Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

Cubanálisis - El Think-Tank se honra con la presentación de este trabajo del prestigioso y experimentado Dr. Jorge Sanguinetty, un economista cubano contemporáneo concentrado en analizar y escribir sobre el futuro de la economía de Cuba. Sanguinetty, para satisfacción nuestra  y beneplácito de los lectores, se incorpora como colaborador de Cubanálisis - El Think-Tank con este primer capítulo de un libro que pretende desarrollar continuamente para transmitir a los cubanos dentro de la isla conceptos y experiencias sobre el funcionamiento de una economía de libre mercado, la única que ha demostrado su permanente eficiencia. Bienvenido, Sanguinetty.

Jorge Sanguinetty, Miami

PRINCIPIOS DE ECONOMÍA

 

1. EL ESTUDIO DE LA ECONOMÍA

 

Introducción

Los fascículos o capítulos de este libro están especialmente preparados para los economistas cubanos que se formaron bajo el régimen socialista y que, por lo tanto, no pudieron disfrutar del estudio de la economía con las mismas libertades y al nivel científico y técnico con que actualmente se estudia en los países más avanzados del mundo occidental. Cuba, independientemente del proceso revolucionario y del predominio de una sola fuente de ideas en materia económica, siempre perteneció y aún pertenece a la esfera cultural del mundo occidental. Aunque haya quedado temporalmente rezagada en el intercambio internacional de ideas y haya sufrido otros retrocesos, muchos de sus hombres y mujeres han estado luchando desde el principio de la revolución hasta nuestros días por los espacios necesarios para el libre desarrollo y expresión de las ideas, condición esencial para el enriquecimiento del conocimiento y del espíritu humano.

Son muchos los que han muerto o han pagado con pérdida de libertad y otras penurias ese deseo de libertad. Las páginas que siguen están escritas con entera libertad, con la intención de reforzar la lucha por el libre pensamiento en Cuba y para ayudar a los economistas cubanos a prepararse para el futuro. Yo espero que esta primera edición, preparada con un cierto sentido de urgencia, pueda ser enriquecida por los que en Cuba puedan tener acceso a ella y me puedan hacer llegar sus comentarios críticos y sugerencias.

Parto de la base de mi propia experiencia en Cuba antes de salir para el extranjero en 1967; mi experiencia (1962-1966) como estudiante de la primera promoción de la Escuela de Economía de La Universidad de La Habana, bajo el Instituto Juan F. Noyola y mi experiencia como funcionario en el Instituto Nacional de la Industria Turística, la Junta Central de Planificación y el Ministerio del Azúcar. A esa experiencia se le suma la adquirida en Estados Unidos, Brazil y otros muchos países donde he trabajado y enseñado siempre en cuestiones relacionadas con la economía. Por el lado académico desde mi propio doctorado en la City University of New York, proseguido de mis enseñanza de economía en las universidades de Yale, Católica de Río de Janeiro y American University, mi trabajo en instituciones de investigación como el National Bureau of Economic Research y la Brookings Institution y en instituciones internacionales como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y la Organización de los Estados Americanos. Inevitablemente, estás páginas recogerán de una manera u otra mi experiencia en el sector privado, primero en la firma Merrill Lynch, Pierce, Fenner & Smith, la corredora de bolsa más grande del mundo localizada en el área de Wall Street y en el banco Manufacturers’ Hanover Trust de Nueva York, además de mis últimos diecisiete años como presidente de la firma consultora DevTech Systems, Inc. que me ha servido para enriquecer mi experiencia y mi conocimiento teórico y práctico en economía, en las áreas de desarrollo, educación y economías en transición, entre otras.

Sobre esta base, el libro que aquí comienza está concebido teniendo en cuenta que Cuba necesita modificar sustancialmente su economía para poder aspirar a elevar el nivel de vida material del cubano y también de mejorar la equidad en la distribución de la riqueza y del ingreso. Por esas razones, partimos de la base de que Cuba necesita una economía moderna de mercado, una economía capaz de lograr las aspiraciones prometidas y no cumplidas por la revolución de 1959. Tal sistema económico, que no se debe caracterizar de economía de “capitalismo salvaje” como algunos tratan de hacer ver de manera mal intencionada, permite una alta gama de políticas económicas más o menos conservadoras o liberales, lo cual se resuelve en la medida en que el país donde opera la economía de mercado también se rija por un sistema económico democrático donde la población tiene un poder decisorio real, tanto en la elección libre de sus gobernantes, como en su reemplazo y en los términos con que gobiernan.

A todos los que estudian economía en un régimen socialista o a los que trabajan en su sistema de planificación centralizada, más tarde o temprano los embarga una inquietud y se dan cuenta que algo le falta tanto al estudio de la economía en las universidades, como a la práctica de la economía en aquellos organismos que supuestamente están a cargo de la actividad económica del país. Cuba representa un caso extremo en el mundo socialista, posiblemente por dos grupos de razones. La primera es que el estudio de la economía en Cuba antes de 1959 era insipiente, pues no existía como carrera independiente en la Universidad de La Habana, si no como una extensión de la carrera de Ciencias Comerciales, lo cual puede considerarse como una aberración; y apenas había comenzado en la Universidad Católica de Villanueva y en la Universidad de Oriente. La segunda razón es que el estudio de la economía nunca fue tomado lo suficientemente en serio por las autoridades cubanas, posiblemente como resultado de que la agenda del gobierno tenía que ver más con cuestiones internacionales y con la promoción del jefe del gobierno como líder de estatura mundial, que con el desarrollo económico del país.

Sin embargo, existía una razón subyacente acaso más poderosa que las dos acabadas de mencionar y era la insuficiencia teórica de la economía como ciencia en el contexto del socialismo. Por un lado, siempre se consideró que el análisis económico que se enseñaba en las universidades de occidente era “burgués” y que como tal respondía a los intereses de la clase explotadora y al imperialismo. Por otro lado, ni Marx ni sus discípulos desarrollaron una teoría económica del socialismo que ofreciera los instrumentos, no ya analíticos, si no prácticos para el manejo de la economía socialista. A pesar de los esfuerzos de socialistas preocupados por estos temas como Michail Kalecki, Oscar Lange, Charles Bettleheim y Ernest Mandel, los planificadores nunca contaron con los instrumentos para dirigir la economía socialista mediante la planificación y hacer que esa economía prosperara como lo hacían las economías de mercado, incluso algunas economías con fuerte presencia del estado o de monopolios.

Pero, había todavía una razón más poderosa y que se le hará más claro al estudiante en la medida en que avance por estas páginas y es que el estudio de la economía en el mundo occidental, así como las formas en que se organiza la vida económica en estos países parte de la libertad de opciones entre los agentes económicos. Pudiendo definirse la economía como la ciencia de la selección de opciones alternativas, el proceso de selección se derrumba cuando el agente económico, sea trabajador, empresario, capitalista, ama de casa, consumidor, etc., no tiene la libertad de escoger lo que más le conviene, ni para consumir, trabajar, descansar, etc. Es intersante notar que el socialismo se viene abajo sin que nunca haya podido desarrollar su propia economía, ni en la teoría ni en la práctica, acaso porque es un sistema contra natura y no puede perdurar contra la voluntad del ser humano y su búsqueda permanente del mínimo de libertad que necesita para perseguir sus propios intereses.

¿Qué Estudia la Economía?

La economía es una ciencia y como ciencia se encarga de dar explicaciones y hacer predicciones sobre lo que llamamos el fenómeno económico. Como dijo uno de los economistas más famosos del Siglo XX, el inglés John Maynard Keynes, la economía “es un método más que una doctrina, un aparato de la mente, una técnica de pensamiento que ayuda al que la posee a llegar a conclusiones correctas”. Su propio nacimiento como disciplina se le atribuye al escocés Adam Smith por su libro Una Indagación en la Naturaleza y las Causas de la Riqueza de las Naciones, título que plantea uno de los grandes temas de estudio de la economía, o sea, ¿cuáles son los factores que determinan que unos países sean más ricos que otros? Este tema, todavía sigue atrayendo una gran cantidad de atención por parte de los economistas, pues aunque se ha avanzado mucho en la dirección de las respuestas adecuadas, todavía quedan muchos problemas por resolver.

Una muestra de preguntas cuyas respuestas corresponden al estudio de la economía son las siguientes: ¿Qué determina que en un país dado unos trabajadores ganen más que otros? ¿Qué variables o factores explican que las economías de los países crezcan a tasas diversas? ¿Cuáles son las causas de las fluctuaciones de una economía a lo largo del tiempo, medida según sus niveles de producción? ¿Por qué hay desempleo? ¿Por qué persiste la pobreza incluso en los países más ricos? ¿Cuánto dinero debe gastar el gobierno en educación, en administración de justicia y en defensa? ¿Cuáles son los mejores métodos para que un país dado recaude los fondos que necesita el gobierno? ¿Qué ventajas tiene el libre comercio internacional? ¿Cuáles son los factores determinantes de la competitividad de las empresas? ¿Qué papel juega el desarrollo técnico en el crecimiento de las economías en relación al de las inversiones y el capital humano? ¿Cómo se evita una inflación y cómo se controla una vez que comienza? ¿Qué ventajas y desventajas tiene la especulación en los mercados internacionales de capital? ¿Cómo puede Cuba y otros países beneficiarse o perjudicarse con la globalización? ¿Qué consecuencias tiene que el gobierno intervenga en los mercados por medio de la fijación de precios?

Estas y muchas otras preguntas ayudan a definir el campo de estudio de la economía. Sin embargo, es importante tener en mente que los linderos de ese campo cambian continuamente, de hecho han ido cambiando para expandirse y hoy la teoría económica se aplica a áreas de estudio que generalmente estaban reservadas a otras ciencias sociales, como la sociología, la antropología y las ciencias políticas. Por ejemplo, los trabajos del norteamericano Gary Becquer sobre educación, el uso del tiempo y los procesos decisorios de la familia le ayudaron a ganar un Premio Nobel en Economía. Otro Premio Nobel norteamericano, Kenneth Arrow, contribuyó con sus famosos teoremas sobre votación, mientras que Mancur Olson también de Estados Unidos desarrolló un enfoque para explicar la formación de las sociedades por medio de su lógica de la acción colectiva.

En este punto podemos indicar categóricamente qué no es la economía, pues desafortunadamente en muchos países y como resultado de una combinación de ideología e ignorancia, la economía se proyectó como doctrina y dogma y no como ciencia. En tales condiciones se llegó a confundir la economía con disciplinas diversas. Por un lado, con la contabilidad, cuando la contabilidad es un método de registrar las transacciones y las cuentas de ingresos y gastos de las entidades o empresas que necesiten recursos y fondos para operar. El contador es eso, contador, y el economista ni tiene que saber contabilidad (aunque siempre es útil que sepa leer estados financieros y entienda los elementos de la contabilidad de costos) ni su trabajo requiere generalmente de contabilidad. Tampoco debe confundirse la economía con las finanzas, aunque aquí la relación con la economía puede ser más cercana. Las finanzas como disciplina, se dedica al manejo eficiente de los fondos que pueden tener usos alternativos. Por ejemplo, un fondo de inversión que parte de una cierta cantidad de dinero de contado debe definir los instrumentos de inversión en que los fondos deben colocarse, los cuales son innumerables en el mundo actual. El jefe de finanzas de una empresa debe saber, a partir de los estados contables o financieros, cómo son los estados de pérdidas y ganancias y los estados de situación, cuáles políticas recomendar a los directores de la empresa en materia de uso de las ganancias, del crédito, de los excedentes de la firma, etc. Otra disciplina con la que se confunde la economía es con lo que se denomina Investigación Operativa o de Operaciones, del inglés Operations Research, que es una rama avanzada de la administración de empresas o management pero que es una carrera y especialización diferente a la economía, aún cuando ambas tienen mucho en común.

Se puede decir que la economía o mejor, la teoría económica y los métodos del análsis económico pueden aplicarse cuando existen procesos que involucran el uso de recursos escasos con fines alternativos. Aquí usaremos el concepto de teoría en su más estricto sentido científico, o sea, como la explicación de un fenómeno, como el enunciado de unos principios que nos permite comprender las interrelaciones entre entidades y/o agentes económicos. Por otro lado, utilizaremos el término de análisis económico para aplicar la teoría económica a problemas concretos con el objeto de explicarlos o de hacer predicciones a partir de ciertas condiciones. Por ejemplo, y como veremos más adelante en detalle, la teoría económica incluye el estudio de la llamada Ley de la Demanda que identifica una relación inversa entre el precio de una mercancía y la cantidad que se vende o compra libremente. El análisis económico aplicado al mercado de las naranjas puede que incluya la determinación de una ecuación que mejor aproxime la forma en que opera la Ley de la Demanda en ese mercado.

La Organización del Estudio de la Economía

En este aspecto, la formación del economista requiere de un aspecto teórico y otro metodológico. En el ámbito teórico el campo comienza a bifurcarse entre lo que es la teoría microeconómica o simplemente microeconomía (que muchos todavía la llaman Teoría de Precios) y la teoría macroeconómica o simplemente macroeconomía. El núcleo conceptual del estudio de la microeconomía es el análisis de la oferta y la demanda, como instrumento analítico que explica de manera idónea los procesos de formación de precios y permite hacer algunas predicciones sobre los mismos si ciertas condiciones y variables son alteradas. La microeconomía se aplica al estudio de mercados específicos, como los de mercancías o servicios pero también a los mercados de factores, especialmente fuerza de trabajo, capital y recursos naturales o tierra. La microeconomía también estudia las condiciones de producción y de costos, los factores que intervienen en la distribución del ingreso, la organización de los mercados entre los competitivos y los monopolísticos y las condiciones de equilibrio de una economía.

La macroeconomía se concentra en ver una economía en su conjunto, no simplemente sus mercados específicos, por eso a veces la han llamado análisis económico agregado. Uno de sus focos analíticos es el Producto Interno Bruto y sus fluctuaciones o lo que también se denomina el ciclo económico o business cycle. Es en este campo donde se estudia el papel del dinero en una economía y el de la política monetaria por un lado y el papel del gasto público y de los impuestos por el lado de lo que se denomina política fiscal. Es en el campo de la macroeconomía donde se han suscitado las polémicas más candentes entre economistas investigadores y otros interesados en las cuestiones de la política pública, en que unas escuelas de pensamiento han propuesto y defendido ciertas variables para influenciar la economía mientras que otros proponentes han adoptado posiciones menos intervencionistas en cuanto al papel del estado o el gobierno, temas que discutiremos más adelante.

La micro y la macro convergen después en subdisciplinas de la economía como son las finanzas y el comercio internacional, la economía del trabajo, la economía de la salud, de la educación, de la seguridad social, de la administración de justicia, del medio ambiente y otras áreas. Hay también áreas de estudio especiales como el crecimiento y el desarrollo económico, la inflación, las tasas de cambio entre las monedas de los países, los regímenes monetarios internacionales, los sistemas de cuentas nacionales, los métodos de evaluación de proyectos por medio de análisis de costo-beneficio y toda la gama de estudios sectoriales que se dedican a mercados específicos como son el transporte y las comunicaciones, la industria manufacturera, el sector agropecuario, el sector financiero, y otros.

En el campo metodológico el economista estudia estadística matemática, econometría y, dependiendo de sus preferencias o especialización, una dosis mayor o menor de matemática aplicada a la economía. Esto dota al economista con los instrumentos necesarios para el análisis cuantitativo que es tan importante para poder hacer investigaciones rigurosas. Más recientemente, sin embargo, se han ido desarrollando escuelas de pensamiento que involucran el uso de métodos cualitativos o institucionales. Así podemos identificar lo que se conoce como la Nueva Economía Institucional, la teoría de Selección Pública (del inglés Public Choice) y la escuela de Economía del Comportamiento (Behavioral Economics). Más a la zaga, pero prometiendo avanzar significativamente dentro del cuerpo principal de la economía se proyectan los nuevos adelantos en materia de la teoría del caos y complejidad y la teoría de las redes neurales.

Los Puestos de Trabajo del Economista

Si en un país hubiese un sólo economista (mujer u hombre), creo que la manera óptima de utilizarlo sería dividiendo su tiempo entre el gobierno y la universidad. En el gobierno sería el asesor general en materia de política fiscal y política monetaria (¡y todo lo demás que se le ocurra al ejecutivo y al poder legislativo, y puede que hasta al judicial!). La otra mitad de su tiempo debía dar clases de economía, pues en el mundo actual un país sin economistas conducirá su política pública y los intereses de sus ciudadanos de manera muy errática.

Si el país tiene varios economistas (o si le quedan algunos después que el Banco Mundial o el Inter-Americano se los lleve a trabajar a Washington) los mismos deberán estar repartidos primordialmente entre organismos gubernamentales y estatales y organismos de investigación y académicos. En el gobierno, los economistas trabajarían en el Ministerio de Hacienda o Finanzas, en la Banca Central

o la autoridad monetaria, en organismos dedicados al comercio y la industria y, de haber buenos economistas en suficientes números (y presupuesto público para pagar por sus servicios), en el cuerpo legislativo, los organismos de salud y seguridad social y los de educación. En el sistema académico, o sea, universidades y organismos de investigación, el economista debe trabajar a tiempo completo y no a tiempo parcial como sucede en muchos países menos desarrollados. En este ámbito, el economista puede dedicarse a la enseñanza y a la investigación y puede y debe disponer de algun tiempo para hacer consultorías intermitentes tanto domésticas como internacionales. En un buen sistema académico, los economistas como los miembros de otras profesiones, toman algún período, generalmente un año sabático en alguna otra institución, muchas veces en otro país, con la idea de someterse a otras corrientes de pensamiento, desarrollar sus relaciones profesionales y, en general, enriquecerse a sí mismo y a las instituciones donde labora y visita.

Si hubiese suficientes economistas y la economía del país pudiera afrontar el gasto, los mismos tendrían oportunidades de trabajo en el sector empresarial, en la prensa y en los medios de comunicación, en firmas consultoras privadas, en los partidos políticos y en los sindicatos y asociaciones de productores. En muchos casos, las instituciones no necesitan del empleo a tiempo completo de un economista y pueden contratar sus servicios a tiempo parcial, muchas veces de los que se dedican a la universidad a tiempo completo. Las posiciones profesionales del economista dependerán mucho de su nivel de formación académica (licenciado o pre-grado, maestría o posgrado o doctorado), su experiencia, su capacidad de mantenerse al día en su especialidad, su prestigio como profesional y, obviamente, su capacidad personal. Un joven graduado puede trabajar de asistente de investigación para un economista de más experiencia e ir mejorando de posición como resultado de su desarrollo profesional y su competitividad.

Las Funciones del Economista

En los puestos de trabajo arriba mencionados, el economista ejerce diferentes funciones, algunas de las cuales pasaremos a describir para dar una idea de la importancia de las mismas y para que sirva de orientación para aquellas personas interesadas en seguir esta profesión. El orden en que presente estas diversas funciones o especializaciones no está necesariamente ligado a la importancia que se les pueda atribuir a las mismas.

Comencemos con los economistas que trabajan en el Ministerio de Hacienda o de Finanzas, como se les conoce indistintamente en diversos países. Tradicionalmente, este ministerio está a cargo de: a) la recaudación de los ingresos fiscales que se derivan de los impuestos a las diversas actividades económicas del país y b) la formulación del presupuesto de la nación y el control subsecuente del gasto público o del gobierno. De estas dos misiones cardinales del ministerio se derivan otras funciones como el manejo de la deuda pública, que incluye la emisión de instrumentos o bonos de deuda que se venden al público en diversas denominaciones y términos de maduración y los pagos de la deuda y otras obligaciones del estado. Otra función importante del ministerio es mantener las cuentas fiscales del país para poder derivar los datos necesarios para el buen manejo de los fondos públicos y también para evitar las filtraciones, malversaciones, desfalcos u otras prácticas que siempre amenazan con corromper la integridad de esta institución.

Para el economista, las cuentas fiscales son una fuente esencial de datos pues le permiten evaluar el desenvolvimiento de la economía pública, o sea, la del gobierno o estado, y emitir opiniones o recomendaciones en materia de política fiscal y política pública en general. El economista puede incluso participar o estar a cargo del desarrollo metodológico del sistema de cuentas fiscales. Estas funciones las veremos más detalladamente cuando lleguemos a los capítulos correspondientes de esta materia.

En este mismo ministerio, el economista puede trabajar en el establecimeinto de lo que se denomina la estructura tributaria que no es otra cosa que la colección específica de impuestos que el país establece a diversas actividades para recaudar sus ingresos. De este modo pueden haber impuestos al ingreso personal, al ingreso de las corporaciones y a otras formas de ingreso; impuestos a la riqueza aplicados a ciertas formas de propiedad, típicamente a los bienes raíces, o sea, tierra, edificaciones de diversos tipos, incluyendo viviendas, etc. Otros impuestos pueden incluir aquéllos que se aplican a las importaciones, a las ventas en general, o a ciertos productos específicos. El análisis económico necesario para determinar una estructura óptima para una economía es de alta complejidad técnica. De hecho, será uno de los desafíos tempranos del establecimiento de una economía de mercado en Cuba.

Otro gran departamento de hacienda pública es la administración tributaria que se encarga de recaudar los ingresos que se derivan de una estructura tributaria dada. A pesar de su nombre, el trabajo no es simplemente administrativo, pues los métodos de recaudación varían según el tipo de impuesto y los volúmenes que en realidad se recaudan no son necesariamente iguales a los que en teoría se habían determinado. De ahí que uno de los elementos a tener en cuenta es el de la eficiencia de recaudación medida por el costo de recaudar cada peso.

En Hacienda también pueden encontrarse economistas trabajando en el análisis del gasto público, especialmente sus niveles de eficiencia y de eficacia, evaluando si los recursos que se dedican a ciertas actividades se justifican o no y si logran los resultados deseados. Es parte del trabajo de los economistas determinar, por ejemplo, si se está gastando demasiado en salud pública o si debieran aumentarse las asignaciones para la construcción de carreteras. Por otro lado, los economistas van a estar interactuando de manera continua con otros profesionales o instancias públicas, pues los criterios que determinan la estructura del gasto y los volúmenes correspondientes no son sólo de naturaleza técnica económica si no que también se pondrán a contribución criterios de tipo político, administrativos y de otra naturaleza técnica según el ramo.

Los economistas que trabajen en cuestiones monetarias seguramente lo harán desde puestos en el Banco Nacional de Cuba y entre sus papeles más importantes será vigilar la evolución de varios agregados monetarios, especialmente los componentes de la llamada oferta monetaria. O sea, la cantidad de moneda circulante o lo que se conoce como M, los depósitos a la vista (en cuentas de cheques) en bancos que se denomina M2, depósitos en cuentas de menos liquidez o M3 y otros agregados. La vigilancia de estos agregados es necesaria para evaluar los resultados de la política monetaria y muy especialmente para controlar la estabilidad del nivel general de precios, o sea, para que no haya inflación o para mantenerla dentro de ciertos límites.

Los economistas monetarios también se encargan de estudiar la disponibilidad de crédito en sus diversas formas, las fluctuaciones de las distintas tasas de interés, las variaciones de las tasas de cambio entre la moneda nacional y las monedas de otros países y las entradas y salidas de la balanza (o el balance) de pagos, o sea los ingresos y egresos del país en sus transacciones con el resto del mundo. Los economistas monetarios tendrán sus trabajos definidos por las características concretas del régimen monetario en que trabajen. Por ejemplo, si se decide que Cuba tenga un régimen monetario discrecionario, definido como uno donde se toman medidas por las autoridades monetarias que varían según las condiciones de la economía y de las finanzas, los economistas monetarios tendrán una gran influencia en la economía, junto con un gran poder y una alta probabilidad de cometer errores costosos. Si por otra parte se decide que Cuba tenga un régimen monetario sujeto a reglas, donde las autoridades monetarias tienen menos poder decisorio sobre cuestiones como la tasa de cambio, entonces tendrán una autonomía limitada, pero, aún así, su trabajo continúa siendo muy importante para el país.

En alguna oficina del estado deberán recopilarse diversas estadísticas de importancia económica, además de las monetarias que usualmente se recopilan en el sistema bancario central. Las otras estadísticas son las correspondientes a lo que se denomina las cuentas nacionales compuestas por los diversos agregados macroeconómicos, a saber, el producto interno bruto, el producto nacional, el ingreso nacional, el ingreso disponible, el consumo, el ahorro, la inversión, el gasto gubernamental, los ingresos fiscales, etc. Además de las cuentas nacionales deben existir estadísticas sobre importaciones y exportaciones, volúmenes de producción de diversas industrias y sectores de actividad económica, y otros indicadores físicos y de valor de la economía. Igualmente necesario es tener estadísticas de precios que permitan medir los niveles de inflación con regularidad, idealmente mes por mes. Las estadísticas sobre empleo y desempleo son ambas importantes y en algunos casos se recopilan con independencia de las agencias gubernamentales para que no estén sujetas a manipulaciones políticas del gobierno de turno. Otras estadísticas pueden ser las del censo de población, que se recogen por muestreo de familias para investigar la estructura y la evolución del gasto de las familias y muchas otras que tienen gran importancia para investigaciones económicas, políticas y sociológicas de todo tipo. Los economistas que trabajan en los diversos sistemas de estadísticas generalmente se especializan en los métodos de recopilación de los datos, que pueden ser muy complejos y deben ser revisados continuamente. El análisis de los datos generalmente se lleva a cabo en otras dependencias o instituciones de investigación del país, tanto en el gobierno como fuera de él.

Es posible que el gobierno tenga alguna oficina de asesores económicos adscripta a la presidencia o a alguna otra dependencia o que existan diversas asesorías económicas oficiales. En cualquier caso, la más allegada a la presidencia generalmente se ocupa de la política macroeconómica del gobierno y de políticas sectoriales o microeconómicas según la circunstancias. En períodos de auge la preocupación fundamental puede ser evitar las tendencias inflacionarias, mientras que en períodos de recesión el gobierno puede estar pidiéndole a sus economistas algunas propuestas de cómo estimular la actividad económica. Cuando hay inestabilidad laboral en forma de muchas huelgas, el gobierno puede estar necesitando estudios y buenos proyectos en materia de mercados de trabajo, estrategias de negociación colectiva y mediación entre empleadores y empleados, políticas de salarios mínimos y políticas de seguridad social. Los asesores del presidente de la República deberán estar listos para dar su consejo también en cuestiones de política energética, política de conservación del medio ambiental, de recursos marinos y naturales, de desarrollo turístico, o de comercio internacional, para citar unos ejemplos. Generalmente, es necesario que en cada uno de estos casos se necesite la contribución de economistas especializados en los campos correspondientes, no todos los cuales van a estar empleados como asesores a tiempo completo. Es posible que algunos asesores provengan de universidades y puedan ser contratados a tiempo parcial o a tiempo completo por un período determinado.

El poder legislativo debe tener sus propios asesores. De hecho, en países desarrollados no es extraño ver que los legisladores tienen sus propios asesores aunque no lo sean a tiempo completo. En cualquier caso, es bueno que el poder legislativo, en su conjunto, pueda contar con alguna asesoría económica capaz de examinar las implicaciones y consecuencias económicas de las leyes, así como también los aspectos económicos de los presupuestos anuales de gastos del gobierno que frecuentemente deben ser aprobados por la legislatura. El estudio de las implicaciones económicas de las leyes es un campo reciente en el estudio de la economía y Cuba se beneficiaría mucho si contara con economistas especializados en este tema.

Hay muchas otras ramas de actividad que pueden utilizar los servicios de economistas especializados trabajando desde diversas instituciones del país. Por ejemplo, en materia educativa es necesario señalar la importancia del campo de especialización de la economía de la educación, por medio del cual se estudian cuestiones como el financiamiento de la educación en sus muchos formatos, la eficiencia interna de los procesos educativos, el impacto de la educación sobre la economía y su crecimiento, la educación como un proceso de inversión en capital humano, etc. En el campo de la salud, el análisis microeconómico de la salud permite estudiar las determinantes del costo de diversos servicios, los niveles de eficiencia en la producción y distribución de servicios, el papel de la educación en la salud de las familias, las relaciones de costo-beneficio en los proyectos de salud, las alternativas entre los servicios asistenciales de salud y los programas preventivos, etc. Cualquier otra actividad de la vida de una sociedad es susceptible al análisis económico pues el mismo se aplica en una multiplicidad de casos, siendo uno de los más frecuentes en los estudios que tratan de evaluar la eficiencia con que un cierto volumen de recursos se dedican a la producción de ciertos resultados. Así, la economía es aplicable a la administración de justicia, a la forma en que se organizan los servicios policíacos, al desarrollo de las fuerzas armadas, etc.

El economista juega o puede llegar a jugar un papel muy influyente en la sociedad por medio de las universidades y los institutos de investigación económica o los de investigación multidisciplinaria, dependiendo del nivel de riqueza de la sociedad donde opera y del propio nivel de destrezas y capacidad de comunicación que tenga. En los países más ricos, los estudios de economía son muy frecuentes, no sólo para la formación de economistas si no para la formación de otros profesionales. Es muy importante tener en cuenta que la educación económica es algo que todo ciudadano debe tener, en proporciones adecuadas a sus campos correspondientes de especialización.

Es importante enfatizar que un cierto nivel de comprensión de la economía es muy útil para cualquier ciudadano, para decidir cuestiones sobre cómo invertir sus ahorros, cómo distribuir sus gastos entre ahorros y consumo, qué debe hacer entre alquilar su vivienda o comprarla, etc. Como ciudadano, el conocimiento de la economía le permite entender y participar más activamente en las cuestiones de la política pública del país, especialmente a la hora de votar por algun candidato que tiene su propia plataforma económica, o cuando el ciudadano ocupa un cargo público que requiere un cierto nivel de educación económica para llevar a cabo su misión eficazmente. El economista o la educación económica también juegan un papel de gran influencia en los medios de comunicación al dar noticias económicas de interés e interpretarlas, por ejemplo, cada vez que se publican las estadísticas de desempleo, de actividad económica o del costo de la vida.

La Educación Económica y la del Economista

Este libro está dedicado tanto a la formación de los que van a seguir una carrera de economista como a aquellas personas que desean tener una cierta educación económica pero que no necesariamente se van a dedicar a la economía. Muchas veces sucede que los que están estudiando economía como parte de una educación general, se entusiasman lo suficientemente como para continuar los estudios económicos, muchas veces a nivel de posgrado y hasta el nivel doctoral. Este libro se ha escrito para cubrir las necesidades de ambos grupos. La economía se puede estudiar, como cualquier otra materia, a distintos niveles de complejidad. Aquí hemos escogido un nivel para el cual se supone tener estudios secundarios sólidos, incluyendo algo de matemática elemental. No habrá nada en los capítulos siguientes que no pueda ser fácilmente explicado y comprendido por el estudiante promedio y cuando algo requiera alguna matemática superior, se dejará para una nota al pie o como apéndice al final del capítulo. En esta sección nos concentraremos en la formación del economista, teniendo en cuenta que las fases iniciales de esa formación pueden ser compartidas con los estudiantes de otras profesiones.

En primer lugar, debemos indicar, como han dicho muchas veces diversas personas, que la economía representa esencialmente una forma de pensar. El dominio de la economía hace que la persona “piense como economista” lo que significa que cuando llega a esa fase, el individuo identifica el problema económico casi por reflejo y comienza a examinarlo y a buscar interpretaciones y soluciones como lo hace el economista profesional. O sea, el economista no es aquél capaz de citar a otros autores y recitar de memoria los principios de análisis económico, o estadísticas de diversos países

o hechos históricos. El economista es, primordialmente, un profesional capaz de aplicar los métodos y las herramientas del análisis o la teoría económica a problemas de la vida diaria y se va a distinguir de otros profesionales por su manera de enfocar esos problemas.

En este punto cabe preguntarse por qué la educación económica que predomina en las economías de mercado difiere de la que predomina en las economías socialistas. La respuesta tiene varias partes, la primera de las cuales tiene que ver con la característica esencial que distingue ambos sistemas económicos y que radica en los grados de libertad que tienen los agentes económicos en cada caso. Veamos.

Examinemos dos sistemas económicos que parecen casos polares y que en realidad lo son en muchos aspectos, pero no en todos. Un sistema es el socialismo de planificación centralizada o como también se conoce, de economía dirigida y, por otro lado, la economía de mercado. Ambos sistemas tienen un elemento en común y es que el centro de su actividad productiva es la empresa, donde se combinan factores productivos como capital (maquinaria, equipo, materia prima, recursos naturales) con fuerza de trabajo para lograr producir los innumerables bienes y servicios que la sociedad necesita. La empresa es el corazón productor de toda economía, independientemente de que sea una granja, una fábrica, una flotilla de camiones de transporte, un hospital, un centro educativo, un banco, un comercio, una orquesta sinfónica o un teatro. Un segundo elemento en común entre ambos sistemas es la existencia de la sociedad consumidora-trabajadora donde se usan los bienes y servicios que se producen y de donde se suministran los recursos humanos que trabajan en las empresas. La economía consiste en el sistema de interacciones entre empresas y sociedad. La economía no es el gobierno, ni el banco central, ni el ministerio de hacienda, ni la legislatura, ni el partido (en el caso de una sociedad monopartidista y socialista). Estos organismos pueden tener una gran influencia sobre la economía, las más de las veces negativa, porque las autoridades o burócratas no comprenden la complejidad bajo las que tienen que operar las empresas y la complejidad de las relaciones entre la sociedad y las empresas. Sobre este tema volveremos más adelante.

La diferencia esencial entre ambos sistemas económicos es que en el socialismo tanto las empresas como la sociedad tienen muy pocas libertades para tomar decisiones económicas. En las formas más estrictas del socialismo, la economía está dirigida por una planificación centralizada que también se denomina imperativa, en el sentido de que el plan no es una intención si no que tiene el carácter de ley y es, en teoría al menos, de cumplimiento obligatorio. El sistema de planificación es el que concentra el poder necesario para tomar las decisiones económicas. Es a este nivel en que se decide cuánto deben producir las empresas, cuánto deben invertir para ampliar capacidades, adoptar nuevas tecnologías, o desarrollar nuevos productos, cuánto personal emplear, a qué precios deben vender lo que producen y a quién, etc. De hecho, la empresa socialista del tipo que predominó en Cuba por lo menos hasta la desaparición del bloque socialista, era más un taller que una empresa propiamente dicha.

Pero, los poderes decisorios de la planificación centralizada no se limitan a la empresa sino que se extienden también a la sociedad, tanto como consumidora que como trabajadora. Al decidir el sistema de planificación qué producir y en qué cantidades también está decidiendo por la población qué consumir y cuánto. El consumidor está a expensas de lo que se haya decidido producir o importar y como los precios se fijan arbitrariamente, o sea, con poca relación con la oferta y la demanda de cada producto, el mismo hay que racionarlo. Como trabajador, el ciudadano tampoco decide dónde trabajar; típicamente se le asigna un puesto de trabajo y no se puede mover fácilmente hacia otros puestos sin el permiso de diversas instancias burocráticas, muchas veces hasta de tipo político. El ciudadano, en su doble papel de consumidor y de trabajador tampoco escoge dónde vivir. La vivienda de por sí es muy escasa y los individuos acaban viviendo en el mismo lugar por muchos años.

En resumen, las pocas libertades del ciudadano tanto como consumidor o como trabajador se traducen en que la producción es guiada sin tener en cuenta sus preferencias o sus intereses. Supuestamente, el estado, por medio de sus órganos de planificación, es el único dotado para saber lo que los ciudadanos necesitan, pues tiene, también en teoría, la visión de conjunto de la sociedad y puede evaluar más objetivamente lo que la sociedad necesita, no simplemente lo que desea. De esta manera, el ciudadano también recibe a bajo costo servicios de salud y de educación y a cambio de la poca libertad decisoria de la que disfruta, tiene generalmente una cierta estabilidad en materia de empleo y servicios muy elementales. En condiciones normales en que la economía puede generar productos a niveles medianamente satisfactorios, muchos ciudadanos llegan a acomodarse a las condiciones imperantes y registran sus aspiraciones a lo que el estado les ofrece.

Al no haber competencia entre las empresas y como las mismas dependen del presupuesto central del estado en muchos casos, las empresas rara vez se declaran en bancarrota y siguen operando aunque tengan pérdidas crónicas y representen un lastre para el estado y la sociedad en su conjunto. Esta es la base de la seguridad del empleo de los trabajadores que laboran en ella, pero al mismo tiempo es la base de la mediocridad productiva que generalmente afecta a la empresa socialista. Haga la empresa o no un buen trabajo en satisfacer las necesidades de la población en lo que produce, la misma tiene una vida segura pues no hay incentivos para mejorar, para producir más eficientemente o a más bajos costos, o a producir utilidades o a desarrollar nuevos productos o nuevos mercados. Pero hay estabilidad.

En una economía de mercado o incluso en economías de alto nivel de propiedad estatal pero con suficiente actividad de mercado, las empresas pueden tener mucho más poder decisorio. Incluso en las economías muy estatizadas, las empresas tienden a tener más poder que en la típica socialista pues pueden decidir qué producir, cuánto y a qué precios sin necesariamente responder a una autoridad planificadora central. Sin embargo, en las economías donde predominan las empresas privadas y la competencia, el poder decisorio de las empresas alcanza su máxima expresión, precisamente porque necesitan una libertad de maniobra muy elevada para adaptarse rápidamentre a las condiciones cambiantes de la demanda y por lo menos sobrevivir o, lo que es preferible, lograr una ganancia. La libertad de gestión de las empresas en estas condiciones no sólo se extiende a lo que producen y venden si no también a lo que compran y contratan y a los precios que lo hacen. Por ejemplo, en las economías de mercado más eficientes, las mismas pueden contratar a los empleados que necesite en los números adecuados a los niveles de producción, hacer inversiones, adquirir nuevas tecnologías, dedicarle una parte de los ingresos a la investigación o al desarrollo de nuevos mercados y productos, etc. Esta libertad de gestión, sin embargo, tiene un precio. La empresa no tiene garantizada su existencia como lo tiene la empresa socialista. En la medida en que no produzca lo que la sociedad necesita, a un precio que cubra los costos de producción, la empresa sufrirá pérdidas que puede que a lo mejor pueda absorber por un tiempo, pero que si no corrige, se verá obligada a cerrar.

La misma incertidumbre que las empresas tienen al operar en mercados competitivos la tienen los trabajadores, pues los mismos no tienen empleos garantizados en la medida en que sus empresas no sean capaces de mantenerse operando o si las mismas no pueden mantener los niveles tradicionales de producción. O sea, aunque la empresa se mantenga operando, puede sufrir fluctuaciones de producción derivadas de cambios en las condiciones de la demanda por sus productos, que la obliguen a aumentar o disminuir sus niveles de empleo correspondientes.

La recompensa por la incertidumbre tanto para los trabajadores de todo tipo, desde operarios hasta ejecutivos y propietarios, es que la competencia los ayuda a ser más eficientes y productivos y como resultado todos podrán disfrutar de un mayor nivel de vida. La experiencia muestra que las economías competitivas de mercado son más eficientes que las socialistas planificadas, precisamente por la diferencia de incentivos que existen entre las mismas. El ciudadano que vive y trabaja en una economía de mercado acaba teniendo más bienes a su disposición y gozando de lo que se llama la soberanía del consumidor, acaba siendo el que dicta al aparato productivo lo que quiere consumir, con qué variedad, cuándo, dónde y en qué cantidades. ¿A qué precios? A los que resulten del interjuego de dos grupos de fuerzas, la demanda de los consumidores mismos por un lado y la oferta de los vendedores o productores por otro que tienen, en primer lugar, que cubrir los costos de producción. Esto lo estudiaremos con más rigor en los próximos capítulos.

Lo que podemos señalar en este punto es que casi no merece la pena estudiar la economía de un sistema en el cual no hay opciones ni para el trabajador-consumidor ni para el productor o la empresa y en que las decisiones económicas se toman a discresión de las autoridades centrales que responden a criterios arbitrarios o políticos, pero no económicos. Nadie jamás inventó la teoría económica del socialismo. Nadie desarrolló las leyes o principios de dirección, comportamiento o manejo de la economía socialista. Marx se concentró en hacer la crítica de la economía capitalista como él la percibía en sus días, pero nunca esbozó los principios de lo que él proponía como un sistema alternativo. Muchos años transcurrieron antes de que Oscar Lange, Mikhail Kalecki y Ernest Mandel intentaran sin éxito una teoría económica aplicada al socialismo o de que se desarrollara el análisis del insumoproducto por Wassily Leontief. Mientras tanto, en la medida en que las economías de mercado se prestaban para observar ciertos fenómenos económicos como resultado de que la diversidad de agentes económicos determinaba ciertas tendencias, científicos como Adam Smith, David Ricardo, y Alfred Marshall, por citar sólo unos pocos, se fueron desarrollando las bases de lo que es hoy la ciencia económica. El estudio de Marx no puede echarse a un lado, porque aunque se haya apartado de la corriente científica de su tiempo acabó desarrollando un esquema teórico que no permitía la investigación empírica, o sea, la validación o invalidación de lo que su teoría afirmaba. Además, su intento de explicar ciertos fenómenos siempre fueron tomados en serio, incluso por aquellos economistas que no compartían sus ideas porque además el mismo incluía percepciones críticas que merecían respuestas rigurosas.

Por lo discutido en los párrafos anteriores, vemos entonces que la economía que se estudia en los centros más avanzados del mundo, especialmente en Estados Unidos, Gran Bretaña, Suecia, Holanda, Japón y otros, aunque no pueda considerarse infalible, es la economía que debe estudiarse en cualquier centro que aspire a estar al nivel más avanzado y en mejores condiciones para contribuir al desarrollo económico. No es una casualidad que en los países de mayor grado de desarrollo económico, político, institucional y en materia de libertades civiles, es donde precisamente radican esos centros de estudio e investigación. La libertad de opciones de los agentes económicos que operan en función de sus intereses particulares es lo que sirve de base para definir la esencia del estudio de la economía como la ciencia de la asignación de recursos escasos a objetivos alternativos. O sea, la economía moderna se nos presenta como una ciencia normativa indicándonos cómo hacer las cosas de la manera más eficiente posible, y como una ciencia positiva señalándonos cómo ocurren ciertas cosas y por qué y cómo podemos hacer ciertas predicciones si se dan ciertas condiciones. En el desarrollo de sus aspectos normativos y positivos, el estudiante descubrirá lo fascinante de la ciencia económica y su enorme versatilidad para ser aplicada a un número enorme de situaciones en la vida diaria, desde las más pedestres y elementales hasta las más complejas y trascendentes.

Algunos Conceptos y Principios Económicos

Deseo y necesidad son actitudes que motivan a los individuos a aplicar diversos grados de esfuerzo

    1. o trabajo para su satisfacción. El economista, en la tradición más liberal u occidental, no distingue

    2. entre deseo y necesidad, pues respeta la expresión de un individuo libre de preferir una cosa u otra con diversos grados de intensidad. En una sociedad libre, se supone que el individuo adulto es capaz de decidir por sí mismo lo que quiere, aún cuando pueda ser motivo de discusión dentro de su familia

  1. o entre sus amigos si necesita o no lo que desea. De hecho, el concepto de necesidad es relativo y si no aceptamos que el individuo adulto es el único que es capaz de juzgar lo que quiere, tenemos que aceptar la existencia de una autoridad superior, por ejemplo el estado o una burocracia, que decida en lugar del individuo lo “que más le conviene”. Ese razonamiento es el punto de partida de la justificación de la tiranía, pues una vez que aceptamos que puede haber una entidad superior al individuo que puede decidir por él, estamos renunciando al derecho de decidir por nuestra cuenta, no sólo lo que consumimos, si no también cada uno de los aspectos de nuestras vidas.

Bienes y servicios son aquellas cosas que las personas desean poseer o disfrutar. Generalmente, los bienes se refieren a entidades materiales que son acumulables por períodos de tiempo más o menos prolongados, como pueden ser los alimentos o las herramientas, mientras que los servicios no pueden acumularse, como es el escuchar una sinfonía o disfrutar de la seguridad pública. Los bienes y servicios son precisamente los que están destinados a satisfacer nuestras necesidades o deseos. A veces no hacemos distinción entre ambos y llamamos a todos “bienes”, especialmente cuando queremos distinguir entre bienes privados y públicos. Los primeros son los que son consumidos por una sola persona excluyendo a todos los demás. Por ejemplo, una naranja o un examen de la vista. Los bienes públicos, por el contrario, son aquéllos que por su naturaleza se consumen colectivamente, no pudiendo excluir a un cierto número de consumidores de su usufructo. Un ejemplo típico es el alumbrado de las calles, otro es la estabilidad de los precios y un tercero es la salubridad pública.

Libertad Restringida Todo individuo tiene un cierto grado de libertad para tomar decisiones, pero su libertad está restringida por toda una serie de factores. Por ejemplo, un consumidor puede comprar distintas combinaciones de bienes, pero el volumen total de lo que compre estará restringido por la cantidad de dinero con que cuente en un momento dado. Para simplificar el análisis, o sea, para no complicarlo innecesariamente y podernos concentrar en el principio fundamental que estamos tratando de explicar y comprender, supongamos que no puede comprar a crédito. De esta manera, el comprador puede dedicar todo su dinero a comprar ropa, o a usarlo todo en comida o en otras combinaciones de bienes, pero todas esas combinaciones, a las que le podemos llamar conjunto de opciones, están limitadas por el dinero que posee en un momento dado. Entre las opciones que el consumidor tiene, existen posibilidades de intercambio. Por ejemplo, el comprador o la compradora puede adquirir una cierta cantidad de ropa y una cierta cantidad de comida y gastar todo su dinero en esas dos categorías de gasto, pero si quiere gastar algo en entretenimiento, tendrá que sacrificar algo de una de las otras dos o de ambas en diversas proporciones.

Este conjunto de opciones puede estar sujeto a otras restricciones, por ejemplo, dentro de veinticuatro horas, nuestro consumidor sólo puede hacer ciertas actividades. Si decide ir al cine puede usar su dinero para comprar un boleto (si el precio y la cantidad de dinero que tiene se lo permiten e ir unas dos horas a ver la película. Puede que tenga suficiente dinero para comprar muchos boletos para ir a diversas funciones, pero el tiempo le impone una restricción que le limita sus opciones. De hecho, del mismo modo que los bienes tienen precios en dinero que hacen que la restricción de dinero sea más o menos estrecha, los bienes tienen precios en tiempo, o sea, en nuestro ejemplo, una película, además de lo que cuesta el boleto, también “cuesta” dos horas verla.

Si la cantidad de dinero aumenta, el conjunto de opciones del consumidor aumenta y podrá comprar más de todo o decidirse por otras combinaciones de bienes. Si con una cantidad dada de dinero puede comprar la combinación que más le satisfaga a unos precios dados y, de pronto, algunos de los precios suben, su conjunto de opciones se reduce pues el aumento de alguno de los precios equivale a una disminución de su ingreso. El análisis se complica si unos precios suben y otros bajan y, como veremos más adelante, hay maneras de determinar si el conjunto de opciones aumentó o disminuyó. Este tipo de análisis se puede aplicar del mismo modo a los “precios” en tiempo de los bienes y a la restricción correspondiente que acota el conjunto de acciones del consumidor. Por ejemplo, si una actividad que antes llevaba una hora realizarla se puede hacer ahora en treinta minutos, el conjunto de opciones se amplía. Por ejemplo, hacer cola es parte del precio en tiempo de ver una película y si de pronto la cola se reduce, el comprador se beneficia.

Las consideraciones anteriores abren la puerta para el concepto de costo de oportunidad de una actividad, que es aquél que se mide por el valor de lo que se deja de hacer por llevar a cabo esa actividad. Por ejemplo, cuando uno dedica tiempo a estudiar, el costo de los estudios, independientemente de quién los pague, es el costo directo (en el sentido económico, no contable) de esa actividad pero el costo de oportunidad está determinado por lo que deja de ganar por estudiar, generalmente el ingreso que se devenga del trabajo.

Otro concepto importante es el de costo de transacción el cual se refiere al costo adicional en que se incurre cuando se acomete una actividad o transacción dada. Por ejemplo, cuando se va a comprar ropa, el costo de la ropa está dado por su precio, pero además de pagar algún dinero por la meracncía, el comprador debe de pagar por el transporte para llegar hasta el lugar de venta, el tiempo de espera que tiene que dedicar mientras se prueba la ropa y hasta la búsqueda del lugar, la calidad de la mercancía o del mejor precio por lo que compra.

Escasez es la condición o cualidad de un bien o servicio de no estar disponible en cantidad suficiente a lo que se desea. La escasez es posiblemente el concepto matriz de la economía como ciencia y ha sido parte de innumerables definiciones del objeto de su estudio. Es la escasez la que nos obliga a pensar como economistas y la que nos dá una de las primeras lecciones cuando nos damos cuenta de que no hay nada gratis, que todo tiene un costo, más o menos visible o mensurable. Cuando alguien dice que tal o más cual cosa es gratis, puede que se refiera a que el beneficiario no lo tiene que pagar, pero alguien tendrá que hacerlo. Por ejemplo, cuando se dice que la educación es gratuita se refiere más bien a que los que la reciben no tienen que pagarla, al menos en el corto plazo, pero alguien en otra parte de la sociedad tiene que trabajar para poder cubrir el salario de los profesores, el costo de los materiales de enseñanza, etc. De esta manera, lo que se llama gratuito está más bien subsidiado. Las pocas excepciones de bienes o servicios verdaderamente gratuitos son las de los llamados bienes libres, como es supuestamente el aire, pero con los problemas de la contaminación ambiental ya ni el aire puro es siempre un bien libre. En muchos lugares hay que dedicar recursos a disminuir el nivel de contaminación y en economías más ricas el aire de la casa se filtra y se acondiciona a una humedad y temperatura de acuerdo con los deseos y la capacidad de compra de sus habitantes

El análisis económico tradicional se basa en el supuesto de lo que se denomina comportamiento racional por parte de los individuos, en sus diversas actividades como agentes económicos. Como tales, las personas tendrán que tomar decisiones como consumidoras, trabajadoras, inversionistas, o empresarias y una manera de guiar e incluso explicar y hasta predecir su comportamiento es estudiando su comportamiento como seres racionales. Sin embargo, más allá del comportamiento racional, la economía moderna ha abierto un espacio para estudiar el comportamiento que puede alejarse de lo racional y estudia las acciones de los diversos agentes económicos no sólo por lo que debieran decidir si no también por lo que deciden aún cuando las decisiones no sean las más óptimas.

Esta consideración abre la puerta a uno de los aspectos más intrigantes y fascinantes en el estudio de la economía y es el de cómo el supuesto de comportamiento racional, cuando se aplica a un número lo suficientemente grande de individuos, permite aplicar ciertas fórmulas o modelos económicos que tienen un alto poder predictivo. Esto se debe a que las personas responden a incentivos materiales, lo que no quita que no respondan también y en ciertas circunstancias a incentivos morales o espirituales. La simple observación de la vida diaria nos permite postular que el poder de los incentivos materiales es muy elevado y que cuando los mismos faltan por alguna razón, las personas dejan de ejecutar toda una serie de tareas. La capacidad de respuesta a los incentivos materiales es fácilmente observable en una sociedad donde existe un mínimo de libertades económicas, pero aún en aquellas sociedades donde esas libertades están severamente restringidas siempre hay casos donde el poder de los incentivos se demuestra. Por ejemplo, en Cuba, durante los años noventa en que la economía tuvo que reajustarse a la pérdida de los subsidios de la Unión Soviética, mucho profesionales querían trabajar como porteros de hoteles simplemente porque recibían unos salarios en una moneda con un poder de compra mayor que la nacional.

Otra muestra del poder de los incentivos es la predominancia del mercado negro como instrumento de aliviar las deficiencias de los suministros de bienes de primera necesidad no disponibles por los conductos establecidos oficialmente. La existencia del poder de los incentivos materiales parte de un reconocimiento pragmático de la naturaleza humana y no de una concepción caprichosa de la misma. Una de las grandes contribuciones de Adam Smith y de otros economistas que siguieron la tradición de los filósofos empiricistas británicos del Siglo XVIII fue la de reconocer el carácter egoista del ser humano (que no necesariamente excluye su capacidad para el comportamiento altruísta) y de preocuparse por plantear los principios de la organización de las sociedades en función de esa característica fundamental y no de una concepción arbitraria e irrealista del individuo.

De todo esto se desprende que en una sociedad donde existen ciertas libertades económicas, los imdividuos tienen diversas oportunidades de intercambiar bienes y servicios en búsqueda de mejorar su nivel de vida, el cual depende en gran medida de la cantidad de bienes y servicios que logre adquirir y/o consumir en un período dado. El medio de intercambio por excelencia es el mercado o, más concretamente, los diversos mercados donde se llevan a cabo transacciones de distintos tipos. En este punto es necesaario aclarar que cuando se habla de una economía de mercado se refiere a una economía donde todos tienen las mismas libertades de intercambiar aún cuando existan diferencias en cuanto a las cantidades de recursos que cada individuo tiene. Sobre este tema también fascinante volveremos en el transcurso de este libro.

La Organización del Libro

El material de este libro está organizado en dos partes principales. La primera parte está dedicada al estudio de la macroeconomía y la segunda al de la microeconomía. Aunque dedicada a la macroeconomía, la primera parte contiene algunos elementos de análisis microeconómico que son indispensables para la comprensión de lo macroeconómico. Además de esta división, los capítulos están diseñados separadamente en fascículos para facilitar su distribución y estudio en Cuba que todavía sufre la falta de libertades que permitirían el estudio abierto de este material para el bien del país y de sus ciudadanos. Por esta razón, cada fascículo se ha preparado para que tenga alrededor de veinte páginas.

Además de este capítulo introductorio, la primera parte contiene veinte capítulos dedicados al estudio de los mercados, la formación de precios, la teoría de la oferta y de la demanda y el comportamiento de consumidores y productores, todo lo cual representa la base microeconómica del estudio de la macroeconomía. Los capítulos siguientes se concentran en lo macroeconómico propiamente dicho e incluyen el estudio de las cuentas nacionales o agregados macroeconómicos, como la producción, el consumo, el ahorro, la inversión, el empleo y el crecimiento. En seguida se estudia el sistema financiero y el sistema monetario para luego converger en una síntesis donde se estudia la teoría macroeconómica, las fluctuaciones de la economía en el corto plazo, las políticas monetaria y fiscal y fenómenos seleccionados que afectan las economías a nivel macro.

La segunda parte profundiza en los principios microeconómicos estudiados en la primera, desarrollando más los conceptos de demanda, costos y oferta, competencia y monopolio, la teoría del comercio y de las ventajas comparativas, el papel de la información en la eficiencia de los mercados, el papel del gobierno en una economía y en los mercados, la empresa y la ganancia, la distribución del ingreso y las relaciones entre la economía y el derecho.

En la medida en que el estudiante avance sobre estas materias se irá dando cuenta por sí solo de cómo se desarrolla su poder de raciocinio y de explicación sobre los problemas económicos, desde los más comunes que forman parte de su vida diaria, hasta los temas más complejos de la política pública y de la política internacional. Aquéllos que hayan estudiado economía de la manera dogmática y eminentemente arcaica con que se ha estudiado en Cuba por los últimos cuarenta años, se darán cuenta de inmediato la pérdida de tiempo que ha sido el estudio de una llamada economía política que se oponía a la libertad de pensamiento para ocultar las ventajas abrumadoras del pensamiento científico sobre el político propagandístico. Este material no necesita el bombardeo continuo del adoctrinamiento pues se sostiene por sí solo, aún en las muchas cuestiones para las que todavía no hay respuestas definitivas y los debates continúan en todos aquellos círculos donde la libertad de pensamiento y expresión no tiene guardias.

Al final de cada capítulo, el estudiante encontrará una lista de temas para estudiar y de problemas prácticos a ser discutidos preferiblemente en grupos o con profesores más versados en cada tema. Siendo éste el primer esfuerzo de este tipo (hasta dónde yo sé), invito a los estudiantes a que me escriban con sus opiniones, dudas, reacciones, preguntas y sugerencias sobre estas páginas, pues van a tener muchas oportunidades de superarse en los años venideros.

Temas para Discusión

    1. En el conjunto de opciones de un consumidor, su ingreso mensual representa la restricción principal a la que tiene que atenerse en sus decisiones de compra. Identifique otras tres restricciones

    2. que limitan la capacidad de compra del consumidor o su capacidad de disfrutar lo que compra.

  1. ¿Qué relación existe entre la eficiencia y la libertad de opciones?

  2. ¿Es factible una economía socialista basada en un un régimen de incentivos materiales?

  3. Ponga tres ejemplos de posibilidades de intercambio dentro del conjunto de opciones de un trabajador.

  4. Ponga tres ejemplos de posibilidades de intercambio dentro del conjunto de opciones de un gobierno.

Problemas de economía aplicada

  1. Dé tres ejemplos de cómo el gobierno puede desincentivar el trabajo en la producción y otros tres de cómo puede incentivarlo.

  2. Discuta la siguiente proposición: La educación y la salud son derechos sacrosantos del ciudadano y por lo tanto deben ser ofrecidos gratuitamente a todos los que los necesiten.

  3. Usted planeaba estudiar el fin de semana para un examen pero una amiga lo invita a ir a un juego de pelota. ¿Cómo evaluaría el costo de aceptar la invitación?