Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 Dr. Alberto Roteta Dorado, Fort Pierce, Estados Unidos

No somos el centro sino una pequeña parte de “Nuestra América”

 

En los últimos meses nos hemos apartado demasiado del contexto latinoamericano. Tal vez la imposición de las ideas del llamado Socialismo del siglo XXI por parte de los mandatarios cubanos -primero Fidel Castro, quien gestó junto a Hugo Chávez el surgimiento de esta tendencia y su propagación por parte del continente, y más tarde Raúl Castro, al hacerse eco de las descabelladas ideas de su hermano-  influyó decisivamente en ese rechazo que se le hace a todo aquello que pueda aproximarse a las tendencias socialistas, las que, lamentablemente, adquirieron ciertos matices durante la primera década del  presente siglo. De esta forma, todo lo que procede de un grupo de países latinoamericanos resulta rechazado por los cubanos, que ya bastante tienen con su socialismo heredado desde los viejos tiempos de la Unión Soviética y sus aliados de la Europa oriental.

 

Por otra parte los cubanos han estado muy ensimismados en su pesar. En Cuba se sobrevive, se trabaja o se “inventa”, se intenta buscar lo mínimo para el sustento y la precaria alimentación, se ven las novelas, se trata de descansar, no sin antes pensar qué se podrá comer al siguiente día, y así se repite el interminable ciclo que no conduce a nada y que solo refuerza ese estado de aislamiento al que lamentablemente se ha llegado.

 

A esto se le añade la postura de los medios oficialistas que solo pueden mostrar una ínfima parte del acontecer internacional. Solo algunos puntos de Venezuela, la aliada en las andanzas comunistas de estos tiempos, siempre y cuando sean obviadas las masivas manifestaciones de protestas contra el régimen, la situación de los prisioneros políticos, las intervenciones de organismos internacionales como la OEA, la ONU y hasta la Santa Sede, la alarmante cifra de venezolanos que cada día emigran a otros países de la región para subsistir, la hambruna y carencia de medicamentos, y el estado deplorable de sus instalaciones de salud.

 

La imposibilidad de poder acceder a la información a través de Internet ha sido otro de los factores determinantes para reafirmar ese estado de aislamiento en que permanecen la mayoría de los cubanos de la isla.

 

Los del exilio, teniendo la posibilidad de poder llegar a todo lo que ocurre en el mundo al disponer de espacios en los medios radiales y televisivos que reflejan la realidad mundial de manera libre y no parcializada, así como la disposición a Internet y a la prensa escrita, han mantenido los cánones del aislamiento como algo inherente y demasiado arraigado a sus patrones, con muy pocas posibilidades de desprenderse de una vez y por siempre de ese estado de condicionamiento.

 

Demasiado odio, rencor, sentimientos vengativos, egoísmo, prepotencia, deseos de sobresalir, necesidad de protagonismo, y ese gran mal predicado por el dictador que se les ha muerto ya: el egocentrismo y las ideas megalomaníacas, rasgos comunes y definitorios de una cantidad considerable de aquellos que cruzando mares o atravesando las peligrosas selvas lograron salir de la gran prisión del Caribe.

 

No se trata de una crítica, espero no ser malinterpretado. No es una actitud ex profeso, sino una condición establecida a fuerza de un tenaz adoctrinamiento sostenido por décadas. Cuba, Cuba y solo Cuba, y en torno a ella el “enemigo brutal” del norte, y a nuestros pies los “países hermanos”.

 

Los delirios del que ya no está nos llevaron a admitir que somos el país más culto del mundo, que somos una potencia médica, que tenemos los mejores deportistas, los más grandes músicos y los más extraordinarios bailarines; hemos creado la cura para el cáncer, las más sofisticadas vacunas, la tasa de mortalidad infantil más baja de América -esto sí es cierto-, amén de los mejores tabacos, rones, playas y mulatas.

        

¿Cómo lo lograron? Mediante un reiterativo discurso, a través del efecto visual que se obtiene con sendas imágenes, con una educación mecanicista y doctrinal que solo predica los “grandes logros” de la revolución cubana, y por supuesto con la existencia de un cuerpo represivo para impedir cualquier elemento que se aparte de los patrones establecidos y considerados correctos para el régimen.

 

Lo que ocurre en Costa Rica, Panamá, Colombia, Argentina o Chile, no se difunde en la isla a pesar de ser países que contextualmente están en relación con Cuba, si es que continuamos admitiendo la idea de un latinoamericanismo defendido con razón y con conocimiento de causa por ilustres hombres como José Martí.

 

Recordemos que en su revista dedicada a niños y jóvenes de América, en su primer número, evoca la grandeza de hombres como Bolívar, Hidalgo y San Martín, con lo que pretendió llevar el mensaje del sentido del latinoamericanismo y la necesidad de la praxis continental desde etapas tempranas de la vida. No obstante, el régimen de La Habana solo permite la difusión de “las proezas” de Evo Morales, Rafael Correa y Nicolás Maduro, los pocos que quedan aferrados a la espectral sombra del socialismo de nuevo tipo propuesto por Chávez -en realidad no es una invención del líder venezolano, sino que tomó el término y las concepciones básicas a partir de los aportes del sociólogo y analista político alemán, residente en México, Heinz Dieterich Steffan (1943), conocido por sus posiciones de izquierda, quien revisó la teoría marxista con la perspectiva de presentarla actualizada al mundo de nuestros días- e impuesto en algunos países de la región. 

 

Así las cosas -independientemente a todos estos aspectos comentados que considero son determinantes en relación con la actitud de cierta indiferencia respecto al acontecer mundial y específicamente de nuestra región-, en los últimos días hemos dado las espaldas a “Nuestra América” de manera particular por varios motivos. Primero la enérgica campaña electoral de Estados Unidos, con su alta dosis de sensacionalismo, con un desenfreno que llegaba a violentar las normas éticas de la política y de la justicia social. Luego el triunfo definitivo de Donald Trump, representante del Partido Republicano, con una oleada de especulaciones en torno a su política de gobierno, a sus pretensiones, a los posibles beneficios para unos y a las amenazas para otros, específicamente a las comunidades de emigrados. Y, finalmente, la muerte del dictador cubano Fidel Castro y el gran espectáculo conformado alrededor de su funeral, el luto impuesto en toda la isla a través de la represión, la histeria de unos, la alegría desmedida de otros, y por qué no, también el recogimiento sincero de los que de verdad le han admirado y seguido.

 

Estos acontecimientos han contribuido a que olvidáramos, exceptuando la dramática situación de Venezuela, ciertos sucesos de gran importancia dentro de la política latinoamericana.

 

El pasado 6 de noviembre tuvieron lugar las elecciones presidenciales de Nicaragua. Se ha dicho que el presidente Daniel Ortega llegó como “favorito” a la contienda electoral. Según sondeos previos, se logró estimar una intención de voto superior al 50 por ciento, lo que logró confirmarse cuando el mandatario de izquierda triunfó con un 72,1% de las boletas para sí; pero una cifra vista separada del contexto no da la medida de las observaciones que de manera previa al evento eleccionario se hicieron en el país centroamericano y que en este justo momento se ponen en duda.

 

Varios aspectos en torno a su reelección y a lo que han llamado una farsa electoral merecen ser comentados. Meses antes, en su discurso ante el Congreso del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), luego de haber sido designado candidato presidencial por séptima ocasión, de manera irrespetuosa atacó a observadores internacionales y diplomáticos, haciendo referencia a las misiones de observación electoral de la OEA, de la Unión Europea y el Centro Carter, que hasta ahora habían sido los observadores internacionales tradicionales de las elecciones del país. “Observadores sinvergüenzas. Aquí se acabó la observación, que vayan a observar a otros países”, afirmó el mandatario.

 

Finalmente, a pesar de estas contrariedades el gobierno de Nicaragua invitó a la secretaría general de la Organización de Estados Americanos a asistir a las elecciones con el fin de conocer las impresiones de las organizaciones y expertos invitados al evento electoral -algo que no fue precisamente una observación y supervisión del proceso-, lo que fue aceptado por el secretario general de la organización, Luis Almagro. Dicha invitación  se hizo días después de que la OEA y el gobierno que dirige Ortega conformaran una mesa de conversación e intercambio, luego de que la oposición denunciara al gobierno de impedirle la posibilidad de participar en las elecciones y de violar los derechos humanos.

 

Por otra parte, Daniel Ortega manipuló el poder judicial para acabar con la oposición y dejar al Partido Liberal Independiente (PLI)  prácticamente en la proscripción, y de igual forma expulsó a los opositores de la Asamblea Nacional. El pueblo nicaragüense lo repudió  con  una  abstención en el simulacro electoral del 6 de noviembre, algo jamás visto en la historia electoral de Nicaragua.

 

"Yo quiero un cambio, ni canal, ni farsa electoral, basta ya de violencia estatal”, gritaban en son de protesta los cientos de nicaragüenses que a solo un mes de la supuesta elección como presidente, en Managua, la capital del país, se pronunciaron contra el Gobierno de Daniel Ortega, en ocasión de la visita del secretario general de la OEA, Luis Almagro, para conversar sobre las cuestionadas elecciones del 6 de noviembre, en las que fue reelegido.

 

La jornada de protestas abarcó todo el país, siendo dirigida por integrantes del Frente Amplio por la Democracia (FAD), del Movimiento Renovador Sandinista (MRS), el Consejo de la Tierra, Lago y Soberanía y varios movimientos feministas. En varios puntos las marchas fueron reprimidas con gases y balas de goma que dejaron decenas de heridos y múltiples detenciones.

 

Las protestas no solo fueron dirigidas contra las últimas elecciones en las que se han cuestionado una serie de irregularidades,  principalmente en relación con la marginación  de la principal fuerza de oposición por maniobras de las autoridades judiciales y electorales; sino también contra la construcción del canal que uniría los océanos Pacífico y Atlántico, por los efectos nocivos para el medio ambiente y la expulsión de sus tierras de miles de campesinos y comunidades originarias.

 

Ortega, con 71 años, ocupó el cargo presidencial durante el periodo 1985-1990, y desde 2006 hasta el presente. Con esta reelección su mandato se prolongará hasta el 2021, con lo que logrará un total de veintiún años en el poder, algo que le convierte en el mandatario que más tiempo ha logrado estar como presidente en el país centroamericano, cinco años más que el dictador Somoza García quien estuvo dieciséis, y el latinoamericano de mayor trayectoria en sus funciones, solo superado por el dictador cubano Fidel Castro, quien se mantuvo por cuarenta y nueve años, entre 1959 y 2008, y el mexicano Porfirio Díaz, con treinta y cinco años, entre 1876 y 1911, reelecto en nueve ocasiones.

 

La comandante guerrillera Dora María Téllez, alarmada por la actitud asumida por algunos de los otrora enemigos de Ortega que ahora reaparecen como aliados, ha definido un nuevo término, el orteguismo. Según la exguerrillera, se caracteriza por su cohesión en torno a la corrupción y a los beneficios que se obtienen de ocupar espacios de poder. “Eso resulta atractivo a gente que lo único que quiere es un puesto, un cargo, un salario, prebendas, privilegios”.

 

El secretario General de la OEA, Luis Almagro, durante su reciente visita de solo un día a Nicaragua, afirmó que el país necesita realizar ajustes en el sistema político, para consolidar la democracia y superar su crisis institucional.

 

El Centro de Investigación de la Comunicación (CINCO), una ONG especializada en asuntos democráticos, acaba de revelar que la oposición afirma que el mandatario se reeligió en medio de una abstención de más de 70%, mientras que el Consejo Supremo Electoral, en manos del oficialismo, calcula que fue de 31%. La citada institución se refirió de igual modo al alto grado de abstenciones durante los pasados comicios, en contradicción con la imagen que ha intentado dar el oficialismo.

 

Recordemos que hace solo un año Daniel Ortega fue capaz de lanzar a sus tropas contra más de mil cubanos en la frontera Costa Rica-Nicaragua, acción que incluyó el cierre de la frontera, con lo que se originaba la primera crisis humanitaria del conflicto migratorio cubano en el continente.

 

En Ecuador, país donde existe una comunidad de cubanos, están teniendo lugar una serie de acontecimientos que inciden directamente en la situación política y social no solo de la nación, sino de Latinoamérica.

 

En febrero tendrán lugar unas elecciones que lamentablemente pudieran prolongar por algún tiempo el correísmo y los métodos de la revolución ciudadana -siguiendo los preceptos chavistas con su revolución bolivariana-  a pesar de que el mandatario actual sale del poder. No obstante, pudiera haber una continuidad si triunfaran los representantes de Alianza País, el partido oficialista que de manera incondicional apoya Rafael Correa,  facilitando semanalmente la promoción de sus candidatos a través de sus sabatinas.

 

Actualmente Lenín Moreno, por Alianza País, ocupa el lugar preferencial, seguido por Guillermo Lasso, líder del Partido Creando Oportunidades (CREO), Paco Moncayo, en nombre del Acuerdo Nacional por el Cambio, partido de tendencia centroizquierdista, o de izquierda democrática, y Cynthia Viteri, candidata por el Partido Social Cristiano (PSC).

 

Recién comenzado el año, Rafael Correa destituyó al alto mando militar del país, en medio de una disputa surgida por presuntas irregularidades en la venta de unos terrenos de los militares al Ministerio del Ambiente. El gobierno de Correa emitió una orden para que se descontaran 41 millones de dólares de las contribuciones al Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas y se devolviera de esta forma el dinero al Ministerio del Ambiente, lo que originó el malestar en la alta jerarquía militar.

 

El presidente respondió con una de las suyas y decidió remover a los consagrados comandantes militares de sus puestos. El 5 de febrero, BBC Mundo informaba que el presidente Correa nombró un nuevo jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, y a otros tres altos oficiales como comandantes del Ejército, la Fuerza Aérea y la Fuerza Naval, lo que se ha considerado una incomprensión de las características de las Fuerzas Armadas por parte del gobierno.

 

El pasado septiembre, el dictador ecuatoriano acudió a una jueza para que los militares lo respeten, lo que reafirma las fricciones que se mantienen entre el mandatario y sus Fuerzas Armadas.

 

Como respuesta a la actitud del prepotente y egocéntrico presidente, varios militares jubilados se han agrupado en torno a una candidatura presidencial, con lo que esperan poder  recuperar el rol de la institución y  del Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas (Issfa), entidad que el presidente se ha encargado de desacreditar a través de su habitual difamación.

 

Los excomandantes de la Marina, Aland Molestina y Livio Espinoza, crearon agrupaciones con el fin de aportar a la alternancia en la democracia. Cada grupo creado respalda a un candidato a la presidencia. Esta incursión en la política ecuatoriana ocurre en momentos en que el presidente Rafael Correa ha advertido que exuniformados de las altas jerarquías buscan “atacar” a su gobierno, a lo que ha respondido el exjefe de la Marina, Aland Molestina: “No somos desestabilizadores; el único desestabilizador es el presidente Correa. Yo lo emplazo a que en lugar de echar esta cortina de humo, que diga qué ha hecho por parar la corrupción”.

 

En el Círculo Militar, al norte de Guayaquil, la ciudad más populosa de Ecuador, y donde la oposición es muy fuerte, un grupo de militares en servicio pasivo exigió al presidente estabilidad en el mando de las Fuerzas Armadas, luego de que dispuso un cese parcial. En esta nueva reclamación han participado cerca de 50 exuniformados, entre oficiales y personal de tropa, los que rechazaron los cambios realizados, vía decretos ejecutivos, en tres de las cuatro comandancias de las Fuerzas Armadas en este territorio. El exjefe del comando conjunto de esa institución y exministro de Defensa se refirió al acto como algo irresponsable e ilegítimo.

 

El exjefe de la Marina, Aland Molestina, informó que quedaron en disponibilidad ocho oficiales, de ellos, seis almirantes de la Fuerza Naval y dos generales de la Fuerza Aérea de Ecuador (FAE), lo que según su opinión debilita a la consagrada institución, por cuanto se han sustituido por oficiales de menos experiencia. El mandatario dejó cesantes de sus funciones a comandantes del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, de la Marina, y de la FAE. Con estas decisiones es la tercera vez en el año que Rafael Correa decreta cambios en la cúpula militar.

 

¿Por qué lo hace? Porque todo aquel que pretenda pronunciarse contra los cánones establecidos por el dictador inmediatamente resulta rechazado y llevado a la marginación y al ostracismo, independientemente de la trayectoria que tuvieran en la vida política y social del país. Su paranoia-al parecer un mal de todos los dictadores de la izquierda de nuevo tipo dispersa por Latinoamérica- lo ha llevado a ver de manera sobredimensionada enemigos, que los tiene, y posibles conspiraciones, que en realidad se hacen, por todas partes.

 

Sus exabruptos son constantes, lo hace en público, en medio de una intervención televisada, en entrevistas o en las redes sociales. La censura a los medios de prensa se ha convertido en algo común bajo su prolongado mandato; sus insultos a la prensa, a la que ataca de mercantilista y burguesa, solo ha logrado incrementar el rechazo que una gran parte de la población ecuatoriana muestra por aquel que les prometió mucho y les cumplió muy poco.  

 

Como denominador común, estos líderes socialistas tienen entre sus propósitos mantenerse indefinidamente en el poder, y para esto acuden a modificaciones constitucionales y manipulaciones de las masas poblacionales ignorantes, a las que han ayudado tras la apariencia de reformas con el objeto de ganar su aceptación.

 

Con su idea de la reelección indefinida desató la inconformidad generalizada, lo que unido al incremento de los impuestos de todo tipo, así como a los elevados índices de desempleo, de pobreza y de indigencia, ha sido determinante para la pérdida de la aceptación de su gestión presidencial.

 

Pero los cambios y destituciones no se limitan a la esfera militar, sino que abarca a su gabinete de trabajo. A solo unos meses de su salida del poder y previo a su viaje a La Habana por la muerte del dictador Fidel Castro, el presidente pidió la renuncia a todo su gabinete de ministros, lo que según la opinión de algunos se trataba de algo rutinario que el mandatario suele hacer al final del año; sin embargo muchos se inclinan por la idea de que dichos cambios forman parte de las acciones previas al proceso eleccionario.

 

Por otra parte, los movimientos de la Empresa Pública de Hidrocarburos del Ecuador, Petroecuador, han provocado un verdadero escándalo de lo que se ha considerado el peor caso de corrupción en la última década. Durante más de seis meses han estado en la mira de la Fiscalía ante la gran corrupción de dicha instancia. Según los últimos informes hay 17 procesos penales abiertos, 80 personas investigadas y 23 procesadas, de las cuales 5 están con prisión preventiva. Las pesquisas están relacionadas con los delitos de enriquecimiento ilícito, lavado de activos, delincuencia organizada, peculado, cohecho y perjurio, toda vez que funcionarios y antiguos mandatarios de la empresa habrían recibido comisiones de contratistas que fueron a parar a sus empresas y cuentas bancarias en paraísos fiscales.

 

El vicepresidente de la República, Jorge Glas, ha sido cuestionado por su posible participación en el escándalo de Petroecuador, pero hasta el momento no se ha comprobado con firmeza ningún elemento que lo pueda vincular al desfalco. No obstante, ha sido convocado a la Asamblea Nacional en torno a la investigación que se sigue sobre la red de corrupción en la importante petrolera estatal, lo que no ha impedido el curso de su candidatura como vicepresidente junto a Lenín Moreno por el partido oficialista.

   

Muchos se han cuestionado cuánto se ha gastado en las sabatinas, -reuniones que tienen lugar los sábados y que cambian de sitio cada semana, lo que implica el movimiento de un número considerable de representantes partidistas y seguidores del presidente, fuerzas de seguridad y protección, alimentos, equipos de audio y televisión, y transporte para multitudes que de manera comprometida tienen que asistir-, cuánto costaron los gabinetes itinerantes, y los frecuentes viajes del presidente y sus comitivas, así como la cantidad de ministerios y secretarías desde el inicio del gobierno hasta el presente, cuántos funcionarios públicos antes y después.

 

Con un costo de 43,5 millones de dólares, el moderno edificio de UNASUR, situado en la Mitad del Mundo, cerca de Quito, es solo utilizado esporádicamente. La edificación tiene 19 533 metros cuadrados y cuenta con tres volados de 50, 38 y 8 metros. En su estructura predominó el uso de metal, hormigón armado y vidrio. En su construcción trabajaron un promedio de 1 200 obreros por día, mientras el país se mantiene inmerso en la pobreza.

 

El gran conflicto venezolano, por su importancia, merece ser tratado de manera independiente. De igual modo, las contrariedades entre el gobierno de Santos y las  FARC en Colombia, necesitan otro espacio. Bolivia prácticamente no cuenta para nada, por eso la dejamos para el final. La pérdida paulatina de la aceptación popular de su presidente Evo Morales, su discurso inconsistente, y su precaria preparación que le llevan a presentarse en público con pronunciada inhibición y pésima dicción, caracterizan el olvidado panorama del pobre país suramericano. Desde su soledad en los Andes el dirigente indígena se ha propuesto luchar solo contra la derecha tras el fracaso del modelo socialista reformado de Brasil y Argentina. Hace solo unos días admitió su aislamiento y el estar rodeado por los gobiernos de la derecha de la región.

  

Estos elementos son más que suficientes para mostrar un mínimo de interés por los grandes y graves conflictos de esta “Nuestra América”, que como diría José Martí, el “hombre continental”, es una sola, desde el Río Bravo del Norte o Grande hasta la Patagonia, y los cubanos, que no somos el centro del mundo, formamos parte de ella, no solo geográficamente, sino de su historia y de su política.