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ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS  

¿Cambios sanos en el gobierno de Raúl Castro?

 

La reciente “reflexión” de Fidel Castro – titulada “Cambios sanos en el Consejo de Ministros” - lo coloca a él de nuevo justo en el centro de las reformas que se ha propuesto realizar su hermano Raúl para reactivar el “socialismo” cubano, aún no se sabe si para bien o para mal. 

 

Fidel Castro afirma que “fue consultado” antes de los “cambios” y Raúl no lo niega, ni lo corrobora. Y no solo eso. A juzgar por la foto que se tomó junto al presidente dominicano Leonel Fernandez, y el buen talante que muestra, no es aventurado afirmar que los cubanos tendrán que soportar, al menos, futuras largas “reflexiones”, recitadas correctamente, con puntos, comas y acentos, en la TV y en la radio nacional.

 

Sin dudas, muchos de sus admiradores en Cuba y en todo el mundo aplaudirían emocionados su eventual presencia física en un acto público, o en su puesto, hoy vacío, en la Asamblea Nacional.  Quizás se lo imaginen regresando triunfalmente para la inauguración del Congreso del PCC, a celebrarse dentro de seis ó siete meses. 

 

Sin dudas, el “Comandante en Jefe” añora ser de nuevo el “Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba” y dejar de ser invisible para el pueblo cubano a partir de ahí [1]. Ese “milagro”, después del misterio de su larga enfermedad, es algo con lo cual Fidel Castro y sus admiradores tienen el derecho de soñar, hasta que despierten a la realidad.

 

Mientras tanto, el pueblo cubano continúa ignorando los manejos que se producen dentro del gobierno de Raúl Castro, a pesar de que tiene todo el derecho de conocer que es exactamente lo que este se propone hacer desde el poder.

 

Pero Fidel Castro se siente bien, está eufórico y vuelve por sus fueros.  Se ha burlado una vez más de sus enemigos; resurge de sus cenizas con afirmaciones que nadie en Cuba se atrevería a refutarle.

 

Le dice a los cubanos y al Mundo que no fue él quien propuso a la “mayoría” de los funcionarios del partido y del gobierno que han ocupado cargos subalternos en Cuba, a lo largo de sus años en el poder ¿? [2].  Le informa a los cubanos y al mundo que “jamás subestimó la inteligencia humana y la vanidad de los hombres” ¿?.  Afirma que cuadros del partido y del gobierno, cometieron “actos indignos” ¿?, sin decir con claridad quienes son y cuales fueron las actuaciones que merecen ese juicio negativo.

 

Parece burlarse de su amigo el presidente Chávez cuando menciona que este “ignora todavía el porqué sus magníficos pitchers y bateadores serán derrotados por nuestros atletas” ¿?

 

Fidel Castro se atreve a formular esos planteamientos, que son reproducidos profusamente por los medios de información cubanos y los de la izquierda mundial, porque, sencillamente, continúa creyéndose con el derecho a decir la última palabra y de juzgar las actuaciones de los gobiernos y de sus funcionarios. En otras palabras: no demuestra haber renunciado a “las prerrogativas del poder”.

 

Fidel Castro goza envuelto en el misterio de su enfermedad y lanzando al “ciber-espacio” esas, no menos, misteriosas frases y juicios, a veces contradictorios, crípticos y demagógicos, siempre tratando de dejar mal parado al “imperialismo yanqui”.  Dejándose ver, además, en fotos y videos con sus amigos favoritos y gobernantes, periodistas, personalidades y religiosos extranjeros escogidos con todo cuidado [3]

 

Así han transcurrido los dos últimos años de su convalecencia. Durante más de dos años y medio ha gozado haciéndose el muerto para ver que entierro le hacen, con la evidente complicidad del presidente Hugo Chávez. Algunos en Cuba cayeron en la trampa y lo dieron por moribundo, como parece que les ocurrió a sus otrora favoritos delfines, Lage y Pérez Roque, antiguos miembros del desaparecido “Grupo de Apoyo del Comandante en Jefe” y, hasta hoy, sin trabajo o paradero conocidos después de haber sido separados de sus cargos.

 

Los recientes movimientos y cambios de personas en el Consejo de Ministros del castrismo recuerdan otros muchos que se han producido durante los últimos cincuenta  años en Cuba, en ese y en otros organismos políticos, económicos, militares y sociales del país. Casi todos, con las únicas y pocas excepciones de los cambios por fallecimientos o retiro voluntario de los titulares de un cargo cualquiera, han ocurrido de forma casi sorpresiva [4]

 

El sistema socialista marxista-leninista-stalinista que se implantó en la antigua URSS, impuesto después por la fuerza, a partir del final de la Segunda Guerra Mundial a los pueblos de varios países y, por último, a los cubanos, se caracteriza por esa forma de llevar a cabo las purgas de funcionarios del partido, del gobierno, y de militares de las fuerzas armadas y del MININT.

 

Muchas de aquellas purgas fueron sangrientas, y aunque no pueda decirse lo mismo de la mayoría de las purgas cíclicas del castrismo, los fusilamientos de militares como William Morgan, Humberto Sorí Marín, Arnaldo Ochoa y sus compañeros de desgracia, además de los condenados a largas penas de prisión y fallecidos, encerrados allí, no fueron menos sangrientas y despiadadas. 

 

Fidel Castro nunca le perdonó la vida o la condena a prisión a nadie cuando se trataba de advertirle a sus críticos y supuestos adversarios políticos, sin palabras, que podrían sufrir lo mismo si no cumplían con la ley no escrita del castrismo:  Con Fidel todo, en contra de Fidel nada es permitido. 

 

En cumplimiento estricto de la ley anterior, uno de los criterios que se ha utilizado en Cuba para tomar la decisión de purgar a un funcionario es su manifestación, pública o privada, de “infidelidad” al “Comandante en Jefe”. 

 

La infidelidad, como la entiende Fidel Castro, es cualquier crítica a su actuación como gobernante, proveniente de la derecha, de la izquierda o del centro; es cualquier expresión que él interprete como ofensiva; es cualquier intento por suavizar las relaciones con sus “enemigos”. 

 

Hay que recordar el proceso contra Aníbal Escalante, en 1968, por solo abundar sobre uno de los muchos desatados por el castrismo, para constatar que entre esa y la purga actual existen muchas similitudes, a pesar de los 41 años que separan ambos hechos.

 

Sin embargo, en aquella ocasión se le dio, al menos, una explicación al pueblo cuando se acusó a Escalante de “tratar de fraccionar al Partido”, una “traición” por la que fue condenado a 15 años de prisión.  Años antes, en 1962, se le había separado del poder y rebajado a un cargo administrativo mucho menor, acusado de “sectarismo”.  En ambos procesos, sin embargo, se ocultó con cuidado una crítica evidente a Fidel Castro y a su forma unipersonal de gobernar, un alerta contra las manifestaciones del culto a su personalidad. 

 

Todavía no se conoce en detalle cuales fueron las causas que dieron lugar a esta última purga del Castrismo. Ya han salido a la luz numerosos análisis tratando de llegar a una explicación lógica de ese hecho.

 

Algunos piensan que se trata de un retroceso, ya que multiplica por cero a funcionarios jóvenes y capaces con cierto prestigio y popularidad dentro del seno del pueblo cubano y que, debido a eso, la posibilidad de un cambio generacional en el gobierno del país se aleja. 

 

Otros creen que es una movida de Raúl para colocar en puestos claves a personas de su entera confianza que lleven a cabo su programa de cambios económicos. 

 

No pocos vinculan los cambios con una revisión importante en la política exterior del castrismo y sus futuras relaciones con el gobierno demócrata del presidente Obama.

 

También existen pronósticos de analistas quienes esperan que el “Raulismo” se imponga definitivamente sobre el “Fidelismo”, después de los recientes cambios. 

 

Lo único seguro es que una larga lista de amigos, familiares y funcionarios nombrados por Lage durante más de 15 años y por Pérez Roque durante 10, además de todos los nombrados por los otros ministros separados de sus cargos, viven hoy en la incertidumbre, la inseguridad y el temor. 

 

Entre esos hay que mencionar a algunos viceministros que reemplazaron a los titulares que perdieron el poder, como ocurrió en las carteras del Exterior, Comercio Exterior o del Trabajo y Seguridad Social. 

 

Lo ocurrido a través de estos 50 años en Cuba permite predecir que esos sustitutos muy pronto probaran la “miel del poder” y difícilmente se resistan a los dulces privilegios que esta les aporte a ellos, a sus amigos y familiares [5].    

 

Además, esos nuevos sustitutos deben cuidarse, a partir de ahora, de hablar demasiado a través de sus teléfonos intervenidos, de los traspiés que les coloquen los arribistas y oportunistas, de sus aduladores y, sobre todo, de los informantes de la Seguridad del Estado, entre otros obstáculos que irán surgiendo en su espinoso camino.

 

En la Constitución socialista cubana, no existe la cláusula, insertada en la mayoría de las constituciones del mundo, que limita los años de los gobernantes en el disfrute de las prerrogativas del poder y la permanencia en los cargos públicos, sobre todo el de Jefe de Estado. El castrismo olvido hace mucho tiempo que: “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

 

Mientras la cúpula gobernante en Cuba mantiene un hermetismo absoluto sobre las causas que provocaron los cambios, seguimos buscando, entre líneas, en “Granma” y “Juventud Rebelde”, indicios de que existe una verdadera voluntad, dentro del gobierno de Raúl Castro, de dar inicio a las prometidas reformas económicas y de continuar con la eliminación de las “absurdas” prohibiciones que martirizan al pueblo cubano. 

 

Hasta hoy solo continúan apareciendo en esos diarios noticias triunfalistas de éxitos cubanos en la medicina, la agricultura, la educación y los deportes, mientras se repiten sin cesar, para consumo del pueblo cubano, noticias negativas sobre la economía mundial y la actuación del nuevo gobierno en los EEUU: el propio Fidel Castro lleva la “voz cantante” en la transmisión de esas noticias a través de sus “reflexiones”. En tres de las cuatro últimas transcribe largos ensayos de economistas, sociólogos y de agencias de noticias sobre la crisis económica mundial y su impacto sobre el Tercer Mundo, pero nada se va a arreglar con eso, ni en Cuba ni en le resto del mundo. 

 

Parece que a Raúl Castro le llegó la hora de efectuar  cambios sanos en su gestión como gobernante: dejar, por ejemplo, de “consultar” con su hermano, el “Comandante en Jefe”, las decisiones de gobierno, y de pedirle que se dedique a disfrutar, de una vez por todas, de sus hijos y nietos, y de ordenar sus “memorias”, para que las futuras generaciones del pueblo cubano y el mundo puedan juzgarlo. 

 

Y se debe añadir: condenarlo o absolverlo.

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[1] Se informa que ya lo han visto paseando por los alrededores de una de sus residencias en Jaimanitas.

[2] Una lista enorme que comienza con el “gobierno provisional”, propuesto por el propio Fidel Castro el primero de enero de 1959.

[3] Con las únicas excepciones de su hermano y de un periodista que goza, por ahora, de su confianza, ningún otro cubano ha aparecido en esas fotos y videos junto a él.

[4] Bastaría con mencionar los casos del presidente Urrutia, del Comandante Huber Matos, del comunista Aníbal Escalante, del General Ochoa y el del ministro Robaina, ocurridos en distintas épocas y situaciones.  Todos sorprendieron al pueblo cubano en su momento.

[5] Esa “fortaleza” contra la corrupción solo la comparten unos pocos “históricos” en Cuba, los intocables de siempre.

 

                                                                                                      Ricardo Santos, República Dominicana