Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

CONDUCTA MISERABLE DEL PERIODISMO OFICIAL

 

El artículo que se muestra a continuación apareció el primero de enero de 2009 en el diario “Granma”, como para tratar de reafirmarles a sus lectores que los cubanos aún somos un pueblo dividido en “buenos revolucionarios”, viviendo “felices” en Cuba, y “malos contrarrevolucionarios”, deambulando como “sombras del pasado” por la calles de Miami y otras urbes del globo terráqueo.

 

Los intentos del Herald

 

NÉSTOR GARCÍA ITURBE, Periódico “Granma”, La Habana

 

EL ZOOLÓGICO MIAMENSE está revuelto. Cuando vemos los artículos que se están publicando en El Nuevo Herald sobre los 50 años de la Revolución Cubana tenemos la percepción de que detrás de la crítica está la nostalgia. La redacción del Herald ha realizado un trabajo cuidadoso en seleccionar los temas sobre los cuales debe escribirse y, en base a estos, situarle la tarea a los que consideran que pudieran cumplirla. Solamente han pasado por alto un detalle.

 

La Revolución Cubana sigue adelante, a pesar de todo lo realizado por los presidentes que han ocupado el gobierno de Estados Unidos desde Eisenhower hasta Bush. A pesar de los planes subversivos, el espionaje y el terrorismo desarrollados contra Cuba por las agencias de la Comunidad de Inteligencia. A pesar de que en el Parque de las Palomas., en Miami, todos los días alguien explica su idea de cómo acabar con la Revolución.

 

Por las calles de Miami deambulan como sombras del pasado. Sombras porque han perdido todo su brillo. Porque los 50 años de Revolución les han pasado por encima y cada día la carga se hace más pesada. Porque todos comprenden que nunca volver a aquellos tiempos en que los americanos mandaban y ellos se salpicaban.

 

Lo más triste de todo eso es, que en el ocaso de la vida, muchos de ellos están seguros de que nunca más se sentarán en el muro del Malecón, que antes de morir no podrán bañarse en nuestras playas, tomarse un guarapo de caña cubana, oír la trompeta china en los carnavales de Santiago, o sentarse en uno de nuestros parques de pelota a discutir la última jugada o el error del árbitro entre bocanada y bocanada de un verdadero tabaco de Pinar del Río.

 

Nadie mejor que ellos, que nacieron en esta tierra, deben sentir orgullo, aunque sea en lo más recóndito del corazón, por saber que este país no se rinde y que sigue las tradiciones de Martí y de Maceo y que el que intente apoderarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha.

 

¿Era necesaria esa andanada en una fecha en que todos los cubanos, de dentro y fuera, debíamos tratar de renovar nuestras esperanzas de reencontrarnos, algún día no lejano, para dejar detrás cincuenta años malgastados en odiarnos? Por supuesto que no. No es necesario herir los sentimientos que albergan en sus corazones los ancianos cubano-americanos de Miami, después de estos cincuenta años repletos de sufrimientos y frustraciones. 

 

El artículo comienza con una despectiva referencia al “zoológico de Miami” y a los artículos que se han publicado en el “Nuevo Herald” en estos últimos días sobre el castrismo. Por supuesto que la inmensa mayoría de los lectores de “Granma” en Cuba no tendrán acceso a esos trabajos que, según el articulista, reflejan cuando menos “nostalgia”. Tendrán que aceptar, por lo tanto, todo lo que el Sr. García les endilgue y analice desde su privilegiado puesto de periodista de lo que él continúa llamando “la Revolución Cubana”, pero que no puede expresar opinión alguna que no reciba el imprescindible beneplácito “de arriba”. 

 

Eso no sorprende a nadie: así ha ocurrido desde que despareció de Cuba la crítica pública al castrismo y a su jefe. Lo que sorprende es que “Granma” malgaste tinta escasa en repetir lo que todo el mundo conoce de sobra, es decir, que los hermanos Castro continúan en el poder a pesar del paso por la Casa Blanca de diez presidentes de los EEUU.

 

Hay que preguntarle al Sr. García si él fue capaz de leer con cuidado, y sin la pasión “revolucionaria” que exhibe con orgullo, los artículos de “El Nuevo Herald” que desprecia por originarse en el “zoológico de Miami”, o simplemente “le orientaron” que lo hiciera así. No se trata aquí de justificar o defender la política informativa del diario miamense. Sus periodistas tratan de ser objetivos, aunque no todos lo logren. 

 

A pesar de lo que Sr. García intenta hacerle creer a sus lectores, muchos de tales  artículos contienen un análisis objetivo y serio del castrismo y reflejan la esperanza de que las nuevas administraciones, en Cuba y en los EEUU, resuelvan un problema que tiene cincuenta años de haber sido creado. 

 

A estas alturas, ya lo más importante no es tanto quién lo creó, sino quienes en ambas orillas estarían dispuestos a pasar a esta página de la historia, para beneficio de los pueblos cubano y norteamericano. Por supuesto que la crítica, proveniente del norte del Estrecho de la Florida, o de cualquier lugar del mundo, no puede agradarle al castrismo, como no sea la de sus defensores y “amigos”. 

 

Tampoco puede agradarle al régimen que muchos, dentro y fuera de Cuba, demanden que se produzca un verdadero debate de ideas del cual surja el sistema político-económico que por mayoría adoptarían los cubanos en el futuro, llámese éste como se llame.  

 

Hoy por hoy, nadie en su sano juicio expresaría el deseo de que Cuba regrese a un pasado ya superado, en que “los americanos mandaban”. Quizás porque la mayoría de los que hoy escriben sobre el tema, en “El Nuevo Herald” o en otros medios, son menores de sesenta años de edad aunque, aún los mayores, saben que “ya no volverán aquellos tiempos”, como lo reconoce el Sr. García.

 

Por otra parte, el artículo de “Granma” da origen a serias preocupaciones entre los que desean ver un cambio en Cuba en el futuro cercano. El solo hecho de que se publique en el principal órgano de prensa “ideológico” del PCC alerta una vez más sobre la posibilidad de que se prolongue la política de inmovilismo del castrismo por más tiempo todavía.

 

Inmóvil sobre todo en su ideología, su prepotencia y triunfalismo: lo que más resalta del artículo, y lo hace porque pretende herir y molestar, es el párrafo que se refiere a los cubanos de la tercera edad que viven en Miami.

 

Hay que aclarar que hoy muy pocos exiliados cubanos de la tercera edad, aunque lleven dolores por dentro, se entristecen esperando la muerte sin ver de nuevo esa nación de malecón, playas, guarapo, trompetas chinas, parques de béisbol y olor a humo de buen tabaco, pero carente de libertades para disfrutar de esas cosas cubanas a plenitud.

 

La lógica nostalgia no nubla la vista cuando muchos años de vida cementan la experiencia, y aunque hagan catarsis diariamente en la calle Ocho saben que las posibilidades de lograrlo se reducen cada veinticuatro horas. Muchos cubanos longevos de Miami ya llegaron a esa dramática conclusión desde hace muchos años, aunque no la prediquen diariamente.

 

Algunos, sin embargo, aún alimentan esperanzas. Han esperado con paciencia que algún día los cubanos puedan viajar a la patria, vivir allí, o salir y entrar en ella libremente, sin tener que pedir permiso a nadie. Y mientras tanto, a pesar de las dificultades, viven con sus familias y son todo lo felices que puedan ser al verlas crecer unidas y prosperar, algo de lo que carecen no pocas familias en Cuba. 

 

En cuanto a los jubilados cubanos de esa misma tercera edad, esperando la muerte en la Isla, la frustración y la tristeza de ver destrozados todos sus sueños juveniles y sus esfuerzos honestos, y carecer de libertades en su propia patria, puede ser mucho más lacerante que morir fuera de ella. 

 

En el exilio estas personas mayores podrán cargar muchas nostalgias y no podrán “sentarse en uno de nuestros parques de pelota a discutir la última jugada o el error del árbitro entre bocanada y bocanada de un verdadero tabaco de Pinar del Río”, pero nadie ha podido quitarles la esperanza ni el sentimiento de seres humanos libres, algo que no pueden disfrutar nuestros ancianos que residen en la Isla, que, por cierto, tampoco pueden disfrutar, muchos de ellos, de esas bocanadas “de un verdadero tabaco de Pinar del Río”.

 

En cuanto a “sentir orgullo” porque la patria de Martí y Maceo no se rinde ante quienes quieran apoderarse de ella, puede que el Sr. García tenga finalmente algo de razón. Los hijos de la patria cubana, viviendo en Miami, en Cuba o en el resto del Mundo, porque la patria no es propiedad del castrismo, solo esperan, sin rendirse y en lo más recóndito de sus corazones, que el castrismo pase a la historia.

 

Podemos estar seguros que les importará un bledo si la historia condenará o absolverá al gran culpable. Y solo respirarán aliviados después que el castrismo desaparezca para siempre, el mismo que se apoderó de la patria por espacio de cincuenta largos años para destruirla, y que en sus estertores lo único que sabe hacer es sembrar odios y rencores.

                                                                                                      Ricardo Santos, República Dominicana