Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 Dr. Alberto Roteta Dorado, Fort Pierce, Estados Unidos

Se acabó la diversión. Este es el momento. Ahora o nunca

 

Tras una prolongada espera al fin llegó el momento. El 25 de noviembre en horas de la noche dejó de existir aquel que logró mantenerse en el poder por casi medio siglo, aun cuando no fuera elegido por nadie, y sin haber convocado jamás a elecciones verdaderas durante su mandato. Luego prolongó su dirección a través de su hermano, a quien otorgó el mando y aparente control de la isla; sin embargo estaba detrás de todo el acontecer, cual agonizante sombra que se aferra a continuar por la eternidad.

 

Luego de una extensa travesía por toda la isla al fin quedaban depositadas sus cenizas en el cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba, cerca del monumento a José Martí, tal vez como reafirmación del sacrilegio que lo acompañara durante su extensa vida al declarar, inmerso en su delirio, que el noble cubano le guiara en los hechos del Moncada.

 

No obstante, mientras José Martí sigue siendo venerado a pesar de los más de cien años que nos separan de su infausto final, y ha trascendido a la historia de la nación, del continente y del mundo, como el más genuino, trascendental y extraordinario de los cubanos de todos los tiempos, la imagen el nonagenario comandante que se les acaba de morir muy pronto se disipará y pasará a la historia como lo que realmente fue: el dictador más cruel del mundo occidental de estos tiempos.

 

No dudo respecto a la idea de que el viejo comandante fuera querido por algunos, tal vez muchos, los que en su ignorancia se mantuvieron en un estaticismo que el propio sistema generó durante tantos años de sumisión y engaño; pero de ahí a aceptar la visión de una masividad que se lanzó a calles y plazas para adorar los restos del hombre que los dejó en un estado de devastación material, intelectual y espiritual, hay un abismo.

 

Todos saben que las multitudes han sido manipuladas a través de la historia, Cuba no es la excepción. La dictadura comunista preparó premeditadamente todos y cada uno de los detalles del funeral para ofrecer al mundo una imagen de aceptación del llamado líder histórico y de reafirmación del “proceso revolucionario cubano”.

 

Se sabe de la presencia de miles de agentes encubiertos y del multitudinario despliegue de fuerzas policiales que se entremezclaban con aquellos que fueron obligados por el régimen, ya sea a través de represalias en sus centros laborales o fuertes amenazas en las instituciones estudiantiles.

 

Por suerte, se acabó la diversión que se prolongó por más de una semana. Días de grandes contradicciones no solo en Cuba, sino en el mundo. En la isla una oposición marginada, reprimida y apresada, en contraposición a las multitudinarias concentraciones de aquellos que desde la apariencia han expresado su “dolor y su pesar”, y por qué no, también junto a los que de manera sincera lo han hecho porque le han seguido a través de los años a pesar de los pesares.

 

En el mundo han tenido lugar las más arbitrarias reacciones. Una gran fiesta para celebrar la muerte del dictador ha sido protagonizada por el exilio de Miami, algo que pasará a la historia no solo por la masividad que ha dado muestras de su rechazo total a aquel que los hizo salir de su patria, sino como una de las más extraordinarias imágenes surrealistas de estos tiempos, por cuanto resulta muy desatinado festejar una muerte; aunque tratándose de la muerte de Fidel Castro toda festividad es permitida. De igual forma, en este país ha habido un minucioso seguimiento de todo el acontecer dentro y fuera de la isla, en relación con el suceso, con la intervención de los más destacados analistas  y politólogos de Estados Unidos.

 

En Corea del Norte el Partido de los Trabajadores, la Asamblea Popular Suprema (Parlamento) y el Gobierno, declararon tres días de duelo por la muerte del líder cubano, que como todos conocen mantuvo fuertes vínculos con el régimen de los Kim.

 

Desde el Vaticano el papa Francisco expresó su pesar y pidió la intersección de Dios y de la virgen, bajo su advocación como la Caridad del Cobre, por el alma de Fidel Castro.

 

En París, a petición del  senador Claude Malhuret, representante de los Republicanos ante la Cámara, se hizo un minuto de silencio, aunque no por la muerte del mandatario, sino por las múltiples muertes de las que el dictador ha sido responsable. “La Historia designará a Fidel Castro, junto a Stalin, Kim Il Sung o Pol Pot, como uno de los perseguidores más feroces de su propio pueblo”, afirmó Malhuret, quien se refirió además a los torturados y ejecutados, así como a la quinta parte del pueblo cubano en el exilio, miles de muertos en el mar, decenas de miles de vidas perdidas por la miseria y la malnutrición.

 

En Alemania, país que sufrió el efecto devastador del comunismo, solo fue recordado por una minoría de políticos de la izquierda, un partido postcomunista y varios disidentes socialdemócratas. Steffen Seibert, portavoz del Ejecutivo alemán, ha declarado: “La libertad de expresión, los derechos humanos de todas las personas y la democracia no eran prioridades en el pensamiento de Fidel Castro”.

 

Ambos países se han pronunciado en apoyar la democratización de Cuba, tratar el tema de los derechos humanos e impulsar  a Cuba en su camino hacia la libertad definitiva y hacia un estado de derecho, coincidiendo con las propuestas del presidente electo de EE.UU., Donald Trump, quien prometió que su Gobierno hará “todo lo posible para asegurar que el pueblo cubano pueda iniciar finalmente su camino hacia la prosperidad y libertad”. Igualmente hizo mención a sus robos, fusilamientos, opresión y sufrimiento de su pueblo, y lo calificó como un brutal dictador. 

 

Los seguidores del socialismo del siglo XXI acudieron a La Habana e hicieron sendas intervenciones durante el acto celebrado en la Plaza de la Revolución. Con la habitual y obsoleta retórica comunista y la reiteración de trillados términos  como prensa burguesa proimperialista, dominación imperial, nuevo orden del mundo, amén de los nuevos epítetos de la autoría de Maduro, entre los que sobresalen: eterno joven, eterno soñador y eterno rebelde, para hacer mención al que ya no está. 

 

Daniel Ortega y Nicolás Maduro hicieron énfasis en la idea del tránsito hacia la inmortalidad del dictador. Habría que cuestionarse si las leyes que rigen al mundo espiritual admiten la posibilidad de la excepción; de ser posible, entonces no habrá paso hacia lo inmortal. Cuando un mortal violenta las leyes de la vida y con ello varía el orden del universo, y cuando esto se hace de una manera tan despiadada como lo hizo durante gran parte de su vida el que acaba de morir, no hay posibilidad de absolución, ni por los dioses, ni por los hombres.

 

Por eso, Fidel, dudo que alcances la absolución en lo espiritual, y la historia jamás te absolverá, por cuanto has pasado a ella como uno de los hombres más monstruosos de todos los tiempos. 

 

Este es el momento. Ahora o nunca.

 

Este es el momento, el líder se les ha ido para siempre. Estamos en un momento crucial para el fortalecimiento de una oposición dividida, con muchos preceptos, plataformas, foros, reglamentos y estatutos; pero con escasas acciones concretas, con las excepciones de la labor mantenida de apoyo a desposeídos y marginados en el oriente del país por los miembros de UNPACU, y las manifestaciones pacíficas de las Damas de Blanco en la capital.

 

¿Por qué este momento es determinante en el fortalecimiento de la oposición? Pues porque el líder no existe, y jamás ha existido una continuidad. Raúl Castro, no tuvo nunca aceptación popular. Solo se le vio como el hombre del ejército, cuyo cargo en este mando estuvo dado, más que por sus virtudes, por los lazos de hermandad con Fidel. Por otro lado siempre ha estado envuelto en el mito sobre su supuesta preferencia y orientación sexual, algo que se ha especulado y hasta sobredimensionado, más allá de cualquier posibilidad; pero esto, sin duda, le ha acompañado desde siempre y ha dañado su imagen en el contexto de una sociedad machista y homofóbica que recién comienza a aceptar nuevas pautas en este sentido.

 

De cualquier modo, en torno a su figura se crea el chiste y el choteo a partir de una supuesta condición de homosexualidad  -equivalente a las bufonadas de Nicolás Maduro desde la perspectiva de su incultura y sus frases y términos inexistentes en el idioma castellano-, lo que le desacredita en cualquier parte.

 

Si a esto se le añade la carencia del carisma que tuvo su hermano -nos guste o no, es una realidad, como también fueron carismáticos Napoleón, Hitler, Chávez y otros tantos líderes y mandatarios, aunque estemos en desacuerdo con sus acciones- pues no habrá dudas que la presencia de Raúl Castro es solo de carácter simbólico, y que la sombra del viejo comandante; aunque no existe ya, se le antepone.

 

Alfredo M. Cepero, Secretario General del Partido Nacionalista Democrático de Cuba, recientemente se ha referido a esta idea de la ausencia de líder: “Se les murió el ídolo, se les acaban los mecenas, sus políticas demagógicas han pasado de moda y el sujeto en el timón carece del carisma del muerto. Enfrentan a un pueblo que huele el cambio que le llega en el viento de los medios sociales y de las comunicaciones instantáneas”.

 

Lo cierto es que no existe una figura paradigmática desde hace mucho tiempo, ni la habrá, por cuanto, aun cuando ya no está el llamado líder histórico, su impronta a través de su evocada presencia se mantendrá por un buen tiempo, como si se alimentara desde las astrales profundidades para mantenerse aferrado a una existencia que ya no le pertenece.

 

El no reconocimiento por parte de las multitudes de esa autoridad que se le ha otorgado al presidente cubano sin convocar a nadie, pudiera ser el punto que determine el éxito de la lucha por la conquista de la libertad. El pueblo dejará de obedecer de manera progresiva, no lo quieren y nunca confiaron en él.

 

Gene Sharp ha planteado algo verdaderamente genial respecto a la pérdida de la autoridad de los gobernantes. Según el académico político contemporáneo: “si no se le reconoce autoridad al gobernante, la obediencia será un acto consciente, en lugar de habitual”; lo que desarrolla desde la premisa de una obediencia ciega que hace actuar a las masas de manera mecánica solo cuando estas -en su condición de multitudes manipulables a través del engaño- creen incondicionalmente en su líder; pero cuando se ha perdido esa confianza y el mandatario deja de tener su sentido de autoridad, la obediencia deja de ser un acto mecánico, por cuanto, surge la interrogante de por qué voy a obedecer, algo que hace a la acción un acto de carácter consciente. En Cuba se ha llegado a este punto crucial y es el momento no solo de poder, sino de saber utilizarlo.

 

No obstante, es necesario que grandes sectores de la población cubana despierten, y sean capaces de unirse a ese llamado que los conducirá al triunfo definitivo de la democracia. En necesario el autorreconocimiento de la condición de no simpatizante con el régimen. Es hora de dejar a un lado la idea de los problemas económicos y veamos el verdadero origen de esos problemas. Es tiempo ya de tener un sentido de la percepción de nuestros males y sobre todas las cosas, de no sentir temor al reconocernos como desafectos a un sistema social que nos ha llevado a las profundidades de un abismo del cual no se podrá salir si no tienen lugar cambios radicales y no simples aparentes reformas.

 

Una vez reconocida y admitida nuestra condición, es necesario salir del estado de inercia y entrar en acción a través de una documentación adecuada de la realidad política y social del país. Esto resulta difícil dentro de la isla, por cuanto los medios de información están bajo el control absoluto del gobierno comunista y limita a aquellos que pretenden tener acceso a dicha información.

 

Resulta de gran importancia apropiarse de una detallada información, y de ser posible, llegar a una profundización de muchos elementos en el orden teórico, a lo que en ocasiones no se le da la importancia que tiene; pero sin una base de tipo teórica nuestras futuras acciones pueden dispersarse. La desinformación contribuye a la división. La ignorancia nos conduce a ser manipulados.

 

Si no nos vamos a lanzar abiertamente a las calles en son de protesta, al menos no cooperar,  no hacernos copartícipes de las acciones que organiza la dictadura como apoyo a la causa de la revolución cubana. Esto significa no asistir a reuniones y guardias de los CDR, marchas y actos revolucionarios, no participar en las rendiciones de cuentas del llamado gobierno.

 

Si en cada hogar cubano al menos uno de sus miembros se une a la no cooperación con el régimen, sería el inicio de una verdadera resistencia pacífica.

  

Luego se llegará a la etapa de manifestarse abiertamente contra el régimen. Pronunciarse en el orden individual, lo que presupone que todos sepan de su condición como desafecto al sistema; aunque aún no esté directamente involucrado en acciones organizadas por la disidencia, ni conste en la membresía de los grupos opositores del país. Finalmente  han de  tomarse decisiones de participar en manifestaciones, marchas, actos, tenidas y charlas organizados por los grupos de la oposición. Esta es una etapa de verdadera acción que requiere grandes esfuerzos y sacrificios, por cuanto ya se habrían dado pasos determinantes en nuestras vidas que nos vinculan a los movimientos opositores, de los cuales, se supone que seamos miembros.

 

La especial circunstancia desencadenada a partir de la muerte del dictador Fidel Castro dentro del contexto histórico, político y social de Cuba deber ser utilizada. El líder se les ha ido para siempre. Este es el momento.

 

 

Artículos publicados por separado originalmente en Cuba, democracia y vida, y Cubanet