquierda”, pero criticados sin piedad, y donde son suprimidos muchos comentarios favorables a sus ideas. Sus publicaciones y nombres son ignorados por completo por los reformistas cubanos de “izquierda”. Unos de esos miembros de la tercera generación, publicó en su blog, sin ambigüedades, lo siguiente:

 

La palabra Solidaridad se había puesto repentinamente de moda y en mi ciudad varias escuelas seguían llamándose República Popular de Polonia. Aunque mi profesor de marxismo-leninismo se empeñaba en idealizar el Este, algo se quebró dentro de él cuando supo lo que pasaba en las calles de Varsovia. Si la invasión a Checoslovaquia en 1968 había sido difícil de justificar por nuestros gobernantes, la rebeldía de “la clase obrera polaca” dejó sin respuestas a más de uno”.

 

Nota final: Habiendo el pueblo cubano derrotado al “imperialismo yanqui”, según proclama el castrismo, y sus simpatizantes y aliados, después de la reciente reunión de la OEA, todos los cubanos de tres generaciones deben preguntarle hoy a los que gobiernan el país: ¿qué es lo que le falta hacer a este pueblo para reconciliarse, reunificarse, rescatar su inconfundible “cubana”, comenzar a practicar la verdadera democracia, abrirse al mundo, y ser feliz?.  

 

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[1]  Un buen comienzo sería estudiar las 3 millones de propuestas populares que, según se afirma, fueron recogidas y archivadas por el gobierno de Raúl Castro en el 2008.

[2] Ahí está, a 90 millas y agazapado, el “Imperio”, para restaurar el “capitalismo” en Cuba, advierten. 

 

                                                                                                      Ricardo Santos, República Dominicana