Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

 Terroristas hablando de paz y contra intervenciones extranjeras

 

Entre las tantas frases populares que con frecuencia repiten los españoles, ocupa un lugar preferencial en su argot la popularísima “esto es algo surrealista”, sin que le quitemos el mérito a la también muy usada “estoy alucinando”.

 

Ambas suelen ser utilizadas de manera incorrecta si se tiene en cuenta su verdadero significado. La primera de ellas hace una evocación a un movimiento cultural que tuvo su esplendor en la primera mitad del pasado siglo XX en algunos países de Europa, de manera muy particular en la pintura y la literatura, y esencialmente se refiere a elementos que tratados conceptualmente por estas disciplinas resultan ser inadmisibles, inconcebibles, incoherentes, en fin “surreales”, lo que no quiere decir que todo lo que nos parezca increíble sea algo relativo al surrealismo, que es como comúnmente se utiliza ahora entre los que se supone sean fieles exponentes del legado de Cervantes. 

 

Mientras que alucinante es lo relativo a un tipo de sensopercepción irreal denominada alucinación, algo muy peculiar en enfermos mentales y que pueden ser auditivas -las más comunes- visuales, táctiles y olfatorias, estas últimas infrecuentes; aunque su uso se ha generalizado en España para expresar que se está impresionado, estupefacto, desconcertado, etc. 

 

Si extrapolamos estas frases al contexto de Cuba, la isla caribeña que por un buen tiempo fuera colonia de España, sin duda, se enriquecerían sobremanera, al extremo que si viviera por estos tiempos don Fernando Ortiz, considerado un erudito en temas de folclore, etnografía y antropología sociocultural, ampliaría sus concepciones acerca de lo que definió como el fenómeno de la transculturación.

 

Tratemos entonces de fundamentar mi hipótesis basándome solo en unos pocos aspectos relacionados con el acontecer sociopolítico cubano del momento, lo que nos dejará “alucinados” en medio del desbordante “surrealismo” que reina por doquier en la isla.

 

Un seminario dedicado a la paz en un país cuyo gobierno ha fomentado la presencia de focos guerrilleros por el mundo, y actualmente garantiza la permanencia del narcoestado venezolano.  

 

Entre el 4 y 6 de mayo tuvo lugar en Guantánamo el VI Seminario Internacional de Paz y Abolición de Bases Militares Extranjeras. Si esto se hubiera realizado en otra nación sería una noble idea, independientemente de lo polémico que pudiera resultar la segunda parte del evento sobre el tema de las bases militares. No obstante, tratar el asunto de la paz en Cuba constituye un verdadero ejemplo de surrealismo tardío que dejaría perplejos a Salvador Dalí y a Robert Desnos, figuras insignes de dicho movimiento. 

 

Resulta inconcebible que el régimen de La Habana organice un evento de este tipo en medio de su prolongada agonía, y cuando justamente por estos mismos días la situación de Venezuela -donde el castrismo tiene una responsabilidad innegable en el sostenimiento de la dictadura venezolana- se tornó extremadamente crítica. 

 

No le corresponde a una nación, cuyo gobierno ha fomentado la presencia de focos guerrilleros por el mundo, y actualmente garantiza la permanencia del narcoestado venezolano, organizar un evento de este tipo. Se sabe que el gobierno comunista fue responsable del entrenamiento de guerrillas para diversas partes de América, de la exportación masiva de hombres hacia las guerras de países del continente africano, destacándose en este sentido la intervención en Argelia en 1963, la participación de tropas cubanas infiltradas desde Tanzania durante la crisis del Congo entre 1964-1965, así como la histórica ayuda a Angola desde 1975 hasta 1991, sobresaliendo su participación en la llamada operación Carlota, la guerra civil angolana y la de la frontera de Sudáfrica, lo que justificaron bajo el ropaje del “internacionalismo proletario”. Esto demuestra la injerencia reiterada del régimen castrista en los asuntos internos de múltiples naciones del mundo.

 

Sobre la presencia y permanencia del desgobierno cubano en Venezuela, ya sea mediante la asesoría técnica militar, de la contrainteligencia, de los sistemas de seguridad informática, etc., así como de la participación directa de sus tropas militares, ya se ha escrito demasiado en estos días, por lo que solo hago mención al fenómeno de la penetración militar en tierras suramericanas, donde el régimen cubano ocupa lugares preferenciales, si de acciones militares de este tipo se trata.

 

Un breve repaso a ciertos acontecimientos de la historia de Cuba a partir de 1959, el infausto año en que Fidel Castro con sus barbudos de la sierra tomó las riendas de la nación cubana, nos permitirá comprender que no es posible referirse al tema de la paz bajo ningún concepto, y mucho menos ahora cuando el sistema comunista de la isla apoya a los regímenes totalitarios y antidemocráticos de Venezuela y Nicaragua en contraposición a la mayoría de las naciones del mundo.

 

La existencia de campos de concentración UMAP entre 1965 y 1968 establecidos en la provincia de Camagüey, constituye una de las mayores pruebas de las violaciones de derechos humanos. Se estima que más de 35,000 reclusos permanecieron en estos sitios por el hecho de ser religiosos y homosexuales, aunque se conoce que recluyeron a universitarios ideológicamente inconformes, sacerdotes, artistas e intelectuales, hippies, prisioneros políticos, emigrantes potenciales, campesinos que no se unieron para la colectivización de sus tierras, entre otros considerados desafectos.

 

El fusilamiento de cientos y cientos de personas opuestas al régimen en los años iniciales del llamado proceso revolucionario, la discriminación racial, el aislamiento y repudio hacia aquellos con preferencias por su propio sexo, el intento de hacer desaparecer la religión de un país declarado ateo, la presencia de espías en instituciones fraternales y la desaparición de los colegios de enseñanza religiosa, son muestras de las más grandes violaciones de derechos humanos de la etapa inicial de la Cuba revolucionaria.

 

Esto contradice la idea de la defensa de la paz mundial, toda vez que no es posible la conceptualización de estados de paz en naciones en las que se violen continuamente los derechos humanos, se reprima de forma agresiva a los opositores, se censure la libertad de expresión, entre otros tantos aspectos. Téngase en cuenta que la guerra sólo sería un medio en vista de la paz, como lo es el trabajo en vista del ocio y la acción en vista del pensamiento (Aristóteles,  Política, VII); de ahí que la no existencia de una guerra propiamente dicha no significa que se esté en un estado absoluto de paz, como es el caso de la pequeña nación caribeña que de modo surrealista asume la realización de un evento de este tipo.

 

Por otra parte, dicho evento en Guantánamo constituye una provocación del régimen cubano al gobierno estadounidense. A partir de 1960 el dictador Fidel Castro se empeñó en eliminar la Base Naval de la Bahía de Guantánamo, uno de los catorce territorios no incorporados de los Estados Unidos. Sin entrar en detalles acerca del polémico asunto de la existencia de la Base Militar en el extremo oriental de Cuba, toda vez que nos apartaríamos demasiado del eje del tema que pretendo en sí abordar, me limito a recordar la legalidad de dicho territorio desde el 23 de febrero de 1903 con la firma del arrendamiento permanente de dicho enclave por parte de Tomás Estrada Palma, primer presidente de la República de Cuba, aunque la historia de la base comenzó desde 1898. 

 

No obstante, el régimen cubano ha intentado durante más de medio siglo cuestionar la legalidad de dicho territorio y presentar ante el mundo una visión distorsionada de la realidad, como lo ha hecho también del embargo económico, que ha transmutado en bloqueo. Gerardo González, uno de los cinco espías y terroristas cubanos liberados durante el gobierno de Barak Obama, quien se desempeña en Cuba como presidente del Instituto Cubano de la Amistad con los Pueblos (ICAP), aprovechó la ocasión para pronunciarse contra el gobierno de Estados Unidos al precisar que:

 

Todo lo que se haga por la paz en el mundo es importante, hay un compromiso de Cuba y de todos los seres humanos con conciencia en el mundo en el mantenimiento de la paz ante amenazas reales que existen en diferentes partes del mundo, y bastante próximas a nosotros, en quebrantar esa paz (…) Este evento se realiza en el lugar más indicado en nuestro país, aquí en Guantánamo, donde existe una persistencia ilegal por más de 100 años, de una base militar norteamericana, en contra de la voluntad de nuestro pueblo y de nuestro Gobierno”.

 

¿A qué compromiso de Cuba para con los pueblos del mundo respecto a la paz se refiere el espía cubano, devenido en héroe, tras serle otorgada esta distinción por el régimen cubano? ¿Es que acaso desconoce (o prefiere eludir la verdad) acerca de la historia de Cuba, y de manera particular lo referente al Tratado cubano-estadounidense de 1903, la Enmienda Platt, o las adecuaciones al tratado en 1934?

 

En fin, más de lo mismo con lo mismo, como suele decirse en el argot de los cubanos para dar a entender que se repite la historia sin cesar. Gerardo González, con su cargo en una de las tantas instituciones fantasmales de la isla, no tiene la capacidad de reflexión, como tampoco la tienen sus colegas de andanzas de espionaje, o el nuevo presidente cubano y los tantos jóvenes, y los que ya no lo son, que por desgracia malograron sus vidas a base de las fuertes dosis de comunismo con las que los dejaron descerebrados para siempre. 

 

A este enorme grupo de farsantes, hipnotizados, enajenados y coléricos socialistas pertenecen muchos reporteros y “analistas” que por estos días se refirieron al peligro permanente que representa para Cuba la existencia de la Base Naval de Guantánamo, a la idea de que dicha base ha “cercenado la vida” de los pobladores de Guantánamo, a la “arremetida del imperialismo yanqui contra los gobiernos progresistas de América Latina”, o a la “creciente ofensiva imperial tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca”, por solo mencionar algunas de las frases que, por suerte, para las generaciones futuras no pasarán a la posteridad, sino que ya se han disuelto para quedar sepultadas en el olvido.

 

Como también quedará olvidado en tan solo unos días el infausto encuentro comunista que, a modo de provocación, hizo un grupúsculo (más de 200 según las fuentes oficialistas cubanas, y más de un centenar, de acuerdo con las informaciones de Telesur, ¿a quién creer?) de lunáticos encaprichados en difamar del gobierno estadounidense, amén de promocionar sus fantasías respecto a un socialismo ideal, ahora bajo el ropaje de naciones progresistas del mundo.

 

Doce ridículas ponencias, sendas sesiones de debate, delegados de más de 35 naciones de los cinco continentes (solo 20 naciones según otras fuentes), reuniones con “cederistas” guantanameros, y una obsesionada peregrinación al cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, con el propósito de homenajear al llamado líder histórico de la revolución cubana, entre otras cosas, caracterizaron el encuentro de los “pacifistas”. 

 

El llamado final estuvo encaminado a multiplicar las acciones e iniciativas contra el imperialismo y “sus políticas guerreristas”, así como a la ratificaron de su apoyo a la Campaña Global contra las bases militares norteamericanas y de la OTAN (según la Declaración final).

 

Desviar la atención del pueblo cubano de la dramática situación de Venezuela. Ofrecer noticias tergiversadas o carentes de importancia mientras en la patria de Bolívar se movilizaban miles de venezolanos dispuestos a enfrentarse al régimen madurista.

 

El propósito de la difusión excesiva de este cónclave es desviar la atención -al menos la de los cubanos, que por desgracia están desinformados del acontecer internacional, y lo peor, del de su propia patria- hacia algo carente de sentido, aunque bajo la óptica valorativa de los medios oficialistas se pretenda dar la apariencia de un suceso de carácter trascendental.

 

Basta referir como temas: “VI Seminario Internacional de Paz y Abolición de Bases Militares Extranjeras”, o “Pacifistas del mundo rinden homenaje a Fidel Castro”; o los términos: pacifistas del mundo, bases militares extranjeras, etc., para que aparezcan medio centenar de artículos sobre el asunto, la mayoría procedentes de los medios cubanos oficialistas y de Telesur, la televisora venezolana servil al régimen madurista, y esto demuestra la intrascendencia de una efímera reunión a la que apenas los medios de prensa del mundo la han prestado un mínimo de atención. 

 

Con la realización de este evento se distrae la atención de millones de cubanos que viven inmersos en una pésima situación económica, al extremo que se ha estado manejando de un tiempo para acá la idea de un nuevo período especial, aunque se ha preferido suprimir el surrealista término devenido en símbolo de los inicios de los noventa, etapa crucial que los cubanos tuvieron que resistir y sobrevivir dada la ausencia de todo tipo de alimentos, medicinas, medios de transporte, etc.

 

En la medida que se realizan eventos de este corte propiciados por el régimen, se desvía la atención de las múltiples escaseces en el país, de los diferentes productos que son racionados nuevamente, de los habaneros afectados por el tornado a comienzos del año que aún no han podido encontrar solución a sus dificultades, de los médicos cubanos secuestrados en Kenya de los que no se sabe nada, de las continuas frases vacías y sin sentido del “presidente” Díaz-Canel, de los “experimentos” en el transporte que van de fracaso en fracaso y, en fin, del desastre cotidiano que es lo único que representa el castrismo en esta nueva etapa de más de lo mismo, pero con menos carisma.

 

Pero además, al presentarles este encuentro a modo de entretenimiento evasivo, la propaganda castrista pretendió realzar con sus noticias sesgadas la importancia de un suceso que pasó sin penas ni glorias -como la mayoría de las disparatadas reuniones organizadas por los pocos países socialistas y admiradores de dicha tendencia que van quedando en el mundo-, a pesar de que para los serviles comunicadores de la isla el encuentro puede considerarse exitoso.

 

De esta forma se desviaba la atención hacia un tema carente de importancia, mientras que en la patria de Bolívar se movilizaban miles de venezolanos dispuestos a poner fin al régimen de Nicolás Maduro, suceso que contó con la participación de varios militares de alto rango y cientos de miembros del ejército, algo de lo que en Cuba se prefirió guardar silencio y solo comentar acerca de un control total por parte del régimen, sin que olvidemos que en vez de mencionar lo que fuera una verdadera rebelión popular se prefirió insistir en la idea de un golpe de estado, y como era de esperar, dicho golpe organizado y subvencionado desde Estados Unidos, por solo poner un ejemplo de la manera tan ridícula que tienen los medios oficialistas del país de tergiversar a su capricho todo aquello que no les conviene.

 

Este VI Seminario Internacional de Paz y Abolición de Bases Militares Extranjeras, según señalaron los medios de prensa, se propuso “multiplicar las acciones e iniciativas contra el imperialismo y sus políticas guerreristas”, lo que no solo parece una propuesta surrealista, acudiendo al argot de los españoles, sino una idea demasiado forzada en medio de un contexto sociopolítico internacional en el cual el llamado imperialismo apenas toma las riendas del poder.

 

Téngase en cuenta la postura del gobierno estadounidense en relación con el álgido asunto venezolano, en el que se hace necesaria una intervención militar para poner fin al dictador Nicolás Maduro, y sin embargo, Donald Trump, independientemente de la ya célebre idea de “todas las posibilidades”, se ha mantenido como observador, aunque en una espera que ya no puede dilatarse más, y cuyo desenlace será determinante  próximamente, toda vez que el ejército estadounidense se encuentra preparado para acometer cualquier acción necesaria.  

 

Si de políticas guerreristas se trata, es el régimen cubano quien tiene una participación demasiado activa en los asuntos internos de la nación suramericana, no solo ahora durante esta fase tan crítica de los acontecimientos políticos de Venezuela, sino desde los tiempos del binomio Castro-Chávez con sus experimentos de diseminar el Socialismo del siglo XXI por toda América Latina y parte del mundo.    

 

Es inadmisible que aquellos que se autodenominan pacifistas y antibelicistas debatan en torno a la situación de Venezuela, Siria y Nicaragua, y que al hacerlo se pronuncien desde una óptica poco crítica hacia sus gobernantes, toda vez que no reconocen a los regímenes de estas naciones como sistemas dictatoriales, y lo peor, que también se manifestaron a favor de la liberación del expresidente brasileño, Luis Inácio da Silva, actualmente en prisión por cargos de corrupción.

 

No podía faltar el homenaje al dictador cubano Fidel Castro, personificación del terror,  antítesis de la paz, megalomaníaco engendro responsable de la muerte de miles de cubanos más muchos miles de personas en todo el mundo, delirante ser que albergó en su patria a terroristas y prófugos de la justicia.

 

Como colofón del VI Seminario por la paz, y para contribuir a ofrecer un mayor sentido surrealista al encuentro, no podía faltar un homenaje al dictador cubano Fidel Castro, “ícono revolucionario”, según declaró Ann Wright, Coronela (r) del Ejército de Estados Unidos, presente en el seminario (ya había pedido perdón a Cuba en mayo de 2017 por la existencia de la Base Naval de Guantánamo), al hombre que brindó “su apoyo a la causa de Palestina”, como dijo Bassel Ismail Salem, representante del Comité Internacional Paz, Justicia y Dignidad de los Pueblos de Palestina.

 

De ahí que los antibelicistas, como se les reconoció por la prensa cubana, se llegaran al cementerio de Santa Ifigenia y depositaran flores rojas (¿por lo del color simbólico usado por los comunistas desde los lejanos tiempos de los soviets?, dudo que lo usaran como símbolo del Espíritu Santo  con sus lenguas de fuego) ante la mole de piedra donde permanecen las cenizas del “eterno comandante invicto”, calificado por el palestino Ismail Salem, como el “paladín de las causas justas”.

 

A veces resulta un tanto difícil comprender el comportamiento de los socialistas (ahora está la tendencia a autoproclamarse progresistas, centroizquierdistas, o cualquier otra forma aberrante de un incomprendido comunismo). Por un lado, y de acuerdo con los cánones del marxismo clásico, el ateísmo y el materialismo constituyen pilares fundamentales de su doctrina. Sin embargo, le ofrecen a sus líderes un deliberado culto que los convierte en seres cuasi divinos, en semidioses, en hombres-dioses que con frecuencia nos hace evocar a los personajes inmortalizados por el poeta griego Homero, o a los polémicos personajes del Mahabhárata, el kilométrico poema mítico-épico de la antigua India.

 

Es este el tratamiento que se le ofrece en Cuba, y también un tanto más allá de las aguas caribeñas, en algunos sitios donde aún perduran simpatizantes de las tendencias comunistas, al dictador cubano Fidel Castro, responsable máximo de las desgracias no solo del pueblo cubano, sino de los venezolanos. Recordemos sus fuertes lazos con Hugo Chávez, el principal promotor del socialismo de aparente nuevo tipo en la región latinoamericana.

 

De ahí ese desmedido culto, que cual fetiche alucinante le acompaña, no ahora en que ya, por suerte, no pertenece al reino de este mundo, sino desde siempre, desde los lejanos tiempos en que las casas de Cuba exhibían el ya célebre anuncio con el texto de “esta es tu casa Fidel”, o la vulgar conga arrolladora tan peculiar entre las turbas cubanas simpatizantes del régimen: “pa’ lo que sea Fidel, pa’ lo que sea”, o el absurdo “yo soy Fidel”;  en fin… ¿para qué recordar lo que resulta tan penoso?

 

Basta con que lo evoque el puñado de “pacifistas” lunáticos reunidos en Guantánamo por estos días en que se daban pasos concretos en la hermana Venezuela, mientras ellos se empeñaban en rendirle culto a una de las personalidades más diabólicas del mundo contemporáneo, a agredir verbalmente al gobierno estadounidense (a quien siempre culpan de sus penas), y a pronunciarse por la paz en un país que moralmente no puede darse el lujo de organizar eventos en los que el eje central sea dicho tema, por cuanto es el epicentro de la exportación del engendro comunista para toda la región, y parte del mundo.