Cubanálisis  El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Ing. Ricardo Santos Mesa, Miami

 

 

                               

 

 

                                

 

Batistato vs. Castrismo

 

Durante los últimos 17 años he leído varios cientos de artículos, y oído otras tantas comparecencias por radio y TV, de muchos analistas del drama cubano. Algunos han tratado de justificar al batistato, sobre todo aquí en Miami, y otros hacen lo mismo con relación al castrismo, sobre todo en los medios de información controlados por el Estado en Cuba y en otros medios de América Latina. También en varios medios digitales de Europa, como Kaosenlared, solo para destacar al más virulento de todos, según mi opinión. Constituyen una minoría, pero con cierta influencia. Por eso, me parece necesario recordar algunos hechos relacionados con ambos gobiernos militares dictatoriales que hemos sufrido los cubanos por más de 62 años.

 

¿Qué había ocurrido en Cuba durante los más de 17 años de los gobiernos militares de Fulgencio Batista durante sus dos etapas (desde el 4 de septiembre de 1933 hasta el 10 de octubre de 1944 y desde marzo 10 de 1952 hasta enero 1ro de 1959), como aliado incondicional de los gobiernos de EEUU?

 

Para ser honesto, hay que destacar que la Constitución de 1940 funcionó, mal que bien, hasta 1952. También es muy cierto que la capital de la República se había colmado de negociantes prósperos, de altos y bellos edificios, de centros de diversión, de hoteles de lujo, de clubes exclusivos, iglesias majestuosas, escuelas, clínicas y hospitales privados, tiendas lujosas, residencias inmensas, automóviles de todas las marcas, estadios de baseball, fábricas enormes, y también de casinos de juego, de prostitutas y prostíbulos, y mucho más. Pero había algo que no mejoraba; mientras la Habana crecía y se embellecía hasta el extremo de no tener nada que envidiarle a muchas ciudades de EEUU y del mundo (el escritor norteamericano Ernest Hemingway afirmaba que para él solo existían tres ciudades en el Mundo: Paris, Venecia y La Habana, en ese orden), el resto de las ciudades y pueblos del país no prosperaban al mismo ritmo.

 

La Habana era el Miami del batistato; muchos deseaban emigrar del “interior” de la República hacia su Capital. [1] La mayoría de las familias cubanas de las clases altas y medias [2] iban a la Florida, California o Nueva York solo de vacaciones, y algunas enviaban a sus hijos a estudiar aquí en EEUU. Muy pocos cubanos de esas clases venían a este país como emigrantes, aunque sin perder su ciudadanía cubana. Sin embargo, los capitales de esas clases y sus ganancias, así como los que acumulaban los funcionarios del batistato [3], por lo general no se invertían en mejorar la situación de los pobres y los pueblos de Cuba, sobre todo en elevar su nivel cultural, atender la salud de sus habitantes, crear empleos y en aumentar así su calidad de vida.

 

El propio Fulgencio había invertido grandes cantidades de dinero en la playa de Daytona, situada sobre la costa oriental de la Florida, y otro tanto habían hecho sus compinches y varios capitalistas cubanos. Digamos que la inversión de capitales, sobre todo fuera de La Habana, en lo que se conocía con cierto desprecio como el “interior” de la Isla, no  contribuía a aumentar el Producto Interno Bruto (PIB) del país.

 

Financieros, industriales y negociantes, tanto del país como extranjeros, preferían aprovechar la bonanza económica que imperaba en la capital y, por lo general, obtenían buenas ganancias depositándolas en algunos de los pocos bancos nacionales, pero sobre todo en los de  EEUU y otros bancos extranjeros, acumulando intereses, antes de correr el riesgo de invertirlas, por ejemplo, en viviendas, industrias, escuelas, hospitales y negocios en general en Guantánamo o Pinar del Río. Por supuesto que había excepciones.

 

En las capitales de las provincias, y en otras ciudades de cierta importancia, algunas empresas transnacionales de EEUU como la Woolworth Co. (conocidas en Cuba como los “ten cents”) y cubanas como “El Encanto” tenían sucursales. Otros se arriesgaban a invertir sus capitales colocándolos en la industria azucarera o empresas transnacionales de EEUU que operaban en la minería y la prospección de petróleo a lo largo de toda la Isla. También en negocios menores, algunas pocas escuelas privadas (sobre todo las católicas) y latifundios. Pero ninguna de esas ciudades podía rivalizar con la próspera y bella capital. Esa realidad, que imperaba en Cuba desde hacía muchos años y que los jóvenes en ambos lados del Estrecho de la Florida deben conocer, nos hace preguntarles a los analistas del drama cubano lo siguiente:

 

¿Estaremos de acuerdo en que  había que construir hospitales y escuelas, obras públicas y viviendas, industrias cubanas, y crear puestos de trabajo a todo lo largo y ancho del país?  ¿Podemos afirmar que había que ponerle un freno a la fuga y congelación de capitales si se deseaba que todo el país prosperara igual que La Habana? ¿En que había que diversificar su agricultura y promulgar una “ley de reforma agraria” para no depender solo del cultivo de la caña de azúcar?  ¿En que había que diversificar también el comercio de Cuba con el exterior para no depender tampoco de un solo mercado?  ¿En que había que sacarle un mucho mayor rendimiento a las industrias extranjeras -sobre todo aquellas que tenían un peso considerable en la economía del país- y a los latifundios improductivos? ¿En que había que desmantelar todo aquello que había convertido a la propia Habana en uno de los grandes burdeles de las Américas y en un paraíso para los delincuentes y también para los inversionistas extranjeros que extraían grandes capitales de la República de Cuba para llevárselos a otros lugares, principalmente a los EEUU?

 

Esas metas habían sido concebidas por otros pensadores y luchadores cubanos mucho antes del arribo al poder de la revolución de Fidel Castro (FC) y sus seguidores. Él las había heredado y se mostraba dispuesto a conquistarlas. Por eso, la mayoría del pueblo cubano aún lo apoyaba al comenzar el otoño de 1960. Sí, se conoce demasiado bien que esos argumentos fueron esgrimidos por la demagogia de FC desde el mismo principio del arribo al poder de su “revolución socialista”; pero ¿se lograron alcanzar esas metas durante estos 55 años? Veamos hasta que punto el castrismo cumplió lo prometido al pueblo cubano en el muy divulgado “programa del Moncada”, expresado en el manido documento conocido como “La Historia me Absolverá”,  y sus consecuencias:

 

Es un hecho que el castrismo invirtió muchos de los recursos materiales y humanos que le llegaron de los “países amigos” del campo socialista en la construcción de escuelas de todos los tipos y niveles, hospitales y policlínicos, estadios deportivos y numerosas obras públicas y sociales donde se destacan cientos de presas, edificios de viviendas, hoteles, facilidades portuarias y sanitarias, algunas fábricas y granjas agropecuarias, hasta en los lugares más apartados y de difícil acceso en toda la isla de Cuba y sus cayos adyacentes.

 

Lo hizo empeñando a todo el país, junto con todos los cubanos, a cambio de defender, sin condiciones, la política, la filosofía y los intereses globales de la URSS y su campo socialista. La propaganda del castrismo, interna y hacia el exterior, ha destacado hasta el cansancio esas inversiones como “logros del socialismo marxista-leninista”. Pero ¿se puede afirmar con honestidad que todas esas inversiones aumentaron el nivel de vida, el bienestar y la felicidad de los cubanos? 

 

Bueno, a riesgo de pecar de sarcástico, me atrevo a decir lo siguiente: Si consideramos que muchos de los egresados de esas escuelas, institutos y universidades, los médicos de muchos de esos hospitales, los empleados de muchos de esos hoteles, un número considerable de los deportistas más destacados del país, trabajadores y campesinos humildes, hasta sumar más de dos millones de cubanos y cubanas, sin contar los llamados “internacionalistas”, se encuentran hoy fuera del país y han aumentado de forma considerable su nivel de vida -un elevado por ciento de ellos en los EEUU-  podemos decir que esas inversiones han sido beneficiosas para esos cubanos y, “por carambola”, para los “fieles funcionarios” del castrismo. Pero si llevamos a cabo una inspección de las inversiones de FC, algunas de estas mencionadas arriba, podremos comprobar que muchas fueron mal construidas y terminadas en “tiempo record” solo para complacer al “Comandante”, además de peor mantenidas; convertidas hoy en ruinas en descomposición acelerada. 

 

Por otra parte, el “Miami” del batistato se ha ido desmoronando poco a poco, como si el castrismo se hubiera ensañado en destruirla, sin por ello mejorar la situación de otros muchos pueblos y ciudades del país, que han sufrido similares deterioros. Por lo tanto, el pueblo cubano no goza hoy, ni con mucho, de un elevado nivel de vida en su propio país.  Solo un por ciento pequeño del  pueblo cubano puede afirmar que tiene hoy en Cuba un nivel de vida adecuado. No hay que decir quienes son, donde y como logran ese nivel ni de que clase social proceden. Hasta los niños y los adolescentes cubanos saben de sobra quienes son. Solo queda repetir aquello de que “A quien Dios se lo dio San Pedro se lo bendiga”. Y si han alcanzado ese nivel con su trabajo honrado, que sean doblemente bendecidos, y protegidos por futuras leyes justas.

 

Sin dudas, el castrismo logró parar la exportación de capitales de cubanos hacia otros países. Lo hizo facilitando la emigración sin derecho al retorno (conocida como la infame “salida definitiva” de Cuba, inventada por el castrismo) y, sobre todo, nacionalizando sus negocios o eliminando, prácticamente, a todos los capitalistas del país. Y, posteriormente, derogando el capitalismo y la economía de mercado e implantando el socialismo marxista-leninista en Cuba y su economía política, convirtiendo en un delito el trabajo honrado por cuenta propia  y prohibiendo todos los negocios particulares.

 

Sin embargo, gran parte del capital humano (los “internacionalistas”) y muchos recursos de todos los tipos, junto con ingresos en divisas fuertes, que pudieron haberse invertido en mejorar las condiciones y el nivel de vida del pueblo cubano, fueron exportados a muchos países del llamado “Tercer Mundo” durante casi toda la era del castrismo. Eso, aparte del otorgamiento de becas gratuitas por completo a jóvenes de esos mismos países, para entrenarlos como futuros guerrilleros o para cursar diversas carreras universitarias y técnicas. 

 

El costo de esa “magnanimidad” sin límites no apareció nunca, ni aparece hoy, en los medios de información al pueblo cubano. Todo eso le aportó ganancias políticas y económicas a un solo inversionista, el único que podía exportar cientos de miles de soldados, guerrilleros y “cooperantes” de varias especialidades, además de millones de dólares y alimentos, hacia esos países de América Latina, Asia y África en nombre del “internacionalismo proletario” y otorgar becas a su antojo a jóvenes extranjeros para entrenarse en Cuba. 

 

Se ha publicado en el diario “Granma” que el castrismo tiene miles de cubanos trabajando en decenas de países del mundo, de lo cual se ufanan casi a diario en su propaganda dirigida al interior pero, sobre todo, al exterior del país. ¿Como no se van a ufanar cuando esos hombres y mujeres, extraídos de la fuerza laboral del país, muchos de ellos profesionales universitarios, les reportan ganancias netas estimadas en miles de millones de dólares anuales en divisas?  Se conoce que esas ganancias no van a parar a los bolsillos de los “internacionalistas” sino a las cuentas en divisas del castrismo. Solo un pequeño por ciento de las mismas es repartido, como una dádiva, entre esos sacrificados hombres y mujeres.

 

Diversificar la agricultura en Cuba es algo que predicaban a sus alumnos muchos maestros de la despreciada “república mediatizada” de los años anteriores a la era del castrismo.  En estos 55 años no se ha logrado ese legítimo anhelo de los cubanos, entre otras causas porque FC convirtió a Cuba en la azucarera de la antigua URSS y su campo socialista y porque a pesar de la enorme cantidad de inversiones en la infraestructura relacionada con las actividades agropecuarias en Cuba [4], mucha tierra permaneció improductiva y descuidada, el ganado cárnico fue diezmado y las inversiones de FC no produjeron otra cosa que dolores de cabeza. Gran cantidad de campesinos abandonaron la tierra y la mayoría de sus hijos fueron a parar a las ciudades o al extranjero. Nunca se pudo lograr que la tierra produjera entre el 80% y el 90% de los alimentos que consumen los cubanos.  Por el contrario, entre el 80% y el 90% de  alimentos de los cubanos fueron importados durante casi toda la era del castrismo.  

 

El comercio en gran escala con los EEUU cesó del todo durante casi toda la era del castrismo, causándole grandes daños y exigiéndole sacrificios sin nombre al pueblo cubano. Hay que decir que esos sufrimientos se debieron al embargo económico impuesto por los gobiernos de EEUU contra Cuba. Aunque también se debe reconocer que los esfuerzos de varios de esos gobiernos por recuperar las relaciones con el castrismo no encontraron nunca un claro apoyo de FC. El comercio en gran escala con la URSS y su campo socialista y, en mucho menor escala, con algunos otros países de Europa, Asia, África, América Latina y Canadá -que pretendió sustituir con ventaja al de EEUU- a la vez que diversificó los contactos comerciales de Cuba con el mundo, nunca logró abastecer plenamente de productos industriales al pueblo cubano como lo hacía el llamado “Coloso del Norte”.

 

Además, a partir de 1960, el pueblo cubano comenzó a darse cuenta de que la calidad de los productos “Made in the USSR”, ya fueran estos de industrias de la construcción,  maquinaria agrícola, transporte terrestre, marítimo o aéreo, herramientas, conservas,  cereales y otras, era muy inferior a las producciones similares que llegaron a Cuba hasta 1959 desde EEUU y de áreas donde el capitalismo y la economía de mercado eran los motores impulsores de sus economías. Pregúntenle a los gobernantes de los países, que los sucesores del castrismo consideran hoy sus amigos, si estarían de acuerdo con desmantelar la economía de mercado, como lo hizo FC, y de cuya plena restauración aún no se habla en Cuba abiertamente, con algunas excepciones.

 

El pueblo cubano conoce de sobra el desastre que provocaron las nacionalizaciones de propiedades, industrias, negocios, bancos y tierras, no solo de los países extranjeros en Cuba, liderados por EEUU, sino también las de los propios cubanos. Desde los años 90 hasta esta fecha, sobre todo después de la desaparición definitiva de la URSS y su campo socialista, se han tratado de enmendar muchos de los “errores cometidos” (eufemismo utilizado para ocultar fracasos), y los caprichos y soberbia que los acompañaron. Pero no pudieron evitar que durante esos años terribles de fracasos -que ellos trataron de opacar con “rectificaciones” y culpando hasta hoy a la manida “falta de control y exigencia” y “corrupción” de incontables funcionarios que fueron purgados- miles de cubanos hayan perdido la vida tratando de lograr su libertad y aumentar su nivel de vida.

 

Entre estos los hay fallecidos en la cárcel, ahogados en el Estrecho de la Florida, muertos en “accidentes” no bien aclarados y otros que han optado por el suicidio, al no poder lograr sus aspiraciones personales y la felicidad de sus familias. Incluyendo a todos los que fueron fusilados por oponerse a las injusticias del castrismo y muertos en guerras y guerrillas ajenas por completo a los intereses del pueblo cubano. Si incluimos, además, los enfrentamientos entre los propios cubanos, la cifra de muertos, debidos a la violencia y la desesperación, de la era del castrismo, supera ampliamente, sin dudas, los míticos 20,000 atribuidos a la era del batistato.

 

Por último, si La Habana no es uno “de los grandes burdeles de las Américas” se acerca bastante a la recuperación de esa oscura distinción, con sus graciosas y bellas “jineteras” cabalgando hoy por toda la ciudad. No hay nada que mida mejor la miseria de un pueblo que el grado de prostitución de sus hijas. Ni nada que destaque mejor la frustración de una nación que un elevado por ciento de alcohólicos entre sus habitantes. Los jóvenes cubanos tienen que estar conscientes de esas dos grandes desgracias, que envilecen a mujeres y hombres,  cuando las observan diariamente.

 

La corrupción, los asesinatos, el robo, la violencia en todas sus formas, el chantaje, la violación y otros males relacionados con la obtención, por la fuerza, la traición y la lujuria, de dinero, riquezas y/o el poder absoluto de decidir sobre la vida o la muerte de sus habitantes, han dañado a muchos pueblos del mundo a lo largo de milenios. A la Cuba del batistato hay que apuntarle varias lacras, pero el castrismo no solo fracasó en contenerlas sino que esos males adquirieron nuevas y sofisticadas formas de producirse a lo largo y ancho del país. 

 

Se excluyó, contra toda lógica, al periodismo crítico, transparente y constructivo de todos los medios de información al pueblo cubano, y se sustituyó por una propaganda incesante y dogmática que afirmaba que “en Cuba no proliferaban esos vicios porque la revolución los había reducido casi a la nada”. Repitiendo esa mentira por muchos años, [5] el pueblo cubano terminó por creerla, tal y como el pueblo alemán creyó en las mentiras del nazismo repetidas miles de veces. Después de muchos años de propagar mentiras, verdades a medias y groseras justificaciones, el periodismo del castrismo se ha visto obligado a reconocer que la corrupción, y todo un rosario de problemas sociales, son hoy grandes males que se deben combatir en Cuba. Deberían exigir también que los sucesores del castrismo se hagan una introspección y reconozcan la corrupción que se produce diariamente en sus propias filas.

 

Como conclusión, podemos afirmar que el castrismo se quedó muy corto en cumplir sus promesas al pueblo cubano en 1959. El castrismo de hoy se parece cada vez más al batistato y, en general, sus metas principales al comenzar la década de los años 90 terminaron por convertirse en solo tres principales:

 

1)      Mantenerse en el poder, cayera quien cayera, con la obtención de divisas fuertes por cualquier vía

 

2)      Continuar exportando emigrantes y enviar “cooperantes”, junto con la propaganda que los acompañan, a casi todo el mundo

 

3)      Culpar a los gobiernos de EEUU (11 en total) de todos sus fracasos, debidos al bloqueo-embargo.

 

Después del retiro de FC en julio del 2006 por enfermedad, sus sucesores, liderados por su hermano Raúl, han ido desenredando, con una lentitud exasperante, todo el entramado de barbaridades cometidas en Cuba durante casi 50 años solo para mantener a FC en el poder. Hasta hoy han tenido éxito en esto último. FC continúa en el poder, desde las sombras de su retiro. 

 

Veamos brevemente como se comportaron sus antiguos aliados del “campo socialista” antes y después de la desaparición definitiva de la URSS. En 1956 Nikita Jrushov, por esa época jefe del estado y partido comunista soviético, tomó la decisión política de comenzar la demolición del estalinismo con su condena al “culto a la personalidad de Stalin”, proceso que culminó en 1991. Valga decir, 35 años después.

 

La República Popular China, por su parte, se desvinculó de la alianza con la URSS y su campo socialista desde mediados de los años 60 e inició una reforma, que descansa en la economía de mercado, y que ha impulsado a ese país milenario hasta los primeros planos de la economía mundial. 

 

Algo parecido ocurrió en la economía de la reunificada República de Viet Nam a partir de 1983. Hoy, todos los países de la Europa oriental del antiguo “campo socialista” pertenecen a la próspera Unión Europea. Por su parte China y Viet Nam han limado asperezas en sus relaciones con el “odiado imperialismo yanqui” y sus pueblos también prosperan.

 

Todas esas reformas ocurrieron en los países mencionados después del derrocamiento o la muerte de sus principales líderes comunistas. Mientras tanto, nadie en Cuba se atrevió, ni se atreve, a denunciar públicamente el evidente “culto a la personalidad de FC”. Este personaje del siglo XX (digamos mejor del siglo XIX) aún vive arrastrando su enfermedad, tratando de influir en todo lo que ocurre a su alrededor y recibiendo visitas y más visitas de personalidades de la política, la literatura, los negocios o la religión (siempre extranjeros), obligando a su diario “Granma” a publicar largos artículos, historias de su accionar revolucionario y entrevistas, que nadie lee; dejándole saber al Mundo que no intenta correr la misma suerte que sus admirados José Stalin, Ho Chi Minh, Mao Zedong y otros líderes comunistas desaparecidos. 

 

O sea, que sus acciones y la filosofía marxista leninista que defendió sean olvidadas y rechazadas por el pueblo cubano después de su muerte.

 

Repasando todo lo anterior, muchos podrán afirmar que esos hechos son ampliamente conocidos por la gran mayoría de los cubanos que peinan canas, y para ellos constituye una inutilidad  que alguien emplee su tiempo en repetirlos sin un aparente propósito.

 

El mío es el de no contemplar callado como los actuales gobernantes de Cuba y sus futuros sucesores logran implantar en la mente de la juventud ese “demonio ideológico”, definido así  por el presidente ruso Boris Yeltsin hace más de dos décadas. Ni tampoco en la mente de las juventudes de los países hermanos de Latinoamérica y el Caribe, o en las de África y Asia.

 

Las juventudes del mundo, en esta nueva era que comenzó para la humanidad con el fin de la “guerra fría” y el derrumbe de la URSS y su campo socialista, deben estar alertas y estudiar bien la historia de los pueblos, para continuar borrando todos los sistemas opresores, y todo tipo de guerras, de la faz de la Tierra. 

 

 

NOTAS: 

 

[1] Eso mismo ocurría, y sigue ocurriendo hoy, en varios países de América Latina y del Mundo, incluyendo a Cuba bajo el Castrismo.  Las Capitales son como imanes que atraen a millones de seres humanos, sobre todo en los países más pobres.

[2] Los jóvenes de las familias más pobres y humildes de Cuba eran bienvenidos en los EUA cuando exhibían talento para jugar al béisbol o para boxear.  En general, los cubanos de aquellos años no confrontaban grandes problemas para obtener una visa en la Embajada de los EUA en La Habana.  Los ciudadanos de los EUA, por su parte, no necesitaban una visa para viajar a Cuba.  Exactamente lo contrario es la realidad de hoy.

[3] El dinero robado al fisco por gobernantes dictatoriales y corruptos  sumado a las ganancias obtenidas de sus negocios deshonestos muy pocas veces pueden ser restituidas a los pueblos.

 

[4] Durante tres décadas, la inversión de cuantiosos recursos en la agricultura, la ganadería y otras ramas de la producción agro-pecuaria del país se podrían resumir (de forma somera) con los datos siguientes: Construcción de más de 100 presas mayores, dedicadas al riego, con una capacidad total de 8000 millones de metros cúbicos de agua, y de otras 400 ó 500 menores. Importación de miles de tractores, equipos de transporte y maquinaria agrícola en general, además de millones de toneladas de fertilizantes, principalmente de la URSS y sus aliados Socialistas, y de varios países del área-dólar. Construcción de dos centros superiores para el estudio de las Ciencias Agro-pecuarias, un centro de Ciencia Animal y numerosas Escuelas Especiales para formar científicos, Ingenieros y técnicos agropecuarios. Establecimiento de numerosos centros de genética avícola, ganadera,  porcina y otros, dedicados a la investigación y mejoramiento de las razas y las especies animales y vegetales. Construcción de un importante Instituto de Investigación en apoyo a la Industria Alimenticia. Creación de un Instituto y un ambicioso plan para la repoblación forestal. Desbroce de vastas áreas agrícolas para la introducción del riego, la fertilización, el desyerbado y el combate contra la plagas utilizando medios modernos y la aviación. Construcción de decenas de Escuelas Secundarias e Institutos Pre-universitarios en el campo para “combinar el estudio con el trabajo agro-pecuario” de los adolescentes. Otorgamiento de cientos de becas a jóvenes cubanos para estudiar técnicas agro-pecuarias en el extranjero. Después de 30 años NADIE en la Cuba del castrismo había encontrado la forma de hacer producir esa multimillonaria inversión de recursos físicos, materiales y humanos y entre 1991 y 1992 fue necesario estructurar un urgente y fracasado “Plan Alimentario” para enfrentar la caída de la URSS ¿A quienes culpar de ese fracaso?

 

[5] Imitando a los medios de información de la URSS y sus satélites socialistas hasta que la “perestroika”  y el “glasnost”  le pusieron fin a esa enfermiza política.