Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                ALGUNAS IDEAS PARA UN PROCESO DE CAMBIOS EN CUBA

Introducción

En este análisis se enumeran una serie de cuestiones pendientes de solución tratando al mismo tiempo de abarcar algunas de las realidades a las cuales se ve enfrentado hoy el pueblo cubano. Dentro de ese marco se expresan ideas para transformar esas realidades para bien de las futuras generaciones de cubanos. No pretendo que todas sean compartidas, ni por todos, pero si con ello se despierta el interés del lector por criticarlas, debatirlas o abundar sobre las mismas se habrá cumplido el objetivo de este análisis.

1. Un dilema ocupa hoy mismo el pensamiento de todos aquellos que, en Cuba y el resto del Mundo, desean pasar la página de la que es justo llamar “Revolución de Fidel Castro” o, si se prefiere, el “Castrismo”: ¿Habrá que esperar a que su máximo exponente muera, o se retire definitivamente, para iniciar el proceso de cambio hacia una nueva etapa? ¿Puede iniciarse ese proceso con él aún en el poder? En el pasado algunos defendieron la idea de que en vida de F. C. se puede iniciar un diálogo popular que termine por obligarlo a pasar a las filas de los jubilados. Ese diálogo, o debate de ideas, se inició hace unos meses y hoy parece indetenible. Pero el dilema no está resuelto. Desde el lugar donde convalece de su secreta enfermedad F. C. no emite claras señales de que dejará algún día el poder, voluntaria y definitivamente mientras viva y, lo que es peor, parece oponerse a la idea de un cambio. Sin embargo, se debe recordar que se vio obligado a permitir importantes ajustes económicos a partir de 1993, cuando sintió amenazado su poder sobre los cubanos. Lo que demuestra que otra situación similar puede obligarlo (y a sus sucesores) a permitir nuevos cambios. Estos serán profundos solo si el pueblo tiene un amplio acceso a la Asamblea Nacional y participe activamente en la toma de decisiones sobre como diseñar su futuro.

2. Si los cambios que desea el pueblo cubano comienzan a producirse habrá que convocar en el futuro a una Asamblea Constituyente. Esto puede convertirse en un proceso largo y difícil en la vida de la nación cubana porque lo que se debe lograr durante el mismo es la más amplia participación de los ciudadanos en la redacción y discusión de esa ley de leyes. Después de ser aprobada por mayoría (que no debe ser simple) esta no será inmutable y eterna; estará sujeta a cambios y para promoverlos el pueblo cubano contará con un parlamento de hombres y mujeres libres que los propongan y discutan. Estos tendrán absoluto derecho a ser oídos y respetados, como principio fundamental, que sí debe ser inviolable.

Cuando se promulgó la malograda Constitución de 1940, los cubanos adultos de entonces alimentaron sus esperanzas de que los gobernantes que lograran el poder bajo la misma trabajarían, pacíficamente y con honradez, para promulgar las leyes complementarias previstas en el texto original. Debemos recordar que esa constitución fue, primero, violada por el gobierno de Fulgencio Batista y, después, echada a un lado y olvidada sin mayores explicaciones por el Castrismo. Recordemos también que rescatar esa ley fundamental y hacerla funcionar fue el más claro de los objetivos que se trazaron los revolucionarios que derrocaron a Batista y sus militares. Una nueva Asamblea Constituyente tendría la tarea de sintetizar en una sola las ideas fundacionales de las constituciones que han regido en la República, identificando y extrayendo de ellas todo lo que beneficie al pueblo cubano económica, política, social y culturalmente, desechando todo lo que lastre su libertad de acción y decisión en esos ámbitos del quehacer humano, y aportando los preceptos fundacionales de las nuevas realidades.

3. Hay muchos aspectos en la vida actual de la nación cubana que vale la pena repasar para tratar de determinar cuales son los logros y cuales los fracasos debidos al quehacer del Castrismo durante casi 50 años. En primer lugar habría que colocar a los ampliamente conocidos sistemas de salud, educación y práctica masiva del deporte que existen hoy en Cuba. Estos han sido tanto alabados como denigrados pero lo único cierto es que la propaganda en torno a esos sistemas sociales le ha servido al Castrismo para justificar y tratar de borrar un sinnúmero de fracasos en otros campos. Pero si se comparan los controvertidos sistemas de salud, educación y deportes que existen hoy en Cuba con los que existían antes de 1959 habrá que admitir que, en lo que se refiere a su extensión a todos los rincones del país, el Castrismo ha logrado lo que ninguno de los gobiernos republicanos de Cuba logró. Escuelas de todos los tipos, centros de enseñanza superior, hospitales y dispensarios médicos y dentales, terrenos y salas deportivas, funcionando hasta en las zonas más apartadas del país, a lo que debemos sumar el desarrollo de la industria de la biotecnología, no han sido otra cosa sino importantes inversiones que benefician al pueblo cubano.

Es más, si hay algo que aún mantiene a una parte importante del pueblo cubano actual resignado a vivir sin mayores libertades es el temor a que un nuevo gobierno elimine esos sistemas. Por supuesto que la propaganda del Castrismo no le dice a ese mismo pueblo que es posible dar un gran salto de calidad con la libertad sino que le repite sin cesar que desmantelar esos sistemas es, precisamente, lo que pretenden hacer sus opositores. De ahí que convencer al pueblo cubano de que los sistemas de salud, educación y práctica masiva del deporte se mantendrán como hasta hoy, junto con las garantías de que nadie les arrebatará su vivienda sea una de las tareas políticas principales de los futuros gobernantes de Cuba. Y se debe agregar que una de las tareas que deben priorizar los constructores en la nueva Cuba es acometer la reparación de escuelas, hospitales, centros deportivos y viviendas (muchas hoy en un estado ruinoso), además de terminar las que estén en construcción y confeccionar nuevos proyectos.

Hoy se sabe que el pueblo cubano ha sido utilizado como conejillo de indias en los experimentos políticos, sociales y económicos concebidos a partir de las ideas de un solo pensador. Este último y los cientos de asesores que lo han rodeado a lo largo de sus años en el poder nunca se molestaron en informar lo que esos experimentos (conocidos hoy como “bandazos”), sumados a las incursiones “internacionalistas”, le costaron al pueblo cubano, pero ahí está, para intentar hacer un estimado, la enorme deuda externa que Cuba debe pagar. Ni Fidel Castro ni sus asesores lograron conjugar las inversiones en el campo social con la puesta en práctica de una política económica racional y sostenible conque pagarlas. Muy poco de lo que hizo el Castrismo en Cuba durante el período de estricta economía “socialista” dio resultados que pudieron traducirse en un bienestar siempre creciente para el pueblo cubano. Solo durante sus anémicas tolerancias al desarrollo de la economía de mercado el pueblo cubano pudo notar una cierta prosperidad. De ahí que la propuesta de que se restablezca la economía de mercado en Cuba esté hoy, sin dudas, justificada por los hechos y realidades del presente y del pasado. El pueblo cubano puede y debe regresar a esa economía donde la inversión de capitales de cubanos, y no solo de extranjeros, debe estar en la base misma del proceso de cambio. El pueblo cubano confía precisamente que la economía de mercado pueda preservar y mejorar las llamadas “conquistas sociales de la revolución”.

4. Si algo puede ser objeto de polémicas futuras es la concesión de una amnistía que comprenda no solo a los actuales presos políticos y económicos cubanos sino también a aquellos que han cometido abusos y delaciones contra el pueblo y que podrían ser castigados en un futuro por esos crímenes. Esta es, sin dudas, la propuesta más difícil de aceptar por aquellos que sufrieron los abusos y delaciones en carne propia, o por sus familiares y amigos.

Sin embargo, a diferencia de lo que ocurrió después de las dictaduras del Machadato y el Batistato, no debe ser la barbarie, el ajuste de cuentas, el linchamiento o los juicios sumarios contra los actuales personeros y servidores del Castrismo lo que venga a manchar un proceso de cambio hacia el estado de derecho, sino un criterio de Estado de derecho. Por lo tanto, el espíritu de reconciliación y justicia debe estar en la base misma de ese proceso tal y como ocurrió en la Europa del Este y en Rusia, enfrentadas a situaciones similares hace casi 20 años.

Han transcurrido 50 años y los principales culpables de las injusticias, represiones, juicios sumarios, ejecuciones judiciales y abusos que tuvieron lugar en Cuba durante ese tiempo se conocen bien por el pueblo. Algunos de ellos han muerto y a los que quedan ya no les será posible continuar causando daños al pueblo cubano, esperanzado en un proceso de cambio hacia la libertad y la justicia plenas. Debemos estar convencidos de que es en la reconciliación, y no en la venganza, en lo que el pueblo cubano debe basar su futuro. Y confiamos en que los cubanos sabremos encontrar el justo medio para la justicia necesaria y la reconciliación.


5. Como se conoce hay más de dos millones de cubanos residiendo fuera de su país y salvo unos pocos, relativamente, que sirven de una u otra forma al Castrismo, la inmensa mayoría conforma la comunidad que se conoce como el “exilio”. Ninguno de estos últimos tiene hoy la absoluta libertad de regresar y vivir en su patria si lo desea. Sin embargo, el Castrismo sabe, aunque no lo reconozca públicamente, que los “exiliados” aportan una cantidad considerable de dólares y divisas a la hoy incierta economía del país. Muchos tienen familiares en Cuba a los que ayudan, y visitan, periódicamente. Otros muchos gozan de una sólida posición económica en sus países de residencia, producto de su trabajo honrado, y han logrado superarse técnica, cultural y profesionalmente en casi todas las ramas de la economía, la ciencia, el mundo de los negocios y los servicios públicos o privados. Esa enorme fuerza puede y debe volcarse sobre Cuba para contribuir al renacimiento de la nación aportando capitales, conocimientos y buena voluntad. Debe eliminarse del todo ese “apartheid” que los mantiene alejados del país mediante la promulgación de leyes que les garanticen sus propiedades, sus inversiones en la economía y su vida en la nueva patria además de permitírseles participar en la vida política de la nación. Aparte del inmenso beneficio que ese aporte le daría al país se habrá hecho justicia con esos hombres y mujeres.

6. En cuanto a la participación de los militares de las actuales FAR y el MININT en el proceso de cambio hay que recordar primero varios hechos: Las FAR fueron creadas a partir del núcleo inicial del Ejército Rebelde y cuando desapareció su primer jefe, Camilo Cienfuegos, se acuñó una frase de él a partir de ese momento que debe hacer meditar a todos los cubanos: “el Ejercito Rebelde es el pueblo uniformado”.

Las FAR crecieron y se desarrollaron amparadas en esa divisa para defender la patria contra posibles agresiones extranjeras, fundamentalmente. A lo largo de todos estos años fueron construidas numerosas escuelas militares en Cuba, a saber: las escuelas “Camilo Cienfuegos” para niños y adolescentes, las escuelas de cadetes para formar oficiales, la escuela “Superior de Guerra” para oficiales, el Instituto “Técnico Militar” en el antiguo colegio de “Belén”, para formar ingenieros militares, y la Academia Superior, de Estados Mayores, además de numerosas “Unidades Militares” para entrenar reclutas del “Servicio Militar Obligatorio”.

Habría que agregar a esos centros las incontables áreas acondicionadas y dirigidas por las FAR para organizar y entrenar al “Ejército Juvenil del Trabajo”, las “Milicias Nacionales Revolucionarias” y las de “Tropas Territoriales”, que forman tropas para esos cuerpos a donde acuden obligatoriamente cientos de miles de trabajadores y estudiantes. Con la amplia ayuda técnica y material de la antigua URSS, las FAR crecieron y se desarrollaron hasta conformar ese formidable ejército.

Las llamadas “misiones internacionalistas” a las que fue empujado por las ambiciones desmedidas de su “Comandante en Jefe”, costaron muchas vidas y enormes recursos en dineros, equipos y hombres sacrificados en plena juventud al Pueblo Cubano.

Pero hoy puede afirmarse que la organización, disciplina, educación y espíritu de sacrificio de los militares de las FAR contrasta con la que exhiben los miembros de los colectivos técnicos, económicos, políticos y sociales del país. De ahí que durante los años del llamado “periodo especial en tiempos de paz” miembros de las FAR hayan sido llamados a intervenir en varias empresas civiles del turismo, la producción agropecuaria y los servicios del país.

Además, hay que agregar a todo lo anterior el hecho de que actualmente muchos, de entre los oficiales intermedios de las FAR, nacieron después de 1959 y llevan muy arraigado ese sentimiento de ser una parte indivisible del pueblo cubano. Después de las necesarias bajas que deberán producirse, por edad o por haber adquirido compromisos inadmisibles con la tiranía, serían, pues, un factor decisivo durante el proceso de cambio y se debería contar con ellos para mantener el ejército profesional de la nación en el futuro, encargado de proteger la soberanía naciona.

7. El MININT, por su parte, fue creado con ese nombre en 1960 para reprimir a los opositores y disidentes de la revolución, organizar las fuerzas que mantienen el orden interno en la nación y combatir la delincuencia común, aunque terminaron todos juntos en las mismas celdas, y con el mismo trato en las prisiones.

En su creación intervinieron hombres salidos de las filas del Ejército Rebelde y militantes escogidos del antiguo Partido Socialista Popular (comunistas): todos como profesores de métodos de represión, interrogación e intimidación a asesores de la KGB de la URSS y de Checoslovaquia y la Alemania del este, quienes escogieron a sus mejores alumnos para enviarlos a esos países y completar su entrenamiento.

Para cumplir sus dos misiones principales el MININT ha creado a lo largo de estos años una amplísima red de informantes reclutados fundamentalmente en las filas de los CDR y el Partido. Habría que analizar si congelar los archivos del MININT durante el proceso de cambio, como ocurrió en la Europa del Este, sería una buena medida que evitaría muchos problemas, o si debería utilizarse el método contrario, de hacer públicas todas las informaciones: demasiado complejo para pronunciarse en dos renglones.

El núcleo actual del cuerpo represivo del MININT (el DSE) y sus oficiales son, con amplia mayoría, hombres y mujeres nacidos poco antes, o después, de 1959 (pensemos que un hombre de 60 años hoy era un niño en 1959) que fueron también adoctrinados por la ideología que envolvió al pueblo cubano por muchos años.

Cuando ya no existan “enemigos de clase”, “agentes del imperialismo” o “contrarrevolucionarios” que reprimir, parte de esos funcionarios del MININT, que hayan mantenido una conducta decente, pueden y deben transformarse en eficientes agentes del orden interior, con la difícil misión de luchar contra la delincuencia, el consumo de estupefacientes, el terrorismo, y vicios como la corrupción administrativa, el desvío de recursos, el fraude, la especulación, el estupro, la prostitución, el chantaje y otros que hoy plagan a la sociedad cubana en general.

8. El Partido Comunista de Cuba (PCC) cuenta en sus filas con mucho más de medio millón de ciudadanos cubanos que en su mayoría pertenecen también a las generaciones que crecieron y se desarrollaron durante el Castrismo. De entre estos, muy pocos se afiliaron a ese partido por voluntad propia, sino fueron escogidos por sus compañeros de trabajo, u otros métodos de selección, y ratificados más tarde después de una cuidadosa investigación.

Se supone que gracias a esos métodos los mejores ciudadanos de la nación, de acuerdo con los parámetros establecidos, fueron escogidos para militar en las ORI, o en el PURSC del Castrismo a partir de 1962, o en el Partido Comunista desde 1965. A lo largo de los años muchos militantes evolucionaron hacia el oportunismo o la “doble moral”, y aprovecharon astutamente su relativa impunidad para lograr ventajas económicas, viviendas, automóviles, viajes al exterior y otras prebendas.

No se puede juzgar a la mayoría por esos últimos. Hoy se nota, cada vez más, que ya no constituye un motivo de orgullo, o una ventaja, ser militante. El carné rojo es un lastre que los obliga a asistir a reuniones, aparecer en primera fila durante las concentraciones y gritar insultos contra el enemigo “imperialista” y sus aliados “contrarrevolucionarios”.
En la “Unión de Jóvenes Comunistas” (UJC) ocurre algo similar.

Por otra parte, los “comunistas” están obligados a conocer mucho mejor que los ciudadanos comunes los problemas del país ya que muchas veces son ellos los llamados a impulsar políticamente a los otros para resolverlos.

En ese sentido, si verdaderamente se comprometen con un proceso de renovación del país, los que han vivido honestamente podrían prestarle un gran servicio a la nación, durante y después del proceso de cambio, en la búsqueda de soluciones a esos problemas en sus niveles y localidades respectivos.

Siempre ha existido duplicidad de funciones entre los organismos del Partido, tanto nacionales, provinciales o locales, y los gobiernos respectivos. Siendo innecesaria una "vanguardia" por encima de la sociedad, habrá que definir con claridad la función administrativa, que no será "política" en el sentido castrista.

9. En Cuba existen hoy más de 100,000 personas que trabajan por cuenta propia con licencias para operar legalmente, más los que lo hacen “por la izquierda”: otros muchos buscan su sustento diario dedicados a las más diversas actividades extra-laborales, sin licencias. Todos, legales o no, han vivido con el temor constante de ser privados por un “úkase” de sus ingresos, de sus equipos y de sus locales, y hasta de sus viviendas, en cualquier momento.

Entre esas personas las hay con capacidad y ambiciones suficientes para crear empresas de los más diversos tipos que compitan con las del estado y hacerlas funcionar con alta eficiencia, calidad y productividad. Son futuros industriales, empresarios y negociantes en una nueva Cuba. Las leyes, lejos de coartar sus iniciativas, deben ofrecerles garantías, libertades y derechos para tratar de llevarlas a vías de hechos. Las garantías que se les ofrecen hoy a empresarios extranjeros para abrir y operar cualquier tipo de fábrica, taller o comercio en Cuba, deben ofrecerse también, con indiscutible y lógica prioridad, a los nacionales cubanos, vivan o no en el país.

10. Los resultados de las dos reformas agrarias llevadas a cabo en Cuba durante la Revolución de Fidel Castro y la posterior transformación de muchos campesinos cubanos en obreros asalariados en las llamadas “granjas del pueblo" y “granjas agropecuarias” no le proporcionaron a los cubanos los mercados “abarrotados” de alimentos prometidos. Decenas de miles de obreros agrícolas y muchos campesinos expropiados abandonaron la tierra y fueron a parar a las ciudades y pueblos del país. La productividad de la tierra disminuyó. El ganado cárnico y lechero fue diezmado. Hubo que racionar la carne, la leche y muchos otros productos del agro y desde 1962 hasta hoy, la libreta de racionamientos (y no de abastecimientos como se la conoce) ocupó un lugar importante en la política interna del Castrismo. para tratar de evitar el hambre y la insurrección.

Conclusiones: la política agraria y agropecuaria del castrismo fue un desastre para Cuba. Hace varios años se trató de revisar esa política con la creación de las “Cooperativas Agropecuarias” y el otorgamiento de parcelas en usufructo a cultivadores privados. Más recientemente se desmantelaron unos 70 centrales azucareros para llevar a cabo la diversificación agrícola por la que ha esperado durante muchos años el pueblo cubano.

Hasta hoy nada de eso ha dado resultados tangibles, a juzgar por la permanencia de la ya famosa “libreta” en los hogares cubanos. El problema de la propiedad y la explotación de la tierra debe resolverse en Cuba por medio de otra reforma agraria y se debe pensar muy seriamente en como y cuando llevarla a vías de hechos para que dé los resultados que se esperen de ella. Esa es una cuestión que pueden y deben abordar los propios campesinos cubanos, que deben participar activamente en su elaboración.

Ya no se trata de expropiar latifundios y expulsar a latifundistas ya que toda la tierra cubana pertenece a los cubanos y lo único que pueden hacer los que tengan algunas reclamaciones de compensaciones pendientes es hacerlas y esperar a que un nuevo gobierno se las pague en un futuro. Los antiguos dueños cubanos de tierras que fueron expropiadas pueden aspirar a que ese nuevo gobierno se las devuelva, o se las pague, de acuerdo a como lo determine la nueva ley agraria.

11. El muy prolongado llamado “diferendo entre los EUA y Cuba”, que en realidad ha sido un diferendo entre los gobiernos de los EUA y el castrismo, y no entre sus pueblos, comenzó desde muy temprano. Puede afirmarse que desde el mismo 1ro de enero de 1959 cuando el embajador de los EUA en La Habana le dio su apoyo a un grupo de notables cubanos que trataron de estructurar un gobierno provisional de espaldas al movimiento revolucionario que lideraba Fidel Castro. En esa ocasión este último estructuró su propio gobierno provisional y lo impuso mediante un llamado a una huelga general que todo el pueblo cubano apoyó.

Poco después comenzaron los juicios sumarísimos contra los militares y delatores del régimen de Batista que fueron capturados; muchos de ellos condenados a muerte y fusilados. Los que lograron escapar, que fueron los principales culpables, recibieron más temprano que tarde asilo y protección en los EUA, con excepción del propio Batista, aunque sus millones de dólares sí recibieron asilo y protección en los bancos norteamericanos. Así comenzó ese proceso que continuó agudizándose hasta hoy. Hay que reconocer que eso es ya parte de una historia no vivida por la gran mayoría de los cubanos de hoy y que hubo errores, malas interpretaciones, soberbia y malas intenciones desde el principio.

Al menos tres generaciones de cubanos y norteamericanos han sido ya testigos conscientes y víctimas de ese diferendo. Es ya muy urgente y necesario, desde cualquier punto de vista que se mire, que se inicie un proceso de diálogo entre un gobierno de cambio en Cuba y la administración norteamericana, teniendo sobre todo en mente esa cuarta generación que crece y se desarrolla en un mundo diferente, con nuevos problemas a resolver y metas a lograr.

Si el pueblo cubano ha alcanzado realmente la independencia y soberanía necesarias para hacer un alto en el camino y diseñar su futuro sin intromisiones, hay que reconocer también que solo le falta la libertad, necesaria también, para hacerlo y continuar trabajando con esa fuerza más. Es lo que desean los pueblos norteamericano y cubano.

12. A modo de complemento de estos comentarios debemos recordar algunos otros hechos.

El sistema económico capitalista que prevaleció en Cuba durante todo el período republicano, o pre-revolucionario, estuvo marcado fuertemente por la presencia creciente de entidades, empresas e inversionistas privados de los EUA. Es muy probable que a la caída del régimen de Fulgencio Batista el nivel de esas inversiones de capital norteamericano en Cuba haya alcanzado su cota más alta. Por otra parte, los capitalistas cubanos se encontraban en franca desventaja frente a sus contrapartes norteamericanos en el terreno de la competencia entre ambos cuando de vender productos manufacturados se trataba. Eran relativamente pocas las fábricas cubanas capaces de producir productos más baratos y de mejor calidad que los importados de los EUA.

El azúcar, por su parte, era barata y de calidad pero un 40% de la producción azucarera provenía de centrales de propiedad norteamericana. Un alto por ciento de la tierra cultivable cubana era propiedad de grandes empresas norteamericanas así como varias minas de níquel, cobre o cobalto. La prospección de petróleo estaba en manos de empresas de los EUA. Cuba era, sencilla y llanamente, un país sub-desarrollado que dependía por completo de las poderosas empresas transnacionales de los EUA y del comercio en gran escala con ese país.

Apenas dos años después de derrocada la tiranía de Batista, todo ese panorama económico había cambiado por completo. No solo se habían nacionalizado y pasado a ser administradas por el estado revolucionario todas las empresas e intereses de los EUA en Cuba sino también numerosas empresas y entidades de los grandes y medianos capitalistas y terratenientes cubanos. El comercio con los EUA se había reducido casi a la nada y cesó por completo a mediados de 1961.

Sin embargo, aún quedó pugnando por mantenerse activo y prosperar, un importante conglomerado de pequeñas y medianas industrias, talleres y comercios, además de trabajadores por cuenta propia, que, junto a los pequeños y medianos agricultores mantuvieran viva la economía de mercado por varios años más en Cuba.

Pero las leyes y decretos diáfanos y claros que le habría dado seguridades y garantías a ese sector privado para operar sin sustos en la vida económica del país no aparecieron nunca por ninguna parte. Ese sector fue reduciéndose poco a poco hasta que la 2da Ley de Reforma Agraria y, pocos años después, la “ofensiva revolucionaria”, lo eliminó por completo. Muchos de sus integrantes sufrieron injustas y humillantes persecuciones y terminaron por abandonar también el país junto con sus familiares.

Comenzaron entonces los experimentos económicos y las aventuras “internacionalistas” del Castrismo, financiadas cuantiosamente por la URSS y sus aliados de Europa oriental, que ocuparon la mente y los brazos del pueblo cubano por espacio de dos décadas irrecuperables. Ya se sabe como terminaron.

Desde 1976 hubo un intento serio, a pesar de Fidel Castro, para introducir reformas dentro del esquema socialista, no para reestablecer la economía de mercado en el país, y por varios años se notó una cierta prosperidad, pero en 1986 todo eso comenzó a derrumbarse con el “proceso de rectificación de errores y tendencias negativas”, y posteriormente con el derrumbe del “indestructible campo socialista” y la URSS.

En 1991 se inició en Cuba el angustioso y traumatizante “período especial en tiempos de paz”, que ya en 1993 se tornó insoportable. A mediados de ese año aparecieron, por fin, los decretos-leyes que se habían quedado en el tintero 25 años atrás. Se restablecieron, con muchas limitantes, algunos elementos de economía de mercado en Cuba. Se despenalizó el dólar y comenzó a circular libremente en el país. El turismo internacional comenzó a crecer y aumentaron los viajes de cubanos residentes en el exterior y la comunicación con sus familiares en Cuba. El pueblo cubano comenzó, a su vez, a transitar por el difícil camino de la recuperación económica y así continúa hoy, sin grandes avances pero sin retroceder, a pesar de los frenos que le ha aplicado tanto la política de Fidel Castro como la del actual gobierno de los EUA.

Conclusiones.

Los hechos mencionados arriba, harto conocidos por todo el pueblo cubano, dejan a un lado, en este análisis, muchas de las causas que los provocaron en su momento, así como las consideraciones políticas que puedan tratar de explicarlos. Cualesquiera que estas últimas hayan sido ya fueron superadas ampliamente por la vida.

Lo importante es que hoy Cuba cuenta con una importante vanguardia de emprendedores hombres y mujeres que pugna de nuevo por encontrar un amplio espacio en la vida económica y política de la nación. Junto con los profesionales, campesinos, obreros, artistas, artesanos, deportistas, militares, funcionarios del gobierno, así como otros muchos trabajadores y pueblo en general, demandan leyes justas que los protejan y les dejen expresar sus ideas y sentimientos.

Demandan que sus ingresos en moneda nacional les alcancen para acceder, sin “inventos” ni humillaciones, a toda la gama de productos industriales y alimenticios que hoy se ven en los establecimientos para la venta en divisas y mercados agropecuarios en muchos lugares de Cuba.

No desean seguir viendo en la emigración, tanto la legal como la ilegal - esta última con la pérdida de incontables vidas que deben estar pesando en la conciencia de algunos “políticos”- su única esperanza de vivir algún día decentemente, alimentar y darles educación a sus hijos.

No desean seguir circunvalando y sufriendo disposiciones, medidas, leyes, ideologías o sistemas irrevocables que los separan de sus seres queridos. No desean, en suma, dejarse conducir más por ideas que parten de mentes enquistadas en un pasado inexistente por completo, dentro o fuera de Cuba.

Desean tener libertad absoluta para diseñar una nueva nación cubana para sus pequeños hijos, conservando todo lo bueno que la une y rechazando todo lo malo que pueda dividirla.

Es así como veo este dilema del pueblo cubano y la forma de enfrentarlo.

No sé si el lector estará de acuerdo con este análisis y sus conclusiones, solo quiero darle las gracias por haber llegado hasta aquí y expresar mi esperanza de que la propuesta de un debate amplio de ideas, se haga permanente realidad, para bien del pueblo cubano, en un futuro no lejano.
 

                                                                                                      Ricardo Santos, República Dominicana